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8 Políticas de cuidados hacia adultos mayores en la Ciudad de Buenos Aires, Argentina: el Programa Centros de Día

Liliana Findling, Estefanía Cirino y Laura Champalbert[1]

Introducción

Argentina junto a Cuba, Chile y Uruguay es uno de los cuatro países más envejecidos de América Latina. Si bien los demógrafos definen al envejecimiento cuando el porcentaje de personas de 65 años o más alcanza o supera al 7% del total de la población, algunos organismos internacionales –Plan de Acción Internacional de Viena sobre el Envejecimiento de 1982 y la Segunda Asamblea Mundial sobre el Envejecimiento de 2002 (INDEC, 2014)– adoptan el umbral de los 60 años para definir la categoría de adulto mayor.

El porcentaje de personas mayores de 60 años pasó del 7% en 1970 al 14% en 2010 (INDEC, 2015). Las proyecciones del Fondo de Población de las Naciones Unidas indican que hacia 2050, el 25% de la población argentina tendrá 60 años o más (Amadasi y Tinoboras, 2016). En la Ciudad Autónoma de Buenos Aires (CABA) el 21,7% de la población tiene 60 años o más y los menores de 15 años alcanzan al 19,2%. Es una jurisdicción envejecida y es la que concentra a más adultos mayores del país. La participación de las mujeres (24,1%) es mayor que la de los varones (17,1%). Mientras que en la zona norte de la ciudad (Recoleta, Palermo y Belgrano) residen personas mayores, en las comunas de la zona sur y centro habita una población más joven de 0 a 14 años (Dirección General de Estadísticas y Censos GCBA, 2016).

Uno de los rasgos distintivos del proceso de envejecimiento de la población es que las personas de 80 años o más tienen un mayor peso relativo expresado por el indicador de envejecimiento dentro del envejecimiento (porcentaje de personas de 80 años y más sobre el total de la población). En todas las provincias del país, y especialmente en la CABA, este grupo de población ha aumentado de manera sostenida en los últimos 40 años y es superior en la población femenina (López et al., 2015). Otra característica del envejecimiento es su especificidad de género: a medida que aumenta la edad, se acrecienta la proporción de mujeres, rasgo que se origina en la mortalidad diferencial por sexo, que expresa una mayor esperanza de vida para las mujeres. La sobremortalidad masculina da lugar, además, a un mayor número de mujeres que viven en hogares unipersonales, atraviesan muchos años en soledad y cuentan con menos recursos económicos, lo cual supone una sobrevida con limitaciones y discapacidades.

El cuidado de los mayores es un problema social que se enmarca en un contexto de disminución del tamaño de los hogares y una mayor participación de las mujeres en el trabajo extradoméstico. Dado que el sistema de protección social es insuficiente para mantener una calidad de vida acorde con las exigencias que plantean las edades avanzadas, una parte significativa de la población mayor debe obtener recursos de diversas redes sociales, fundamentalmente de sus familias. La evidencia argentina muestra que la participación de las familias, en especial de las mujeres, es un vértice fundamental en el diamante del cuidado, mientras que los restantes vértices (el Estado, el mercado y las organizaciones no gubernamentales), resultan marginales o complementarios, generando una estratificación en el acceso a servicios y prestaciones de cuidado que se transforma en un vector de desigualdad (Esping-Andersen, 1993; Findling y López, 2015).

Todos estos aspectos, en su conjunto, muestran que el cuidado de adultos mayores se constituye en uno de los problemas al que se enfrentarán las políticas públicas en las próximas décadas (Bazo y Ancizu, 2004).

La mayoría de los estudios sobre cuidados hacia adultos mayores investigan la organización social del cuidado desde la familia y/o cuidadores formados. Son escasos los trabajos sobre el análisis de programas públicos para personas mayores.

El objetivo de este artículo es analizar el Programa de Centros de Día de la CABA, como parte de la política de cuidados hacia adultos mayores encarada por el Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires (GCBA), teniendo en cuenta sus principales características, la visión de los principales actores responsables, las opiniones de los usuarios y el rastreo de algunos ejes relacionados con la difusión de estos espacios.

