Mercedes Calzado, Mariana Fernández, Yamila Gómez
y Vanesa Lio
Introducción
“Parece una película pero está lejos de serlo: es la triste realidad que vive esta gente desde hace mucho tiempo”, comenta y cierra indignado un conductor de Telefe Noticias la historia sobre un robo (10/10/2019). El noticiero televisivo surgió, creció y construyó su credibilidad como un género centrado en la mirada de un conductor directo a la cámara, la escenificación del eje o-o (los ojos en los ojos) planteada por Verón (2001). El conductor tradicional narraba la historia creando una distancia entre sí mismo y aquello que informaba, característica que hoy se desdibuja. Los noticieros actuales centralizan la escenificación de la noticia no en los ojos, sino en la palabra de sus conductores y conductoras que comentan, interpretan y valoran los acontecimientos, muchos de ellos policiales.
En este capítulo analizamos las características de las noticias policiales de los últimos años en los canales de aire de televisión emitidos desde la Ciudad de Buenos Aires. En 2013 y 2014, según los monitoreos de la Defensoría del Público, el tópico preponderante en cuanto a cantidad y duración de las noticias fue el de, en su categorización, “policiales e inseguridad” –en lo sucesivo sin comillas– (en 2013: 18,7% de la cantidad total de información y 25% en cuanto a la duración total de los informativos relevados; en 2014: 17,4% y 23,3%, respectivamente). En 2015, en cambio, dado el contexto nacional de elecciones presidenciales y de jefe de Gobierno en la Ciudad de Buenos Aires, la prevalencia y mayor duración de tiempo fue de las noticias políticas (con el 20,7% del total), lo que relegó a las noticias policiales y de inseguridad a un segundo lugar (14,9%). En 2016, el tópico político se mantuvo en el primer lugar, tanto en cantidad como en duración de las noticias (16,4% y 19,6%, respectivamente). Policiales e inseguridad quedó en tercer lugar en relación con la cantidad, pero muy cerca de Deportes: este último tópico representó el 12,3%, mientras que las noticias policiales, el 12,2%. Sin embargo, de acuerdo con la duración, el tópico policial mantuvo un segundo lugar incluso muy cercano al político, con el 17,6%, superando por siete puntos a las noticias deportivas. En 2017 el tópico prevalente fue Política, en una cifra apenas menor a 2016 (7,1%). En su gran mayoría, las noticias refirieron a información judicial por presuntos hechos de corrupción atribuidos a exfuncionarios kirchneristas y empresarios vinculados a Cristina Fernández. En 2018, Policiales e inseguridad volvió a ser el tópico más tematizado (28,4% del total), seguido por Política (26,1%). En 2019, estos dos tópicos volvieron a ser los más abordados por los noticieros, mientras que por la cantidad de noticias, Política (18,4%) fue levemente mayor a Policiales e inseguridad (17,1%); respecto de su duración, los policiales superaron ampliamente a la información política (27,1% frente a 17,2%). Así, las noticias policiales ocuparon más de un cuarto del tiempo total de la emisión de los noticieros, lo que muestra una tendencia reiterada a lo largo de los años a una mayor extensión en el tratamiento de las informaciones de este tópico.
La centralidad del policial en los noticieros de aire lleva a preguntarnos: ¿cómo se construyen los relatos periodísticos sobre el delito y la violencia urbana? ¿A partir de qué modalidades temáticas, retóricas y enunciativas? ¿Qué actores las protagonizan? ¿Cómo influye en la caracterización de los acontecimientos la presentación de las noticias? ¿Qué criterios de noticiabilidad se emplean? ¿Qué tratamiento se da a las imágenes? ¿A qué tipo de televidente interpelan?
Con el fin de hallar regularidades en la construcción de la noticia policial televisiva, en una primera etapa observamos los datos de los informes realizados por la Defensoría del Público de Servicios de Comunicación Audiovisual Argentina entre los años 2013 y 2019. Luego, realizamos un análisis cuantitativo a partir de las bases de los monitoreos de la primera semana de octubre de 2015 y de la segunda semana de octubre de 2019. Desde este análisis observamos la presencia de las noticias policiales en relación con la totalidad de las noticias de las emisiones de la mañana, mediodía, noche y medianoche de los informativos de los cinco canales de aire (públicos y privados) de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires (América, TV Pública, Canal 9, Telefe y Canal 13).
Conformamos el corpus de análisis con las grabaciones de los noticieros de la franja vespertina/nocturna emitidos durante las semanas mencionadas y seleccionamos las noticias tematizadas como policiales e inseguridad. Con este criterio, el corpus analizado cualitativamente incluyó finalmente 288 noticias, de las cuales 196 fueron tematizadas como policiales e inseguridad en el tópico preponderante y 92 en el tópico secundario. Con los resultados del registro, elaboramos nuevas categorías que procuran aportar conceptualmente a otros estudios sobre las noticias en general, y sobre el periodismo policial en particular. Estas categorías conceptuales son: encadenado noticioso, bloque noticioso, nota policial de color, tipificaciones mediáticas del delito, desresponsabilización mediante encuadre, mapa noticioso de la inseguridad, narración extendida y estética de la objetividad.
Para desarrollar el análisis de estas variables, estructuramos el capítulo en tres partes. Primero, brindamos datos cuantitativos para contextualizar el corpus y el protagonismo del policial en el periodismo televisivo. En la segunda parte, describimos las principales características de la noticia policial en los noticieros del Área Metropolitana de Buenos Aires (AMBA) desde un conjunto de tópicos y subtópicos de clasificación de los hechos presuntamente delictivos. En la tercera mapeamos los modos de relatar las historias sobre el delito y revisamos sus características espectacularizadas. Finalmente, en las conclusiones, sintetizamos los principales hallazgos del estudio.
El protagonismo del policial televisivo
Junto con su posicionamiento como uno de los problemas ciudadanos principales (Kessler, 2009), la inseguridad fue ganando espacio en los medios de comunicación hegemónicos desde mediados de la década del noventa. La centralidad de la noticia policial fue evidenciada a partir del procesamiento de datos de monitoreo de la Defensoría del Público correspondientes a todas las emisiones noticiosas de canales públicos y privados de aire de la Ciudad de Buenos Aires de los períodos seleccionados para este estudio. En la primera semana de octubre de 2015 se registraron 2.554 noticias, de las cuales 561 integraban el tópico policial (21,96%). A su vez, en la segunda semana de octubre de 2019 se registró un total de 2.762 noticias, de las cuales 636 estuvieron tematizadas como policiales (23,03%).
