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Interpelaciones al campo de Comunicación y Salud en pandemia de COVID-19

Paula G. Rodríguez Zoya

Introducción

Sin temor de caer en visiones trágicas o radicales podemos afirmar que la pandemia de COVID-19 fue una flecha que la humanidad globalizada lanzó al mundo –o acaso sobre sí misma– cargada de preguntas e incertidumbres sobre nosotros mismos como sociedades en transformación. La pandemia ha vuelto evidentes desigualdades estructurales y solidaridades estructurantes, el carácter provisorio y mutable de las verdades científicas, la fragilidad de la vida y la profunda conexión entre la esfera del gobierno y la vida cotidiana, entre otros asuntos. Los cambios acontecidos han sido múltiples y vertiginosos en distintos planos de la vida. Prácticas concretas y habituales como las gestiones domésticas y laborales, la educación, el uso del espacio público y privado, el consumo y entretenimiento, las actividades comerciales y productivas, las maneras de comunicación y relación con los otros, y las formas de cuidado de la salud fueron atravesadas y alteradas por esta pandemia.

Este capítulo despliega una reflexión sobre la problemática de la pandemia de COVID-19 en clave de Comunicación y Salud. Se fundamenta y propone concebirla como un problema complejo de este campo. Múltiples remisiones entre la comunicación y la salud se anudan en cuestiones que resultan centrales para comprender, gestionar y actuar en este contexto. Ejemplo de ello son la comunicación de políticas sanitarias, la aplicación de las tecnologías de información y comunicación (tic) a las prácticas de salud, el carácter comunicacional de las relaciones médico-paciente en la atención en salud, las estrategias comunicativas de difusión de información sobre prevención y cuidado de la salud, o sobre la reorganización de los sistemas y servicios de salud en el marco de la pandemia.

Particularmente, este trabajo se propone reflexionar sobre los modos en que la pandemia de COVID-19 interpela al campo de Comunicación y Salud respecto de tres núcleos problemáticos:

  1. el carácter complejo y multidimensional de los problemas de Comunicación y Salud, especialmente desencadenados en esta coyuntura;
  2. el auge de eHealth en el marco de los procesos de digitalización de las prácticas de salud, acelerados por la pandemia; y
  3. el gobierno y la comunicación de políticas públicas de salud.

El tratamiento de cada uno de estos ejes da lugar a las secciones que componen el capítulo. La problematización pone de relieve la centralidad y los aportes del campo de Comunicación y Salud, exhibiendo el entrecruzamiento de estos dos dominios como dimensiones consustanciales de los retos que entraña la pandemia.

El desarrollo argumentativo del capítulo se sustenta en un entramado teórico conceptual múltiple. La Comunicación y Salud fundamentada como un campo complejo y heterogéneo (Araújo y Cardoso, 2007; Petracci, 2012; Rodríguez Zoya, 2017) constituye una perspectiva central y transversal para la inteligibilidad de las problemáticas abiertas por la pandemia. Asimismo, las reflexiones se nutren de los abordajes sobre la expansión del paradigma socio-tecnológico contemporáneo de digitalización y particularmente de las tic en el campo de la salud (Alcántara, 2008; Lupton, 2018; Petracci, Schwarz y Rodríguez Zoya, 2020; Rodríguez Zoya, 2020). Este análisis también moviliza los enfoques de biopolítica y gubernamentalidad, específicamente respecto a la problemática del gobierno de la salud (Foucault, 2010, 2014; Rodríguez Zoya, 2010, 2021), la perspectiva de la complejidad (Morin, 1997, 2001) y la problematización de los problemas complejos (Rodríguez Zoya y Rodríguez Zoya, 2019).

La reflexión sobre los modos en que la pandemia de COVID-19 interpela al campo de Comunicación y Salud hace propio el desafío de analizar las prácticas y condiciones presentes en tiempos de incertidumbre y grandes cambios. Este capítulo fundamenta la relevancia de la Comunicación y Salud para un abordaje complejo e interdisciplinario de los procesos de digitalización de las prácticas sociales y de salud, de las estrategias de gobierno y de la comunicación de las políticas públicas orientadas a la gestión social y sanitaria de la pandemia.

Nuevas complejidades de Comunicación y Salud… en pandemia

A lo largo de diversas elaboraciones he planteado que una de las claves de comprensión teórica del campo de Comunicación y Salud es su carácter complejo (Rodríguez Zoya, 2017, 2019, 2020). La complejidad es una perspectiva que fundamenta tanto la concepción como el abordaje multidimensional de los problemas de la realidad. Contrario a un tipo de pensamiento simplificador y disyuntivo, el enfoque de la complejidad reconoce la incertidumbre, la contradicción y la heterogeneidad, así como la unidad-en-la-diversidad y la diversidad-de-la-unidad, como principios de inteligibilidad epistémica y práctica (Morin, 2001). Conforme a su etimología, lo complejo es entendido como “lo que está tejido junto”, de allí que la perspectiva de la complejidad aspira a un conocimiento no reduccionista que religa las partes al todo y el todo a las partes. Siguiendo esta matriz teórica, me interesa brindar algunas notas que permitan ilustrar, por un lado, el carácter complejo del campo de Comunicación y Salud, y, por el otro, la complejidad de la pandemia de COVID-19, concebida precisamente como un problema de Comunicación y Salud.

