Alonso Zengotita
Introducción
Las relaciones entre el pensamiento de Foucault y aquellos de Esposito y Agamben en torno a la biopolítica han sido ampliamente abordadas, y desde diversas perspectivas. Se encuentran múltiples aportes que parten de dicha conexión para abordar temáticas específicas. Así, por nombrar algunos casos, el texto de Fernández (2021) utiliza nociones de los tres autores para pensar la problemática biopolítica del dispositivo sanitario durante la reciente pandemia de COVID-19; Darian-Smith (2021) realiza el mismo trabajo, pero desde la perspectiva económica; Patton (2011) aborda un camino similar, mas relativo a la epidemia de gripe aviar del 2011. Por su parte, Prozorov (2013) indica que los trabajos en biopolítica de Foucault, Agamben y Esposito han dejado de lado el caso soviético, y propone una línea de desarrollo. Klesse (2021) da cuenta de las relaciones, a partir de los tres autores, entre biopolítica y sexualidad, especialmente en torno a la bisexualidad corporal. Chiesa, Nedoh y Piasentier (2016) hacen un recorrido por la biopolítica italiana, produciendo conexiones diversas no solo con Foucault, sino con el psicoanálisis y la biología. Haddad (2011) produce un estudio analítico sobre las relaciones entre nacimiento, ciudadanía, pertenencia y comunidad, tomando aportes de la biopolítica de los tres autores. En la misma línea, pero centrándose en la relación individuo-comunidad, se desarrolla el trabajo de Wróbel (2016). Lindberg (2013) toma los conceptos de “vida”, “vida nuda” y “órgano” en Foucault, Agamben y Esposito para analizar el caso de la ley de trasplantes en Finlandia. Barney (2013) toma conceptos biopolíticos de estos tres autores para pensar la temática de la biomedicina. Chrulew (2013), por su parte, utiliza elementos de las nociones de vida y muerte en los tres autores para abordar casos de racismo biológico en el zoológico de Sydney. Desde el punto de vista artístico, Mousoutzanis (2019) toma aportes en biopolítica de los tres autores para abordar la noción de raza en la serie televisiva británica Utopía; Montero (2017) aborda desde aportes de la biopolítica las nociones de cuerpo y estatalidad, para pensar la obra del poeta chileno Martínez; finalmente, Weintraub (2021) toma elementos de Foucault, Esposito y Agamben para analizar Purgatorio, del poeta Raúl Zurita, a partir de una crítica a la noción de sacrificio de Bataille.
Desde un punto de vista que no toma elementos de las obras de estos tres autores para aplicarlos a un objeto de estudio específico, sino que busca abordar relaciones hacia dentro de las obras mismas, Prozorov (2017) busca rastrear los aportes foucaultianos respecto a la “biopolítica afirmativa” (p. 802) para asociarlos a aquellos de Esposito y Agamben; Saidel (2013) trabaja la temática de lo impersonal en Esposito y Agamben, articulando con nociones foucaultianas; Netzloff (2014), por su parte, produce un entrecruce de las lecturas de los tres autores respecto a las nociones de Estado y modernidad; Vatter (2010) analiza el giro tanatopolítico en Agamben y Esposito, a través de una relectura foucaultiana.
Es desde esta última perspectiva, es decir, desde una relación interna a las obras, desde la que se despliega el presente trabajo. En él se buscará hacer un análisis conceptual de las continuidades y discontinuidades de Agamben y Esposito respecto a Foucault, en torno a la noción de biopolítica. Para ello se dispondrá una matriz analítica que diferencia dos planos conceptuales: uno relativo a la propia especificidad conceptual (es decir, al modo en que se estructuran conceptos centrales a la noción, como “vida”, “política” o “poder”), y otro relativo a la dinámica relacional conceptual (es decir, al particular modo en que dichos conceptos se articulan entre sí), a través de los cuales se abordará, en primer lugar, la relación entre Agamben y Foucault, y, en segundo lugar, la de este último y Esposito. Desde aquí, en la conclusión se articularán ambos desarrollos y se buscará establecer cómo puede hablarse, a partir de la distinción propuesta por los planos analíticos puestos en juego, de continuación de las derivas de Agamben y Esposito respecto del proyecto foucaultiano, y de complementariedad entre dichas derivas, pero que no resulta lícito hablar de “compleción” del proyecto foucaultiano por parte de estas (como quieren afirmar tanto Esposito como Agamben).
