Indagaciones colectivas de y desde los cuerpos
Silvia Citro
Introducción
Desde los años 70, especialmente a partir de los trabajos pioneros del sociólogo colombiano Fals Borda (1994) y el pedagogo brasileño Paulo Freire (1982), en las ciencias sociales latinoamericanas se han generado diferentes experiencias de investigación participativa, colaborativa o de investigación-acción, cuyo denominador común es la participación activa de los “sujetos investigados” en las problemáticas abordadas. Como han destacado diversos autores (Lassiter, 2005; Rappaport y Pacho, 2005; Marcus, 2008; Katzer y Samprón, 2011), en estas experiencias, los investigadores académicos y los mismos miembros de los grupos coordinan conjuntamente las problemáticas a investigar, la obtención de la información, su interpretación y análisis y, en algunos casos también, la búsqueda de posibles soluciones para los problemas que originaron la investigación. De este modo, aquellos que en las investigaciones etnográficas tradicionales eran considerados “informantes”, pasan a ser “consultores” o “colaboradores” (Lassiter, 2005), o también, como sostiene Rapapport (2007), “co-teorizadores”; asimismo, en estos complejos procesos, la investigación social tienden a entrelazarse con la acción política y también con distintas experiencias pedagógicas.
Estos procesos investigativos suelen combinar diversos métodos y/o técnicas, por un lado, los más conocidos y habituales, basados fundamentalmente en la palabra, como los grupos de discusión, la elaboración de narrativas, autoetnografías y autobiografías, la realización conjunta de encuestas y entrevistas y, en general, diversos modos de escrituras en coautorías. Por otra parte, también se utilizan cada vez más diversos modos de producción visual y audiovisual colaborativa, a partir de la realización de registros fotográficos y fílmicos, y más recientemente también, de la construcción de cartografías sociales (que incluyen diversos modos de expresión plástica), murales o museos comunitarios (a partir de diversos objetos significativos). No obstante, son pocas todavía las experiencias que incorporan otras prácticas performáticas –basadas, por ejemplo, en la exploración de los movimientos corporales, las gestualidades y las sonoridades– como una vía alternativa para la producción colectiva de conocimientos y la generación de reflexividades, en América Latina, podemos señalar algunos experiencias más recientes realizadas en Colombia (Riaño Alcalá, 2005; Arboleda Gómez, 2009) y Brasil (Araujo, 2008).
Mi intención aquí es brindar algunos ejemplos de los modos en que las performances pueden ser incorporadas a investigaciones participativas, y reflexionar sobre el potencial epistemológico y político que estas metodologías experimentales poseen. Para ello, en primer lugar, compartiré algunas de las investigaciones colectivas que venimos realizando con el Equipo de Antropología del Cuerpo y la Performance, que coordino en la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad de Buenos Aires, Argentina, y que nos llevaron a proponer las estrategias metodológicas que denominamos “performance-investigación”. En segundo lugar, describiré un ejemplo de estas estrategias aplicadas a la indagación sobre problemáticas de género, a partir de la reseña del breve taller brindado en el V ELMeCS, en el cual participó un numeroso grupo de estudiantes, docentes e investigadores. Esta segunda parte, será acompañada del registro fotográfico realizado por La Colectiva Desenfocadas, del proyecto SECTyP de la FCPyS de la UNCuyo denominado “Saberes de mujeres. Corpobiografías de sanación” (2016-2018), con la dirección de Dra. Rosana Rodríguez. Por tanto, a través de estas imágenes, intentaremos dar algo más de cuerpo y espesor a las experiencias y reflexiones que este escrito intenta evocar.
Sobre la performance-investigación: fundamentaciones y primeras hipótesis
Para comenzar, quisiera situar brevemente el origen de estas reflexiones teórico-metodológicas que nos llevaron a indagar en el potencial de las performances. Desde hace ya 20 años, como antropóloga social y también bailarina y performer, me he dedicado al estudio de la corporalidad, principalmente en grupos indígenas de zonas rurales del noreste argentino, pero previamente también, en diferentes prácticas estéticas urbanas, como por ejemplo el rock y otras performances artísticas. Desde 2004, estos trayectos investigativos han sido compartidos con los miembros que han integrado el Equipo de Antropología del Cuerpo y la Performance de la Universidad de Buenos Aires, quienes provienen de diversos campos de las ciencias sociales, y en muchos casos también, de las artes. Estas indagaciones han explorado especialmente los usos y representaciones de las corporalidades en diferentes prácticas culturales vinculadas a los pueblos originarios, afroamericanos y también asiáticos, basándonos fundamentalmente en metodologías etnográficas, y apelando también a diálogos interdisciplinarios con la filosofía, la psicología, la historia, los estudios de género y, más recientemente, las neurociencias.
Durante todos estos años, reflexionamos sobre un nutrido corpus de autores que contribuyeron a destacar los modos en que las corporalidades sensibles y en movimiento pueden ser generadoras de saberes y reflexividades así como de agencias y transformaciones micropolíticas, desde una perspectiva crítica de los paradigmas dualistas del racionalismo, hegemónicos en la modernidad occidental. Si bien no podremos desarrollar aquí en detalle estas complejas articulaciones teórico-metodológicas, sí quisiera mencionar brevemente los principales conceptos y autores trabajados, así como las publicaciones en que estas argumentaciones han sido profundizadas. En mis primeros trabajos (Citro, 1997, 1999), para argumentar sobre esta capacidad cognoscitiva de la percepción y el movimiento corporal, comencé a analizar los vínculos entre las nociones de “conocimiento preobjetivo” del “ser-en-el mundo” en la fenomenología de Merleau-Ponty (1993), los conceptos de “práctica” y “hábitus” de Bourdieu (1991), los “modos somáticos de atención” en la “fenomenología cultural” propuesta por Csordas (1993), el “pensamiento sensorio-motriz” y “el juego simbólico” en la “psicología genética” de Piaget (1964), la “inteligencia corporal-kinestésica” en la teoría de las “inteligencias múltiples” de Gardner (1987). Posteriormente (Citro, 2003, 2009), seguí profundizando en estos vínculos y ya con nuestro equipo (Citro, Lucio y Puglisi, 2015) indagamos en las relaciones entre las nociones de habitus de Bourdieu y la “disposiciones adquiridas” de Damasio (2008).
