La perspectiva del perpetrador como problema de investigación
El sentido de la acción es un tema medular desde los orígenes de las ciencias sociales y, en particular, para la sociología. Comprender los significados que los actores le asignan a eventos, acciones, procesos y situaciones ha sido una forma privilegiada —si bien no la única— para comprender por qué y cómo los actores desarrollan sus vidas y despliegan acciones y estrategias. No obstante, el interés por entender el vínculo entre el sentido y la acción social no siempre ha estado en el centro de la escena científica, principalmente durante las décadas en las que el estructuralismo y funcionalismo dominaron el campo académico (Nisbet, 2003). En los estudios de la violencia y, en particular, del homicidio, la falta de atención al sentido y a las biografías de quienes ejercen o ejercieron alguna forma de violencia es generalizada.[1] La violencia letal es, como señala De Haan (2011), un tema disputado y fragmentado: se la mira con horror, se le adjudican sentidos y teorías despojadas de subjetividad, se reducen las explicaciones a la historia familiar, a la “locura”, a los contextos de vulnerabilidad, a grandes estructuras sociales, a la masculinidad como una entelequia externa a los varones y, en menor medida, a las emociones del momento.
En esta tesis retomo debates sobre el significado, la acción social y los contextos de los actores para analizar los procesos de significación de la violencia física y la violencia letal en varones cisgénero[2] que cometieron el homicidio de otros varones en el contexto de una pelea o enfrentamiento en el Área Metropolitana de Buenos Aires (AMBA), entre el 2000 y 2020. El interés analítico que estructura esta investigación es conocer las dimensiones subjetiva, narrativa y experiencial de la violencia como condición de posibilidad de su ejercicio y posterior racionalización. De este modo, busco mostrar los procesos por los cuales el homicidio es comprendido y explicado y, a la vez, cómo estos sentidos mentados se adaptan y negocian interaccionalmente por los perpetradores.
A partir de este interés, la pregunta que orienta este trabajo e hilvana los siguientes capítulos es: ¿cómo y a partir de qué procesos los varones que cometieron homicidio le dan sentido y explican este evento? Para responder a este interrogante indago sobre sus narrativas biográficas y me focalizo en los temas, eventos y experiencias que para ellos tuvieron relevancia, así como en las teorías que elaboran sobre sus derroteros biográficos y sobre el homicidio mismo. A lo largo de esta tesis muestro cómo los relatos y las experiencias vividas de estos varones (y la selección, descripción y presentación que ellos hacen de sus experiencias) permiten comprender cómo ser varón implica una relación sensible y narrativa con la violencia.
Sobre las discusiones académicas y los contextos discursivos
¿Por qué es relevante indagar sobre la dimensión subjetiva de la violencia letal? ¿Qué relevancia teórica, metodológica y empírica tiene el estudio de quienes mataron desde sus propias perspectivas? Como plantea Binik (2020), la violencia es un tema que genera fascinación en las sociedades contemporáneas. El interés, las creencias y los mitos, y los procesos de espectacularización de la violencia van de la mano de producir y reproducir ideas sobre quienes las ejercen. Los discursos hegemónicos sobre la violencia son efectivos en homogeneizar la diversidad de voces y situaciones: quienes cometieron un homicidio son vistos como monstruos, locos o malvados; las referencias a “falta de socialización”, psicopatologías y perversiones son comunes al hablar de la violencia letal. A la vez, las representaciones mediáticas (Federico, Gomes y Piacenza, 2010; Rosenthal y Bogner, 2017) estandarizan visiones sobre quiénes son, cómo fueron sus vidas y qué sentido tiene la violencia para ellos. Así, los sentidos, subjetividades y especificidades de los actores quedan invisibilizadas y menospreciadas frente a un discurso hegemónico: no es necesario saber qué pasó o qué sentidos estaban involucrados.[3]
A su vez, desde el campo académico también se han reproducido lógicas que han tendido a perpetuar representaciones similares. A pesar de que, por ejemplo, existen estudios clásicos que analizan las vidas y perspectivas de varones con carreras de delincuencia, la indagación en las biografías de varones que cometieron homicidio o femicidio se mantiene como un área de vacancia en la literatura académica (Di Marco, 2019; R. E. Dobash y Dobash, 2017; Imbusch, Misse y Carrión, 2011; Schuh Reif y Di Marco, 2019; Segato, 2003). Esto resulta paradójico, dada la relevancia que tienen los sentidos de estos actores para entender el fenómeno. Retomando el dilema que planteó Riches (1986) y, más recientemente, Segato (2003), las biografías y sentidos de quienes ejercen violencia son rara vez analizados, a pesar de ser ejes centrales en la perpetración de la violencia. Estas dimensiones no solo son temas vacantes, sino también aspectos desacreditados: indagarlos no contribuye realmente al abordaje de la temática. Esto es aún más destacable, considerando el peso que han tenido los métodos biográficos y el interés por recuperar los “actores acallados” y las “voces desde abajo” que tradicionalmente fueron excluidas del espacio público (Plummer, 2011, p. 90).
