Salud, ciudades y transformaciones históricas
Joaquín Benitez
Introducción
La irrupción de la pandemia[1] de covid-19 en la vida cotidiana reveló muy rápidamente que, como problema de salud pública, poseía también cierto carácter urbano. Su circulación parecía más acelerada en ciudades densas y globalizadas como Wuhan, Nueva York, Madrid, Roma o Buenos Aires, y su expansión seguía redes de circulación transnacionales de capital y personas, más que distancias geográficas lineales. Ante la falta de otro tipo de medidas paliativas, los gobiernos establecieron aislamientos preventivos y obligatorios masivos, cerrando el acceso al espacio urbano. Al mismo tiempo, el carácter altamente contagioso, el desconocimiento de aspectos básicos sobre el virus SARS-CoV-2, y el alargamiento de los aislamientos por la extensión de la pandemia pusieron en duda la posibilidad de llevar a cabo en el corto y mediano plazo la urbanidad como estilo de vida, con sus altas densidades de personas y objetos, y sus encuentros casuales con extraños en espacios de uso público densamente habitados. Es decir, si las medidas de aislamiento masivo protegieron (de forma desigual) a la población citadina del contagio generalizado, también obturaron el acceso a todo aquello que hace rica y diversa la vida en la ciudad. Aislados en sus viviendas o transitando espacios externos vaciados de cuerpos y actividades, los residentes de las ciudades tuvieron que reinventar formas de trabajar, descansar, compartir y relacionarse con otros, como adelantamos en la introducción de este libro y relevamos en distintos capítulos[2].
En este contexto, académicos, militantes, periodistas, ciudadanos y desarrolladores inmobiliarios se preguntaron por el futuro de las ciudades luego de la crisis de covid-19. Comenzaron a establecer diagnósticos y pronósticos sobre cómo las ciudades serían afectadas por la pandemia, qué nuevas formas de habitar emergerían, cómo el teletrabajo transformaría nuestros desplazamientos y usos de la ciudad, o sobre el incremento de una necesidad por mayor acceso a espacios verdes de uso público. Así, se activaron toda una serie de sentidos comunes e imaginarios sobre cómo debe planearse, construirse y vivir en las ciudades. Estos podían constituirse sobre viejas formas de urbanofobia, ahora recicladas por nuevos arreglos sociotécnicos que hacen posible el trabajo remoto. O podían ser más o menos esperanzadores, resaltando la oportunidad que la crisis representaba para reinventar la ciudad bajo principios emancipadores como el derecho a la ciudad, al ocio, al espacio verde y la vivienda como servicio. Algunos pronosticaban un nuevo protagonismo para la vivienda y el espacio urbano en la agenda pública. Otros elegían ser más cautos y pesimistas, y alertar que la pandemia profundizaría desigualdades socioeconómicas, sanitarias y urbanas.
Sin embargo, muchos de estos discursos parecían establecerse a partir de un olvido sobre la relación histórica entre espacio urbano, enfermedad y gobernanza metropolitana. La sorpresa, el impresionismo sociológico y el aislamiento (físico, pero también disciplinar) tendieron a poner estos problemas en discusión sin considerar la compleja relación y la extensa historia que las ciudades mantienen con los brotes epidemiológicos y las enfermedades infectocontagiosas. Esta pandemia ha sido novedosa en muchos aspectos, como las escalas de las medidas de aislamiento, la relativamente rápida disponibilidad de vacunas, sus efectos en la economía mundial, por citar algunos ejemplos. Pero no es la primera vez que las ciudades modernas atraviesan períodos de crisis de este tipo. Sin embargo, en una gran parte de la discusión pública y académica latinoamericana, no ha existido un ejercicio de mirar al pasado reciente o lejano para entender los efectos urbanos futuros que la pandemia de covid-19 tendría en nuestras ciudades.
El presente capítulo se propone explorar la historia y la relación mutuamente constitutiva entre ciudad, salud y enfermedad, preguntándose por las particularidades de la pandemia de covid-19 en la Ciudad de Buenos Aires, y los futuros urbanos que se despliegan a partir de ésta en el mediano y largo plazo. Mediante una reflexión teórica, históricamente anclada, nos proponemos matizar y complejizar los discursos que pronostican transformaciones radicales, para explorar las continuidades y los cambios sutiles que la pandemia trae(rá) en la vida urbana de los países latinoamericanos en general, y del Área Metropolitana de Buenos Aires en particular.
Este capítulo se desarrolla de la siguiente manera: primero reconstruiremos algunos de los debates que se dieron en el ámbito de los estudios urbanos argentinos y latinoamericanos entre los años 2020 y 2022, atendiendo a los diagnósticos y argumentos que hacían al futuro de las ciudades. En la siguiente sección, nos adentraremos en la historia de la relación entre ciudades, enfermedad y epidemias. Aquí rastrearemos cómo las ciudades modernas son, en gran parte, el resultado de distintos intentos por contener y controlar la diseminación de enfermedades infectocontagiosas. Luego daremos cuenta de las particularidades urbanas de la pandemia de covid-19. En este apartado construiremos sobre el relevamiento histórico del apartado anterior para rastrear aquellos aspectos que habrían sido novedosos en esta pandemia. Una vez establecidas estas particularidades, en el cuarto apartado nos preguntaremos por los futuros urbanos pospandémicos y sus implicaciones para Buenos Aires y las ciudades del sur global. Finalmente, cerraremos este capítulo con algunas conclusiones y reflexiones finales.
Meditaciones en una emergencia: la epidemia de diagnósticos urbanos y sociales
La novedad y la irrupción de la pandemia produjo, luego de un breve período de confusión e incertidumbre, una multiplicación de charlas, conferencias, libros y artículos que discutían sus efectos sociales. Estos, con distintos niveles de apresuramiento, establecieron diagnósticos, preguntas, teorías e hipótesis a explorar sobre las causas de la pandemia y sobre sus futuras consecuencias. Estas meditaciones en una emergencia, parafraseando el poema de Frank O’Hara, intentaban comprender y dar sentido a nuestra experiencia de sorpresa, aislamiento, incertidumbre y temor. Se organizaron jornadas online y se publicaron volúmenes colectivos en los que se recopilaron intercambios y debates de escala latinoamericana. Aquí nos interesa recuperar los aspectos urbanos de dichos debates: aquellos que intentaron, dentro de las múltiples problemáticas e impactos que se discutieron, dar cuenta de los efectos en las ciudades y en nuestra forma de vivir en ellas. Con este fin relevamos varios volúmenes colectivos que recopilaron debates, ponencias y artículos surgidos en distintos eventos. Estos incluyeron nueve recopilaciones publicadas entre 2020 y 2022[3], así como también artículos académicos publicados en el mismo período que expresamente reflexionaban sobre el futuro de las ciudades en la pospandemia.
En primer lugar, se identificaba que “el coronavirus es una enfermedad urbana” (Carrión Mena, 2020, p. 24), que tiene a la ciudad como principal escenario de contagio y de intervención. Se sostenía que “la pandemia es [un] proceso eminentemente local: las formas de acción, las reacciones, las políticas y la manera en que la pandemia ha sido vivida por los diferentes grupos sociales es solo entendible en clave territorial” (Perelman, 2021, p. 2). Es decir que los estudios urbanos tenían algo para decir sobre la pandemia porque era un fenómeno con una dimensión espacial y urbana: la distribución territorial del acceso y la calidad de las infraestructuras urbanas y la vivienda explican los impactos diferenciales del covid-19 (Giglia, 2020; Segura, 2020). Así, por ejemplo, se sostenía como novedad que “el dicho ‘dime donde vives y te diré quién eres’ se ha vuelto dolorosamente actual y podría reformularse como ‘dime donde vives y te diré tu riesgo de contagio’” (Giglia, 2020, p. 297).
Pero, al mismo tiempo, la pandemia de covid-19 habría hecho intolerable la cercanía y la densidad que caracteriza a los espacios urbanos (Giglia, 2020). El espacio urbano era percibido como amenazante, como “un lugar maldito, típico de una ciudad fantasmal, donde el habitante que transita por la calle es continuamente criminalizado, sometido a prisión y estigmatizado por su supuesta indisciplina, produciendo lo que podría conocerse como agorafobia” (Carrión Mena, 2020, p. 27). Debido a esto, los espacios de uso público eran, quizás, uno de los aspectos de la urbanización sobre los que se abrían interrogantes más profundos (Honey-Rosés et al., 2020): sobre su diseño, usos y apropiaciones, sobre la temporalidad de las políticas de aislamiento y sus efectos a largo plazo, sobre su impacto en la libertad y el ejercicio de la ciudadanía, sobre cómo se adaptaron los grupos más vulnerables que hacen usos más intensivos de estos espacios, etc. Otros preferían preguntarse por el futuro de la convivialidad más que poner el énfasis en la separación, la distancia o el aislamiento (Segura, 2020).
Para algunos autores, la crisis sanitaria también era una crisis de nuestra forma de pensar la ciudad: teorías y epistemologías urbanas actuales eran ahora percibidas como obsoletas, incapaces de dar respuesta ante los nuevos escenarios y desafíos (Carrión Mena, Corti, Ramírez Kuri y Abramo, 2022; Segura, 2020). Así “la planificación urbana que nació con la revolución industrial, destinada a reducir los procesos de contaminación con criterios de salud pública vinculados a la zonificación de las urbes con usos de suelo específicos, deberá reinventarse” (Carrión Mena y Cepeda, 2020, p. 3). Se sostenía que “la crisis sanitaria incorporó nuevas variables a una ecuación insoluble. Puso en cuestión respuestas que hasta el momento se consideraban razonables y posibles, agudizó problemas ya existentes y creó otros nuevos” (Dadon, 2021, p. 10). A partir de esto, algunas autoras señalaban que “esta pandemia nos obliga a repensar la relación de los seres humanos con el espacio, y la relación que los seres humanos pueden entretener los unos con los otros en el entorno urbano” (Giglia, 2020, p. 301).