Por otra parte, para explorar no solo las relaciones de poder que operan sobre los cuerpos sino también su potencialidad de agencia y transformación micropolítica, inicialmente (Citro, 2003; 2009) investigamos los aportes de Nietzsche (2000) sobre el carácter encarnado de la “voluntad de poder”, así como la noción de “performatividad” en Butler (1999, 2002); y luego, ya con nuestro equipo (Citro, Aschieri y Mennelli, 2011; Citro, Lucio y Puglisi, 2015) indagamos en los últimos trabajos de Foucault (2001) sobre la capacidad transformadora de las prácticas corporales en los “procesos de subjetivación”, y más recientemente, en los de Deleuze y Guattari (1990) sobre el rol de las corporalidades en los “agenciamientos colectivos”. Cabe destacar que estas discusiones fueron puestas en diálogos con los resultados de nuestras etnografías, así como de diversos autores latinoamericanos que estaban realizando indagaciones similares, para el primer corpus de autores, especialmente los trabajos de Bizerril (2007) y Rabelo (2008) en Brasil y para el segundo, los de Muñiz (2002) en México y Pedraza Gómez (1999) en Colombia, entre los principales.
Un tercer conjunto de indagaciones, refiere ya más específicamente a discusiones metodológicas que reflexionan sobre el rol de la corporalidad de el/la antropólogo/a durante el trabajo de campo. Una de las primeras apreciaciones es la de Pocok, cuando señala que “el cuerpo del antropólogo puede servir como una ‘herramienta de diagnóstico’ y ‘un modo de conocimiento’ del cuerpo de los otros” (en Blacking, 1977, p. 7). Posteriormente, Jackson (1989) también destaca que el conocimiento etnográfico se fundamenta en la participación personal y práctica del etnógrafo en la experiencia de campo; por ello, reivindica el conocimiento a través de la participación corporal y de la percepción desde los cinco sentidos, en tanto la experiencia del cuerpo no es menos significativa que la experiencia que proviene de la palabra. Tiempo después, desde la sociología, Wacquant (2004) plantea la necesidad de una “participación observante” y una “sociología carnal”, o también Ylönen (2003) y Bizerril (2007) enfatizan en los modos en que el compromiso corporal activo del etnógrafo en las prácticas de movimiento que estudia puede contribuir a una mejor comprensión de las mismas.
Finalmente, un cuarto corpus de trabajos que hemos indagado, proviene del campo de estudios de la performance. Estos estudios centran la atención en las actuaciones que combinan diferentes expresiones estéticas (corporales, visuales, sonoras, discursivas) y han contribuido a destacar tanto el carácter reflexivo como el potencial micropolítico de estos actos encarnados. Así, retomamos los aportes de Turner (1992, p. 81), quien en sus últimos trabajos sostuvo que las performances de diferentes culturas, “ponen de relieve el carácter reflexivo de la agencia humana: a través de sus actuaciones o también de la participación u observación de performances generadas por otros, las personas pueden conocerse mejor a ellas mismas y a sus semejantes”. Si bien las actuaciones de las personas en la vida cotidiana pueden ser pensadas como un tipo de teatralidad, tal como planteaba Goffman, “los dramas sociales” y “performances culturales” serían para Turner (1992, p. 76) un tipo de “metateatro”, un lenguaje dramatúrgico que permite reflexionar sobre aquellos roles y estatus de la vida cotidiana. Y de esta reflexividad metateatral, proviene también su potencial político, pues las performances “no son simples reflejos o expresiones de cultura o aún de cambio cultural, sino que pueden ser ellas mismas agentes activos de cambio, representando el ojo por el cual la cultura se ve a sí misma”, y desde la cual actores creativos pueden “bocetar aquellos ‘diseños para vivir’ que creen más aptos o interesantes” (1992, p. 24). En una perspectiva similar, se encuentran los trabajos del director teatral Richard Schechner, quien trabajó con Turner a partir de la indagación y puesta en escena de materiales etnográficos, y de Diana Taylor (2001), quién analiza cómo las performances operan como “repertorios de memorias corporizadas” –expresadas en gestos, palabras, movimientos, danzas, cantos– que permiten acumular y transmitir conocimiento; en consecuencia, “operan como actos vitales de transferencia, transmitiendo saber social, memoria, y sentido de identidad […], reproducen y transforman los códigos heredados, extrayendo o transformando imágenes culturales comunes de un ‘archivo’ colectivo”.