La mayoría de la literatura sobre homicidio —particularmente la socioantropológica (Di Marco, 2019; R. Dobash y Dobash, 2020)— se ha enfocado en estudiar la violencia letal en sectores populares y en contexto beligerantes. Esta tendencia se debe, en parte, a la mayor incidencia del homicidio en poblaciones marginalizadas (tendencia tanto de Argentina, como de otras regiones). Si bien este énfasis ha permitido reflexionar sobre las diferentes formas de marginalización que se articulan en la reproducción de la violencia, también obtura la posibilidad de comprender aspectos generales sobre el matar. La escisión analítica entre homicidio y marginalización es, en esta tesis, una estrategia activa por comprender ejes estructurales que la masculinidad signa a nivel general en nuestras sociedades.
A su vez, a pesar de la larga tradición de las ciencias sociales en reflexionar sobre los procesos de naturalización del sentido común, subsisten los estudios sobre el homicidio en los que se adjudica un carácter de “inmoralidad” o “monstruosidad” a quienes perpetraron la violencia. Conney (2017), por ejemplo, en Handbook of Homicide afirma que el “homicidio (matar dentro de una sociedad) es uno de los actos más inmorales que una persona o grupo pueden cometer” [traducción libre del autor] (p. 54). Las referencias al homicidio como acto inmoral, bestial o ilógico no solo se encuentran como ideas del sentido común, sino dentro de campos disciplinares como la criminología y la epidemiología (De Haan, 2011; Webber, 2007). Inclusive la violencia es encasillada en la esfera de lo irracional y lo asocial, como producto de los mismos discursos contra la violencia (Rifiotis y Castelnuovo, 2011).
Por el contrario, aquí parto de la afirmación opuesta: el homicidio es un acto eminentemente moral y social. La indagación biográfica y hermenéutica permite esquivar las miradas esencialistas y, así, dilucidar cómo las prácticas violentas son construcciones sociohistóricas que, como plantea Garriga Zucal (2016a, p. 41), bajo ningún concepto son acciones carentes de sentido.
Asimismo, en el campo de los estudios de la violencia se mantiene un divorcio entre los enfoques macrosociales y microsociales, reproduciendo así una lógica de investigación binaria (Jackman, 2002; Young, 2003). A pesar de que existan clivajes locales y esfuerzos por evitar esta falsa dicotomía y las reducciones analítico-metodológicas que conlleva, ésta sigue siendo una tendencia hegemónica en el estudio del homicidio (Di Marco, 2019). Además, se superpone otra separación analítica entre el estudio de los antecedentes biográficos y la dinámica situacional del homicidio (Hartmann, 2017).[4]
Como resultado de estas tendencias existen tres lógicas dominantes en la literatura sobre homicidios: el reduccionismo económico, la medicalización de los actores y la búsqueda de factores de riesgo. Primero, una tendencia es la adjudicación de la violencia letal a la estructura y situación económica. Esta reducción (usualmente establecida a partir de análisis ecológicos) ha llevado a afirmar a Rennó Santos et al. (2017) que: “… la inequidad y el homicidio tienen una relación positiva universal. En contraste, la pobreza está solamente relacionada al homicidio en países con tasa de homicidio baja” (p. 1). Tal como señalan Innes, Tucker e Innes (2017, p. 4) y Collins (2008, p. 120), el estatus económico no es suficiente para explicar los patrones y motivos detrás de los homicidios, pero a pesar de ello, la pobreza se ha convertido en un chivo expiatorio de la violencia, en el cual se le adjudica un carácter de etiología total.
