En la introducción propusimos como objetivo analizar los fragmentos conservados del Protréptico con el fin de reconstruir la concepción de filosofía que Aristóteles sostenía en esta obra. En esa instancia, advertimos que, al estudiar una obra como el Protréptico, nos enfrentamos con dos dificultades, una de las cuales es su carácter fragmentario. Al ser un texto del cual solo se recuperó algunos fragmentos, que aparecen citados en obras de otros pensadores, entre ellos Jámblico, ha sido muy difícil establecer la fiabilidad de esos extractos conservados: ¿los autores que retoman esta obra la estaban citando textualmente o lo hacían de memoria?, esto es, ¿los fragmentos que conservamos habrían sido pasajes del Protréptico o la interpretación del texto hecha por los pensadores que lo retomaron? En este sentido, la elección de Gigon de eliminar de su edición de 1987 todos los fragmentos provenientes del Protréptico de Jámblico y la aparición en 2005 de la edición y reconstrucción de Schneeweiss, en la cual aumenta y modifica el trabajo de Düring, son una evidencia de que la discusión sobre cuáles son los fragmentos auténticos o cuál es la reconstrucción adecuada del texto sigue siendo una cuestión abierta y debatida entre los estudiosos. De hecho, una de las cuestiones sobre la cual debimos dar cuenta a lo largo de nuestro trabajo fue la de pertinencia de asociar ciertos fragmentos del Protréptico entre sí, en virtud de que no era completamente obvio que la ilación argumentativa presente en las ediciones se correspondiera con la secuencia argumentativa que el texto pudo haber tenido para el Estagirita. Un caso notorio de esto es la relación entre las series de fragmentos 42-44 y 46- 51 analizadas en los capítulos 3 y 5.
La segunda de estas dificultades está asociada con la datación de la obra y, por lo tanto, con los motivos que Aristóteles habría tenido al momento de escribirla. Esta problemática ha generado, de alguna manera, la indagación que llevamos a cabo a lo largo de este trabajo. Tal como fue dicho en el estado de la cuestión, salvo Schneeweiss[1] hay un acuerdo unánime en que el Protréptico fue escrito en el período académico, más específicamente hablando, en el contexto de la discusión entre Platón e Isócrates. Esto ha alimentado la tesis de que el Protréptico era una defensa del ideal platónico de la filosofía. Sin embargo, el análisis que hemos realizado nos permite decir que, pese a que no se puede negar la influencia platónica en el Protréptico, tampoco se puede obviar la presencia de ciertas tesis propiamente aristotélicas. En este sentido, la tesis que hemos intentado defender es que, si bien Aristóteles interviene en el debate entre las dos escuelas más importantes del momento- la Academia y la escuela de Isócrates-, lo hace presentando su propio ideario filosófico, cuya herencia platónica es innegable. Con este objetivo, Aristóteles habría escrito específicamente esta obra valiéndose de un género literario cuyo uso en la época estaba bastante extendido: el género protréptico. El uso de este género pone al descubierto que el interés de Aristóteles no solo era hacer público su ideario filosófico, sino que pretendía persuadir a la audiencia sobre la importancia de adoptarlo como un modo de vida elegible por sí mismo. Tal como lo dijimos en el segundo capítulo, fiel a su propio proceder metodológico que consistía en ir de lo más conocido para nosotros a lo más conocido en sí, Aristóteles partió de la siguiente premisa aceptada por todos los hombres: que la felicidad es el único fin del hombre. Sobre la base de esta premisa, había intentado fundamentar que para alcanzar ese fin era preciso filosofar. Sin embargo, en el momento en el cual Aristóteles estaba escribiendo su obra, coexistían varías escuelas que se autodenominaban filosóficas, entre ellas la de Isócrates. Por tal motivo, además de establecer los requisitos para alcanzar la felicidad, Aristóteles tenía que persuadir a los lectores del texto de que era su ideario filosófico el que conducía a dicho fin y no cualquier otro. En consecuencia, en el Protréptico Aristóteles se enfrentó con dos objetivos: el primero era presentar su ideario filosófico y el segundo era demostrar que solo este ideario, identificado con el conocimiento de ciertos principios objetivos, era un verdadero bien para el hombre. Simultáneamente debía probar que, además de ser el único medio para alcanzar la felicidad, este ideario filosófico era útil, ya que proporcionaba los criterios adecuados para actuar correctamente.
