Carla Hebe Gorbalán, Martin Medina, Analía Donadío
Somos un grupo de artistas y ceramistas de Buenos Aires, nos conocimos en la Universidad Nacional de las Artes, y nos unimos hace un poco más tres años con la intención de compartir saberes de la tierra. Nos mueve la necesidad de reconectar con la tierra más cercana, de recuperar el contacto y la memoria del entorno natural que habitamos, construyendo desde la diversidad. Andamos con todos nuestros sentidos despiertos por los distintos lugares que recorremos, y abordando distintas formas de expresarnos. Decidimos llamarnos Barro Local, lo sentipensamos de una manera muy simple, trabajar en el territorio con lo que el territorio nos ofrece.
Los territorios son esos lugares por donde nos han llevado nuestros pies y nuestras energías han vibrado juntas. Es dónde hemos comenzado a unir redes y realizar algunos proyectos. La primera salida fue conocer la Reserva urbana de Castelar que queda dentro del Municipio de Morón. Nos invitó Ana Salvo, compañera de la Universidad. Salimos en bici, con nuestro equipo de mate, tan indispensable como nuestras palas y bolsas para recolectar tierra. Después del paseo, encontramos a unas cuadras de la reserva un gran pozo de una construcción y recolectamos barro de allí. Y en nuestra charla de regreso comenzamos a preguntarnos si era necesario seguir comprando arcilla para nuestros trabajos.
Con el tiempo surgieron otras preguntas: ¿Cómo es el contexto que habitamos con nuestras prácticas artísticas? o ¿Qué relación mantiene nuestras prácticas con las comunidades?
A partir de esta primera caminata, de esta primera acción colectiva de recolección de tierra, surge el archivo “Ladrilleria”. Con un poco de ese barro recolectado en las caminatas se conforman unos pequeños ladrillos que se prensan y codifican. También a veces nos regalan tierra y además llevamos un mapeo de nuestras recolecciones.
Nuestro recorrido siguió por Punta Indio. Se encuentra al nordeste de la Provincia de Buenos Aires, sobre la Bahía de Samborombón. A Fines del 2017 nos fuimos a la Fiesta del Barro, que es un encuentro de alfarería y cerámica que se hace desde hace algunos años, organizado por Carlos Moreira. Nos acompañaron dos amigas Claudia Torchio, Anita Benzo y también el papá de Carla. Tuvimos intercambios sobre alimentación, bioconstrucción y arqueología del lugar. Hicimos una caminata por las orillas del Río de La Plata, había zonas de arena y otras zonas de barro. Recolectamos barro de ahí mismo, el color era marrón oscuro y tenía mucha plasticidad.
Poco a poco nos fuimos arrimando al Riachuelo. Anduvimos por el Cauce viejo, Avellaneda e isla Maciel.
En 2017 conocimos el Cauce Viejo del Riachuelo, el último tramo del Riachuelo antiguo, preservado dentro del Parque Ribera Sur en Villa Riachuelo, al suroeste de la ciudad de Buenos Aires. A partir de ese primer encuentro con el lugar y personas que conocimos allí empezamos a ir al Cauce más seguido y a sumarnos en distintas actividades colectivas. Nuestro trabajo está atravesado por el hecho de agarrar con las manos y hacernos piel con la tierra, un contacto corporal sin filtro, de una manera simple nos convertimos en lo que somos por lo que hacemos, eso nos hace sentirnos parte de un territorio en disputa, de un territorio para compartir e imaginar. Deseamos que nuestra práctica artística se desarrolle en una estrecha y continua relación con la naturaleza sintiéndonos parte activa, desde el lugar donde vivimos. Comprendemos desde el vamos, que en el entorno urbano-suburbano que habitamos en Buenos Aires no siempre se promueve lo mismo, diríamos que continuamente se acciona en el sentido contrario, desde el desconocimiento, desde la especulación inmobiliaria, desde la falta de incentivos para acercarse a conocer o simplemente preguntar “¿qué lugares naturales tenemos cerca?” Cuando empezamos a ir al Cauce Viejo del Riachuelo intuimos que los distintos vértices de nuestro trabajo iban a ser afectados, sabíamos que el estigma y el peso denso de la historia que arrastra el río, no nos era ajeno y que rápidamente se integraría a nuestra práctica, como reactivo de nuevos deseos. Entendemos que la contaminación del riachuelo es un problema cultural que atraviesa nuestra relación con la naturaleza en Buenos Aires, pero no podemos dejar pasar el sentimiento que nos lleva a preguntarnos: ¿Por qué su contaminación, por qué su estigmatización, por qué su utilización como depósito de desechos industriales? ¿Qué grado de contaminación tiene el Riachuelo? ¿Se puede trabajar con barros de sus orillas? Quizás lo que buscamos en el fondo es ser contaminados, ser salpicados por sus aguas, ser afectados por sus profundidades tóxicas, pero también buscamos la historia aún velada por los discursos oficiales, la historia de las comunidades originarias en la cual nos reconocemos en nuestra práctica artística. Conocer esa historia para nosotres es aprender a proteger los territorios como un gesto de resistencia a la utilización de la naturaleza como un objeto. Sabemos que la responsabilidad de la contaminación es de las empresas y la irresponsabilidad le cabe tanto a los gobiernos, como también hay una parte en cada une de nosotres. No ocuparse, no hacer nada es una decisión que termina afectando nuestra calidad de vida y ya no podemos ser indiferentes a esto.

