Humor sexista y antifeminismos en las revistas PBT y O Malho (Argentina y Brasil, 1904-1918)
Thaís Batista Rosa Moreira
Imagen 1: “Antifeminismo”, revista PBT (Argentina), 1 de octubre de 1904

Fuente: reproducción de la colección digital del Ibero-Amerikanisches Institut – Preußischer Kulturbesitz (Berlín).
El cartoon reproducido retrata aparentemente una escena en la Plaza de Mayo, en Buenos Aires. En cuanto a la denotación, el acto es rápido y directo: hay dos niños leyendo el diario La Nación, aunque uno de ellos (el de la izquierda) está mejor vestido. Una niña, aparentemente de la misma edad, se acerca a los dos, pero de repente es pateada: “¡Salí! ¿Qué os importa á las mujeres la política?”. En el ámbito connotativo, sin embargo, hay una serie de simbologías. La primera tiene que ver con el escenario: la plaza, ubicada frente a la Casa Rosada, sede del poder político-institucional argentino, no parece haber sido elegida sin razón. El gesto de los niños, al expulsar a la niña del lugar e impedirle leer el diario La Nación y “seguir la política” con ellos, sirve como metáfora del antifeminismo: la negación y el rechazo a la participación de la mujer en la esfera política.
Desde la perspectiva freudiana, presentada por Kris (1968), uno de los orígenes de la comicidad radica en la actitud infantil hacia las palabras y la representación literal de las cosas: la caricatura es como un placer infantil de “simplificar el mundo”, como los dibujos infantiles. De cierto modo, esto es lo que sucede en la viñeta, ya que al expresar “¡Salí!”, el niño literalmente patea a la niña. La agresión, aunque ilustrada como “comportamiento infantil”, retrata explícitamente la demostración de fuerza y hostilidad hacia la figura femenina que “invade” el espacio masculino. Por otro lado, las expresiones de los personajes parecen poco inocentes o infantiles. Los dos niños tienen caras serias, mientras que la niña parece intentar gritar. En esto, destacamos que el discurso transcripto en el subtítulo de la ilustración está dirigido a mujeres adultas y no a niñas, lo cual es una especie de incongruencia. Quizás la opción de retratar la escena a través de figuras infantiles tuvo la doble función de generar risas y aliviar el contenido de la agresión simbólica destacada. En todo caso, la imagen publicada en PBT sirve como ejemplo –entre muchos otros[1]– de la articulación de la postura antifeminista (la negación de la participación política femenina y de la reivindicación de derechos por parte de las mujeres) con la representación humorística de contenidos sexistas.
Representaciones antifeministas como esta fueron recurrentes en las revistas humorísticas de principios del siglo XX, en un contexto histórico de efervescencia de movimientos sociales feministas que reclamaban, de diversas formas, un mayor reconocimiento político de las mujeres. Al mismo tiempo que nuevos grupos y asociaciones feministas y sufragistas se formaban en muchos países, como fue el caso de Brasil y Argentina, los periódicos y las revistas locales también narraron las acciones de militantes británicas, conocidas como suffragettes. En Brasil, fue creado en 1910 el Partido Republicano Feminino (PRF), centrado en la figura pública de la profesora Leolinda Figueiredo Daltro. El PRF tuvo como objetivo difundir ideas sobre la emancipación femenina y la necesidad de votar. La organización se formó a partir de la iniciativa de profesoras, escritoras y amas de casa, en total 27 mujeres, quienes accedieron a firmar el acta fundacional de un partido que pretendía integrarlas al espacio político. Así, el grupo buscó el reconocimiento de las mujeres como ciudadanas de pleno derecho y capaces de participar en las luchas electorales (Karawejczyk, 2014, p. 72). En la Argentina, se crearon el Consejo Nacional de Mujeres de la República Argentina (1900), la Asociación de Universitarias Argentinas (1904), el Centro Feminista (1905), la Liga Nacional de Mujeres Librepensadoras (1909), la Liga Feminista Nacional (1910), la Liga para los Derechos de la Mujer y el Niño (1911), entre otras asociaciones[2].
Además, las primeras décadas del siglo XX corresponden a los primeros intentos de discusión parlamentaria de derechos civiles y políticos de las mujeres, con proyectos de Alfredo Palacios (1907/1915) en Argentina, y Maurício de Lacerda (1917) en Brasil. Como vimos en el ejemplo de “Antifeminismo” (imagen 1), las movilizaciones políticas a favor de los ideales feministas despertaron varias críticas en la opinión pública, que utilizó diferentes estrategias para deslegitimar y ridiculizar la lucha por la emancipación de la mujer, siendo el humor sexista una de ellas. El propósito de este artículo es analizar, según la metodología de la historia comparada y de los aportes teóricos de los estudios de género, estas posiciones antifeministas, publicadas específicamente entre 1904 y 1918 en las revistas humorísticas ilustradas PBT (Argentina) y O Malho (Brasil), de gran circulación en las ciudades de Buenos Aires y Río de Janeiro. De esta manera, pretendemos reflexionar sobre el contexto de producción de las caricaturas, las viñetas y los textos ilustrados publicados en estas páginas, que retrataron de manera satírica y peyorativa el tema del feminismo y la búsqueda de la igualdad de derechos. A partir del análisis comparativo, será posible observar tanto las similitudes en los discursos, como las diferencias y particularidades de las expresiones antifeministas en cada país. De esta forma, se podrán establecer paralelismos entre las relaciones de género y las representaciones humorísticas de la época.
