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2 Contexto y transformación urbana del centro de Madrid

Según The Music Venues Trust (MVT)[1], 2023 fue el peor año en cuanto a cierre de salas de música en vivo en el Reino Unido, enfrentándose a los retos del Brexit, las subidas de alquileres, la inflación, nuevos promotores y quejas de vecinos. Solo en el 2023 cerraron 125 salas de conciertos (Dex, 2024).

Cada vez que nuestra ciudad pierde un negocio tradicional que formó parte de nuestra historia y vivencias – ya sea un cine, una tienda de discos, una librería, un bar o una sala de conciertos – se borra una parte de nuestro pasado, una parte de la autenticidad de nuestra ciudad, asemejándose a tantas otras metrópolis occidentales dominadas por cadenas (Bellver, 2024).

Gentrificación, según la RAE, es el proceso de renovación de una zona urbana, generalmente popular o deteriorada, que conlleva el desplazamiento de su población original por otra de mayor poder adquisitivo.

El centro de Madrid ha vivido una profunda transformación a lo largo de su historia, desplazando a sus habitantes a otros barrios de la ciudad, donde el coste de vida era más asequible. No difiere de lo que sucede en tantas otras grandes ciudades del mundo, como París, Berlín, Londres o Nueva York. En la metamorfosis del centro de las ciudades, a la que también podemos denominar – según la óptica del grupo social o económico desde la que se analice – gentrificación o regeneración, participan diferentes agentes públicos y socioeconómicos que se interrelacionan y que encadenan actuaciones que se replican universalmente. Daniel Sorando y Álvaro Ardura describen en su obra First we take Manhattan: Se vende ciudad, la destrucción creativa de las ciudades (2016) que son las administraciones públicas, a través de sus planes de mejora en obras públicas e infraestructuras para la renovación del centro histórico, las primeras en activar el proceso. Tras ellas intervienen los inversores inmobiliarios.

La regeneración de la zona centro provoca la llegada de nuevos vecinos pertenecientes a clases creativas en primera instancia y, en el medio plazo, estas se ven desplazados para dejar paso a la clase media-alta y a turistas. Los negocios tradicionales, como pescaderías, tiendas de abastos o salas de conciertos, son remplazados por tiendas de souvenirs y negocios de moda, hostelería, restauración, o tiendas de repostería para perros en un paisaje de cámaras de seguridad y patrullas policiales (Sorando y Ardura, 2016).

Figura 1. Zonas tensionadas. La batalla por el centro de Madrid

Fuente: El Confidencial (Villarino y Zuil, 2024). 

El Mercado de Fuencarral acogía a pequeños diseñadores hasta 2017 para dejar paso a la cadena multinacional Decathlon; el bar Palentino, que antaño vendía pepitos de ternera a 2,5 euros y cañas a 1 euro se ha transformado en un restaurante de cocina fusión asiático-española y los quioscos de prensa venden hoy bisutería y souvenirs. Los cines de la Gran Vía se han reconvertido en locales comerciales que acogen tiendas de moda – Zara, Mango, H&M, Uniqlo, Primark – y en teatros en los que fundamentalmente se programan musicales y grandes producciones como El Rey León, Aladín, ¡Mama Mía! y El Musical de los 80 y 90s.

Hubo un antes y un después en el mundo de las salas de cines del centro de la capital y la causa no fue la aparición de las plataformas de cine en streaming. Ya en 2005 la familia Soler, propietarios de los cines Palacio de la Música y el Avenida, lamentaban la bajada sustancial de la afluencia de público a las salas de la Gran Vía, y por lo tanto de ingresos, que, según indicaban, habían descendido en un 75% durante los anteriores 10 años. Argumentaban entonces que las causas eran la aparición de los multicines de la periferia de Madrid y los cambios en los hábitos de la población (Mas, 2005).

Más de 50 cines de la capital han cerrado en los últimos 20 años para convertirse en hoteles, viviendas de lujo o comercios. Los cines Rialto, Lope de Vega, Coliseum y Amaya han mantenido su estatus como salas destinadas a la cultura – hoy son teatros –, sin embargo, he aquí el devenir de algunas otras salas de la capital (Telemadrid, 2022):

  • El cine Actualidades (Gran Vía, 48) se demolió en el 2011 para edificar un inmueble residencial.
  • El Cine Imperial, ubicado hasta el año 2002 en Gran Vía, 32, se convirtió en una de las tiendas más representativas de Primark en el mundo, propiedad de Pontegadea.
  • El Cine Rex de Gran Vía, 43 se convierte en zona de acceso y zonas comunes del hotel operado por Room Mate, propiedad de AXA.
  • El Cine Pompeya de la calle Gran Vía, 70 es hoy parte de un hotel.

Se han mantenido únicamente aquellas salas de cine que atraen a un público asiduo y que, por lo tanto, son rentables; son aquellas que ofrecen un valor diferencial adaptado a la demanda, principalmente salas de cine en versión original, cine de autor, o aquellas que proyectan cine comercial con ciertas comodidades y servicios extras.