Ahora bien, a pesar de haber indagado individual y colectivamente en esta extensa y nutrida tradición de estudios que argumenta sobre los vínculos entre cuerpo, conocimiento y agencia, y de haber experimentado en nuestras propias prácticas etnográficas, artísticas y políticas “lo que pueden los cuerpos” cuando sus potencias sensibles y motrices se articulan, durante mucho tiempo, en nuestras prácticas académicas concretas de investigación, docencia y divulgación, la diversidad de posturas, gestos, movimientos corporales y emociones, solía reducirse a la preeminencia de una postura (sentada), dos sentidos (oído-vista) y al lenguaje de la palabra, oral y escrita. Así, aquellos otros saberes colectivos, ejercidos desde los cuerpos, eran inmovilizados e invisibilizados al ingresar al mundo logo-céntrico, y por momentos individualista y competitivo, del saber académico. Esta situación nos planteó entonces una intensa incoherencia epistemológica, existencial y política. Porque si bien en las aulas de las universidades aprendimos a ser más libre en nuestros pensamientos, empoderando nuestra razón crítica con la multitud de teorías que leímos, pensamos, reescribimos y creamos, comenzamos a sentir también que allí nuestra corporalidad, más que empoderarse se debilitaba… Nos asemejábamos así a aquellos “cuerpos dóciles” que describió Foucault: cuerpos delimitados, gestionados y controlados por aquel espacio disciplinar que, en la práctica, aún siguen siendo nuestras universidades y mundos académico-profesionales, a pesar, y tal vez a la sombra, de nuestras intenciones intelectuales transformadoras. La riqueza senso-perceptiva y de movimientos corporales de nuestra experiencia, tendía a reducirse a la de un cuerpo objeto de discursos verbales-textuales, y en especial nuestros dedos, ojos, oídos y órganos fonadores, se convertían en los principales medios técnicos que garantizaban la reproducción de esos discursos; es decir, cuerpos dóciles orientados a reproducir eficazmente aquellos papers escritos y “ponencias” orales que legitiman nuestro sistema científico hegemónico.
En trabajos más recientes (Citro, 2014), señalamos cómo estas exclusiones e invisibilizaciones de las potencialidades sensible-corporales en el campo académico, son herederas de aquella compleja matriz de la modernidad que, junto con el dualismo ontológico de mente/cuerpo y el de cultura/naturaleza, fue encabalgando otros tantos dualismos epistémicos concomitantes: como los de razón/emoción, abstracto/concreto, teoría /práctica, e inclusive también, como ya tempranamente señaló la crítica feminista, el mismo dualismo hombre/mujer fue montado sobre estas otras dualizaciones. De manera muy sintética, podríamos decir entonces que estas matrices ontológicas y epistémicas dualistas, son el resultado de la intersección de complejas genealogías que abarcan: desde la hegemonía del pensamiento dualista del racionalismo cartesiano, el proceso histórico de consolidación de la burguesía como clase social dominante con su peculiar gestión de las corporalidades y emociones (Elías, 1993), los disciplinamientos biopolíticos del capitalismo y la modernidad occidental (Foucault, 1970) y la heteronormatividad y el patriarcado como matriz dominante de las relaciones sexo-génericas (Butler, 1999, –entre otras autoras–). Pero además, no debemos perder de vista el régimen geopolítico más amplio que sustentó la constitución de estas modernidades: el de la colonialidad y sus múltiples violencias, en la colonialidades del poder, del ser y del saber. Las teorías sobre la “colonialidad/modernidad” y la “decolonialidad” en América Latina, contribuyeron a subrayar el rol constitutivo que ha jugado la expansión colonial en la legitimación de la racionalidad tecno-científica moderna, que especialmente desde el siglo XVII se convirtió en el único modelo válido de producción de conocimiento, dejando por fuera cualquier otro tipo de “epistemes” generadas en los territorios coloniales y promoviendo diversos “epistemicidios” (Dussel, 2000; Lander, 2005; Mignolo, 2005; Souza Santos, 2010). Lo que nosotros agregamos a este planteo, es que en este movimiento de prescindencia de estos otros saberes vinculados a los mundos indígenas y afroamericanos, se excluyó la también posibilidad de considerar la corporalidad como una vía legítima en la producción de conocimiento, reduciendo su participación sobre todo a los sentidos de la vista y el oído, desde una “perspectiva” que resaltaba la importancia de la observación, la escucha y la distancia como fuentes de aquella ansiada “objetividad”. No obstante, estos saberes excluidos (amerindios, afroamericanos, mestizos populares), involucran modos de conocimiento que no siempre escinden las teorías de las prácticas, la razón de la emoción, el pensamiento del movimiento, y además tienden a involucrar a los distintos sentidos (gusto, olfato, tacto, vista, oído y cenestesia). Asimismo, estas epistemes han dado lugar a concepciones más holísticas que conciben a la persona senti-pensante en relación a los otros seres, humanos y no humanos, que habitan el mundo. Justamente, como ya señalamos, gran parte de las investigaciones de nuestro equipo se centraron en indagar en esos otros modos de saber-hacer provenientes de esta amplia diversidad de tradiciones culturales que suelen denominarse “no occidentales”, y aunque cada vez más estos modos se hallan atravesados por las prácticas propias de la modernidad/posmodernidad occidental –y especialmente por el omnipresente capitalismo–, aún poseen modalidades propias que los distinguen, y de las cuales, creemos, los cientistas sociales podríamos también aprender.