Segundo, la tendencia a la medicalización de la violencia es un fenómeno menos destacado en la literatura sobre homicidio. Como plantea Segato (2003), muchas formas de violencia son vistas y reducidas a lo psicopatológico, minimizando el carácter sistémico del fenómeno en tanto hecho sociocultural. En el caso del homicidio, una de las formas de medicalización de los perpetradores está vinculada con la lectura de este fenómeno a través del concepto de “trauma” (Adshead y Ferrito, 2015; Papanastassiou et al., 2004). Otra interpretación clásica ha sido la del “síndrome del varón joven” o young male síndrome (Farsang y Kocsor, 2016; Tamás et al., 2019; Wilson y Daly, 1985). Estas lecturas tienden a analizar el homicidio a partir de experiencias adversas —vistas en clave psi— de los actores, localizando la explicación analítica en el individuo y, así, desdibujando el peso a los contextos, historias y procesos interaccionales que también moldean la violencia.
Por último, la perspectiva de los factores de riesgo ocupa una posición central dentro del campo de estudios de los homicidios (R. Dobash y Dobash, 2020). La búsqueda de factores asociados con la victimización de homicidio se mantiene como la doxa en la forma de investigar esta forma de violencia. En Argentina, la fórmula “varón, joven y pobre” (Di Marco, 2019; Vázquez, 2001), por ejemplo, se torna explicativa del evento, descuidando tanto la heterogeneidad de situaciones y actores involucrados en las muertes violentas, como todos los procesos simbólicos e interaccionales que son condiciones de posibilidad del ejercicio de la violencia.
Frente a este panorama, el desafío de los estudios biográficos se relaciona con un aspecto nodal en las ciencias sociales y, en particular, la sociología: la comprensión de las acciones sociales según el sentido mentado por los propios actores.
Sobre la mirada analítica
¿Cómo sortear los escollos comunes en los estudios sobre violencia letal? Y, ¿de qué modo lograr traspasar las interpretaciones dominantes que reducen la complejidad de la violencia letal a factores sin considerar la dinámica microsocial del fenómeno? Esta tesis se enfoca en la significación del homicidio y en la dimensión biográfico-narrativa de los perpetradores como “puertas de entrada” a la comprensión general de la violencia empleada por los varones. Por este motivo, el sentido, la experiencia y la presentación del yo se tornan ejes centrales de indagación.
Comprender los procesos de significación de uso de la violencia —en tanto recurso conocido y empleado por un actor— implica conocer cómo las experiencias de los actores y la interpretación que ellos hacen de éstas se ponen en juego en momentos concretos. El análisis imbricado de los mundos de vida, las masculinidades, las emociones y las dinámicas situacionales al momento de matar es una estrategia para abordar la complejidad de la violencia. Así, la premisa subyacente en esta perspectiva es que —para poder comprender y explicar[5] un fenómeno social— se tiene que reconstruir su génesis, es decir, el proceso de creación, reproducción y transformación (Rosenthal, 2006, p. 2).
A partir de esta premisa, la tesis adoptó una perspectiva microsociológica, inductiva y con un reparo particular por la dimensión narrativa de los relatos biográficos. Para ello, abrevo de tres campos temáticos en la construcción y análisis del problema de investigación: los estudios narrativos de las violencias (Presser y Sandberg, 2015; Rodríguez, 2020), los estudios sociales de las masculinidades (R. Connell y Messerschmidt, 2005; Hearn, 1998) y las teorías interaccionistas y hermenéuticas de la violencia en el marco de la sociología y la antropología (Collins, 2008; Garriga Zucal, 2016a).
Las perspectivas teóricas que retomo comparten el interés por la dimensión experiencial y narrativa de la acción social. En gran medida, este foco surge a raíz de las discusiones vinculadas con la publicación de libro Seductions of Crime (1988, 2002) en el que Katz planteó que las investigaciones sociológicas sobre la violencia deben comenzar por la comprensión del fenómeno a través de cómo es experimentado. Aquí retomo esta propuesta: “empezar por la experiencia” determina una lógica de investigación que pone en jaque a las categorías preexistentes que dan sentido al homicidio. Partir de las palabras, guiones y experiencias de los actores permite repensar y discutir los términos y teorías “burocratizadas” sobre el fenómeno, tales como que el homicidio implica invariablemente un antes y un después en los perpetradores. La riqueza analítica de esta perspectiva es permitir analizar el interjuego entre categorías de primer y segundo orden (Schütz, 1993).