En función de lograr dichos objetivos, se tomarán, en primer lugar, algunos desarrollos del escrito de Katia Genel, Le biopouvoir chez Foucault et Agamben (2004), en cuanto permiten ir directamente al tema en cuestión y dar cuenta del desarrollo analítico que agregar por nuestra parte.
Agamben: problematicidad, dominio, liberación, unicidad
Katia Genel, en su artículo Le biopouvoir chez Foucault et Agamben (2004), analiza los conceptos de “biopolítica” y “biopoder” en dichos autores, poniendo en cuestión la afirmación de Agamben de considerar sus investigaciones como una continuación del trabajo foucaultiano, al cual completaría y daría significado y dirección precisos. En su análisis, Genel objeta dicha pretensión de compleción:
La vida nuda está en efecto caracterizada por Agamben como concepto “vago e indeterminado” que al mismo título que el ser, detenta el destino histórico político de Occidente. Su significación oscila entre un estatuto polémico de producción de poder, y un estatuto positivo pero ambiguo de reflexión de un modo de vida política. Ella es fundamentalmente ambivalente. Es la razón por la cual la política es pensada en términos metafísicos y la tarea de pensar la resistencia a los mecanismos de poder se vuelve en definitiva a la ética (2004: 19).
Respecto a la divergencia de perspectivas del biopoder, Genel establece que
ella aparece fundamentalmente cuando se pone atención a las concepciones de la historia de cada uno de los autores, de modo que se las refiere a dos tradiciones filosóficas opuestas. Antes de formular la hipótesis del biopoder, Foucault analiza una historia discontinua por un método genealógico y opone en el seno de esta historia un discurso de luchas y un discurso englobante. Agamben aprehende de su lado a la historia como el despliegue de una relación respecto de un fundamento olvidado, la vida; esta relación es el paradigma que permite pensar la historia de la política (2004: 21).
Esta visión de la historia conecta biopolítica y biopoder, en cuanto implica “una identidad de estructura entre política y metafísica: la vida es el nombre del ser y separar la vida nuda de formas de vida concretas corresponde a aislar el ser puro a partir de significaciones múltiples del término ser” (2004: 21). En conexión, Genel sostiene que, “si la vida nuda debe ser aquello a partir de lo que una política pueda ser reconstruida, ella no podrá conservar el sentido que Agamben le da en su análisis del poder soberano, el de una producción de poder” (2004: 19).
Respecto a la base conceptual, entonces, en Agamben encontramos un par fundamental de elementos relacionados a lo largo de la historia de Occidente –vida y política– articulados de un modo continuo: la política incluye la vida excluyéndola en su condición de nuda vida. Respecto a Foucault, las relaciones son conflictivas, y por tanto cambiantes; asimismo, los elementos relacionados pueden también modificarse (no es la relación de vida y política la que prima a lo largo de toda la historia occidental). Así, no existe en Foucault la identidad entre política y metafísica que, por el contrario, resultaría el núcleo de la perspectiva agambeniana. Desde esta concepción, entonces, no se encuentran más que puntos de divergencia entre ambos pensadores, y por ende no puede haber continuidad en sus investigaciones.
Sin embargo, esta lectura de las relaciones entre Agamben y Foucault visualiza solo un aspecto de la cuestión. Al momento de desplegar dichas relaciones, Genel se centra en cuáles son los elementos conceptuales que encuentran relación, y el modo en que esta relación se desarrolla; llamaremos a esto un primer nivel de análisis, el de la dinámica de relaciones de los conceptos. Nuestra pregunta se proyectará respecto del tipo de concepto planteado, es decir, el modo en que el concepto mismo es caracterizado; este será, entonces, un segundo nivel de análisis, al que podríamos llamar como el del carácter estructural de los conceptos. Planteemos entonces la pregunta por el carácter de un concepto central para Foucault, el poder, a través de sus propias palabras:
¿Qué es el poder, o más bien –puesto que sería justamente el tipo de pregunta que quiero evitar (es decir, la pregunta teórica que coronaría el conjunto)–, cuales son, en sus mecanismos, en sus efectos, en sus relaciones, los diversos dispositivos de poder que se ejercen, en distintos niveles de la sociedad, en sectores y con extensiones tan variadas? (1992: 27).