En suma, fue a partir de estos cuestionamientos teóricos pero también prácticos y políticos, que comenzamos a problematizar los modos concretos en que utilizamos nuestros cuerpos en la producción de conocimientos tanto en las prácticas investigativas como pedagógicas y a explorar otras prácticas posibles. Así comenzamos a ensayar lo que denominamos “performance-investigación”: estrategias metodológicas interdisciplinarias e interculturales que se caracterizan por potenciar la articulación de las dimensiones sensoriales, afectivas y reflexivas de las experiencias intersubjetivas, a través de las palabras pero también de la diversidad de gestos, posturas, movimientos y sonoridades de los que son capaces nuestros cuerpos, con la intención de promover procesos de indagación-reflexión pero también de creación-transformación entre sus participantes. Así, en el marco de nuestro equipo, utilizamos estas metodologías en talleres de investigación participativa sobre el rol social de la música y danzas con poblaciones indígenas tobas (Gómez, Greco y Torres Agüero, 2012; Greco, 2013; Citro, et. al., 2016)[1], con mujeres adultas y jóvenes de barrios populares de Buenos Aires (Greco, 2010), y con jóvenes estudiantes universitarios[2]; y más recientemente, en el marco de un proyecto colectivo[3], comenzamos a desarrollar talleres sobre violencia de género con jóvenes estudiantes y adultos en Buenos Aires, y sobre discriminación y racismo con jóvenes de poblaciones tobas asentadas en Rosario. Por otra parte, otro conjunto de indagaciones en la performance-investigación han estado destinadas a producir transposiciones de investigaciones antropológicas a formatos teatrales, performáticos o audiovisuales que propicien su divulgación ya no solo en los ámbitos académicos habituales, sino también en nuevos públicos así como en la devolución de los resultados a los grupos sociales con los que trabajamos. Tal es el caso de los trabajos de Roa (2015, 2016) sobre sus producciones de “teatro etnográfico”, basadas en su investigación doctoral sobre subjetividades de jóvenes cosecheros de la provincia de Misiones; también en mi caso (Citro, en prensa) produje video-performances experimentales, en un caso, a partir de mis investigaciones sobre las representaciones del vínculo cuerpo-mundo entre los indígenas tobas y mocovíes; y en otro, de indagaciones sobre los vínculos entre corporalidad, performatividad y poder en la construcción de las posiciones identitarias sexo-genéricas (Citro, 2015)[4]. Finalmente, un tercer conjunto de prácticas fueron desarrolladas en el campo de las pedagogías universitarias, en las diversas materias y cursos que dictamos en la Universidad de Buenos Aires, así como en cursos de posgrado ofrecimos en diferentes universidades de Argentina y América Latina[5].
Nos interesa profundizar aquí especialmente en el carácter interdisciplinario e interculturalidad que proponemos para estas estrategias. En relación a la interdisciplinariedad, nos hemos ido nutriendo no solo de las investigaciones socio-antropológica y humanas antes señaladas, sino también de diversas prácticas que se han venido gestando especialmente en el último siglo, como alternativas críticas a los modos hegemónicos desarrollados en los campos pedagógicos, artísticos, políticos e incluso terapéuticos. En este sentido, consideramos que existe un importante acervo de prácticas colectivas en cada uno de estos campos, que pueden brindarnos importantes herramientas para repensar críticamente y recrear nuestros modos de investigación social, docencia universitaria y divulgación académica. Entre estas, destacamos: la “pedagogía del oprimido” de Freire (1982) y las diversas experiencias de educación popular que, a partir del diálogo entre educadores-educandos y entre saberes académicos-populares, proponen procesos de empoderamiento para la transformación social; las experimentaciones performáticas ensayadas en diversos ámbitos artísticos, tanto desde las vanguardias de la primera y segunda posguerra europea como en los distintos movimientos estéticos latinoamericanos; las modalidades artístico-políticas participativas promovidas por el “teatro del oprimido” de Augusto Boal en Brasil, los diversos movimientos de “teatros” y “danzas comunitarias” y, en el caso argentino, por muchos de los colectivos artísticos surgidos luego de la crisis del 2001; las diversas modalidades de “psicodrama” (Moreno, 1993; Kesselman y Pavlovsky, 1989); y finalmente, las modalidades de activismo político y prácticas autogestivas que se vienen gestando en diversos movimientos sociales: aquellos ligados a los feminismos, las sexualidades disidentes, los movimientos LGTTTBI (lésbico, gay, travesti, transexual, transgénero, bisexual, intersexual) y el movimiento queer/cuir, a los movimientos de derechos humanos, de los desocupados, o las reivindicaciones de grupos indígenas, campesinos y afrodescendientes, para citar los casos más relevantes.
En un sentido similar de apertura, la apelación a una perspectiva intercultural, implica permitirnos ir más allá de los límites de nuestra episteme (pos)moderna occidental, para indagar y experimentar, por ejemplo, con la incorporación de prácticas de saber-hacer, mitos, rituales y estéticas provenientes de nuestros pueblos originarios, afrodescendientes y mestizo populares, e incluso también de las diversas tradiciones asiáticas. Hace varias décadas atrás, Taussig (1992, p. 29) proponía que el objetivo de la antropología no debería ser solamente el estudio de las otras sociedades para revelar “en qué forma se ven influidas por la nuestra”, sino que al mismo tiempo tales investigaciones deberían proporcionarnos “alguna facultad crítica con qué evaluar y comprender las suposiciones sacrosantas e inconscientes que se construyen y surgen de nuestras formas sociales”. No obstante, es posible también dar un paso más, y pasar de esta perspectiva crítica a una praxis transformadora, ensayando formas de “interculturalidad crítica” que, como recientemente han señalado Walsh (2008) para el contexto latinoamericano, operen como estrategias micropolíticas descolonizantes.
Es importante aclarar que a pesar de la multiplicidad de teorías y prácticas aquí referenciadas, esta diversidad no implica una simple yuxtaposición o montaje de metodologías y técnicas, amparada en un relativismo posmoderno multicultural –aunque reconocemos sí que este es un peligro siempre latente. Por el contrario, esta multiplicidad intenta convertirse en una apuesta de apertura epistemológica y también política, por un mayor pluralismo metodológico en las ciencias sociales, que nos permita explorar nuevos modos de indagar, encarnadamente y con los/as otros/as, en aquellas problemáticas socioculturales que nos atraviesan, e incluso también, de ensayar colectivamente algunas posibilidades de transformarlas. Pero para ello, cada incorporación y cruce entre teorías y prácticas, exige primero una cuidadosa contextualización previa y análisis crítico, así como un posterior ejercicio creativo de trasposición, en el que esa práctica es readaptada y combinada con otras, según los fines y el contexto situacional y sociocultural en el que se realiza cada investigación y/o proceso pedagógico. De ahí que no se trate tanto de técnicas prefijadas, sino de estrategias metodológicas que requieren ser especialmente diseñadas y readaptadas, según cada grupo y contexto.