Junto con la cantidad de noticias, observamos una relevancia del policial en su extensión. Así, en 2015, la duración media general de las noticias fue de 1 hora y 51 minutos, pero las informaciones tematizadas como policiales e inseguridad tuvieron una duración promedio de 2 horas y 12 minutos. En 2019, la duración media de las noticias fue de 1 hora y 57 minutos, mientras que las policiales tuvieron en promedio 3 horas y 1 minuto (lo que indica un incremento respecto del primer relevamiento). Otro rasgo destacable es el horario de transmisión de los programas informativos: durante el período de relevamiento, las emisiones del mediodía y de la noche (las de mayor audiencia) presentaban una proporción mayor de noticias policiales. En 2015, las noticias policiales ocupaban el 25,6% de los noticieros del mediodía, el 28,6% de los noticieros nocturnos y el 16,1% de las emisiones matutinas. En 2019, la proporción fue de 32,11%, 27,11% y 17,06% en los noticieros del mediodía, nocturnos y matutinos, situación que ratifica la tendencia del período anterior. Este análisis alrededor de la presencia temática, la duración y la franja horaria expresa la visibilidad de la temática policial y su relevancia noticiosa.
Ahora bien, los modos de evidenciar la relevancia de la información policial no se limitan a aspectos cuantitativos. Por el contrario, las formas de presentar las noticias sobre inseguridad y el lugar ocupado en las estructuras de los programas dan una imagen aún más consistente de su preponderancia. Así, las noticias tematizadas como policiales e inseguridad suelen presentarse agrupadas y, muy comúnmente en el caso de los canales privados, al principio de los noticieros. Al visualizar los programas constatamos que en los cuatro noticieros privados las primeras informaciones remiten a la temática policial y de inseguridad, ya sea en su tópico preponderante o secundario. A esto se suma que estas noticias suelen prolongarse por varios minutos, incluso ocupando el primer bloque (y, en algunos casos, también el segundo) de manera íntegra. El noticiero del canal público fue la excepción, ya que el lugar otorgado a la información policial no es central: en general no se encuentran noticias al inicio del programa, sino que se transmiten por pocos segundos en el marco de compactos de noticias.
A su vez, del análisis sobre las formas de presentar las noticias emergieron dos modalidades de agrupación. Denominamos a la primera “encadenados noticiosos”, entendida como la presentación de un conjunto de noticias en forma consecutiva. Las noticias así agrupadas poseen características enunciativas similares (por ejemplo, uso de recursos visuales similares, voz en off, similar duración de cada noticia y música uniforme durante el encadenado). A su vez, el encadenado puede mostrar dos tipos de modalidades: un encadenado total, en el que todas las noticias incluidas pertenecen a un mismo tema (en este caso el policial), o un encadenado parcial, en el que las noticias policiales son las predominantes pero se las intercala con informaciones de otros tópicos. Los encadenados pueden ser breves (dos o tres noticias) o extensos (cuando incluyen más de cuatro noticias).
La segunda modalidad de agrupación es el “bloque noticioso”: la presentación de diversas noticias que giran en torno a un mismo suceso aunque muestran perspectivas o aspectos diferenciales. Por ejemplo, una noticia inicial sobre un robo a un banco puede dar lugar a una segunda sobre episodios similares en los últimos meses o años, e incluso a una tercera donde especialistas rescatan los rasgos de la modalidad delictiva.
Tanto el encadenado como el bloque noticioso son modalidades de jerarquización: en el primer caso porque, lejos de diluirse en el conjunto, la noticia aparece con más fuerza al mostrarse como parte de un grupo. En el segundo, por la diversidad de perspectivas y el abordaje prolongado sobre el suceso en cuestión. Aunque suelen iniciar el programa, los encadenados y bloques se destacan también en otros momentos de los noticieros. En estos casos, utilizan formatos de avances o anticipos para incorporar esas noticias al inicio del programa, situación que deja abierto el tema para retomarlo más adelante.
Finalmente, otro aspecto que subraya la centralidad de las noticias policiales es la reiteración en el interior del mismo informativo: luego de abordar una noticia en el primer bloque, la retoman en el bloque o los bloques siguientes (en algunos casos actualizando algún dato y en otros reiterando lo mencionado). No se trata aquí de un bloque noticioso, sino de un tratamiento prolongado de la noticia que abarca distintos bloques del programa de manera continua o discontinua, según surja la información.
Características de la noticia policial
¿De qué hablan los medios cuando hablan de inseguridad? ¿Cómo tematizan los hechos incluidos en esta sección informativa[1]? El corpus evidencia que las noticias televisivas policiales en general se refieren a delitos contra las personas y la propiedad, con los subtópicos robos y homicidios como los más recurrentes (característica más frecuente en los canales privados). También aparecen el narcotráfico, los conflictos interpersonales y los incidentes de tránsito. En esta grilla poco novedosa surge un detalle llamativo: las noticias tematizadas como policiales desde lo extraño e insólito. Una de las mayores novedades en la producción de información televisiva policial son estos pequeños hechos no necesariamente relacionados con un tipo delictivo o con casos policiales de envergadura, descritos como insólitos, extraños, bizarros, fuera de lo común. Las coberturas periodísticas vinculan estos casos en algún aspecto con lo delictual, y desde allí los tematizan como información policial y de inseguridad. Se produce así un corrimiento de lo delictivo, y el género muta a lo que denominamos “noticia policial de color”. Por ejemplo, la historia de un hombre que se quedó dormido en el interior de un automóvil por estar alcoholizado se presenta en términos de lo extraño de que no pudieran despertar al conductor y del “riesgo que representa” la situación para la vida propia y de terceros (Telenueve, 7/10/2015).
