Hacer sociología en tiempos de covid-19
Juliana Marcús
Hacia mediados de marzo de 2020, la confirmación de que el virus del covid-19 había ingresado a la Argentina, junto con las medidas implementadas por el gobierno nacional y los gobiernos locales para controlar su propagación y evitar los contagios modificaron la vida cotidiana de todos los ciudadanos del país. La medida sanitaria del Aislamiento Social, Preventivo y Obligatorio (ASPO) desencadenó una experiencia inédita e inauguró nuevos modos de habitar y significar la ciudad para la gran mayoría de la población, que tuvo que recluirse en sus viviendas, salvo aquellos que se desempeñaran en la industria alimenticia y farmacológica, y el personal de salud y de seguridad, calificados como “trabajadores esenciales”.
Bajo estas condiciones, la vinculación con el espacio urbano adoptó un carácter excepcional al limitarse a la satisfacción de necesidades vitales como alimentación, acceso a la salud y a los medicamentos, a través de comercios cercanos a las viviendas, denominados “comercios de cercanía”. La experiencia de un confinamiento extendido en el tiempo[1] consolidó una nueva forma de vincularse con la ciudad, con el barrio y con la vida cotidiana, centrada en el espacio doméstico. Las primeras semanas de pandemia en el Área Metropolitana de Buenos Aires (AMBA) las calles se habían vaciado de vida urbana, aunque, en rigor, lo urbano no había desaparecido sino que se había reformulado y recreado de manera novedosa en las viviendas.
Las fuertes restricciones a la circulación significaron el traslado de un conjunto de actividades que antes se realizaban en el espacio público o laboral hacia el interior del hogar, lo que generó profundas transformaciones en los usos del espacio (Giglia, 2020). Como veremos a lo largo del libro, la crisis urbana y sanitaria que produjo la pandemia de covid-19 reforzó la idea de considerar los límites entre el espacio urbano y el espacio doméstico como fronteras porosas. De modo que, tal como plantea María Rodó de Zárate (2018), no pueden pensarse en forma escindida. En distintos momentos de la pandemia, prácticas que habitualmente se realizaban en las calles, plazas y parques se relocalizaron en los espacios interiores de las viviendas, y prácticas típicas del espacio doméstico se alojaron en los exteriores urbanos. Más que un completo abandono, muerte o vaciamiento de los espacios urbanos de uso público (Vazquez y Berardo, 2023), los capítulos de Ciudad confinada verifican la aparición de una multiplicidad de nuevas formas de apropiación y valorización colectiva de estos espacios. Tanto el habitar el espacio exterior como el habitar el espacio doméstico se vieron trastocados a partir de la pandemia y necesitaron ser analizados de manera articulada para entender no sólo los cambios en sus usos y valoraciones, sino también las formas de sociabilidad que permanecieron, los sentidos construidos que se reforzaron y las condiciones sociales, urbanas y habitacionales desiguales que se profundizaron.
En el contexto de aislamiento, las prácticas científicas también se vieron afectadas y debieron transformarse. Así, nuestra manera de hacer investigación durante la pandemia fue sin duda singular. El confinamiento en nuestras viviendas nos movilizó como equipo a pensar qué teníamos para aportar como sociólogas y sociólogos abocados a los estudios urbanos en este contexto tan particular. En este sentido, comenzamos a hacer sociología en la emergencia[2]: nuestras prácticas académicas sufrieron cambios al tiempo que se presentaron retos teórico-metodológicos que implicaron la incorporación y elaboración de nuevos métodos de producción de datos.
Teniendo en cuenta que en el Grupo de Estudios Culturales y Urbanos (GECU)[3] venimos investigando desde hace más de una década sobre las transformaciones urbanas en el AMBA y su impacto en los usos diferenciales de la ciudad (Marcús, 2017), el aislamiento obligatorio nos proporcionó una situación inédita para analizar y preguntarnos qué ocurría con las calles, plazas y parques cuando transitar y permanecer en ellos no era una opción. Como para muchos otros grupos de trabajo, la pandemia y el aislamiento obligatorio se volvieron un tema ineludible en nuestra práctica de investigación.