En conclusión, podríamos decir que si heredamos una modalidad investigativa y pedagógica que es fruto de los procesos de colonialidad-modernidad y que ha estado basada mayormente en el logocentrismo, el individualismo, los disciplinamientos y normalizaciones de las microfísicas del poder y el imperialismo ideológico de la ciencia occidental, lo que proponemos es explorar estratégicamente aquellos otros modos de saber que permanecieron por fuera o a veces en los bordes de aquel entramado ontológico-epistémico–micropolítico hegemónico, y que por ello tendieron a ser deslegitimados, invisibilizados, silenciados, soterrados. Ahora bien, más allá de esta intencionalidad decolonial que anima estas experimentaciones metodológicas, ¿qué otras intenciones nos impulsan? Nuestra provisoria respuesta son algunas hipótesis-esperanzas sobre las contribuciones epistemológicas y micropolíticas que estas metodologías híbridas podrían aportar a las actuales prácticas de investigación, docencia y divulgación en América Latina. En términos epistemológicos, consideramos que promueven una diversificación y ampliación de las formas de conocimiento y reflexividad, al profundizar en los distintos modos senso-perceptivos y afectivos inherentes a todo proceso cognoscente, pero que han tendido a invisibilizarse en los formatos académicos tradicionales; en términos políticos, favorecen la emergencia de modalidades participativas que involucran relaciones más simétricas así como un mayor agenciamiento individual y colectivo. Y me atrevería a agregar una tercera cualidad, estas formas de conocer-reflexionar suelen convocar más fácilmente las “pasiones alegres”, las cuales son fundamentales para despertar y fortalecer el deseo por el saber, pero también para articular procesos de empoderamiento y resistencia política colectiva frente a las múltiples violencias que hoy padecemos en América Latina.
Por último, para concluir esta primera parte, quisiera exponer este breve cuadro que intenta resumir algunas de las principales características de las modalidades hegemónicas del saber académico (especialmente desde el positivismo y el disciplinamiento de la modernidad-colonialidad), y las compara con las características complementarias que proponemos explorar desde la performance-investigación; a la manera, probablemente, de un horizonte utópico, el cual, no obstante, no dejamos de ensayar…
| PRACTICAS ACADÉMICAS HEGEMÓNICAS | HORIZONTE DE LA PERFORMANCE-INVESTIGACION |
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Logocentrismo de la razón-palabra y neutralidad afectiva. -Descripciones “objetivas”, análisis conceptuales y abstracciones generalizadoras. |
Performances: prácticas multimediales que combinan palabras-sonoridades, gestos- movimientos, imágenes (audio)visuales, olfativas, táctiles y gustativas; promoviendo la diversidad de afectaciones sensibles. -Descripciones multisituadas, narrativas de experiencias vividas, análisis conceptuales y abstracciones generalizadoras pero también síntesis metafórico-poéticas, apelando a diferentes modos de significación (simbólicos, icónicos e indexicales). |
| Investigador individual. | Investigación-creación colectiva con etapas de repliegue subjetivo-individuación. |
| Especialización de los modos de saber-hacer y jerarquización de las relaciones de “saber-poder”. | Interdisciplinariedad y apertura al intercambio con los saberes no académicos y/o subalternizados. |
| Epistemes del “mundo occidental” | Interculturalidad crítica en diálogo con modos de saber-hacer de diversas regiones y orígenes culturales. |
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Micropolíticas del disciplinamiento y la normalización: – Procesos de sujeción-fijación de las identificaciones en “identidades” (sexo-genéricas, étnico-raciales, de clase, profesionales, etc.) -Jerarquías institucionales prefijadas (investigador-investigado, docente-alumno, conferencista-auditorio) |
Micropolíticas del deseo y las prácticas de libertad: -Posibilidad de circulación por distintas “posiciones identitarias” para experimentar, atravesar y transformar sus límites. -Propiciar la horizontalidad y reciprocidad entre las diversas posiciones institucionales. |
| -Organización los procesos (especialmente pedagógicos y productivos) en esquemas evolutivos prefijados, de complejidad creciente, con control de los tiempos y fijación de pruebas. – Recorridos prefijados en espacios cerrados, con división funcional-jerárquica en zonas y disposiciones rectilíneas. | -Procesos (investigativos y pedagógicos) que involucran la imitación práctica, los modos analógicos y el juego simbólico, como proceso lúdico-creativo capaz de producir nuevas prácticas significantes y reflexividades, instaurando su propia temporalidad colectiva. -Exploración de espacios abiertos (conexiones con el entorno), multifuncionales, con disposiciones circulares. |
Reseña del taller en el V ELMeCS
Este taller tuvo como objetivo compartir con los participantes una estrategia metodológica de performance-investigación orientada al reconocimiento e indagación colectiva sobre los modos en que determinadas normatividades y performatividades sexo-genéricas se encarnan en nuestras prácticas sociales cotidianas. En primer lugar, quiero aclarar que un antecedente de esta propuesta fue una actividad realizada en el taller “Corporizando ideas”, que organizamos con nuestro equipo durante 2016, con la coordinación de la Prof. Gabriela Iuso, y en el cual exploramos cómo indagar en diferentes conceptos teóricos desde nuestros cuerpos en movimiento. Así, en uno de estos encuentros, nos propusimos trabajar el concepto de “performatividad” de Judith Butler (1999, 2002). Nos interesaba indagar sobre los modos en que estamos atravesados por poderosas matrices hegemónicas que definen nuestros posicionamientos identitarios (en especial los de sexo-género y raza-etnicidad, aunque podríamos también pensar en la clase y otras adscripciones identitarias), y sobre todo, cómo estos posicionamientos se conforman a partir de nuestra capacidad de “citar”, mediante actos performativos, esas normas hegemónicas. Como sostiene la autora, esas matrices son citadas “y reiteradas, logrando su efecto mediante su naturalización en el contexto de un cuerpo” (Butler, 1999, p. 15), y terminan expulsando al campo de lo ininteligible o incluso de lo abyecto, otras identificaciones posibles. Como es conocido, desde esta perspectiva, toda construcción identitaria es fundamentalmente un proceso de reiteración performativa, aunque advirtiendo que esa reiteración no está determinada plenamente de antemano, pues en cada cita o reiteración, podemos producir rearticulaciones, deslizamientos y subversiones (Butler, 2002, p. 145).
