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Josefina Plá, silueta de una historiadora en el Paraguay

Liliana M. Brezzo

Cuando uno es muy joven piensa que las personas mayores son muy viejas. Hoy, haciendo cálculos, veo que Josefina Plá tenía solo cincuenta y siete años cuando la conocí y, si me pareció muy anciana, fue porque yo tenía 14 años. Fue en 1960, el año en que ella publicó su poemario La raíz y la aurora, que me dedicó al encontrarnos por primera vez en el cumpleaños de Roque Vallejos, entonces un estudiante del colegio San José.

De este modo, el consagrado escritor Guido Rodríguez Alcalá describe su encuentro con Josefina. Situándose como uno de sus discípulos intelectuales, subraya el papel decisivo que tuvo en la edición de Apacible fuego (1966), su primer poemario. Y lamenta no haber podido vencer su reticencia para redactar unas memorias personales, que hubieran podido unir los eslabones perdidos en la cadena de acontecimientos de la historia cultural del Paraguay en el siglo XX: ¿cómo fue su participación en el influyente círculo literario La Colmena?; ¿cómo se desarrolló el programa cultural radial que tuvo en la década del treinta?; ¿qué hacía ella en el diario El País en los años cuarenta?; ¿cómo sobrellevó la larga noche cultural de Morínigo y de Stroessner?[1]

Sin poder disponer de ese testimonio completo y autorizado, Josefina Plá dejó, sin embargo, un sinnúmero de escritos autobiográficos. Por ejemplo, la brevísima “autosemblanza” que entregó al escritor uruguayo Ramón Bordoli Dolci y que este dio a conocer en su tesis doctoral, en la que enumera los hechos decisivos de su vida: el haber nacido junto al mar, cuyo color y rumor “me tatuaron en algún lugar del ser, ciertos símbolos o cifras de emoción de las cuales me resulta difícil desprenderme como de mi propio nombre”; el hecho de que su padre dispusiera de una biblioteca, donde su “escondido afán de lectora no discriminaba títulos, aunque sí formaba enseguida sus preferencias”. Y el definitivo “disparate” de enamorarse del ceramista paraguayo Andrés Campos Cervera (1888-1937), la razón determinante por la que vino al Paraguay: “… fue la segunda experiencia capital de mi vida, luego de la del nacimiento; con la diferencia que de ésta no me acuerdo y de la otra no me podré nunca olvidar”.[2]

También, conocemos una de las últimas versiones de su curriculum vitae que proporcionó al estudioso José Vicente Peiró Barco. Sus veintinueve páginas con párrafos escritos a un espacio “dan que pensar”, observa Peiró, sobre todo “cuando las obras que en ella figuran se traman en un país tan poco proclive a tener autores con una obra extensa como es Paraguay”.[3] Examinando las distinciones y los homenajes que Josefina Plá enumera en esa hoja de vida, además de dama de honor de la Orden de Isabel la Católica, se encuentran la de haber sido exaltada como miembro de la Academia Internacional de Cerámica (con sede en Ginebra), miembro fundador del Pen Club paraguayo, ganadora del Trofeo Ollantay a la investigación teatral de Venezuela (1984), mujer paraguaya del año (1977), medalla del Bicentenario de los Estados Unidos de América (1976), consejera del viceministro de Cultura paraguayo, haber sido investida de la Orden Nacional al Mérito en el Grado de Comendador del gobierno de Paraguay (1994); fue distinguida por la defensa de los derechos humanos por la Sociedad Internacional de Juristas y acreedora a la Medalla de Oro de las Bellas Artes de España (1995). Añade el ser miembro de la Academia Paraguaya de la Lengua y sus análogas de la historia paraguaya y española, además de otras menciones relevantes, como llegar a ser finalista en el concurso de méritos para el Premio Príncipe de Asturias en 1981, así como su postulación y candidatura para el Premio Cervantes entre los años 1989 y 1994, recordando que en 1989 lo obtuvo Augusto Roa Bastos. A través de este curriculum, se puede construir, en parte, su identidad como literata, pintora, ceramista, dramaturga, historiadora, periodista y bordadora de tejidos típicos paraguayos.[4]

Asimismo, en El espíritu del fuego, la biografía que dedicó a Julián de la Herrería, se cuelan reliquias autobiográficas, como cuando Josefina Plá compara sus sentimientos con relación a los dos viajes que realizaron juntos a España: una primera estancia, entre los años 1929-1932, alegre, porque supuso el reencuentro con su familia en Valencia. El segundo, fatídico, el de los “días amargos”, porque conllevó la muerte del esposo, “a las once y media del 11 de julio de 1937, un domingo espléndido de sol”, en el que, luego de acompañar el féretro al cementerio contra toda costumbre de la época, tomó la decisión de regresar definitivamente al Paraguay.[5]

Reponer los escritos autobiográficos de Josefina Plá es un buen menú académico para internarse en su trayectoria intelectual y artística, facetas que, por otra parte, ya han sido encaradas, desde algunos ángulos, por un conjunto de investigaciones relevantes. Estas coinciden en subrayar que su vida en el Paraguay representa un núcleo fundamental de pensamiento y creación. Intelectuales paraguayos coetáneos a Josefina Plá, como Roque Vallejos, Hugo Rodríguez Alcalá, Francisco Pérez Maricevich, Augusto Roa Bastos, Renée Ferrer, Guido Rodríguez Alcalá, Miguel Ángel Fernández, Milda Rivarola, ya aportaron datos y argumentos sobre sus ideas y sus espacios de actuación profesional.[6] Otros estudiosos hicieron, de su obra narrativa y poética, objeto de sus propias investigaciones, como la ya mencionada monografía doctoral de Ramón Bordoli Dolci en la que demuestra “el lugar de jerarquía” que Josefina Plá ocupaba en el panorama literario paraguayo a mediados del siglo XX. También, la indagación de José Vicente Peiró Barco sobre la narrativa paraguaya contemporánea la sitúa como una mujer de avanzada, precursora de la literatura feminista, en el sentido de que su obra estuvo atravesada por la reivindicación de los derechos y la problemática individual y diferenciada de la mujer. En esa dirección, Peiró distingue algunas de las características estrictamente paraguayas que, según entiende, contiene la escritura de Plá, como la condena del casamiento sin amor de la joven con hombres maduros por imposición familiar, la adopción del apellido del esposo que desvirtúa la propia personalidad de la mujer, y el enclaustramiento a las funciones sociales asignadas tradicionalmente, como la maternidad, la complacencia y acatamiento familiar, y las labores del hogar. En ese sentido, concluye, Josefina Plá rompió moldes tradicionales y, favorecida por su condición de extranjera, logró que sus actividades fueran aceptadas, aunque con reticencias.[7]

Ángeles Mateo del Pino, incansable conocedora y pródiga divulgadora de la obra de Plá, acometió, además de su propia investigación doctoral, la publicación de textos significativos como Josefina Plá. Latido y tortura (1995), Josefina Plá. Los animales blancos y otros cuentos (2001) y Josefina Plá. Sueños para contar. Cuentos para soñar (2002), en el que recupera el cuento “La sombra del maestro”, que la escritora publicó en la revista Juventud en 1926, un año antes de llegar al Paraguay.[8]

El interés por ahondar en los logros literarios y artísticos de Josefina Plá no cesa, como lo manifiesta el estudio que acometió Francesca di Meglio, Una muchedumbre o nada. Coordenadas temáticas en la obra poética de Josefina Plá, en el que no rehúye territorios difíciles de espigar como el nacimiento del hijo biológico de la escritora, al que crio sola, o las ideas políticas que condicionaron, qué duda cabe, su producción literaria.[9] También están disponibles las contribuciones de Mar Langa Pizarro, en las que ubica a Josefina Plá como inspiradora de las escritoras del Paraguay contemporáneo,[10] el bosquejo biográfico de Daiane Pereira Rodrigues, La imposible ausente. Biografía de Josefina Plá (2019) y el monográfico de Yasmina Yousfi López, La isla desconfigurada: Josefina Plá y la renovación teatral en Paraguay, en el que analiza el lugar de la escritora en el desarrollo del teatro paraguayo.[11]