Como queda claramente planteado, no se piensa –no se quiere pensar– el poder desde una caracterización específica del concepto, sino que se delinea a partir de un campo de relaciones. Así, el concepto de poder, de eminente centralidad para Foucault, se caracteriza como instancia estructuralmente dinámica, problemática, no subsumible a algún tipo de especificidad teórica, es decir, no definible. Volvamos esa pregunta a un concepto central, nuclear, que hace al núcleo mismo de la historia occidental en Agamben, es decir, la vida. Tomando la propia caracterización recogida por Genel, la vida presenta en cuanto concepto un carácter no determinado, oscilante, “fundamentalmente ambivalente”; este carácter inherente de problematicidad, como Genel bien lee, se hace necesario si ha de poder pensarse el inicio de una nueva etapa vital, es decir, de la posibilidad de la vida de librarse del dominio soberano que le impone la política. El carácter estructural de problematicidad de la vida, en razón de su excedencia respecto a una relación determinada de dominación, es entonces lo que permite pensar una proyección en términos de liberación.
Ahora bien, en Foucault se expresa también, como objetivo específico de parte de sus investigaciones, la proyección respecto a una instancia de liberación:
la genealogía sería entonces respecto y en oposición a los proyectos de una inscripción de los saberes en la jerarquía de los poderes propios de la ciencia, una especie de tentativa de liberar de la sujeción a los saberes históricos, es decir, de hacerlos capaces de oposición y de lucha contra la coerción de un discurso teórico, unitario, formal y científico (1992: 24).
En términos de la caracterización estructural del concepto, Agamben mantiene un lineamiento continuo con Foucault: la relación de fuerzas se concibe en términos de dominio y proyección de liberación, abierta como posibilidad en términos de la problematicidad inherente de los conceptos involucrados centralmente. La liberación pensada por Foucault, por supuesto, no presenta una simetría de correspondencia con aquella planteada por Agamben; los niveles de análisis planteados no corren paralelos, sino que se interrelacionan. Retomando entonces el primer nivel de análisis, en Agamben la relación de dominio ha mantenido un centro unitario a lo largo de la historia de Occidente, y, por ende, los conflictos estudiados por Foucault adquieren carácter secundario; y justamente en razón de la gran carga, de la enorme intensidad que implica, en términos de ruptura, una estructura de dominio mantenida a través de la totalidad de la historia occidental, dicha historia se parte en dos –un antes y un después de la posibilidad de inclusión de la nuda vida–. Por el contrario, la liberación conceptuada por Foucault presenta un carácter más local, y una menor exigencia respecto a lo planteado por Agamben, en cuanto no implica una liberación de lo político en sentido eminente.[1] Desde aquí, la crítica que hace Agamben en términos de necesidad de “unicidad” –ante los múltiples y variables frentes de dominio planteados a lo largo de la historia occidental por Foucault– no implica que deba buscarse un camino totalmente diverso al foucaultiano, sino que los intentos de liberación foucaultianos no resultan válidos, puesto que parten de un erróneo diagnóstico de la relación de dominio.
Esposito: conflictividad, inversión, especificidad
Esposito sintetiza el núcleo de su crítica a Foucault, respecto al concepto de “biopolítica”, a través de una pregunta:
¿Qué son para Foucault, específicamente, “política” y “vida”? ¿Cómo se deben entender estos términos y de qué manera su definición se refleja en su relación? O, por el contrario, ¿cómo incide su relación en su definición? Si desde el inicio se los piensa por separado –en su absolutez–, después se torna difícil, y hasta contradictorio, condensarlos en un único concepto (2006: 71-72).
¿Y por qué? Porque comprender esos conceptos solo puede hacerse desde el “carácter originario e intrínseco de su implicación” (2006: 72). Desde aquí se da la propuesta del paradigma inmunitario:
… antes que superpuestos –o yuxtapuestos– de una manera exterior que somete a uno al dominio del otro, en el paradigma inmunitario, bíos y nómos, vida y política, resultan los dos constituyentes de una unidad inescindible que sólo adquiere sentido sobre la base de su relación. La inmunidad no es únicamente la relación que vincula al poder con la vida, sino el poder de conservación de la vida. Desde este punto de vista, contrariamente a lo presupuesto en el concepto de biopolítica –entendido como resultado del encuentro que en cierto momento se produce entre ambos componentes–, no existe un poder exterior a la vida, así como la vida nunca se produce fuera de su relación con el poder. De acuerdo con esta perspectiva, la política no es sino la posibilidad, o el instrumento, para mantener la vida con vida (2006: 73-74).