En contraposición a las líneas disciplinares que imputan el sentido a la violencia o, directamente, niegan su relevancia, aquí pienso a los actores como sabios aficionados —savant amateur (Moscovici, 1976)—: consumidores expertos de información, ávidos lectores de su entorno y expertos en el manejo del sentido común. Así, traigo a colación el clásico lema de la sociología comprensiva postulado por Schutz: “salvaguardar el punto de vista subjetivo es la única, pero suficiente garantía de que el mundo de la realidad social no será reemplazado por un mundo ficcional no existente construido por el observador científico” [traducción libre del autor] (1960, p. 209).
A su vez, el análisis de las narrativas de estos varones es un enfoque en el que convergen la acción y la estructura. Por un lado, los relatos dan cuenta de las estrategias, decisiones y recursos que tienen y despliegan los actores en situaciones determinadas. Por otro lado, estos relatos ilustran los guiones y convencionalizaciones para ejercer, relatar y sentir la violencia. En sí, las narrativas muestran lo que los actores presentan a partir de un repertorio discursivo dado. Considerar los discursos al alcance de la mano (Schütz, 2008) lleva a analizar las teorías que los propios actores configuran y reconfiguran para dar sentido a sus vidas y acciones. En este sentido, sin saberes y ofertas de subjetivación (Meccia, 2019a), no es posible la elaboración de narrativas ni, en un sentido más general, la comprensión (verstehen).
Dar cuenta de los condicionamientos biográficos y discursivos de los actores y de los relatos que construimos con ellos pone de relieve la relevancia de las capas de sentido que se superponen en sus relatos. Las nociones de palimpsesto (Epele, 2013; Herman y Vervaeck, 2005), discursos prevalentes y experiencias vividas (Bogner y Rosenthal, 2017) o arcos narrativos (Dhunpath y Samuel, 2009), por ejemplo, llevan a comprender cómo la realidad subjetiva, material, experiencial y de los efectos de dispositivos terapéuticos o carcelarios se imbrican en lo que termina siendo un relato de vida. Es central comprender que éstos están influenciados —o, para tomar el término de Foucault, “permeados”— por los discursos predominantes o patrones de interrelación e interpretación de los discursos colectivos (Rosenthal y Bogner, 2017, p. 9).
A partir de esta perspectiva, la tesis indaga sobre tres dimensiones del homicidio, orientadas por tres interrogantes sobre los perpetradores: ¿cómo narran sus vidas? ¿Cómo describen la experiencia de matar? Y, ¿cómo explican el homicidio? El primer punto orienta a indagar sobre la reconstrucción biográfica de los varones a partir de sus propias palabras (dimensión de los antecedentes biográficos). Esta dimensión conjuga las biografías, considerando su sentido doble: en tanto historias (experiencias vividas) y en tanto relatos (la selección, jerarquización, estilización y presentación de estas experiencias). El segundo punto lleva al estudio de la reconstrucción de la dinámica situacional (o dimensión foreground), a partir de las emociones y de la experiencia de matar. El último punto permite identificar las narrativas explicativas, que dan cuenta de los guiones convencionalizados para dar sentido a la violencia letal y negociar su “peso”.
Estas dimensiones de análisis se han mantenido separadas tradicionalmente para la comprensión del homicidio (Di Marco y Schuhe Reif, 2020; Hartmann, 2017). Esta escisión ha aportado a la comprensión de la muerte violenta dentro de cada línea de indagación, pero también han dificultado posibles cruces y complementariedades de análisis (Di Marco y Sy, 2020). El interés al articular estas ramas se sustenta en la hipótesis de que permite dimensionar los diferentes carices que adquiere la significación del homicidio.
Las preguntas y respuestas sobre el campo de la violencia que aquí se desprenden tienen una sola intención: abonar a las miradas que se han encargado de comprender las condiciones de posibilidad sociales y subjetivas —en la acepción weberiana del término— de la violencia letal. Esta tesis se encuadra en la profunda convicción de hacer visibles los modos dominantes en que las identidades masculinas se vinculan, producen y reproducen ciertos sentidos sobre la agresión física cómo práctica legítima, viable o “inevitable” para abordar conflictos interpersonales.
