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V

Y en el mismo pasaje de la Escritura, se dice a continuación: Moisés tendió su báculo hacia el cielo, y el Señor envió truenos y granizo y relámpagos que iban y venían sobre la tierra, y el Señor hizo caer granizo sobre la tierra de Egipto, y al mismo tiempo caían juntos granizo y fuego.[1] Helo aquí: en este pasaje se muestra que Dios solo es el creador y responsable del granizo, y no una persona.

Quizás quienes lo atribuyen a los hombres objeten que Moisés había extendido su báculo al cielo, y que así –por medio de un hombre– fue enviada la tempestad. [150B] Pero no hay duda de que Moisés, el siervo del Señor, era bueno y justo. En cambio, los que eso dicen no osan decir que aquellos a quienes apodan tempestarios son buenos y justos, sino que más bien dicen que son malos e injustos y dignos de una condena temporal y eterna, y no siervos de Dios, a no ser, quizá, por su misma condición, y no por una servidumbre voluntaria. Pues si, como Moisés, los hombres fueran responsables del granizo, serían siervos de Dios, no del diablo. Pero los pasajes antes citados muestran que ellos no son los responsables del granizo, sino solo Dios todopoderoso.

Efectivamente, en referencia al granizo, también el Salmista dice de Dios: Destruyó sus viñas con el granizo y sus árboles con heladas y exterminó con granizo sus ganados y sus propiedades con fuego.[2] Pero como en el presente pasaje el Salmista añade: [150C] enviado por medio de ángeles malvados,[3] se debe entender que Dios ejerce los flagelos de las venganzas o de las pruebas a través de malos ministros, ministros que reciben de Él la potestad de dañar, más allá de que la voluntad de hacerlo la tengan por sí mismos. Pues así como la voluntad de dañar es de ellos, la potestad para que puedan hacer lo que quieren hacer pertenece solo al Señor. Ciertamente la potestad no está en manos de los hombres, ni de los buenos ni de los malos. La potestad no está en manos de fuerzas hostiles, sino solo del Señor, que, en la medida que quiere, la confiere a la mala voluntad de esas fuerzas y se la retira en la medida en que no quiere que puedan hacer lo que querrían. Pues también en otro salmo dice el Salmista acerca de Dios lo siguiente: Dispuso en su tierra granizo y fuego abrasador en lugar de lluvias, y abrasó sus viñedos y sus higueras, y destrozó los árboles de sus comarcas.[4] Verdaderamente abrasó, y verdaderamente destrozó; pero [150D] no un hombre, ni un ángel malo, sino solamente Dios, y sin Él la legión de los ángeles malvados no pudo dañar ni a los cerdos[5] y precipitarlos al mar.[6] Solo Dios, de Quien se dice: Ante el fulgor, en su presencia, cruzaron las nubes, el granizo y carbones ardientes, y el Señor tronó desde el cielo, y el Altísimo dio su voz: granizo y carbones ardientes.[7] Y para Quien cantamos: Despide relámpagos y los disiparás, lanza tus saetas y los sacudirás;[8] Quien cubre el cielo con nubes y dispone la lluvia para la tierra,[9] Quien da nieve como lana.[10] Envía sus esferas de cristal como redondos panes.[11] Enviará su palabra, y los derretirá: insuflará su hálito y las aguas correrán.[12] A Este alaban desde la tierra, no solo los dragones, los abismos, sino también el fuego, el granizo, la nieve y el hielo, el viento de las borrascas [151A] que ejecutan su palabra;[13] no la palabra de un hombre, no la palabra de un ángel malvado.

V

Sequitur autem in eodem loco Scripturae: Extendit Moyses virgam in caelum, et Dominus dedit tonitrua et grandinem ac discurrentia fulgura super terram pluitque Dominus grandinem super terram Aegypti. Et grando et ignis mixta pariter ferebantur. Ecce et hic locus solum Dominum ostendit creatorem et auctorem grandinis, non aliquem hominem.

Dicant forsitan isti qui hominibus hoc tribuunt Moysen extendisse virgam in caelum et ideo per hominem immissam fuisse tempestatem. [150B] Certe Moyses servus Domini erat bonus et iustus; isti autem eos, quos dicunt tempestarios, non audent fateri bonos esse et iustos, sed malos potius et iniquos et dignos damnatione temporali et aeterna, sed neque servos Dei, nisi forte conditione, non tamen voluntaria servitute. Nam si ad imitationem Moysi homines essent auctores grandinis, servi utique Dei essent, non servi diaboli, quamquam praemissae sententiae neque istos neque illos eius demonstrant auctores, sed solum omnipotentem Deum.

Siquidem et Psalmista, qui huius et grandinis meminit, de Deo dicit: Occidit in grandine vineas eorum, et moros eorum in pruina. Et tradidit in grandine iumenta eorum, et possessiones eorum igni. Sed quoniam in praesenti loco addit Psalmista: [150C] Immissionem per angelos malos, sciendum quod vindictarum aut probationum flagella per ministros malos exerceat Deus, qui voluntatem quidem nocendi de suo habeant, potestatem autem ab illo accipiant. Sicut enim eorum propria est voluntas nocendi, sic solius Domini potestas ut possint quae volunt. Non est certe hominum potestas, neque bonorum neque malorum, non est contrariarum fortitudinum potestas, sed solius Domini, qui earum malae voluntati tribuit potestatem, in quantum vult, et abrogat, in quantum non vult ut possint. Nam et in alio quoque psalmo Psalmista sic de Deo ait: Posuit pluvias eorum grandinem, ignem comburentem in terra ipsorum. Et percussit vineas eorum et ficulneas eorum et contrivit lignum finium eorum. Percussit vere, et vere contrivit, sed [150D] non homo, neque angelus malus, nisi solus Deus, sine quo legio malorum angelorum neque porcos potuit nocere et in mare praecipitare; Deus plane, de quo dicitur: Prae fulgore in conspectu eius nubes transierunt, grando et carbones ignis. Et intonuit de caelo Dominus, et Altissimus dedit vocem suam: grandinem et carbones ignis; et cui cantavimus: Fulgura coruscationem, et dissipabis eos: emitte sagittas tuas, et conturbabis eos. Qui operit caelum nubibus, et parat terrae pluviam, Qui dat nivem sicut lanam. Mittit crystallum suum sicut buccellas. Mittet verbum suum et liquefaciet ea: flabit spiritus eius, et fluent aquae; quem laudant de terra, non solum dracones, abyssi, verum etiam ignis, grando, nix, glacies, spiritus procellarum, [151A] quae faciunt verbum eius, non verbum hominis, non verbum angeli mali.


  1. Éxodo VI, 23-24.
  2. Salmos LXXVII, 47-48.
  3. Ib., 49.
  4. Salmos CIV, 32-33.
  5. Cf. Marcos V, 11-14.
  6. Cf. Lucas VIII, 30-34.
  7. Salmos XVII, 13-14.
  8. Salmos CXLIV, 6.
  9. Ib., CXLVI, 8.
  10. Ib., CXLVII, 5.
  11. Ib., 6.
  12. Ib., 7.
  13. Ib., CXLVIII, 8.


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