Para explorar este concepto, en aquel momento Gabriela nos propuso recordar alguna situación de “incomodidad” que hayamos vivido en relación a nuestra identificación sexo-genérica, es decir: alguna práctica incómoda o displacentera que nos hayamos visto forzadas a realizar reiteradamente por ser socialmente identificadas, en nuestros casos, como “mujeres”. Sin embargo, y cómo era habitual se nuestros encuentros, no se trataba solamente de explorar estas performatividades desde las imágenes mentales que proporcionan nuestros recuerdos introspectivos y tampoco solamente desde el diálogo y el grupo de discusión, sino también, de encarnar esas situaciones con nuestros cuerpos en movimiento.
A partir de esta experiencia previa, elaboré entonces el siguiente taller de performance-investigación sobre las performatividades sexo-genéricas, el cual se organizó en los cinco momentos y las diferentes actividades que a continuación reseñaré, según fueron realizadas en el V ELMeCS.
El primer momento, como es habitual en estas dinámicas colectivas (y en especial cuando se trata de grupos que no se conocen entre sí), tuvo la intención de acercar a los participantes a un primer reconocimiento sensible del propio cuerpo, del espacio en el que se trabajará, y de los/as compañeras/os con las/os que se realizará la actividad; lo que en algunas dinámicas de grupos suele denominarse “caldeamiento”. Para este momento inicial, combinamos entonces algunas actividades sencillas (habituales en el campo del teatro y la expresión corporal), como el caminar por el espacio y mover el cuerpo libremente con una música de acompañamiento (en este caso elegimos músicas afro-cubanas), percibir el espacio con los diferentes sentidos y luego las propias sensaciones, afectos e ideas que tenemos al realizar estas primeras caminatas-movimientos. Luego, propusimos una actividad de reconocimiento de las/os compañeras/os, especialmente diseñada para este grupo de participantes, provenientes de las ciencias sociales. A cada uno les dimos una breve encuesta (ver anexo A) que le invitamos a completar, y a conservar consigo para trabajar luego en el taller. Una vez realizadas las primeras caminata-movimientos libres con la música, les propusimos que cuando la música cesara, se pararan frente al compañero/a que tuvieran más cerca, y simplemente lo saludaran, se presentaran y conocieran libremente, por un lapso aproximado de dos minutos. Luego, al reanudarse la música, fueron invitados a continuar libremente con sus caminata-movimientos. En el segundo silencio, la propuesta fue acercarse y conocer a un segundo compañero/a pero esta vez sin hablar y utilizando libremente los diferentes sentidos perceptivos y movimiento corporales; posteriormente, con la música, reanudaban sus caminata-movimientos. Finalmente, en el tercer silencio, eran invitados/as a pararse frente a un/a tercer/a compañero/a y a intercambiar solo sus encuestas.
Una vez finalizado este primer momento, propusimos una breve discusión sobre las sensaciones, emociones e ideas que surgieron durante la práctica, en relación a estos tres modos de acercarse y reconocer a un otro: desde modalidades no estructuradas, pero que la mayoría de las veces recurren al gesto de saludo y la conversación; desde la percepción sensorial y el movimiento, que al suprimirse el habla tiende generalmente a centrarse en la visualidad; y finalmente, desde un modo estructurado, como es la encuesta. Asimismo, propusimos reflexionar sobre cómo estos modos son utilizados o no en nuestras investigaciones empíricas en las ciencias sociales, y a preguntarnos sobre el tipo de experiencias intersubjetivas que generan entre investigadores-investigados.
El segundo momento, comenzó ya a desplegar la problemática central del taller, a partir de una actividad que denomino “auto-genealogías reflexivas y geopolíticamente situadas” y se organizó en tres actividades. Primero, les pedimos que eligieran una postura corporal cómoda, cerraran sus ojos y tratasen de indagar en sus propios recuerdos, algún modo de actuar y usar el propio cuerpo, que se hayan visto forzados/as o interpelados/as a realizar, por la imposición o la hegemonía de una identificación sexo-genérica, y que haya estado asociado a una cierta incomodidad o displacer. Se remarcó que intentasen recordar alguna “experiencia vivida” que se haya reiterado a lo largo de un lapso de tiempo, y también, que fuera compartida por otros. Es decir, no se trata de indagar en experiencias extraordinarias únicas e individuales sino en performatividades sociales que se reiteran en el tiempo y entre diferentes sujetos sociales –más allá de que la experiencia subjetiva de “incomodidad-displacer” pueda variar intersubjetivamente, en un mismo contexto sociocultural–.
En segundo lugar, se invitó a que ese recuerdo genérico fuera reconstruido por una serie de preguntas más específicas, que cada uno debía contestarse a sí mismo. Estas preguntas (anexo B), provienen de una guía de descripción analítica de la experiencia corporal, elaborada por nuestro equipo para los registros etnográficos, y es también utilizada, con las adaptaciones pertinente, tanto en nuestras investigaciones como en los cursos universitarios de antropología del cuerpo y en diferentes talleres de performance-investigación. La intención de esta guía es poder llevar la atención a los aspectos sensoriales y afectivos de la experiencia, que a veces tienden a ser descuidados en las investigaciones socio-antropológicos, por el énfasis dado a los discursos obtenidos en entrevistas y conversaciones, como material privilegiado del análisis.