Desde aquí se da, como corolario, la calificación en términos de “yuxtaposición” que recibe el concepto de “biopolítica” en Foucault: siendo que no hay relación conectiva poder/vida en términos de necesidad, esta cobra carácter de externalidad y, por ende, finaliza en relaciones de dominación. Así, Esposito establece cómo dicha externalidad conduce a la contradicción:
… pero –y aquí el discurso de Foucault tensa al máximo su extensión semántica, casi hasta chocar contra sí mismo– si somos libres por el poder, podremos serlo también en su contra. Estaremos en condiciones no sólo de secundarlo y acrecentarlo, sino también de oponernos a él y hacerle frente. De hecho, Foucault no deja de concluir “que donde hay poder hay resistencia y, no obstante (o mejor: por lo mismo) esta no se encuentra nunca en posición de exterioridad respecto del poder” (2006: 62).
Partiendo de la mirada de Esposito, la cuestión es evidente: como la resistencia es tal respecto al poder, nunca se da por fuera de este último. Así, entonces, ¿resulta o no la vida exterior al poder? Si la respuesta es afirmativa, ¿por qué no cabe la opción de concebir ser libres del poder (resistirlo) por fuera de él? Y si es negativa, ¿cómo concebir la libertad frente al poder o contra él? En conclusión, la noción “biopolítica” foucaultiana resulta esencialmente vaga.
Ahora bien, aquí es ya posible establecer que el propio planteo de la pregunta de Esposito no apunta a conseguir una respuesta desde la concepción foucaultiana: en efecto, el carácter del concepto, en cuanto a su estructura, había sido estipulado en Foucault como problemático, como no definible. El planteo mismo de la pregunta lleva, entonces, a otra concepción de la construcción del concepto: para Esposito ha de existir una articulación originaria de elementos determinados (vida y política)[2] en orden de poder estipular un concepto que relacione dichos elementos. Esto implica el movimiento desde un núcleo de una dinámica determinada hacia las diversas relaciones e instancias específicas que de aquel se derivan. En Foucault, por el contrario, el camino recorrido en la dinámica conceptual es inverso. Al no existir una articulación originaria de elementos, el modo en que dicha relación es conceptualizable se produce desde lo históricamente coyuntural, lo cual implica, necesariamente, el carácter de problema respecto de dicha conceptualización. Es por ello por lo que Foucault evita pronunciarse por la especificidad de la vida, así como lo evita respecto al poder.
Esposito plantea su crítica a Foucault, entonces, exactamente en el campo de lo que hemos definido como segundo nivel de análisis. El problema no pasará por la unicidad de términos y de la tipología de los conflictos dados, sino por el carácter mismo del conflicto: este se define, ahora sí, por la articulación que se distribuye a partir de una caracterización conceptual dada, desde la cual no se proyecta una liberación relacional respecto de una dominación, sino más bien una instancia de inversión de los términos involucrados –a saber, en el paradigma inmunitario, política y vida–. Disponer esta proyección implica, desde la propia lógica de la relación, obliterar el carácter problemático de los conceptos centrales. Y es por ello por lo que el desarrollo de la investigación del paradigma inmunitario se centraliza desde la pregunta antes planteada: decir que es necesario indagar por la especificidad de la vida y la política es redireccionar el carácter mismo de la investigación, cancelando la posibilidad de la apertura de nuevas relaciones, o, más bien, estipulando que las únicas novedades pueden darse a partir de las pautas dadas por lo específico de la vida y la política; no hay liberación, sino reacomodamiento relacional.
Por otro lado, en términos del primer nivel de análisis –es decir, desde la dinámica de relaciones de los conceptos–, podemos establecer, allí donde Genel planteaba una discontinuidad entre Agamben y Foucault, una continuidad entre este último y Esposito. En efecto, una vez resituado el conflicto (y, así, alterada su naturaleza en cuanto a la construcción conceptual), este sigue presentando la multiplicidad y variabilidad histórica que Foucault estipula en las relaciones de poder de la modernidad; la dinámica conflictiva no desaparece, sino que ya no es pensada en términos de dominio: se proyecta a partir de la especificidad del paradigma inmunitario. Si en Agamben los conflictos analizados por Foucault no son verdaderos conflictos, puesto que no mellan el dispositivo central de dominio, en Esposito ese conflicto es el conflicto por analizar, pero ahora desde una concepción diversa de su naturaleza: no como dominio, sino como proyección inmunitaria, que permitirá visualizar los caminos para lograr una inversión de estructura, pero nunca una liberación en el sentido agambeniano.
