Paulo Meconi y Pablo Paniagua
Conformado en 2018, el Colectivo Esporas surge con el objetivo de generar producciones artísticas en territorios específicos, promoviendo o generando intercambios con, de y para las distintas comunidades. Desde nuestras prácticas artísticas, buscamos producir intersticios que respondan a problemáticas medioambientales específicas junto a las comunidades afectadas de manera directa. Motivados por nuevos modos de cartografiar que facilita el uso de internet, comenzamos a indagar en los mapas sonoros desde una perspectiva artística y política. Este colectivo está integrado por Paulo Meconi: artista y desarrollador de sistemas de cómputos[1] y por Pablo Paniagua: docente, artista e investigador.[2]
Bitácora: viaje por las costas del Río Chubut
Para realizar nuestro trabajo llamado “Esto no es un mapa sonoro del río Chubut” viajamos desde Buenos Aires hasta la provincia de Chubut y recorrimos, en auto, toda la extensión del río principal de esa provincia. El río Chubut atraviesa la provincia de oeste a este, recorriendo más de 800 Kms. El objetivo principal de nuestro trabajo era realizar un mapa sonoro de las costas del río y sus paisajes.
A comienzos de marzo de 2020, llegamos desde Buenos Aires a la ciudad de Trelew, y de allí partimos por la ruta 25 hasta Esquel. Al día siguiente, fuimos a El Maitén, donde comenzamos las primeras grabaciones de campo. En total, en el viaje, pasamos por Cholila, Cushamen, Gualjaina, Piedra parada, Paso del Sapo, Los Altares, Las Plumas, Dique Florentino Ameghino, 28 de Julio, Dolavon, Gaiman, Trelew, Rawson y Playa Unión. Anduvimos por distintas rutas y caminos de ripio. Después de 800 kms. y cinco días de viaje poniendo una atención y una escucha particular a toda la extensión del río y sus diversos entornos, percibir su encuentro con el mar, algo tan cotidiano en la zona, se transformó en un acontecimiento conmovedor.
El problema de la megaminería en Chubut o la obstinada dignidad de un pueblo para salvar al río
Durante toda la experiencia del viaje vimos y escuchamos guanacos, avestruces, zorrinos, liebres y una amplia diversidad de pájaros, entre otros animales. Conversamos con gente de las distintas localidades. Registramos infinidad de árboles y plantas, las distintas variantes cromáticas del río, de la tierra y piedras, los cielos estrellados, la meseta, el valle, siempre abordados por las mismas preguntas: ¿Qué pasará con todos estos paisajes si ingresa a Chubut la megaminería? ¿Qué le depara a las personas que viven en las zonas más hostiles y rurales de la provincia? ¿Qué tan relevante puede ser una iniciativa que no cuenta con la aprobación social de la mayoría de la provincia? Muchas organizaciones a escala provincial, incluso a nivel nacional e internacional, están manifestándose contra distintos proyectos extractivistas y en este territorio en particular, contra la megaminería. Un precedente de esta resistencia en nuestro país, es la provincia de Mendoza. En Chubut, puntualmente en Esquel, las asambleas y luchas por defender el agua llevan más de 18 años, entonces ¿Es verdaderamente necesario sostener un conflicto por más de dieciocho años por parte del Estado, frente a una comunidad que, sabiendo las consecuencias que trae para su entorno la megaminería, no está dispuesta a ceder ni sacrificar su ambiente en detrimento de capitales foráneos?
Los estratos del mapa o la multiplicación de las esporas por un bien común
Desde el Colectivo Esporas, sentimos y pensamos que nuestra manera de aportar a estas resistencias es desde nuestra producción artística, junto a todos los vecinos de Chubut. De tener uno, nosotros entendemos que el rol del arte es político, por eso decidimos desarrollar esta producción; un mapa sonoro que permitirá tener un registro espacio-temporal del río Chubut y sus ambientes, para que se tenga otra perspectiva de todo lo que se arriesga de manera irreversible y en pos del extractivismo megaminero.