El abordaje metodológico se basó, por un lado, en el relevamiento de fuentes secundarias brindadas por la Coordinación General del Programa dependiente de la Secretaría de Tercera Edad del Ministerio de Hábitat y Desarrollo Humano del GCBA. Se analizaron estadísticas sobre el funcionamiento (desde 2009 hasta abril de 2017) y los resultados de una encuesta autoadministrada a 280 asistentes a los Centros que se aplicó en 2017 por el equipo de trabajo y que indagó sobre las siguientes dimensiones: datos sociodemográficos, evaluación de las actividades brindadas por los Centros de Día y percepción sobre el entorno social. Por otro lado se realizaron en 2017 dos entrevistas en profundidad a responsables (Secretaría de la Tercera Edad dependiente del Ministerio de Desarrollo Social del GCBA y Coordinación del Programa Centros de Día) para conocer la lógica del funcionamiento institucional y los ejes de la política hacia personas mayores.

Algunos conceptos teóricos

Se abordarán tres ejes conceptuales: Políticas públicas y sociales; Envejecimiento y cuidados; Comunicación y Salud.

Una política estatal es un conjunto de acciones y de omisiones destinada a obtener determinados fines. Se impone como expresión de intereses generales y puede ser entendida como condensación de los procesos de hegemonización político-cultural que caracterizan un ciclo histórico en una sociedad determinada (Oszlak y O’Donnell, 1981; Grassi, 2003). Las políticas sociales deben enmarcarse en un espacio crítico, en el que la cuestión social sea prioridad del Estado y resultado de la politización del ámbito de la reproducción. Estas políticas reflejan cómo una determinada sociedad se acerca o se aleja del reconocimiento de las necesidades de su población y cuál es su real capacidad para la protección de los ciudadanos (Grassi, 2003). Las políticas sociales constituyen el ámbito por excelencia en el que se resuelve la cohesión social y el poder de integración; más específicamente, aluden a un conjunto de servicios sociales y normas institucionalizadas que encuentran en el Estado, tanto su prestador directo (jubilaciones y pensiones), como una instancia de gestión y/o control tales como obras sociales, asignaciones familiares, seguros de desempleo, servicios o programas (Danani, 1998).

El envejecimiento demográfico, en tanto proceso histórico-social, es dinámico, extremadamente heterogéneo y particularmente contextualizado (Tamer, 2008). Bajo esta mirada, el concepto de longevidad contribuye a resignificar el envejecimiento como parte de un proceso evolutivo. La idea de una vejez homogénea ha sido desechada como parte de los mitos y la construcción social negativa (Rodríguez Daza, 2011).

El cuidado facilita tanto la subsistencia como el bienestar y el desarrollo. Abarca la indispensable provisión cotidiana de bienestar físico, afectivo y emocional a lo largo de todo el ciclo vital y busca conservar las capacidades y la autonomía en el caso de aquellas personas que por su edad son más frágiles y de las que tienen alguna discapacidad (CEPAL, 2012).

La gestión del cuidado requiere organizar bienes, recursos (materiales, simbólicos, afectivos), servicios y actividades que hagan viable la alimentación, la salud y la higiene personal así como la estimulación de procesos cognitivos y sociales, tareas que involucran simultaneidad de roles y responsabilidades (Martín Palomo, 2009; Findling y López, 2015).

Los arreglos residenciales de los adultos mayores aparecen íntimamente relacionados con las redes de apoyo y soporte intra y extra familiar y tienen implicaciones directas sobre su bienestar (Puga et al., 2007).

Tradicionalmente, la definición de la comunicación en salud se asociaba a la aplicación planificada y sistemática de instrumentos de comunicación social, al logro de comportamientos de la población compatibles con sus necesidades de bienestar y con las finalidades de servicio expresadas en políticas, estrategias y planes de salud pública (Beltrán Salmón, 2010). Díaz y Uranga (2011) retoman dos perspectivas en relación a ese campo: una de carácter instrumental (la comunicación es entendida como transmisión de información de un emisor a un receptor para manipular las conductas individuales y grupales), y otra de carácter relacional (como proceso de producción social de sentidos). Estos autores se inscriben en la perspectiva relacional y plantean a la comunicación como integradora, para conocer las características socioculturales de las comunidades. Abogan por una visión que incluya a los individuos, quienes adoptan prácticas más saludables alejándose de la concepción de control de las conductas de la salud desde una mirada institucional. No obstante, es necesario considerar que las prácticas individuales también dependen del contexto social y cultural.