Augusto Roa Bastos la consideró su amiga y maestra, como lo testimonia en el prefacio que preparó con motivo de la edición del volumen de cuentos infantiles Los animales blancos y otros cuentos, en el que la define como la descubridora de la realidad artística paraguaya “en relación con la vida histórica y cotidiana de nuestra colectividad. Maestra ejemplar, ella misma, en las artes y en las letras, de quien muchos de nosotros –entre ellos, yo mismo– nos honramos de haber sido sus discípulos”.[12]

Sin embargo, faltan aún estudios que rescaten a Josefina Plá como historiadora, que hagan un análisis de sus ejes temáticos y de los hilos conductores de sus escritos sobre la historia social y cultural paraguaya, así como de sus ramificaciones: la historia del libro, la inmigración de españoles, británicos e italianos, la esclavitud y la presencia de afrodescendientes antes y después de la emancipación política, la evolución de las técnicas y de los estilos de la cerámica popular, la historia del teatro. Más aún, para poder calibrar su lugar en la historiografía paraguaya, es preciso estudiar tanto aquellos textos que vieron la luz de la imprenta como los escritos que permanecen inéditos en su archivo. Habrá que tener en cuenta, además, el contexto político y social en el que produjo sus obras y, más difícil aún, calibrar la perdurabilidad de su discurso histórico. En fin, acerca de las circunstancias de la conservación de los papeles personales de Josefina Plá, José V. Peiró Barco ya nos alertaba luego de una visita que le hiciera a su casa en Asunción:

Más tristeza sentí cuando me enseñó su desordenado archivo. Los gatos dormían placenteramente entre papeles, libros y periódicos. Un archivo tan importante destrozado por el tiempo, las fieras y el desorden. Doña Josefina fue una mujer de carácter fuerte, dominante, y nunca dejó que le ordenaran sus asuntos, papeles y trabajos. Por eso pudo soportar el ser una gran poetisa metida en una sociedad fuertemente dominada por el hombre, como la paraguaya. Y con la vejez el carácter se acentúa y se vuelve irreversible. Si leemos su relato titulado La muralla robada descubrimos su terror a que le hurtaran todas sus pertenencias, incluso tras los muros de su casa. De ahí que no fuera de extrañar encontrar su archivo abandonado y sin posibilidad de integrar los fondos de alguna biblioteca importante.[13]

Felizmente, en el año 2007, con ocasión de publicar, póstumamente, el escrito de Josefina Plá titulado La gran infortunada. Alicia Elisa Lynch, la Universidad Católica de Asunción daba cuenta de haber recibido, en calidad de legado, “la biblioteca y el patrimonio documental de la escritora”, siguiendo la voluntad expresada en su testamento. De este modo, podemos comprobar que el acervo personal está compuesto por borradores de textos que vieron la luz de la imprenta, con las correspondientes revisiones de puño y letra de la autora; versiones mecanografiadas de sus estudios históricos que aún permanecen inéditos, cartas familiares, impresos de índole diversa, como los guiones de los programas radiales que condujo en los años cuarenta, así como extensas respuestas que elaboró para cuestionarios sobre su trayectoria profesional. Precisamente, en lo que se refiere a estos últimos, hemos podido reponer, en una exploración iniciática, una serie de escritos breves que Josefina Plá redactó en primera persona y que llevan distintos títulos: “Cómo me veo” (incompleto y sin fecha), “Contestación a un cuestionario” (1965), “Respuesta a un cuestionario para un diario (no recuerdo cuál)”, “Cuestionario alumnos Colegio Acuña de Figueroa”, “Para la señora Mariel, de Montevideo” (1982), “Entrevista de Almada Roche”, “Guión bio bibliográfico” (1968). A través de estos textos, escuetas modulaciones del yo, pretendemos trazar una silueta de Josefina Plá como historiadora, distinguir algunos de sus rasgos significativos.

Conocía el Paraguay “más que muchos”

María Josefina Teodora Plá Guerra Galvany nació en la isla de Lobos (Canarias), el 9 de noviembre de 1903. El que la madre diera a luz allí mismo se debió a la profesión del padre, Leopoldo Plá, encargado de mantener el faro. Josefina viviría allí hasta los cinco años, con la presencia de los libros de la biblioteca del padre, la compañía de su madre, Rafaela Galvany y Sánchez, y de sus hermanos, cuya cantidad y composición no hemos podido aún esclarecer. Un traslado del padre determinó que la familia abandonase las islas Canarias para proseguir por Guipúzcoa y luego por Almería, Murcia y Valencia. Ese ir y venir le impidió a Josefina frecuentar regularmente la escuela, por lo que completó la enseñanza hasta el bachillerato comercial de forma libre, empezando a los once años.[14]

Aspectos significativos de su niñez se revelan en el artículo “Pez de barro”, en el que Mar de los Ríos da cuenta de la relación epistolar de Josefina Plá con su amiga Julita, hija también de otro farero y nacida, como ella, en la isla de Lobos. Las cinco cartas de Josefina a Julita, que De los Ríos transcribe, tienen fecha de abril-setiembre de 1914. Con apenas once años, y debido al trabajo de su padre como torrero de faros, la familia se había trasladado a la isla de Alborán, un pequeño islote en el Mediterráneo, a 50 millas de la península, donde vivió durante toda la primavera y el verano en el que estalló la Primera Guerra Mundial, para luego trasladarse a Garrucha, un pueblo de Almería. En ese lugar de remitente, comprobamos su precocidad en la lectura. Viviendo en un entorno tan aislado, a su confidente, con la que se cartea dos veces por mes, le comenta que está leyendo la primera novela de la poeta y escritora Rosalía de Castro (1837-1885), La hija del mar, publicada en 1859:

Querida Julita, aquí tu amiga Josefina Plá, puntual a nuestra cita quincenal. Me decías en tu anterior carta que te contase mi experiencia más a fondo, que te hablase sobre esto de vivir en medio de la nada. Bueno, la nada se llama el Mediterráneo, guapa. Pero para que te hagas una idea, en la Isla de Lobos donde nacimos las dos, caben casi sesenta y cinco Islas de Alborán. Si te parecía pequeño nuestro pueblito, si pensabas que era una hazaña cruzar hasta Fuerteventura para dar un largo paseo, te diré que llegar hasta este enclave sí que ha sido aventurado. Esto es simplemente un jardín ventoso del que no se puede escapar, pero sin una sola palmera. Estamos a cincuenta millas de la península, o sea, a casi unos noventa kilómetros de Almería.
Lo bueno: que como tengo todo el tiempo del mundo intento sacarle partido a cada cosa que emprendo cada mañana. Lo malo: que cuando azota el viento, algo común, es mejor quedarse a cubierto intentando viajar a otros mundos. Me gusta mucho Rosalía de Castro, su poesía, aunque ahora estoy leyendo su primera novela: La hija del mar. La verdad es que la lectura ha sido mi madero de náufrago en este primer mes.[15]

Y fue allí donde tuvo su primera experiencia con la cerámica:

Te cuento: En el último suministro de hace diez días, otra de las familias había pedido arcilla para hacer cacharros. Una de las mujeres de los torreros es hija de alfarero y ha decidido montar un taller para mantener distraída a la chiquillería. Mi madre me llevó a rastras el primer día. Las demás veces he ido yo sola. He descubierto cuán feliz me siento diseñando dibujos sobre los platos o jarrones que modelamos. Se me pasan las horas volando como con ninguna actividad. La señora Maruja dice que no se me da nada mal esto de decorar cerámica y mi madre quiere que le haga una vajilla de doce servicios. Ya me ha dicho la señora Maruja que le diga a mi madre que se tendrá que conformar con cuatro platos llanos y una fuente.
Te sigo echando mucho de menos, Julita, y espero que me escribas al recibir la presente y me cuentes con detalle cómo es eso de que te haya bajado el periodo por primera vez. Mi madre no me habla de ese tema y cuando le he dicho que tú ya lo tenías, solo me ha contestado que disfrute mientras llega la maldición divina.
No tardes en contestarme, tus cartas junto con la arcilla son ahora el agua dulce que me calma la sed.[16]