Veamos entonces qué significa pensar la Comunicación y Salud como un campo complejo a partir de cuatro ideas fuerza. La primera refiere a que la relación entre la comunicación y la salud no implica una jerarquía o primacía de una sobre la otra, como tampoco una fusión, solapamiento o acople entre ambas. Por el contrario, la constitución de Comunicación y Salud supone la emergencia de un campo nuevo en el que ambos dominios se articulan de manera dialógica y recursiva con lógicas propias en los modos de formular y abordar temas y problemas (Rodríguez Zoya, 2017).

La segunda afirma que las cuestiones de Comunicación y Salud se hacen inteligibles a partir del principio de unidualidad formulado por el enfoque del pensamiento complejo. Este principio remite a la articulación del plano biológico y el sociocultural como dimensiones irreductibles y constitutivas de los seres humanos y los fenómenos de la realidad (Morin, 1997). En este sentido, puede comprenderse que los temas de Comunicación y Salud imbrican, simultáneamente, fenómenos comunicacionales y de salud, por lo que expresan la unidualidad comunicación-salud.

La tercera idea fuerza sostiene que los fenómenos de Comunicación y Salud son “problemas complejos” (Rodríguez Zoya y Rodríguez Zoya, 2019), en cuanto entrelazan aspectos heterogéneos a la vez que indisociables. En efecto, advertimos que son problemas vitales porque conciernen a cuestiones insoslayables de la vida –como la comunicación y la salud–, que articulan dimensiones heterogéneas (social, biológica, subjetiva, económica, tecnológica, gubernamental, etc.). Asimismo, son problemas de carácter práctico y político debido a que interpelan a múltiples actores y demandan acciones y decisiones de cara a transformar o dar respuesta a problemáticas de relevancia social. Además, son problemas éticos puesto que las cuestiones de comunicación-salud no son axiológicamente neutrales, exigen tomas de posición e involucran vidas, subjetividades y relaciones sociales. Por último, conforme la propia caracterización del campo de Comunicación y Salud, son problemas epistémicos complejos que requieren estrategias de investigación y prácticas de intervención consustanciales a tal complejidad.

La cuarta idea fuerza plantea que la comprensión del carácter complejo de este campo, sus actores, enfoques y problemáticas, nos conduce a reconocer la necesidad de conformar equipos multi, inter, o transdisciplinarios para generar diálogos y abordajes acordes a la multidimensionalidad y heterogeneidad de aspectos y saberes disciplinares que los temas de Comunicación y Salud ponen en juego. La interdisciplina implica una ética y una metodología de trabajo colaborativo para el estudio de problemáticas concebidas como sistemas complejos (García, 2006; Rodríguez Zoya, 2017a). El reto está dado por el desarrollo de marcos epistémicos, metodológicos y comunicacionales compartidos entre distintos actores que intervienen en el campo de Comunicación y Salud; no solo comunicólogos y comunicadores, profesionales de la salud y agentes sanitarios, sino también tomadores de decisión, efectores comunitarios, especialistas en derecho, desarrolladores tecnológicos, entre otros.

Arribados a la tesis de que las cuestiones de Comunicación y Salud son problemas complejos, cabe mencionar que definir algo por su carácter complejo no supone una explicación concluyente, sino una premisa o punto de partida para problematizar los conflictos del mundo. En este sentido, la complejidad es “una palabra problema y no una palabra solución” (Morin, 2001: 22). Pues bien, tras este recorrido, interesa reflexionar sobre la pandemia de COVID-19 como problema complejo y como problema de Comunicación y Salud, a partir de algunos principios centrales del enfoque de la complejidad, como la multidimensionalidad, la dialógica, la recursividad, la incertidumbre, la emergencia y la unidualidad.

Este enfoque nos invita a reconocer las interconexiones entre elementos de distinta naturaleza que se entretejen en una misma problemática, así como a problematizar los sistemas de pensamientos y puntos de vista desde los cuales los problemas son concebidos (Rodríguez Zoya, 2017b). Ciertamente, la pandemia entrelaza aspectos y problemáticas disímiles, lógicas y saberes heterogéneos, demandas y racionalidades de múltiples actores –de igual manera que un tapiz conforma un todo entretejido en el que las distintas hebras que lo constituyen resultan indiscernibles–, los que la hacen un verdadero problema complejo.

Pensar la complejidad de la pandemia de COVID-19 exige poner de manifiesto la multidimensionalidad del fenómeno, es decir, la multiplicidad de aspectos de distinto orden que se articulan indisolublemente en esta coyuntura. Una enfermedad como el COVID-19, sabemos, no atañe exclusivamente a la salud. Esta problemática despliega una urdimbre que abarca diferentes preocupaciones y ámbitos como educación, trabajo, seguridad social, movilidad y transporte, turismo, economía, producción y comercio, política y comunicación, además de cuestiones vinculadas específicamente a salud física, mental, emocional y social. También comprende distintas escalas de problemáticas como la individual, familiar, comunitaria, regional, provincial y nacional. Ante la multidimensionalidad de los fenómenos, la complejidad plantea el principio cognitivo y metodológico de separar lo que está unido y articular lo que está separado (Morin, 2001). Poner en práctica este principio es un desafío para las políticas públicas y el gobierno de problemas complejos de Comunicación y Salud.

Lo antedicho resulta congruente con los principios dialógico y recursivo que enarbola el pensamiento complejo. “El principio dialógico nos permite mantener la dualidad en el seno de la unidad”, mientras que el principio recursivo remite a un proceso “en el cual los productos y los efectos son, al mismo tiempo, causas y productores de aquello que los produce” (Morin, 2001: 106). Podemos advertir que la dialógica y la recursividad se hallan implicadas en múltiples aspectos del problema complejo de la pandemia de COVID-19. Debates dicotómicos como los planteados en el contexto de pandemia y cuarentenas en términos de salud/economía, seguridad/libertad o vida/muerte son construcciones polares simplificadoras y reduccionistas que excluyen la complejidad del asunto. En clave de la dialógica, se trata de una unidad compleja de dos lógicas antagónicas, pero, a la vez, complementarias, en cuanto los antagonismos son constitutivos de los fenómenos complejos. Así también puede afirmarse que los problemas no son inteligibles a la luz de una causalidad lineal, sino que exigen ser leídos recursivamente.