Acerca de las características de los Centros de Día

La Secretaría de Tercera Edad implementa una serie de programas orientados a las personas mayores de 60 años y más, autoválidas, que residan en la CABA, y que no posean padecimientos crónico-degenerativos o dependencias en etapas avanzadas. Las áreas se centran en: 1) políticas focalizadas en apoyo y servicio; 2) políticas universales de protección, inclusión y derechos; 3) políticas de nuevos estándares y tecnología. El área de apoyo y servicio comprende los Hogares de Residencia Permanente y los sistemas alternativos a la institucionalización: Centros de Día, Programa Vivir en Casa, Servicio de Asistente Gerontológico Domiciliario y Hospitalario y Buenos Aires Presente (BAP).

Específicamente el Programa Centros de Día se creó en 1989, período en el cual Argentina comienza a ser uno de los países más envejecidos de la región. Hay 30 Centros de Día activos actualmente que se distribuyen entre 12 comunas de las 15 en las que se divide la CABA. En las comunas 2 (Recoleta), 3 (San Cristóbal, Balvanera) y 13 (Núñez, Belgrano, Colegiales) no existen Centros de Día. Funcionan de lunes a viernes de 9 a 16 y ofrecen diferentes actividades gratuitas (reflexivas, recreativas, culturales, corporales y cognitivas para promover el cuidado, la autonomía y el envejecimiento activo). No es imprescindible asistir a todas las actividades diarias y se está impulsando una modalidad más flexible de participación según las preferencias de los usuarios.

Para ingresar se requiere ser residente en CABA, tener 60 años o más, ser autoválido o con padecimientos crónico-degenerativos incipientes y mantener una entrevista personal con el adulto mayor o con un familiar, amigo o vecino.

Cada Centro está integrado por un coordinador y por dos grupos de profesionales: los talleristas que rotan por los centros y el equipo permanente conformado por psicólogos y trabajadores sociales a cargo del seguimiento de los concurrentes y de la relación con las familias. Además se cuenta con un equipo interdisciplinario y jurídico rotativo consultivo.

Algunos Centros funcionan en dependencias del GCBA mientras que otros lo hacen en Centros de Jubilados, mediante convenios con una compensación económica por el uso de las instalaciones. Todos estos profesionales reportan a la Coordinación General del Programa.

El promedio mensual de concurrentes –desde 2009 hasta abril de 2017– fue de 1582 personas, no observándose fuertes variaciones durante el período.

La zona sur de CABA tiene la mayor cantidad de Centros (13) y concentra al 40% de los inscriptos. Las comunas de la zona norte y noroeste le siguen en cantidad de Centros (9) y concurrentes (38%). Cabe destacar que la Comuna 14 por sí sola (sita en Palermo con 3 centros) registró en 2017 la mayor cantidad de asistentes (21%), mientras que la Comuna 4 (Barracas, La Boca, Parque Patricios y Pompeya) alcanza solo al 12% nucleando a 5 Centros.

Estas instituciones convocan sobre todo a mujeres (74%), tendencia que se mantuvo relativamente estable hasta 2016 y, en 2017, aumenta levemente la cantidad de mujeres (78%). La mayoría de los usuarios tiene entre los 70 y 89 años. La estructura por sexo y edad muestra que, a medida que avanza la edad, disminuye el porcentaje de varones: la concurrencia de mujeres alcanza al 83% entre las de 80 años y más. Entre los adultos de 60 a 69 años el porcentaje de varones (19%) casi duplica al de mujeres (10%).

Algo más de la mitad de los asistentes (58%) vive solo. Un tercio convive con miembros de la familia: hijos (18%), parejas (15%) u otros familiares (3%). Muy pocos cohabitan con personas ajenas a la familia o están institucionalizados.

La mayoría declara tener PAMI (69%). Los demás indican estar cubiertos por otra obra social o por una prepaga. Se infiere que la franja de usuarios que posee otra obra social la mantiene por su actividad laboral anterior o porque aún no ha accedido a su jubilación. No es posible afirmar que el 10% que no menciona cobertura carezca de la misma.

Casi la totalidad (96%) de los asistentes manifiesta que sus principales ingresos provienen de su jubilación o pensión.

La proximidad de los Centros es el motivo más importante de asistencia, ya que 6 de cada 10 adultos mayores reside en las cercanías de la institución (5 a 10 cuadras).