Las revistas PBT y O Malho
En los últimos años del siglo XIX, Río de Janeiro pasó por intensos cambios estructurales en lo que respecta a la espacialidad de la ciudad y las nuevas tecnologías. En el ámbito político, con la transición al régimen republicano, muchas expectativas y decepciones calaron en la opinión pública. En Buenos Aires se observó un proceso similar de intensa modernización, ganando Argentina notoriedad económica como uno de los principales exportadores de bienes primarios al mundo. En un contexto marcado por los contrastes sociales y la vehemente transformación política, ambas ciudades eran consideradas capitales culturales de la belle époque en la región latinoamericana, donde se observó el inicio de la consolidación de una prensa de amplia circulación. Así, las revistas ilustradas ganaron cada vez más proyección: la revista argentina PBT, en tan solo un año de publicación, pasó de una tirada inicial de cinco mil ejemplares a cuarenta y cinco mil ejemplares (Ojeda, Moyano & Sujatovich, 2016, p. 831), mientras que O Malho, por su parte, anunciaba en sus portadas un tiraje de cuarenta mil ejemplares ya en 1905. Presentadas en el modelo de publicación semanal (y, en el caso de PBT y O Malho, siempre los sábados), las revistas se diferenciaban de los diarios en cuanto a los contenidos publicados, la forma de abordarlos y su estética. Este tipo de semanario buscaba familiarizar a los lectores con la idea de modernidad (Velloso, 2008, p. 214), en un notable equilibrio entre texto e imagen, caricaturas y fotografías, notas humorísticas y colaboraciones literarias, actuales y documentales, publicitarias y de entretenimiento (Burkart, 2011, p. 30).
La revista PBT –título que hace referencia a la expresión coloquial “pebete”, sinónimo de “niño”– fue un semanario fundado en 1904 por Eustáquio Pellicer, disidente de la famosa Caras y Caretas. Inicialmente contó con el apoyo de los ilustradores Pedro de Rojas y Oscar Soldati, y la dirección de Carlos Vicente Aloé. En cuanto a los autores de las publicaciones consultadas y analizadas, aparecen también nombres como Serrano Clavero, Vicente Nicolau Roig, Castro Rivera, José Olivella y muchos otros. Fue publicada en dos períodos: el primero de 1904 a 1918 (edición n.º 1 hasta n.º 693), y el segundo entre los años 1950 y 1955, en un contexto de carácter peronista (edición n.º 694 a n.º 996). En cuanto al primer período, la revista ilustrada se destacó por temas que relacionaban la sátira política con los intereses generales. La revista brasileña O Malho, por su parte, fue fundada en 1902 por Luis Bartholomeu Souza e Silva, propietario del diario A Tribuna, y por el caricaturista Crispim do Amaral. Se publicó hasta 1953 y se destacó por sus caricaturas que se burlaban de la política nacional –la nomenclatura malhar tenía como referencia el proceso metalúrgico que connota el acto de criticar verbalmente a alguien–. Las publicaciones contaron con aportes de columnistas como Olavo Bilac, Emílio Meneses y Guimarães Passos. Entre los caricaturistas, nombres como J. Carlos, Angelo Agostini, Yantok y K. Lixto.
El marco cronológico propuesto, de 1904 a 1918, comprende un período en el que ambas revistas, PBT y O Malho, publicaron ediciones semanales. En estos quince años de tiradas, se insertan hitos importantes para los movimientos feministas y sufragistas. En el exterior, como en Estados Unidos y Europa, distintos grupos actuaron de las más diversas formas: a través de marchas, huelgas y acciones de desobediencia civil. En América Latina, especialmente en las áreas urbanas, surgieron gradualmente movimientos feministas organizados. El debate sobre la condición de la mujer ganaba terreno, con la prensa comentando acontecimientos foráneos al mismo tiempo que lanzaba pronósticos del contexto latinoamericano. Es importante resaltar, sin embargo, que el marco cronológico de este artículo se inserta en una coyuntura amplia, ya que la movilización de las feministas fue un proceso que duró décadas, involucrando hitos antes y después de las dos primeras décadas del siglo XX. La prensa, especialmente las revistas humorísticas como PBT y O Malho, se expresaron enfáticamente en torno al tema de las luchas feministas, exponiendo opiniones opuestas de manera satírica a través de crónicas, chistes y caricaturas. En este sentido, no se pueden ignorar las relaciones entre la representación humorística y las cuestiones de género, lo que implica situar críticamente a los productores de discursos antifeministas y las imágenes y simbologías que manejan, así como caracterizar las manifestaciones del humor sexista y sus implicaciones en la sociedad.
