Hace algunos años se difundió [158A] otra tontería a propósito de la muerte de unos bueyes. Se dijo que Grimaldo, el Duque de Benavento, porque sería enemigo del cristianísimo emperador Carlos, había enviado a unos hombres que habrían esparcido unos polvos por los campos, montes, prados y fuentes, y que ese polvo habría matado los bueyes. Por este motivo escuchamos –y vimos– cómo muchos individuos fueron detenidos: a algunos solo los hirieron, pero a muchos otros los amarraron a unos maderos y los arrojaron al río y, así, los mataron. Y lo más extraordinario es que incluso los mismos detenidos testimoniaban en contra de sí, y afirmaban que habían traído ese polvo y que lo habían esparcido. Así pues, por secreto y justo juicio de Dios, el Diablo obtuvo potestad sobre ellos. Y a tal punto se apoderó de ellos, que dieron ese testimonio falso en contra de sí mismos, que los llevó a la muerte. Y ni las advertencias ni la tortura ni la misma muerte [158B] los espantó como para no osar mentir en contra de sí mismos.
Todo el mundo creía esto. A casi nadie le pareció algo totalmente descabellado. Y no se preguntaban, racionalmente, de dónde podría haber surgido tal polvo debido al cual únicamente morían los bueyes, y ningún otro animal; o cómo podrían haberlo traído a través de regiones tan extensas que la gente no podría rociar íntegras con esos polvos ni aunque todos los benaventinos, varones y mujeres, ancianos y jóvenes, atravesaran la región con tres carros bien cargados de ese polvo.
Tanta estupidez oprime este mísero mundo como para que ahora los cristianos crean cosas tan absurdas que nunca antes nadie había podido hacer creer a los paganos que no conocían al Creador de todas las cosas.[1] Hemos introducido esto en el medio de nuestro discurso porque [158C] es parecido a eso otro de lo que hablamos. Acaso aporte otro ejemplo de seducción vacía y de verdadera mengua del sentido.
XVI
Ante hos paucos annos disseminata est [158A] quaedam stultitia, cum esset mortalitas boum, ut dicerent Grimaldum, ducem Beneventorum, transmisisse homines cum pulveribus, quos spargerent per campos et montes, prata et fontes, eo quod esset inimicus christianissimo imperatori Carolo, et de ipso sparso pulvere mori boves. Propter quam causam multos comprehensos audivimus et vidimus, et aliquos occisos, plerosque autem affixos tabulis in flumen proiectos atque necatos. Et, quod mirum valde est, comprehensi, ipsi adversum se dicebant testimonium, habere se talem pulverem, et spargere. Ita namque diabolus, occulto et iusto Dei iudicio, accepta in illos potestate, tantum eis succedere valebat, ut ipsi sibi essent testes fallaces ad mortem. Et neque disciplina, neque tortura, neque ipsa mors [158B] deterrebat illos, ut adversum semetipsos falsum dicere non auderent.
Hoc ita ab omnibus credebatur, ut pene pauci essent, quibus absurdissimum videretur. Nec rationabiliter pensabant, unde fieri posset talis pulvis, de quo soli boves morerentur, non caetera animalia, aut quomodo portari posset per tam latissimas regiones, quas superspargere pulveribus homines non possunt, nec si Beneventani viri et feminae, senes et iuvenes, cum ternis carris pulvere carricatis egressi de regione fuissent.
Tanta iam stultitia oppressit miserum mundum, ut nunc sic absurde res credantur a christianis, quales numquam antea ad credendum poterat quisquam suadere paganis, creatorem omnium ignorantibus. Hanc itaque rem propterea ad medium deduximus, quia [158C] huic, unde loquimur, similis est, et poterat vel exemplum poterat tribuere de inani seductione et vera sensus diminutione.
- Estas últimas líneas ilustran bien una actitud central del texto y de la política cultural Carolingia en general que, para ciertos lectores, puede resultar absurda: el Cristianismo, la fe cristiana, está del lado de la razón; el paganismo, los antiguos ritos, del lado de la superstición y de lo irracional. El Cristianismo representa un “progreso” de la humanidad.↵