En cuanto a la percepción del entorno social, algo menos de la mitad de los usuarios suele encontrarse con sus compañeros fuera del ámbito institucional y valoran esta red de apoyo. La mitad ha mejorado sus problemas de salud, sus relaciones personales y su estado de ánimo al ingresar al Centro.

Las personas mayores advierten un contexto adverso para sostener el día a día. Expresan que “los alimentos son muy caros” (87%), que “las pensiones y jubilaciones son muy bajas” (86%) y que “los medicamentos son muy caros” (84%).

¿Cómo se enteraron de la existencia de los Centros? El boca a boca fue la principal forma de difusión para dos tercios de los entrevistados. Algunos vieron un Centro de Día en el barrio (17%), llegaron por derivación de profesionales de los servicios de salud (10%), o se informaron a través de otros medios incluyendo Internet (9%). Es muy baja (3%) la divulgación a través de folletos en la vía pública y/o medios masivos (diarios, TV, radio).

La mirada de los responsables

El discurso de los actores entrevistados enfatiza que las políticas de la Secretaría de Tercera Edad se desarrollan bajo la lógica del derecho:

[…] pensamos en el adulto mayor, pero no como lo dice la frase hecho un sujeto de derecho, sino nosotros trabajamos para el adulto mayor en una visión integral de sus derechos. (Responsable Tercera Edad GCBA)

Se argumenta que la Secretaría de Tercera Edad no es un organismo encargado de la salud de las personas mayores, su función es llevar adelante tareas que contribuyan a la socialización e inserción en espacios de ocio y recreación, y colaborar con el mantenimiento de sus capacidades cognitivas. De ahí se desprende la utilización del concepto “autoválido” como eje central de las políticas:

No somos un efector de salud, pertenecemos a Desarrollo Social, por lo cual vamos a trabajar con trastornos cognitivos en el primer estadío y principio de segundo estadío, para otros problemas se necesita otro tipo de efector, […] hay tratamientos no farmacológicos, que es lo que nosotros damos. (Responsable Tercera Edad GCBA)

No obstante se considera un deber estar en comunicación con otras áreas en el caso de atender personas que requieren otros servicios, alegando no estar en condiciones de brindar asistencia sanitaria:

[…] trabajamos con el área de Salud permanentemente. (Responsable Tercera Edad GCBA)

Los Centros de Día se crean como una respuesta alternativa a la institucionalización, pretendiendo instaurar un nuevo significado sobre el concepto de vejez:

Los Centros de Día, nacen en un contexto donde la institucionalización era la única alternativa a la vejez, entendiendo en ese momento a la vejez asociada a deterioro, a discapacidad y ahí por suerte nos fuimos corriendo un poco de lo que se fue pensando como política pública para las personas mayores. (Responsable Coordinación Centros de Día GCBA)

La definición de autovalidez generó un punto de inflexión en la estrategia del Programa:

Este tema es bastante controversial. No contamos con instalaciones que permitan atender a gente con problemas de salud o que están en silla de ruedas, no todos los Centros de Día están cumpliendo con las normas de accesibilidad, ese es nuestro desafío. (Responsable Coordinación General Centros de Día GCBA)

En ese sentido se plantean interrogantes sobre el accionar futuro:

Si los Centros de Día son instituciones para personas autoválidas, la pregunta será ¿qué instituciones serán las que se ocupen para estos viejos que la familia no puede acompañar durante el día y que empiezan a tener ya algunos síntomas de deterioro, ¿se van a crear otras instituciones, o pensar en Centros de Día que cambien un poco su visión respecto a cuál es la oferta que tienen? (Responsable Coordinación General Centros de Día GCBA).

Otro tema al que se alude es la alimentación (desayuno y almuerzo) provista en las actividades aunque no se difunde adecuadamente:

Una problemática de los Centros es el almuerzo que a veces juega en contra, porque las personas mayores piensan que es un servicio “para pobres” ya que les dan de comer. (Responsable Coordinación General GCBA).

Al indagar sobre los canales de difusión los responsables reconocen la escasa divulgación de este Programa y se asombran sobre las formas de acceso que se asocian a una decisión personal, aunque las redes sociales poseen un peso importante, porque son los nexos para el ingreso:

Y pasa de todo, descubrimos que los asistentes se enteran por la familia, los vecinos o amigos de la existencia del Centro; recibimos permanentemente la sorpresa, incluso Centros que hace 15 años que están funcionando, se acerca gente y dicen “Ay, yo no sabía que esto estaba acá” […] “Esto no lo dicen por ningún lado” […] “No hay difusión de esto. Qué bueno lo que pasa acá” […] “Vivo acá a pocas cuadras”. (Coordinadora General Centros de Día GCBA).