También, tuvo en Alborán su primer “novio”, hijo de otro farero y dos años mayor que ella. A Manuel le dedicó unos versos y una de sus primeras piezas modeladas en barro a modo de regalo de despedida, pues, a principios de septiembre de 1914, se trasladaron a Garrucha, un pueblo de la costa de Almería:

Querida Julita, tu amiga Josefina se ha echado novio. Como lo oyes. Manuel se me declaró en la noche más hermosa y corta del año y yo no he podido decirle que no. ¿Todavía no te había descrito lo mágico de vivir en la frontera de la tierra? Es lo mejor de Alborán. El sol parece que nos saluda los primeros de la mañana de todo el planeta y nos toca con sus dedos largos con la última luz del día, la más bonita. Pero estos cielos estrellados de verano, ay, Julita, estos no los había visto nunca. Y si debajo de ellos besas a un chico bueno que te quiere, entonces una piensa que está en el paraíso. Yo sé que Manuel no es un muchacho hecho para mí, a pesar de que le guste escuchar mis poesías y le encante complacer mis caprichos de soñadora. No entiende de nada que no sea de cangrejos y lapas, pero sabe aparentar que le interesan mis cosas. Su pelo huele siempre a petróleo, ayuda a su padre con la luz del faro en su turno y cuando me acerco a sus labios, saben a sal. Me dices que te lo describa. Bueno, es moreno de piel. Tiene un pelo como de guanche, muy brillante y oscuro y quizá sea lo que más me atrae de su estampa, cuando con un golpe de cabeza se quita el flequillo de los ojos. Delgado como una anguila, sin embargo, tiene brazos y piernas muy fuertes. Es capaz de cogerme en peso, aunque no sea más alto que yo. Le he hecho una poesía que le di ayer y me dijo que la guardaría para siempre debajo de la piedra más alta de la torre del faro. Manuel no sabe hilar muchas palabras seguidas, pero cuando me dice esas cosas, es como si fuera una especie de hijo de Neptuno, algo así como un viento fuerte. ¿No es romántico?[17]

Fue en 1924 cuando el ceramista y artista paraguayo Andrés Campos Cervera, con 35 años, después de un viaje de estudios por España, tomaba vacaciones en Villajoyosa, Alicante. Allí conoció a Josefina. Y se enamoraron. La familia Plá se opuso, por la diferencia de edad y por el modo de vida, entre las artes y la bohemia, de Andrés. Los familiares de él tampoco vieron con buenos ojos a aquella muchacha a la que llamarían “gitana tiñosa y advenediza”.[18] Pero esto no fue impedimento para que continuaran el noviazgo. Al poco tiempo, Campos Cervera terminó su estadía becada y volvió a Asunción. La pareja siguió comunicándose por cartas, y, el 17 de diciembre de 1926, se casaron por poder.

Josefina Plá viajó al Paraguay para reunirse con su marido en marzo de 1927. Dejaría constancia de esto al responder a una pregunta sobre si conocía algo del país antes de su llegada:

Más que muchos. Y por casualidad, si se quiere. Casualidad llamo al hecho de que mi padre fuese un lector de historia y entre sus lecturas, de que nos hacía partícipes, en las veladas de invierno, estuviesen capítulos como los referentes a las Misiones Jesuíticas del Paraguay.[19]

Durante el primer año, se dedicó “al aprendizaje de cerámica en Villa Aurelia”,[20] la quinta de la familia de su marido, que fijaron como residencia, y escribió su primera pieza de teatro: Víctima Propiciatoria. Luego, el matrimonio se mudó a una vivienda situada en la calle Estados Unidos, esquina con República de Colombia. Josefina entró a trabajar como redactora en el periódico El Orden y, poco después, en La Nación. Según su propio relato, uno de los responsables de El Orden “se enoja y me borra de su plantilla” al conocer que había aceptado empleo en La Nación.[21]

Al año siguiente, ayudó a su esposo a realizar los paneles del palacete de Rigoberto Caballero en Asunción y a preparar la exposición de cerámica que realizaron en los meses de junio-julio en el Gimnasio Paraguayo, cuya venta les permitió viajar a España y permanecer allí dos años. También, publicó algunos cuentos escritos antes de su llegada al país, de los cuales, confesaría años después, “estoy muy arrepentida, aunque puedo disculparme pensando que muchos de ellos fueron escritos a los 15 o 16 años”. El matrimonio viajó a España en octubre de 1929 para establecerse en Galicia y, luego, en Málaga, donde trabajó intensamente en cerámica; fue un tiempo “sin diversiones. No escribí ni una línea”, recordaría Josefina tiempo después.[22] En el mes de diciembre de 1931, realizó una exposición conjunta con su esposo en el Ateneo de Madrid, pasaron una temporada en Almería y regresaron al Paraguay en marzo de 1932.

En abril, entró a trabajar como secretaria de redacción en El Liberal, en el que tuvo a cargo una sección fija que tituló “Glosario cotidiano”, que siguió hasta el inicio de la guerra del Chaco, a mediados de 1932. A partir de ese momento, su trabajo se multiplicó enormemente pues algunos miembros del personal del diario fueron al frente de guerra y entonces ocupó su lugar. Además, colaboraba en El Orden, que cambió de nombre por El País. El 29 de noviembre, estrenó la obra teatral Episodios Chaqueños, en coautoría con el dramaturgo Roque Centurión Miranda. En los meses que siguieron, participó en la exposición de artistas paraguayos en Buenos Aires y en la organización del Primer Salón Paraguayo de Primavera, en el Ateneo Paraguayo. En el año 1933, escribió, también en colaboración con Centurión Miranda, Desheredado.

Cuando, a principios de 1934, el director del diario El Liberal, Efraím Cardozo, viajó a Río de Janeiro a trabajar en los archivos históricos de esa ciudad sobre el pleito chaqueño, la dejó en su lugar. Esto molestó a algunos miembros de la hoja periodística, quienes, para manifestar su descontento, encontraron, según testimonio de Josefina, “el cómodo recurso de declararse en huelga y dejarlo todo sobre mis espaldas”;[23] sin embargo, pudo sobrellevar la labor durante los ocho meses que duró la ausencia de Cardozo. En su casa, continuaba trabajando en cerámica, ayudando a su esposo a realizar las piezas para una muestra que inaugurarían poco después en Buenos Aires, en compañía de Jaime Bestard. Y en setiembre alcanzó a publicar El Precio de los sueños, su primer poemario, poco antes de embarcarse nuevamente hacia España. En Manises, Valencia, los esposos trabajaron animosamente: “… ayudo a mi esposo a realizar sus piezas y realizo además piezas de serie para ayudar a mantener la casa”.[24] En 1936, mientras pasaban una temporada veraniega en Castellón, antes del regreso al Paraguay, los sorprendió el inicio de la guerra civil; perdieron el viaje en el barco San Antonio, donde tenían pasaje. Se resignaron a seguir en Manises algún tiempo, acreciendo la colección en cerámica en la cual figuraba “una vajilla con motivos populares paraguayos de doscientas cincuenta piezas” y, según dejó apuntado Josefina, “a sufrir las privaciones crecientes y las inquietudes, mientras encontramos una manera de volver al Paraguay, cosa que no logramos a pesar de todas las gestiones el resto del año”. Julián de la Herrería enfermó y murió en forma casi fulminante sin haber podido comunicarse con los parientes y amigos de América de los cuales podría haber venido una solución para regresar. Las privaciones debidas a la guerra civil aumentaron y, al cesar la beca de su esposo, Josefina se encontró totalmente sin recursos: “Vendo poco a poco todos mis objetos personales para subsistir y poder pagar los varios viajes que hago a Valencia, Barcelona, en gestiones siempre fracasadas para poder salir de España. Por supuesto no escribo absolutamente nada”.[25]