Nuestro trabajo, en principio se articulaba en tres ejes (layers, dentro del mapa virtual): Un primer eje, llamado “Río Chubut”, que es el mapa sonoro más concreto, donde se escuchan los paisajes sonoros de toda la extensión del río. Son aproximadamente 60 grabaciones, con una duración total superior a las 3 horas. Cada grabación es acompañada con una fotografía que hace de referencia del lugar donde se realizó la grabación de campo.
Una segunda capa, denominada “No es No”, que contiene un registro fotográfico de manifestaciones gráficas dentro de las distintas comunidades de la provincia donde dan cuenta de su negativa frente al avance minero. Murales, carteles, grafitis y otras formas de decir No es No. Está capa del trabajo no estaba planificada; durante el viaje nos dimos cuenta de toda esta cartelería dentro de las ciudades, pueblos e incluso en las rutas más inhóspitas de nuestro recorrido, es así como decidimos darle un lugar en nuestro trabajo y realizar una suerte de archivo de estos carteles que nos fuimos encontrando de manera espontánea.
Por último, nuestra tercer capa o eje, se llama “Testimonios”. En esta instancia convocamos a especialistas en el tema para que nos compartan sus testimonios y nos cuenten cuales son las consecuencias que trae la megaminería a las comunidades y a los paisajes de Chubut. En esta capa, también participan algunas asambleas que colaboraron en el proyecto, contándonos cómo fue su experiencia en las marchas y en las distintas metodologías que eligieron para sostener su postura frente a la presión permanente de las empresas mineras y parte del Estado.
Teníamos programada a futuro, agregar una cuarta capa en la cual, las personas de Chubut que así lo deseen, pudiesen subir sus archivos de audio dando su testimonio en cuanto a la problemática local.
En plena cuarentena por COVID-19 y dentro de una crisis económica provincial que comenzó en la gestión del gobernador de turno, Mariano Arcioni, quien de espaldas a la voluntad de las poblaciones chubutenses, decidió llevar adelante la aprobación de los proyectos de megaminería en la zona. Como respuesta a esto, a lo largo y ancho de toda la provincia, las personas comenzaron a salir a la calle a manifestarse en contra de la megaminería. Lo que Arcioni llamó “quinientos ruidosos”, a los cuales estaba decidido a ignorar (tanto él como los distintos medios de comunicación que no transmiten absolutamente nada respecto al tema), eran miles y miles de personas reclamando ser escuchados. En vistas a esta problemática y a sus estrategias de invisibilización, desde el Colectivo Esporas, decidimos adelantar y modificar nuestro plan de trabajo para atender a esta urgencia. Esta cuarta capa programada a futuro, decidimos adelantarla e integrar a la antes mencionada, la llamada “No es No”. Ahora la gente, a través de una planilla en nuestra página web, puede cargar sus registros y testimonios de las manifestaciones para su posterior mapeo y difusión. Hemos recibido ya varios aportes que hemos agregado al mapa sonoro y parece que esto continuará en el futuro, logrando que el trabajo se mantenga vivo y sirva de plataforma de difusión para lo que en los medios tradicionales de comunicación rara vez se difunde.
Las zonas de sacrificio o hacia un quiebre con el imaginario de la patagonia como desierto bárbaro
Los argumentos de este tipo de prácticas extractivistas en relación a la patagonia son históricos, son los mismos argumentos que permitieron avalar la Conquista del Desierto y el anterior y más ambicioso proyecto: la Zanja de Alsina. Pensar esos paisajes como desiertos inhabitables donde no hay nada, y donde no puede existir otra cosa que no sean pueblos originarios que se busca invisibilizar o una inmensa zona de sacrificio en pos de una explotación de recursos naturales, como una ilusoria salvación económica. La casta política y las empresas mineras prometen insertar a Chubut dentro de una caduca modernidad, un avance, un progreso tecnológico y económico. En resumen, salvar las almas del desierto y llevar a las poblaciones más inhóspitas de la barbarie a la civilización.