Distintos autores y académicos remarcaban la necesidad de volver a poner en el centro de la agenda pública los debates sobre la ciudad para desligarla de la banalización capitalista (González, 2020). Algunos reclamaban “un esfuerzo más serio para hacer las ciudades más verdes. […] Anticipamos una mayor demanda por espacios verdes más pequeños que sirvan como lugar de refugio para escapar del bullicio de la ciudad” (Honey-Rosés et al., 2020, p. 306). Otros proponían “ruralizar la urbanidad, sobre todo en las grandes ciudades donde la relación con la Naturaleza es prácticamente nula” (Svampa y Viale, 2020, p. 103). Para muchos autores, “queda demostrado que volver a aquella ‘normalidad’ anterior, no nos garantiza una producción de ciudad, en términos sostenibles, como tampoco en los de equidad e inclusión social” (Mattioli y Schneider, 2020, p. 342). Este era un consenso generalizado compartido por autores e investigadores de distintas tradiciones y geografías. Con sus particularidades cada uno presentaba el retorno al estilo de vida y la producción de ciudad anterior como la persistencia de un modelo económico insostenible social y ambientalmente (Badia, 2020; Castells, 2020; Svampa y Viale, 2020). Algunos autores eran particularmente optimistas y daban por hecho la reinvención de la ciudad a través de debates y discusiones colectivas que la salven de su banalización, mercantilización y fragmentación (González, 2020). Sin embargo, otros alertaban que la invención de nuevas formas de vivir y hacer la ciudad a partir del aislamiento y la crisis producida por la pandemia de covid-19 no se encontraban garantizadas, pues “una crisis en sí misma no generará el cambio social. Este depende de la capacidad de los actores sociales para poner de relieve las cuestiones que genera la situación histórica promoviendo visiones políticas y una racionalidad económica alternativa” (Pleyers, 2020, p. 304).
La crisis de covid-19 se diagnosticaba profundizada y agravada como producto de décadas de un urbanismo neoliberal caracterizado por desfinanciar los servicios públicos, mercantilizar el acceso a la ciudad, fragmentar la gobernanza urbana metropolitana y reemplazar la cooperación y redistribución por competencia y mercado (Carrión Mena et al., 2022; Castells, 2020; Harvey, 2020; Pleyers, 2020). Es decir que la crisis era agravada por la falta de recursos (en términos económicos o de capacidades estatales) que distintos actores del sector público experimentaban para poder intervenir efectivamente ante las múltiples problemáticas causadas por la pandemia y las medidas de aislamiento social. Como bien señalaba David Harvey (2020), “no hay nada que sea un desastre verdaderamente natural” (p. 82). En este sentido, varios autores resaltaban que la pandemia desnudaba y hacía insoportables toda una serie de desigualdades sociales que la preexistían y que se encontraban naturalizadas al momento de su llegada (Badia, 2020; Carrión Mena, 2020; Pleyers, 2020; Segura, 2020; Svampa y Viale, 2020).
En este contexto, pareció también popularizarse la idea de la ciudad de los 15 minutos (Moreno et al., 2021) como horizonte de planificación y solución aplicable a cualquier metrópolis (Carrión Mena, 2020; Giglia, 2020) sin importar historia, tamaño o estructura urbana. Se presentaba como una oportunidad de mantener un estilo de vida urbano minimizando las posibilidades de contagio al limitar el movimiento al barrio circundante, al mismo tiempo que se presentaba como una oportunidad para hacer a la ciudad más ambientalmente sostenible y socialmente dinámica.
Las ciudades como sitios de contagio, circulación y aislamiento
Sin embargo, las ciudades tienen una larga y constitutiva historia con los brotes epidemiológicos. Desde la Antigüedad y la Edad Media, llegando incluso hasta el día de hoy, las ciudades han sido lugares preferenciales de la propagación (o contención) de distintas enfermedades contagiosas. En primer lugar, por su condición material de densidad, hacinamiento e intensa actividad económica (Davis, 2022) y, en segundo lugar, por su carácter histórico: las ciudades son entidades políticas y sociales mucho más antiguas que los Estados nación y, por lo tanto, han tenido que enfrentar y gestionar este tipo de crisis desde su aparición hace más de 7.000 años (Ali et al., 2023). A lo largo de la historia, autoridades locales y habitantes respondieron principalmente separando y aislando a la población enferma, construyendo muros y barreras, instalaciones de alojamiento especialmente dedicadas o simplemente dispersando a la población (Carbone, 2023; Currie, 2023). El distanciamiento social como respuesta al contagio, lejos de ser un fenómeno nuevo de esta pandemia, tomó distintas formas a lo largo de la historia. El ejemplo más obvio podrían ser las cuarentenas (quaranta giorni) y cordones sanitarios para barcos recién llegados, implementados por primera vez en Ragusa (Ciudad Estado de Dubrovnik) en el siglo XIV, quizás la única medida efectiva contra la peste negra durante ese período (Currie, 2023; Huremović, 2019). Pero también podemos recuperar toda una serie de casos en los que las ciudades y nuestras formas de habitar en ellas han sido transformadas por intentos de controlar y aislar la enfermedad.
La construcción de casas y colonias para aislar de por vida a aquellos infectados de lepra fue una práctica extendida a lo largo de la historia, desde la Antigüedad hasta bien entrado el siglo XX. Los leprosarios proliferaron en la Europa antigua y medieval, donde se estima que llegaron a existir alrededor de 12.000 en el siglo XII (Currie, 2023). Localizados en las afueras de las ciudades, el aislamiento de los leprosos respondía más a la necesidad de proteger a los sanos y contener su expansión, que de sanarlos. Los pacientes eran provistos de cuidados espirituales y materiales más que sanitarios, ya que típicamente eran administrados por personal religioso y no existía una cura (Szende y Gecser, 2021). Las versiones más modernas del leprosario en los siglos XIX y XX continuaron con esta tradición, de forma que estas instalaciones siempre fueron pequeños poblados y comunidades de aislados permanentemente más que instalaciones de cuidado sanitario (Akers, 2021; Currie, 2023).
La noción misma de ghetto para referir a la segregación residencial de minorías estigmatizadas tiene origen en una política que se pretendía como sanitaria en la Venecia del siglo XVI (Sennett, 1994). Hasta la conformación del ghetto de Venecia, la concentración de población judía en determinadas zonas de las ciudades medievales era voluntaria y respondía más a la existencia de lazos comunitarios y religiosos (Duneier, 2017). Pero en Venecia, donde este grupo se dedicaba principalmente al ejercicio de la medicina, el miedo al contagio de enfermedades justificó edictos que prohibieron la residencia de judíos por fuera de los límites del ghetto vecchio y la construcción en torno a estos de muros y de puentes que sólo permanecían abiertos durante el día (Sennett, 1994).
Figura 1. Michel Serre. (1720). Chevalier Roze à la Tourette [óleo sobre tela]. Musée Atger, Montpellier, Francia

Fuente: Imagen de dominio público.
De forma inversa, barrios y ciudades enteras han sido construidos como enclaves de elite para separar a las autoridades coloniales del riesgo de contagio de distintas enfermedades (como malaria, dengue, cólera, etc.) a lo ancho de los imperios francés, portugués y británico durante el siglo XIX (Lynch et al., 2020). Estos se constituyeron a partir de zonificaciones raciales, así como también de desinversión y provisión muy desigual de vivienda, infraestructura y servicios en ciudades de África, Asia y América Latina (Corburn y Riley, 2016). En estos casos, las autoridades coloniales no dudaron en culpar a las poblaciones indígenas y sus prácticas higiénicas por el contagio generalizado, y tomaron provecho de esto para legitimar y concretar intervenciones urbanísticas que hasta el momento habían permanecido resistidas (Valdespino, 2021). El resultado fue un legado colonial de vivienda, infraestructura y servicios inadecuados que las autoridades postindependencia han tenido serias dificultades para subsanar (Lynch et al., 2020).
Incluso, existe un vínculo originario entre el pensamiento urbano y el sanitario que surge en la ciudad moderna del siglo XIX, con la construcción de grandes obras de infraestructuras de agua y saneamiento a instancias del movimiento higienista (Hall, 1996; Snowden, 2019). Ingenieros, filántropos, médicos, periodistas y arquitectos dieron forma al pensamiento urbano y las primeras herramientas de intervención sobre las ciudades en un momento histórico en el que ni la planificación urbana ni las ciencias sociales se encontraban institucionalizadas (Schubert, 2022; Snowden, 2019). Éstos se embarcaron en una cruzada por eliminar la miasma, la mugre, civilizar y moralizar una sociedad a la cual la industrialización, la urbanización y la pobreza habían llevado a una decadencia física y moral (Hall, 1996; Johnson, 2020; Snowden, 2019). Como bien señala Matthew Gandy (2006), las infraestructuras de agua y saneamiento estuvieron en el centro de las innovaciones técnicas y políticas en la gestión de la ciudad moderna. Su construcción requirió la creación de nuevos instrumentos financieros, al mismo tiempo que fueron objeto de una transición de soluciones privadas a formas más complejas de administración y gestión pública, en las que intereses económicos capitalistas y teorías miasmáticas o microbianas[4] entraron en conflicto para terminar de dar forma a la ciudad del siglo XX. Las teorías en boga, basadas en los miasmas o en el contagio, dieron lugar a distintas iniciativas arquitectónicas y/o urbanísticas que introdujeron importantes transformaciones espaciales en las ciudades, como los grandes parques urbanos, por ejemplo los bosques de Palermo en Buenos Aires o el Central Park en Nueva York (Gorelik, 1999), las obras públicas de agua y saneamiento (Gandy, 2006; Johnson, 2020; Snowden, 2019), los códigos de construcción y zonificación (Benevolo, 1963) y los primeros proyectos de vivienda social (Hall, 1996).