En tiempos de pandemia, principios clave de la complejidad como caos, incertidumbre y emergencia se vuelven nociones concretas y cotidianas. La concepción de la pandemia de COVID-19 como un problema complejo genera, a este respecto, dos desafíos: uno de tipo epistémico y otro de tipo práctico y estratégico. Primero, se requiere generar un nuevo “modo de objetivación” (Foucault, 1999) que reconozca, problematice y aborde el carácter multidimensional y complejo de los problemas. Segundo, con base en lo anterior, se plantea el desafío de desarrollar una perspectiva interdisciplinaria (García, 2006) de investigación e intervención que articule conocimientos y enfoques disciplinares particulares en un marco epistémico, metodológico y comunicacional compartido. Este doble propósito permitiría lograr diagnósticos integrales y estrategias eficaces para dar respuesta a las diversas problemáticas desencadenadas por la pandemia.

En suma, la complejidad deviene un prisma imprescindible para brindar inteligibilidad a la pandemia de COVID-19. Veamos ahora el modo en que la irrupción de este problema complejo interpela a la Comunicación y Salud, y convoca su mirada y abordaje exhibiendo la propia complejidad del campo. La Comunicación y Salud como campo complejo y heterogéneo (Araújo y Cardoso, 2007; Petracci y Waisbord, 2011; Petracci, 2012, 2015; Rodríguez Zoya, 2017, 2020; Rodríguez Zoya y Petracci, 2018; Petracci y Rodríguez Zoya, 2020) constituye una perspectiva propicia para abordar la unidualidad y la heterogeneidad de los aspectos que la pandemia implica. Por mencionar solo uno de ellos en el que esto se pone de manifiesto, podemos señalar que el gobierno de la pandemia enlaza, de modo simultáneo, estrategias y políticas de salud para la prevención de contagios de coronavirus, así como acciones de comunicación pública sobre tales decisiones y medidas. Así, afirmamos que el problema de la pandemia y su gestión entrañan una “unidualidad comunicación-salud” (Rodríguez Zoya, 2017).

El COVID-19 puso de relieve tanto la centralidad y relevancia del enfoque de Comunicación y Salud, como la complejidad de este campo. Delinea un complejo entramado de cuestiones que interpelan igualmente a la comunicación y a la salud, incluyendo en esta última miradas específicas como la epidemiología, la infectología, la salud pública, la medicina, la enfermería, la salud mental, entre otras. Ejemplo de esta imbricación son las estrategias de comunicación pública de decisiones políticas en materia de salud en pandemia; la información y divulgación periodística sobre el coronavirus y la prevención; la discursividad social, sentidos y representaciones en torno al virus, la pandemia, la cuarentena, el aislamiento y los riesgos de contagio; la promoción de nuevos hábitos de cuidado de la salud; así como la atención sanitaria y las relaciones médico-paciente, sean presenciales o mediadas tecnológicamente a partir del auge de la digitalización en salud y eHealth en este contexto.

eHealth en la normalización digital

Durante la pandemia de COVID-19, la noción de “nueva normalidad” fue planteada como una suerte de horizonte o meta que nos permitía vislumbrar que esa coyuntura desconcertante, trágica y desestabilizadora, que se extendía en el tiempo sin visos de conclusión, llegaría efectivamente –en algún momento– a su fin. El tiempo de pospandemia fue imaginado como el de una nueva normalidad hacia la cual nos dirigíamos lenta y progresivamente. Para ello se requería dar curso a complejos procesos de transformación estructurales y subjetivos, modificación de hábitos y pautas culturales, así como la adaptación a nuevas prácticas y relaciones sociales.

Mirada retrospectivamente, a casi dos años del inicio de la pandemia, podemos notar que esa nueva normalidad no es tanto un tiempo futuro ni una recuperación del pasado “normal”, sino la reconfiguración del propio presente y su devenir. Al respecto, cabe preguntarnos cuánto de nuevo tiene lo normal y cuánto de normal tiene la novedad. En términos estadísticos la normalidad se refiere a la regularidad, es decir que lo normal es lo que se ajusta a la norma, lo común, lo regular y lo típico. Es en este sentido en que la expresión “nueva normalidad” es un oxímoron, en cuanto la normalidad es lo que se opone a la novedad. La problematización de este problema complejo permite advertir que la pandemia generó dos sucesos concomitantes: la desorganización de lo conocido y asumido como “normal”, y la reorganización y emergencia de nuevas normalidades. Esta clave de lectura se inscribe en la huella del pensamiento de Canguilhem (2011), Foucault (1996, 1999) y Morin (2001), quienes fundamentan que, más que de la instauración de una normalidad como estado o producto, se trata de la normalización como un proceso.