Conclusión
La concepción de biopolítica foucaultiana implica esencialmente una situación de apertura, proyectada desde su modalidad metodológica. Foucault mismo, en sus cursos del Collège de France, sostiene respecto de las investigaciones llevadas a cabo hasta el momento que
eran búsquedas fragmentarias que no solo no habíamos terminado, sino que no tenían siquiera una continuidad; eran investigaciones dispersas, y a la vez repetitivas que recaían en los mismos trazados, en los mismos temas, en los mismos conceptos […]. Les correspondía a ustedes continuarlos o conducirlos a otra parte, a mí, eventualmente, llevarlos adelante o darles otra configuración (1992: 17-18).
Tanto Agamben como Esposito no solo toman como central para sus investigaciones el concepto de “biopolítica”, sino que también retoman el desafío foucaultiano de la posibilidad de reconducción investigativa. Esta reconducción, desde nuestra línea de análisis, es plasmable como una postura estratégica, que implica la oclusión respecto de uno de los dos planos de análisis estipulados, y la continuidad del otro, pero en un carácter específico trazado desde la cerrazón del primero. La crítica agambeniana en términos de “unicidad” apunta así a la oclusión del primer nivel de análisis, aquel que denominamos “de la dinámica de relación de conceptos”. Habrá entonces una relación paradigmática de dominio –y no muchas, ni variables– que se extiende a lo largo de la historia hasta hoy; desde aquí Genel sostiene su análisis de la discontinuidad entre Agamben y Foucault.
Sin embargo, al realizar esta crítica, Agamben se sostiene en una continuidad con Foucault, a partir de lo estipulado como el segundo nivel de análisis –lo que nombramos como de carácter estructural de los conceptos: la problematicidad inherente a los conceptos centrales conlleva una capacidad de liberación–. Desde su perspectiva unitiva, la liberación en Agamben implica un carácter más profundo, más intenso, más difícil: es liberarse de una relación de dominación tan vieja como la historia de Occidente; en Foucault, la liberación se sitúa mucho más localmente, en procesos que responden a dinámicas cambiantes, y, por lo tanto, supone estrategias distintas; pero en ambos la liberación es posible en cuanto esos conceptos centrales no se determinan desde una única posibilidad de relación; así, podemos hablar de una relación de dominio, no intrínseca, sino modificable. Esta perspectiva también incide en las concepciones de “historia”: mientras que, desde el primer nivel de análisis, en donde hemos situado las investigaciones de Genel, la historia en términos de Foucault y Agamben se presenta como esencialmente diversa, desde el segundo nivel de análisis, es posible trazar una continuidad, en términos de relaciones dominio y posibilidades de liberación.
En el nivel en donde sostenemos continuidad entre Agamben y Foucault es donde sitúa su crítica Esposito, ya no en términos de “unicidad”, sino de “especificidad”. Genera entonces una oclusión de este segundo nivel, al deshacerse del carácter de problematicidad en la construcción conceptual. Si era el conflicto (en cuanto lucha válida que permite la política) lo que era dejado de lado por Agamben, debido al dominio eminente producido en la relación de vida y política, es justamente el conflicto lo que será retomado por Esposito, pero no ya en términos de dominio; en efecto, la oclusión de la problematicidad redistribuye la conflictividad en términos de una relación específica entre vida y política, plasmada en el paradigma inmunitario. Al quedar circundado de esa manera, el conflicto y sus diversas configuraciones vuelven a ser objetos de interés en sí: hallamos así una continuidad, respecto a Foucault, en relación con la dinámica de relaciones de los conceptos (es decir, respecto al primer nivel de análisis).