Durante este período “en todo momento hubo más de una teoría en la intersección de medicina y arquitectura. El discurso arquitectónico [y urbanístico] está conformado por un continuo debate y tensión entre escenarios medicinales alternativos” (Colomina, 2019, p. 54). Irónicamente, muchas de estas intervenciones estaban basadas en la teoría de las miasmas porque, en dicho momento histórico, eran más fáciles de comprender y ofrecían una mayor capacidad de intervención comparada con las teorías del contagio microbial (Schubert, 2022; Snowden, 2019). A pesar de esto, fueron particularmente efectivas en mejorar la calidad de vida y la salud colectiva de los pobres urbanos. Si bien aún existen debates en torno al peso que distintos factores habrían tenido en la caída de la morbilidad (como los avances en medicina, mejoras nutricionales en la alimentación, el aumento de los ingresos, etc.), actualmente se reconoce que las infraestructuras de agua y saneamiento habrían sido una de las principales causas del aumento de la esperanza de vida (Mazzeo, 2007; Snowden, 2019).
Pero este vínculo originario entre urbanismo y salud no se encuentra sólo en la invención de nuevas infraestructuras, sino también en las formas de conceptualizar e investigar sobre lo social y lo urbano; particularmente, a través de la tradición iniciada por la escuela higienista francesa, y luego continuada en distintas ciudades, de registrar los contextos sociales de la enfermedad mediante encuestas y relevamientos estadísticos que buscaban relacionar enfermedad y condiciones de vida (Boy y Marcús, 2021; Snowden, 2019). Con el fin de probar su teoría del contagio a través de aguas contaminadas, el mapeo de John Snow de la epidemia de cólera de 1854 en torno a una bomba de agua del Soho londinense fue un momento fundante del análisis espacial y el uso de mapas para vincular fenómenos sociales y urbanos (ver figura 2). La visión panorámica de la ciudad como sistema y proceso colectivo con aspectos tanto materiales como comportamentales no fue una intuición inmediata para la sociedad victoriana, sino una verdadera invención en la forma de entender y analizar patrones de comportamiento social y espacial (Johnson, 2020).
Figura 2. Mapa de casos registrados en la epidemia de cólera en el verano de 1854 por John Snow

Nota: Cada caso es marcado en el mapa como una línea sobre la entrada del domicilio en el que fue registrado. Un círculo y la leyenda Pump señalan la localización de las bombas de agua de la zona. La sospecha de contaminación se encontraba en el cruce de Broad St. y Cambridge St. Fuente: On the Mode of Communication of Cholera, por J. Snow, 1854, C. F. Cheffins, Lith.
El correlato de ese movimiento en Buenos Aires fue una generación de profesionales, políticos y empresarios que marcaron la necesidad de profesionalización de la administración pública municipal y de una nueva disciplina para el estudio y gestión de la ciudad. Buenos Aires sufrió distintos brotes de fiebre amarilla y cólera entre 1852 y 1871 (ver figura 3), con fuertes impactos en su estructura poblacional y su gobernanza urbana: las elites emigraron del sur al norte de la Plaza de Mayo (Scobie, 1986), y la emergencia marcó la necesidad de establecer un gobierno local profesional tecnocráticamente competente (Finquepron, 2020; Pita, 2016). En un contexto de crecimiento urbano y nacimiento del Estado nación, en donde los sentidos sobre la enfermedad se estaban transformando, el espacio urbano se convirtió en el horizonte de diagnóstico e intervención para asegurar la salud física y moral de la sociedad (Novick, 2008; Paiva, 2000, 2016). En dicho período, “el ‘ambiente urbano’ −y con él las alternativas del espacio material− pasaron a ser en sí mismos el problema. La racionalidad de la ciencia obligaba a una función activa del Estado en los equilibrios sociales, imponiéndose a la sociedad por medio de leyes y reglamentaciones” (Novick, 2008, p. 110). En la profesionalización de los saberes higienistas y de otras profesiones que estaban llegando a la municipalidad, estas comenzaron a expandirse a todo un conjunto de tareas que excedían el control higiénico-sanitario para pasar también a la atención de los pobres, huérfanos, enfermos y otras poblaciones vulnerables, efectivamente fundando las primeras instituciones de asistencia social (Paiva, 2016). Así, Obras Sanitarias de la Ciudad de Buenos Aires fue creada en 1867 luego de la primera epidemia de cólera, pero la provisión de servicios cloacales y pluviales no comenzará hasta 1890, momento que coincide con la baja en la mortalidad general en la ciudad (Auge, 2008).
Figura 3. Juan Manuel Blanes (1871). Un episodio de la fiebre amarilla en Buenos Aires. [Óleo sobre tela]. Museo Nacional de Artes Visuales, Montevideo, Uruguay

Fuente: Imagen de dominio público.
Incluso, bien entrado el siglo XX el modernismo arquitectónico y la planificación de las ciudades fueron influenciados por requerimientos de pureza, higiene, aire fresco y asoleamiento para promover la salud física y mental de la población (Campbell, 2005; Colomina, 2019; Currie, 2023; Fezi, 2021). Eliminado el cólera gracias a las redes de agua y saneamiento que relevamos más arriba, la filantropía progresista viró entonces su atención hacia la tuberculosis, para la cual no existía una cura, pero cuyo bacilo había sido identificado hacia finales del siglo XIX (Campbell, 2005). En ese contexto, se observaba que los pacientes mejoraban con descanso, vida al aire libre y dieta sana, y que las familias trabajadoras relocalizadas a viviendas sociales modernas tenían menores índices de prevalencia. Así, el modernismo arquitectónico formó parte de un esfuerzo por explorar nuevas tecnologías y diseños para crear estilos de vida más sanos y activos. Para Le Corbusier, y toda una generación de arquitectos y urbanistas, las paredes de vidrio que dejaban entrar la luz solar, las terrazas con jardín, el aire limpio y los colores neutros que facilitaban la limpieza eran dispositivos preventivos y de curación contra la tuberculosis, lo que borraba los límites entre medicina y arquitectura (Colomina, 2019). En Buenos Aires, los debates de entre siglos sobre la necesidad de parques y plazas estuvieron fuertemente impulsados por las ideas del “verde como pulmón” en un contexto de fuerte expansión y crecimiento urbano y lucha contra la tuberculosis (Armus, 2007; Gorelik, 1999). Para los arquitectos y urbanistas de la época, la grilla regular y las viviendas construidas entre medianeras no dejaban suficiente espacio para un correcto aireamiento y circulación, por lo que debía entonces desarrollarse un sistema de parques públicos para compensar esta carencia.
En suma, hasta el surgimiento de un complejo biofarmacológico a mediados del siglo XX, fue mediante soluciones arquitectónico-espaciales que se lidiaba con brotes epidemiológicos (Colomina, 2019). Ciudades, viviendas, comercios e instituciones eran adaptados, rediseñados y reconstruidos para mejorar el aireamiento, la higiene, la circulación y distanciamiento de los cuerpos, la relocalización de poblaciones y la supresión de vectores infecciosos. En este contexto, los conflictos políticos y económicos por la apropiación de excedentes urbanos también formaron parte de las políticas sanitarias y urbanas. El acceso universal a infraestructuras sanitarias permaneció como una promesa incumplida en las ciudades coloniales o en los barrios más postergados de la metrópolis. En el siglo XIX, como resultado de dinámicas políticas y económicas desiguales de desarrollo de la urbanización capitalista, y en la actualidad como consecuencia de nuevas oleadas de reestructuración neoliberal que han reprivatizado estos servicios en varias ciudades del mundo (Gandy, 2006). Por otro lado, las tecnologías y argumentos sanitarios también fueron frecuentemente utilizados para legitimar procesos de expulsión de poblaciones estigmatizadas e indeseadas en ciudades y geografías muy diversas. No sólo cuando el higienismo estuvo en boga a mediados y finales del siglo XX, sino también durante el reinado del modernismo funcionalista a mediados de siglo y durante la llegada de la acupuntura urbana en la década de los 90 (Galvis, 2020). Los argumentos que apelan a la higiene y la salud pública para prohibir usos y expulsar a indeseables en la ciudad siguen siendo utilizados actualmente por autoridades públicas de todo el mundo (Espinosa Zepeda, 2016; Marcús y Peralta, 2021).
De esta forma, los brotes epidemiológicos y sus respuestas han transformado nuestras ciudades y el modo de vivir en ellas, pero, a pesar de esto, las ciudades siempre continuaron existiendo como centros de poder político-económico y como densos aglomerados de objetos y personas. Sucede que existe una necesidad capitalista de centralidad y aglomeración política y económica (Harvey, 2012; Lefebvre, 2013), aun si esta ha tomado distintas formas y escalas a lo largo de la historia del capitalismo (Arrighi, 1999; Harvey, 2012; Sassen, 2007).
