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4 Acerca de las prácticas investigativas artísticas situadas

Archivo Caminante

Eduardo Molinari

Piedras en el agua

Teniendo en cuenta las formulaciones centrales del encuentro de apertura pero también del ciclo completo, vinculadas a nuestro interés por pensar e imaginar colectivamente y estimular las prácticas investigativas transdisciplinarias situadas en Latinoamérica, me parece importante compartir mi punto de enunciación. Soy artista visual, Licenciado en Artes Visuales de la Universidad Nacional de las Artes en Buenos Aires y docente investigador en el Departamento de Artes Visuales en dicha institución.

Mi cuerpo de obra artística está conformado por pinturas, dibujos, collages, fotografías, instalaciones, intervenciones y acciones en sitios específicos y en el espacio público, videos y publicaciones. En 2001 creé al Archivo Caminante, archivo visual que indaga las relaciones entre arte, historia y territorio. Entre 2010 y 2016 codirigí junto a la artista visual Azul Blaseotto La Dársena_Plataforma de Pensamiento e Interacción Artística, un espacio cultural independiente en el barrio de Almagro (C.A.B.A.) interesado en habitar procesos colectivos de investigación con herramientas artísticas y de construcción de pensamiento contra-hegemónico. Desde 2016 La Dársena no posee una sede física fija y despliega experiencias de experimentación e investigación situadas, con metodologías aptas para unirse a otros colectivos o actores locales, allí donde aparezcan cuestiones de interés comunes.

Las reflexiones e interrogantes que compartiré hoy florecen al calor de una práctica que puedo definir como mestiza, flotante, pluri o trans. Una práctica artística, pedagógica, investigativa y activista cuyos intereses y objetivos podría sintetizar en dos acciones:

Por un lado, provocar efectos de resonancia: poner en circulación energías de expansión, contagio, escucha, empatía, cuidado y amor por la vida diversa. Como los anillos generados cuando arrojamos piedras en una superficie acuática. Resonancia en nuestras cuerpas vibrátiles y en el cuerpo comunitario y social.

Por otro, habitar un sentipensar: despertar nuestra capacidad de asombro y curiosidad, nuestra intuición y percepción sensorial del mundo (también de alucinación predictiva). Habitar una epistemología en movimiento capaz -como las piedras que luego de rebotar en la superficie se hunden quién sabe dónde- de ir hacia las profundidades desconocidas de nuestras experiencias hasta alcanzar nuevos saberes y conocimientos. Aquéllos que nos permitirán enfrentar el miedo que los opresores pretenden imponer.

Ni nostalgia ni pasado mejor

El Archivo Caminante explora las relaciones entre arte, historia y territorio. El caminar como práctica estética, la investigación con métodos y herramientas artísticas y las colaboraciones transdisciplinarias están en el centro de mi labor. Mis objetivos son producir pensamiento crítico contra las narrativas históricas dominantes, generar acciones contra la momificación de la memoria social y crear ejercicios de imaginación política. El AC crea mediante lenguajes artísticos, documentos poéticos expandidos, llamados así por su capacidad para ocupar no sólo espacios ni instituciones del sistema del arte. Compartiré ahora con ustedes el análisis de los tres términos que mi práctica articula, tejiéndolos con los hilos provenientes de los interrogantes de la mesa que nos convoca:

molinari1Fuente: Archivo Caminante

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Fuente: Archivo Caminante

Arte. Siguiendo al filósofo argentino Rodolfo Kusch propongo pensar la cultura como una acción y no como una cosa, lo que permitiría fugar de su objetivación colonizante. Creo que toda práctica artística, desde todas sus disciplinas, es creadora de textualidades. Y afirmo que no hay texto sin contexto. Esta formulación anuda dos dimensiones: un determinado relato con una determinada condición espacio-temporal, o dicho de otro modo, una narrativa con una comunidad. Pero lo que más me interesa de ella es que no define de modo unívoco ninguno de ambos términos. Qué texto y qué contexto es una pregunta que queda abierta para cada narrador, para cada artista, para cada artista investigador). Contestarla implica tomar posición. Volveremos sobre este punto cuando hable de territorio. Una dimensión lógica y racional puede resonar en las operaciones-acciones artísticas y del mismo modo, una dimensión poética, sensitiva y la sinrazón pueden teñir las investigaciones científicas a la hora de la creación de nuevos saberes y posibles que nos permitan enfrentar los problemas del actual contexto.

¿Y cuáles son las condiciones narrativas hegemónicas del actual contexto? Los modos de producción cultural, artística e investigativa están sujetos a las formas de producción del modelo económico imperante. El capitalismo financiero y extractivista, de agronegocios y megaminería, rentista y dependiente de la exportación de commodities, con sus formas de acumulación y concentración de riqueza, es generador de lo que me interesa definir como una cultura transgénica, una monocultura cuya principal característica es el uso perverso y empobrecedor del lenguaje, de todos los lenguajes. El filósofo italiano Franco Berardi Bifo define al sistema global hegemónico como semiocapitalismo, en el que la producción de valor depende centralmente de una operación retórica: la recombinación. Prevaleciendo ésta en el ámbito de la informática y la biogenética. Los signos y símbolos se multiplican, proliferan y viralizan, y su mera recombinación produce mayores ganancias que la búsqueda de sentido o significado para el uso de los mismos. La recombinación permite convertir en información cualquier intento de transformación.