Se genera así una magnificación de lo policial: a partir de hechos menores la noticia enfatiza la contravención o el hipotético delito combinado con el entretenimiento. Un acontecimiento de bajo impacto y poca relevancia social se transforma en una noticia en virtud del tratamiento periodístico. El proceso de newsmaking es de algún modo alterado: mientras la tradición indica que la producción de la noticia comienza con un acontecimiento (Rodrigo Alsina, 1989), en estos casos la noticia existe a pesar de que el acontecimiento no revista carácter de tal y emerge por la posibilidad de acceso al hecho (por ejemplo, mediante imágenes de cámaras de seguridad, mensajes en redes sociales u otros materiales audiovisuales).
Las coberturas de estos hechos insólitos no son aisladas. Un robo de plantas de un cantero en un edificio de un barrio de la Ciudad de Buenos Aires se narra, entre risas y bromas, a partir de imágenes de cámaras de seguridad que captaron el hecho. La noticia se repite en una especie de serie noticiosa de otros “robos insólitos e increíbles” de plantas, perros y cuchas (América Noticias, 7/10/2015). Por un lado, el hurto se caracteriza como algo cotidiano, que puede cometer cualquiera (un conocido o un vecino) porque se muestra como “una tentación”. Pero, por otro lado, la presentación de la noticia enfatiza el carácter extraordinario de estos hechos: “Hay ladrones de todo tipo: los astutos, los sanguinarios y los bizarros”, comentan los conductores mientras transcurren las imágenes.
“También hay ladrones silenciosos, certeros y audaces”, opinan los periodistas mientras entrevistan en vivo a la víctima de un robo con escalamiento, al que se refieren como “modalidad hombre araña” (Telefe Noticias, 7/10/2019). Este tipo de acontecimientos resulta “curioso” por lo “arriesgado” del robo pero, ante todo, por hallarse el departamento asaltado a pocos metros de una comisaría. En estas noticias los presentadores critican el accionar de la policía por ineficaz y tardío. Se registró un conjunto de casos similares en diferentes noticieros: hechos delictivos que suceden en las inmediaciones de las dependencias policiales, en los que predomina la construcción de una retórica del hartazgo y el énfasis en la victimización de ciudadanos indefensos frente a ladrones “audaces” y “cínicos” (Telefe Noticias, 10/10/2019).
Esta construcción informativa naturaliza la inseguridad como un rasgo central de un contexto que seguirá acechando a la ciudadanía, y frente al cual el público debe tomar recaudos para garantizar su propia seguridad. La formulación de una solución en la voz de las víctimas de los robos es una estrategia enunciativa recurrente en los noticieros. Así, los informativos presentan a los sistemas de alarmas, de monitoreo y de cámaras de seguridad como un reemplazo al rol (ineficaz) de la policía: por un lado, en la función de vigilancia y control pero, sobre todo, en la generación de una sensación de tranquilidad y protección a la ciudadanía. Este tipo de relatos enfatiza la necesidad de instalar masivamente dispositivos de seguridad (ya que ni las alarmas privadas ni las vecinales lograrían evitar los robos) y postulan “la impunidad increíble” (Telefe Noticias, 10/10/2019) con la que entienden que actúan los delincuentes frente a las cámaras y refuerzan la sensación de ineficiencia policial.
A su vez, los informativos tematizan como policiales e inseguridad noticias asociadas a otras secciones y vuelven a magnificar lo policial a partir del encuadre criminal de noticias de información general. Como resultado se produce un marco relacionado con el delito en noticias de color, o incluso se construyen contenidos policiales a partir de acontecimientos que, en principio, no son informaciones noticiables. En consecuencia, si por un lado se magnifica lo policial al encuadrar acontecimientos como noticias sobre delitos aun cuando no lo son, por otro lado, estas noticias policiales de color también banalizan el delito al depreciar el acto y los actores (víctimas, victimarios y testigos).
Los modos de nombrar y narrar los hechos también determinan otra característica de la tipificación mediática del delito. Las noticias policiales aluden a figuras y modalidades delictivas cuyo nivel de especificidad va en aumento, como la entradera (robos producidos cuando una persona está entrando a un lugar), “al voleo” (sin una organización previa), sicarios, motochorros (ladrones a bordo de motocicletas), “mulas” (mujeres que transportan drogas), “mecheras” (mujeres que hurtan a otras personas o en comercios), pungas (los que roban pequeñas pertenencias con velocidad), robo piraña (ataque de a muchos), hombre araña (robo con escalamiento), bicichorro, pibes chorros y hasta abrepuertas tarjeteros (delincuentes que saben abrir puertas con tarjetas). Estas características producen, por tanto, un desplazamiento novedoso de los términos y figuras legales del delito para dar lugar a estas tipificaciones mediáticas que construyen subjetividades y habilitan/obturan modos de relación con los “otros”. Además, estas taxonomías surgidas y/o reproducidas en el discurso mediático constituyen un rasgo enunciativo particular de la noticia policial, con términos propios o retomados del sentido común, que codifican en nuevos términos la experiencia delictiva.
En un sentido general, los actores aludidos en la narración de la noticia son la víctima y el victimario, aunque con distinto nivel de entidad. La víctima puede identificarse con una persona particular, pero también se sugiere que los vecinos y televidentes son posibles víctimas. Incluso, cuando la víctima de un robo se niega a aparecer en cámara por temor a futuros ataques, los noticieros apelan al testimonio de un vecino-testigo que sufrió un robo en otra ocasión y subrayan un sentimiento de miedo generalizado y de que “nadie quiere salir” (Telenueve, 11/10/2019). La escenificación del hastío y temor a transitar por la calle a partir de una fuente no directamente vinculada al hecho narrado es una estrategia muy recurrente en la cobertura informativa.
En el caso de conflictos interpersonales, los noticieros definen la figura del victimario a partir de fuentes policiales. Es el caso dentro del corpus de un hecho de violencia en una escuela donde la directora del establecimiento impide el ingreso a una estudiante por tener los labios pintados, bajo el argumento de que la institución “no es un prostíbulo” (Telenueve, 9/10/2019). La movilera, con tono desconfiado y acusador, entrevista a la adolescente, quien afirma que no hubo violencia hacia la directora ni de su parte ni de su familia. Pese a ello, el noticiero sienta posición a través de herramientas como el videograph y la voz en off expresando lo contrario: “Alumna y madre golpearon a la directora”, “La policía recibió muchos golpes, mordidas y patadas” (Telenueve, 9/10/2019). Aquí, considerando el concepto de encuadre como el modo en que se construye la definición de un acontecimiento cuyo relato otorga una relevancia particular a ciertos aspectos del problema y no a otros (Entman, 1993), podemos señalar la promoción de valoraciones moralizantes respecto al género femenino y paralelamente sexualizantes mediante el enfoque de la cámara al cuerpo de la adolescente. El fin es mostrar al televidente, además, el modo supuestamente provocativo en que la joven ingresó vestida al establecimiento educativo.