¿Qué hay de nuevo y qué hay de viejo en la pandemia de covid-19? Quiebres y continuidades en la estructura y el espacio urbano
La novedad y la sorpresa ante el covid-19 que parece registrarse desde los estudios urbanos se construyen entonces a partir de un olvido sobre la relación constitutiva entre ciudades, salud y enfermedad. Incluso de los estudios sobre la salud social o los determinantes sociales de la salud que han investigado ampliamente el “efecto barrio”: el entorno construido y las relaciones sociales que se expresan en él tienen un profundo efecto en la salud de sus habitantes (Ezeh et al., 2017). Este subcampo disciplinar ha señalado la existencia de factores a nivel barrial y comunitario que impactan sobre la salud de forma complementaria a las características fisiológicas individuales o las socioeconómicas del hogar. Así, aspectos físicos (conexión a servicios, disponibilidad de infraestructuras sanitarias, etc.), sociales (aspectos culturales, políticos, religiosos, etc.), geográficos (cercanía o lejanía a fuentes de contaminación, vectores infecciosos, etc.), o institucionales (capacidades de los gobiernos locales) son compartidos por la población de un barrio, asentamiento o comunidad. Las ciudades no sólo son sedes de contagio de enfermedades infecciosas, también lo son de epidemias de enfermedades no contagiosas, como obesidad, diabetes, hipertensión, cardiopatías, cáncer, etc., las cuales tienden a agravarse con la urbanización y el crecimiento económico en la llamada transición epidemiológica[5] (Frenk et al., 1994). A tal que punto que, actualmente, ya se presentan mayores niveles de prevalencia de estas enfermedades crónicas y no-contagiosas incluso en los países de ingresos medio-bajos (Ezeh et al., 2017).
La experiencia de un entorno urbano que facilita y promueve la salud física y mental, entonces, está lejos de ser universal, tanto en América Latina como también en las regiones más ricas y desarrolladas económicamente. Sabemos que en Buenos Aires y otras ciudades de la región existe un orden urbano que expulsa a los pobres y a los más vulnerables hacia asentamientos informales en territorios y viviendas ambientalmente inseguras, lo que los expone a enfermedades como dengue, chagas, zika, chikunguña, contaminación con metales pesados, asma o cáncer, entre otras (Auyero y Swistun, 2008; Berberian, 2021; Corburn y Riley, 2016). La pandemia no dejó de desnudar estas profundas desigualdades económicas y urbanas preexistentes: las posibilidades de aislamiento son muy distintas para las casi mil millones de personas que viven en barrios informales y populares de todo el mundo, habitando en viviendas hacinadas y precarias, sin pleno acceso a agua y saneamiento, dependiendo de trabajos informales y sin redes de contención con las que sobrevivir un período prolongado de aislamiento (Benitez y Cravino, 2021; Beltrame, et al., 2021; Corburn et al., 2020; Wilkinson, 2020).
Los saberes expertos en epidemiología advertían desde hace años sobre la posibilidad de una pandemia global con importantes efectos en la salud y la economía del mundo (aunque no hayan anticipado el patógeno particular que la produciría). Una parte importante de la investigación sobre problemáticas urbanas también había advertido sobre esta posibilidad. Por un lado, el libro de Mike Davis El Monstruo llama a nuestra puerta (2005) presentó un análisis urbano de la epidemia de gripe aviar y concluía con la posibilidad de futuros pandémicos inminentes. Por otra parte, científicos sociales y urbanistas de diversas regiones del mundo investigaron a partir de la pandemia de SARS de 2003 cómo la globalización y la urbanización planetaria estarían facilitando la emergencia y dispersión de nuevos patógenos (Ali y Keil, 2008). Desde entonces, otras regiones urbanas han experimentado brotes pandémicos severos, como los de influenza de 2009 originada en México (Menéndez, 2014), de MERS en Medio Oriente en 2012 (Keil y Ali, 2007) o de ébola en las ciudades del África occidental entre 2013 y 2016 (Richards, 2016; Wilkinson et al., 2017).
Esto no quiere decir que no haya aspectos novedosos en la pandemia de covid-19. Es el resultado de un proceso de urbanización planetaria que, a diferencia de algunos antecedentes que citamos en el apartado anterior, sucede en un contexto de interconexión capitalista en el que personas, bienes y servicios se movilizan de forma acelerada a escala global (Ali et al., 2023). La globalización ha creado nuevos dispositivos urbanos que intensifican los flujos de personas y multiplican las oportunidades de contagio (aeropuertos, metros subterráneos, torres corporativas con sistemas de aire acondicionado centralizados, etc.), al mismo tiempo que ha construido redes trasnacionales de gobernanza urbana bajo una lógica de competencia por inversiones que dificulta una respuesta coordinada (Keil y Ali, 2007). Así, “nos exponemos porque estamos demasiado conectados y entonces nos enfermamos porque no estamos lo suficientemente conectados” (Ali et al., 2023, p. 7). El aislamiento y distanciamiento preventivo pueden no ser nuevos en la lucha por contener infecciones, como discutimos en el apartado anterior, pero sí lo fueron la escala planetaria del contagio y de estas medidas de aislamiento.
Lo mismo puede decirse del desarrollo, testeo, fabricación y distribución de las vacunas contra este virus. Por primera vez en la historia, todo esto fue realizado en apenas un año desde la identificación del patógeno, gracias a un trabajo previo de investigación en ciencia básica y biotecnología financiado por Estados y universidades públicas, dedicado desde hace décadas a desarrollar soluciones farmacológicas efectivas contra viejas y nuevas enfermedades. Al mismo tiempo, la adquisición de vacunas también desnudó desigualdades a nivel global. Durante 2020, los países desarrollados acapararon su compra y se aseguraron múltiples dosis para sus habitantes en un esfuerzo por adquirir prioridad en su entrega. Sin embargo, a pesar de la diferencia de recursos y contrario a ciertos pronósticos y prejuicios, no han sido en general los países más ricos aquellos que han logrado mayores niveles de vacunación (74,8% de la población con esquema completo). Sino que, por el contrario, han sido los considerados de ingresos medio-alto (típicamente ciertos países latinoamericanos, del sudeste asiático y de Medio Oriente) los que han logrado mayores niveles de alcance (78,4% de la población con esquema completo). De forma que no se puede generalizar en este caso como un norte global exitoso y un sur global problemático en cuanto a campañas de vacunación: las segundas han sido más exitosas en vencer la reticencia a la vacunación y la desinformación sobre covid-19. Aun cuando los países más pobres de África subsahariana o Asia del sur apenas alcanzaron un 24% de la población con un esquema completo de vacunación[6].
Otro aspecto que es importante matizar es el diagnóstico temprano y generalizado de un completo vaciamiento del espacio urbano de uso público[7]. Si bien durante las primeras semanas y meses se registró cierto miedo a circular por ellos (Marcús et al., 2022), a medida que avanzó el conocimiento científico sobre los medios de contagio y prevención, y se flexibilizaron las medidas de aislamiento, las áreas verdes y las actividades en espacios abiertos comenzaron a ser valorados de forma generalizada como los más seguros para la vida social. De forma más o menos espontánea, aparecieron nuevas maneras de apropiarse de parques y plazas, como la celebración de cumpleaños infantiles, la proliferación del ejercicio y entrenamiento físico al aire libre, ferias de abasto al aire libre, etc. Al mismo tiempo, los gobiernos locales desplegaron formas de urbanismo táctico para estimular el uso de los espacios públicos, como el cierre temporal de avenidas y calles para el comercio, el ocio y el esparcimiento peatonal, la facilitación para que cafés, bares y restaurantes pudieran colocar o expandir mesas sobre la vereda (ver figura 4), la estimulación de la bicicleta como forma de movilidad urbana, etc. Estas intervenciones no representaron verdaderas rupturas con las formas de gestión y planificación que el Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires (GCBA) desplegó en los años anteriores a la pandemia (Vazquez y Berardo, 2023): por el contrario, significaron una profundización y una continuidad sobre intervenciones que el gobierno local desplegó durante la mayor parte de la década de 2010.
Figura 4. Calle acondicionada para que bares y cafés operen en la vía pública durante el período de Distanciamiento Social, Preventivo y Obligatorio (DISPO). Circa 2020

Fuente: Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires. CC BY 2.5 AR. Términos y condiciones de la licencia disponibles en: bit.ly/45M3Y4v.
Los aspectos políticos de estos espacios, aunque debilitados, no desaparecieron en pandemia. Durante los primeros días, aquellos de mayor confinamiento, los vecinos de la ciudad siguieron apelando a formas de protesta colectiva como cacerolazos, aplausos, banderazos, pañuelazos, etc. (Marcús, et al., 2022). Primero en contra de las políticas de aislamiento, pero más tarde y como resultado de la flexibilización de éstas, distintos sectores de la sociedad protestaron y se manifestaron en avenidas, parques, instituciones y monumentos para reclamar públicamente por cuestiones laborales, de género, políticas, etc., llegándose a registrar 489 protestas durante las distintas etapas del Aislamiento Social Preventivo y Obligatorio (ASPO) a lo largo de 2020 (Natalucci et al., 2020). Más que un completo abandono, muerte o vaciamiento, lo que verificamos fue el florecer de una multiplicidad de nuevas formas de apropiación y valorización colectiva de los espacios urbanos de uso público.