Cualquier parecido de este dispositivo con una máquina de lavar, no es mera casualidad. En una lavadora, elementos de funcionalidad diversa son introducidos en su dispositivo que opera con un fin uniforme y homogeneizante: blanquearlos. Todo lo que pasa por allí sale blanco y limpio. ¿Pueden las instituciones de la cultura neoliberal ser pensadas como enormes máquinas de lavar? No tanto (no sólo) porque allí se laven capitales de orígenes oscuros sino principalmente por las operaciones de blanqueo de las responsabilidades de actores públicos y privados en la generación de los graves conflictos que hoy ponen en peligro nuestro futuro planetario. En este contexto nuestros textos se ven, al menos, acechados, acorralados. Y es muy necesario agujerear estas máquinas de lavar. Liberar las fuerzas centrífugas y hacer visibles las “manchas” disidentes. Es preciso recrear colectivamente las relaciones entre imágenes y palabras.

El AC propone una relación no jerarquizada ni jerarquizante entre ambas expresiones. El arte es una lengua que habita el movimiento. Lengua entendida como órgano físico, haciendo presente nuestra voz (aunque sabemos que todos nuestros órganos tienen algo para decir) y lengua entendida como el habla de un pueblo, como la elaboración colectiva de una fuerza de contrapoder, una fuerza de desestabilización de los códigos hegemónicos, de los acuerdos dominantes de las relaciones entre significantes y significados. El arte habitando el desborde de los signos y símbolos.. Me gusta llamar a estos signos y símbolos desestabilizados y desestabilizantes pamágenes o imalabras, activadores de imaginacción comunitaria y configuradores de un campo en permanente reconfiguración, dinamizado por fuerzas experimentales e investigativas. En todos y cada uno de los campos del mundo investigado

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Fuente: Archivo Caminante

Historia. Aprender a reconocer hijes de qué legados somos, a reconocer qué legados nos engendraron. Para el AC la historia es un punto de partida, nunca de llegada. No es percibida sólo como un mero pasado sino fundamentalmente como la historicidad de nuestra vida cotidiana. Nuestro poder para construir nuestra historia hoy. La memoria y la historia son percibidos como territorios que pueden ser revisitados, re-transitados, habitados y resignificados.

Dos visiones histórico-territoriales-autobiográficas construyen mi perspectiva acerca del rol de los legados culturales y políticos para pensar las cualidades de las imágenes que interesan a mi obra y mi investigación.

La primera visión, el desplazamiento de la deforme serpiente humana, sonora y humeante, que podía ver desde los hombros de mi padre, a los 12 años, moviéndose por la autopista Ricchieri para recibir a Perón en Ezeiza en 1972. La segunda visión: las formas mutantes de una multitud turbulenta, variopinta y desencajada, rodeada alternativamente de filas de motoqueros, arremolinándose y desarmándose una y otra vez en Plaza de Mayo pidiendo “qué se vayan todos”, el 19 y 20 de diciembre de 2001.

Pero ni nostalgia ni pasado mejor … Como los burros y las mulas, animales dotados de una fuerte intuición a la hora de moverse por difíciles caminos transportando valiosos y a veces secretos cargamentos, el AC transporta memorias de una persona a otra, de una generación a otra, de un lugar a otro. Pero no se trata de cualquier memoria sino de recuerdos-potencia, aquellos en los que hay algo vivo o susceptible de vivir. Recuerdos en los que laten mundos posibles que pueden ser ya. Y como las mulas, que se empacan y se niegan a avanzar, el AC se pregunta: ¿bajo qué circunstancias una memoria comunitaria debe resguardarse, protegerse, volverse invisible o incluso clandestina para sobrevivir? Las imágenes de este archivo se inscriben en el legado de ambos recuerdos que compartí: buscan alojar los esplendores populares y no pretenden representar a nadie ni nada. Procuran hacerse presentes junto a otres actores sociales, con mi propia voz. Recorren incómodas, siguiendo al historiador francés Georges Didi-Huberman, los senderos entre las meras apariencias, las apariciones y las inscripciones sobrevivientes.

Materialmente, mi archivo está compuesto por cuatro tipos de documentos: fotografías históricas resultado de mis investigaciones en archivos, hemerotecas y museos públicos y privados. Fotografías de mi autoría tomadas durante mis caminatas (en la ciudad o naturaleza). “Documentación chatarra”, residuos de los medios gráficos recolectados en la calle, comprados o donaciones y “Papelera de reciclaje”, fotografías de mi autoría durante mis caminatas en las redes sociales.