Es posible pensar las diferencias, a partir del segundo nivel de análisis, en términos de exterioridad e interioridad de relaciones. El carácter problemático del concepto implica la imposibilidad para este de una total inmersión en una relación dada; dicho de otro modo, el concepto nunca es totalmente definible. Así, siempre funda relaciones respecto a las cuales en algún grado es externo y, por tanto, capaz de generar una nueva relación. Por el contrario, el carácter específico del concepto lo implica en una relación de tipo intrínseco y, por tanto, permite que el cambio solo se funde desde esa relación interna. Desde este punto de vista, podemos colocar a Foucault y a Agamben como partícipes del campo de la exterioridad, y enfrentados a la interioridad de campo de Esposito.
Respecto del primer nivel de análisis, podemos seguir los lineamientos de Genel, y enfrentar a Foucault y a Agamben; pero también es posible mostrar una continuidad entre Foucault y Esposito, en cuanto la matriz dinámica del conflicto es compartida.
Desde aquí es posible afirmar, en primer lugar, que existe continuación –en Esposito y Agamben– de las investigaciones foucaultianas, pero no “compleción” (al decir de Esposito y Agamben mismos). En efecto, la continuación se da en términos de redireccionamiento y desarrollo de aspecto de la biopolítica foucaultiana, pero implica, asimismo, tanto para Esposito como para Agamben, la oclusión de aspectos determinantes de esta, expresables en función de los planos de análisis desplegados. Ahora bien, esto implica la imposibilidad de compleción no solo en cuanto en ambos autores hay algo de la investigación foucaultiana que es negado en su apertura, sino porque los dos planos analíticos distinguidos no son autónomos, sino que se interrelacionan en términos sistemáticos; dicho de otro modo: la oclusión de un plano no resulta paralela al desarrollo del otro, sino que lo modifica intrínsecamente. Así, en Agamben, la oclusión del primer plano de análisis, que establece la ruptura para con la relevancia de la conflictividad, implica necesariamente la estipulación de una relación de dominio de mayor profundidad y perduración que las marcadas por Foucault a lo largo de la historia occidental; dicho de otro modo, justamente en cuanto el conflicto histórico no se halla munido de la intensidad y la relevancia necesarias, ha de haber algo más fundamental que atraviesa la totalidad de la historia de Occidente. En Esposito, la oclusión del segundo plano de análisis, que rompe con el carácter indeterminado de vida y política, implica entonces la revaloración del conflicto como motor histórico; es decir, justamente porque la dinámica no puede sino jugarse desde la específica bicondicionalidad que articula la relación vida/política, el conflicto entre ambos elementos es lo único relevante y posibilitador de cambio histórico, y la máxima modificación pensable, respecto de la modernidad, es la inversión en términos de paradigma inmunitario.
Desde aquí, en segundo lugar, es posible entonces hablar de complemento –que no, nuevamente, compleción– entre las investigaciones de Esposito y Agamben, referidas entre sí, y estas respecto a Foucault:[3] en función de los planos analíticos marcados, la de Esposito se desarrolla justamente a partir de lo que la otra, la de Agamben, ocluye (y viceversa). Nuevamente: en cuanto la relación entre planos es sistemática, no paralela (no autónoma), no se trata de que, sumando los aportes de Esposito y Agamben, se pueda entonces hablar de una compleción de la investigación foucaultiana. Como se marcó, en cuanto la oclusión de un plano incide de modo directo en el otro, modificándolo, los resultados investigativos no pueden nunca ser adicionados de modo lineal (justamente en cuanto se estarían adicionando elementos de naturaleza diversa). Complemento aquí, entonces, supone el agregado a un conjunto de investigaciones subsumibles bajo un concepto amplio de “biopolítica” (a saber, la relación entre política y vida), pero no compleción; es decir, no se trataría de poner lo que falta a la investigación foucaultiana, en cuanto dichas investigaciones no siguen la modalidad de interrogación conceptual propia de Foucault y, por ende, parten de otro modo de pensar dicha relación.
Este análisis permite asimismo desarticular la perspectiva de Genel respecto a Agamben en su comparación con Foucault, en relación con la ética y la metafísica. Según aquella, es por el carácter de indeterminación del concepto de “vida” por lo que en Agamben se pasa de la política a la metafísica y de la resistencia a la ética. Ahora bien, en cuanto hay una continuidad entre Foucault y Agamben respecto del segundo plano de análisis (aquel que Genel no toma en cuenta en su estudio), es decir, respecto del carácter de indeterminación de los conceptos de “vida” y “política”, aquello que se afirma sobre Agamben en dicho punto debería entonces necesariamente afirmarse, en la misma extensión, respecto de Foucault.[4] Así, no existe una correspondiente diferencia de naturaleza entre los planteos de Agamben y Foucault, como sostiene el diagnóstico de Genel, sino una de variabilidad de intensidad en las relaciones de fuerza en términos de dominio; el corrimiento es intensivo, no cualitativo, justamente a partir de la correspondencia estructural en el carácter de los conceptos de “vida” y “política”.
