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Agradecimientos

¿Qué es una tesis sino el producto de diversas relaciones y procesos subjetivos? Esta investigación es el resultado de muchas personas e instituciones con las que me vinculé a lo largo de más de 5 años. Agradecer el apoyo emocional, el cariño, el financiamiento y los consejos lleva, casi inevitablemente, a lo contrafáctico: “si no hubiera sido por ellos y ellas, no habría logrado terminar esta tesis”. No obstante, esta formulación —aunque peque de falaz— da cuenta de lo agradecido que estoy y de la emoción que me provoca pensar cómo se cruzaron en mi camino. Los agradecimientos que siguen seguramente omitan, por olvido, a personas que han contribuido en este trabajo. 

Quisiera agradecer, en primer lugar, al Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas (CONICET) por financiar esta tesis. A lo largo de mi formación, otras instituciones me han apoyado financieramente: Facultad de Ciencias Sociales y la Facultad de Derecho (Universidad de Buenos Aires), Methodenzentrum Sozialwissenschaften (Georg-August-Universität Göttingen); Centre for History in Public Health (London School of Hygiene and Tropical Medicine); Sexual Violence Research Initiative (SVRI); Departamento de Estudios Culturales (Colegio de la Frontera Norte); American Slovenian Education Foundation (ASEF); y la Law School (Gonzaga University).

Además, quisiera agradecer a mis dos directoras: Anahí y Jimena. Con ambas tuve un vínculo que trascendió lo académico antes de comenzar con el doctorado. Jimena me ayudó a redactar mi primera solicitud de beca de investigación cuando todavía cursaba la Carrera de Sociología. Anahí fue docente y compañera de trabajo durante mis estudios de maestría. Dichoso yo que pude elegir a quienes me acompañaron en este proceso, con plena conciencia del vínculo laboral que podríamos tener.

A su vez, agradezco a quienes quizás más se arriesgaron y expusieron durante este trabajo: a los entrevistados y a las personas de diversas instituciones que me brindaron su confianza. Por el enfoque que desarrollé, esta tesis nunca debería ser leída como un producto solitario: los relatos de vida fueron trabajos conjuntos y las largas entrevistas fueron procesos que quitaron tiempo, movilizaron sentimientos y produjeron cambios subjetivos tanto en mí como en quienes me contaron sus historias.

El Instituto de Investigaciones Gino Germani fue un hogar para mí antes, durante y después del desarrollo de esta tesis. El Área de Salud y Población, el Claustro de Becarios y los amigos de pasillos me brindaron ayuda y pertenencia. Mis amigos y colegas fueron, sin lugar a duda, centrales en el día a día de trabajo y en las ocasiones de festejo, que no fueron pocas: gracias Cande, Juli, Sebas, Agus, Ceci, Barb, Andi, Octa y Manu.

Tuve la fortuna de tener excelentes docentes durante este proceso, que fueron inspiradores: ir a sus clases me llenó de entusiasmo por leer, escribir y seguir dedicándome a la sociología. En el marco del Doctorado, Ernesto Meccia y Luis Miguel Donatello fueron quienes me motivaron a pensar la potencialidad y complejidad de hacer estudios biográficos, y me llevaron por rumbos que no había vislumbrado. Jimena Mantilla y Juan Pedro Alonso me volvieron a “llevar” al campo de la salud, y a comprender las transformaciones que tiene. Mario Pecheny y Alejandro Capriati fueron quienes lograron ayudarme a encarrilar ese inicial proceso que es la escritura y la definición sobre lo que quiero (y puedo) decir en una tesis. Por último, no puedo dejar de destacar que las experiencias negativas con malos docentes fueron igualmente motivantes: para distanciarme de los y las referentes con quienes no me quiero identificar. 