La decisión de Josefina Plá de regresar al Paraguay entreabre interrogantes. ¿No veía futuro alguno para ella en España? ¿Fue la guerra civil española la que determinó su regreso? ¿Se la puede incluir en la emigración republicana? Como ya es conocido a través de estudios muy bien documentados, la elección del Paraguay como país de destino de los exiliados que huían de la guerra no respondió a ningún proyecto de solidaridad interestatal. Participaron en la acogida las asociaciones constituidas después de la primera emigración de españoles durante el primer tercio del siglo XX: la Sociedad Española de Socorros Mutuos de Asunción del Paraguay (SESMAP), la Sociedad Recreativa España y el Centre Catalá de Asunción, vinculado a otras instituciones catalanas como el Casal Catalá de Buenos Aires o el Centre Catalá de Montevideo. Por esta razón, durante la guerra civil, la SESMAP se unió al Centre Catalá y a la Sociedad Recreativa de España para recaudar conjuntamente fondos para la Cruz Roja española. Con relación a esto, también se tiene constancia del vínculo de dichas asociaciones con la Agrupación de Amigos de la República Española, fundada en Buenos Aires por el Centro Republicano Español con el fin de centralizar los apoyos durante la contienda. La vía de acceso al Paraguay era, en cualquier caso, Argentina, el país de la zona más solicitado por los exiliados, pero cuyo gobierno generó políticas de inmigración que imponían restricciones al flujo migratorio derivado de la diáspora de desterrados. Algunos de los refugiados que no tenían cartas de llamada de familiares, pero sí disponían de capital, podían recurrir a la compra de visas para Bolivia, Paraguay, Uruguay y Chile, que ponían menos dificultades que Argentina. Así surgió un negocio lucrativo que hizo posible la compra de estos documentos en el mercado negro, a través de los cónsules de Bolivia, Chile o Paraguay o de intermediarios europeos.[26] La estrategia consistía en ingresar a Argentina a través de esos países, lo cual resultaba más simple, o aprovechar directamente la escala en Buenos Aires para establecerse allí, habiendo presentado antes un visado de tránsito a los territorios vecinos. En cualquier caso, Paraguay, aunque se presentaba como un destino alternativo para los exiliados, resultó solo en contadas ocasiones una opción real.

Atendiendo a lo expresado, Eduardo Tamayo Belda incluyó a Josefina Plá, no sin prudencia, en una nómina de exiliados españoles en el Paraguay que elaboró trabajosamente, y en la cual figuran el ingeniero y director teatral Fernando Oca del Valle, el jurista Guillermo Cabanellas de Torres, que vivió en Paraguay de 1938 a 1944, el empresario cultural José Marcos Blázquez, el periodista Avelino Rodríguez Elías, que llegó en 1936 y permaneció en Asunción hasta su muerte, en 1958, el empresario Genaro Escudero Pérez, que alcanzó notoriedad por su gestión en el Hotel Colonial, y, como dirigente en el club de fútbol Libertad, el artista y escritor Isidoro Calzada, quien vivió en el Paraguay de 1967 a 1982. Figura también en ese listado la miliciana republicana Adela Estanislaa Dueñas Guerrero, esposa del brigadista paraguayo Víctor Manuel Martínez Ramírez, que llegó al Paraguay en 1940. Con relación al caso particular de Josefina Plá, sostiene Tamayo Belda que, en principio, no la abordó como exiliada republicana en el Paraguay “aunque Plá simpatizara con la causa republicana y se mostrara favorable a la democracia”, puesto que su inclusión podría admitir algunos matices por su fuerte vinculación previa al país. Sin embargo, al encontrarse en España en 1938, en plena guerra civil “puede ser también razonable considerarla exiliada republicana”.[27] Más decididamente, Yasmina Yousfi López condujo una reflexión amplia acerca de la vinculación de Josefina Plá con el exilio republicano de 1939 y sobre los factores que, a su entender, “confluyen y evidencian su condición de intelectual exiliada”.[28] Se puede sostener, simplemente, que, ante la muerte del esposo y de las circunstancias sociales en España, decidió regresar, motu proprio, al Paraguay, no como una exiliada, sino simplemente como quien retorna a un país en el que se hallaba afincada desde 1927, y en el que confiaba poder rehacer su vida. Ante la pregunta “¿Cuándo se radicó en el Paraguay?”, que le formularon unos alumnos del colegio Acuña de Figueroa de Asunción, Josefina Plá respondió: “Al morir mi esposo me radiqué en el país, si cabe decir, nuevamente. Fue como un voto a su memoria, que dura ya 58 años”.[29] También, en una entrevista que le hiciera el diario Última Hora, quiso hacer constar: “Yo no elegí Paraguay como centro de mi existencia. Encontré aquí mi programa vitalicio como hecho a mi medida. No sé decir concretamente a que se debió que yo viuda no volviese a las Canarias”.[30]

El 5 de marzo de 1938, Josefina Plá salió de Barcelona rumbo al Paraguay, tras dejar la colección de cerámica de su esposo en el Museo de Valencia, así como otras piezas y objetos personales como fotos, papeles de familia y “una biblioteca valiosa”. Llegó a Asunción el 10 de abril y, de inmediato, para obtener algún ingreso de dinero, organizó unas clases de cerámica en su casa a las cuales concurrían “algunos niños”. Con eso se ganó la vida por algún tiempo hasta que comenzó a trabajar en PROAL (Pro-Arte y Literatura), primer diario radial de cultura en el Paraguay. Allí daba a conocer, acompañados de breves comentarios, poetas hasta entonces desconocidos en el país como Federico García Lorca y Miguel Hernández. Colaboraba, al mismo tiempo, en los trabajos de promoción del teatro paraguayo que realizaba la agrupación La Peña y acompañaba al escritor Roque Centurión Miranda en sus gestiones para la creación de una Escuela Municipal o Estatal de Arte Escénico. Los dos autores escribieron, en coautoría, La hora de Caín.

En junio de 1939, ingresó como secretaria de redacción de El Diario, y dio a conocer colaboraciones en la revista Guarán. Cuando el 7 de setiembre de 1940 falleció trágicamente en un accidente de aviación el presidente del Paraguay, general José Félix Estigarribia, se cerró El Diario y Josefina tuvo que quedarse en casa, “a comerme las uñas”,[31] mientras avizoraba un nuevo empleo.

Consta que, en los años que siguieron, interactuó con integrantes del grupo de exiliados republicanos en el Paraguay, e incluso se enfrentó a ellos: coincidió con Cabanellas y Rodríguez Elías en sus respectivas labores como articulistas en el diario El País y participó asiduamente de las tertulias en la librería La Esfera, que se convirtió en lugar de sociabilidad asuncena y a cuyo fundador, el inmigrante catalán Ramón Solé, le dedicó un capítulo en su libro Españoles en la cultura del Paraguay. Allí, Josefina anoticia que Solé era representante en el Paraguay de las principales casas editoriales de Buenos Aires, que recibía ejemplares aprovechando los envíos de mercancías que llegaban a Asunción dos veces por semana desde Argentina, y que Solé era quien abastecía a las librerías del interior del país.[32] Se hizo notorio también, por esa época, el distanciamiento que existía entre Josefina Plá y el representante de la diáspora cultural de la España republicana, Fernando Oca del Valle, quien entre 1940 y 1947 estuvo a cargo de la compañía de comedias del Ateneo Paraguayo. José Vicente Peiró Barco explica que, al ocupar un rol principal en la Escuela de Arte Escénico, Josefina Plá “nunca actuó en favor de Oca del Valle, aunque le apoyó en algunos momentos difíciles”. Sin embargo, Josefina Plá y Roque Centurión Miranda, en colaboración, obtuvieron el primer premio del Ateneo Paraguayo, en 1942, con la obra Aquí no ha pasado nada, siendo ya Oca del Valle el hombre fuerte de teatro en esa entidad.[33] Según dejó apuntado la escritora, “los pesitos del premio ayudan a solventar la situación” en un año “negro”[34] en el plano económico.

Durante 1943 comenzó a escribir la biografía de su esposo; su panorama económico mejoró porque la llamaron para redactar unos guiones radiales sobre sucesos vinculados a la Segunda Guerra Mundial; también el Centro Anglo Paraguayo le encargó una sección fija para El País bajo el título “Detrás de los Titulares”. Finalmente, el Estado paraguayo dio su apoyo financiero para el inicio de actividades de la Compañía Paraguaya de Comedias, bajo la dirección de Centurión Miranda.