Humor sexista y antifeminismos a principios del siglo XX
El “humor de género” o humor sexista ha sido objeto de estudio en las más diversas áreas de las ciencias humanas. Proveniente del campo de la psicología, la autora Mary Crawford define el género como un “sistema de significados que influye en el acceso al poder, el estatus y los recursos materiales”, y el humor como un “modo de discurso y una estrategia para la interacción social” (Crawford, 2003, p. 1413). La autora señala, de antemano, que el humor puede tanto construir el género como deconstruirlo, y que los estudios de género han contribuido a expandir el concepto mismo de “humor”. Según Crawford, pensar las relaciones de género y el humor de manera no limitada implica no “generizar el humor”, es decir, no partir de debates sobre las supuestas diferencias inherentes al humor entre hombres y mujeres. Este sesgo respalda una visión binaria superficial, recae en juicios de valor y distrae la atención de los problemas de poder y dominio en el lenguaje. Además, el enfoque de la diferencia trata a las mujeres (y a los hombres) como una sola categoría y al género como un atributo estático, minimizando la importancia de la situación y la circunstancia en las estrategias de comunicación. En definitiva, acaba convirtiéndose en un enfoque esencialista. Crawford defiende que el lenguaje no refleja meramente un mundo sexista preexistente. En su lugar, el lenguaje construye activamente las asimetrías de género dentro de contextos sociohistóricos específicos (Crawford, 2003).
La investigadora Merrie Bergmann, en el artículo “How many feminists does it take to make a joke? Sexist humor and what’s wrong with it”, ya había reflexionado sobre estos temas al analizar cómo las creencias sexistas, de diferentes formas, pueden jugar un papel a la hora de generar humor. Según la autora, el humor sexista se caracteriza como “aquel en el que las creencias sexistas, ya sean actitudes o normas, se presuponen y son necesarias para divertirse” (Bergmann, 1986, p. 63). La incongruencia, el aparente sentido de verosimilitud y la moral oculta producen la risa sexista que cosifica a la mujer, vinculándola a gestos ilógicos y sentimentales “típicamente femeninos” o narrando episodios en los que se confirma la supuesta ignorancia, irracionalidad e irresponsabilidad de la mujer (Bergmann, 1986, pp. 70-72). El humor sexista asume que estos prejuicios son cultivados por el público, al mismo tiempo que se coloca a la defensiva cuando es cuestionado, utilizando la infame frase “La intención no era ofender” (Bergmann, 1986, p. 75). Una broma sexista no es un evento aislado en el que una mujer es objeto de burlas inofensivas o es ridiculizada; es más bien un caso entre muchos en los que las mujeres son menospreciadas (Bergmann, 1986, p. 76). Tales consideraciones llaman la atención para pensar en el caso específico del antifeminismo y el antisufragio a principios del siglo XX: a la falta de derechos civiles y políticos, a la precaria autonomía y a los diversos códigos sociales de género que imponían comportamientos y apariencias, se sumaba el desprecio por vía del humor.
Las consideraciones sobre el humor sexista señaladas por estas especialistas demuestran la complejidad de sus efectos: a través del humor, se pueden validar algunas concepciones de género y ciertos estereotipos se vuelven cómicos y despectivos. Otra consideración sobre el uso del término “humor sexista” es que no se trata solo de mujeres. Si bien han sido, en mayor medida, blanco de la sátira y la risa, las representaciones manejan siempre las relaciones de género en su conjunto, pues los autores de los textos y el humor gráfico también imprimen allí sus concepciones de masculinidad. Utilizamos, por lo tanto, el término “humor sexista” porque las representaciones humorísticas analizadas, en sus más diversas particularidades, comparten dos aspectos en común: el primero es la concepción de que los hombres y las mujeres “ideales” tienen comportamientos fijos y opuestos, determinados por ideas de la naturaleza, la religión y la filosofía occidental. La subversión o el cuestionamiento de estas normas implicaban lo absurdo, lo ridículo y lo ilegítimo: así, tanto hombres como mujeres que se “desviaban” de los ideales se convertían en focos de humor sexista. El segundo aspecto es la creencia específica sobre las mujeres, consideradas no aptas para el ejercicio político, estigmatizadas como inferiores, frívolas, tontas o incapaces en relación con los hombres, especialmente cuando se trataba de mujeres feministas y sufragistas. Esto implicó el rechazo de estas figuras como una forma de deslegitimar sus ideas y los movimientos sociales comprometidos con la emancipación de las mujeres a principios de siglo.