Sobre la perspectiva metodológica
Esta tesis propone una indagación microsociológica para pensar el problema del sentido de la violencia en varones que cometieron homicidio. El principal desafío de abordar este fenómeno radica en construir un objeto de estudio híbrido, dada la transversalidad disciplinar del tema. El estudio de la violencia letal interpela áreas de conocimiento en las que se suele partir de diferentes premisas teórico-metodológicas para pensar la violencia, el género, los actores y los sentidos. Dada esta complejidad temática y disciplinar (que van desde la criminología, la epidemiología y las disciplinas psi, hasta los estudios sociales y poblacionales), esta tesis se inserta entre los intersticios de diferentes campos temáticos.
Una primera cuestión a explicitar es sobre los entrevistados. ¿Por qué varones? ¿Y por qué el homicidio de otro varón? ¿Por qué en contexto de una pelea o enfrentamiento? La población, los recortes muestrales y las decisiones metodológicas responden tanto a criterios analíticos y metodológicos, como de la viabilidad del trabajo de campo. Por un lado, abordar a este grupo responde a una tendencia estadística o poblacional.[6] En Argentina, como en otros países de la región latinoamericana (Cano y Rojido, 2017; UNODC, 2019a), la mayor incidencia de homicidio (u homicidio doloso, como es clasificado en el área judicial) se encuentra en varones, de entre 18 y 29 años (tanto víctimas, como victimarios), en el marco de “discusiones/riñas” entre conocidos (Instituto de Investigaciones, 2017; Ministerio de Justicia de la Nación, 2021; Observatorio de Políticas de Seguridad, 2014; Santoro, 2020). Para el 2019, por ejemplo, el 82 % de los homicidios dolosos fueron perpetrados por varones y el 53 % ocurrió entre sus 18 y los 29 años de edad (Dirección Nacional de Estadística Criminal, 2020; Ministerio de Seguridad de la Nación, 2019b).[7] Por otro lado, al focalizar el análisis en el homicidio y, en particular, en el que se desarrolla en el marco de peleas, “riñas” o disputas interpersonales[8], se puede acceder a comprender la violencia física en general, sin indagar necesariamente en prácticas delictivas atravesadas por otras lógicas. En este sentido, tomo al homicidio como una oportunidad empírica para pensar el uso de la violencia física en los varones.
A su vez, la inclusión en la muestra de casos de varones de diferentes grupos etarios (siendo el rango de 18 a 42 años al momento de las entrevistas) y de diferentes sectores sociales (desde jóvenes de asentamientos informales hasta “rugbiers” de sectores ricos del norte del Conurbano Bonaerense) fue tanto una estrategia de diversificación de la muestra, como el resultado del interés por incluir casos que se salieran de las regularidades estadísticas (“outliers”) (Becker, 2016b) para comprender patrones subyacentes que trascendieron a los condicionamientos económicos y etarios. En este sentido, la tesis propone un análisis transversal a diferentes sectores sociales, con el objetivo de evitar el sesgo clasista en el estudio del homicidio y focalizar en la dimensión estructural de la violencia patriarcal (Barker, 2016). Si bien la violencia letal es más incidente en sectores marginalizados, ya que el uso de la violencia como recurso está distribuido desigualmente (Garriga Zucal, 2016a; Kimmel, Hearn y Connel, 2019), sostengo que conviene escindir —al menos analíticamente— la violencia y la pobreza, como estrategia de focalización del análisis en las masculinidades.
¿Qué dificultades y precauciones teórico-metodológicas implica estudiar la perspectiva de los perpetradores? Un primer tema se relaciona con la lectura que se puede hacer sobre los relatos de estos varones. Como señala Rosenthal (2012), en su “llamado a favor de una sociología más interpretativa”, el interés de la sociología empírica es poder analizar las experiencias humanas reales que permiten repensar y poner a prueba los modelos y conceptos teóricos preexistentes. El enfoque biográfico es un método fructífero para aplicar esta perspectiva, ya que permite reflexionar sobre las construcciones teóricas y del sentido común, examinar la complejidad de los fenómenos sociales en detalle y, además, identificar los procesos diacrónicos en la construcción de la subjetividad.
Un segundo tema se relaciona con el corpus empírico en sí y cómo entenderlo. Abordar la perspectiva del actor no significa reproducirlo de forma acrítica. Las narrativas biográficas y las descripciones de las dinámicas situacionales son objeto de estudio y, como tal, son descompuestos y analizados a través de una lente teórico-metodológica. Si bien este punto ha sido abundantemente tratado en las ciencias sociales, cobra un valor central al estudiar violencias y homicidio: los discursos de la responsabilidad y culpabilidad, entre otros tantos, atraviesan y dan forma a los relatos que los entrevistados construyen estratégicamente.