Agradezco también a las personas que me permitieron compartir espacios de aprendizaje y discusión. El Núcleo de Estudios de Violencia y Muerte de la Universidad de San Martín, coordinado por José Garriga Zucal, fue mi plataforma para inciarme en las lecturas sobre antropología de la violencia. Elea Maglia, Inés Mancini, Violeta Dikenstein, Joaquín Zajac, Evangelina Caravaca, Brenda Focás y Marina Acevedo García fueron excelentes compañeros y compañeras durante este proceso. 

Además, agradezco a Natalia Ojeda, Carolina Di Próspero y Andrea Lombraña por permitirme participar de las diversas actividades que organizaron. Las discusiones organizadas por “los chicos” y Dike fueron espacios para compartir e intercambiar experiencias académicas y emocionales ligadas al encierro. Emily Meyer, Judith Melnik y Elizabeth Talarico fueron aliadas al recorrer los pasillos penales. Además, agradezco a Carolina Agnone Conte quien fue la primera persona en permitirme entrar a una institución de encierro en calidad de docente y, así, me abrió las puertas del mundo carcelario.

Tengo la fortuna de participar del Sexual Violence Research Initiative. Elisabeth Dartnell, James Lang y Lizle Loots fueron grandes mentores en la temática de la violencia de género y me permitieron ser parte de la red. La amistad y apoyo de mis compañeros de la red me motivaron mucho a pensar las complejidades (y similitudes) de las violencias a nivel internacional. Agradezco a Emilio Puccio, Daniel Canavese, Denise Legard, Jesús Hernández, Manuela Balliet, Marcos Signorelli, Nnamdi Eseme, Sergio Torres y Shelly Lees.

En el marco del Diplomado en Juvenicidio y vidas precarias en América Latina, Juan Manuel Valenzuela Arce y. Juan Antonio Del Monte me orientaron en lecturas y perspectivas que trascendieron comprender la violencia en ámbitos locales-nacionales. Este aporte fue central para comprender el homicidio como un fenómeno estructural en América Latina.

Un punto de inflexión en la realización de esta tesis fue haber visitado el Methodenzentrum Sozialwissenschaft. Agradezco enormemente a Gabriele Rosenthal por permitirme participar de los seminarios, coloquios y encuentros sobre método biográfico. Aprendí mucho con y de Eva Balh, Lucas Cé Sangalli, Sevil Çakır, Miriam Schaefer, Doreen Blume-Peiffer Johannes Becker, Isabella Enzler, Katharina Teutenberg, Mathias Fiedler, Arne Wie Anton y Lukas Adyeeri.

El Proyecto de Reconocimiento Institucional que comencé a dirigir en 2020 fue otro espacio de valiocísimo y enriquecidor de intercambio. La participación de Camila Fabeiro, Daniela Drizza, Elízabeth Talarico, Federico Paletta, Fernanda Medina, Guido Sciurano, Iara Lucas, Lucía Missio, Martina Fernández, Milena Balardini, Paula Villacorta, Sabrina Donati y Tomás Pareta fue fundamental.

Los proyectos de investigación en los que participé en paralelo a desarrollar esta tesis fueron espacios de oxigenación de ideas: Alejandro Capriati y Gabriela Wald me permitieron participar de un PICT, junto con Matilde Schwarz, Mariela Weisbrot, Bianca gentinetta, Cintia Hasicic, Julián Asiner, Martín Koifman y Bárbara Salum. Esto fue mi puntapié para reflexionar sobre la artesanía del enfoque biográfico. El DeCyT y PICT dirigidos por Marcela Belardo y Belén Herrero, y acompañado por Adriana Greco, fue un espacio para volver a pensar la extensión del campo de la salud colectiva.

Los espacios de docencia son para lugares de inspiración. Dar clases me permitió frenar el ajetreo de la vida cotidiana y entablar otro vínculo con mis estudios. Las cátedras en las que participo tienen un lugar privilegiado en mis agradecimientos como los espacios que me incentivaron a seguir investigado, a pensar en la riqueza del conocimiento científico y reflexionar sobre la utilidad de la ciencia. En primer lugar, agradezco a Susana Torrado, Victoria Mazzeo, Mónica Bankirer, Laura Calvelo, Lautaro Lafleur, Sabrina Ferraris, Nicolás Sacco, Mariana Marcos y Gabriela Mera de la cátedra de Demografía Social de la Facultad de Ciencias Sociales que me permitieron tener mi primer espacio de docencia. 