Históricamente los edificios de la Gran Vía y del centro estaban destinados a un uso de oficinas y albergaban las sedes de las principales compañías de seguros, instituciones financieras, empresas de telefonía, etc. de nuestro país. Sin embargo, entre los años 2004-2008 estas compañías se desplazaron hacia el este y norte de la ciudad, a parques empresariales buscando una mejora en eficiencia e imagen corporativa.

En el periodo 2008-2016, la Gran Vía y aledaños se convirtieron en zona fantasma, con oficinas vacías, teatros y cines abandonados. Habían sido comprados por inversores, fundamentalmente internacionales, con el objeto de ser rehabilitados y transformados, según los usos autorizados por el Plan General de Ordenación Urbana y respectivos planes especiales, principalmente a viviendas y hoteles con locales comerciales en planta baja. La zona centro dejó de atraer el interés de las corporaciones, y las pocas oficinas que permanecieron, salvo contadas excepciones, acogían a pymes y sedes de los distintos organismos de la administración pública.[2] No es hasta el 2022 cuando las empresas deciden, de nuevo, retornar al centro de la ciudad con el fin de atraer y retener talento, reduciendo superficie en la periferia.

Una de las principales actuaciones del ayuntamiento en el distrito Centro durante la última década ha sido la peatonalización de un gran número de sus calles, entre ellas Montera, Arenal, Mesonero Romanos, un tramo de la calle Fuencarral, la Red de San Luis, la Plaza de Callao, un tramo de la calle Preciados, la Plaza de Santa Bárbara, la calle Libreros o la Plaza de Isabel II. Las actuaciones más recientes son la peatonalización de la calle Carretas en el 2018 y la Puerta del Sol en el 2020. En la actualidad se trabaja en la peatonalización de las calles del mercado de San Miguel, Yeseros, Don Pedro y Tabernillas (Zonas Peatonales, Ayuntamiento de Madrid, 2024). 

La peatonalización de las calles del centro crea, generalmente, amplios viales para viandantes, permitiendo que su tránsito se multiplique, sin apenas bancos y árboles, no revirtiendo necesariamente de forma positiva en los negocios de la zona. Por el contrario, el tipo de comercio que abunda es el destinado a turistas, grandes cadenas de moda y de comida rápida, macdonalizándose de esta forma el centro de la ciudad tras desplazar a los habitantes que históricamente residían en la zona.

El turismo de masas es el punto álgido y fase final de la gentrificación. La demanda turística en Madrid ha alcanzado en 2023 niveles superiores al 2019: 7,8 millones frente a 7,6 millones (INE, 2024). Las ciudades europeas están asediadas por el turismo y medidas como la tasa turística han demostrado no ser disuasorias aunque sí incrementan los fondos disponibles para reinvertir en infraestructuras.

A estos factores hay que sumarle el hecho no menos relevante del movimiento migratorio a las ciudades. Según la Organización de las Naciones Unidas, 4.400 millones de personas en el mundo viven en ciudades, y en 2050 se sumarán otros 2.500 millones. Esto acrecentará la crisis urbana, con una fuerte presión, por un lado, de residentes, y por otro, de turistas (Piantadosi y Torrico, 2024).

El incremento en número de habitaciones de hotel y apartamentos turísticos es tal que en abril de 2024 se aprobó su limitación y control, con el objetivo de evitar la desertización residencial del distrito Centro, ordenar la oferta turística y favorecer la convivencia entre vecinos y visitantes(Ayuntamiento de Madrid, 2024).

El turista habitualmente pasea y fomenta la creación de negocios de limitado interés social que no crea ciudad. Como indica Armando Segura, propietario de la sala La Caverna, cuando se le pregunta si se ven beneficiados por el turismo en la zona: Nada. El turismo de la zona no es de excesiva calidad. El turismo de estos días solo pasea, viene a ver las luces de navidad y revierte a Manolita, Casa Ginés, Casa Labra, eso es todo“.

Hay cierto perfil de negocio de música en vivo que en la actualidad, tras verse extremadamente afectado durante la pandemia, se ve beneficiado y vive su momento álgido. Se trata de los tablaos flamencos y pubs y bares en los que actúan bandas de versiones extranjeras. Olmedo lo ratifica: “El turista solo va a ver flamenco o vienen con su entrada comprada a través del tour operador. Los turistas podrían entrar si les ofreces a los Queen, o versiones de ABBA, porque vienen a ver el mismo bolo que van a ver en su país. Al turista no le interesa el artista local. Igual tenemos suerte y se pone muy de moda lo latino, entonces sí, entrarían a ver reggaetón o versiones de Shakira”. 


  1. The Music Venue Trust (https://www.musicvenuetrust.com). Asociación sin ánimo de lucro que se fundó en Reino Unido con el objeto de proteger salas de pequeño formato.
  2. Al margen de los edificios públicos de la zona centro, en el 2016 el Ayuntamiento de Madrid adquirió el edificio de C/Alcalá 45 por 104 millones de euros para la delegación de Economía y Hacienda.


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