En ese año, Josefina Plá, junto a Augusto Roa Bastos y Hérib Campos Cervera, fundó el cenáculo Vyá Raity (‘nido de la alegría’). Josefina se encargaría de definirlo muy bien:

… no era un grupo en el sentido de tener programa o plan. Tenía, tal como yo lo sentí e interpreté, un slogan pocas veces traído a cuento, precisamente porque todos lo llevábamos dentro, y era el mismo del grupo Arte Nuevo: unidos para hacer cada cual aquello que más se siente llamado a hacer. Diversidad de rumbos en unidad de propósito. Y este propósito resumido: la liberación individual en la poesía”.[35]

También limitó a “cinco como los dedos de una mano” a sus fundadores: “Roa, Hérib, Elvio, Hugo y Ferreiro. Yo no me cuento porque las reuniones eran principalmente de noche y yo no podía mayormente asistir”. Y hace constar que Vyá Raity fue el nombre que adoptó al margen de los quehaceres literarios cotidianos del Grupo del 40, que era más amplio y asumió otra fisonomía:

La renovación de la literatura local a mi ver no sería comprensible sin el Grupo; Vyá Raity fue un agradable capítulo, pero no lo esencial ni el crisol del movimiento actualizador, aunque por supuesto contribuyese grandemente a él en espíritu y en verdad. El movimiento actualizador se fraguó a través de la obra de estos poetas en las páginas de El País”.[36]

En los meses siguientes a su creación, las actividades del grupo Vyá Raity se hicieron sentir “vivamente en todos los campos literarios, y yo escribo sin parar ensayos, artículos”.[37] Esto parece estar vinculado con cierto desahogo económico puesto que, en los años de la Segunda Guerra Mundial, Josefina trabajó como periodista haciendo un seguimiento del conflicto en el programa radiofónico de cinco audiciones semanales titulado Antes y después de la guerra. También colaboró en Una voz paraguaya al servicio de América y en Club Radial América. A través de ese medio de comunicación, dio a conocer también algunos de sus cuentos infantiles y dirigió la serie La mujer frente a la vida.

De su talante para encarar esas labores da cuenta en una de las respuestas que elaboró para el cuestionario que le hiciera el escritor paraguayo Armando Almada Roche, y que se conserva en el archivo personal. En esta versión se autodefine como

alguien sin auto; pero como son muchas las cosas que me faltan además del auto, prefiero decir que soy una persona que trata desde hace casi sesenta años de autodefinirse a través de sus obras sin que crea haberlo conseguido ¿Quieren una definición ad usum delphini? Soy conformada ante la circunstancia material, irreductible en mis opiniones básicas, sufrida, terca, sensible, impaciente, amiga fiel de mis amigos, agradecida inclusive a mis enemigos que son nuestros mejores agentes publicitarios. Celosa de mi intimidad y enemiga del chisme y del cotorreo.[38]

En 1948 inauguró, en condominio con una amiga, la librería Fémina, en la calle Chile 385, que atendía por las mañanas; por las tardes, se dedicaba a las clases de cerámica en su casa, cuyos alumnos “aumentan hasta enloquecer, cerca de cuarenta”, y de noche trabajaba en las audiciones y en la preparación de libros sobre las artes plásticas en el Paraguay, para los cuales “acopio datos e investigación en el Archivo Nacional y Biblioteca”.[39]

Ese mismo año se abrió la Escuela Municipal de Arte Escénico, impulsada durante tanto tiempo con Centurión Miranda. A Josefina se la designó secretaria literaria y catedrática de Historia del Teatro, en el primer curso. En los años siguientes, asumiría las asignaturas de Historia del Teatro y de Análisis Teatral. Paralelamente, viajó a Brasil para realizar una exposición de cerámica en San Pablo con José L. Parodi.

A inicios de los años cincuenta, junto a Lilí del Mónico y Olga Blinder, impulsó la creación del grupo Arte Nuevo, que aspiraba a la ruptura con el arte tradicional y a una modernización de la plástica paraguaya que no renegase las raíces locales. Fundado en 1954, el grupo dio la posibilidad a artistas de dar a conocer su obra. Ese mismo año realizó la primera Semana de Arte Moderno en Paraguay, con obras expuestas en las principales calles del centro, en las vidrieras de algunos comercios de la calle Palma. Y, al año siguiente, Josefina Plá secundó la fundación de la revista Alcor, dedicada a la actualidad artística y cultural, bajo la dirección de los escritores Rubén Bareiro Saguier y Julio César Troche. Hasta 1969, en que cesó la publicación, vieron la luz un total de 47 números de periodicidad bimensual y contó con un importante elenco de colaboradores y auspiciantes.

En 1955 obtuvo una beca del Instituto de Cultura Hispánica, que aprovechó para rescatar la obra de su esposo depositada en Valencia, ciudad en la que realizó gestiones para el traslado al Paraguay de dichas piezas de cerámica. Según su testimonio, trabajó “intensamente” en ese período sobre artes plásticas y el arte barroco en el Archivo Nacional y en la Biblioteca Nacional del Paraguay.

Cuando en 1960 murió Roque Centurión Miranda, el gobierno paraguayo cerró la Escuela de Arte Escénico argumentando que no hacía falta tal institución, pero las clases siguieron funcionando sin que los profesores cobraran sueldo. Josefina Plá permaneció como docente hasta que en 1972 se le impidió continuar por haber firmado una petición al gobierno para la liberación de la cárcel del escritor paraguayo Rubén Bareiro Saguier.[40]

En los años setenta, fue invitada a Madrid para dictar conferencias en el Instituto Hispánico. Entre 1972 y 1973, coordinó la revista literaria Signos y programas culturales radiofónicos como Cinco minutos de Cultura de Radio Cáritas. España volvió a reconocer su trayectoria en 1977, cuando recibió de parte del gobierno la condecoración de la Orden de Isabel la Católica. A partir de ese año, y a lo largo de una década, impartió cursos sobre Análisis Teatral y Teoría del Teatro en el Centro Cultural de España Juan de Salazar de Asunción.

De ese tiempo se conservan cartas familiares entre Josefina Plá y su hermana Carolina, que vivía en Valencia. Aunque de momento hemos podido identificar pocas piezas, cuyas fechas extremas son 1976-1995, iluminan los entresijos de un vínculo que, todo indica, se sostuvo únicamente a través de esa conversación epistolar, no solo porque Josefina se resistió siempre a las maravillas comunicativas del teléfono, sino porque, con excepción de eventuales encuentros en ocasión de sus viajes a España, no nos consta que sus hermanos o sobrinos la visitasen en el Paraguay. El contenido de las cartas, siempre a través de formas afectuosas, gira en torno al bienestar físico: “… mi salud ya no es la que era y me daré por muy feliz si sigue siendo lo que es”, escribe Josefina a Carolina para, a continuación, reiterar la propuesta de que una sobrina nieta viniera al Paraguay a ayudarle en las tareas domésticas,

y poder siquiera dar la vuelta a la manzana dos veces por semana, es decir, lo que hace una hermana menor con su mayora…el caso es que estoy muy enferma y necesito a alguien conmigo las cuarenta y ocho horas del día… Por el momento estamos vivos, ojalá dure lo bastante para arreglar mis libros… Quiero pedirte me escribas lo más frecuentemente posible como una manera de acompañarme en los días que quedan.[41]

Y en otra siguiente le recalca: “Estoy de pie porque no puedo estar acostada. Así de simple… Tantas cosas para recordar. Quisiera mandarte mi último libro que es una antología: me han hecho varias, pero creo que es la mejor que hasta ahora me hicieron”.[42]

Si bien, como ya hemos apuntado, disponemos de un número acotado de piezas epistolares, se puede incoar un retrato psicológico de las hermanas que participan en el intercambio: sobreponerse a las limitaciones físicas y a dificultades espirituales, de índole afectiva, determinadas por la lejanía y la ausencia. En todo caso, a la distancia, Carolina procura compenetrarse (desde su perspectiva) de las actividades intelectuales de Josefina:

Salí y te compré 4 títulos de cuatro premios Planeta. De ellos te mando dos: “Yo, el Rey” y “Crónica sentimental en rojo” (policíaca). La primera del famoso psiquiatra Vallejo Nájera y la segunda de Jesús Fernández Santos. Este es un escritor muy bueno. A ver si cuando recibas esta te encuentras mejor de algo. Yo voy de mal en peor, tengo muy poquitas fuerzas y menos ánimos. No te puedes imaginar lo que me duele no poder realizar esa ida dado mi mal estado de salud. Ya te lo he explicado en otras ocasiones. Yo te explicaría minuciosamente todo lo que me pasa, pero tú estás llena de tropiezos con la salud, llena de preocupaciones de todo tipo, yo lo sé y no quiero aumentártelas. Si tuvieras teléfono yo te llamaría, hablaríamos ¿No podrías desde el teléfono de alguna amistad?[43]

Acompañada a la distancia y de manera intermitente por su familia española, y por su hijo y sus nietos en el Paraguay, el 11 de enero de 1999 se extinguió la vida de Josefina Plá, de casi noventa y seis años, que nació en Canarias, que conoció al gran amor de su vida en Villajoyosa y llegó al Paraguay en 1927. Pocos meses antes, el 1 de julio de 1998, el Congreso de la Nación había sancionado una ley por la que se le concedía a Josefina Plá la nacionalidad paraguaya honoraria.

