I. La recepción norteamericana de Hegel
La influencia de Hegel en la filosofía angloparlante se remonta al siglo XIX. Uno de los primeros libros escritos en inglés, el más influyente para los estudios hegelianos en esta lengua, es The Secret of Hegel de James Stirling, publicado por primera vez en 1865, ampliado y reeditado en 1898. El idealista escocés se interesa principalmente en la WL y el concepto de cualidad. Si bien encuadra el pensamiento de Hegel dentro de las discusiones generales del idealismo alemán, prestando especial atención a Schelling, su abordaje se detiene fundamentalmente en los vínculos de la filosofía hegeliana con Kant, donde se ubica el “secreto” de Hegel. Al respecto, Stirling sostiene:
El secreto de Hegel puede ser indicado brevemente de esta manera: así como Aristóteles -con la considerable asistencia de Platón- hace explícito el Universal abstracto que estaba implícito en Sócrates, Hegel -con una menor asistencia de Fichte y Schelling- hace explícito el Universal concreto que estaba implícito en Kant (1898: xxii; el subrayado es del original; la traducción es nuestra).
Dentro del hegelianismo inglés de finales del XIX y principios del XX, se destacan las figuras de Bradley, Bosanquet y McTaggart. Estos autores, cada uno a su manera, se interesa por el concepto hegeliano de lo Absoluto y defiende el idealismo especulativo (Bradley, 1893; McTaggart, 1921, 1927).
A principios y mediados del siglo XX, la transmisión de Hegel en Estados Unidos estuvo dada principalmente por la Saint Louis School. Sus más significativos representantes fueron Brokmyer y W. Harris, quienes se preocuparon sobre todo por el aspecto político y moral de su obra, la que aplicaron para pensar un conflicto concreto de época: la Guerra Civil.[1] Entre esta última y la Primera Guerra Mundial cobró relevancia la figura de Josiah Royce, profesor de Harvard, representante del idealismo estadounidense. Entre sus obras más destacadas se encuentra Lectures on Moderm Idealism, publicada en 1964.
El mayor impacto de Hegel en Estados Unidos, sin embargo, se produce gracias al Pragmatismo norteamericano y la Filosofía analítica (Rockmore, 2005: 1-2; 2003: 170). La primera de estas corrientes, representada por Pierce y Dewey -vinculados a la St. Louis School–, se caracteriza por una visión más bien positiva de la filosofía de Hegel, fundamentalmente en lo que respecta a la idea de verdad práctica que, en contraposición con la idea especulativa de la verdad absoluta, ha constituido uno de los pilares del Pragmatismo. En la actualidad, una de las mayores figuras es el neo-hegeliano Robert Brandom. Según este teórico, en el idealismo hegeliano se encuentra la tesis básica del Pragmatismo contemporáneo que él mismo defiende en Making It Explicit. Representing, and Discursive Commitment (1994). En Tales of the Mighty Dead. Historical Essays in the Metaphysics of Intentionality (2002), sostiene que la tesis idealista afirma la identidad entre la estructura y la unidad del concepto (concept), por un lado, y la estructura y unidad del sí-mismo (self), por otro. La tesis Pragmatista, por su parte, declara que el contenido de los conceptos está determinado por su uso (2002: 210). En este sentido, el “neo-hegeliano de Pittsburgh” considera que el idealismo de Hegel es un Pragmatismo, puesto que pone de relieve que la experiencia, el proceso de usar los conceptos en la práctica mediante la emisión de juicios y la realización de acciones, instituye las normas conceptuales empíricas con contenido determinado (Brandom, 2002: 233; Assalone, 2015a: 70).
Los vínculos de Hegel con la Filosofía analítica, en cambio, comienzan en Inglaterra. Las fuertes objeciones de Bertrand Russell a Hegel, que identifican el idealismo hegeliano con un monismo lógico-conceptual, cuyo principio es el “axioma de las relaciones internas” del concepto, se reconsideran a partir de mediados del siglo XX en Estados Unidos. El trabajo de Sellars, “Empiricism and the Philosophy of Mind” (1956) constituye un paso esencial al respecto. Desde sus críticas al pluralismo y el atomismo lógicos que Russell opuso al idealismo hegeliano, Sellars sentó las bases para el rechazo del “mito de lo dado”, centro de la actual tendencia neo-hegeliana de la filosofía analítica norteamericana (Redding, 2007: 2-15).