Esos modos de pensar, ya son sumamente retrógrados y sabemos, por incontables experiencias, que no funcionan, esas estrategias que siempre terminan beneficiando, no sólo a unos pocos, sino a los mismos pocos de siempre, se basan en lo antes mencionado: entender a la naturaleza como recursos a ser explotados y el imaginario de la patagonia como desierto indómito e inhabitable.
Nosotros, damos cuenta que la meseta y todo Chubut no es un desierto, no sólo porque uno de nosotros es de ahí, sino porque recorrimos toda su extensión de oeste a este. Si bien hay una amplia extensión árida, esta extensión está repleta de vida y la gente vive de manera dialéctica y armónica con su entorno. Lo que las poblaciones necesitan, y esto es algo que nos transmitieron ellas, son proyectos de turismo sustentable, proyectos de ganadería y agroecología, un Estado responsable y justo que respete sus tradiciones y sus paisajes, que cuide de sus entornos, no que los destruya en función de extractivismos.
Por eso “Esto no es un mapa sonoro del Río Chubut” porque es más que eso. Desde nuestro trabajo, ofrecemos un archivo que muestra las condiciones actuales del río y sus entornos, de sus poblaciones, da cuenta de sus riquezas y al mismo tiempo problematiza este imaginario de la Patagonia como desierto. Es una plataforma colaborativa en función de un bien común. No olvidemos que el río Chubut es una de sus pocas fuentes de agua dulce y la principal.
Nuestro trabajo es un dispositivo colaborativo que articula trabajo en territorio, testimonios en distintos soportes y tecnología digital, atravesado por un compromiso político concreto: sostener el no a la megaminería junto a las comunidades de Chubut y defender su río.
Las informaciones dentro de nuestro trabajo se dividen en dos estratos diferentes: por un lado investigar y optimizar el recurso del mapa satelital, más allá de sus usos como mapa sonoro. Por otro, que sea una plataforma para uso pedagógico para las comunidades y una plataforma de difusión de sus modos de manifestarse en defensa del río. Por otra parte sirve para informar a las personas interesadas que no conocen la zona, para que puedan tener una aproximación desde lo sonoro y desde lo visual de toda la extensión del río dentro de la provincia. Nuestra producción en ese sentido, es volcar nuestras herramientas, conocimientos y dispositivos artísticos para articular relaciones y posibilidades frente a estas problemáticas, dando a conocer todo lo que está en juego al amenazar el río.
El territorio o la expansión del micelio
Nosotros entendemos el territorio como una construcción sociocultural, resultado de la interacción con el medio y de diversos ejercicios de poder que se dan entre las personas. Estos ejercicios se despliegan tanto en el tiempo como en el espacio, a nivel simbólico y material. Entendiendo, desde una perspectiva foucaultiana, que el poder se ejerce y circula, el territorio pasa a ser una concepción dinámica, susceptible a ser modificado. Las tensiones que se dan hoy en día en Chubut a nivel político y ecológico impactan justamente en estas concepciones. Si lo pensamos por un momento en relación al agua es justamente eso: por un lado, parte del Estado y empresas privadas extranjeras que entienden a los recursos como fuentes a ser agotadas por un intercambio de capitales que rara vez (por no decir nunca) benefician a las poblaciones locales, sin pensar en el impacto en las aguas, ni en el ecosistema en general, el fracking es un gran ejemplo de esto. Por el otro, las comunidades de las pequeñas y grandes ciudades oponiéndose al acceso de estas empresas, defendiendo el río Chubut. Y es que al defender el río, están defendiendo sus modos de vida en relación directa con el río, con la pesca, con los cultivos, con las actividades recreativas, y con los paisajes colindantes. En resumen, por un lado, entienden al río como un recurso a ser explotado sin medir mayores consecuencias. Por el otro, es un don, parte del paisaje y de las vidas cotidianas. Desde esta perspectiva, el río no sólo es parte de un territorio; puede considerarse un territorio en sí mismo.