La “gracia” y la “amenaza” de la inversión sexual
El primer ejemplo de representación humorística sexista en la revista O Malho que destacamos es un cuento ilustrado titulado “As cousas caminham…”, escrito por Borjita de Almeida Gomes y con dibujos de K.lixto (Calixto Cordeiro), publicado el 22 de julio de 1916. La primera imagen del cuento muestra la escena de una pareja heterosexual mirándose fijamente. El hombre tiene una expresión triste, viste una falda con un delantal sobre los pantalones y sostiene una cacerola descuidadamente, de manera que el contenido está cayendo al suelo. Por otro lado, vemos al personaje femenino “masculinizado”: ella usa un traje y un sombrero bombín (una prenda masculina del siglo XIX), mientras lleva una carpeta debajo del brazo. La escena muestra que la mujer se enfrenta al hombre de manera ambigua. Su postura corporal es de autoridad, levantando un bastón hacia su marido. No obstante, su rostro revela una expresión de angustia. El otro dibujo de K.lixto que llama la atención en el cuento ilustra su desenlace: el mismo personaje que apareció “masculinizado” ahora se presenta de acuerdo con la concepción más tradicional de la feminidad. Lleva puesto un largo vestido y está sentada, con una expresión de tranquilidad, mientras cose una prenda de ropa para su marido. La idea de “armonía doméstica” también se evidencia por el perro de la familia, que descansa junto a la mujer. Sin embargo, la “amenaza de la inversión” no desaparece: en el lado derecho de la imagen, la ventana muestra una vegetación boca abajo, como si el mundo exterior aún estuviera invertido.
Las narrativas de la “inversión de los sexos”, es decir, la inversión de expectativas y “roles de género”, fue un recurso recurrente en la prensa humorística. Producir la imagen de mujeres ocupando “el lugar masculino”, mientras que los hombres sufren (o se conforman) con el “lugar femenino” fue un fenómeno compartido no solo por las dos revistas analizadas, sino también por varias otras publicaciones, que no se restringen a América Latina[3]. La “amenaza común” aparece, de esta forma, como un fuerte imaginario social que se destaca en este contexto de reivindicación de derechos, organizado en torno a movimientos como el sufragismo. Para entender la vehemencia de esta representación, vale la pena investigar la relación de las inversiones con el humor.
La sátira del “cambio de roles” se remonta a una antigua tradición occidental, aunque muchos elementos y significados han cambiado con el tiempo. Aristófanes, dramaturgo griego considerado como uno de los grandes autores de comedias antiguas, produjo tres obras que giran en torno a este tipo de sátira: Lisístrata (411 a. C.), Las Tesmoforiantes (411 a. C.) y La asamblea de las mujeres (392 a. C.). Mientras que La asamblea trae la comicidad desde una total inversión de roles y transgresión de espacios, Tesmoforiantes narra la historia de mujeres que ocupan la Acrópolis (considerada un lugar apto exclusivamente para hombres) para su uso restringido a rituales de fertilidad (Cardoso, 2020). En una circunstancia muy posterior, durante la Revolución francesa, circularon textos e imágenes descriptivas de la “inversión de los sexos” y la humillación masculina, con la intención de criticar la intervención femenina en el proceso revolucionario y mantener la diferenciación sexual y los roles bien delimitados (Morin, 2014).
Dicho esto, se puede ver la larga trayectoria de los usos de este sesgo satírico, a veces más relacionado a lo cómico, a veces más vinculado a la retórica y la persuasión. A principios del siglo XX, el período que más directamente nos interesa, era muy frecuente el uso de cambios de “roles de género” en las revistas ilustradas de humor. Las situaciones ficticias, generalmente asociadas a un futuro inminente, siempre se presentan como una “consecuencia del avance feminista” en el presente. Eran imágenes de reacción a la percepción de que la modernidad “aflojaba” las concepciones de género consideradas incontestables, en cuanto fijadas por discursos de distintos órdenes. Sin embargo, la forma en que se presentó este discurso también fue decisiva. El “feminismo en marcha”, sumado a una oposición entre el “hombre no varonil” (connivencia con el feminismo) y la “mujer masculinizada” (que aspira a convertirse en hombre y ocupar su lugar), provocó una serie de burlas e ironías. En numerosas crónicas ilustradas, la narración presentaba aires de parodia, y la representación gráfica daba apariencia al “absurdo”. La dimensión cómica y humorística no se desconecta de estas fuentes; por el contrario, marca la pauta de los discursos con implicaciones político-ideológicas que se debatían en la época.
En ese sentido, volvamos al cuento ilustrado “As cousas caminham…” descrito previamente. La narración comienza presentando a la protagonista de la historia, relacionándola con el sufragismo y delineando su personalidad negativa:
Marietta tenía un espíritu imaginativo y, ¿por qué no decirlo?, orgulloso. Siempre había querido una atmósfera de asombro y curiosidad a su alrededor; era una ferviente creyente del feminismo, con todo su séquito de beneficios imaginarios. ¡Qué admirada sería cuando, desde el sillón tapizado de la Cámara, defendiera los derechos de la mujer! –exclamó la futura Pankrust brasileña[4] (O Malho, 22 de julio de 1916).
