En esta tesis se analizan los procesos de significación del homicidio y la violencia física en varones cisgénero que produjeron la muerte de otros varones en peleas y enfrentamientos entre sus 18 y 32 años en el Área Metropolitana de Buenos Aires entre los años 2000 y 2020. A partir de la revisión de estudios sobre perpetradores de homicidio en cinco áreas temáticas (acerca de las biografías, los sentidos, la experiencia, la masculinidad y las explicaciones), esta investigación aborda una ausencia en las indagaciones académicas sobre violencia letal: el sentido mentado por quienes cometieron homicidios. Para ello, se abreva en los estudios sociales de la violencia, los estudios de masculinidades y la teoría socionarrativa para indagar en los relatos de vida de estos actores.
La estrategia metodológica es cualitativa, biográfica y colaborativa, en el marco de los estudios hermenéutico-narrativos. El trabajo de campo consistió en la realización de entrevistas narrativas, co-construcción de líneas de vida y observaciones participantes en espacios carcelarios y residenciales. A partir de un muestreo por conveniencia, se realizó un total de 62 entrevistas para la reconstrucción biográfica de 20 casos. El análisis del corpus de datos siguió un proceso inductivo de codificación temática y la reconstrucción hermenéutica de casos biográficos, con un particular reparo en las tematizaciones, secuenciaciones y estructuraciones de los relatos.
Los resultados de la tesis se estructuran en función de tres dimensiones de análisis en torno a los procesos de significación de la muerte violenta: los relatos sobre las vidas previas al evento, la dinámica experiencial-situacional del homicidio y las narrativas explicativas del evento. Primero, el análisis de los giros biográficos y de las teorías legas sobre la propia biografía da cuenta de una lectura estoica de sus mundos de vida: una racionalidad para pensarse a sí mismo y sus experiencias vividas, a sus interlocutores y, en consecuencia, a la violencia experimentada y la ejercida. La apreciación positiva de vivencias dolorosas es una parte estructurante de esta racionalidad. Los temas y eventos que son valorados positivamente varían en función de las trayectorias previas y sus redes de socialización, siendo en los varones jóvenes de sectores populares en donde se ilustra de forma más explícita que el homicidio no implica per se un giro biográfico y que, simultáneamente, la detención puede ser significado como una oportunidad biográfica.
Segundo, el análisis de la experiencia vivida de matar (las emociones, las formas de percibir al contrincante y a las audiencias) da cuenta de tres ejes vivenciales que se ponen en juego en la construcción situacional del yo: evaluación, amenaza y potenciación. A partir de ellos, se elabora un modelo fenomenológico que enfatiza cómo se vinculan estos aspectos, habilitando emocionalmente el ejercicio de violencia. Esto describe cómo los varones superan la tensión y el miedo confrontacional, y logran “efectivamente” matar. La “inevitabilidad” de la agresión y la defensa del yo son aspectos centrales que emergen de las situaciones narradas. Propongo el concepto de visceralidad para describir la experiencia que trasciende la naturalización de la violencia, ilustra una modalidad de “hacer género” y da cuenta de la dimensión corporal de las peleas físicas entre varones.
Tercero, la tesis identifica ocho narrativas explicativas sobre los homicidios: “rebelde”, “afectado”, “gil”, “él o yo”, “repetir la historia”, “junta”, “embromado” y “víctima”. Estos guiones apelan a lógicas narrativas que incorporan, excluyen, resaltan o silencian diferentes aspectos de sus vidas y contextos. Las explicaciones se estructuran a partir del locus explicativo (individual-colectivo) y la noción de agencia y ontología del cambio (capacidad-no capacidad). Los elementos que componen estos guiones (como la normalidad-anormalidad de las vidas) indican los sistemas de relevancia en los que se asientan las explicaciones. A su vez, la relevancia y uso del término “decisión” da cuenta de una lógica por el cual se etiqueta, disputa y reconfiguran los sentidos sobre la intencionalidad, el decidir, la violencia y el homicidio.
El análisis conjunto de las dimensiones permite realizar dos aseveraciones. La primera es que los varones pueden ejercer violencia y cometer un homicidio, y no “ser” violentos desde sus perspectivas. La segunda, complementaria a la anterior, es que no toda presentación del yo implica un distanciamiento de la violencia. Este punto reviste especial relevancia, ya que indica que existen condiciones de posibilidad simbólicas para que haya identificación con la violencia letal: “ser violento” puede ser un modo exitoso de gestión narrativa.
La tesis muestra que para comprender la significación de la violencia letal no alcanza con entender el sentido aislado de la acción, la interacción social sin narrativa, ni la biografía sin presentación del yo. Un análisis complejizante de la violencia “requiere” de elementos que den cuenta empíricamente de estas facetas y su articulación para poder comprenderla. La significación de la violencia letal es ambivalente y polifónica, en tanto muestra que los actores emplean etiquetas y saberes expertos, así como teorías legas e híbridas para darle sentido al homicidio. Estas presentaciones no se reducen a estrategias de neutralización o justificación, sino que las explicaciones constituyen una racionalización de la experiencia y son sustento del posicionamiento de los actores en relación con las instituciones penales y educativas. De este modo, la tesis permite hacer una revisión de conceptos popularizados como naturalización de la violencia, honor y violencia de género.
Palabras clave: homicidio; muerte violenta; violencia; relato biográfico; narrativas; dinámica situacional; perpetrador; masculinidad.