Recapitular nuestra experiencia nos lleva necesariamente a recordar nuestras primeras reuniones –virtuales– en marzo de 2020. En un marco de fuerte incertidumbre y de un estricto confinamiento, empezamos a preguntarnos cuáles podían ser nuestros aportes como investigadores e investigadoras en el marco de la pandemia, y decidimos llevar adelante una investigación[4] que intentara, entre otros objetivos, registrar los cambios en los usos y valoraciones del espacio urbano y el espacio doméstico durante las distintas fases de la pandemia. En esas primeras reuniones no sólo salieron a la luz nuevos temas o dimensiones de análisis, sino que también tuvimos que adaptarnos a nuevos métodos de producción de datos.
Otro aspecto interesante de esta práctica de la sociología en la emergencia fue que la estábamos haciendo en tiempo real. Esto significó una dedicación casi exclusiva a este tema durante varias semanas y el intento por realizar algún aporte a la discusión, a la producción de conocimiento y a la elaboración de políticas públicas que se estaba dando en esos días, fundamentado en los datos que acabábamos de producir pero también en nuestro propio marco teórico. Por supuesto que hacer esto de manera rápida significó un gran desafío para el equipo y un cambio en el modo tradicional con el que solemos pensar las investigaciones.
Retos teórico-metodológicos
Uno de los retos que se nos presentaron como grupo fue la adecuación de un marco teórico elaborado para investigar los espacios urbanos en el marco de la coyuntura de pandemia que se abría paso a partir de marzo de 2020. Así, se combinaba la lectura de las primeras reflexiones que se originaban con el correr de los días desde distintas usinas intelectuales con el esfuerzo y el desafío por repensar categorías clásicas de los estudios urbanos que ahora eran percibidas como incapaces de dar respuesta ante los nuevos escenarios.
En este sentido, nos surgieron numerosos interrogantes: ¿cómo se actualizaban los imaginarios y las representaciones sobre los espacios urbanos y los espacios domésticos? ¿Qué pasaba con las prácticas y los usos que se daban tradicionalmente en las calles, parques y plazas de la ciudad ahora que estos espacios estaban cerrados o con circulación restringida? ¿Cómo se adecuaba la vida cotidiana en el espacio doméstico? ¿La pandemia y el ASPO igualaron las condiciones de vida de todos y todas, o las desigualdades de clase, género, etarias y geográficas continuaron reproduciéndose y hasta se profundizaron en este nuevo contexto?
Otro de los desafíos que trajo la pandemia fue la imposibilidad de realizar un trabajo de campo clásico. Con las nuevas medidas del ASPO, las entrevistas y encuestas presenciales y las observaciones en espacios urbanos quedaban descartadas. En esas primeras reuniones, entonces, también tuvimos que pensar y elaborar nuevas técnicas de producción de datos que se adecuaran a la sociología en la emergencia para responder nuestros interrogantes y objetivos de investigación.
De este modo, decidimos confeccionar dos encuestas autoadministradas en formato virtual que pudieran ser respondidas desde cualquier dispositivo electrónico (teléfonos celulares, computadoras y tablets). Esta herramienta digital nos permitió relevar en pleno aislamiento a 2.878 personas en el primer caso y a 1.850 en el segundo[5]. Sin embargo, presentó algunas limitaciones, tal como advierte Díaz de Rada (2012) acerca de los inconvenientes de este tipo de encuestas, como por ejemplo la imposibilidad de alcanzar a la población que no tiene acceso a Internet y/o dispositivos electrónicos; una alta feminización de la muestra (en ambas muestras superó el 70%); y una sobrerrepresentación de adultos (más del 70% de ambos casos eran personas entre 25 y 59 años), de individuos con niveles educativos medio-altos (por encima del 60%) y de habitantes de la CABA por sobre el resto del AMBA (más del 55% en ambas encuestas). Sin desconocer esto, sostenemos que las encuestas online nos permitieron llegar a un número importante de casos en tiempo real durante la etapa del ASPO estricto y durante la fase de aislamiento administrado, lo cual nos aportó información muy valiosa y escasa[6]. Además, los datos obtenidos a partir de este instrumento cuantitativo resultaron útiles para explorar tendencias en un grupo poblacional que presentó heterogeneidades en los usos, valoraciones y emociones en relación con el espacio público y el espacio doméstico según género, tamaño del hogar, grupo etario y ubicación geográfica de la vivienda. Estas heterogeneidades nos permitieron problematizar los modos desiguales en los que las distintas fases del ASPO afectaron a la población, tal como desarrollamos en algunos capítulos de este libro.