Tres temáticas, una línea propia de estudio

Cuando en 1983 la Academia Paraguaya de la Historia la designó como miembro de número, Josefina Plá introdujo su conferencia de incorporación de este modo: “Desde hace más de treinta y cinco años, periódicamente repaso la historia del Paraguay en busca de temas”, una declaración que hace remontar su interés específico por el pasado paraguayo a los años cincuenta, durante los cuales, en efecto, empezó a ganar espacios menos efímeros que las páginas de los diarios. De acuerdo a un listado confeccionado por la propia Josefina Plá, sus primeros escritos históricos tuvieron el siguiente orden: Julián de la Herrería (Asunción, 1957), Aspectos de la cultura paraguaya (México, 1961), A cultura paraguaia (Río de Janeiro, 1962), El grabado en el Paraguay (Asunción, 1963), El barroco hispano guaraní (Madrid, 1964), El teatro en el Paraguay (México, 1965).[44] Seguirían luego Las artes plásticas en el Paraguay: breve esquema histórico (Buenos Aires, 1966), Apuntes para una historia de la cultura paraguaya (Asunción, 1967), Hermano negro. La esclavitud en el Paraguay (Madrid, 1972), The British in Paraguay: 1850-1870 (Oxford, 1976), La cultura paraguaya y el libro (Asunción, 1983), Algunas mujeres de la conquista (Asunción, 1985), Españoles en la cultura del Paraguay (Asunción, 1985) y Viriato Díaz-Pérez: biografía (Palma de Mallorca, 1993).[45]

Puede que sea preciso tener en cuenta, a la hora de estudiar las condiciones de producción de la obra histórica de Josefina Plá, el hecho de que, a finales de los años cuarenta, se estableció en la Universidad Nacional de Asunción el profesorado y la licenciatura en Historia. De esa casa de estudios egresaron mujeres como Idalia Flores de Zarza (1926-2009), Irma Isnardi (1927-2004), Zarina Flores de Armele (1928-2009), Margarita Velilla Talavera (1933), Olinda Massare de Kostianovsky (1939-2012), historiadoras profesionales que ocuparon paulatinamente espacios institucionales de actuación: ingresaron como miembros de número a la Academia Paraguaya de la Historia, impulsaron la creación de instituciones, como el Instituto Femenino de Investigaciones Históricas, y desenvolvieron estrategias para publicar sus investigaciones.[46] En 1956, por ejemplo, se incorporó a la Academia Paraguaya de la Historia Concepción Leyes de Chaves, por bastante tiempo la única presencia femenina en esa corporación. En 1967 lo harían Olinda Massare e Idalia Flores de Zarza, en 1969 Teresita T. de Bellasai y en 1970 Beatriz Rodríguez Alcalá de González Oddone. Fueron años en los que la práctica de la historia se vio determinada por las imposiciones del régimen político de Alfredo Stroessner, que supuso un aislamiento disciplinar que afectó de manera determinante la enseñanza universitaria.

En ese contexto, Josefina Plá eligió, entre los años sesenta y noventa, un menú temático que condensa una línea de estudio propio sobre la historia social y cultural del Paraguay. Como representativas de ese enfoque, haremos referencia a las ideas centrales que articulan tres de sus investigaciones.

La primera de ellas, Hermano Negro; la esclavitud en el Paraguay, parece haber tenido su origen en una serie de ensayos que Josefina Plá dedicó a Gilberto Freyre en el diario asunceno La Tribuna, luego de viajar a Brasil para llevar a cabo varias exposiciones de cerámica. Se puede filiar en esos artículos un marco conceptual que pivotea en la valoración de la mezcla entre el indígena, el negro y el europeo en la identidad paraguaya, en las dificultades y tensiones en la conformación del mestizaje en el caso paraguayo.[47] Con Hermano Negro, Josefina Plá encaró una historia en la larga duración (desde el siglo XVI hasta 1869) de los negros y negras del África llevados al Paraguay. Por primera vez, se disponía de un estudio sobre dicha problemática, que reposaba en un paciente análisis de expedientes judiciales provenientes del Archivo Nacional de Asunción. Claramente, la investigación hacía foco en aquellos casos en los cuales esclavos o pardos libres pudieron, por una razón u otra, llegar a los estrados judiciales, pero ello no le quita significatividad ni representatividad a la obra.[48] Tanto la temática como la problematización que planteaba Josefina Plá supusieron un giro copernicano para la escritura de la historia paraguaya; sin esta investigación sobre los esclavizados, libres y libertos y el proceso de emancipación gradual de la esclavitud, sería imposible, como adelanta la autora en la introducción a su obra, “entender a cabalidad la trama de sucesos que incidieron en la conformación de caracteres no solo étnicos, sino también políticos y sociales del país”. Además del estudio de los expedientes judiciales, dialoga con investigaciones que dentro y fuera del Paraguay ya se habían aproximado al tema desde mediados del siglo XX, como las de Justo Pastor Benítez en Formación social del pueblo paraguayo (1955), Ricardo Lafuente Machain en Conquistadores Españoles del Río de la Plata (1943) y Diego Luis Molinari en La trata de negros. Datos para su estudio en el Río de la Plata (1944). Si bien provisionales, los resultados recogidos en Hermano Negro son relevantes porque contribuyeron a distinguir a los primeros esclavos llegados al Paraguay en el siglo XVI, mostrar que la proporción de esclavos casados fue mayor en la colonia que en tiempos ya independientes y que, a mediados del siglo XIX, se podía contabilizar un número significativo de madres solteras entre las esclavas.

Cuando Josefina Plá ingresó a la Academia Paraguaya de la Historia, escogió, como conferencia de incorporación, resumir una investigación titulada “Aventuras y desventuras del oro en Paraguay” y lo justificó del modo siguiente: “… me intrigó en las peregrinaciones bibliográficas o de archivo, no la frecuencia, sino la forma en la que el oro aparece en la crónica”. Y, a continuación, resumía los “principales resultados” de una investigación que, aclaraba, tenía ya finalizada y redactada en “un libro de 120 páginas”. Se trataba de un estudio sobre la realidad del oro en el Paraguay o, más bien, sobre la irrealidad, “porque el oro no cesa de aparecer en innumerables episodios y peripecias para luego desaparecer en un interminable juego al escondite”. Munida de documentos provenientes del Archivo Nacional de Asunción, la académica repasa, en su disertación, los mitos que se tejieron desde el siglo XVI, como la sierra de la plata, el rey Blanco, el Dorado, Elelín o la Tierra de los Césares; avanzaba luego en las leyendas en torno a las misiones jesuíticas, el afán recaudador de oro durante el gobierno de José Gaspar de Francia y cómo sirvió, posteriormente, para financiar la modernización del Estado durante la administración de Carlos Antonio López. Retoma las tradiciones del tesoro del mariscal Francisco Solano López y las “telarañas de fantasías” de la plata enterrada o yvyguy. Al cabo, concluye, el oro regresa al Paraguay, de manera simbólica, en el acto de devolución del Libro de Oro por parte del gobierno brasileño, asociado a los últimos fulgures del sueño de hallar minas de oro en el país. Después de todo lo anotado, de seguir las peripecias y vicisitudes, es claro, para la académica, que el oro físico fue siempre en el Paraguay un huésped pasajero.[49]