Tanto la enfermedad por sí misma, como las políticas de aislamiento estricto y de estímulo económico, han tenido profundos efectos económicos en los mercados habitacionales urbanos y el acceso a la vivienda. Así, la crisis habitacional global parece haberse profundizado: desalojos masivos, aumentos de los precios de alquileres, encarecimiento de las viviendas y del crédito son algunos fenómenos que se han registrado en distintas ciudades del mundo (Malpezzi, 2023; Pawson et al., 2022). En el caso de Buenos Aires y ante la emergencia sanitaria, el gobierno sancionó el decreto 320/20 que prohibió los desalojos, la extensión automática de los contratos, el congelamiento de los precios y la implementación de un esquema de cuotas para el pago de aumentos y alquileres adeudados (Gargantini, 2021). Quizás haya sido en parte este contexto histórico el que facilitó la aprobación de la Ley Nacional de Alquileres, que estableció mecanismos de indexación anuales, duración mínima de tres años para los contratos y varias garantías más que favorecen a los inquilinos y apuntan a la estabilidad habitacional (Gargantini, 2021; Vera Belli, 2021). Sin embargo, este mismo contexto pandémico es el que hace difícil evaluar los impactos de la ley en sus primeros años de implementación. Si bien sabemos que existe un retraimiento de la oferta, este es un fenómeno que comenzó varios meses antes de la llegada del virus y de la implementación de las medidas de regulación de alquileres (Rosanovich, 2022). De forma que cualquier evaluación de las políticas habitacionales para el caso de Buenos Aires debe desandar una compleja maraña de efectos producto de políticas sanitarias, por un lado, y efectos económicos y sociales de la pandemia de covid-19, por el otro.
Futuros urbanos (post)pandémicos: sobre la inevitabilidad de futuros eventos y el rol del urbanismo en el siglo XXI
La fiebre amarilla, el cólera y la tuberculosis, por citar algunos ejemplos que expusimos en este capítulo, han producido transformaciones en las formas en que construimos, gestionamos y vivimos en las ciudades. Los trabajos en este libro van en este sentido: los cambios en las formas de experimentar y apropiarse de calles, plazas y viviendas en el Área Metropolitana de Buenos Aires, lejos de dramáticos y evidentes, son sutiles, subterráneos y cotidianos. Sabemos que las pandemias tienen efectos en las formas en que gobernamos y administramos las ciudades (Finquepron, 2020), pero el sentido de estos cambios se encuentra siempre abierto y es difícil de anticipar (Carbone, 2022). Así podemos pensar las transformaciones futuras en dos aspectos: a) en cuestiones ligadas a la gobernanza de la ciudad y su nueva importancia como nivel de gobierno, y b) sobre las transformaciones en las estructuras metropolitanas, demográficas y el espacio construido.
La pandemia ha demostrado que la gobernanza urbana tendrá cada vez una mayor importancia en el futuro, no solo por una cuestión demográfica de concentración y crecimiento poblacional, sino también por el rol que las ciudades tendrán en los futuros pospandémicos (Ali et al., 2023). La gestión y políticas urbanas fueron clave para contener (o agravar) la infección de covid-19 y sus impactos económicos y sociales. No sólo por cuestiones que hacen al espacio público, la vivienda, la estructura metropolitana o el transporte público, por nombrar algunos ejemplos, sino también porque la pandemia tuvo lugar en un contexto postdescentralización de políticas públicas y responsabilidades, sin transferencia de recursos financieros. Los gobiernos locales (y también provinciales en el caso de nuestro país) son los que han tenido que implementar medidas de policía para cumplir el aislamiento, adaptar espacios públicos para la circulación y movilidad segura, garantizar la continuidad de la educación básica, operar hospitales públicos y centros de salud durante una emergencia médica generalizada, distribuir y aplicar vacunas, etc. La implementación de estas políticas implicó importantes conflictos y tensiones entre gobiernos nacionales y locales, según la arquitectura federal, la distribución de funciones y responsabilidades entre distintos niveles de gobierno, y la competencia política en el sistema de partidos. Estas tensiones existieron en casi todos los países, independientemente del signo político que se encontraba en el poder y del posicionamiento del gobierno nacional frente a la pandemia[8]. Es decir, podemos encontrar tanto casos de gobiernos nacionales negacionistas que se desentendían de la crisis contra gobiernos locales que lideraban la respuesta (como EE. UU., Brasil o México), como también de gobiernos nacionales que aportaban lineamientos y recursos cuantiosos versus gobiernos locales que delegaban sus políticas sanitarias y presionaban por la apertura ante medidas de aislamiento (como en Argentina). En ambos casos, estos dos niveles de gobierno chocaron y compitieron por dar forma a la respuesta a la pandemia, en particular en aquello que hacía a los costos políticos y económicos de las medidas. Así, en un contexto en el que las ciudades son centros de comando y control de la globalización capitalista (Sassen, 2007), su protagonismo en la gestión de la actual y las futuras pandemias implica también un aumento de su importancia en las geografías internacionales de poder. Pero ésta no se debe solamente a los actores privados o gubernamentales que operan en las ciudades y los ámbitos locales, sino también a la presencia de organizaciones comunitarias y de base que resultaron clave para establecer redes de protección y cuidado que complementaron, fortalecieron o suplantaron las políticas sanitarias estatales (Benitez y Cravino, 2021; Beltrame et al., 2021).
Creemos que aún está por verse la huida de la densidad que en un primer momento se diagnosticaba sensacionalmente como futuras migraciones masivas a zonas suburbanas o periurbanas, el fin de los grandes aglomerados, el ocaso de las áreas centrales de negocios, etc. La huida masiva hacia el extrarradio no se ha registrado en Buenos Aires: apenas quizás las de ciertos trabajadores privilegiados de la economía del conocimiento con la capacidad técnica de trabajar a distancia, y cierto privilegio de poseer saberes expertos que les permiten negociar mejor sus condiciones de contratación. Según estimaciones de Delaporte y Peña (2020), alrededor del 14% de los puestos de trabajo en Argentina podían ser llevados a cabo de forma remota, pero esto variaba según particularidades sociales y económicas. Esta capacidad ascendía al 23% para los puestos en el quintil más alto de ingresos, y caía al 9% para el quintil más bajo. Otra fuente que podría estar marcando la ausencia de transformaciones de este tipo es el Censo Nacional de Población, Hogares y Viviendas de 2022, que no parece haber registrado un posible éxodo masivo de las ciudades. Los departamentos o distritos centrales de las diez regiones metropolitanas más grandes de Argentina crecieron poblacionalmente entre un 4% y 18%[9], comparado con un aumento poblacional del 15% a nivel nacional. Si bien se podría presentar un argumento contrafáctico, según el cual muchas de estas habrían crecido aún más sin la pandemia, lo cierto es que todas lo hicieron en términos absolutos, contrario a lo que sostenían pronósticos de retorno a estilos de vida campestres o periurbanos.
Al mismo tiempo, las estadísticas de movilidad de Google para Argentina, recolectadas a partir del uso geolocalizado de celulares con técnicas de big data[10], muestran que los niveles de circulación a tiendas y comercios, transporte público y lugares de trabajo son, a mediados de 2023, mayores a los registrados antes de la llegada del virus y el aislamiento en febrero de 2020. De todas formas, existen trabajos que han encontrado importantes cambios en estos patrones de movilidad según nivel socioeconómico en Buenos Aires: mientras que los más altos tendían a movilizarse más en la prepandemia, a partir de esta tendieron a ser los que menos se movilizaban producto de sus capacidades de estudiar y trabajar de forma remota (Aromí et al., 2022). No queremos negar que hayan existido hogares que decidieron cambiar su estilo de vida y mudarse a barrios o áreas menos densamente pobladas, sino que esto no representó un fenómeno masivo y fue altamente dependiente del nivel socioeconómico.
Durante 2022, prácticamente todas las actividades económicas volvieron a alguna forma de presencialidad total o parcial que parece convivir con, más que haber sido reemplazada por, formas remotas de trabajo, educación y ocio. Esto sí parece haber impactado en la demanda de usos comerciales, administrativos y turísticos del centro de la CABA, especialmente durante 2020 y 2021. Distintas cámaras de comercio y organizaciones empresariales discutieron la cancelación masiva de contratos de locaciones comerciales, el aumento de la oferta y la caída de los precios de las oficinas y comercios, un fenómeno que se concentraba particularmente en el área central de la ciudad. Al mismo tiempo, actores técnico-profesionales señalaron que la comuna 1 de la ciudad (aquella que concentra los barrios centrales Retiro, Constitución, Monserrat, San Nicolás, San Telmo y Puerto Madero) se encontraba en pisos históricos de población residencial antes del comienzo de la pandemia y propusieron su residencialización para atender a las necesidades de sectores medios y bajos que encuentran cada vez más difícil acceder a la vivienda en la ciudad (Muzio et al., 2022). Como resultado de estos debates, el GCBA sancionó en enero de 2022 el Plan de Transformación y Reconversión del Microcentro, el cual busca reconvertirlo “en un área urbana inteligente, sostenible y residencial a través de créditos e incentivos fiscales y la puesta en valor de espacios públicos” (GCBA, s. f., párr. 1). Esto incluyó una batería de extensiones y estímulos impositivos para la reconversión de oficinas en viviendas, la instalación de actividades comerciales ligadas a los usos residenciales, así como también líneas de financiamiento preferenciales del Banco Ciudad para la compra o alquiler de viviendas en esta área. Así, las transformaciones urbanas de la pandemia actuaron como catalizadores que permitieron acelerar planes y proyectos urbanísticos que el GCBA venía desplegando en esta zona (Vazquez y Berardo, 2023). Si antes de la pandemia el modelo urbanístico internacionalmente de moda era la humanización del espacio urbano de Jan Gehl (Vazquez, 2023), ahora la idea importada por el gobierno local fue la ciudad de los 15 minutos (Moreno et al., 2021). A partir de éste, el GCBA promovió la mixtura de usos, la peatonalización y la residencialización del centro de la ciudad en una clara continuidad de diagnósticos, narrativas y acciones con intervenciones prepandémicas en la zona (Vazquez y Berardo, 2023). Aún quedan por verse los efectos urbanos de esta medida, particularmente en virtud de cierta reactivación de la zona, el regreso del turismo internacional o el posible destino de dichas viviendas a alquileres temporales.