Por otro lado, durante los mismos meses en que realizamos las encuestas, llevamos adelante un estudio longitudinal mediante dos tandas de entrevistas semiestructuradas con habitantes del AMBA por teléfono o videollamada con el objetivo de profundizar el análisis de las formas de sentir y experimentar los espacios públicos y privados durante la pandemia con una mayor agudeza que la encuesta. Nos propusimos acompañar a las personas entrevistadas a lo largo de un proceso temporal en el que emergieron emociones y percepciones distintas en torno a los usos del espacio y del tiempo. Realizamos 12 entrevistas en abril de 2020 y 9 en junio y julio del mismo año a las personas entrevistadas que pudimos recontactar que pertenecían a distintos grupos etarios y a diferentes sectores socioeconómicos, y que vivían bajo diferentes modalidades de hogar (solos/as o en grupo familiar) durante el confinamiento[7].
En 2021, cuando algunas de las medidas de aislamiento se habían suspendido o moderado y se comenzaron a priorizar medidas sanitarias como el Distanciamiento Social Preventivo y Obligatorio (DISPO)[8], que rehabilitó el uso de los espacios urbanos y permitió la realización de actividades artísticas y deportivas al aire libre y las reuniones en espacios abiertos, decidimos retomar las técnicas clásicas de recolección de datos. Así, realizamos 20 observaciones en 8 parques y plazas del AMBA (5 en CABA, una en Morón, una en La Matanza y una en Avellaneda) y observaciones en el Parque Federal de la provincia de Santa Fe[9] en diferentes momentos del día y en distintos días de la semana para captar los cambios de ritmo. Para ello, elaboramos una guía de observaciones que buscaba registrar los usos, usuarios, convivencia y tensiones que se manifestaban en estos espacios.
Finalmente, como complemento de nuestro trabajo multitécnica se analizaron distintas publicaciones de gobiernos locales que incluyeron comunicaciones oficiales en diversos soportes: decretos y regulaciones, noticias de los sitios webs y publicaciones en las redes sociales oficiales de los gobiernos locales.
Los capítulos del libro
Ciudad confinada presenta los resultados de la investigación que realizamos durante la pandemia de covid-19[10]. Como mencionamos más arriba, el objetivo fue analizar el impacto del ASPO estricto y las distintas fases de la pandemia en la vida cotidiana de los habitantes del Área Metropolitana de Buenos Aires (AMBA) y el modo en que estos modificaron su relación con el espacio urbano y el espacio doméstico. Nos propusimos enfatizar en la dimensión espacial de la política sanitaria atendiendo a los patrones culturales y las condiciones de vida preexistentes.
El capítulo de Joaquín Benitez se propone explorar la historia y la relación mutuamente constitutiva entre ciudad, salud y enfermedad, preguntándose por las particularidades históricas y urbanas de la pandemia de covid-19 en la Ciudad de Buenos Aires, y los futuros urbanos que se despliegan a partir de ésta en el mediano plazo. Mediante una reflexión teórica, históricamente anclada, se propone matizar y complejizar los discursos que pronostican transformaciones radicales, para explorar las continuidades y los cambios sutiles que la pandemia trajo y traerá en la vida urbana de los países latinoamericanos en general, y del Área Metropolitana de Buenos Aires en particular. A partir de un análisis exhaustivo de bibliografía especializada, el capítulo muestra que muchos de los fenómenos que se presentaron en la pandemia de covid-19 no fueron realmente nuevos y que existieron en pandemias globales anteriores como las de cólera, fiebre amarilla, etc. Al mismo tiempo, esta pandemia ha mostrado algunos aspectos novedosos como una escala global de contagio producto de una urbanización planetaria que conecta a las ciudades en nuevas redes de movilidad de bienes y personas, la intensidad de las medidas de aislamiento, la relativamente rápida disponibilidad de vacunas, sus efectos en la economía mundial, entre otros.
