Marcos Filardi
En la Ciudad de Buenos Aires funciona desde el 1º de agosto de 2017 el Museo del Hambre, un espacio de encuentro por la Soberanía Alimentaria cuya apuesta política y simbólica es “convertir al hambre en un objeto de museo”: que nunca más lo encontremos ahí afuera, como aún hoy lo estamos encontrando.
De ahí el nombre: Museo del Hambre: el Hambre, sólo en un museo.
El logo y mural
La imagen del Museo, realizada por el colectivo de artistas “Museo a Cielo Abierto (MACA)” presenta a tres figuras entrelazadas por los brazos (simbolizando la fraternidad, el compañerismo y el caminar colectivo) en medio de cereales y frutas diversas (simbolizando la abundancia y generosidad de la Pachamama):
Andrés Carrasco, científico argentino que acompañó a los pueblos fumigados de Argentina estudiando, documentando y haciendo públicos los efectos de los agrotóxicos, lo que le valió ser perseguido académica y profesionalmente. En su homenaje se conmemora cada 16 de junio el “Día de la Ciencia Digna”, una ciencia al servicio de los pueblos y no de las corporaciones. Por eso Andrés está retratado no con un delantal blanco ni microscopio, sino con ropa campesina y pala en mano.
A su lado, Anita Broccoli, ecofeminista, guardiana de semillas y fundadora de la Cátedra Libre de Soberanía Alimentaria de la Universidad Nacional de Lomas de Zamora, compañera muy querida y admirada que dejó huellas indelebles en el camino de la Soberanía Alimentaria. Anita está retratada en la pared del este, por donde sale el Sol, desde donde con su ejemplo de coherencia y compromiso nos acompaña, alienta, da calor e ilumina.
Enlazada a ella, la mujer africana innominada, madre de la humanidad, recordando nuestro inicio como especie, con su bebé lactante aferrado a su pecho: la lactancia materna como principio, inicio y base de la Soberanía Alimentaria.
Facilitar el encuentro
En el Museo se comparten muestras artísticas, cine-debates, obras de teatro, presentaciones de libros, talleres y charlas, vinculadas siempre a la Soberanía Alimentaria.
Todo eso es una excusa para el encuentro, para imaginar y cranear colectivamente cómo podemos construir otros modos de ser, estar, vivir (y obtener y producir alimentos para todxs) en nuestros territorios, es decir, una invitación a congregamos para construir el paradigma de la Soberanía Alimentaria.
Biblioteca Popular de la Soberanía Alimentaria
Para propiciar el intercambio de saberes alrededor de esta temática tenemos una Biblioteca Popular de la Soberanía Alimentaria (hecha con cajones de verduras: soporte de alimentos) con más de 1000 obras (libros, revistas, videos, tesis) que la abordan y cualquier persona que viene al espacio puede llevarlas a su casa y devolverlas después.
Albergue Transitorio de Semillas
También funciona un “Albergue Transitorio de Semillas”: cualquier persona que viene al Museo puede traer y/o retirar semillas y un grupo de personas nos reunimos periódicamente para registrarlas, clasificarlas, limpiarlas, guardarlas, plantarlas, multiplicarlas y ensobrarlas, es decir, cuidarlas amorosamente hasta que otras manos amorosas se las lleven para dar fruto a otras partes. La persona que se lleva semillas del Albergue puede asumir o no el compromiso de multiplicar semillas y devolver una parte al Albergue después y cuenta con un contacto para cualquier pregunta que pudiera tener vinculada a las semillas que se lleva.
Desde el Albergue propiciamos el seguimiento de la vida de esa semilla desde que sale del Albergue y por eso cada tanto preguntamos qué ha sido de ella a quien la ha adoptado.
El Albergue está a su vez vinculado a otros nodos de la “Red de Albergues Transitorios de Semillas”, cuya finalidad es justamente facilitar que las semillas circulen libremente, estén de paso en esos nodos para poder ir rápido a la tierra a dar fruto, enriqueciendo así el patrimonio común de los pueblos al servicio de la humanidad.
Alimentos agroecológicos de la mano de la Cooperativa de Trabajo Iriarte Verde
La Cooperativa de Trabajo Iriarte Verde tiene un puestito en el Museo en el que acerca alimentos y bebidas producidas con criterios agroecológicos por distintos productores de la agricultura familiar, campesina e indígena de todo el país. Funciona con la “Alcancía de la Confianza: por una nueva economía basada en la confianza”: los alimentos tienen un precio justo sugerido y las personas simplemente los llevan dejando el dinero en la alcancía. Las personas que concurren al Museo también pueden pedirle a la cooperativa que lleve los bolsones de verduras agroecológicas para retirarlos los viernes por ahí si les resulta más cómodo.
Viernes de Soberanía Alimentaria para compartir saberes y sabores
Los viernes tienen lugar los “viernes de Soberanía Alimentaria”: una actividad (cine-debate, presentación de un libro, presentación de una muestra) que es seguida siempre por una “cena sana, segura y soberana a la canasta”, en la cual cada persona trae algún alimento para “compartir saberes y sabores tras la presentación”, rescatando la mesa compartida y la comensalidad.
Una guarida para las luchas
El Museo tiene un dormitorio con cama, heladera, pava, horno y ducha que está “a disposición de las luchas por la Soberanía Alimentaria”: cualquier persona de las Asambleas, colectivos o grupos que trabajan en temas de Soberanía Alimentaria, si vienen a Buenos Aires por cualquier motivo, pueden hospedarse gratuitamente acá y organizar reuniones en el espacio si lo desean.