Entre los canales de información se alude a la página web de la Secretaría de la Tercera Edad y el link específico de los Centros de Día. Ambos muestran un mapa de la CABA con la distribución de las instituciones (Figura 1) y los logos de la ubicación en la que aparecen varones semiencorvados que caminan con bastón.

Figura 1

Este logo muestra una severa contradicción entre lo plasmado en el mapa y el discurso sobre la importancia del concepto de envejecimiento activo.

Otros canales de difusión incluyen la entrega de folletos durante el desarrollo de las actividades extramuros realizadas por los Centros, cuyo contenido es similar a lo que se indica en la página web. Además los Centros se establecen como ámbitos de divulgación para otros programas que encara la Secretaría de la Tercera Edad:

El aula digital es una actividad que tiene la Secretaría en la que se proveen tablets a las personas mayores en nuestros Centros. Esto para nosotros fue favorable porque así los vecinos se acercan puntualmente para recibir el producto y hacer el curso de capacitación, pero además tratamos de captar su atención sobre nuestras actividades. (Responsable Coordinación General Centros de Día GCBA).

Consideraciones finales

Las acciones del Estado dirigidas hacia las personas mayores muestran las capacidades y los obstáculos de diferentes actores para alcanzar sus objetivos. Las políticas públicas a escala local no se abordan integralmente. Por ello el mayor peso de los cuidados sigue recayendo en la familia y, en menor medida, en el mercado para aquellos con disposición de pago.

Los responsables de la implementación de los programas de CABA consideran que son dispositivos orientados a generar inclusión y derechos para los adultos mayores, pero se ocupan solamente de su área de incumbencia, sin contemplar en la práctica otras cuestiones socialmente relevantes como la situación previsional, sanitaria o de salud mental, delegadas a otras dependencias locales o nacionales.

El Programa de Centros de Día sigue vigente desde 1989 y ha logrado un crecimiento en número de asistentes desde su creación. Si bien recientemente se inauguró un Centro de Día especial para personas mayores con Alzheimer, y sin desconocer la preocupación por la inclusión de adultos con deterioro físico y mental, no existe aún una estructura en este Programa que pueda llevar adelante la atención y contención de personas no-válidas que requieren espacios de socialización.

El perfil de los usuarios de los Centros muestra ciertos rasgos distintivos: agrupa a mujeres mayores de 70 años que participan preferentemente en las instituciones de la zona norte de la Ciudad y a varones de 60 a 69 años de la zona sur; viven mayormente solos; están cubiertos por la seguridad social; son en general autónomos y saludables y mantienen vínculos familiares y lazos de vecindad. La participación está caracterizada por concurrentes que pertenecen a niveles socioeconómicos medios y/o medio-bajos, razón por la cual se sorprenden cuando la actividad incluye un almuerzo gratuito considerándolo un beneficio inmerecido.

Es llamativa la escasa divulgación de las actividades de varios Programas a cargo de la Secretaría de la Tercera Edad y la ausencia de una política integral de comunicación: folletos con bajo alcance, logos contradictorios con el discurso, escasa divulgación en los medios de comunicación. Las acciones encaradas son dispersas, dependen del esfuerzo individual de cada responsable y están poco planificadas: por ello es imposible definir esta política como una modalidad instrumental ni menos aún relacional.

La posibilidad de conocer las opiniones de los usuarios de los Centros de Día constituye una primera aproximación hacia una evaluación más exhaustiva que requeriría este Programa.

El desafío consiste en implementar una política pública integral de cuidados para la protección de los derechos de los adultos mayores, de sus familiares y de los cuidadores, teniendo en cuenta sus necesidades y demandas.

Referencias bibliográficas

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  1. Liliana Findling es investigadora de la Universidad de Buenos Aires en el Instituto de Investigaciones Gino Germani y profesora en la Carrera Ciencia Política, Facultad de Ciencias Sociales. Argentina. Estefanía Cirino es becaria doctoral de la Universidad de Buenos Aires en el Instituto de Investigaciones Gino Germani. Argentina. Laura Champalbert es integrante del proyecto “Mujeres, Cuidados y Familas” UBACyT 2014-2017. Argentina.


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