He aquí cómo en este extenso y prolijo versículo del libro del Eclesiastés, con sutilísima maravilla, [152D] se atribuye al imperio divino todo lo que ocurre en el aire, todo lo que desciende del aire a la tierra, todo lo que pasa en el mar y en el viento; la aparición, el esplendor y el giro del arco celeste; la precipitación de la nieve, el pavor de los relámpagos, la velocidad de las nubes, la suspensión de los vientos, el temblor de la tierra, la lucha de las corrientes de los vientos, el congelamiento de las aguas, no solo en las nubes, como en el caso del granizo y la nieve, sino también en la tierra, el congelamiento de las nieves, de la lluvia y de las aguas estancadas o de los ríos que corren y, por la helada, la desecación de los vegetales, tal como frecuentemente vemos, y no menos la disolución de todo lo que acontece en la época de la niebla húmeda y de los soplos del Austro y [153A] del Favonio. Y dice también que ante la palabra de Dios todo esto se calma y aplaca. Por lo tanto, en tales circunstancias, no se buscará ayuda en una persona porque no se la hallará –a no ser aquellos santos de Dios que han logrado mucho y mucho lograrán–. Entre estos, algunos tendrán la potestad de cerrar el cielo a fin de que no llueva en los días de sus profecías, como Elías; o de convertir las aguas en sangre y purgar la tierra de toda plaga cuando lo deseen, como Moisés y Arón en Egipto. Ciertamente: nadie más envía granizo en verano, sino Aquel que envía la nieve en invierno. Pues ambos fenómenos ocurren por una sola razón: [pasan] cuando, en cualquiera de esas épocas, las nubes se elevan más alto de lo habitual.
VIII
Ecce in hac magna et prolixa Ecclesiastici libri sententia cum subtilissima ammiratione [152D] imperio Dei tribuitur quicquid in aere fit, quicquid de aere in terram descendit, quicquid mari et ventis; apparitio, splendor, et girus arcus; festinatio nivis, terror coruscationis, velocitas nebulae, suspensio ventorum, verberatio terrae, concertatio aurarum, congelatio aquae, non solum in nubibus, sicut grandinis et nivis, sed etiam in terra, niium, pluviae et stantium aquarum, vel fluminum discurrentium, et ex gelu desiccatio viridium rerum, sicut saepe videmus, necnon et horum omnium resolutio, quae fit tempore rorantium nebularum, et flatibus Austri et [153A] Favoni. Ad sermonem quoque Dei dicit omnia ista conquiescere et placari. Non ergo in talibus adiutor homo quaeratur, quia non invenietur, nisi forte sancti Dei, qui multa obtinuerunt, et obtenturi sunt. Quorum aliqui potestatem habebunt, claudere coelum, ne pluat diebus prophetiae ipsorum, sicut Elias, et aquas convertendi in sanguinem, et percutere terram omni plaga, quotiens voluerint, sicut Moyses et Aaron Aegyptum. Vere non alius mittit grandinem tempore aestatis, nisi qui et nives tempore hiemis. Nam et utriusque una est ratio ut fiat quando nubes utroque tempore solito altius elevantur.