Por todo lo mencionado, presentamos y ponemos a disposición nuestro trabajo como otro modo de abordar, analizar y difundir la problemática de manera colaborativa, en función de las voces locales que toman conciencia del ecosistema que habitan, ellos saben muy bien que dista, por mucho, de esa concepción de desierto falaz y retrógrada impuesta históricamente desde el norte para justificar su brutalidad.
Trabajo en y para la comunidades o la revolución de las esporas
¿Qué transforma a un conjunto cualquiera de personas en una comunidad? Es precisamente “lo común”; las características, códigos e informaciones que comparten al vivir en determinado territorio, bajo determinadas reglas implícitas y/o explícitas. También pueden compartir idioma, costumbres, maneras de ver el mundo, de habitarlo, etc. En nuestro caso nos interesan particularmente las comunidades que se desarrollan en torno al Río Chubut.
Durante el viaje que realizamos para hacer los registros sonoros y fotográficos del río, fuimos testigos privilegiados y directos de la relación que tienen las comunidades con el río. Familias enteras y multigeneracionales, pasando el dia en un camping municipal a la vera del río -con mesa de metegol y asado incluido- gente bañándose en sus aguas en diferentes puntos a lo largo de todo el trayecto que realizamos, acampadores libres dispersos por la costa del río, pescadores con permiso, bien equipados y de los otros que se las arreglan con una lata, tanza y anzuelo. Todos unidos y vinculados a través del río, compartiéndolo y siendo parte de él.
La problemática de la megaminería, junta a la vez que divide a las comunidades. Hay quienes la relacionan directamente con una idea de progreso -solo de corto plazo y muy acotado bajo nuestra forma de verlo- y por otra parte están quienes la entienden como una amenaza latente pero muy concreta contra el medio ambiente, los ecosistemas y la vida en comunidad alrededor del río.
Ambos integrantes de este colectivo nos sentimos directamente interpelados por esta problemática por diversas razones ya que, como se dijo, uno de nosotros es originario de la zona y el otro posee familia directa en el territorio cuyano donde la megaminería fue tanto rechazada fuertemente por la sociedad (en particular en la provincia de Mendoza en 2010 y en 2019) como protagonista de desastres ecológicos debido a derrames tóxicos (varios en la provincia de San Juan en 2008, 2015, 2016 y 2017). Somos parte de esas comunidades y así es como planteamos nuestro trabajo, es una iniciativa que parte desde el colectivo hacia las comunidades, haciendo foco en el río y su entorno natural, pero también en la vida comunitaria alrededor de él. Decidimos que la mejor manera de hacerlo era dedicarle un lugar importante y por eso habilitamos una capa, un layer, dentro del mapa donde poder mostrar las variadas expresiones genuinas de la comunidad manifestándose frente a la cuestión de la defensa del territorio y en particular del agua.
Esto comenzó con la inclusión de registros fotográficos que realizamos durante el trabajo en territorio, de pintadas o grafitis que notamos a lo largo del trayecto de la ruta 25 que clamaban por el “No a la megaminería”, “El agua vale más que el oro” y el contundente “No es No”. Esas frases escritas sobre una piedra, en la parte de atrás de un cartel de vialidad o en el lugar más inesperado resonaban fuertemente en el silencio del paisaje. Esas frases era lo único que se hacía escuchar por sobre el fuerte viento de la Patagonia y no podíamos pasarlo por alto.
Una vez que publicamos el mapa sonoro con todos sus registros sonoros y fotográficos que realizamos nosotros, decidimos abrir el mapa a las comunidades y ofrecer la posibilidad a que participe quien así lo quisiese.