Entre los discípulos de Sellars se encuentran Brandom y McDowell (2007), los llamados “neo-hegelianos de Pittsburgh” que, junto a teóricos como Pippin (1989, 1997, 2011, 2015) y Pinkard (1994), conforman la corriente neo-hegeliana normativista en este país, una de las más visibles e influyentes en nuestros días. En líneas generales, estos autores encuentran en Hegel el rechazo al mito de lo dado y afirman, a partir de diferentes lecturas de su obra, la base normativa y social de la intencionalidad epistémica (Assalone, 2015a: 63; Siep [2000] 2015: 259).
Tanto Pinkard como Pippin dividen las lecturas de Hegel en “metafísicas” y “no metafísicas”, ubicando sus propias interpretaciones dentro del segundo grupo. Por lecturas metafísicas comprenden aquellas para las cuales el idealismo hegeliano es un monismo subjetivo y el Sistema de la ciencia es la síntesis del conocimiento científico y la realidad (Pinkard, 1994: 262, 345; Siep [2000] 2015: 16). Al respecto, Pippin sostiene:
El punto esencial del “Hegel metafísico” ha sido siempre que Hegel debía ser entendido como un tipo de spinozismo invertido, esto es, un monista, que creía que los objetos finitos no existían “realmente” (sólo la Idea absoluta existe), que este Uno (One) no era una “sustancia” sino un “sujeto”, o mental (desde la inversión de Spinoza), y que éste no era estático, eterno, el Uno parmenídeo, sino develado en el tiempo, un develamiento responsable, en cierto sentido, de la forma y la dirección de la historia política humana, así como de la historia del arte, la religión y la filosofía (todas estas formas del espíritu expresan el despliegue de la Idea absoluta) (1989: 4; la traducción es nuestra).
Entre las lecturas metafísicas se destaca, según estos autores, la de Taylor, cuyo libro Hegel, publicado en 1975, fue un punto de inflexión para el renacimiento de la filosofía hegeliana en Estados Unidos en la década del 80. Para Taylor, Hegel lleva a cabo la reconsideración del pensamiento moderno a partir del monismo del Espíritu y la teoría de la subjetividad situada. Según aquel, la filosofía de Hegel sintetiza dos cuestiones de la modernidad: la libertad racional y autosuficiente del sujeto kantiano, y la unidad expresiva del hombre y la naturaleza (1975: 539; Hardt, 1990).
El abordaje de Inwood (1983), según Pippin, da fin a las lecturas metafísicas y abre paso a las no-metafísicas (Pippin, 1989: 262), las que, sin perder el interés en el carácter especulativo del idealismo hegeliano, toman seriamente en cuenta la dependencia que, en la propia lógica especulativa de Hegel, tienen sus análisis sociales. Rechazan así todo tipo de mistificación teológica, aunque sin reducir el pensamiento de Hegel a una teoría social. Dentro de esta corriente interpretativa se encontraría, según Pippin, un conjunto de investigaciones que no sólo contemplan las norteamericanas sino también algunas alemanas. Entre ellas destaca los estudios de Findlay (1958), Fulda (1978), Heinrichs (1974), Hölse (1987) y Hartmann (1976a, b).
La recepción butleriana de Hegel se enmarca en la que Rockmore considera como la tercera tendencia filosófica a partir de la cual se establece la influencia de Hegel en la filosofía norteamericana a partir de mediados del XX: el movimiento fenomenológico (2005: 1-2; 2003: 170-171). El acercamiento de Judith Butler a la filosofía de Hegel viene dado de la mano de la comúnmente llamada “filosofía continental” y, en particular, de la recepción francesa de Hegel, que cobra notoriedad en los Estados Unidos a partir de los años 80 (Cusset: 2003; Pinkard, 1994: 3). Precisamente la recepción francesa de Hegel es uno de los objetos centrales del estudio de Butler en SD, en el que revisa y amplía su tesis doctoral, defendida en 1984 en la Universidad de Yale. De hecho, su director, Maurice Natanson, fue un fenomenólogo norteamericano dedicado a la filosofía existencial y quien contribuyó de manera notable a la introducción de Husserl y Sartre en los Estados Unidos.