A su vez, las figuras de la víctima y el victimario pueden aparecer de forma directa en delitos como robos, o bien en casos de homicidios, presentarse como un actor de manera indirecta a través de imágenes o fotografías. La familia encarna la voz de la víctima y asume un rol protagónico del reclamo de justicia. Cuando los homicidios son agravados por la función pública (perpetrados por agentes de seguridad) la noticiosa tiende a narrar el hecho como un error por “falta de profesionalismo” (Telefe Noticias, 10/10/2019), y si bien a veces está presente la voz de los familiares del muerto, su versión suele estar puesta en duda. Así, por ejemplo, uno de los programas presenta el caso de tres policías que dispararon nueve tiros a un remisero en un barrio porteño como un “episodio misterioso” (Telefe Noticias, 10/10/2019) narrado, como tantos otros, a partir de imágenes captadas por cámaras de seguridad. Aunque la pantalla muestra a los policías disparar con el hombre ya en el suelo, los conductores debaten y ponen en duda las hipótesis sobre exceso en la legítima defensa.
Este tipo de tratamiento periodístico que desresponsabiliza a la policía da cuenta, además, del valor diferencial atribuido a las víctimas. Para ilustrar este proceso repasemos el modo en que se encuadran dos noticias. La primera, sobre un patrullero que atropella a un niño de tres años, y la segunda, sobre un futbolista que sufre un accidente al apoyarse en una puerta mal cerrada de un balcón y, como consecuencia, cae de un sexto piso. Para el caso del niño atropellado, el mecanismo de desresponsabilización opera no solo mediante el énfasis en el carácter trágico del acontecimiento construido en todos los noticieros analizados, sino también metonímicamente, mediante un encadenado en el que dos noticias diferentes se designan de la misma manera. “Otra muerte inesperada” (Telenoche, 7/10/2019), señala la conductora para referirse al caso del futbolista. El efecto de sentido que produce esa tragedia opera por contigüidad, y se equipara con la tragedia del niño atropellado por dos policías. Mientras que en la noticia del futbolista se responsabiliza a la administración del edificio por no corroborar que la puerta estuviera cerrada, en el hecho del niño atropellado la responsabilidad de la muerte recae en el padre que estaba junto a él cuando “se le escapó y se cruzó corriendo” (Telenoche, 7/10/2019), evadiendo al conductor del vehículo y caracterizando al episodio como “lamentable”.
Los conductores ponen en juego la función pragmática de hacer saber y hacer creer el enunciado (Farré, 2004). Si el homicidio del niño anónimo se encuadra como una tragedia, el accidente del futbolista se enfatiza como una “doble tragedia” (Telenoche, 7/10/2019), por la fama de la víctima y su futuro profesional truncado. Se construye así una valorización de las víctimas de manera diferencial. Esta trama de sentidos que anuda muertes de víctimas inocentes (como el futbolista) y de víctimas culpables (el niño atropellado por la irresponsabilidad de sus padres) opera como condición de posibilidad para la naturalización de prácticas de agentes estatales que tienen por efecto la muerte de personas de sectores populares (Ríos, 2014).
De hecho, si comparamos la cobertura de esta noticia con la de dos policías atropellados (Cinthia, fallecida, y Santiago, sobreviviente) podemos identificar que también se consigna como un hecho “trágico”, pero con un claro responsable y un reclamo de justicia que se politiza al extenderse a potenciales victimarios: “El mensaje […] apunta a todos aquellos que matan al volante”, subraya una voz en off (Telefe Noticias, 7/10/2019). Cuando el homicidio es de agentes de seguridad se otorga mayor jerarquización al reclamo de justicia. El agente muerto en cumplimiento del deber es presentado como un héroe en alusión no a individuos concretos ni a acontecimientos específicos, sino a modelos prototípicos que representan mensajes aleccionadores (Sirimarco, 2017).
Las noticias también presentan, aunque como excepción, a los vecinos en el rol de “victimarios”. Cuando algunas “víctimas” toman represalias por cuenta propia ante un delito emerge la figura de los “justicieros”, que condensa las figuras de víctima y victimario. La figura del victimario se desplaza o pierde fuerza al justificar su accionar retributivo. Sin reflexión acerca de los roles, los informes noticiosos incluyen relatos del tipo: “Vecinos de Flores casi matan a golpes a un motochorro. Lo salvó la policía luego de que las propias víctimas lograron reducirlo” (Telenueve, 5/10/2015). La misma noticia incluye dos delitos: el robo inicial y la fuerte golpiza contra el motochorro, aunque el segundo no está encuadrado en clave criminal. Lo mismo sucede cuando los informes periodísticos caracterizan a los actores: quienes perpetran el linchamiento son tratados como “vecinos”, mientras que a la persona que intentó robar la identifican con el término “motochorro”. En las noticias policiales “simples”, los victimarios son identificados con alguna figura relacionada con la modalidad delictiva. Pero ante noticias de doble acontecimiento (un primer delito seguido de un segundo delito cometido por la víctima del primero o bien por testigos) parece existir cierta incomodidad por parte de los presentadores para describir a los vecinos como victimarios. “¿Qué pasa con los vecinos?”, preguntan, a continuación de lo cual explican los aspectos legales y mencionan que “la ley castiga el linchamiento” (Telenueve, 5/10/2015). Advierten a los televidentes, de este modo, que el linchamiento también es un delito, pero no encuadran a los protagonistas como delincuentes. Aparece así una desresponsabilización del victimario mediante un encuadre alejado de su rol en el acontecimiento.
