El desarrollo de una escena musical, la creatividad y la capacidad de innovar de una sociedad están estrechamente relacionados con los espacios urbanos en los que se puede transmitir la música al público. Cuando desaparecen los espacios en los que se manifiestan dichas expresiones musicales, se extingue la escena.
La continuidad del circuito de música en vivo, y, por lo tanto, de las bandas que están empezando y las ya establecidas en este circuito, está supeditada a la supervivencia de las salas, lugares que demandan de una importante inversión desde el punto de vista técnico, económico y humano.
Este trabajo se centra en las salas de conciertos de pequeño tamaño, espacios de música en vivo, independientemente del género musical, cuyo aforo es el apropiado para que músicos independientes o artistas DIY – (do-it-yourself) aquellos que no forman parte de industria musical – puedan desarrollarse. Estos músicos son frecuentemente llamados “emergentes” y pueden definirse como “creadores que, en una etapa inicial o más desarrollada, aún se encuentran sumidos en el anonimato, mayormente, y sin un vínculo sólido para la comercialización y exhibición de su obra artística” (Almeda, 2019). Estos músicos independientes o emergentes son aquellos que se expresan creando e interpretando obras originales que tienen su público dentro de la escena local, pero están fuera de la industria musical, por lo tanto, fuera del sistema (Rosillo, 2023).
Estamos ante la explosión, y saturación incluso, de festivales que han crecido en importancia en los últimos tres años, que significan el retorno a la gira envasada que dominó la escena del pop británico hasta finales de la década de 1960 (Frith, Straw y Street, 2016). Las salas, entre mayo y octubre, compiten con festivales a los que el público ahora prefiere acudir. A diferencia de Inglaterra, donde los festivales han nacido con una tupida red de salas de conciertos, los festivales españoles aparecen en un país sin un hábito generalizado de consumir música en vivo con regularidad (Cruz, 2023).
El futuro de salas y músicos también depende en gran medida del público. Las formas de consumo han ido evolucionando hacia una mayor mercantilización e inmediatez, hacia lo fácil, el público no entra ya en una sala a ver qué hay (Saavedra, 2023). Proliferan los conciertos de versiones o tributos que consiguen pre-vender el aforo completo de las salas. El público parece tener preferencia por la música accesible sin esfuerzo y escuchar los mismos repetitivos temas del pop de la década de 1980, primando las relaciones interpersonales y las conexiones que pueden hacer en ese lugar, donde la música es una mera, aunque imprescindible compañía, en lugar de acudir a conciertos en los que la música es la auténtica protagonista (Megías y Rodríguez, 2003).
Los músicos independientes, animados para poner a disposición del público su trabajo para su disfrute, deberían recibir una recompensa suficiente para cubrir toda la inversión necesaria que implica adquirir los recursos y conocimientos (Frith, Straw y Street, 2016). Los músicos compran sus instrumentos, amplificadores, micrófonos, cubren los costes mensuales de salas de ensayo, invierten en equipos de sonido, producción y grabación, y ahora también promueven sus conciertos. Desde el momento en que las salas carecen de un público recurrente, los músicos se han convertido en los responsables únicos de llenar la sala con sus seguidores (Frith, 2008; Cruz, 2024).
Desde el año 2008, inicio de la crisis económica, se ha hecho más habitual el modelo de alquiler del espacio por horas a los músicos porque las salas no pueden arriesgar pagar un caché a los músicos (Cruz, 2024).
De forma recurrente, los medios de comunicación se hacen eco de una amenaza de cierre o clausura de una sala de conciertos en Madrid. Solo en el mes de diciembre de 2023 tres salas anunciaron el cierre: la sala Rock Palace, Trashcan y Faena II (Richart, 2023).
Algunas de las salas clausuradas reabren con nuevos conceptos y el ocio en la ciudad no decrece: gastrobares, restaurantes, discotecas, salas de clubbing y conciertos de versiones o tributos.
Mientras que grandes espacios como el Wizink Center tienen lista de espera, viéndose forzados a abrir la agenda del año 2026 (presentación de Paz Aparicio, 23/05/2024), y los estadios Santiago Bernabéu y Metropolitano acogen cientos de miles de espectadores para ver a grandes estrellas, la red de salas de conciertos de Madrid es cada vez más frágil.
Madrid no es un caso aislado. Entre 2005 y 2015 en Londres cerraron más del 30% de las salas de conciertos de pequeño y mediano formato (Shapiro, 2023) y, solo en 2023, 125 salas cerraron de forma permanente en dicha ciudad (Dex, 2024). Procesos similares han ocurrido en Nashville, Austin, Melbourne, París y Barcelona, entre otras.
A la hora de identificar las causas del cierre de las salas de música en vivo, los medios de comunicación, trabajos académicos, blogs y redes sociales coinciden en que los motivos son una combinación de factores: cambios generacionales – en el ocio y la forma de disfrutar la música –, los festivales, las quejas vecinales, las normativas y regulaciones, la gentrificación, el incremento de los costes y la presión del mercado inmobiliario, que fuerza la subida de los alquileres.
Dado el impacto que tendría el cierre o la restricción del circuito de salas de conciertos a medio y largo plazo, se considera necesario profundizar en la materia realizando este trabajo de investigación en el que se identificarán todas las salas que han cerrado en los últimos cinco años en Madrid, se estudiarán sus causas y el devenir de cada una de ellas. Como parte de las conclusiones se propondrán una serie de iniciativas y mecanismos de protección inspirados en conversaciones con agentes del sector, o propuestas que están desarrollándose en otras ciudades con el fin último de proteger la escena de música en vivo de Madrid.
Los objetivos de esta investigación son los siguientes:
- Identificar las salas de música en vivo clausuradas en los últimos cinco años en el centro de Madrid y analizar las posibles causas.
- Estudiar las problemáticas a las que se enfrentan en la actualidad las salas de concierto en Madrid.
- Llevar a cabo un análisis de las salas de conciertos como espacios de actividad económica.
- Proponer posibles iniciativas que pudieran estar teniendo lugar en otras ciudades y sean susceptibles de ser trasladadas a Madrid con el fin de preservar las salas de música en vivo.
Asimismo, esta investigación parte de las siguientes preguntas de investigación:
- ¿Cuántas salas de música en vivo han cerrado en los últimos cinco años en Madrid?
- ¿Cuáles son los motivos de los cierres de las salas de conciertos?
- ¿En qué medida influye la presión del mercado inmobiliario en la clausura de las salas de concierto del centro de la ciudad?
- ¿Qué posibles soluciones pueden plantearse para mantener vivo el circuito de música en vivo de la capital?