Desde esta perspectiva, los relatos de vida[9] hacen referencia a las prácticas de narrar historias y no a la historia fáctica (Dhunpath y Samuel, 2009). Todo corpus empírico producido a través de entrevistas está mediado, moldeado y condicionado por los discursos e ideas que guían la narración. Dada esta premisa, Becker (1996, p. 58) refiere a “epistemologías peligrosas” para hacer referencia a dos situaciones comunes: imputar sentido en donde no hay un dato que permita hacerlo, y confundir lo que pasa y lo que se puede observar, con lo que se (me) narra o se ha documentado.
Un tercer tema se relaciona con la propia heterogeneidad de experiencias y de relatos. El homicidio no es un fenómeno uniforme: incluye desde contextos de conflictos familiares y vecinales, hasta disputas en el marco de relaciones sexo-afectivas. Al abordar los casos de varones que, a raíz de un enfrentamiento que en la mayoría de los casos es entre conocidos, cometieron un homicidio lleva a comparar relatos muy variados. Esto es tanto una dificultad como una oportunidad, ya que permite indagar sobre los aspectos comunes y estructurales.
Un cuarto tema se relaciona con la dificultad misma de realizar una investigación de corte inductivo. Por la misma impronta teórica que adopto, el enfoque habilita la emergencia de temas previamente ignorados o no sopesados. Inducción, claro, no implica empirismo ingenuo (Conde, 1994), sino una forma de construir e interpretar los datos: generar las condiciones para que los actores estructuren el discurso, y para que quienes investigan se ciñan al análisis de este material, siempre direccionados por la teoría. Esta perspectiva lleva a permitir las propias vicisitudes de las narrativas: el surgimiento de temas y de interpretaciones, que dirigen a nuevas carpetas bibliográficas.
Un último tema se relaciona con las posibles interpretaciones morales. Tal como plantea Arendt en De la historia de la acción, “comprender no es perdonar” (1999, p. 29). Este lema es central en los estudios sociales en los que los y las investigadores e investigadoras abordan e interactúan cara a cara con personas consideradas “moralmente reprochables” (Becker, 2016a; Robben, 1996; Sirimarco, 2005). Comprender las condiciones de posibilidades de los homicidios implica, entre otros aspectos, comprender sus acciones. Este interés no debe confundirse con un intento de justificación. El meollo es la comprensión, tanto como un ejercicio sistemático de indagación científica, como una apuesta por abordar la temática de la violencia para poder prevenirla. En este sentido, conocer la perspectiva subjetiva de estos varones no implica expiación. Tal como señala Katz: “tanto moral como sentimentalmente, es probable que algunos lectores se sientan personalmente victimizados por mi esfuerzo por retratar la experiencia de los perpetradores. Pero si bien este texto está guiado por la empatía, no implica compasión” [traducción libre del autor] (Katz, 1988: vii).
Objetivos de investigación
El objetivo general de esta tesis es analizar los procesos de significación de la violencia física y la muerte violenta en varones que cometieron el homicidio de otros varones durante enfrentamientos y peleas entre sus 18 y 32 años en el Área Metropolitana de Buenos Aires (2000-2020), a partir de sus propias narrativas biográficas.
Específicamente, este objetivo se aborda a partir de:
- Identificar y describir los índices biográficos, giros de existencia y teorías biográficas de los perpetradores.
- Indagar sobre la dinámica situacional y la experiencia del homicidio, a partir de los relatos sobre las emociones, los contrincantes y las audiencias.
- Describir y tipologizar las narrativas explicativas a partir de los recursos simbólicos empleados y los temas estructurantes de las explicaciones.
- Analizar los significados, lógicas de inteligibilidad y negociaciones situadas en el contexto de las entrevistas en torno a la violencia física.
- Contextualizar los relatos de los varones a la luz del espacio institucional, social, cultural, político y económico en el que se hallan inmersos.
Organización de la tesis
Esta tesis se divide en cinco capítulos: los primeros dos abordan las bases teórico-metodológicas del problema de investigación, los siguientes tres presentan el análisis de los datos y el último establece las conclusiones de la tesis. Los capítulos de análisis empírico (i.e. al 5) se organizan según dimensiones de análisis y siguen una lógica inductiva de construcción argumental. Al finalizar cada sección interna se presenta una discusión del análisis empírico, en donde se retoman las discusiones de los antecedentes. La última sección de cada capítulo de resultados propone una recapitulación de lo analizado y discutido previamente.