A veces existe algún tipo de dificultad para presentar a algunas personas públicas como victimarios. Esto se produce especialmente ante delitos protagonizados por famosos, en muchos casos por crímenes de tipo económico. Como plantea Ojeda Segovia (2013), la “ejecución no sangrienta” de estos delitos “conduce a abordarlos de manera benigna y cuidadosa” (p. 32). Se observa, entonces, que cuando el responsable es un personaje conocido y popular, y la noticia no se vincula en principio con un hecho político, es probable que el criterio de construcción sea reforzar su relato como un show: “Según la jerarquía de los personajes, en el relato habrá más o menos espectáculo, más o menos misterio, el objetivo será anular la violencia fáctica del acto criminal en sí mismo” (Ragagnin, 2005: 11). El tratamiento de este tipo de noticias pone en tensión las categorías de “víctimas” y “victimarios”. Los informativos siguen la lógica de la selectividad producida con los delitos de cuello blanco en general (Sutherland, 1999): así como la víctima de los delitos económicos, salvo excepciones, no se construye como un actor de carne y hueso, las noticias no posicionan al responsable en el lugar de criminal o victimario.
Este procedimiento de desresponsabilización a través del encuadre se modifica cuando la noticia tiene un matiz político: en estos casos, se refuerzan las tensiones acerca de cómo se construye el victimario. Sin embargo, consideramos que los relatos sobre la “corrupción” se apartan, en principio, del modo de configuración de la noticia policial que analizamos en este artículo. Sin dudas es un eje interesante para problematizar, tal como identifican algunos estudios sobre las modificaciones en las agendas de noticias sobre seguridad en Argentina (Focás y Zunino, 2019). No obstante, consideramos que los delitos de corrupción adquieren características diferentes a las de la definición de la noticia policial en sentido clásico, e incluyen formatos híbridos con componentes de noticias políticas, periodismo de investigación y noticias judiciales, que escapan a las particularidades de la noticia policial.
Cómo se presenta y se cuenta la noticia policial
¿Dónde suelen transcurrir las noticias? El anclaje narrativo y geográfico contribuye a la configuración de un mapa noticioso de la inseguridad. En el corpus analizado la mayoría de las noticias policiales corresponden a hechos sucedidos principalmente en la Ciudad de Buenos Aires y, secundariamente, en el territorio bonaerense. Ahora bien, aunque estos informativos son producidos en estas localidades, tienen un alcance nacional que no se evidencia en su contenido. Así, los canales de aire centralizan los sucesos criminales del AMBA y nacionalizan noticias de carácter local.
En relación con el modo de presentar y construir el mapa del delito es interesante la caracterización diferencial en el interior de estas regiones privilegiadas: no toda la Ciudad o la provincia de Buenos Aires son enunciadas como riesgosas. Hay una tendencia a identificar ciertas zonas como peligrosas o de mayor riesgo, y se caracteriza a los barrios a partir de las noticias. El barrio porteño de Constitución, por ejemplo, suele aparecer vinculado al peligro y a los riesgos. En un encadenado de noticias policiales del informativo de Telefe que integra el corpus, el conductor enfatiza: “Constitución no es un lugar seguro, cálido y tranquilo para salir. Lo sabemos quienes vivimos y trabajamos en esta zona. El barrio es complicado, la zona es complicada” (Telefe Noticias, 5/10/2015).
Los mapas, además, son centrales en las ilustraciones de las coberturas y, muchas veces, grafican las estadísticas periodísticas. La cobertura del caso del hombre alcoholizado que “se durmió en el auto y no lo podían sacar” (Telenueve, 5/10/2015), por ejemplo, es ampliada por la producción con un análisis más general sobre los peligros de conducir alcoholizado. Para ilustrar el argumento, agregan un plano de la Ciudad de Buenos Aires en el que destacan en color rojo los barrios donde se detectaron más casos de tests de alcoholemia positivos: Belgrano y Palermo. Así, los mapas anclan los niveles de peligro a partir del contenido de los zócalos sobre la imagen. En otra emisión noticiosa de Telefe, para caracterizar una zona humilde del sur de Bajo Flores en la Ciudad de Buenos Aires, agregan un plano que ilustra lo que definen como “la radiografía de una zona caliente”, enfatizando esta denominación en titulares, videographs y comentarios de presentadores y columnistas. La ilustración, titulada “mapa narco”, localiza la geografía del peligro y la desagrega a partir del tipo de droga que sugieren que comercializan los inmigrantes de distinta nacionalidad radicados en la villa de emergencia: “El sector de los paraguayos, cocaína y paco”, y “El sector de los peruanos, marihuana”, indica el mapa (Telefe Noticias, 9/10/2015).
De este modo, a partir de sucesos noticiosos y estadísticas, tienden a construir la imagen de los barrios de acuerdo con sus supuestas particularidades delictivas. Es interesante observar, además, que el procedimiento de estadística y georreferenciamiento raramente cuenta con fuentes. El dato y la ilustración parecen funcionar como fuentes por sí mismas y las noticias evitan incorporar de dónde surgen estas informaciones de las investigaciones periodísticas.
Volviendo a las noticias sobre hechos que no constituyen delitos pero son tematizados como policiales e inseguridad, observamos otra regularidad enunciativa novedosa a la que denominamos “narración extendida”. Estas noticias transmiten un mensaje de alarma a pesar de que el delito aún no sucedió o fue menor a lo narrado. Los informativos presentan una no‑noticia sobre un no-acontecimiento y hacen una suerte de futurología a través de largos debates acerca de lo que podría haber pasado si hubiera sucedido lo que podría haber sucedido. No hay hecho, pero podría haberlo habido. El uso narrativo del condicional se hace cuerpo en el relato periodístico porque son noticias construidas sobre el terreno de lo hipotético, lo que no sucedió, que se aleja del primer requisito de una noticia: que exista un suceso, un acontecimiento (Clauso, 2010; Martini y Luchessi, 2004; Rodrigo Alsina, 1989). Los programas presentan los casos como un peligro potencial en términos de riesgos futuros y abordan el no-suceso como si realmente hubiera ocurrido. Se produce un doble proceso que vuelve realidad los mundos posibles (“van a seguramente robar a una persona inocente”), a la vez que generaliza esos riesgos al identificar al televidente como posible víctima (“le podría pasar a usted”).