Martina Berardo y Diego Vazquez analizan en su capítulo las prácticas y las representaciones que distintos actores sociales –gobiernos locales y habitantes de la metrópoli– presentaron durante las distintas fases de la pandemia de covid-19 sobre los espacios urbanos de uso público en el AMBA. Las concepciones oficiales de estos espacios urbanos se modificaron profundamente durante el desarrollo de la pandemia y acompañaron importantes cambios en los usos que se impedían o se alentaban. En sintonía con los vaivenes en el ritmo de contagios y en la política sanitaria, también se produjeron transformaciones en las representaciones y las prácticas que desarrollaban los habitantes del AMBA. Para comprender este proceso, Berardo y Vazquez proponen las categorías de urbanofobia y urbanofilia en tanto imaginarios de carácter actante, ya que se trata de conjuntos de percepciones y representaciones negativas o positivas acerca de los espacios urbanos de uso público, que motivan una reducción o ampliación de las prácticas que tienen lugar en dichos espacios. A lo largo del capítulo, muestran la reconversión de un imaginario urbanofóbico característico de la etapa más estricta del ASPO, a un imaginario urbanofílico experimentado durante la fase del DISPO, en la que se flexibilizaron las restricciones.
El libro también analiza las percepciones, valoraciones y reconfiguraciones de los usos de las plazas y parques durante la pandemia. Si bien durante las primeras semanas y meses se registró cierto miedo a circular por las calles de la ciudad, a medida que avanzó el conocimiento científico sobre los medios de contagio y prevención, y se flexibilizaron las medidas de aislamiento, las áreas verdes y las actividades en espacios abiertos comenzaron a ser valoradas, tanto por las administraciones de gobierno como por la ciudadanía, como las más seguras para la vida social. En este sentido, el capítulo de Dianela Gahn examina las transformaciones que se produjeron en los usos y el habitar del Parque Federal en la provincia de Santa Fe durante el DISPO. Gahn se propone analizar de qué modo durante la pandemia se acentuó la presencia de problemáticas preexistentes en el parque, como el uso indebido de la bicisenda por parte de motocicletas, y si surgieron –o no– nuevas problemáticas en los usos del espacio. El estudio le permitió identificar y comprender los posibles desafíos y tensiones que se generaron en el contexto pandémico en relación con el uso de los espacios verdes urbanos, y cómo estos fenómenos impactaron en la experiencia de las personas usuarias del parque. Para abordar el caso, se observaron los usos del Parque Federal durante la pandemia y se analizaron los comportamientos de las personas usuarias en este espacio verde. Paralelamente, se realizaron entrevistas a residentes de la zona y se recuperaron los comentarios de las personas usuarias del parque en Google Maps con el propósito de identificar nuevas formas de habitar el espacio y prácticas emergentes que hayan surgido como resultado de la ocupación de los parques y plazas después del estricto confinamiento debido a la pandemia de covid-19.
Por su parte, el capítulo de Lucía Gamino y Marcos Jaramillo explora las transformaciones en las prácticas y valoraciones de las plazas y parques de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires que realizan las y los usuarios a través de tres ejes temporales: antes de la pandemia, la etapa estricta del ASPO, y tras la flexibilización de las medidas de restricción de la circulación con la implementación del DISPO. A su vez, a partir del análisis de entrevistas realizadas especialmente a usuarios y usuarias de plazas y parques, reflexionan en torno a tres dimensiones en el marco de los tres períodos propuestos: la (re)domesticación de los espacios verdes y el espacio de la vivienda, la sociabilidad en los exteriores urbanos y al interior del espacio privado, y la (re)valoración de la naturaleza y el aire libre.