Trabajar para los sin voz o la reverberación de la vida
Por otra parte, existen cientos de miles, millones de protagonistas silenciosos de este enfrentamiento y nos referimos a la vida no humana del territorio en cuestión. Porque todos aquellos animales y plantas que encontramos en el trayecto del viaje a lo largo del Río Chubut, son parte esencial de este debate y como claramente no tienen voz, es primordial que atendamos a sus derechos.
Nos parece de suma importancia aclarar que el señalamiento que hacemos es desde la perspectiva ecológica y no desde la cuestión del medio ambiente, y es clave marcar esta diferencia porque la primera se refiere a la búsqueda del ser humano por conocer su entorno natural y comprender qué lugar ocupa en él respetando su armonía; mientras que la segunda habla de la posibilidad de ciertos factores naturales o humanos de causar un determinado efecto, ya sea beneficioso o perjudicial, sobre el medio.
Entendemos que la perspectiva ecológica es el tema central aquí y por ende de mayor importancia. Si somos conscientes que compartimos este planeta con otros seres vivos y que a su vez somos precisamente los humanos quienes tenemos que velar por su seguridad y subsistencia, entonces no existe posibilidad alguna que proyectos que pongan en riesgo el equilibrio ecológico prosperen.
Dicho de otra manera, cualquier actividad del ser humano que tenga un efecto a gran escala en el medio ambiente, claramente tendrá a su vez un efecto significativo en el equilibrio ecológico e ignorar este hecho es irresponsable, imperdonable y lo peor de todo, irreversible.
Ver un grupo de guanacos correr libremente por los territorios de la Patagonia e imaginar allí un emprendimiento minero, o el impacto que tendría un derrame tóxico en los cursos de aguas naturales de la zona, estruja el alma e inunda la conciencia.
Trabajar en pandemia o el futuro es hoy
Por mera casualidad, o tal vez por un guiño de la vida, el trabajo de campo en territorio lo realizamos durante las semanas previas a que el gobierno declarara la cuarentena a nivel nacional y restringiera de manera casi total la libre circulación. Esto nos permitió, o más bien nos obligó, a tener todo el tiempo necesario para dedicarle a la postproducción del proyecto; que implicó un largo trabajo de selección y edición de todo el material recolectado en territorio, y también el desarrollo de la plataforma digital que sirve de soporte para “Esto no es un mapa sonoro del río Chubut”.
Resultó sumamente simbólico estar encerrado en un departamento haciendo este trabajo, mientras las calles de la ciudad estaban vacías de personas pero inesperadamente vueltas a ser habitadas por el mundo natural[3], algo así como una suerte de zoológico invertido. Y es que, en nuestra vida cotidiana, aquella previa a la pandemia, el día a día de gran parte de los seres humanos en las grandes ciudades está desconectado casi por completo de la naturaleza y perdemos la perspectiva que compartimos este planeta con otros seres vivos.
Nos resulta imposible imaginar cómo será el futuro post pandemia y de qué manera se verán afectadas nuestras prácticas artísticas o de investigación, preferimos pensar que el presente ya es la nueva normalidad [4] ya que esto está en línea con pensar que el problema ambiental lo tenemos ahora y no el en futuro. El momento de actuar es hoy ya que el impacto de nuestro modo de vida sobre el equilibrio ecológico es innegable y la toma de conciencia es impostergable.
A modo de cierre, nos interesa subrayar que el verdadero cambio se gesta también en los pequeños compromisos cotidianos, en hacer un uso consciente del agua: no derrochar al bañarnos o al limpiar, reparar goteras, no contaminar los ríos y teniendo plena conciencia de hacia dónde va el agua una vez que la utilizamos, etc. Recordemos que las verdaderas soluciones son un proceso colectivo, parten del día a día y están vinculadas a un cambio de conciencia en relación con nuestro medio y a nosotros mismos.
Para conocer más sobre nuestro trabajo “Esto no es un mapa sonoro del río Chubut” y nuestras otras producciones, deben entrar a: https://www.estonoes.com.ar/






