María Inés Montserrat[1]
Toda profesión cuenta con unas normas de conducta propias a las que se suele denominar deontología. La ética profesional o deontología tiene como objeto la aplicación de los principios generales de la ética a una actividad específica (Wanjiru Gichure, 1999: 24). En esta ocasión, nos detendremos en un aspecto del ejercicio de la profesión docente en el nivel superior: el asesoramiento académico personal.
Lejos de brindar un reglamento de
“Actuaciones tipificadas especificando lo que se debe hacer o no se debe hacer, es preciso más bien dirigirse a caracterizar un ethos, un modo de vida estable, una cultura profesional” (Wanjiru Gichure, 1999: 34).
En este sentido, intentaremos identificar aquel
“Peculiar modo de dirigir la propia actividad” (Wanjiru Gichure, 1999: 35)
al ejercer la tarea de orientación del asesor académico.
Respeto a la intimidad de las personas
Ya Hipócrates en su juramento enunció el principio clásico del secreto profesional:
Guardaré reserva acerca de lo que oiga y vea en la sociedad y no sea preciso que se divulgue, sea o no del dominio de mi profesión, considerando el ser discreto como un deber en tales casos. (Citado por Jover Olmeda, 1991: 87).
Diversas asociaciones profesionales como la American Association of University Professors y la National Education Association han declarado en sus códigos éticos la necesidad de resguardar la información del alumno obtenida en virtud del servicio profesional (Jover Olmeda, 1991: 87).
En el marco del asesoramiento, el profesor se convierte en depositario de confidencias personales del alumno, y por tanto queda obligado a mantener el secreto profesional como garantía del respeto a su intimidad (Wanjiru Gichure, 1999: 281). Por irrelevante que pueda parecer el dato recibido, lo que un alumno ha confiado a un profesor merece el mayor respeto. Por este motivo, es fundamental que el docente evite hacer comentarios sobre la vida privada o el rendimiento académico del alumno. Asimismo, resultaría inapropiado comentar con otros colegas, autoridades o conocidos información que fue obtenida en la entrevista. Incluso en posteriores conversaciones en la clase o en otro contexto distinto al asesoramiento no es conveniente evocar aquello que confió a su asesor. En el aula será necesario evitar comentarios sobre los asesorados, aunque se haga veladamente o en términos genéricos.
El marco del asesoramiento académico requiere una base de confianza que permita al alumno expresarse y dialogar con el profesor. Pero sin los recaudos necesarios se corre el riesgo de atentar contra esa confianza. Sabemos que la confianza no es exigible: se gana y es necesario cuidarla. Es un bien muy frágil, que puede romperse con una sola palabra. Una vez quebrada, será difícil recuperarla. Es necesario tener el máximo cuidado ya que -además de faltar a la ética profesional- si el alumno constatara que aquella información confiada al asesor ha sido divulgada, perderá la confianza, no solo en ese profesor, sino en el mismo sistema de asesoramiento.
Es conveniente explicitar en la primera entrevista que toda la información vertida durante estos encuentros es confidencial y no será comunicada a otras personas sin permiso del mismo alumno, salvo que existiera una causa grave que así lo exija en función de la seguridad del mismo alumno o sus compañeros. A continuación, se analizará este punto con mayor detalle.
Límites del secreto profesional
Así como la vieja película titulada en español “Mi secreto me condena” colocó en la pantalla grande la pregunta por los límites del secreto profesional, es natural que al tratar el tema se presente este debate.
El secreto profesional es compatible con la búsqueda de consejo por parte del asesor. En ciertas situaciones y sobre todo durante los inicios el profesor demuestra prudencia cuando se acerca a una autoridad en una conversación privada para solicitar ayuda y orientación (Wanjiru Gichure, 1999: 281). En estos casos y siempre que la situación lo permita, es aconsejable mantener en reserva la identidad del alumno.
En particular, aquellas situaciones donde la salud o integridad del mismo alumno o de los demás estuviera en riesgo también autorizan al profesor a transmitir la información a la autoridad competente. No se trata de casos frecuentes, sino más bien extremos, donde el profesor constata que se requiere una intervención profesional. Concretamente, podría aplicarse este criterio si el alumno manifestara intenciones de atentar contra su propia vida o la de otras personas, trastornos de la alimentación, consumo de drogas y otras adicciones. El espacio de asesoramiento no puede ofrecer solución ni atención para ese tipo de problemáticas. Sin embargo, puede resultar de gran ayuda en la medida que oriente al alumno para que busque ayuda adecuada del profesional pertinente. Ese será el primer paso: animar al mismo alumno a buscar la ayuda adecuada. Al tratarse de situaciones complejas es necesario que el docente presente el caso para su estudio a la autoridad competente y cuente con asesoramiento.
Prudencia
Como ya se ha señalado, la virtud de la prudencia[2] deberá orientar al profesor para evaluar en cada caso cómo proceder y pedir consejo u orientación.
Más allá de los casos extremos mencionados, también cabe destacar el ejercicio de la prudencia en situaciones ordinarias y cotidianas. Por ejemplo, al evitar emplear la información dada por el alumno para evaluar profesores, personal administrativo y otros aspectos institucionales. Toda universidad cuenta con mecanismos para encausar sugerencias y reclamos, así como también para la evaluación de desempeño docente. Como es comprensible, resultaría totalmente inadecuado que un colega realice juicios sobre el desempeño de sus pares a partir de la información de sus asesorados.