Así sucede en noticias que giran en torno a rumores o sospechas. Por ejemplo, en un informe de Telefe titulado “Miedo en la facultad: investigan a sospechoso”, el germen de la noticia no es una denuncia, sino la potencialidad de lo que podría suceder: los presentadores analizan un “rumor” sobre un hombre “sospechoso” que podría estar reclutando mujeres para una red de trata en la zona de la Facultad de Ciencias Sociales de la Universidad de Buenos Aires. Los conductores enfatizan la dimensión del miedo y de los cuidados posibles, a partir de un planteo en modo interrogativo: “¿Busca mujeres para prostituirlas?” (Telefe Noticias, 5/10/2015). Mediante el rumor, el miedo y el riesgo se promueve un estado de alerta y desconfianza como característica imperante de lo cotidiano.
La modalidad de narración extendida expresa una potencialidad. Así, otro informativo del corpus ubica como noticia principal de la emisión a una amenaza realizada al dueño de un restaurante con el envío de una granada. Aunque narran la información en términos de los peligros que implica la circulación de estas armas, informan al mismo tiempo que la granada estaba desactivada y el riesgo se convierte en un elemento anecdótico. Pero a partir de esta información, construyen una serie recopilando casos anteriores similares –lejanos en meses o años– que también tuvieron como protagonistas a granadas de “descarte”, es decir, que se encontraban en desuso y fueron arrojadas a la vía pública (Telenoche, 5/10/2015). Si bien el peligro no pareciera ser inmediato, la narrativa enfatiza la dimensión del miedo y el riesgo. Así, espectacularizan estas noticias colaborando a que esa narración extendida sea posible: la exhibición de objetos, de lugares, de hipotéticos daños, sobre lo que pudo haber sido, no son solo recursos para el ritmo televisivo, sino que también colaboran a materializar lo que en los hechos no fue materializado.
Otro aspecto de la espectacularización es la presencia del especialista, entendido como individuo que tiene saberes o competencias alrededor de una disciplina o tema que movilizan una opinión legítima sobre una situación (Dodier, 2009). Cuando las noticias centrales ocupan un tiempo prolongado de los noticieros, con un tratamiento que puede extenderse por hasta veinte o treinta minutos, es recurrente la participación de “expertos” que intervienen para explicar ciertos aspectos de la noticia a conductores y televidentes. Apelan a la figura del especialista (por ejemplo, grafólogos, toxicólogos, abogados) que aporta una mirada más técnica y pretendidamente objetiva, acompañado en general por elementos asociados que destacan su carácter erudito (el contexto de la entrevista es una biblioteca, por ejemplo, o empleo de materiales o herramientas relacionados con la noticia). En algunos informativos, la asignación de roles también otorga un lugar al espectador, lo configura como alumno a quien el experto viene a explicar, a enseñar el porqué de los fenómenos. En estos intercambios, los conductores asumen el rol de los televidentes, muestran estar “desinformados”, y preguntan a los especialistas para “entender” el tema. Los expertos, los fast-thinkers o especialistas del pensamiento veloz, como denominó Bourdieu (1996), funcionan como una cita de autoridad, como fuente explícita supuestamente formada en el asunto informado.
También debe reconocerse que de modo clásico aún hoy la noticia se espectaculariza a través de las placas a modo de pizarras utilizadas como una herramienta para presentar datos contextuales, estadísticas o narrar los acontecimientos principales como una crónica. Con este tipo de puestas en escena, sumadas al uso de las imágenes (por ejemplo, sobre armas y drogas) y la demostración o reconstrucción de situaciones en el piso a partir de especialistas, las noticias buscan no solo informar, sino también entretener (Berrocal Gonzalo, 2009; García Avilés, 2007). Las coberturas recurren a elementos ficcionales, a partir de la musicalización (que refuerza el tono que el informe busca dar en el relato: acción, suspenso, miedo, risa), la edición de las imágenes y las voces en off. El resultado son noticias policiales narradas como segmentos de un film de acción, de misterio, drama o incluso como una comedia de enredos en las mencionadas “noticias policiales de color”.
Otro componente narrativo central son las imágenes disponibles a partir del acceso a registros audiovisuales que hasta un tiempo atrás no existían –cámaras de seguridad, redes sociales y celulares–. Esto habilita un nuevo modo de relatar los hechos, una estética de “lo real” que busca invisibilizar las mediaciones y emular en las pantallas “la vida misma”. Estos relatos de “lo real-real” tienen una potencialidad que supera las narrativas provenientes del campo jurídico, del campo estatal e institucional e incluso del campo policial en toda América Latina (Alarcón, 2016: 14). Estas imágenes, como productos mediáticos, pretenden una “estética de la objetividad” que, para el caso de las cámaras de seguridad, se funda en la presentación de los videos como evidencia, borrando las marcas que los constituyen como construcciones intencionadas (Gates, 2013). La pérdida de jerarquización de fuentes oficiales lleva a que las cámaras sean utilizadas en muchos casos como material principal[2].
Decimos que se trata de un proceso de corrimiento relativo de la fuente porque el procedimiento de vinculación entre policía, Justicia y periodismo hoy no desaparece. Sin embargo, tres factores lo modifican. Primero, la imagen negativa de las instituciones vinculadas a la política criminal (policías, Poder Judicial, áreas gubernamentales de seguridad) favorece el surgimiento de nuevas fuentes privadas no profesionales y (al menos por momentos) la pérdida de jerarquización de las consideradas oficiales. Segundo, las capacidades técnicas que habilitan las nuevas tecnologías y sus canales (redes sociales, dispositivos celulares, cámaras de videovigilancia) permiten la aparición de fuentes que generan contenido, en este caso que apoyan la narrativa de los hechos policiales. Tercero, la multiplicación de vías de contacto a través de medios y plataformas digitales promueve esas prácticas ciudadanas no profesionales, lo cual habilita que los productores de noticias tengan avidez por más contenido (y actualizaciones de hechos ya emitidos) y recurran, de ser posible, a otras fuentes. Dicho proceder constituye una apuesta mediática particular, en desmedro de otras formas de producir noticias. Esta combinación de factores genera, a su vez, la mencionada tematización como policial de acontecimientos que no necesariamente se vinculan con delitos o incivilidades, o lo son de poco impacto o envergadura.
