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La invasión a Ucrania: consecuencias para la agroindustria argentina

Introducción

La finalización de este texto coincidió con un hecho inesperado y de vastas consecuencias: la Federación Rusa invadió a Ucrania. El estallido de una guerra en Europa ha creado una situación que no tiene precedentes en los últimos 70 años. Transcurridas cuatro semanas del conflicto bélico, el escenario es incierto, inestable y modifica los ejes de la geopolítica internacional conocidos hasta ahora. Muy probablemente los efectos serán duraderos.

Esta inestabilidad ya se ha traducido en impactos de carácter económico: ha habido un alza inmediata en el precio de la energía y los alimentos, como consecuencia de la dificultad de asegurar suministros y de la reacción de los mercados ante un hecho sobre el que había pronósticos contrapuestos. A esta reacción inicial le siguieron las sanciones económicas impuestas por los países de la OTAN a Rusia, que afectan el flujo de las finanzas y el comercio. El desempeño de los mercados energéticos ha sido afectado por un shock negativo de oferta de mayor magnitud en el gas que en el petróleo. Similar fenómeno se observa en la producción de alimentos ubicada en la zona del conflicto, pero que tiene repercusiones más amplias sobre otros productos del sector y que afectan al comercio agroindustrial y los insumos utilizados en la producción.

Habida cuenta del tema de este trabajo, el fenómeno que ha provocado el conflicto no puede ser soslayado y corresponde una reflexión. Es válido preguntarse acerca de las consecuencias de mediano y largo plazo que podrían afectar las condiciones productivas del sector agroindustrial local descriptas en el capítulo 3, y también en cuanto a las características del comercio internacional de bienes agropecuarios analizado en el capítulo 4. La incursión en ese terreno más prospectivo tiene el propósito de indagar si sigue siendo válida la tesis central de este documento acerca del papel central que ocupa el sector agroindustrial en una nueva estrategia de desarrollo de Argentina. Para ello es necesario poner primero el foco sobre los efectos que se vienen observando.

1. Los principales impactos de la crisis

Los principales impactos que ya se han manifestado y que resultan relevantes para la agroindustria de Argentina son los siguientes:

  1. Un aumento significativo en el precio de las commodities que exporta el país: trigo, maíz, avena, cebada, girasol, soja y sus derivados.
  2. Un aumento del precio de la energía —petróleo y gas— que conlleva un aumento de los costos de producción tanto en el primer eslabón como en el resto de la cadena—.
  3. Un aumento del precio de los fertilizantes y agroquímicos, provocado por una escasez relativa en la oferta y distorsión del mercado a las nuevas condiciones.
  4. Alteraciones y aumento del precio de la logística y el transporte, especialmente los fletes marítimos.

Por otra parte, hay también otros efectos de segunda ronda que, aunque más difíciles de predecir, comienzan a manifestarse y preanuncian algunos cambios de contexto, tanto económicos como políticos, de gran importancia. Algunos de ellos, especialmente aquellos que tienen una relación más estrecha con la producción y el comercio internacional de alimentos, son los siguientes:

  1. Un probable retraso en la aplicación de medidas dirigidas a la transición energética. Los planes para disminuir el uso de los combustibles fósiles se verán postergados o demorados en la medida que éstos impliquen mayores precios de la energía. Por ejemplo, no parece plausible que, en este contexto, progresen iniciativas para la aplicación de nuevos o mayores impuestos al carbono. Por otro lado, la inversión en generación renovable, incluyendo la de origen nuclear, probablemente se acelere en razón de precios relativos más favorables para operar esta sustitución.
  2. Las fuentes de aprovisionamiento y por lo tanto los flujos del comercio de energía se verán fuertemente afectados (por ejemplo, la migración de las compras europeas del petróleo ruso hacia otros proveedores).
  3. La aplicación de las políticas y programas dirigidos a la disminución de emisiones de gases de efecto invernadero por parte de la producción agrícola (señalados en el programa Farm to Fork, de la UE) posiblemente sean postergados. En caso de cumplirse este pronóstico, aumentarían las posibilidades competitivas de Argentina, y del MERCOSUR en general, dentro del mercado europeo.

Los impactos de estos cambios provocados por la crisis internacional podrían ser leídos con signo favorable sobre la producción agroindustrial y el comercio internacional de Argentina. Los argumentos más importantes sobre los cuales se basa esta afirmación son los siguientes. En primer lugar, el aumento de precios de las commodities es un hecho altamente favorable para la producción argentina. Si bien estará compensado por el aumento del precio de la energía y los principales insumos, el impacto neto se estima que será favorable. La principal razón para esto es que la producción agropecuaria del país es extensiva en el uso de la tierra y utiliza menos insumos que la de la mayoría de sus principales competidores. Consecuentemente, el impacto negativo del aumento del precio de los insumos tendrá menos peso en la ecuación de costos de Argentina que en la mayoría de los grandes productores agrícolas.