Es natural que en el marco de la entrevista el alumno manifieste – si se diera el caso – opiniones críticas sobre profesores, aspectos académicos u organizativos. En particular, se pueden presentar situaciones de conflicto con algún docente o disconformidad por fechas, plazos o calificaciones. El asesoramiento facilita un espacio donde el alumno vuelca su opinión y encuentra contención. Sin embargo, es importante aclarar que:
- La información obtenida en el asesoramiento no debe ser empleada para la gestión, ya que el objetivo es la mejora del alumno.
- Usar datos brindados por el alumno para evaluar profesores, detectar fallos y sugerir mejoras implica desvirtuar la entrevista de asesoramiento.
- Ante ese tipo de información, el asesor debe evitar emitir juicio. Tendrá en cuenta que la visión de uno de los actores habitualmente no nos permite abarcar toda la realidad sino tan solo una parte.
El rol del asesor es orientar al alumno para que pueda encausar sus reclamos u observaciones por las vías adecuadas, como las encuestas que cada facultad aplica al finalizar el curso de cada materia. Asimismo, puede resultar muy útil ayudarlo a solicitar una entrevista con la autoridad pertinente. Son ocasiones para enseñar a redactar solicitudes o notas de modo correcto, incluso a transmitir ante una autoridad sus observaciones con un tono respetuoso y dialógico.
Si estos aspectos se tienen en cuenta, la entrevista se convierte en un ámbito para desarrollar la proactividad. Incluso podrá facilitar que el alumno comprenda que esa situación o conflicto puede convertirse en ocasión de aprendizaje. A lo largo de su vida profesional encontrará con frecuencia que deberá trabajar con personas a las cuales no eligió y que preferiría quizás tener lejos. Un buen profesional es aquel que no es reactivo sino proactivo. Sean Covey (1998:49) lo explica con una imagen sencilla pero elocuente:
La decisión es tuya. Las personas reactivas toman decisiones en base a impulsos. Son como una lata de refresco. Si la vida las sacude un poco, la presión se acumula y de pronto explotan. […] Las personas proactivas toman decisiones con base en valores. Piensan antes de actuar. Reconocen que no pueden controlar todo lo que les sucede, pero sí pueden controlar lo que pueden hacer al respecto. A diferencia de los reactivos, que están llenos de gas carbónico, los proactivos son como el agua. Sacúdelos todo lo que quieras, quítales la tapa y nada pasa. No hay burbujas, no hay presión, no hay chorros de líquido. Son calmados, frescos y siempre ejercen el control.
De este modo, el asesor podrá convertir la situación en una oportunidad de aprendizaje. Desarrollar la capacidad de trabajar en ambientes diversos, con personas que puedan parecer incompatibles con el propio estilo resulta siempre una capacidad altamente valorada. Esta mirada permitirá al asesor que recibe a un alumno enojado o que atraviesa un conflicto con un profesor o con la institución brindar contención a la vez que logra sacar el foco del problema para llevarlo al propio alumno y sus posibilidades de mejora personal. Se evita el riesgo de que el asesoramiento se convierta en un gran buzón de quejas y sugerencias, y se transforma en un verdadero ámbito de aprendizaje y desarrollo de la proactividad.
Resguardo de la información escrita
Es natural que el profesor registre información del alumno y notas de las entrevistas para poder recordarla y tenerla en cuenta en el seguimiento de cada asesorado. Al hacerlo, resulta necesario tener en cuenta ciertos recaudos que protejan los datos personales y evitar que información confidencial se almacene en lugares sin vigilancia o de acceso libre (sobre los escritorios/mesas/lugares de trabajo, impresoras, etc.). En caso de registrar las entrevistas en un cuaderno debe tener en cuenta que por accidente pueden perderse o traspapelarse. Por tal motivo, es conveniente que el registro de la información se realice en un soporte digital adecuado. En el caso de archivos electrónicos, también deberá asegurar mecanismos de protección.
Durante la entrevista o al finalizarla, puede resultar conveniente anotar cierta información. Al hacerlo, es necesario un especial cuidado ya que el contenido y el estilo de las notas debe regirse por un gran respeto por el alumno. Para asegurarlos, conviene tener como criterio que si el mismo alumno leyera nuestras notas no se sienta incómodo o herido. Incluso, hay asesores que optan por cerrar la entrevista con la lectura de las notas y acuerdos de la misma.
La experiencia enseña que si el alumno decide tratar temas vinculados con su intimidad, es recomendable evitar la toma de notas y el registro de esa información.
Referencias bibliograficas
Jover Olmeda, Gonzalo (1991). “Ámbitos de la deontología profesional docente”, en Teoría de la Educación, n° 3.
Calo, Orlando (2002). “Confidencias. El secreto profesional en Psciología”, en Fundamentos en Humanidades, Universidad Nacional de San Luis, Año III, n° 1-2.
Covey, Sean (1998). Los siete hábitos de los adolescentes altamente efectivos. La mejor guía práctica para el éxito juvenil. México: Editorial Grijalbo.
Pieper, Josef (1988). Las virtudes fundamentales. Madrid: Rialp, 3ra. Edición.
Wanjiru Gichure, Christine (1999). La ética de la profesión docente. Estudio introductorio a la deontología de la educación. Pamplona: EUNSA, 2da edición.
- Universidad Austral. Doctora en Historia por la Universidad del Salvador (Buenos Aires, Argentina), Especialista en Administración en Educación por la Universidad Torcuato Di Tella (Buenos Aires, Argentina) y Licenciada y profesora de Historia por la Universidad del Salvador (Buenos Aires, Argentina). Docente de la Escuela de Educación de la Universidad Austral; fue Directora de Estudios de la Universidad Austral (2014-2016)↵
- La prudencia es considerada como “madre” de las virtudes morales, por ser la “medida del querer y del obrar”, al asegurar que el obrar sea conforme a la realidad (Pieper, 1988:40). ↵






