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Prólogo

Julio Cesar Durand

La vida universitaria es apasionante. Suelo comentar que me parece un gran regalo y un privilegio poder trabajar y dedicar mis esfuerzos profesionales en una institución educativa como la Universidad Austral.

Recuerdo el impacto que me produjeron en mi juventud algunas películas que transcurrían en ámbitos universitarios. Las historias personales y amistades se entrelazan en Carrozas de fuego o Regreso a Brideshead, entre colleges medievales de Oxford o Cambridge, y se vislumbran esbozos de la peculiar pedagogía anglosajona en los encuentros tutoriales para discutir un essay o abordar algún espinoso asunto personal.

Por eso acepté con gusto la invitación a prologar esta publicación, y espero, ayudar a entusiasmar a mis colegas del claustro académico en la lectura y reflexión sobre este aspecto central del proyecto educativo de la institución universitaria en la que trabajamos, y también de otras muchas en todo el mundo.

Se ha hecho frecuente, y hasta tedioso diría, el anuncio catastrofista del ‘fin de la universidad’, en la versión actual, aparentemente superada por la disruptiva configuración que impondrían las nuevas tecnologías digitales. Tanta atención que se brinda a lo novedoso, lleva a perder de vista lo que está ‘por debajo’, lo que es sustancia de toda relación educativa. Lo que es esencial, y en cierto sentido inmutable, es el vínculo personal que se establece entre maestro y discípulo, mediado o no por alguna tecnología, pero real y profundo: en un ámbito educativo las personas dialogan, se hablan y se escuchan, juntas aprenden y mejoran, no sólo quien viene a aprender, sino también quien tiene algo para enseñar o compartir.

Ciertamente se ha de valorar la multiplicación de oportunidades educativas que suponen los campus virtuales en sus distintas modalidades y formatos. Con la permanente expansión de la conectividad y la mejora en la accesibilidad, más y más personas pueden sumarse a la dinámica de la sociedad del conocimiento, lográndose la inclusión de sectores no tradicionales en la educación superior. Por eso es razonable que la reducción de la brecha digital sea una política pública de permanente vigencia en diversos niveles de gobierno.

Sin embargo, nunca será completamente ‘mecanizable’ el diálogo y la interacción humana. Seguirá mejorando la eficiencia en la transmisión de conocimientos, se perfeccionarán más y más los sistemas de inteligencia artificial, se llegará incluso a contar con perfectos ‘simuladores docentes’, robots que no hagan huelgas ni falten a clases, que siempre tengan la respuesta exacta y no se perturben ante una clase abúlica… Podemos ‘forzarnos’ a pensar que estamos mejor, más cómodos, etc., pero siempre sabremos que estamos interactuando con una ‘cosa’, una ‘no persona’, y entonces sabremos que hemos sido instruidos, capacitados, empoderados, potenciados, etc., pero no plenamente educados.

Al escribir estas líneas me vinieron con fuerza los recuerdos de varias clases, charlas y obras del profesor José María Barrio Maestre. Especialmente pertinente y recomendable para todos los interesados en el asesoramiento académico personal es El Balcón de Sócrates (2009). Con su modo tan agudo y ponderado nos pone delante del elemento central en una relación tutorial: “el entorno o ethos más propicio para que se produzca eso que designamos con la voz ‘educación’, es una conversación [el destacado es mío]en la que nos entendemos entre nosotros sobre la base de que entendemos algo” (p. 13).

Recurriendo a los griegos nos ayuda a recordar que el hombre no es solamente un ‘animal político’ sino sobre todo un ‘animal parlante’, que tiene el don de la palabra, y es capaz de convivir.

“Sócrates nos ha enseñado que el verdadero diálogo –que solo puede darse entre amigos- es una búsqueda mancomunada de la verdad […] La verdad se deja decir de tantas maneras como inteligencias y biografías intelectuales, y Sócrates nos muestra que a todas hay que acercarse con respeto, sin prisas y dejando que cada quien recorra su propio camino. Ese camino es el de la circunspección, el del mirar cuidadoso, atento, el de reconocer que la verdad no se agota desde una sola perspectiva […] Sócrates cumple la doble misión de hablar y callar. La confiada espera en que la luz interior puede alumbrar es el arte del buen partero en el que, desde Sócrates, hemos aprendido a ver al maestro. La doble condición de buscador y de ayudador o acompañante de otros en su propia búsqueda sitúa precisamente a Sócrates en el inicio de la Filosofía y la Pedagogía” (Barrio Maestre, 2009, pp. 19-20).

Hay en este libro por tanto una certeza y una riqueza que se proyecta en el futuro: maestros y alumnos se sentarán a dialogar, a discutir, a disputar, a compartir, a consolar.

Así lo reclama la historia y la vigencia del enfoque personalista de la educación. En la Austral recibe el nombre de Asesoramiento Académico Personal, y como muestra la Prof. Romina Robles en su capítulo, entronca con la tradición del sistema tutorial.

La Dra. Daura aborda en dos capítulos centrales de esta obra las peculiaridades de la generación que actualmente pueblan nuestras aulas y la importancia del instrumento clave que es la entrevista tutorial.

Se enriquece la comprensión de la entrevista propia del asesoramiento académico personal con el análisis de los factores claves desde la perspectiva psicológica que aportan en su capítulo la Dra. María Adela Bertella y la Lic. María Paz Grebe.

El Dr. Jaime Nubiola nos acerca a un tema urticante: estamos perdiendo la capacidad de escribir… abandonamos las plumas y la caligrafía…, perdemos vocabulario y hasta letras de nuestro abecedario… Durante su intervención en el curso nos cautivó con la idea de recuperar la lectura y la escritura en los estudiantes y colegas, ya que nos permite ampliar la capacidad de reflexión y de diálogo.

Confluyen en nuestras aulas e instituciones corrientes anti-intelectualistas con posturas sentimentalistas. Echamos en falta una mayor atención a la educación de la voluntad, a la formación del carácter, al desarrollo de hábitos y virtudes, y la relación tutorial se muestra con alto potencial en esa formación integral que atempere o temple los sentimientos, que fomente el desarrollo intelectual, que armonice tantas riquezas de la vida.

Muchas veces el asesoramiento académico personal concluye en un vínculo que implica la apertura del propio mundo interior para recibir la orientación en temas delicados. Se hacen patentes entonces carencias afectivas familiares que le suponen al docente universitario un rol que no tuvo en otras épocas. La Dra. Montserrat nos ayuda a valorar esta dimensión tan valiosa y tan frágil de la confianza interpersonal que se da en la relación tutorial. Un tesoro que se ha de proteger y preservar.

En este siglo XXI de ritmo vertiginoso y vida digital intensiva vislumbro la creciente necesidad del asesor académico personal, del tutor, del verdadero maestro, que sabe escuchar y hablar, y así ayudar a cada estudiante a encontrar su camino. Bienvenida sea esta obra, y la posibilidad de enriquecernos con la práctica de tantos buenos ‘maestros’ que en nuestra Universidad se saben ocupar de cada alumno, de cada persona, para ayudarle a crecer y dar lo mejor de sí, como estudiantes y también como personas.

Julio C. Durand

Buenos Aires, 22 de diciembre de 2016.

 



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