Este proceso y los cambios que la pandemia trae aparejados se expresan de múltiples maneras e involucran la vida en su conjunto. Una de las mayores transformaciones que impulsó el advenimiento de la pandemia es el de la virtualización de distintas prácticas sociales cuya presencialidad se vio impedida a raíz de las medidas de cuarentena y aislamiento, y el riesgo de contagio. En este contexto se volvió normal, cotidiana y evidente la digitalización de la vida. Por ello afirmamos que hizo visible e intensificó el desarrollo de normalización digital constitutivo de nuestras prácticas en las sociedades contemporáneas. Desde luego, los procesos de informatización y digitalización característicos de la actualidad no son exclusivos de esta época de pandemia. El paradigma sociotecnológico que aún continúa en expansión y configuración puede rastrearse desde mediados del siglo xx, incluso antes de la aparición de Internet, y mostró mayor impulso en las últimas décadas del siglo pasado y las primeras del actual. Son diversas las nociones que buscan dar cuenta de este proceso: “sociedad electrónica” (McLuhan, 1964), “era de la información” (Castells, 1999), “sociedad red” (Van Dijk, 2006) o “sociedad digital” (Alcántara, 2008), por citar algunas.

La digitalización de la sociedad abarca múltiples planos de la vida. Así también, la aplicación de tecnologías cibernéticas e infocomunicacionales se ha extendido, entre otros, al campo de la salud, fenómeno que tuvo lugar especialmente desde 2000 (Pagliari et al., 2005; Lupton, 2018). El uso de tic en salud recibe distintas denominaciones, como eHealth, “salud digital”, eSalud, “cibersalud”, “telesalud”, “telemedicina” o “teleasistencia”, y comprende una diversidad de prácticas, entre las que se incluyen “los servicios de atención de salud, vigilancia y documentación sanitarias, así como la educación, los conocimientos y las investigaciones en materia de salud” (ops, 2011: 2). Más allá de la variedad terminológica, cabe observar que el sentido que soporta las distintas prácticas de eHealth es el mismo (Petracci y Schwarz, 2020). Adicionalmente, en la problematización teórica de estos fenómenos, concebimos a eHealth como un tema y actor clave de Comunicación y Salud, y más aún como un nuevo paradigma reorganizador del campo (Petracci et al. 2017; Rodríguez Zoya, 2020).

El proceso de digitalización de la salud y las prácticas de eHealth eclosionaron con la pandemia de COVID-19. En este contexto, la asistencia y gestión de la salud sufrió el impacto de las transformaciones digitales para adaptarse a las nuevas necesidades y circunstancias, dando lugar a un acelerado despegue de la telemedicina y el desarrollo de un abanico de tecnologías infocomunicacionales en salud (Concha-Mora, Gutiérrez-Juárez y Rojas-Prettel, 2020; Rodríguez Zoya, Petracci y Schwarz, 2020). En efecto, la pandemia de COVID-19 fue un factor preponderante para el auge de eHealth y el desarrollo de nuevos dispositivos como aplicaciones móviles (apps) de autotesteo y relevamiento de síntomas, plataformas de telemedicina, sistemas de vigilancia epidemiológica basados en big data y geolocalización para el seguimiento de casos COVID-19 positivo y contactos estrechos (Rodríguez Zoya, 2020). Esta coyuntura motorizó incluso el aggiornamento de marcos normativos. En la Argentina, por ejemplo, fue regulado el uso de las recetas electrónicas mediante la Ley 27.553 en agosto de 2020. Los cambios y novedades generados por la pandemia en el terreno de eHealth abonan los procesos de normalización digital que se encuentran en marcha; y así, el cuidado, la gestión, la atención y la comunicación en/de la salud a través de interfaces tecnológicas de distinto tipo se convierten en prácticas normales.

Cabe observar que el impulso de la digitalización durante la pandemia de COVID-19 se puso de manifiesto en otros campos vitales además de en el ámbito de la salud. Por un lado, las actividades laborales debieron reorganizarse bajo la lógica del teletrabajo, no sin tener que afrontar dificultades múltiples y complejas controversias, lo cual ha expuesto y profundizado las diferencias y desigualdades entre el empleo formal e informal, dependiente y autónomo, manual e intelectual, y entre los distintos sectores de la economía (Caminos, 2020). Por otro lado, la educación en sus diferentes niveles debió implementarse mediante plataformas educativas y programas de videoconferencia, y hubo que adaptar dinámicas y recursos pedagógicos a las nuevas condiciones con disímiles resultados, exhibiendo dificultades, resistencias y desigualdades de conectividad a Internet y alfabetización informática y digital (Kessler, 2020; Monasterio y Briceño, 2020). Además, el contexto de pandemia aceleró una tendencia que ya venía en alza con anterioridad: la comercialización digital y la denominada “economía de plataformas” (Rossi, 2020). La digitalización de la vida permea la esfera más cotidiana a través de la compra online de productos alimenticios, farmacéuticos, entre otros de consumo masivo. En suma, la vida misma fue revolucionada por estas dinámicas que la pandemia aceleró y normalizó. Las nuevas prácticas generadas en este contexto llegaron para quedarse, aunque, al igual que el proceso de normalización digital del que son parte, su instauración no es lineal ni está exenta de obstáculos, desafíos y desigualdades.

Con este trasfondo, y regresando el foco al campo de la salud, podemos señalar algunos de los múltiples aspectos en los que la digitalización impacta en este ámbito y, así también, cómo eHealth interpela a Comunicación y Salud. Sobre todo, en los tiempos de pandemia que han acelerado estos procesos, en buena medida impulsados por la urgencia de las circunstancias sin que medien reflexiones, debates o cuestionamientos necesarios.