Según sus propias palabras, el interés de Butler en Hegel comienza a fines de la década del 70. En 1978, antes de emprender sus estudios de posgrado, obtiene la beca Fulbright-Hayes para concurrir a la Heidelberg Universität. Durante dos años se dedica a estudiar tanto a Hegel como a diversos filósofos del idealismo alemán, asistiendo a seminarios dictados Dieter Henrich y Hans-Georg Gadamer. A principios de la década siguiente, inicia su doctorado en Yale University, donde asiste a clases sobre Hegel, Marx, Heidegger, Kierkegaard, Merleau-Ponty y la Escuela de Frankfurt. En 1984 se doctora con la tesis “Subjects of Desire”, en la que se ocupa del concepto de deseo (Begierde / desire) en la Ph. y las apropiaciones de Alexandre Kojève, Jean Hyppolite y Jean Paul Sartre.[2]
Para aquel entonces, fines de los 70 y principios de los 80, Butler tenía conocimiento de la filosofía post-estructuralista, aunque no constituía parte de su objeto fundamental de indagación.[3] Concurrió también a seminarios dictados por Jaques Derrida, a clases del belga Paul de Man y se introdujo en la lectura de Michael Foucault en el marco de un seminario interno sobre estudios de la mujer (SD: 9-10). No obstante, su atención continuaba centrada en Hegel, la tradición fenomenológica, la hermenéutica, la Escuela de Frankfurt y el idealismo alemán. Su interés definitivo por a la teoría francesa se produce cuando termina sus estudios en Yale University. En 1983 gana una beca posdoctoral de tres años que radica en Wesleyan University, institución en la que también oficia como profesora visitante. En el Centro para las Humanidades se acerca a la teoría crítica francesa. En ese momento, revisa su tesis doctoral, le agrega los capítulos dedicados a Deleuze, Lacan y Foucault, y la re-titula Subjects of Desire. Hegelian Reflections in Twentieth-Century France (SD: 9-10). Columbia University Press publica esta versión en 1987.
Sin embargo, este “giro hacia la filosofía francesa” no debe comprenderse como un distanciamiento de Hegel. Al respecto, en el prefacio a la segunda edición de SD, sostiene:
Mi interés en el legado hegeliano no terminó, por cierto, con la publicación de este libro. He dictado cursos sobre Hegel y teoría contemporánea, y sigo interesada en la manera en que se lee y malentiende a Hegel con la irrupción, el establecimiento y la difusión del estructuralismo. En cierto sentido, todo mi trabajo sigue inscripto dentro de la órbita de un conjunto de preguntas hegelianas: ¿Cuál es la relación entre el deseo y el reconocimiento, y a qué se debe que la constitución del sujeto suponga una relación radical y constitutiva con la alteridad? (SD: 19).
SD es el libro en el que Butler sienta las ideas fundamentales que conforman su interpretación de Hegel, las que retoma, complejiza y amplía en sus textos posteriores. En dicha obra se encuentran referencias explicitas no sólo Siep y Findlay, sino también a Rosen (1974), quien -junto con Taylor, al que también refiere- constituye uno los mayores representantes de los estudios hegelianos norteamericanos de la década del 70. En este sentido, la lectura que Butler realiza de Hegel, y en particular de la Ph., presenta una interpretación estadounidense del idealismo hegeliano que, ubicada entre las lecturas de los 70 y las normativistas que comienzan a principios de los 90, tiene rasgos propios.
II. Clasificación de los estudios butlerianos sobre Hegel
El estudio de Butler sobre el pensamiento de Hegel se encuentra diseminado en varios de sus textos. En ninguno de ellos, la autora realiza un tratamiento estrictamente exegético de la obra del filósofo alemán. Sus abordajes pueden dividirse en (a) hermenéuticos y (b) apropiativos.