En tercer lugar, se invitó a que esa experiencia vivida sea sintetizada en algunos gestos o movimientos corporales, que permitiesen comunicar parte de esa experiencia a otras personas. Se trata así de encarnar aquel recuerdo ya analizado, en una breve secuencia performática que lo evoque, y de enfrentarnos también al desafío de una comunicación no centrada exclusivamente en las palabras.
El tercer momento del taller, desplegó dos actividades de reflexión performática colectiva. En la primera, se propuso realizar la propia secuencia performática individual en el espacio, intentando reconocer a otros/as compañeros/as que estén realizando algún gesto o movimiento que les resultara más o menos similar al propio, para formar así diferentes grupos de afinidades. Una vez conformados estos grupos, se realizó una discusión grupal, en las que se invitó a intercambiar las experiencias elegidas por cada uno, y a debatir en torno a las siguientes preguntas: ¿Qué similitudes y/o diferencias existieron entre el recuerdo genérico y el analítico?, ¿qué similitudes y/o diferencias aparecieron al comunicar esa experiencia con un gesto-movimiento y al describirla luego con palabras?, ¿qué sensaciones y emociones asociaron a esa experiencia?, ¿cómo estas experiencias se vinculan a determinadas posiciones de clase, generacionales y/o étnico-raciales?, ¿qué efectos performativos consideran que ha tenido en ustedes la reiteración de ese tipo de maneras de actuar y usar sus cuerpos?
En el cuarto momento, a partir de las performances y de las discusiones de cada grupo, se invitó a producir lo que denominamos un montaje performático colectivo de los deseos. Se propone crear una breve secuencia de acciones en la que se presente esa experiencia de incomodidad compartida, pero también, se proponga una alternativa creativa que muestre cómo desearían transformar esa situación, cómo podría ser convertida en una experiencia más placentera. Asimismo, propusimos que cada grupo elija un título que sintetice ese montaje performático. Esta actividad podría vincularse, en parte, con la noción de “inédito viable” en la pedagogía de Freyre, en tanto invita a la reflexión crítica pero también a la imaginación y proyección de una acción transformadora frente a una situación de opresión. Según este autor:
[…] el inédito viable es algo que el sueño utópico sabe que existe pero que solo se conseguirá por la praxis libertadora que puede pasar por la teoría de la acción dialógica […]. Así, cuando los seres conscientes quieren, reflexionan y actúan para derribar las situaciones límite que los obligan como a casi todos y todas a ser menos, lo “inédito viable” ya no es él mismo, sino su concreción en lo que antes tenía de no viable. (Freire, 1999, p. 195)
Es esta dimensión de la acción, la que justamente remarca el “teatro del oprimido” de Boal. El autor aboga para que en el pasaje del público desde su habitual rol de “espectador” al de “actor participante”, estos “inventen un nuevo mundo […]” en la ficción teatral, pero con la intención de que ese ejercicio “estimule el deseo de cambiar el mundo” en la realidad social (Boal, 2001, p. 84-85). Así, al asumir un rol protagónico en la acción, encarnando performances transformadoras, el “espectactor […] ensaya soluciones, debate proyectos de cambio, en resumen, se entrena para la acción real”, por ello, dirá también, esta modalidad participativa se constituye en un “ensayo de la revolución” (Boal, 1989, p. 25,17). No obstante, cabe recordar que uno de los corolarios que puede desprenderse de las teorías de la performatividad antes mencionadas, es que este tipo de ensayos performáticos creativos, que “juegan” a transformar nuestras performatividades sociales disciplinantes, solo podrán ser “eficaces” en la vida social si se reiteran durante un lapso considerable de tiempo y se replican en diferentes ámbitos de la vida social.
Finalmente, para el quinto momento, se propone que cada grupo muestre su montaje, y que los/as otros/as participantes, traten de imaginar qué experiencias están presentado sus compañeros/as, y comenten también las sensaciones, emociones y significaciones que les genera esa performance. Luego, los integrantes de cada grupo comentan sus experiencias y develan el título del montaje performático. Cabe agregar que cuando tenemos tiempo suficiente, promovemos también que los espectadores retomen algún movimiento, gesto o sonido que les resulte significativo de cada montaje y lo realicemos todos juntos.
A continuación, se exponen algunas fotos sobre los montajes realizados por cada grupo, cabe destacar que algunos de los temas tratados fueron: el autocontrol de la propia imagen corporal y la gestualidad, por la presión de las miradas sociales, especialmente sobre los cuerpos femeninos en los espacios públicos (foto 1); el silencio y la pasividad a la que se ven forzadas algunas mujeres ante las situaciones de acoso callejero (fotos 2 y 3); el autocontrol de determinadas intensidades emocionales que se va imponiendo con el paso de los años a muchas mujeres (fotos 4 y 5); la presión de las matrices heteronormativas sobre las posturas, gestualidades y vestimentas, especialmente sobre aquellxs cuerpos que no se “ajustan” a los modelos socialmente legitimados para cada sexo-género (fotos 6, 7 y 8); la delimitación heteronormativa de las prácticas recreativas, entre otros temas.
Foto 1. La Colectiva Desenfocadas
Foto 2. La Colectiva Desenfocadas
Foto 3. La Colectiva Desenfocadas
Foto 4. La Colectiva Desenfocadas
Foto 5. La Colectiva Desenfocadas
Foto 6. La Colectiva Desenfocadas
Foto 7. La Colectiva Desenfocadas
Foto 8. La Colectiva Desenfocadas
Foto 9. La Colectiva Desenfocadas
Foto 10. La Colectiva Desenfocadas
Foto 11. La Colectiva Desenfocadas
Foto 12. La Colectiva Desenfocadas
Reflexiones finales
En esta presentación, expuse algunas de las motivaciones y fundamentaciones teóricas que nos llevaron a explorar metodologías performáticas, que junto con nuestro equipo venimos ensayando tanto en prácticas de investigación participativas como en diversas experiencias pedagógicas universitarias y congresos académicos. Nuestra intención es que este tipo de prácticas que recurren al movimiento corporal y exploración senso-perceptiva, puedan incorporarse como una vía complementaria para la producción de conocimiento, para promover una reflexividad más plenamente corporizada, sentí-pensante y colectiva.