Luego de esta introducción, el Capítulo 1 “Discusiones teóricas y empíricas sobre el homicidio” aborda dos aspectos de la literatura sobre homicidio. La primera sección sintetiza las iniciativas de investigación sobre homicidio, con un énfasis en los proyectos que han indagado en la dimensión biográfica de los perpetradores. La segunda sección presenta una revisión bibliográfica extensa de estudios sobre homicidio, biografías y perpetradores, y se organiza en cinco corpus de literatura según los ejes de análisis: biografías, sentidos, interacciones y experiencias, masculinidad y narrativas explicativas.
El Capítulo 2 “Estrategia metodológica” aborda tanto las premisas analíticas de la metodología, como el conjunto de decisiones y estrategias empleadas en el recorrido de esta investigación. Este capítulo describe las técnicas de producción de los datos, la perspectiva colaborativa del trabajo de campo, los espacios en los que se realizaron entrevistas y observaciones, la conformación de la muestra y las estrategias de análisis del corpus empírico. A su vez, las últimas dos secciones describen los aspectos, decisiones y perspectivas éticas de esta tesis y un análisis socioreflexivo sobre mi inserción en el campo, como varón cisgénero.
El Capítulo 3 “Relatos sobre el pasado: la perspectiva de los antecedentes” introduce y aborda los relatos biográficos de los varones entrevistados. En una primera sección, describo las principales características sociodemográficas y el estatus judicial de los varones, y presento viñetas biográficas que sintetizan los relatos, con el propósito de identificar hitos, secuencias y experiencias centrales según sus perspectivas. En la segunda sección, analizo los giros biográficos de los varones, considerando sus presentaciones del yo, los elementos realzados e invisibilizados, y los procesos de compromiso con códigos de la masculinidad. Aquí destaco que la violencia letal no se presenta uniformemente como un giro biográfico y que la detención es presentada como un giro positivo en la vida de los varones de sectores marginalizados, mostrando la activa gestión de sus narrativas. Defino este proceso como de desplazamiento y enroque de hitos, y la apropiación positiva de experiencias adversas o dolorosas. En la tercera sección describo las teorías híbridas que elaboran y moldean los varones para dar cuenta de sus trayectorias biográficas. Establezco una tipologización de cuatro grandes relatos: “descarrilar”, “repetir la historia”, “reglas del juego” y “clic”. El argumento central que desarrollo es que los giros biográficos, la violencia y la violencia letal son comprendidos y presentados a partir de una lectura estoica masculina, que permite desplazamientos de sentido y el distanciamiento de experiencias adversas. Propongo el término de distancia cercana de la violencia para describir la producción de narrativas biográficas: esta conceptualización permite una relectura de la naturalización de la violencia como un proceso activo y creativo de los actores.
El Capítulo 4 “Momento y experiencia: el foreground del homicidio” aborda la dimensión interaccional y experiencial del matar. A partir de las narraciones sobre las situaciones en las que se llevaron a cabo los crímenes, el capítulo analiza tres aspectos del momento: las emociones vividas, los sentidos sobre los contrincantes y sobre las audiencias. En la primera sección, abordo cuatro marcos experienciales a partir de los cuales los varones describieron el matar: descontrol, bronca, deber y reacción. Estas emociones están atravesadas por cuatro aspectos: la sensación de la inevitabilidad de la violencia; el riesgo de ser controlado y perder dominio sobre la situación; la amenaza a ser humillado; y el cuerpo como una dimensión “autónoma”, habilitada y “entrenada” en las peleas. A partir de ello, describo la dinámica situacional mediante el concepto de visceralidad, que trasciende una lectura anclada en el honor. En la segunda sección describo las experiencias sobre los contrincantes de las peleas, mediante la figura de amenaza (a la muerte, al daño, a los vínculos y al yo) y la de víctima inocente. Aquí identifico que el “otro” tensiona la definición del yo y que, en la interacción, es visto como habilitante de la agresión. En la tercera sección, analizo los modos en los que las audiencias (o falta de ellas) son percibidas por los perpetradores. Identifico tres procesos: incitación, inhibición e invisibilización. Por último, retomo y expando el concepto de visceralidad a partir de los elementos fenomenológicos identificados y propongo un modelo situacional que explica cómo se supera la tensión y el miedo confrontacional para lograr efectivamente desarrollar la violencia letal.