El capítulo de Agustina Márquez y Emilia Tamburri procura contribuir al análisis de la relación entre espacio doméstico, espacio público y espacio de posiciones sociales durante el ASPO en el AMBA. Las autoras abordan de qué manera, en la fase más estricta del aislamiento, dentro de un sector social relativamente homogéneo en sus condiciones de vida, ciertos atributos vinculados al género, la edad, la maternidad/paternidad y las formas de inserción en el mercado de trabajo configuraron prácticas y percepciones diferenciales en el espacio doméstico, así como distintos modos de vincularse con el espacio público. En particular, analizan cómo se configuraron y limitaron las prácticas y reapropiaciones del espacio doméstico en relación con la esfera del cuidado, las formas de reapropiación del tiempo y las percepciones y valoraciones del espacio público que se encontraba, en ese momento, prácticamente clausurado. Para ello recuperan los cambios en los usos del tiempo que realizaron los sectores medios respecto a la vida cotidiana en la prepandemia.
Por último, Martín Boy y María Agustina Peralta dan cuenta de las experiencias vividas por las personas que atravesaron la primera etapa del ASPO en hogares unipersonales en el AMBA con el fin de comprender de qué manera una situación tan extraordinaria pudo convertirse también en oportunidad, en puntos de inflexión que pudieron ser capitalizados por las personas para pensarse, recrear e imaginar sus vínculos y problematizar su relación con la ciudad. Si bien esperaban encontrar en las narraciones de las personas entrevistadas sólo escenas cargadas de emociones negativas referidas a la experiencia del confinamiento, a la soledad, a las pérdidas tanto económicas como vinculares que atravesaban, también sobresalieron relatos de redescubrimiento y reapropiación del tiempo y de sus espacios. Este emergente del trabajo de campo evidenció otra dimensión de la experiencia del confinamiento, en la que ésta fue interpretada como terreno de posibilidad para el surgimiento de nuevos modos de vivir y de habitar el espacio urbano. La perspectiva adoptada por el capítulo pone el foco en las oportunidades por sobre las privaciones generadas por el confinamiento y, sobre todo, parte de la agencia de las personas para sobreponerse a una situación que no fue planificada, prevista ni voluntaria.
El libro analiza de manera novedosa los datos producidos por el GECU en tiempo real cuando nos encontrábamos atravesando la pandemia de covid-19. La distancia temporal entre el trabajo de campo –llevado a cabo en 2020 y 2021– y el análisis de los resultados –realizado tres años después– nos permite entender que la pandemia trajo transformaciones pero también continuidades, al tiempo que visibilizó y reforzó profundas desigualdades económicas, urbanas y de género preexistentes, como veremos a lo largo de los capítulos.
A más de tres años del estallido de la pandemia, y con el fin de la emergencia sanitaria global por covid-19 declarado por la Organización Mundial de la Salud en mayo de 2023 (Editorial Infobae, 5 de mayo de 2023) –anuncio que llegó mientras terminábamos de escribir este libro–, cabe continuar preguntándonos por la permanencia de los cambios observados en las prácticas urbanas y en los usos de los espacios públicos y domésticos así como por las huellas que ha dejado en la organización del trabajo académico.
Referencias bibliográficas
Arrossi, S.; Ramos, S.; Paolino, M.; Binder, F.; Perelman, L.; Romero, M.; Krupitzki, H. (2020). Estudio Tiara. Primer avance de resultados. CEDES.
Boy, M. y Marcús, J. (2021). La ciudad en tiempos de covid-19: la reconfiguración de lo público y lo privado. Área Metropolitana de Buenos Aires, 2020. En C. Pereira Abagaro, M. Boy, R. A. Rosales Flores, J. Marmolejo y C. Muñoz (coords.), La pandemia social de covid-19 en América Latina. Reflexiones desde la salud colectiva (pp. 205-230). Teseo.