Enfocarse en un personaje descrito como “fervientemente adepta al feminismo” y “futura Pankrust brasileña”[5] no era solo una alusión al sufragismo inglés, ampliamente mencionado en la prensa brasileña desde 1913, como un ejemplo “que no debe seguirse” (Karawejczyk, 2014, p. 74). Se sabe que, en el momento de la publicación del cuento de O Malho, el Partido Republicano Feminino ya actuaba en la ciudad de Río de Janeiro y que su líder Leolinda Daltro ya era una figura conocida, a menudo llamada “Miss Pankhurst brasileira”. Volviendo a la historia, la siguiente cita de la narración presenta al esposo de Marietta: Quindim, “un modesto empleado administrativo” que, al despertar un día, se sobresaltó “viendo a la mujer vestida con su traje, con el que fue a la Cámara a indagar los hechos”[6]. En ese momento, se produce la “inversión de roles”: Marietta informa que va a una “reunión del club para elegir la junta directiva”, imponiendo a su esposo que use su ropa (femenina) para los “arreglos del hogar” mientras ella esté ocupada fuera.
El intercambio de roles tiene consecuencias desastrosas, percibidas por la propia protagonista, admitiendo que “la anarquía reinaba en toda la casa”. Las elecciones no salen como esperaba y, además, su marido había hecho las tareas de la casa de forma inadecuada: el mantel de la mesa que había dispuesto era “una sábana con los bordes mordidos por las ratas”[7]. Si, por un lado, acentúa la comicidad de la supuesta “incapacidad masculina en el ámbito doméstico”, por otro, refuerza la importancia de los roles de género para la “armonía del hogar”. En este sentido, vemos el fuerte sesgo moralizador de la sátira presentada en O Malho. Este discurso es evidente al final de la historia: Marietta pasa la noche esperando que sus compañeras sufragistas lleguen a su casa, pero es sorprendida por una “gran cantidad de telegramas” de ellas, alegando las excusas más ridículas para su ausencia. Una de las compañeras, de nombre Pulcheria, afirma: “No pude ir. Mi esposo escondió su ropa. No quiero tergiversar nuestro ideal”[8], reproduciendo jocosamente el argumento recurrente de que el feminismo “apuntaba a la masculinización” y el “deseo de ser hombre”. La protagonista, entonces, se desilusiona con la serie de fracasos, mientras que “Quindim, disfrutando de la cena, en una risa sarcástica, dice: ‘Consuélate con nosotros’…”[9]. El cuento termina con una nueva ilustración (imagen 3), que muestra a Marietta despidiéndose del feminismo para asumir nuevamente su “papel de esposa”: “pacientemente cosió un par de calzoncillos para su esposo…”[10]. La historia de Marietta está, así pues, impregnada de un humor sexista obstinado –y a veces perverso, como en la reacción de su marido Quindim tras el fiasco del empeño feminista de la protagonista–.
Un ejemplo de la narrativa de “cambio de roles” en Argentina fue el texto publicado en la revista PBT con el título “El Voto Femenino”, en junio de 1908. El contenido alarmista del escritor Venancio Serrano Clavero, español radicado en Buenos Aires en la década de 1910, es complementado con ilustraciones que traen la representación gráfica de las “consecuencias” del voto femenino: mujeres en la calle mientras los hombres cuidaban a los niños y lavaban la ropa.
Imagen 2: “El voto femenino”, V. Serrano Clavero, revista PBT (Argentina), 6 de junio de 1908

Fuente: reproducción del acervo digital del Ibero-Amerikanisches Institut – Preußischer Kulturbesitz (Berlín).
Otro peligro en puerta.
Ahora es el feminismo,
ese gran movimiento que despierta
en la fría región del estoicismo.
¡Ríanse ustedes ya del terrorismo!
Hoy son las verdaderas terroristas
– porque su decisión al hombre aterra –
esas bravas mujeres sufragistas
que han armado el bochinche en Inglaterra.
El texto de Serrano Clavero se estructura en rimas (“puerta” con “despierta”, “feminismo” con “estoicismo”, “terroristas” con “sufragistas”, “aterra” con “Inglaterra”). De hecho, esta es una característica llamativa de las crónicas ilustradas argentinas publicadas en PBT. La recurrencia indica que el uso de rimas cumplía el propósito literario, lúdico y, sobre todo, cómico de estas frases: leídas en voz alta, se convertían en verdaderos juegos de palabras[11]. Los juegos de palabras humorísticos y satíricos son ejemplos de la dinámica y fructífera transición entre la cultura oral y la escrita (Ortiz, 2014, p. 362), y, en el caso de las crónicas mencionadas hasta ahora, cumplían la función de transmitir a los lectores información y hechos políticos de una manera más informal y jocosa. El “absurdo”, como recurso humorístico y, al mismo tiempo, juicio moral, aparece en algunas estrofas más adelante, con una mención paródica de la historia religiosa de Adán y Eva:
Esta galantería
Que comenzó en Adán cuando aquel día
Dejó que le sacaran la chuleta,
Trocada luego en Eva pizpireta,
Esta atención constante,
Esta continua sumisión amante
Que hemos guardado siempre á las señoras,
Nos va á traer consecuencias muy fatales,
Pues ellas, previsoras,
Viéndonos cana vez más animales
Se han ido apoderando cautamente
De nuestro corazón, siervo inocente,
Después, de nuestra plata,
Luego, de nuestro traje,
Y nosotros sin darnos de ello cata
Continuamos rindiendo vasallaje.