El Capítulo 5 “Construyendo relatos sobre el homicidio: narrativas explicativas y lógica de decisiones” aborda las narrativas explicativas sobre los homicidios a partir de tres interrogantes: ¿qué explicaciones emplean los varones? ¿Qué recursos simbólicos utilizan? ¿Cómo se posicionan a ellos y a los protagonistas de sus historias en relación con el homicidio y la violencia? El capítulo analiza ocho tipos ideales de narrativas explicativas: redención activa (o “rebelde”), redención pasiva (“afectado”), reivindicación (“gil”), impasse (“él o yo”), encerrona de lo familiar (“repetir la historia”), complicidad (“junta”), verdad velada (“embromado”) y fatalismo (“víctima”). Estos guiones se estructuran a partir de dos aspectos: locus explicativos (individual y colectivo) y noción de agencia y ontología del cambio (capacidad o incapacidad enfatizada). Todos los tipos ideales están atravesados por negociación de lo normal-anormal de sus vidas como forma de explicar el homicidio que cometieron. Propongo el término de lógica de las decisiones para dar cuenta de la lógica práctica que sustenta estas narrativas y por la cual se etiqueta, disputa y reconfiguran los sentidos sobre el decidir, la violencia y el homicidio. A su vez, indago en tres dimensiones constitutivas de esta lógica, en tanto práctica social, práctica narrativa y, por último, interacción social.
En las conclusiones, una síntesis de los hallazgos y articulo los principales términos que creé para analizar y conceptualizar los relatos. A su vez, este capítulo da cuenta de las limitaciones del enfoque establecido y de las preguntas que emergieron para futuras indagaciones.
- Diversas revisiones han dado cuenta de esta brecha en los estudios sobre homicidio (Brookman, 2015; Di Marco, 2019; R. Dobash y Dobash, 2020; Heide, 2003; Heinemann y Verner, 2006; Imbusch et al., 2011; Innes et al., 2017; Presser, 2009, p. 8; Pridemore, 2002; Schuh Reif y Di Marco, 2019).↵
- En la tesis utilizo el término varón para referirme a varones cisgénero.↵
- Un indicador de esta tendencia es que el proyecto de esta tesis fue presentado a tres comités de ética, para la evaluación del consentimiento informado, entre otros aspectos. La respuesta de dos comités fue que no encontraban relevancia a la indagación en la vida y perspectivas de quienes cometieron homicidio.↵
- La separación entre estas dos dimensiones fue originalmente referida por Katz (1988). En esta obra establece un parteaguas entre los estudios del background de los actores y los estudios del foreground del homicidio.↵
- Comprehender y explicar son comprendidos aquí en la acepción weberiana/schutzeana. Las explicaciones científicas del mundo social deben referir al significado mentado por los actores y, de esta forma, explicar las acciones en su interdependencia con las acciones de otros. En forma similar, desde el interaccionismo se ha propuesto que las construcciones sociológicas deben estar basadas en los constructos de la vida cotidiana (constructos de segundo orden).↵
- La población de estudio debe diferenciarse de otras dos “poblaciones”. Por un lado, la construida a partir de los datos estadísticos que, a través de la aplicación de saberes expertos, se la ha consagrado como un grupo autónomo y con realidad ontológica propia (Alonso y Starr, 1987). Por otro lado, la población construida con las ideas e imágenes que circulan en la sociedad (no solo en las burocracias estatales, pero también en el sentido común lego) que se reduce con frecuencia a la fórmula “joven, varón y pobre” (Vázquez, 2001).↵
- El subregistro de las muertes violentas, así como otras deficiencias de los sistemas estadísticos para medirlas (CELIV, 2021; R. Dobash y Dobash, 2020; Fernández, 2012; Kohan, 2021; UNODC, 2019b) han sido tema de debates que persisten.↵
- En la tesis retomo el término “homicidio doloso en contexto de riña”. En tanto categoría burocrática y judicial, esta expresión implica un conjunto de saberes que la construyen como prisma para operar sobre la realidad y, consecuentemente, homogeiniza a la población, despojándola de sus atributos y complejidades concretas. No obstante, la deconstrucción de este término, así como del mismo término homicidio, excede esta tesis.↵
- En la tesis utilizo los términos narrativa biográfica y relato de vida como sinónimos, siguiendo a Meccia (2019).↵