La tarea docente en la cátedra de Teoría del Estado de la Facultad de Derecho fue un desafío productivo. Agradezco esta oportunidad a Christian Cao, Lucía Agüero Lavigne, Viviana Albertus y Gonzalo Gamarra por su acompañamiento. Además, agradezco a Horacio Sanguinetti, el antiguo titular de la materia, quien me apoyó en mi labor de investigación. 

La labor constante en la cátedra de Introducción al Pensamiento Científico de la Universidad de La Matanza fue el espacio de mayor intercambio académico durante los años de tesis. Agradezco a Gabriela Cormick, José González, Cinthia White, Fabricio Lombardo, Surya Pérez, Sabrina Molina, Iris Romero, Juan Librandi y Mariela Ferrari. Discutir las tensiones teóricas y metodológicas entre las diferentes disciplinas que confluyen en la cátedra fue un gran motivador para reflexionar sobre la propia práctica. 

Agradezco también a Martín Langsam por convocarme como docente en New York University y por permitirme participar en los diferentes proyectos de investigación a lo largo de los años.

Fueron muchos los colegas que durante los años de estudio me brindaron ideas, aportes o simplemente inspiración. Tuve la fortuna de conocer a María Epele y que me dirija en una beca inicial. Diego Vázquez Brust y Natalia Yakovelva fueron mi constante fuente de inspiración en el mundo académico desde que comencé a trabajar con ambos a los 19 años en la Universidad de Cardiff. Además, agradezco a Eugenia Bianchi, Inés Mancini, Alejandra Otamendi y Gergö Baranyi que me brindaron consejos, material o simplemente compañía en mis estudios.

Durante la tesis, investigadores e investigadoras me brindaron generosamente su material y compartieron sus notas sobre mi trabajo. Agradezco profundamente a Eugenio Zaffaroni (Corte Suprema de la Nación), Gabriele Rosenthal (Georg-August-Universität Göttingen), Hermílio Santos (Pontifícia Universidade Católica do Rio Grande do Sul), Gwen Adshead, Zoe Berko y Martha Ferrito (Portsmouth University), Juan Manuel Valenzuela (Colegio de la Frontera Norte), João Biehl (Princeton University) y Jacquelyn Campbell (Johns Hopkins) y Michael Flood (Melbourne University). Además, Ramona Biholar y Dacia Leslie (University of West Indies, Jamaica), en el contexto del Seminario “Gender Dimensions of Violence Prevention”, me brindaron bibliografía y una atenta lectura de mis manuscritos.

Quiero agradecer a los amigos que me bancaron escuchándome sobre mi tesis. Juan Librandi y Paula Malzone son los dos bastiones con los que pude afrontar esta investigación. Noelia, Fernanda, Henrik, Tit y Pietro fueron mis compañeros en muchas aventuras académico-joviales. Matías Bruno es la voz de la reflexividad y el aporte teórico en muchas de las discusiones que realizo. Sofía Aguilar, Marie Bessieres y Fira Chmiel me brindaron muchísimos consejos en la tarea de escritura que hicimos paralelamente. Mi tía, Marina, se tomó el trabajo de leer y corregir el manuscrito de la tesis. Mis amigos y amigas de la maestría me dieron aliento en los comienzos de mi inserción en los estudios de las violencias: Luciana, Laura, Érica, Carla, María y Milena.

Por último, quiero agradecer a quienes dieron inicio a mi vocación de investigador. Mis viejos me enseñaron muchas cosas y, dentro de ellas, las pericias del mundo académico. Esta tesis es producto de mi esfuerzo y el de ellos. Quizás es injusto agradecer en último lugar a Titi, quien me acompañó diariamente en este trabajo. Te amo.



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