La narración lleva a la línea de pensamiento de denunciar las “consecuencias fatales” del progreso de la mujer. Existe, nuevamente, el temor alarmista de un hombre que le habla a otros hombres, ya que las mujeres se habían “apoderado de sus corazones, su dinero y, pronto, sus ropas”. El autor parece sugerir que parte de la responsabilidad recaía en la galantería, en la “sumisión del amor” a las mujeres, como si ese exceso de sentimentalismo supuestamente les permitiera controlarlos, de modo que los hombres quedaran “vasallos de este poder femenino”. Al final de la narración, Serrano articula el miedo a la “inversión de los roles de género”, ya que el voto femenino colocaría a los hombres “en camino de lavar los pañales o bordar y coser tras los cristales mientras la esposa, sin mirar un plato”, se marchaba a “defender á un candidato”.
Cuando Serrano articula el miedo al “cambio de roles” y las “consecuencias del feminismo”, él va en la misma dirección que muchos columnistas que lo precedieron. En “Mulheres agressivas e homens defensivos”, Peter Gay hace un importante análisis panorámico de las tensiones entre hombres y mujeres, especialmente en el siglo XIX, indicando que “el miedo del hombre a la mujer es tan antiguo como la historia, pero sólo el siglo burgués se convirtió en un tema destacado en las novelas populares y los tratados médicos”[12] (Gay, 1988, p. 128). Se debe, todavía, tener cuidado con las generalizaciones o conclusiones universales. Afirmar que “los hombres siempre han tenido miedo a las mujeres” puede señalar que existen elementos afectivos que fundamentan la motivación antifeminista, pero, sin embargo, no explica, históricamente, cómo se constituyó, produjo y reprodujo esta posición. No identifica cómo impactó en la sociedad y cómo resistió en las mentalidades (incluida buena parte de la clase política) durante tanto tiempo, pues, después de todo, la lucha sufragista duró más de 30 años tanto en Argentina como en Brasil. Atribuir la burla de las feministas y la oposición al movimiento social como reflejo de una atemporal “guerra de sexos” es superficial y esencialista, pues naturaliza una tensión social producida por los hombres de esa época. El humor como una de las “armas” antifeministas es un producto histórico de la movilización de columnistas y artistas que bebieron de creencias sexistas sustentadas en conceptos médicos, filosóficos y jurídicos ratificados en su época.
Es interesante, por lo tanto, notar cómo el texto combina sus frases cómicas de rima con ciertos pensamientos, imaginarios y percepciones de temas sociales urgentes, como fue el caso del feminismo. El humor sexista transita en medio de la inquietud y la hostilidad, como lo vemos ejemplificado en las representaciones humorísticas de la prensa, surgidas en contextos sociales permeados por las desigualdades de género. Del mismo modo, las cuestiones políticas y culturales juegan un papel considerable en la motivación de los antifeministas, aunque han circulado muchas imágenes similares en diferentes lugares. Sin embargo, las fuentes de PBT y O Malho aportan elementos que nos permiten sintetizar parte de los conflictos de ideas que circulaban en la época, y la investigación de sus publicaciones nos ayuda a reconstruir mentalidades y actitudes políticas de ese momento histórico (Burke, 2017).
Además, la mirada comparativa nos permite observar las similitudes y diferencias de las publicaciones. Si bien se repite el tema del “cambio de roles” y el desprecio por las feministas, el semanario argentino optó por utilizar juegos de palabras para narrar, de una manera más jocosa y lúdica, el alarmismo ante el avance femenino, mientras que la revista brasileña trajo una narrativa más desdeñosa hacia el movimiento de mujeres, sugiriendo la mención sarcástica de una personalidad militante de la época. En la revista O Malho, por lo tanto, se destacó una fuerte característica de los comediantes brasileños de la época: la vocación cómica de contrarrestar, utilizando el humor feroz como forma de represalia moral, común en casos de polémicas personales, ataques ad hominem y prejuicios raciales obstinados (Saliba, 2002). En PBT, por otro lado, las alusiones simbólicas y los juegos de palabras satíricos ocuparon un lugar destacado, a menudo inmersos en una narrativa que argumentaba en contra del feminismo y apelaba a la adhesión de los lectores. Había una fuerte inquietud masculina que reaccionaba al fortalecimiento de los movimientos de mujeres no solo en el exterior, sino también en la propia Argentina.