En segundo lugar, la magnitud del incremento de los precios de la energía, si bien dependerá en gran medida de decisiones de política doméstica, cabe anotar que los valores de la energía primaria, tanto en petróleo como en gas, se encuentran sólo parcialmente relacionados con los precios internacionales. En la misma línea, la ralentización de la transición energética a nivel internacional le dará a Argentina incentivos y tiempo para desarrollar sus reservas de petróleo y gas y de la infraestructura asociada, lo cual permitiría aprovechar la disponibilidad de los recursos locales. También le dará más tiempo y mejores oportunidades para la ampliación de capacidad de generación de las energías alternativas en las cuales Argentina tiene muy buenas oportunidades.

Finalmente, es probable que haya demoras y pausas en la implementación de los programas dirigidos a aumentar la sustentabilidad ambiental de la producción agrícola y especialmente aquellos orientados a disminuir las emisiones de gases de efecto invernadero. En caso que ocurriera tal situación, Argentina dispondría de mayores plazos para adaptarse a las nuevas normativas comerciales que surgirán en los mercados más desarrollados, como el de UE.

2. Inserción internacional: la dimensión geopolítica

Tal como se adelantó arriba, una apreciación de conjunto del cuadro que presenta el contexto externo resulta, en principio, de balance favorable. Esto indicaría que el sector agroindustrial podría ubicarse con cierta ventaja frente a los efectos que se han manifestado en las pocas semanas que lleva el conflicto, y en algunas de sus derivaciones más previsibles. Sin embargo, tal afirmación y las posibilidades de aprovechar el nuevo escenario deben ser tomadas no sólo con cautela sino que, además, deben ser interpretadas con una perspectiva más amplia.

Primero, y en lo que respecta a Argentina, la dirección central de la política económica se habrá de orientar dentro de las pautas previstas en el reciente acuerdo con el FMI. La premisa central del programa se dirige a estabilizar la economía y reducir la tasa de inflación. Desde este ángulo, la repercusión doméstica provocada por el alza de los precios internacionales de los alimentos complica el objetivo antiinflacionario del programa. Una primera respuesta del gobierno ha sido el incremento en los DEX a subproductos de la soja: aceite, harinas y biocombustibles, eliminando el diferencial de alícuotas respecto de la exportación del grano. El producto de esta mayor recaudación se destinará a un fideicomiso que tendrá como finalidad subsidiar el precio interno del trigo para molienda. Todavía no están definidos los detalles instrumentales. Resta ver si la aplicación de estas medidas y del resto del programa con el FMI serán suficientes para mitigar el aumento de la canasta de alimentos derivado del shock externo que se añade al contexto inflacionario previo, dinamizar la inversión en el conjunto de la economía y del sector agroindustrial en particular. A su vez, más allá del plano doméstico, el escenario de los próximos años estará caracterizado por tasas de interés internacional en ascenso, cuyo sendero dependerá del éxito que tengan los bancos centrales de los países desarrollados en anclar las expectativas inflacionarias. Esto define un contexto más difícil para los países emergentes en general y Argentina no es una excepción.

En segundo lugar, un aspecto clave para capitalizar eventuales beneficios y capear los desafíos del nuevo contexto es la dimensión geopolítica. El conflicto bélico, que, como se apuntó arriba, tiene un desarrollo incierto en cuanto alcance y duración, conducirá a un nuevo marco para el comercio internacional. Esto será particularmente importante en relación con el petróleo y el gas, por la importancia de Rusia, pero también respecto de algunas de las principales commodities agrícolas, de las cuales, tanto Rusia como Ucrania, son importantes productores y exportadores.

Más aún, el nuevo contexto global podría derivar en nuevas definiciones políticas en el orden internacional. Como consecuencia de lo anterior, países periféricos como Argentina podrían tener restricciones en cuanto a sus alineamientos en el plano internacional, sobre su inserción internacional y, por tanto, sobre sus oportunidades comerciales.

Avanzar en este campo de análisis sería totalmente aventurado en este momento. Sin embargo, la nueva realidad que se va instalando señala con claridad la importancia de evaluar en forma permanente y concentrada la posible evolución del contexto internacional y las opciones estratégicas que el país tendrá en el futuro. Es decir, refuerza las recomendaciones que se hacen en los capítulos 4 y 5 sobre la imperiosa necesidad de que el país desarrolle una estrategia propia de inserción internacional y promueva la realización de acuerdos comerciales que expresen sus intereses ofensivos y aseguren y potencien su capacidad exportadora.

                        

15 de marzo de 2022



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