Retomar el desafío foucaultiano no puede implicar el continuar de manera directa con sus investigaciones; en un sentido filosófico, y en cuanto desafío, implica redireccionar, modificar, incorporar novedades e incluso cancelar elementos que hacen a su batería conceptual y a su metodología de investigación. Debido a su propia apertura, el pensamiento foucaultiano permite una multiplicidad de redireccionamientos que se despliegan en investigaciones como las de Agamben y de Esposito. A partir del establecimiento de los dos planos de análisis, de su correspondiente apertura y oclusión, de las relaciones de compleción, complemento y continuación, en el presente trabajo se ha buscado determinar cómo dichas investigaciones resultan, respecto de la perspectiva de Foucault, propias y a la vez ajenas de modo concreto.
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- Es decir, no implica un por fuera de las relaciones de poder; así, Foucault dirá, en una de sus últimas entrevistas, que data de 1984: “Pienso que no puede existir ninguna sociedad sin relaciones de poder […] El problema no consiste por lo tanto en disolverlas en la utopía de una comunicación perfectamente transparente, sino de procurarse las reglas de derecho, las técnicas de gestión y también la moral, el ethos, la práctica de sí, que permitirían jugar, en estos juegos de poder, con el mínimo posible de dominación” (Fonet-Betancourt, Becker & Gómez-Müller, 1984: 110). Así, liberación implica una ruptura con las relaciones de dominación, no con el poder. La diferencia, nuevamente, depende de la conceptuación que se le da a dicha dominación: hay una intensidad relativa, en términos históricos, mucho mayor para Agamben que para Foucault, y, por ende, el análisis diverge en cuanto a la posibilidad de liberación.↵
- Al momento de plantear la temática biopolítica, tanto Foucault como Esposito utilizan de modo intercambiable los conceptos de “poder” y “política”. Foucault define al biopoder como “el conjunto de mecanismos por medio de los cuales aquello que, en la especie humana, constituye sus rasgos biológicos fundamentales podrá ser parte de una política, una estrategia política, una estrategia general del poder…” (2007, p. 15). Si ese biopoder supone una combinatoria de anatomopolítica y biopolítica y, como establecimos, en la confrontación que Esposito realiza, el aspecto anatomopolítico queda dejado de lado –o, más bien, no tomado como algo separable de la biopolítica–, entonces la superposición entre biopolítica y biopoder en el análisis de Esposito es consistente. Esto no implica, por supuesto, que presenten una correlatividad semántica al interior de la totalidad de sus obras –tanto de Esposito como de Foucault–, sino que, en el caso específico que estamos estudiando (la concepción de biopolítica), ocupan –política y poder– ese lugar de intercambiabilidad.↵
- Es decir, no entre las investigaciones de Esposito y Foucault, por un lado, y Agamben y Foucault, por el otro.↵
- Y así se podría establecer una correspondencia entre la crítica de Genel a Agamben y aquella de Esposito a Foucault, quien objeta a este último la falta de precisión al momento de definir “vida” y “política”. En la misma línea, encontramos respecto a la concepción foucaultiana de cura sui desde la noción de “parresía” como “decir veraz” voces críticas que sostienen que esta no implica sino un retorno a valores del iluminismo –verdad y autonomía–, y toman la práctica del cura sui como individualismo, dandismo, solipsismo –cf. al respecto Reynolds (2004: 965 y ss.), como asimismo Taylor (1984)–. Luxon se refiere en esta línea al comentario de Nancy Rosemblum, que caracteriza a Foucault como un “romántico que sufre de una psicología de la autodefensa” (Rosemblum, 1989: 183), como también al comentario de Richard Rorty, calificando a los parrhesiastas como “caballeros de la autonomía privada” (Rorty, 1992: 328) (para un mayor desarrollo de este tema, cf. Luxon, 2008: 396 y ss.). Aquí, entonces, la perspectiva foucaultiana es considerada –como hace Genel con Agamben– en términos de un puro pasaje de la política a la ética.↵