Los recursos humorísticos, así pues, no comprenden exclusivamente un estilo estético, ni deben entenderse como insignificantes. Es desde la supuesta levedad o exención desde que las representaciones humorísticas jugaron un papel destacado en la oposición al feminismo. Como señala Roger Chartier (1995, p. 40): “Lejos de alejarse de lo ‘real’ y de señalar únicamente figuras del imaginario masculino, las representaciones de la inferioridad femenina, incansablemente repetidas y mostradas, se inscriben en los pensamientos y cuerpos de ambos”. Las publicaciones de O Malho y PBT apuntan a evidencias de que estas representaciones fueron construidas abundantemente a través del humor sexista.
Consideraciones finales
De manera interconectada, el humor sexista de la prensa se constituyó como un fragmento de la mentalidad social, como una postura política editorial y como un instrumento precioso para la expresión simbólica de la misoginia y la agresión[13]. La interpretación de la realidad y los hechos fue el eje de las numerosas publicaciones, pero, sin embargo, la imaginación de sus autores, permeada por las angustias, tensiones y cuestiones de su época, marcaba la pauta de estos textos e imágenes. Los discursos antifeministas de PBT y O Malho expresaban los pensamientos sexistas de la época, y las representaciones humorísticas, tras el opaco manto del entretenimiento, enfatizaban reiteradamente que el mundo público –el de la política– no debía ser de las mujeres. Dados la popularidad y el alcance de las publicaciones periódicas en los centros urbanos, no se puede ignorar la hipótesis de que parte de lo que el público entendía como “feminismo” en ese momento era, sustancialmente, la opinión y el juicio emitidos por tales editoriales.
Asimismo, la cuestión de que los antifeminismos sean discursos predominantemente masculinos no puede desvincularse del hecho de que el debate sobre la posibilidad de los derechos de las mujeres fue una lucha de poder. En ese momento histórico, las mujeres fueron sometidas al estatus de inferioridad a través de postulados concretos: legales, biológicos y simbólicos, todos, de diferentes maneras, reivindicaban su minoridad. Esto significa considerar que los enfrentamientos entre hombres y mujeres en la prensa no se produjeron en un contexto de horizontalidad: por el contrario, se aseguró a los hombres su mayor “autoridad de palabra”, que, en el caso de los columnistas-humoristas, era aún mayor y sintomático, mientras que los discursos que cuestionaban la capacidad intelectual femenina también negaban a las mujeres el sentido del humor. Cabe mencionar que las sufragistas fueron etiquetadas como “malhumoradas” desde sus primeras manifestaciones organizadas (Crescêncio, 2017, p. 87).
Aunque los ejemplos son escasos, hubo, en el mismo período, producciones de humor gráfico e ilustraciones profeministas. En Argentina, en el año 1920, la Unión Feminista Nacional, de carácter socialista, tuvo su tira publicitaria aficionada, creada con formas de dar a conocer la causa de la reforma del Código Civil, publicada en la reconocida revista Caras y Caretas[14]. A pesar de ella, la manifestación feminista a través del humor no fue numéricamente comparable a la producción humorística antifeminista. Es una excepción que confirma la regla, al fin y al cabo, ya que solo en la revista PBT encontramos decenas de historietas y crónicas ilustradas que ridiculizaban los ideales de emancipación de la mujer. Quizás “el silencio” (o la seriedad) de las mujeres se debió a la creencia de que “la peor manera de reaccionar ante la burla es mostrarse herida, y la más inteligente es fingir indiferencia o mostrarse de buen humor” (Motta, 2006, p. 17). Sin embargo, lo más probable es que existieran una serie de barreras –tanto simbólicas como materiales– que impedían o constreñían a las mujeres a utilizar más el lugar del humor y las posibilidades de la comicidad[15]. No aparecían como colaboradoras permanentes de estas revistas ilustradas de la belle époque, mucho menos como artistas de humor gráfico: el espacio en la producción de contenidos satíricos masivos no parecía estar abierto a las voces (y los dibujos) de las propias mujeres[16], y mucho menos de las feministas.
Por lo tanto, distintas razones apuntan a la necesidad de estudiar los discursos antifeministas y antisufragistas propagados a través del sesgo del humor sexista. Desde el punto de vista historiográfico, el recorte no ha sido objeto de un número significativo de investigaciones, especialmente en el contexto específicamente latinoamericano y comparativo. Además, si bien el sufragio fue un logro importante, en general no estuvo acompañado de una representación femenina sustancial en los sectores políticos de estos países, especialmente en Brasil. Esta representación precaria estaba asociada con una visión prejuiciosa de que la mujer era “incapaz de gobernar”. La supuesta ineficiencia política de las mujeres representantes es un sentido común producido por la visión masculina dominante, que a menudo reproducía sus ideas a través del humor sexista. Así, situar en la historia este proceso de deslegitimación de la acción política de las mujeres, que aún hoy persiste, es un esfuerzo necesario, al que pretendemos proveer un aporte a través de esta investigación.