En la ya mencionada “autosemblanza” que Ramón Bordoli Dolci insertó en su tesis doctoral, Josefina Plá se preguntaba:

Y las lecturas… ¿Es una contradicción? Leo poquísima poesía. En cambio, leo mucho teatro y novela. Y soy capaz de gustar de los autores más opuestos al parecer. He permanecido fiel a las lecturas de mi infancia, Novalis, Goethe, Rousseau, Rojas, Calderón, Baudelaire, Mallarmé, Verlaine. Pero vibro con lo nuevo o auténticamente nuevo, lo que nos revela más profundamente cada día. Y hay en teatro tres autores –Sófocles, Ibsen, Pirandello– y en novela tres –Kafka, Huxley, Faulkner– que, leídos en la infancia o en la primera juventud, son algo más. Pero no le quitan el gusto a lo demás después venido y un libro y el silencio siguen siendo para mí, como en la infancia, condiciones de felicidad.[50]

Quizás ese binomio libro/felicidad explique, en parte, el hecho de que Josefina Plá fuera la primera estudiosa que se interesó en restituir el movimiento editorial en el Paraguay.[51] Sus escritos El libro en la época colonial (1979) y La cultura paraguaya y el libro (1980) exploran al libro no como un hecho desgajado, sino unido a la historia sociocultural del Paraguay. Para comprender ese entramado editorial y su dinámica, Josefina Plá trazó, en las dos obras, una línea de tiempo que se remontaba a la época de las misiones jesuíticas, en torno al año 1700, cuando se instaló la primera imprenta del Río de la Plata, que alcanzó un alto grado de perfección en sus productos hasta su receso, en 1727. El primer libro salido de ella fue el Martirologio Romano, traducido a la lengua guaraní, y el primer libro de autor local (o por lo menos localmente asentado) editado en el Río de la Plata fue Instrucción práctica para ordenar santamente la vida, del padre Antonio Garriga. Menciona también Josefina Plá la publicación por esa imprenta de un libro de autor indígena, la Explicación de el catecismo en lengua guaraní, de Nicolás Yapuguay, impreso en Santa María La Mayor en 1724. Plá demuestra, en su investigación, cómo, a mediados del siglo XIX, la edición en Paraguay se afianzó con la adquisición de una imprenta por el Estado y la organización de la Imprenta de la República, que inició sus publicaciones con el Repertorio Nacional, destinado a reproducir disposiciones gubernativas. También, desde 1845 se editó el primer periódico en la historia del Paraguay, El Paraguayo Independiente y, posteriormente, a partir de 1853, apareció El Semanario de avisos y conocimientos útiles. Asimismo, refiere Plá, el gobierno de Carlos Antonio López encaró la publicación de obras de mayor aliento editorial como fueron Historia del Descubrimiento, Conquista y Población del Río de la Plata (1845), que redactó el paraguayo Ruy Díaz de Guzmán a comienzos del siglo XVII, y el libro de Juan Andrés Gelly, El Paraguay, lo que fue, lo que es, lo que será (1849).[52] Desde los años en los que Josefina Plá encaró este estudio, la edición luchó con la falta de estudios, e incluso de fuentes en el Paraguay.

Puede ser cuestionable animarse a realizar este recorrido iniciático por la trayectoria de Josefina Plá como historiadora a través de unos pocos escritos autobiográficos, pero quizás la objeción se suavice si tenemos en cuenta que su obra está presente en distintos formatos, tanto en el archivo como en sus publicaciones, que nos proporcionan visibilidad de sus ideas sobre el pasado paraguayo, aun quedando al margen aspectos como sus fuentes de referencia, las influencias y corrientes de pensamiento en las que insertarla y las percepciones del contexto en el que se movió. Sin perjuicio de los estrechos márgenes de este trabajo, la producción histórica hace nítida la pretensión de Josefina Plá de mostrar la complejidad de la identidad paraguaya desde varias perspectivas, así como la de recrear a la sociedad en el tiempo, en su cotidianidad, con todas sus creencias, expectativas, esfuerzos y dificultades. Todo parece indicar que su obra compone un archivo inacabado sobre la historia del Paraguay.