Fuente: Elaboración propia

Fuente: Elaboración propia

Fuente: Elaboración propia
En Villa Riachuelo, dentro del Parque Ribera Sur, se encuentran, El Cauce Viejo del Riachuelo y El Sitio La Noria, durante una caminata, en medio de una asamblea surge ponerle el nombre “Paso De Los Querandíes”, a un senderito en dónde se puede pasar de un margen al otro del Cauce.Con barro del lugar, hicimos las letras y unas placas en las que esgrafiamos plantas acuáticas que vimos allí, con hojas en forma de flecha y flores blancas con el centro amarillo. Así comenzamos con proyectos de intervenciones y murales. Es una iniciativa junto a Guillermo, al Colectivo Ribereño, el arqueólogo Ulises Adrián Camino, la comuna 8, la junta histórica y la comunidad del barrio.
El 2018, el gobierno putrefacto de la ciudad tuvo la tremenda idea de poner una planta para quemar basura. Nosotres sabemos que debemos proteger el territorio de todas las formas posibles. Así nacieron TERRITORIA y SA- HUMA. Ellas nos habitan de forma ritual, atravesando nuestras prácticas artísticas y militantes como Guardianas del lugar, activando desde las profundidades de la tierra. Así es la propuesta que hemos hecho para dar talleres de Barro comunitarios y populares. Este plan surgió, sumándonos a proyectos que se presentaron en la Legislatura Porteña para su preservación.
En 2019 nos fuimos desde Villa Riachuelo al taller “MCATÀ UG ATAMÀ”/abrazo de Rio/ EN EL DELTA, del Tigre. A buscar un encuentro que no se daba desde hace más de tres siglos, con Guillermo, perteneciente al Pueblo Nación Querandí Meguay, y con Blas Jaime, del Pueblo Nación Chanà.
Guillermo Luciano Gomez descendiente de Telomián Condíc. Contó sobre la cosmografía Querandí, del fuego, del Lucero y del Río. De sus dioses, Soychu el dios benévolo y Gualichu el mal: “Las prácticas de correr, los querandíes perseguían al ñandú, al ciervo de las pampas” , “Las fotos de mi bisabuela Doña Dominga Villarruel cuando el Riachuelo no estaba rectificado, su papá fue un lancero que cruzó los Andes con el ejército de San Martín, llegó hasta Venezuela en 1825”, “mi abuelo y mi papá fueron encargados del Puente La Noria Antiguo” “Nos tocó luchar contra los españoles en el Río Matanzas, en donde se produjo la gran Matanza Chaná Querandí” “Amptí tijuí, amptí lantéc, ará amptí lantéc, ará amptí mirrí, ocalár amptí beáda-ó, ocalár amptí atamá, ya-cha utalá, angú reé utalá[1]

Fuente: Logo de Pueblo Nación Querandí

Fuente: Elaboración propia
- Nuestro padre, nuestro idioma, brilla nuestra estrella, brilla nuestro idioma, vemos nuestra tierra, vemos nuestro río, estuvimos dormidos, hoy despertamos”.↵