Un elemento que quisiera destacar es que si bien la dinámica de taller aquí reseñada, con sus adaptaciones específicas, puede realizarse con distintos grupos sociales en el marco de investigaciones sobre problemáticas de género, aquí el desafío que se agregó, es que los propios investigadores fueron invitados a indagar, desde sus propias experiencias vividas, sobre la problemática. Justamente, considero que este tipo de indagaciones también pueden constituirse en una herramienta de utilidad para promover procesos de reflexividad en los cientistas sociales, ayudándonos a identificar los posicionamientos, las significaciones y las valoraciones previas que poseemos sobre las problemáticas a investigar. Como pudo apreciarse, el aporte que intentamos hacer desde la performance-investigación, es que estos ejercicios reflexivos no se efectúan solamente a través la indagación introspectiva individual, basada fundamentalmente en la práctica escritural, sino también a través de la reflexividad que proviene de la misma experiencia práctica, de la performance colectiva, los diálogos y debates compartidos. En este sentido, desde hace tiempo sostenemos que la atención a los modos en que usamos nuestros cuerpos, permite complementar las informaciones aportadas por los discursos verbales, pues muchas veces, aquello que las palabras olvidan o estratégicamente invisibilizan o reconfiguran, puede ser inferido por los modos peculiares en que los gestos, la imagen corporal y los movimientos han sido efectuados. Por tanto, aquello que reconocemos como herramienta válida para el entendimiento de “los/as otros/as”, también podría ayudarnos a entendernos a nosotros/as mismos, incluyendo nuestro rol como investigadoras/es.
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Anexo A: Encuesta
- ¿Por qué vino al taller? Resuma en 4 palabras claves.
- Nacionalidad
- Edad (marque con una cruz)
Entre 15 y 25
25-35
35-45
45-55
55-65
Más de 65 - Clase social (marque con una cruz)
Alta
Media-alta
Media
Media-baja
Baja - Mayor nivel educativo alcanzado
Universitario Posgrado
Universitario Grado
Terciario
Secundario
Primario - Ocupación actual
- Mi identificación sexo-génerica actual estaría mejor representada por el/los términos:
- Mi identificación étnico-racial actual estaría mejor representada por el/los términos:
¡Gracias por participar!
Anexo B: Guía para la descripción analítica de una experiencia intersubjetiva
- En esta situación, ¿estaban solos o acompañados?, en caso de elegir la segunda opción ¿cómo eran las distancias corporales con los cuerpos del otro?
- ¿Cómo es el espacio en el que se dio esa situación: cerrado-abierto, oscuro-iluminado?
- ¿Qué objetos e imágenes intervinieron?
- ¿Cómo caracterizan a los cuerpos presentes, según tamaño, forma, color?
- ¿Cómo estaban vestidos?
- ¿Qué tratamientos aplicados al cuerpo percibieron? Maquillajes, tatuajes, peinados, etc.
- ¿Cuál fue la postura corporal predominante: sentados, parados, acostados?
- ¿Qué partes del cuerpo pusieron en movimiento y cuáles dejaron quietas?
- ¿Realizaron desplazamientos por el espacio? ¿Qué formas o diseños espaciales adquirieron?
- ¿Cómo definirían la temporalidad de los movimientos realizados? Lentos, rápidos, moderados.
- ¿Cómo fue el flujo de energía o dinámica que involucraron? Continuo, entrecortado.
- ¿Cuál fue el tono muscular predominante? Tenso, relajado.
- ¿Qué sentidos perceptivos utilizaron mayoritariamente?
- En esta situación, ¿se hallaban degustando bebidas, comidas o cigarros?
- ¿Escuchando o produciendo músicas u otras expresiones sonoras?
- ¿Olfateando olores?
- ¿Recuerdan alguna sensación táctil? ¿Y cenestésica, al interior del propio cuerpo?
- ¿Qué emociones o sentimientos asocian a estas experiencias?
- ¿Qué voluntades o deseos?
- ¿Qué ideas o significaciones?
- Un video que retrata parte de esta experiencia, puede verse en Taller de danza y memoria en el barrio toba de Ingeniero Juárez (8´, 2011). Disponible en https://bit.ly/2ztzvxW.↵
- Un video que sintetiza parte de este taller puede verse en Pasos del pasado. La antropología desde los cuerpos como dispositivo de memorias culturales. (9´18´´, 2014). Disponible en https://bit.ly/2ukUY6r ↵
- Proyecto UBACYT (20020160100089BA, 2017-2020) “Aportes metodológicos de la performance-investigación a los estudios socio-antropológicos sobre los cuerpos”, Instituto de Ciencias Antropológicas, Facultad de Filosofía y Letras, Universidad de Buenos Aires. ↵
- En el primer caso, se trata del video Transmutaciones del ser-en-el-mundo (14´06´´, 2015). Disponible en https://bit.ly/2uehDkO; y en el segundo, de Sísif@ un antiguo mito revisitado (7´, 2014. Disponible en https://vimeo.com/164929589↵
- Algunos ejemplos de breves performances producidos por los estudiantes en el marco de una clase universitaria, pueden verse en https://bit.ly/2L17v6g; y en https://bit.ly/2L3Kn6Z↵





