La digitalización de las prácticas laborales y asistenciales en el campo de la salud suponen mayor desafío, transformación y adaptación que en otros ámbitos. No obstante, vale notar que la expansión de eHealth no excluye la dimensión corporal propia de la atención médica y, en muchos casos, la presencialidad se hace ineludible más allá del mentado ascenso de la telemedicina. En este plano se abren interrogantes sobre la (des)regulación laboral y los derechos de los profesionales de salud en contextos de informatización y virtualidad. Asimismo, la educación en carreras como Medicina, Enfermería u Odontología no puede ser capturada totalmente por la virtualización, inclusive mediante el uso de recursos de eLearning –una de las prácticas de eHealth– y dispositivos de simulación. A la vez, queda abierta la discusión sobre las implicancias de la mediatización de la relación médico-paciente y de la propia mirada médica en la práctica clínica, así como su impacto a nivel de las opiniones, actitudes y experiencias subjetivas de los pacientes en prácticas de salud tecnológicamente mediadas. eHealth también genera un debate sobre la gestión, la protección y el uso de las grandes cantidades de datos en salud, incluyendo consideraciones jurídicas y bioéticas sobre big data. En otro plano de eHealth cabe atender a la difusión de información sanitaria y estrategias de prevención en medios de comunicación y redes sociales y a través del uso de dispositivos móviles. A este respecto, es de interés considerar los modos en que son tratados los temas de salud, cómo son representados los sujetos involucrados y la concepción de comunicación que subyacen a las distintas prácticas de eHealth.

Todas estas cuestiones interpelan directamente a la Comunicación y Salud ya que –como afirmamos previamente– eHealth constituye un fenómeno preeminente de este campo (Petracci, Schwarz y Rodríguez Zoya, 2020). En términos teóricos, cabe considerar lo desarrollado en el apartado anterior para problematizar la complejidad de eHealth. Desde esta perspectiva, reconocemos que es un fenómeno multidimensional en el que se entrelazan múltiples planos como el médico-sanitario, comunicacional, tecnológico, económico, político, jurídico, subjetivo, social, etc. Además, afirmamos que eHealth no supone una relación unívoca ni jerárquica entre las tecnologías digitales, los procesos comunicacionales y las prácticas de salud; estos aspectos se hallan entretejidos de manera indiscernible como partes de un todo. Por ello, propongo ampliar el principio de unidualidad comunicación-salud, trabajado precedentemente, a la noción de unidualidad comunicación-salud-tecnologías, en el sentido de que los fenómenos de eHealth no pertenecen exclusivamente a uno de los tres dominios, ni puede establecerse la primacía de uno sobre los otros, sino que su articulación genera un ámbito nuevo de objetos, prácticas, saberes y posibilidades (Rodríguez Zoya, 2020).

Huelga decir que muchas de las novedades generadas durante la eclosión del COVID-19, inscriptas en el proceso de normalización digital en general y de eHealth en particular, están llamadas a perdurar en las sociedades. El COVID-19, las políticas implementadas y la acelerada digitalización han cambiado las prácticas sociales y las representaciones de los sujetos, a la par de las transformaciones que sufrieron los distintos ámbitos de la vida y el mundo todo. Uno de los retos es superar la dicotomía entre posturas detractoras y celebratorias de la tecnología y la digitalización, y centrar los esfuerzos en problematizar las nuevas condiciones a fin de saldar cuestiones sociales pendientes en materia de brecha tecnológica y desigualdades en el acceso a la salud, en favor de la promoción y el desarrollo de la salud y la vida humana. Lo tecnológico, lo político y lo comunicacional se hallan necesariamente entrelazados. Así es que la pandemia exhibe la necesidad de librar debates públicos críticos sobre temas acuciantes y primordiales para el futuro de las sociedades.

Gobierno y comunicación de políticas de salud

El COVID-19 ha puesto en evidencia que las epidemias son un problema de salud pública vigente y desafiante. En pleno siglo xxi, era de las enfermedades crónicas y no transmisibles, el COVID-19 emergió como resabio de brotes epidémicos antiguos y medievales (como la peste negra y la lepra) y otros tantos que azotaron a la población mundial a lo largo de la historia (como la viruela, el cólera, la tuberculosis o la gripe española), e incluso más recientemente en el siglo xx y el xxi (como el vih/sida, la gripe A-H1N1, el sars y el dengue). Si bien las experiencias de epidemias en el pasado no son pocas, como sociedad no estábamos preparados para afrontar la pandemia de COVID-19. Ya nos hemos ocupado de la pandemia como una problemática compleja de Comunicación y Salud. En este momento quisiera dar lugar a un conjunto de reflexiones sobre otro tema-problema de este campo, que es el gobierno y la comunicación de políticas de salud.

Como afirmamos en otra oportunidad, “el COVID-19 puso a la salud pública en un lugar central de la comunicación contemporánea, a la vez que evidencia la relevancia de la comunicación en el seno de la salud pública” (Rodríguez Zoya, Petracci y Schwarz, 2020: 194). En tiempos de pandemia la salud ocupa un lugar principal en la discursividad social, en las políticas públicas y en la comunicación gubernamental. Por ello cabe preguntarnos si es lo mismo el gobierno de la salud pública y la comunicación en salud ante escenarios pandémicos respecto de otras problemáticas sanitarias, y, para el caso, cuáles son las implicancias que genera este particular fenómeno.