El Museo aspira a ser una caja de resonancia y de enlace en red de las muchas expresiones de Soberanía Alimentaria que se están multiplicando en los territorios.
Dibujar colectivamente otras coreografías posibles
Todos los martes hay un taller de Danza Comunitaria que invita a fortalecer los lazos comunitarios y la construcción colectiva de la danza (y otras narrativas).
Ello dio lugar al nacimiento del Colectivo de Danza Comunitaria del Museo del Hambre.
Fortalecer nuestra identidad nuestramericana a través de la danza y la alimentación
Los jueves hay un taller de danzas folklóricas nuestramericanas para fortalecer “nuestra identidad nuestramericana a través de la danza y la alimentación”, rescatando uno de los principios del Sumak Kawsay (Buen Vivir): el de “saber bailar”. Cada tanto se reúnen a compartir alguna comidita asociada culturalmente a la danza que se está aprendiendo y compartiendo.
Cantar colectivamente poemas religiosos
Los miércoles y jueves por la noche un coro de senegaleses despliega sus coloridas alfombras y con sus elegantes túnicas se sienta en ronda para cantar los “khassaides”: poemas compuestas por el Cheikh Ahmadou Bamba, fundador de la cofradía Mouride del Islam, mientras beben café Touba y leche caliente a la menta.
Explorando la Alegremia
El Museo es el lugar de encuentro de la comunidad “Sembradores de Semillas” de Laicrimpo Buenos Aires. Una vez por mes, la comunidad organiza una actividad con identidad “laicrimpera” para promover la filosofía de la alegremia. Para que la alegremia fluya en sangre, diría el amigo y maestro Julio Monsalvo, quien recientemente pasó a la inmortalidad, todo lo importante en la vida, que empieza con A, debe estar presente: aire, agua, alimento, amor, aprendizaje, arte y abrigo. En cada encuentro mensual se aborda cada una de esas “A”, acompañado por mística, gratiferia, intercambio de semillas y el infaltable “abrazo laicrimpero”.
Reinventarse en pandemia
Durante el aislamiento social, preventivo y obligatorio, el Museo debió cerrar sus puertas y decidió no devenir virtual. Ratifica su identidad como espacio netamente presencial, de carne y hueso, donde abundan los abrazos, la comida compartida y la ronda de mate. Un espacio donde se baila y se suda y donde los cuerpos se entrelazan y dibujan coreografías colectivas. Esperamos en breve retomar el encuentro cuerpo a cuerpo, el mirarse a los ojos y el choque de las copas.
Nodo San Cristóbal de la Unión de Trabajadores de la Tierra (UTT)
El aislamiento dio lugar a que comience a funcionar en el Museo el nodo de la UTT de San Cristóbal, facilitado por Aimé Bernardino. Todos los jueves y sábados tiene lugar la entrega de bolsones de verduras agroecológicas de la UTT y otros actores de la economía social y popular de la Comuna 3. Desde el nodo se organizó también el apoyo alimentario a los comedores comunitarios del barrio a través del Comité de Crisis de la Comuna.
Base de operaciones de la organización de la distribución solidaria de alimentos de la comunidad senegalesa
También sirvió como base de operaciones para la organización de los apoyos alimentarios de la comunidad senegalesa en Buenos Aires, especialmente golpeada durante la pandemia, un maravilloso ejemplo de organización colectiva y solidaria de la propia comunidad, con apoyo fraterno de otras organizaciones que acompañan a la comunidad.
Desmercantilizar las relaciones sociales
El Museo es un espacio autofinanciado y autogestionado. Por decisión política el espacio no recibe financiamiento de partidos políticos, empresas, gobiernos o fundaciones. La única vía de financiamiento es una “caja de dulce de leche de cartón” en la que cada persona que viene al Museo puede dejar un aporte, voluntario y anónimo, siempre que quiera y pueda. Todas las actividades son abiertas y gratuitas. Los talleres son al “sombrero consciente” y lo que ahí se reúne es exclusivamente para la persona que facilita amorosamente el taller, en reconocimiento a su trabajo. Cuando las autoras y los autores de los libros que se presentan en el Museo dejan ejemplares para vender, se los vende al precio decidido por el autor o autora y el espacio no se queda nada de la venta. Sólo le pide al autor o autora que deje un ejemplar para la biblioteca de modo que si una persona está interesada en leerlo pero no puede comprarlo, puede retirarlo gratuitamente de la Biblioteca Popular.
La idea-fuerza subyacente a todas estas prácticas es desmercantilizar todo lo posible las relaciones que ahí tienen lugar y que el dinero no sea “vehículo de acceso privilegiado” para lo que se comparte en el espacio.
Un espacio abierto en construcción viva y movimiento
El Museo es esencialmente un espacio que se ofrece, que se facilita: si una persona tiene una idea o proyecto vinculado a la Soberanía Alimentaria y quiere desarrollarlo en el Museo, no tiene más que proponerlo y sencillamente se hace.
Por eso el Museo va definiendo los contornos de su identidad en la marcha, como el río y su cauce: es una construcción social viva y en movimiento.
El fuego y lo común
Muy agradecidos a Eduardo Molinari -querido compañero del Museo- por la invitación a compartir nuestro camino bajo la consigna del fuego y lo común.
Es nuestro deseo que el fuego que como especie supimos descubrir; ese que fascina a nuestras pupilas; nos tiñe de dorado; nos hermana a su alrededor; amplía el universo de lo comestible, nos regala la comensalidad y el lenguaje y, en definitiva, nos hizo humanos, siga calentando, de abajo a arriba, el sueño compartido de un destino verdaderamente común.