Bibliografía
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- En el ámbito de la investigación de maestría en desarrollo que fundamenta este artículo, se catalogaron alrededor de 90 fuentes de la revista PBT en el período de 1904 a 1918, que van desde caricaturas, viñetas humorísticas, crónicas ilustradas y reportajes. En la revista O Malho, en el mismo período, se encontraron más de 80 fuentes.↵
- En comparación con Brasil, Argentina tenía un mayor número de asociaciones de mujeres y feministas que operaban en ese momento. Resaltamos, sin embargo, que las organizaciones argentinas mencionadas no necesariamente siguieron el mismo sesgo ideológico y táctico. El Consejo Nacional, por ejemplo, cambió su carácter durante la década de 1910, hasta que se unió a la Liga Patriótica en 1919, una organización católica nacionalista conservadora (Lavrin, 2005, p. 326). Su actuación estuvo, por lo tanto, muy lejos de la realizada por otra importante asociación, la Unión Feminista Nacional (1918), muy vinculada al Partido Socialista.↵
- En 1896, la revista satírica francesa Le Grelot publicó una caricatura en su portada que representaba inversiones de “roles de género” de una pareja. Además, varias ilustraciones antisufragistas reproducidas en postales circularon en Estados Unidos e Inglaterra a principios del siglo XX. Una colección considerable de estos documentos fue puesta a disposición en Internet por la profesora Ph. D. Catherine H. Palczewski, del Department of Communication Studies and the Women’s & Gender Studies Program de la University of Northern Iowa.↵
- Traducción nuestra para “Marietta era de espírito imaginativo e – por que não dizer? – orgulhosa. Sempre desejara ter sobre si uma atmosphera de admiração e curiosidade; era uma adepta fervorosa do feminismo, com todo o seu cortejo de imaginários benefícios. Como seria admirada quando, lá da cadeira estofada da Camara, defendesse os direitos das mulheres! – exclamava a futura Pankrust brasileira”.↵
- La expresión “la futura Pankrust brasileña” sugerida por el autor, es una comparación de su personaje ficticio con la militante sufragista inglesa Emmeline Pankhurst (1858-1928), conocida en su momento por encabezar las incisivas movilizaciones del grupo Women’s Social and Political Union (WSPU).↵
- Traducción nuestra para “vendo a mulher envergada no seu terno, com o qual ia á Camara sondar os acontecimentos”.↵
- Traducción nuestra para “um lençol franjade nas pontas pelos ratos”.↵
- Traducción nuestra para “Não me foi possível ir. Meu marido escondeu as suas roupas. Não quero deturpar o ideal nosso”.↵
- Traducción nuestra para “Quindim, saboreando o jantar, num riso sarcástico, dizia: -Consolem-se comnosco…”.↵
- Traducción nuestra para “costurava, com paciencia, uma ceroula do marido…”.↵
- Los juegos de palabras se refieren a un conjunto de formas y usos del lenguaje verbal, cuyos procedimientos involucran diferentes niveles del lenguaje: fonológico, semántico, sintáctico, morfosintáctico y fonético. Algunas de estas formas involucran dispositivos muy simples, como la rima o las repeticiones; en otros casos, son estructuras complejas que afectan a todos los planos del sistema lingüístico a la vez, algunas de ellas con larga tradición en diversos géneros, no exclusivamente humorísticos, como los que se encuentran en el folclore literario, en el cancionero y en el refranero popular (Ortiz, 2014, p. 99).↵
- Traducción nuestra para “o medo que o homem sente da mulher é tão antigo quanto a história, mas foi só no século burguês que ele se transformou num tema proeminente nos romances populares e tratados médicos”.↵
- El autor Leon Rappoport (2005) señala que numerosos científicos sociales hoy en día creen que, a medida que las mujeres han logrado una mayor igualdad con los hombres al ingresar en ocupaciones tradicionalmente masculinas, algunos hombres se han vuelto más inseguros acerca de su estatus. En consecuencia, muchos de ellos se han comportado de forma más agresiva con las mujeres.↵
- Se discute en detalles esta tira y su contexto de producción y repercusión en el artículo “A representação (anti)feminista na imprensa ilustrada argentina do início do século XX: disputas e apropriações” (Moreira, 2022).↵
- Autoras como Helga Kotthoff (2006) y Regina Barreca (2013) analizan la dificultad de las mujeres para convertirse en comediantes profesionales incluso en la época contemporánea.↵
- La brasileña Nair de Teffé es quizás una de las grandes excepciones. La artista contribuyó con una serie de portrait-charges a la revista Fon-Fon! durante los años 1909 y 1910, y fue una de las primeras mujeres dibujantes reconocidas internacionalmente.↵