Las epidemias/pandemias desafían a los gobiernos en múltiples planos, en los que se entrelazan las políticas, la comunicación y la salud. En un trabajo previo, hemos elaborado un modelo de investigación y comunicación de políticas públicas en salud en general y de epidemias en particular, sistematizado en los siguientes cinco vectores (Petracci y Rodríguez Zoya, 2020). Primero, las políticas requieren sustentarse en estudios e investigaciones continuas cuyos resultados constituyan insumos para la formulación e implementación. Segundo, las áreas gubernamentales específicas en materia de comunicación y de salud deben ser fortalecidas para un trabajo estratégico e interdisciplinario. Tercero, las epidemias/pandemias requieren un abordaje que no coloque a la comunicación como un instrumento subsidiario ni de la epidemiología ni de la política, sino que destaque la especificidad disciplinar y compleja de las problemáticas de Comunicación y Salud. Cuarto, la gestión de las epidemias/pandemias implica el diseño de estrategias comunicacionales que consideren diversos escenarios epidemiológicos, criterios de noticiabilidad y acciones de comunicación de riesgo. Quinto, y conjuntamente con lo anterior, esas estrategias deben contemplar el planteamiento de abordajes novedosos en múltiples niveles (mediático, comunitario, intervención online y redes sociales, aplicaciones de eHealth, etc.), que consideren la heterogeneidad de destinatarios y sus particularidades culturales y socioeconómicas.

El gobierno y la comunicación de epidemias y pandemias conllevan dos desafíos adicionales vinculados a una tensión constitutiva entre las políticas públicas, la epidemiología y la comunicación. Por un lado, el desafío de conjugar dos temporalidades distintas: la urgencia de las epidemias/pandemias y la necesidad de una comunicación pública temprana y precisa, con el trabajo a más largo plazo de la investigación, la implementación de políticas públicas y el diseño de estrategias comunicacionales. Por otro lado, la gestión de epidemias/pandemias afronta el desafío de coordinar fenómenos de distinto alcance, escala y lógica: las epidemias/pandemias que ocurren a nivel poblacional, masivo y que incluso trascienden fronteras, culturas o públicos específicos; y la comunicación que es situada y conlleva “condiciones de producción” y “de reconocimiento” (Verón, 1987) específicas, vinculadas a contextos y públicos particulares, pero que a la vez debe alcanzar a toda una población.

Lo antedicho nos conduce a comprender que la cuestión del gobierno y la comunicación pública de la pandemia constituye una problemática biopolítica e implica estrategias de gubernamentalidad de la salud que articulan a individuos y poblaciones. A este respecto cabe hacer algunas puntualizaciones. Desde el siglo xviii, el cuerpo, la salud y la enfermedad se constituyen como problemas políticos y como objetos de regulación de procesos poblacionales: emerge la biopolítica como tecnología de gobierno de la vida (Foucault, 1977, 2007). La medicina y la medicalización como estrategias biopolíticas modelaron la vida de las poblaciones a través de una multiplicidad de tecnologías de regulación orientadas hacia diversos objetos y ámbitos: organización del espacio urbano, campañas de higiene y de salud pública, desarrollo de antibióticos, erradicación de epidemias, potabilización del agua, campañas sanitarias y programas de vacunación (Foucault, 1996; Rodríguez Zoya, 2010; Fuster Sánchez y Moscoso-Flores, 2016). En suma, los dispositivos biopolíticos sanitarios y “las prácticas de la medicina modificaron la forma de vida de los seres humanos” (Rose, 2007: 701).

Resulta interesante advertir que las tecnologías de gobierno son estrategias que se despliegan conforme los sistemas de pensamiento vigente, los contextos espaciotemporales y los problemas que buscan ser gobernados. La biopolítica de los siglos xix y xx se basa en tecnologías masificantes dirigidas a la población, mientras que la del siglo xxi conlleva tecnologías individualizantes orientadas no a disciplinar el cuerpo, sino a crear las condiciones para que los sujetos puedan gobernarse a sí mismos y gestionar exitosamente los riesgos en salud.

La distinción entre tecnologías de gobierno de la salud cobra relevancia particularmente a partir de la transición demográfica y epidemiológica (Omran, 1971), que exhibe un cambio del patrón de mortalidad y morbilidad asociado a enfermedades infecciosas hacia otro marcado por el predominio de enfermedades crónicas no transmisibles, entre las que se incluyen las cardiovasculares, la diabetes, la obesidad, el cáncer, enfermedades respiratorias crónicas, la hipertensión y los accidentes cerebrovasculares (oms, 2011). Gobernar el riesgo en salud asociado a estos padecimientos exige modificar hábitos y conductas de la población. De modo que, si las epidemias infecciosas se combaten preponderantemente con vacunas o antibióticos, las de enfermedades no transmisibles exigen la modulación de hábitos y subjetividades. Ambos tipos de problemáticas sanitarias y las tecnologías de gobierno asociadas no son excluyentes, sino que coexisten en el tiempo y las organizaciones sociales. No obstante, se trata de dos modos de gobierno de la salud diferentes, cada uno de los cuales comprende formas particulares de formulación e implementación de políticas públicas y diversas estrategias comunicacionales.

En esta línea de problematización subrayamos que la emergencia del COVID-19 pone de relieve la imbricación de los dos tipos de afecciones consideradas como problemas de gobierno, y la de los dos tipos de estrategias de gobierno. Por un lado, la eclosión de la pandemia de una enfermedad infecciosa en la era epidemiológica de las enfermedades crónicas no transmisibles (ecnt) como nuevo problema de gobierno. Se ha constatado que las ecnt constituyen un factor de riesgo que incrementa la virulencia y mortalidad del coronavirus, sobre todo en personas mayores de 60 años (Serra Valdés, 2020). Por otro lado, la necesaria articulación de distintas tecnologías de gobierno como estrategia biopolítica para abordar y gestionar tal problemática. A este respecto, cabe tener presente la noción de “gobierno” que refiere a “técnicas y procedimientos destinados a dirigir la conducta de los hombres” (Foucault, 2014: 359), y la de “gubernamentalidad” como interfaz que imbrica tecnologías de gobierno de sí y tecnologías de gobierno de los otros (Foucault, 2010). Lo individual y lo poblacional se hallan necesariamente entrelazados.