Más allá de estas tendencias, y en contraste con pandemias anteriores, hoy contamos con un avanzado complejo biotecnológico que ha sido capaz de brindar vacunas y otras soluciones farmacológicas en un período de tiempo relativamente corto (ver figura 5). Estas soluciones requieren menores recursos y afectan menos intereses comparadas con las reformas urbanas radicales que desarrollamos en el segundo apartado. Así, es esperable que la pospandemia implique transformaciones en el espacio construido comparativamente menores vis-à-vis brotes pandémicos anteriores. De todas formas, la pandemia ha renovado un llamado a la arquitectura y al urbanismo para pensar formas en las que el diseño y planificación de las ciudades prevea y minimice futuros brotes epidemiológicos, atendiendo al diseño de la circulación, al aireamiento y asoleamiento del espacio (Fezi, 2021). Después de todo, aun si las vacunas fueron desarrolladas en tiempo récord, llevaron entre dos y tres años para su administración masiva, y mientras tanto debieron ser aplicadas medidas con altos impactos económicos y sociales en un contexto de contagio generalizado. Queda por verse si este llamado a contemplar la enfermedad en el diseño urbano será respondido, o los espacios comunes o privados de convivencia y circulación serán diseñados como business as usual (Badia, 2020).
Figura 5. Año de identificación del patógeno y de aprobación en EE. UU. de su primera vacuna para algunas enfermedades seleccionadas

Fuente: Elaboración propia con base en Mathieu et al. (2021).
Mientras tanto, la epidemiología advierte sobre el riesgo permanente de nuevos brotes pandémicos en algún momento incierto del futuro. La proliferación y avance de actividades antrópicas por sobre nuevos territorios (bosques, junglas, humedales) y las nuevas técnicas intensivas de producción de alimentos, crean nuevas oportunidades de saltos zoonóticos entre animales y humanos (Ahmed et al., 2019; Ali et al., 2023; Leibler et al., 2009). La crisis climática también trae la posibilidad de nuevas pandemias: un relevamiento bibliográfico de más de 77.000 artículos académicos reveló que el 58% de las enfermedades infecciosas conocidas por la humanidad ya han sido agravadas en sus efectos por el cambio climático y sus impactos ambientales (Mora et al., 2022). La pregunta, entonces, no es si tendremos o no nuevas pandemias globales, sino cuándo, cuál y si estaremos preparados.
En este sentido, como bien señalan Ali, Connolly y Keil (2023), la preparación para la futura pandemia no puede limitarse a unas pocas intervenciones de urbanismo táctico para mantener el distanciamiento físico, como las que relevaron Vazquez y Berardo (2023; este volumen). En primer lugar, porque la futura pandemia podría no estar relacionada con un síndrome respiratorio, y los requerimientos epidemiológicos para detener su propagación podrían tener otro carácter. Este sería el caso, por ejemplo, de un vector infeccioso como un mosquito o un roedor. Y, en segundo lugar, porque, como sostienen varios autores que recuperamos en este capítulo, son las injusticias económicas, políticas y sociales plasmadas en relaciones espaciales desiguales las que realmente exponen a las personas a la enfermedad y la muerte. Más que soluciones coyunturales y específicas, la preparación para la próxima pandemia debería concentrarse en un mejoramiento generalizado de las condiciones materiales de vida, y la provisión equitativa de infraestructuras, servicios y viviendas. De la misma forma como la generación de higienistas introdujo nuevas tecnologías y formas de gestión pública para responder a los desafíos que representaban las transformaciones urbanas de la ciudad decimonónica, necesitamos una planificación urbana ambiciosa capaz de responder las nuevas condiciones introducidas por la urbanización planetaria. Esto requiere innovaciones tecnológicas y científicas, pero, sobre todo, la voluntad política de crear nuevas formas de gestión pública y gobernanza urbana que prevengan el contagio generalizado y distribuyan sus riesgos.
Conclusiones
A lo largo de este capítulo hemos repasado algunos de los debates surgidos en los estudios urbanos latinoamericanos de los últimos tres años sobre los efectos urbanos del covid-19 y el futuro de las ciudades. Encontramos que se identificaba la existencia de una dimensión urbana de la pandemia en la medida en que las ciudades eran espacios preferenciales de contagio, que los gobiernos locales fueron sede de un urbanismo neoliberal que debilitó sus capacidades de intervención, y que los conceptos y teorías con los que pensábamos estos espacios habían entrado en crisis. Algunos de estos discursos reaccionaban con sorpresa y parecían descubrir por primera vez los determinantes sociales de la salud y el efecto barrio en las posibilidades de contraer una enfermedad.
Confrontamos además algunas de esas posiciones con otras bibliografías para entender la profunda interrelación que las ciudades mantienen con la salud y la enfermedad. Exploramos cómo existe una vinculación histórica entre brotes epidemiológicos y ciudades, y cómo los discursos y políticas sanitarias fueron fundantes del pensamiento sobre las ciudades y las políticas urbanas. Contrastamos así que muchos de los fenómenos que se presentaron en la pandemia de covid-19 no fueron realmente nuevos y que existieron en pandemias globales anteriores como las de cólera, fiebre amarilla, tuberculosis, malaria, etc. Al mismo tiempo, también identificamos algunos aspectos novedosos como una escala global de contagio producto de una urbanización planetaria que conecta a las ciudades en nuevas redes de movilidad de bienes y personas. Así, tanto la velocidad de expansión internacional del virus, como la aplicación de aislamientos y distanciamientos de forma simultánea en casi todos los países del mundo, son un fenómeno inédito en la historia. Vinculado a esto, también se reveló como novedosa la intervención de un complejo biofarmacológico público-privado que pudo brindar varias vacunas en un período de tiempo sorprendentemente corto. Sin embargo, esto no ha evitado que tenga ciertos impactos urbanos, como el deterioro de la crisis habitacional global y la aparición de nuevas formas de apropiación de los espacios de uso público.
Finalmente nos preguntamos por el futuro de las ciudades en la pospandemia. La nueva escala de contagio global se correspondía al mismo tiempo con una gobernanza urbana competitiva y fragmentada (internacional pero también intranacional) que dificultaba la coordinación de los esfuerzos de contención y control. La competencia y conflicto entre ciudades y escalas de gobierno hará que las ciudades y los contextos locales se vuelvan aún más importantes en la pospandemia como sitios estratégicos para la competencia política y económica. Apuntamos también que, a diferencia del contexto histórico de grandes transformaciones urbanas y sanitarias del siglo XIX, actualmente existe un complejo biotecnológico capaz de dar soluciones farmacológicas más económicas, haciendo improbable la implementación de transformaciones en el espacio construido que impliquen los mismos niveles de inversión. Sin embargo, creemos que las políticas de aislamiento y las iniciativas de urbanismo táctico que existieron durante la pandemia de covid-19 serán insuficientes (y posiblemente desatinadas) para atender al próximo brote epidemiológico global, particularmente en cuanto a la distribución desigual de riesgos de contagio y muerte. En este sentido, quizás sea necesario recuperar un urbanismo más ambicioso para responder a los desafíos sanitarios del siglo XXI e, inspirados por la generación higienista, reinventar formas más colectivas y equitativas de gestionar y construir las ciudades.
Referencias bibliográficas
Ahmed, S.; Davila, J. L.; Allen, A.; Haklay, M.; Tacoli, C. y de Fevré, E. (2019). Does urbanization make emergence of zoonosis more likely? Evidence, myths and gaps. Environment & Urbanization, 31(2), 443-460.
Akers, M. A. A. (2021). Building a Community on Leprosy Island in the Philippines, 1898–1941. En M. Gharipour y C. DeClercq (eds.). Epidemic Urbanism: Contagious Diseases in Global Cities. Intellect Books.
Ali, S. H. y Keil, R. (eds.) (2008). Networked Disease. Emerging infections in the Global City. Blackwell Publishing.
Ali, S. H.; Connolly, C. y Keil, R. (2023). Pandemic Urbanism. Polity Press.
Armus, D. (2007). La ciudad impura. Salud, tuberculosis y cultura en Buenos Aires, 1870-1950. Edhasa.
Arrighi, G. (1999). El largo siglo XX. Dinero y poder en los orígenes de nuestra época. Akal.
Auge, M. (2008). Problemática del acceso al agua potable y al saneamiento en Argentina. Ponencia presentada en Foro Regional del Agua. Defensoría del Pueblo de la Nación Argentina. Mayo. Córdoba, Argentina.
Auyero, J. y Swistun, D. A. (2008). Inflamable. Estudio del sufrimiento ambiental. Paidós.
Badia, F. (2020). Entre el business as usual y la construcción de un nuevo paradigma. En B. Brigel y G. Pleyers (eds.), Alerta global: políticas, movimientos sociales y futuros en disputa en tiempos de pandemia (pp. 337-342). CLACSO.
Berberian, G. (2021). Dengue en los inicios de la pandemia de covid-19 en la Argentina. Arch Argent Pediatr, 119(2), 131-138.
Boy, M. y Marcús, J. (2021). La ciudad en tiempos de covid-19: la reconfiguración de lo público y lo privado. Área Metropolitana de Buenos Aires, 2020. En C. Pereira Abagaro, M. Boy, R. A. Rosales Flores, J. Marmolejo y C. Muñoz Muñoz (coords.), La pandemia social de covid-19 en América Latina. Reflexiones desde la salud colectiva (pp. 205-230). Teseo.