Díaz de Rada, V. (2012). Ventajas e inconvenientes de la Encuesta por Internet. Papers. Revista de Sociología (97), 193-223.
Giglia, A. (2020). Repensar las ciudades desde el encierro doméstico. En G. C. Delgado Ramos y D. López García (eds.), Las ciudades ante el covid-19: nuevas direcciones para la investigación urbana y las políticas públicas (pp. 294-302). Plataforma de Conocimiento para la Transformación Urbana.
Jones, D. y Camarotti, A. C. (coords.) (mayo, 2020). Consumo de alcohol en la cuarentena por covid-19: Encuesta en el Área Metropolitana de Buenos Aires. Informe de investigación inédito. Instituto de Investigaciones Gino Germani, Facultad de Ciencias Sociales, UBA.
Marcús, J. (2017). Ciudad viva. Disputas por la producción sociocultural del espacio urbano en la Ciudad de Buenos Aires. Teseo.
Marcús, J.; Boy, M. G.; Benitez, J. A.; Berardo, M. D.; Felice, M. I.; Márquez, A.; Peralta, M. A. y Vazquez, D. E. (2020). La vida cotidiana ante el covid-19: Modos diferenciales de usar y valorar el espacio en el Gran Buenos Aires durante la fase 1 del ASPO, 2020. Revista Ensambles (13), 96-129.
Marcús, J.; Boy, M.; Benítez, J.; Berardo, M.; Felice, M.; Márquez, A.; Peralta, M. A. y Vazquez, D. (2021). El espacio doméstico en la pandemia. Habitar en los primeros tiempos de aislamiento obligatorio por covid-19 en el Gran Buenos Aires, 2020. En J. Barada, E. Moso y D. Roldán (coords.). Habitar(es) en el siglo 21. Materialidades, velocidades, compartires (pp. 289-312). UNR.
Marcús, J.; Boy, M.; Benitez, J.; Berardo, M.; Márquez, A.; Peralta, M. A. y Vazquez, D. (2022). Longing for everyday life. Experiencing covid-19 social isolation in a Latin American city. Urban Geography, 43(6), 821-836.
Rodó de Zárate, M. (2018). Hogares, cuerpos y emociones para una concepción feminista del derecho a la ciudad. En M. G. Navas Perrone y M. Makhlouf de la Garza (coords.), Apropiaciones de la ciudad. Género y producción urbana: la reivindicación del derecho a la ciudad como práctica espacial (pp. 44-71). Pollen.
Vazquez, D. y Berardo, M. (2023). ¿Hay un modelo urbanístico postcovid? La pandemia como catalizadora de transformaciones urbanas en Buenos Aires. ÍCONOS, Revista de Ciencias Sociales, 27(75), 57-80.
Ziccardi, A. (coord.) (2021). Habitabilidad, entorno urbano y distanciamiento social. Una investigación en ocho ciudades mexicanas durante covid-19. Universidad Nacional Autónoma de México.
Zunino Singh, D.; Pérez, V.; Hernández, C. y Velázquez, M. (mayo 2020). Movilidad pública, activa y segura. Transporte y pandemia en el AMBA. Primer informe.
Fuentes documentales
La OMS declaró el fin de la emergencia sanitaria global por covid (2023, 5 de mayo). Infobae. https://bit.ly/3IVgwgU.