El gobierno del COVID-19 exige la coordinación de estrategias orientadas a ambos planos. La administración de cuarentenas, medidas de aislamiento y cierre de actividades y vías de circulación actúan a nivel de la población, así como la promoción de nuevos hábitos de higiene, limpieza, desinfección y cuidado de la salud –tanto personal como del ámbito privado y doméstico– lo hacen a nivel individual. Las políticas públicas de salud y las estrategias gubernamentales de comunicación tienen el desafío, pues, de conjugar su acción en distintos niveles. Las medidas de gobierno orientadas a la modulación de subjetividades, hábitos y prácticas individuales constituyen una vía para el gobierno de fenómenos y riesgos de salud a escala poblacional.

Tomando en consideración la multidimensionalidad de estrategias de gobierno requeridas por la pandemia de COVID-19, hemos de afirmar la necesidad de articular distintas estrategias de comunicación pública de las políticas implementadas, en un marco general de comunicación de riesgo y de crisis. En este sentido, vale atender que los desafíos de gobierno y comunicación en salud en pandemia están atravesados por un efecto paradójico de paralización y aceleración de procesos simultáneos y heterogéneos. Por un lado, la pandemia interrumpió y puso en suspenso un sinfín de actividades –o, al menos, el modo en que eran realizadas hasta ese momento– a raíz de las cuarentenas, medidas de aislamiento y distanciamiento obligatorio dispuestas en varios países de manera coexistente, el cierre de fronteras y la suspensión del tráfico aéreo internacional. Por otro lado, generó cambios inusitados y efectos de aceleración de diversos procesos, incluyendo la aceleración epidemiológica en el orden del bios (la vida) por la velocidad de contagio del virus, y la aceleración técnica (Costa, 2020). Es interesante advertir que ambos fenómenos, aunque en apariencia opuestos, se inscriben en el mismo proceso de normalización inducido por la pandemia al que hicimos referencia anteriormente.

La aceleración epidemiológica y técnica tiene específicas implicancias en términos de Comunicación y Salud. El rápido desarrollo de la pandemia llevó a que los sistemas y servicios sanitarios debieran ser reforzados y adaptados con urgencia para canalizar las nuevas demandas de atención, ya sea por coronavirus, por otras afecciones o emergencias, o por controles regulares de salud. Sin embargo, esto no impidió que en muchos casos estos se sobrecargaran y colapsaran, inclusive en los países desarrollados que estaban mejor preparados (Bravo-García y Magis-Rodríguez, 2020). La adecuación de la estructura y los recursos sanitarios a las nuevas condiciones exigidas por la pandemia incluyó la ampliación del número de camas de terapia intensiva, el montaje de hospitales de campaña, postas de vacunación y puestos de hisopado, compra de insumos médicos, entre otros. Esta adaptación sanitaria tiene su correlato a nivel tecnológico tanto en el plano científico con el desarrollo de los compuestos y las plataformas de las vacunas –incluyendo los correspondientes estudios–, como en el plano del desarrollo de sistemas informáticos para la gestión de las políticas sanitarias. En relación con esto último, puede pensarse en la producción tecnológica implicada en las aplicaciones móviles y plataformas para la solicitud de permisos de circulación durante las medidas de aislamiento, la administración de turnos de vacunación, la detección de contactos estrechos y el seguimiento de casos, y canales de información y atención a la población.

Este entramado tecnológico-administrativo-comunicacional en salud constituye una clara expresión de las políticas públicas de eHealth en su dimensión gubernamental. Lo que debemos resaltar es que, a fin de que el gran engranaje de gobierno funcione y sea efectivo para cumplir el cometido para el cual es implementado, este debe comunicar. La comunicación pública como estrategia de gobierno implica tanto la articulación entre el sector estatal, el privado y el campo científico, como la vinculación con la comunidad en su conjunto. La comunicación en/de la pandemia también es compleja y multidimensional. Se requiere informar sobre la situación epidemiológica, las medidas de prevención en salud, el establecimiento o cese de normativas vinculadas a confinamientos, la restricción de circulación o regulación de actividades, las políticas sanitarias implementadas y el uso de tecnologías de información y gestión en salud desarrolladas, por mencionar algunos temas, considerando también las particularidades de distintos tipos de soportes y públicos. El mayor desafío de la comunicación de políticas públicas en pandemia es cómo informar y dar certezas de algo incierto, desconocido y cambiante, y que, a la vez, esa comunicación establezca una relación ética con la población acorde a la complejidad y sensibilidad del contexto, y resulte eficaz para el gobierno de un problema epidemiológico y social complejo como la pandemia de COVID-19.

Retrospectiva abierta

El desarrollo argumental de este texto puede ser percibido a través de la metáfora de un viaje. El camino es incierto y el movimiento es constante; aunque debamos parar o recalcular en medio del trayecto, nunca nos detenemos. En este tránsito dos imágenes captan nuestra atención: la que se proyecta en el horizonte y la que nos devuelve el espejo retrovisor. La pandemia de COVID-19 tiñe ambas visiones. Hacia adelante, las primeras certezas que aparecen son de que el corto plazo se modela al son de los acontecimientos, y de que el futuro cercano será un tiempo de condiciones, prácticas y subjetividades modificadas. Hacia atrás, la magnitud y proximidad de las circunstancias generadas por la pandemia tornan más distante el mundo previo. La percepción es que el aprendizaje fue inmenso, forzoso y acelerado, y que el esfuerzo fue desmedido y doloroso. La certeza es que las transformaciones siempre acontecen en devenir. Y la convicción es que el futuro no es un mero destino, sino un espacio-tiempo de construcción colectiva.