  1. Guido Rodríguez Alcalá, Recuerdos y Comentarios, Asunción, Intercontinental, 2019, p. 17.
  2. Ramón Bordoli Dolci, La problemática del tiempo y la soledad en la obra de Josefina Plá, tesis doctoral, Universidad Complutense de Madrid, 1984, pp. 515-518.
  3. José Vicente Peiró Barco, “En memoria de Josefina Plá”, Revista Needle Culture, 5 de enero de 2021. Disponible en arcagulharevistadecultura.blogspot.com/2021/01/jose-vicente-peiro-barco-en-memoria-de.html.
  4. Ibidem.
  5. Josefina Plá, El espíritu del fuego. Biografía de Julián de la Herrería, Asunción, Imprenta Alborada, 1977.
  6. Un recuento de sus escritos en María Ángeles Pérez López y Juan Luis Calbarro, Josefina Plá. Un esbozo de bibliografía, Alicante, Biblioteca Virtual Miguel de Cervantes, 2003.
  7. José Vicente Peiró Barco, Literatura y sociedad: la narrativa paraguaya actual (1980-1995), Madrid, UNED, 2001. Tesis doctoral.
  8. Javier Bello, “A propósito de sueños y de cuentos: Josefina Plá”, Tebeto: Anuario del Archivo Histórico Insular de Fuerteventura, 2001, n.º 14, pp. 329-342. Entre los escritos de Ángeles Mateo del Pino, figuran los siguientes: “Josefina Plá: La poesía, manifestación de un espíritu disconforme”, Revista de Filología de la Universidad de La Laguna, n.º 8-9, La Laguna, Tenerife: Universidad de La Laguna, 1989-1990, pp. 239-248; y “En la piel de la mujer: un recorrido por la cuentística de Josefina Plá”, Philologica Canariensia, n.º 0, Las Palmas de Gran Canaria: Universidad de Las Palmas de Gran Canaria, primavera de 1994, pp. 281-299.
  9. Una muchedumbre o nada. Coordenadas temáticas en la obra poética de Josefina Plá, Florencia, Firenze University Press, 2018.
  10. “Josefina Plá como inspiradora de las escritoras del Paraguay”, en Eduardo Tamayo Belda (ed.), Vínculos culturales entre España y Paraguay desde la historia y la literatura, Madrid, Universidad Autónoma, 2023, pp. 153-175.
  11. Yasmina Yousfi López, La isla desconfigurada. Josefina Plá y la renovación teatral en el Paraguay, New York, Peter Lang, 2023.
  12. Augusto Roa Bastos, “Josefina Plá, autora de relatos para la humanidad joven”, en Los animales blancos y otros cuentos, Edición, introducción, notas y bibliografía de Ángeles Mateo del Pino, Santiago de Chile, LOM, 2002, pp. 50-54.
  13. José Vicente Peiró Barco, “En memoria de Josefina Plá”, Revista Needle Culture, 5 de enero de 2021. Disponible en arcagulharevistadecultura.blogspot.com/2021/01/jose-vicente-peiro-barco-en-memoria-de.html.
  14. Yasmine Yousfi López, La isla desconfigurada. Josefina Plá y la renovación teatral en Paraguay, New York, Peter Lang, 2023, pp. 22-26.
  15. Alborán, 30 de abril de 1914. Mar de los Ríos, “Pez de Barro”, La voz de Almería, 4 de agosto de 2018.
  16. Ibidem. Alborán, 14 de mayo de 1914.
  17. Ibidem. Alborán, 27 de junio de 1914.
  18. Daiane Pereira Rodrigues, La imposible ausente: biografía de Josefina Plá, 2021.
  19. República del Paraguay, Biblioteca de la Universidad Católica de Asunción, Archivo Personal de Josefina Plá (en adelante AJP). Para la señora Mariel, de Montevideo, agosto 1982. Mecanografiado.
  20. AJP. Índice biobibliográfico. Mecanografiado.
  21. Ibidem.
  22. Ibidem.
  23. Ibidem.
  24. Ibidem.
  25. Ibidem.
  26. Yasmina Yousfi López, La isla desconfigurada. Josefina Plá y la renovación teatral en Paraguay, New York, Peter Lang, 2023, pp. 151-170. Este trabajo remite a investigaciones conocidas y valoradas sobre el exilio republicano y los mecanismos para obtener los visados en Argentina, como el acometido por Bárbara Ortuño “‘En busca de un submarino’. Crónica a bordo del buque insignia del exilio republicano en Argentina: el Massilia”, Cahiers de civilisation espagnole contemporaine, 2012.
  27. Eduardo Tamayo Belda, “El exilio republicano español en Paraguay: un caso por estudiar”, en Bruno Vargas y Michel Martínez Pérez (coord.), De l’exil républicain à la Transition démocratique Bilan et perspectives historiographiques, Francia, Presses Universitaires du Midi, 2024, pp. 149-172.
  28. Yasmina Yousfi López, La isla desconfigurada. Josefina Plá y la renovación teatral en Paraguay, New York, Peter Lang, 2023, pp. 151-170.
  29. AJP. Cuestionario alumnos colegio Acuña de Figueroa (1.º curso, 1.º sección). Mecanografiado, sin fecha.
  30. Ibidem. Cuestionario de Ultima Hora, Asunción, 25 de agosto de 1994.
  31. Ibidem. Biobibliografía. Mecanografiado, sin fecha.
  32. Josefina Plá, Españoles en la Cultura del Paraguay, Asunción, Departamento cultural de la Embajada de España en Asunción / Editorial Araverá, 1985.
  33. José Vicente Peiró Barco, “Ildefonso A. Bermejo, Fernando Oca del Valle y el teatro paraguayo”, en Eduardo Tamayo Belda (ed.), Vínculos culturales entre España y Paraguay desde la historia y la literatura, Madrid, UAM Ediciones, 2023, p. 148.
  34. Ibidem. Biobibliografía. Mecanografiado, sin fecha
  35. Ibidem. Entrevista de Armando Almada Roche a Josefina Plá. Mecanografiado, sin fecha, incompleto.
  36. Ibidem. Josefina Plá precisa en las respuestas que redactó para Almada Roche que el Grupo del 40 lo formaron cuatro generaciones “sorprendentemente unidas en el propósito renovador”: I. Correa (1890), II. Hérib (1905) y yo (1909), III. Augusto Roa Bastos (1918), IV. Elvio Romero (1926) (precursor de la generación del 50. “Creo”, agrega Josefina Plá, “que sólo deben contarse como miembros del Grupo aquellos que trabajaron en forma efectiva, para la renovación. Es decir, aquellos en cuya obra esa renovación se manifiesta simultánea en un plazo dado. Y esos son los enumerados”.
  37. Ibidem.
  38. Ibidem.
  39. Ibidem. Biobibliografía. Mecanografiado, sin fecha.
  40. La pluma de Josefina Plá, sin ser panfletaria o partidaria, no dejó de defender la libertad, en el más amplio sentido del término. Luis Carlos Casabianca (1927-2015), destacado militante del Partido Comunista Paraguayo, narró, en primera persona, en el escrito titulado “El paraguas y Josefina”, la rápida acción de la escritora cuando fue detenido en el año 1960. Cuenta que, cuando lo persiguió y lo detuvo la policía sobre la calle República de Colombia, su única arma para tratar de escapar era un paraguas. En medio del inútil intento, entre golpes y forcejeos, alguien corrió detrás de los policías que lo arrastraban y se arriesgó para preguntarle su nombre y algún dato que sirviera para ubicar a la familia. Solo mucho después supo que fue Josefina Plá, cuya rápida acción de contacto con los familiares ayudó a que no fuera uno más de entre los numerosos desaparecidos. Véase el libro autobiográfico de Casabianca, Clandestino y bajo agua. Crónicas del pueblo insurrecto, Asunción, Adelante, 2012.
  41. AJP. Carta de Josefina Plá a Carolina Plá. Asunción, 15 de febrero de 1995. Copia.
  42. Ibidem. Carta de Josefina Plá a Carolina Plá. Asunción, 19 de abril de 1995. Copia.
  43. Ibidem. De Carolina Plá a Josefina Plá, Valencia, 6 de mayo de 1986.
  44. Ibidem. Biobibliografía. Mecanografiado.
  45. María Ángeles Pérez López y Juan Luis Calbarro, Josefina Plá. Un esbozo de bibliografía, Alicante, Biblioteca Virtual Miguel de Cervantes, 2003. Buena parte de los escritos históricos que enumeramos en este trabajo fueron reunidos en Josefina Plá, Historia cultural, 4 vv. (Obras completas, vv. 1-4), edición de Miguel Ángel Fernández, Asunción: R. P., y Madrid: Instituto de Cooperación Iberoamericana, 1991-1993, que incluye “La cultura paraguaya y el libro”; “Literatura paraguaya del siglo XX”; “Apuntes para una historia de la cultura”; “Arte actual en el Paraguay”; y “Cuatro siglos de teatro en el Paraguay” (v. 1); “Impacto de la cultura de las reducciones en lo nacional”; “Apuntes para una aproximación a la imaginería paraguaya”; “El templo de Yaguarón”; y “El barroco hispano-guaraní” (v. 2); “Las artesanías en el Paraguay”; “Ñandutí. Encrucijada de dos mundos”; “El espíritu del fuego”; y “El libro en la época colonial” (v. 3); “Bilingüismo y tercera lengua en el Paraguay”; “Españoles en la cultura del Paraguay”; y “La mujer en la plástica paraguaya” (v. 4).
  46. Tomás Sansón Corbo, “Las historiadoras paraguayas y su contribución al conocimiento del pasado nacional”. Conferencia, Asunción, Academia Paraguaya de la Historia, 25 de octubre de 2023.
  47. AJP. Recortes de prensa: “Consideraciones sobre la cultura brasileña. La obra de los Cadernos de Cultura”, La Tribuna, Asunción, 5 de abril de 1953, “Interpretando al Brasil. Avanzada y esperanza”, La Tribuna, Asunción, 24 de junio de 1952; “El Brasil y sus poetas”, “La novela brasileña”.
  48. Sobre el lugar de esta obra en la historiografía paraguaya, véase Ignacio Telesca, “Afrodescendientes: esclavos y libres”, en Ignacio Telesca (Org.), Historia del Paraguay, Asunción, Taurus, 2010, pp. 337-355; “La historiografía paraguaya y los afrodescendientes”, en Gladys Lechini (comp.), Los estudios afroamericanos y africanos en América Latina. Herencia, presencia y visiones del otro, Buenos Aires-Córdoba, CLACSO – Centro de Estudios Avanzados, 2008, pp. 165-186. Una metodología innovadora sobre la esclavitud y la presencia de afrodescendientes en el Paraguay que reposa en la obra de Josefina Plá en Fátima Valenzuela, “La tributación de mulatos y de negros libres: un estudio centrado en Charcas y Paraguay en el siglo XVII y principios del XVIII”, en Visitas coloniales en diálogo, Corrientes, CONtexto, 2023, pp. 191-223, y en “Cartografía de los esclavizados y libres al Río de la Plata (1776-1820)”, en Esclavitud y diáspora africana en el Río de la Plata, Buenos Aires, SB, 2022, pp. 129-153.
  49. Josefina Plá, “Aventura y desventura del oro en el Paraguay”, Historia Paraguaya, 1983, vol. XX, pp. 141-185.
  50. Ramon Bordoli Dolci, La problemática del tiempo y la soledad en la obra de Josefina Plá. Madrid, 1984, tesis doctoral, p. 518.
  51. Carlos R. Centurión, Historia de la cultura paraguaya, Asunción, Biblioteca Guerrero, 1961, tomo II, página 161. También Line Bareiro, Clyde Soto y Mary Monte de López Moreira, Alquimistas. Documentos para otra Historia de las Mujeres, Asunción, CDE, 1993.
  52. Liliana M. Brezzo, Andrea Tutté, Ricardo Scavone Yegros, “Notas para una historia del libro y la edición en el Paraguay”, El Nacional, Asunción, 24 y 31 de octubre de 2021.


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