- Nos referimos al ASPO estricto que comenzó el 20 de marzo de 2020 a partir de un decreto presidencial (Decreto 297 de 2020) y que se extendió hasta el 17 de abril de 2020, y al aislamiento administrado caracterizado por una progresiva flexibilización en las restricciones a partir de permisos parciales para habitar y usar los espacios urbanos que se desarrolló entre el 18 de abril y el 6 de noviembre de 2020. Para un análisis exhaustivo de las diferentes etapas de la pandemia y las medidas sanitarias adoptadas, ver el capítulo de Martina Berardo y Diego Vazquez en este volumen.↵
- Sociología en la emergencia fue el nombre que la carrera de Sociología de la Universidad de Buenos Aires dio a una serie de videos en los que docentes y equipos de trabajo fueron invitados a contar la experiencia de investigar durante la pandemia. Desde el Grupo de Estudios Culturales y Urbanos (GECU) hemos participado en uno de los videos: https://bit.ly/3pnMtYx (16/04/2020).↵
- El GECU es un equipo de investigación que desde 2012 desarrolla sus actividades en el Área de Estudios Culturales del Instituto de Investigaciones Gino Germani de la Facultad de Ciencias Sociales de la Universidad de Buenos Aires (UBA). Está dirigido por Juliana Marcús y codirigido por Martín Boy, ambos investigadores del Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas (CONICET). Sus integrantes son jóvenes sociólogos y sociólogas con estudios de maestría y doctorado o culminando estudios de posgrado, y estudiantes avanzados de la carrera de Sociología de la UBA. Sus líneas de trabajo se orientan hacia el análisis de los usos diferenciales de la ciudad desde una perspectiva que busca articular los estudios urbanos con la sociología de la cultura, poniendo énfasis en los modos de producir y habitar el espacio urbano.↵
- La investigación se realizó en el marco del Proyecto UBACyT 20020190200407BA (2020-2022), “La producción sociocultural del espacio en un contexto de mercantilización urbana: actores, conflictos y modos diferenciales de habitar la ciudad (Ciudad de Buenos Aires, 2007-2019)” y contó con financiamiento de la Secretaría de Ciencia y Técnica de la Universidad de Buenos Aires. ↵
- La primera encuesta fue realizada en las primeras semanas del ASPO estricto (entre el 8 y el 21 de abril de 2020) en la que la circulación se encontraba altamente restringida, a personas mayores de 18 años que residían en el AMBA. La segunda encuesta se realizó entre el 19 de junio y el 3 de julio de 2020, etapa del confinamiento administrado en un contexto de flexibilización de las restricciones y autorización de actividades en el espacio urbano, con el propósito de profundizar en los aspectos indagados en la primera encuesta y analizar nuevas dimensiones como el uso y percepciones en torno a los espacios verdes. Para conocer la composición de la muestra de ambas encuestas, ver Tabla 2 en el anexo metodológico del capítulo de Martina Berardo y Diego Vazquez en este volumen.↵
- Asimismo, otras investigaciones que utilizaron herramientas de este tipo para la recolección de los datos manifestaron encontrar sesgos similares (Arrossi et al., 2020; Jones y Camarotti, 2020; Zunino Singh et al., 2020; Ziccardi, 2021).↵
- Para conocer las características de la muestra, ver Tabla 3 en el anexo metodológico del capítulo de Martina Berardo y Diego Vazquez en este volumen.↵
- Mientras que el ASPO significó un vaciamiento de los espacios urbanos y un traslado de actividades que típicamente se realizaban en los espacios exteriores hacia el interior del hogar, el DISPO conllevó una importante reocupación de las calles y espacios verdes a partir de usos tradicionales e innovadores.↵
- Si bien el libro centra su análisis en el Área Metropolitana de Buenos Aires, hemos realizado observaciones en el Parque Federal de Santa Fe puesto que una de las integrantes del GECU, Dianela Gahn, vive en dicha provincia y se propuso analizar las dinámicas de uso de ese parque durante la pandemia a partir de la aplicación de la guía de observación que realizamos colectivamente. Consideramos que resulta enriquecedor el capítulo de Gahn en este volumen ya que puede leerse en clave comparativa con los capítulos de Lucía Gamino y Marcos Jaramillo, y Martina Berardo y Diego Vazquez.↵
- Los primeros hallazgos de la investigación fueron publicados en revistas científicas nacionales e internacionales y en capítulos de libros (Boy y Marcús, 2021; Marcús et al., 2020, 2021, 2022; Vazquez y Berardo, 2023). Sugerimos su consulta para complementar y enriquecer la lectura de este libro. ↵









Ciudad confinada, el libro que explora las experiencias urbanas durante la pandemia:
https://agencia.unq.edu.ar/?p=16226