Las palabras inspiradas en este contexto no pueden ser sino reflexiones abiertas para seguir pensando a trasluz de condiciones cambiantes. La pandemia, como toda crisis, es un fenómeno dual y paradójico: supone el desgaste y la trasformación de estructuras, dinámicas, prácticas y representaciones, a la vez que la generación de otras nuevas. Es mayor el desafío de objetivar las prácticas y condiciones emergentes con distancia crítica, de manera simultánea a los mismos procesos de incertidumbre y adaptación a los cambios ineludibles que el contexto de pandemia impone. El foco de nuestra atención se sitúa en el campo de Comunicación y Salud para iluminar interrogantes, desafíos y nuevas prácticas que genera la pandemia, así como los modos en que este campo se hace presente, su centralidad y aportes.

Las interpelaciones de la pandemia de COVID-19 a la Comunicación y Salud son múltiples y complejas. Este artículo desplegó una reflexión respecto de tres núcleos de este campo: la complejidad y multidimensionalidad de los problemas de Comunicación y Salud, particularmente los desencadenados en este contexto; el auge de eHealth en el marco del proceso de normalización digital acelerado por la pandemia; y el gobierno y la comunicación de políticas públicas de salud. El abordaje de estos ejes pone de relieve que la comunicación y la salud se hallan entrelazadas en torno a distintos temas-problemas, y que la problematización de su complejidad resulta primordial para los ámbitos de prácticas sociales, médicas, comunicacionales y gubernamentales. A continuación, se apuntan las ideas centrales de las reflexiones desarrolladas sobre cada núcleo problemático.

En primer lugar, se exhibió la complejidad de la Comunicación y Salud y de la pandemia de COVID-19 comprendida precisamente como un problema multidimensional de este campo. Esta concepción y fundamentación permitió sustentar el principio de unidualidad comunicación-salud y reconocer que este atraviesa múltiples desafíos de la coyuntura presente. En este sentido, los principios de multidimensionalidad, recursividad, dialógica y emergencia, que nutren el enfoque de la complejidad, son pilares para el desarrollo de nuevas formas de objetivación complejas de la realidad, las problemáticas de la pandemia y nuestras prácticas. Además, la Comunicación y Salud conforma una trama que requiere el abordaje interdisciplinario e integral de las problemáticas que la pandemia plantea.

En segundo lugar, se expuso que esta última –sobre todo en el contexto de restricciones establecidas en los períodos de cuarentena o aislamiento– ha incidido en la aceleración de los procesos de cambio sociotecnológico y las dinámicas de digitalización, transversales a distintos ámbitos de la vida. La virtualización de las prácticas se manifestó de manera paradigmática en el campo de la salud dando lugar al auge de eHealth. No obstante, cabe reparar en que las mismas circunstancias de la pandemia, el riesgo de contagio y los temores asociados a ello han sido un factor de postergación de la atención y el tratamiento de distintas dolencias o condiciones de salud. El desarrollo y uso de tecnologías de información y comunicación en salud fue comprendido en el marco de un proceso de normalización digital, en contraposición a la noción de “nueva normalidad”. La normalización de eHealth interpela al campo de Comunicación y Salud de múltiples maneras. Se han señalado implicancias y desafíos en el orden de los derechos de los profesionales de la salud en contextos de informatización, la virtualización de la educación en salud, la mediatización de la relación médico-paciente y la mirada médica en la práctica clínica, la gestión, la protección y el uso de los datos en salud, así como los fundamentos comunicacionales de la difusión de información en salud y las estrategias de prevención, entre otros asuntos. Asumiendo la complejidad de estas problemáticas, se propuso ampliar el principio de unidualidad a comunicación-salud-tecnologías, en cuanto los fenómenos de eHealth anudan estos tres dominios.

En tercer lugar, se abordó la dimensión del gobierno y la comunicación en salud. El gobierno de la pandemia enlaza estrategias y políticas sanitarias para la prevención de contagios de coronavirus, la asistencia, la adaptación y la mejora de los sistemas de salud pública. Simultáneamente, requiere de acciones de comunicación pública sobre tales decisiones y medidas, que tienen el desafío de conjugar la regulación de procesos poblacionales –epidemiológicos y sociales– y la modulación de hábitos individuales. Se subrayó el carácter biopolítico de estas estrategias, así como su relación con un entramado tecnológico-administrativo-comunicacional de gobierno. La problematización de este eje temático nos permite señalar que la gubernamentalidad de la pandemia de COVID-19 también interpela al campo de Comunicación y Salud exhibiendo su complejidad.

Estas interpelaciones por parte del COVID-19 ponen de manifiesto la ineludible articulación entre salud y comunicación, así como la centralidad de este campo para abordar los múltiples desafíos que afrontamos, fundamentalmente en el orden de las dinámicas de digitalización de las prácticas sociales y de salud, las estrategias de gobierno y la complejidad del escenario mundial en pandemia. La relevancia de Comunicación y Salud en este contexto remite tanto al aporte de sus perspectivas teóricas y metodológicas, como también a las estrategias prácticas que resultan insoslayables para afrontar los trabajos interdisciplinarios y las acciones comunicativas y gubernamentales que el abordaje de la pandemia exige.

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