Campbell, M. (2005). What Tuberculosis did for Modernism: The Influence of a Curative Environment on Modernist Design and Architecture. Medical History, (49), 463-488.
Carbone, A. (2022). Epidemic Cities. Cambridge University Press.
Carrión Mena, F. (2020). El Coronavirus es una enfermedad urbana. En M. Dammert-Guardia, P. A. Vommaro y L. Bonilla Ortiz-Arrieta (eds.), Múltiples miradas para renovar una agenda urbana en crisis. Cuaderno del Grupo de Trabajo Desigualdades urbanas (pp. 23-32). CLACSO.
Carrión Mena, F. y Cepeda, P. (2020, 7 de abril). ‘Urbi et orbi’ del coronavirus. El País, http://bit.ly/433gT0O.
Carrión Mena, F.; Corti, M.; Ramírez Kuri, P. y Abramo, P. (2022). El futuro de las ciudades. En F. Carrión Mena, M. Corti, P. Ramírez Kuri, P. Abramo y P. Cepeda (eds.). El futuro de las ciudades (pp. 3-25). FLACSO Ecuador.
Castells, M. (2020). Reset. En B. Brigel y G. Pleyers (eds.), Alerta global: políticas, movimientos sociales y futuros en disputa en tiempos de pandemia (pp. 101-103). CLACSO.
Corburn, J. y Riley, L. (2016). From the Cell to the Street: Coproducing Slum Health. En J. Corburn y L. Riley (eds.), Slum Health: From the Cell to the Street (pp. 11-37). University of California Press.
Corburn, J.; Vlahov, D.; Mberu, B.; Riley, L.; Caiaffa, W. T.; Rashid, S. F.; … y Ayad, H. (2020). Slum health: arresting covid-19 and improving well-being in urban informal settlements. Journal of urban health, 97(3), 348-357.
Currie, J. M. (2023). Isolation, Quarantine, Infection Control. Architecture and Planning in Service to Public Health. En A. Bliss and D. Kopec (eds.), Architectural Factors for infection and disease control (pp. 13-29). Routledge.
Dadon, J. (2021). Los nuevos futuros urbanos. Notas CPAU, (50), 10-11.
Davis, J. (2022). Epidemics, Planning and the City: A Special Issue of Planning Perspectives. Planning Perspectives, 37(1), 1-8.
Davis, M. (2005). The Monster at our Door. The Global Threat of the Avian Flu. The New Press.
Delaporte, I. y Peña, W. (2020). Working From Home Under covid-19: Who Is Affected? Evidence From Latin American and Caribbean Countries. CEPR covid Economics 14. https://ssrn.com/abstract=3610885.
Duneier, M. (2017). Ghetto: The Invention of a Place, the History of an Idea. Farrar, Straus and Giroux.
Espinosa Zepeda, H. (2016). Neo-higienismo y gentrificación en el discurso de la movilidad urbana: Desalojo de “tiangueros” en Guadalajara, México. En G. Aricó, J. A. Mansilla y M. L. Stanchieri (coords.), Barrios corsarios: memoria histórica, luchas urbanas y cambio social en los márgenes de la ciudad neoliberal (pp. 173-196). Pol•len Edicions.
Ezeh, A.; Oyebode, O.; Satterthwaite, D.; Chen, Y. F.; Ndugwa, R.; Sartori, J. y Lilford, R. J. (2017). The history, geography, and sociology of slums and the health problems of people who live in slums. The Lancet, 389(10068), 547-558.
Fezi, B. A. (2021). The Role of Architecture and Urbanism in Preventing Pandemics. En V. Kumar (ed.), SARS-CoV-2 Origin and covid-19 Pandemic Across the Globe (pp. 273-292). IntechOpen.
Finquepron, M. (2020). Morir en las grandes pestes. Las epidemias de cólera y fiebre amarilla en la Buenos Aires del siglo XIX. Siglo XXI.
Frenk, J.; Lozano Ascencio, R. y Bobadilla, J. L. (1994). La transición epidemiológica en América Latina. Notas de población, 60, 79-101.
Galvis, J. P. (2020). Del higienismo a la acupuntura urbana. Metáforas médicas y urbanismo excluyente en Bogotá. Territorios, (42), 1-29.
Gandy, M. (2006). The Bacteriological City and Its Discontents. Historical geography, 34(6), 14-25.
Gargantini, D. M. (2021). La inaccesibilidad a la vivienda en alquiler en Argentina. Avances en tiempos de pandemia. Quid16, especial red CU, 68-84.
Giglia, A. (2020). Repensar las ciudades desde el encierro doméstico. En G. C. Delgado Ramos y D. López García (eds.), Las ciudades ante el covid-19: nuevas direcciones para la investigación urbana y las políticas públicas (pp. 294-302). Plataforma de Conocimiento para la Transformación Urbana.
Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires (GCBA) (s. f.). Plan de Transformación y Reconversión del Microcentro Porteño. http://bit.ly/437woEG.
González, H. (2020). Sobre las perspectivas nuevas del lenguaje público y estatal. En El futuro después del covid (pp. 44-49). Jefatura de Gabinete de Ministros.
Gorelik, A. (1999). La grilla y el parque. Espacio público y cultura urbana en Buenos Aires. 1887-1936. Ediciones UNQ.
Hall. P. (1996). Ciudades del mañana. Historia del urbanismo en el siglo XX. Ediciones del Serbal.
Harvey, D. (2012). Ciudades rebeldes: Del derecho de la ciudad a la revolución urbana. Akal.
Harvey, D. (2020). Política anticapitalista en tiempos de covid-19. En Sopa de Wuhan. Pensamiento contemporáneo en tiempos de pandemias (pp. 79-96). Editorial ASPO.
Honey-Rosés, J.; Chireh, V.; Konijnendijk, C.; Mawani, V.; Orellana, A.; Sánchez, U.; Tan, X.; Zapata, O.; Anguelovski, I.; Daher, C.; Litt, J.; McCall, M.; Oscilowicz, E.; Senbel, M.; Villagomez, E. y Nieuwenhuijsen, M. (2020). Los impactos de covid-19 en el espacio público: una revisión de las preguntas emergentes. En G. C. Delgado Ramos y D. López García (eds.), Las ciudades ante el covid-19: nuevas direcciones para la investigación urbana y las políticas públicas (pp. 304-327). Plataforma de Conocimiento para la Transformación Urbana.
Huremović, D. (2019). Brief History of Pandemics (Pandemics Throughout History). En D. Huremović (ed.), Psychiatry of Pandemics. A Mental Health Response to Infection Outbreak (pp. 7-35). Springer.
Johnson, S. (2020). El mapa fantasma. La epidemia que cambio la ciencia, las ciudades y el mundo entero. Capitán Swing.
Keil. R. y Ali, H. (2007). Governing the sick city: Urban Governance in the Age of Emerging Infectious Disease. Antipode, 39(5), 846-873.
Kopec, D. y Thompson, M. (2023). Infection and disease transmission. Pandemics, epidemics, and outbreaks. En A. Bliss and D. Kopec (eds.), Architectural Factors for infection and disease control (pp. 1-12). Routledge.
Lefebvre, H. (2013). La producción del espacio. Capitán Swing.
Leibler, J. H.; Otte, J.; Roland-Horst, D.; Pfeiffer, D. U.; Magalhaes, R. S.; Rushton, J.; Graham, J. P. y Silberger, E. K. (2009). Industrial Food Animal Production and Global Health Risks: Exploring the Ecosystems and Economics of Avian Influenza. EcoHealth, 6, 58-70.
Lynch, K.; Nel, E. y Binns, T. (2020). ‘Transforming Freetown’: Dilemmas of planning and development in a West African City. Cities, 101, 102694.
Malpezzi, S. (2023). Housing affordability and responses during times of stress: A preliminary look during the covid‐19 pandemic. Contemporary Economic Policy, 41(1), 1-32. https://doi.org/10.1111/coep.12563.
Marcús, J. y Peralta, M. A. (2021). La calle en disputa. Narrativas sobre los usos legítimos e ilegítimos del espacio público en la Ciudad de Buenos Aires. Revista de Antropología Iberoamericana, 16(2), 347-370.
Marcús, J.; Boy, M.; Benitez, J.; Berardo, M.; Márquez, A.; Peralta, M. A. y Vazquez, D. (2022). Longing for everyday life. Experiencing covid-19 social isolation in a Latin American city. Urban Geography, 43(6), 821-836.
Mathieu, E.; Ritchie, H.; Ortiz-Ospina, E.; Roser, M.; Hasell, J.; Appel, C.; Giattino, C. y Rodés-Guirao, L. (2021). A global database of covid-19 vaccinations. Nature Human Behaviour, 5, 947–953.
Mattioli, L. y Schneider, M. C. (2020). Redefiniendo nuestro futuro. La transformación de nuestras ciudades frente al covid-19. En G. C. Delgado Ramos y D. López García (eds.), Las ciudades ante el covid-19: nuevas direcciones para la investigación urbana y las políticas públicas (pp. 340-345). Plataforma de Conocimiento para la Transformación Urbana.
Mazzeo, V. (2007). La mortalidad de la primera infancia en la Ciudad de Buenos Aires en el periodo 1860-2002. Papeles de población, (53), 241-272.
Mora, C.; McKenzie, T.; Gaw, I. M.; Dean, J. M.; von Hammerstein, H.; Knudson, T. A.; Setter, R. O.; Smith, C. Z.; Webster, K. M.; Patz, J. A. y Franklin, E. C. (2022). Over half of known human pathogenic diseases can be aggravated by climate change. Nature Climate Change, 12(9), 869–875. DOI: https://doi.org/10.1038/s41558-022-01426-1.