También en esta búsqueda de lo novedoso se refuerza el fenómeno denominado “periodismo ciudadano”, que produce contenidos noticiosos viralizados por redes sociales. A través de estos nuevos medios, los sujetos sociales se reconstituyen como productores primarios de representaciones producidas por ellos mismos. Puede pensarse entonces en una “doble mediación” en la noticia policial donde ya no se trata solo de la representación del mundo por parte de los medios de comunicación, sino que esta mediación opera sobre otra preliminar: la de los ciudadanos que “capturan” el mundo a través de sus propias lentes de celulares o cámaras de vigilancia domésticas. Captura y mediación que, a la vez, está mediada por el modo en que se relatan las noticias policiales en los medios masivos. Prolifera así la generación por parte de “gente común” de fotos o videos sobre hechos policiales tomados mediante dispositivos de uso cotidiano.
En el caso de los celulares, su especificidad estética (desprolija, con cámara en mano, donde partes de la imagen pueden aparecer tapadas por personas u objetos que se cruzan) refuerza el recurso del relato de “lo real”: mostrar lo sucedido “realmente” en el aquí y ahora del hecho noticioso. Por otro lado, las redes sociales se posicionan como un canal de acceso a las fuentes primarias. En muchos casos, esto permite un camino inmediato a las declaraciones de los protagonistas de las noticias, mediante el rastreo de sus intervenciones en cuentas o perfiles de Twitter y Facebook. Ante la imposibilidad de contactar a las fuentes con la velocidad de la búsqueda de la primicia por las vías tradicionales, las redes se convierten en un modo de llegada inmediato. Las redes sociales más vinculadas a la circulación de fotografías (como Facebook o Instagram) funcionan como un repositorio de imágenes de archivo para ilustrar las noticias policiales con fotografías previas al hecho de los protagonistas.
A esta construcción de noticias policiales mediante otro tipo de fuentes debemos sumar el uso de las imágenes de las cámaras de seguridad (públicas o privadas) y su uso mediático como representación de un hecho real, omitiendo la doble mediación antes identificada. También los medios elaboran información desde el contenido circulante por las redes sociales. De esta manera, los criterios de veracidad dejan de estar definidos únicamente por las fuentes institucionales y pasan a estarlo por la sensación de inmediatez que habilitan las imágenes captadas por estos dispositivos o las “declaraciones” de testigos sobre la base de capturas de sus posteos en las redes sociales.
Por otro lado, la información producida desde estas imágenes parece ser, en general, poco importante: alude a acontecimientos menores o con pocos datos o informantes. No obstante, los contenidos visuales generados a través de las nuevas tecnologías son colocados en un lugar central de los noticieros como resultado de la accesibilidad única al material por parte de la producción del programa. Con la dramatización de la noticia surge esta tensión entre noticiar historias relevantes pero de difícil acceso o situaciones insignificantes con material audiovisual (Baquerín de Riccitelli, 2008). De allí que los noticieros refuercen la figura de la primicia y la exclusividad alrededor de estas imágenes. Un resultado de este proceso es la dispersión de la agenda tanto en el interior de cada informativo como entre las emisiones de los distintos canales. Así se busca exponer ante los espectadores la capacidad de un acceso diferencial a las imágenes como una forma de “tener la exclusiva”, más que a perseguir la relevancia noticiosa o una agenda temática preexistente.
Cierre. Editorialización y consejos para televidentes-víctimas
“Una, dos, tres y cuatro cámaras de seguridad, todas ellas apuntando a la puerta de ingreso. Pero nada parece amedrentar a estos delincuentes” (Telenueve, 11/10/2019), relata una noticia sobre un robo narrado a partir de las imágenes captadas por estos dispositivos. El señalamiento de que nada resulta útil para atemorizar a los delincuentes permite a los noticieros promover la prevención de los públicos contra la violencia urbana. En las sociedades del riesgo, los ciudadanos son interpelados como víctimas potenciales del delito, ya que esta figura “hace funcionar la seguridad biopolítica con todo un régimen de afectos novedosos” entre los que “la compasión será a su vez puesta en acción por la puesta en escena mediática” (Gros, 2010: 290). La “carnalidad del sufrimiento” define la subjetividad de nuestra época (Calzado, 2015), a partir de narrativas sobre la inseguridad en las que el dolor se configura desde la óptica de la víctima. Así, en los noticieros, el enunciatario predominante es el ciudadano y vecino en riesgo.
“Acá no se puede vivir. No sabés qué hacer. Ayer le tocó a él. Estamos con los vecinos constantemente comunicados. Ahora vamos a poner una alarma vecinal pero es terrible” (Telenueve, 7/10/2019), testimonia una vecina de quien el periodista oficia como portavoz del reclamo de medidas urgentes. Como sostiene Rodríguez Alzueta (2019), este nuevo vecinalismo compuesto por ciudadanos y ciudadanas que presencian lo menos posible el ámbito público constituye una versión antipolítica de la vida comunitaria y policialista de la seguridad que el periodismo entroniza. Hemos visto, en tal sentido, que el móvil de los noticieros está allí donde los vecinos reclaman para hacerse eco de sus reclamos.
Los discursos se dirigen a un televidente-víctima a quien los periodistas informan, pero también “alertan” sobre posibles “amenazas” y defienden ante la “inexistencia de políticas”. En las noticias policiales, los presentadores se dirigen de forma directa al espectador: “Prestá mucha atención”, advierten. Un enunciatario al que sugieren que esté “atento” porque puede ser víctima. Un enunciatario que está en peligro porque le “puede robar cualquiera”, “un vecino”, o incluso alguien que conoce “de toda la vida”, como recalca un informe del noticiero de América (América Noticias, 8/10/2015).
Los televidentes son, además, responsabilizados por su propia seguridad: se los interpela como quienes deben asumir un rol activo tomando medidas que disminuyan “su propio riesgo” (Telenoche, 9/10/2019). “Los vecinos hicieron todo para evitar los robos, pusieron varias cámaras de seguridad, también pusieron alarmas, pero parece que nada alcanza porque los hechos de inseguridad continúan”, expresa un informe sobre una serie de robos del informativo de Telefe (Telefe Noticias, 7/10/2019). Haciendo énfasis en el “miedo”, acompañan la información con imágenes de robos tomadas por las cámaras de seguridad. Una voz en off recupera a los vecinos como protagonistas de la noticia. El “nosotros”, ciudadanos preocupados y activos frente a lo que sucede, se contrapone a un otro que pone en riesgo la “seguridad de todos”. Del otro lado hay un peligro tangible que “los vecinos” deben prever. Así, junto con la narración extendida, usan la figura del otro para configurar un enunciatario en tanto víctima y editorializar en términos de prevención. De hecho, en muchos casos las noticias hacia el final incluyen una serie de consejos o palabras de los expertos para los televidentes. Los noticieros funcionan en este sentido como manuales de comportamientos que los espectadores deben adoptar para evitar convertirse en víctimas.