Tomando en consideración los textos fuente primarios de esta investigación, SD y SC constituyen análisis hermenéuticos de la Ph., especialmente de la primera parte del capítulo IV, “Die Wahrheit der Gewißheit seiner Selbst” (Ph., 103-116). De la primera de las obras mencionadas, ya hemos hablado en el apartado precedente. Lo que debemos agregar ahora es que SD consta de dos partes generales. La primera de ellas está compuesta por los dos Prefacios, la Introducción y el Capítulo I, secciones en las que Butler desarrolla su propia lectura de la Ph. La segunda parte, en la que se ubican los Capítulos restantes, consta del análisis butleriano sobre la recepción francesa de Hegel. Nuestra investigación se centra en la primera de estas partes, puesto que Butler expone allí su interpretación sobre el tema que nos ocupa.
SC, por su parte, reúne el diálogo entre Butler y Malabou a propósito de la dialéctica hegeliana del señorío y la servidumbre que se desarrolla en la sección A del Capítulo IV de la Ph., “Selbständigkeit und Unselbständigkeit des Selbstbewußtseins; Herrschaft und Knechtschaft” (Ph., 109-116). El libro se compone de 4 artículos, dos de cada una de las autoras, en los cuales establecen una discusión centrada en el problema de la independencia de la autoconciencia.
Dentro de los tratamientos hermenéuticos – que examinaremos en este trabajo- se encuentra también el primer capítulo de PLP, “Stubborn Attachment, Bodily Subjection. Rereading Hegel on the Unhappy Consciousness” (PLP: 43-74). En este texto, Butler vuelve sobre la dialéctica del señorío y la servidumbre, pero extiende su estudio a la conciencia desventurada, cuya exposición tiene lugar en la sección B del Capítulo IV de la Ph., “Freiheit des Selbstbewußtseins; Stoizismus, Skeptizismus und das unglückliche Bewußtsein” (Ph., 116-161).
Los restantes abordajes de Butler sobre Hegel son apropiativos. Esto quiere decir que Butler se sirve de ciertas ideas de Hegel para pensar los problemas netamente contemporáneos que le interesan. En este segundo grupo se encuentran CHU y GA. El primero de estos libros compila trabajos de Butler, Laclau y Žižek, en los cuales los autores dialogan entre sí sobre teoría política y teoría social contemporánea, tomando como centro de análisis la noción gramsciana de “hegemonía”. GA, como ya hemos tenido la oportunidad de indicar, reúne una serie de trabajos originados en el marco de un seminario docente dictado por Butler en la Universidad de Princeton, en el año 2001. Antes de su publicación, estos trabajos fueron presentados en las Conferencias Adorno del Instituto de Investigación Social de Frankfurt am Main de la Goethe-Universität y discutidos por Axel Honneth. En el caso del Capítulo I, que es el que nos interesa, Butler se ocupa de los problemas de la identidad y el reconocimiento desde el marco social contemporáneo. Por último, cabe agregar entre los abordajes que consideramos apropiativos la “Introduction” de PLP, obra que también reúne diversos artículos en los que estudia distintas problemáticas vinculadas al problema del sometimiento. Las relaciones que establece entre Foucault y Hegel en la introducción de ese libro, y que retoma en el primero de los artículos, se centra en la cuestión de la sujeción, tema que será desarrollado en el tercer capítulo de esta Segunda parte.
- Cfr. Easton (1966).↵
- La disertación se tituló “Recovery and Invention: The Projects of Desire in Hegel, Kojève, Hyppolite, and Sartre” y el abstract está publicado en Dissertation Abstracts International, 46(3A), 727-A,1985.↵
- En el prefacio a SD de 1998, Butler admite haber estado influenciada por la opinión de Natanson, para quien el límite de la filosofía francesa se halla en la obra de Jean Paul Sartre y en algunas consideraciones de Maurice Merleau-Ponty (SD: 9).↵