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Fuente: Archivo Caminante

Todo arte es geopolítico

Territorio. Caminar es una actividad aprendida con no poca dificultad durante nuestra primera infancia que luego se nos vuelve automática. Dice el arquitecto y artista italiano Francesco Careri que sólo luego de haber sido dejadas atrás las funciones del andar para satisfacer nuestras necesidades primordiales y de desvincularse luego de sus vínculos con la religión y la literatura, al llegar el siglo XX el caminar adquiere el estatuto de puro acto estético. Entiendo dicho estatuto como la posibilidad de vivenciar y habitar los suelos y el movimiento junto a otres, en una tarea simultánea de lectura y escritura espacial, también de escucha y conversación, que dan lugar a la posible configuración de nociones de verdad y belleza comunitarias.

Me interesa destacar dos proposiciones para imaginar la constitución de una mirada situada. Georges Didi-Huberman propone que para saber hay que tomar posición, comprometiendo dos aspectos de nuestra subjetividad. Por un lado, se trata de alcanzar un punto de vista espacial: debemos elegir nuestra perspectiva física y corporal. La perspectiva que nos permitirá hacer consciente qué estamos enfrentando, obtener una clara composición de nuestro campo visual y entender así lo que queda fuera de él. La intensidad de ciertas experiencias estéticas se manifiesta entonces cuando nos permiten simultáneamente enfocarnos en lo que está visible y percibir o intuir la presencia de lo invisible. Por otro lado, tomar posición implica el compromiso con una dimensión temporal. Nos afirmamos en nuestro presente sin escapar de nuestro bagaje biográfico, memorias y pasado, pero… sólo tomamos posición cuando exigimos a lo que tenemos por delante, algo para el futuro. Tomar posición entonces compone así un único campo de fuerzas entre el pasado, el presente y el porvenir.

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Fuente: Archivo Caminante

Apelando a otras cualidades de la mirada, el antropólogo brasileño Eduardo Viveiros de Castro señala una condición muy especial del perspectivismo indígena, que podemos tener en cuenta ante la pregunta sobre nuestras formas investigativas post-pandemia. ¿Qué ocurre cuando dos especies diferentes entran en contacto? Se produce allí una tensión en torno a la posición de sujeto, un combate por el punto de vista ¿de quién es el punto de vista? El mundo en el que se ponen en contacto ¿es el mundo de quién? Cabe preguntarnos en el actual contexto pandémico: ¿existiría algo así como el punto de vista del Corona virus? ¿De quién será el mundo a investigar en la postpandemia?

El Archivo Caminante practica el para-archivismo. Lo hace conjugando trabajos de memoria con ejercicios de imaginación política. Si todo arte es político, me interesa precisar: todo arte es geopolítico. Una geopolítica que nos permite habitar el incómodo pliegue que pone en contacto el mundo cartografiado con los mundos larvarios, aquéllos que -sin imágenes ni palabras- se encuentran aún bajo nuestra piel, tal como los describe la teórica brasileña Suely Rolnik. Los detritus históricos (resultado de la descomposición en partículas de la masa sólida de la memoria) tienen una densidad y un espesor inmaterial. Funcionan como sitios de encrucijada que albergan, convocan e invocan mundos pasados y mundos venideros. El para-archivismo refina nuestra plurisensibilidad y percepción para detectar en los artefactos, maquinaria e infraestructura material capitalista instalada en el territorio, gramáticas y discursos de los poderes que siguen pretendiendo imponerse y oprimir, esclavizar, enterrar y aniquilar las cosmovisiones disidentes. El para-archivismo se enfrenta a las fuerzas degenerativas (de muerte, exterminio, aniquilación) y buscan, mediante sutiles operaciones artístico-alquimistas detectar y poner en circulación las fuerzas generativas (de vida, de emancipación, descolonización, antifascistas y antipatriarcales). Relatar historias alternativas que desocultan las historias enterradas.

Para finalizar, comparto mi deseo de promover, junto a la propuesta de la educadora catalana Aída Sánchez de Serdio Martín, cuestionar la investigación como proceso individual y privatizado, cuestionar la separación sujeto-objeto de estudio y oponernos a la división del trabajo epistemológico por la cual el objeto de estudio (humane o no humane) es un receptor pasivo de las operaciones epistémicas del sujeto investigador.

Mi presentación y el ciclo que hoy iniciamos junto a Verónica Giordano, Jesu Antuña y nuestres invitades a ésta y a todas las mesas, buscan provocar la expansión de políticas públicas que fortalezcan las prácticas investigativas comunitarias a partir de la convergencia de saberes: ancestrales, originarios, campesinos, populares, sociales, científicos y artísticos. Habitar juntes el territorio con humildad en busca de la mutua crianza entre seres humanes y no humanes y de las historias que testimonian que son posibles y existen ya, mundos con mayor justicia espacial, ambiental y social.

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Fuente: Archivo Caminante



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