Construyen al destinatario de la noticia policial, además, como alguien que puede reconocerse a sí mismo en la información, es decir, que empatiza con estas situaciones particulares y sus modos de narración. Es un enunciatario que se solidariza con la víctima y sus familiares, que se conmueve, sorprende, indigna y espanta junto con los presentadores del noticiero, con una mayor apelación al tono emotivo en las señales privadas. En casos de homicidios, los conductores editorializan aportando dramatismo al relato, apelan a la emoción/conmoción, incluso con descripciones de imágenes (visuales o mentales) cercanas al morbo: puntualizan en los cuerpos “totalmente mutilados”, muestran “marcas violentas en el asfalto”, enfatizan que “dos de los cajones están cerrados por el estado de los cuerpos” (Telefe Noticias, 8/10/2015). Una musicalización acorde y el uso de imágenes de archivo de las víctimas en momentos felices terminan de dar forma a una narrativa melodramática. Así, mediante el apelativo a las emociones y a las actitudes de prevención, la noticia policial procura hacerse cuerpo en el enunciatario propuesto.
Cabe preguntarse por el grado de representatividad de esta perspectiva victimizante que, si bien incluye demandas por el aumento de las medidas securitarias (puertas blindadas, cámaras, alarmas), desconfía tanto de su utilidad como de la efectividad de las instituciones de política criminal para proveer sentimientos de protección a la ciudadanía. ¿Qué otras voces se desestiman como fuente de la noticia policial? ¿Cómo se construye la noticia cuando la violencia es ejercida por agentes de seguridad? En este punto la categoría de “desresponsabilización mediante encuadre” nos permitió revisar cómo se enmarca la noticia de doble acontecimiento (un delito contra la propiedad seguido de un delito contra la vida producido por la persona atacada en primera instancia y ciudadanos presentes en el lugar de los hechos). Estos casos, que tienen por protagonistas a “vecinos” en su rol de victimarios, no solo se presentan como excepcionales, sino como un exceso en la búsqueda de “justicia por mano propia” en un contexto de inseguridad acuciante ante el cual el Estado estaría ausente. Se trata de homicidios cuyas víctimas son valoradas en términos sumamente estereotipados y selectivos de acuerdo a la clase social, el lugar de pertenencia socio-territorial y el perfil profesional que reúnan. Estos estereotipos se extienden, asimismo, a los barrios populares del AMBA cuya geografía se presenta mediante la elaboración de “mapas de la inseguridad”.
El empleo de estos mecanismos de ficcionalización provenientes del arte dramático (Puente, 1997) es recurrente, tanto como la vinculación social victimizante entre los conductores y conductoras de los noticieros y el destinatario de la información. Ello nos invita a reflexionar sobre el modo en que el discurso descriptivo-referencial característico de los noticieros modernos se fue transformando mediante estrategias de comunicación erigidas en un pacto de verosimilitud entre vecinos “inseguros”, “indefensos”, “desprotegidos” por las fuerzas de seguridad. El conductor se une con el espectador desde el sentimiento de pertenencia identitaria a comunidades de temor. Una realidad cuya transparencia está dada por las imágenes de las cámaras de videovigilancia, celulares y redes sociales, y la repetición urgente, encadenada y extendida del imperativo de sentirnos más seguros.
Los resultados revelan algunas pautas acerca del protagonismo, las características y los nuevos modos de construcción de la noticia policial en la televisión abierta. Las regularidades desplegadas en este capítulo permiten revisar la especificidad actual de la noticia policial audiovisual, tanto en relación con las modalidades de otros medios de comunicación como con las características históricas de este formato televisivo. Además, el análisis nos permitió conceptualizar algunas modalidades sobre las que se configuran y presentan las noticias policiales o de inseguridad en televisión, como la narración extendida, los encadenados y bloques noticiosos, la tipificación mediática y las noticias policiales de color. En el mismo plano, surgió la especificidad de las noticias construidas a partir de imágenes de cámaras de seguridad y otras tecnologías de uso cotidiano.
Los contextos geográficos, socio-políticos y culturales tienen una incidencia en los tipos de contenidos y en los modos de producción privilegiados por las empresas de medios. De allí que los resultados del análisis aquí presentado deben ser complementados con las características de la configuración noticiosa de las instancias de producción de noticias y con las modalidades de lectura de información policial de las audiencias televisivas, que son abordadas en otros capítulos de este volumen. Los contenidos televisivos brindan elementos interesantes para pensar las formas contemporáneas de vivir los escenarios inseguros, pero esos contenidos no pueden ser explicados por sí mismos, sino como parte de una red de significación más amplia que los explica a la vez que los trasciende.
Bibliografía
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- Al iniciar la tarea de relevamiento partimos de una matriz de categorías de observación. Clasificamos las noticias tematizadas como policiales e inseguridad de acuerdo a si se trataba de: robos, delito organizado/narcotráfico, violencia de género, homicidios, secuestros (extorsivos y exprés), toma de rehenes, conflictos interpersonales (peleas de bandas, de automovilistas, etc.), trata de personas, políticas públicas y campaña electoral, delitos económicos, linchamientos y otros. Dejamos, a su vez, el análisis abierto a la emergencia de nuevos subtópicos a partir de los enunciados de los programas informativos. Fue así como algunas de las categorías de la matriz inicial no aparecieron al momento de revisar los subtópicos previstos (como secuestros y trata de personas) y, en paralelo, surgieron nuevas categorías vinculadas a modos específicos de construir la noticia policial audiovisual en la actualidad (como las noticias insólitas).↵
- Sobre este corrimiento relativo de las fuentes de las noticias policiales a partir de la difusión de las tecnologías digitales, trabajamos en profundidad en el Capítulo 2 sobre rutinas periodísticas en la Ciudad de Buenos Aires (Calzado y Lio, esta edición).↵