Muzio, G.; Acevedo, N.; Magariños, N.; Eggers, M.; Aráuz, M.; González Cid, A.; Tabakman, D.; Neri, N. y Sandoval, L. (2022), Tema de tapa: área central. Notas CPAU. Revista del Consejo Profesional de Arquitectura y Urbanismo, 53, 06-34.
Natalucci, A.; Fernandez Mouján, L.; Kelmeszes, A. Y.; Mate, E.; Ramirez Andrade, I.; Ríos, V.; Stefanetti, C. y Vaccari, S. (2020). La protesta en cuarentena. Análisis de una base cuantitativa sobre protestas sociales en el marco del proyecto Monitor Laboral. Colección #MétodoCITRA Nº 06. Buenos Aires: CONICET-UMET.
Novick, A. (2008). La ciudad como objeto de estudio y acción. Higienistas, ingenieros, arquitectos e instrumentos de planificación y gestión en Buenos Aires. Registros, 5(5), 105-118.
Paiva, V. (2000). Teorías médicas y estrategias urbanas. Buenos Aires, 1850-1920. Estudios del Hábitat, 2(7), 5-19.
Paiva, V. (2016). Higienistas e ingenieros en la formación de la municipalidad de Buenos Aires. La profesionalización de las actividades municipales entre 1852 y 1900. DAAPGE, 16(26), 111-126.
Pawson, H.; Martin, C.; Thompson, S.; Aminpour, F.; Gibb, K. y Foye, C. (2022). Covid-19: Housing market impacts and housing policy responses – an international review. ACOSS/UNSW Sydney Poverty and Inequality Partnership Report No. 16. Australian Council of Social Service and University of New South Wales – Sydney.
Pleyers, G. (2020). Echar raíz: futuros alternativos. En B. Brigel y G. Pleyers (eds.), Alerta global: políticas, movimientos sociales y futuros en disputa en tiempos de pandemia (pp. 301-312). CLACSO.
Richards, P. (2016). Ebola: how a people’s science helped end an epidemic. Zed Books.
Rosanovich, S. (2022). Expectativa y realidad. Los efectos de la nueva Ley de alquileres en un contexto de pandemia e inflación en Argentina. Quid16, 17, 121-140.
Sassen, S. (2007). Una sociología de la globalización. Katz editores.
Schubert, D. (2022). Urban Hygiene and Slum Clearance as Catalysts. The Emergence of the Sanitary City and Town Planning. En M. Welch Guerra, A. Abarkan, M. A. Castrillo Romón y M. Pékar (eds.), European Planning History in the 20th Century. A Continent of Urban Planning (pp. 27-38). Routledge.
Scobie, J. R. (1986). Buenos Aires. Del centro a los barrios. 1870-1910. Ediciones Solar.
Segura, R. (2020). Fragmentación, interdependencia y convivencia. Notas para renovar una agenda urbana en crisis (después de la crisis). En M. Dammert-Guardia, P. A. Vommaro y L. Bonilla Ortiz-Arrieta (eds.), Múltiples miradas para renovar una agenda urbana en crisis. Cuaderno del Grupo de Trabajo Desigualdades urbanas (pp. 33-43). CLACSO.
Sennett, R. (1994). Carne y piedra. El cuerpo y la ciudad en la civilización occidental. Alianza Editorial.
Snowden, F. M. (2019). Epidemics and Society. From the Black Death to the Present. Yale University Press.
Svampa, M. y Viale, E. (2020). Hacia un gran pacto ecosocial y económico. En El futuro después del covid (pp. 97-104). Jefatura de Gabinete de Ministros.
Szende, K. y Gecser, O. (2021). Plague in Sibiu and the First Quarantine Plan in Central Europe, 1510. En M. Gharipour y C. DeClercq (eds.). Epidemic Urbanism: Contagious Diseases in Global Cities. Intellect Books.
Valdespino, G. (2021). Plague, Housing, and Battles over Segregation in Colonial Dakar, Senegal, 1914. En M. Gharipour y C. DeClercq (eds.). Epidemic Urbanism: Contagious Diseases in Global Cities. Intellect Books.
Vazquez, D. (2023). La humanización del espacio: la tercera generación de recualificaciones urbanas excluyentes en los espacios urbanos públicos centrales e históricos de Buenos Aires (2007-2019). Territorios, 48, 1-36.
Vazquez, D. E. y Berardo, M. D. (2023). ¿Hay un modelo urbanístico poscovid? La pandemia como catalizadora de transformaciones urbanas en Buenos Aires. ICONOS, Revista de Ciencias Sociales, 27(75), 57-80.
Vera Belli, L. (2021). Regulaciones de la vivienda en alquiler en épocas de pandemia covid-19. Una reflexión desde la voz de los inquilinos. Argumentos, (24), 228-254.
Wilkinson, A.; Parker, M.; Martineau, F. y Leach, M. (2017). Engaging ‘communities’: anthropological insights from the West African Ebola epidemic. Philosophical Transactions of the Royal Society, 372(1721), 1-7.
Wilkinson, A. (2020). Local response in health emergencies: key considerations for addressing the covid-19 pandemic in informal urban settlements. Environment and Urbanization, 32(2), 503-522.
- Se entiende como pandemia a la propagación generalizada de una enfermedad infecciosa a través de un área geográfica extensa, como pueden ser varios países, un continente o el mundo entero. Así, las pandemias pueden ser regionales, continentales o globales. Por otro lado, una epidemia es el contagio de una enfermedad dentro de una ciudad, región o nación. Finalmente, una endemia es la presencia constante y estable de una enfermedad en una población determinada (Kopec y Thompson, 2023).↵
- Sobre todo los capítulos de Agustina Márquez y Emilia Tamburri, y Martín Boy y María Agustina Peralta.↵
- Estos incluyeron los siguientes volúmenes: 1) el documento colectivo editado por el programa Argentina Futura, El futuro después del COVID-19 (2020); 2) Bringel y Pleyers (eds.), Alerta global. Políticas, movimientos sociales y futuros en disputa en tiempos de pandemia (2020); 3) Carrión, Corti, Ramírez Kuri, Abramo y Cepeda (eds.), El futuro de las ciudades (2022); 4) el primer número del Cuaderno del Grupo de Trabajo Desigualdades Urbanas, Múltiples miradas para renovar una agenda urbana en crisis (2020); 5) Delgado Ramos y López García (eds.), Las ciudades ante el COVID-19: nuevas direcciones para la investigación urbana y las políticas públicas (2020); 6) las dos recopilaciones realizadas por la editorial ASPO y circuladas gratuitamente por Internet, Sopa de Wuhan (2020) y La Fiebre (2020); 7) Pereira Abagaro, Boy, Rosales Flores, Marmolejo y Muñoz Muñoz (coords.), La pandemia social de COVID-19 en América Latina (2021); 8) Vecslir, Grimberg y Carbajo (eds.), Futuros urbanos (2022).↵
- A lo largo del siglo XIX existieron dos grandes teorías para explicar el origen y propagación de las enfermedades infecciosas (Snowden, 2019). Por un lado, las teorías miasmáticas sostenían que la enfermedad era el resultado de gases y vapores que emanaban del suelo y el agua en lugares impuros, llamados “miasmas”. Por otro lado, las teorías microbianas sostenían que eran personas y animales los que contagiaban la enfermedad a partir del esparcimiento de un “germen” o “microbio”. La introducción de la segunda en este período fue considerablemente polémica y fuertemente resistida por los profesionales de la salud.↵
- Las teorías de la transición epidemiológica intentan explicar el cambio en los patrones de morbilidad con el desarrollo y el crecimiento económico. A medida que una sociedad se industrializa, urbaniza y aumentan en ella sus niveles de bienestar, se registra un incremento de la esperanza de vida y la caída de la prevalencia de enfermedades infectocontagiosas, que da lugar a un aumento de enfermedades crónicas no transmisibles (Frenk et al., 1994). ↵
- Fuente: Our World in Data https://bit.ly/3ON8RoW.↵
- Como bien señalan y analizan los capítulos de Martina Berardo y Diego Vazquez, Dianela Gahn, y Lucía Gamino y Marcos Jaramillo en este volumen.↵
- Pero, al mismo tiempo, es necesario señalar la problemática politización de la pandemia en la que el negacionismo y la resistencia a la vacunación han sido particularmente incitados por ciertos movimientos y partidos políticos, independientemente de su rol como oposición u oficialismo, o su posición en un espectro derecha-izquierda.↵
- Los resultados provisionales pueden consultarse en https://bit.ly/43BUNCG. Dado que las principales ciudades en Argentina son también áreas metropolitanas que ocupan más de un departamento o provincia, la forma real de apreciar estas transformaciones sería comparar el crecimiento poblacional por aglomerado, y no de los departamentos o municipios sobre los que se extiende la mancha urbana. Lamentablemente, esa información no se encontraba aún disponible al momento de publicar este trabajo, de forma que elegimos rastrear cambios en el distrito central de cada región metropolitana, es decir, la de Ciudad Autónoma de Buenos Aires (CABA) o del departamento cabecera como proxy para observar la evolución de las áreas centrales más densamente pobladas.↵
- Estos informes publicados por Google circularon masivamente durante abril y mayo de 2020 para mostrar los efectos de las medidas de aislamiento en la movilidad urbana y la actividad económica. Pueden consultarse en https://bit.ly/3qgYNds.↵