En este sentido, nuestra tesis fue que el ideario aristotélico de la filosofía solo es comprensible a la luz de la concepción antropológica desarrollada a lo largo de los fragmentos conservados. Dicha concepción funciona como un eje transversal que fundamenta las restantes tesis sistematizadas en lo que habría sido este escrito actualmente perdido, el Protréptico. Desde nuestra perspectiva, solo presuponiendo esta concepción antropológica se llega a entender por qué para Aristóteles la filosofía es la única forma de alcanzar la felicidad. En este punto, nos hemos apartado parcialmente de la interpretación tradicional[2] en cuanto a que, apoyándose en la tesis de que Aristóteles estaría defendiendo la concepción platónica de la filosofía, pone todo el acento en la defensa aristotélica del ideario contemplativo y, por lo tanto, en el aspecto epistemológico. Si bien consideramos que esta lectura es adecuada, ya que es indudable que para Aristóteles la filosofía es el conocimiento de los primeros principios, creemos que la identificación entre la filosofía, el conocimiento y la felicidad es posible por la perspectiva antropológica que los fragmentos suponen. Creemos que poner el acento en el aspecto epistemológico olvidándose del aspecto antropológico es analizar la concepción aristotélica de la filosofía sin evaluar los supuestos que la fundamentan. Por otra parte, dicha postura acerca de la naturaleza humana le otorga a la concepción de la filosofía presente en el Protréptico la impronta propiamente aristotélica. Por este motivo, creemos que debió de haber sido central en el argumento de la obra perdida del Estagirita. En esta concepción, las dos nociones clave son phýsis y érgon. Por medio de estos dos conceptos, Aristóteles conecta su antropología con su definición de la felicidad como el fin último o el bien supremo, el cual se identifica con el conocimiento de los primeros principios.
En relación con esto, en el capítulo dos, advertimos que para Aristóteles la phýsis es un medio y un fin; la naturaleza de una cosa no está realizada de antemano sino que presupone un proceso de autorrealización. Ahora bien, según Aristóteles, la naturaleza de una cosa, en sentido estricto, se identifica con la forma, con la determinación específica de la cosa, con su “ser esto” (Metafísica V 4, 1015a 3-5). Como consecuencia de esto, el proceso de realización de la naturaleza es también el proceso de realización de la forma. En lo que respecta al hombre, su forma es su alma (fragmento 23), motivo por le cual la realización de su naturaleza estará vinculada con el ejercicio de las operaciones propias del alma. De la lectura de los fragmentos 63 y 65 se desprende que, desde la perspectiva aristotélica, el hombre se realiza como tal cuando vive conforme a su facultad distintiva. En el segundo capítulo, al analizar los fragmentos 23, 24, 28 y 65, llegamos a la conclusión de que dicha facultad está en la parte racional del alma y que se identifica con el noûs. Tal como argumentamos en este capítulo, para el Estagirita, si el hombre careciese de noûs, estaría limitado a la vida sensitiva o vegetativa, razón por la cual perdería su condición humana. Ahora bien, para Aristóteles, no es solamente la posesión de una facultad lo que permite al hombre realizarse como tal, sino su ejercicio, razón por la cual la plenificación de su naturaleza estará vinculada con el ejercicio efectivo de esa facultad, esto es, con la realización de la función o érgon propio de esa facultad. Desde la perspectiva aristotélica, el ejercicio del noûs es el conocimiento de los principios explicativos de lo real (fragmentos 24 y 91). En consecuencia, la búsqueda de este conocimiento será también el único modo que tiene el hombre de autorrealizarse.
Si se acepta el análisis llevado a cabo hasta aquí, podríamos concluir que Aristóteles interrelaciona el carácter teleológico de la concepción de la naturaleza humana con el carácter finalísitico de su concepción de la felicidad a tal punto que termina identificándolos. De la lectura de los fragmentos del Protréptico se desprende que la felicidad es el fin último del hombre y que este consiste en la plena realización de su naturaleza; por tal motivo, si la naturaleza humana consiste en conocer los principios inteligibles de lo real, su felicidad necesariamente radicará en emprender la búsqueda de este conocimiento. Ahora bien, si partimos de la base de que solo es posible alcanzar este conocimiento por medio del ejercicio filosófico, deberemos concluir que para Aristóteles la filosofía es la condición sine qua non para ser feliz.
Esta concepción guarda, como creímos haber demostrado, una continuidad tanto con la noción de phýsis desarrollada en la Física, como con la concepción de la vida feliz defendida en las Ética Nicomáquea, sobre todo en los libros I y X, libros en los cuales Aristóteles identifica la felicidad con la vida contemplativa y define a la actividad contemplativa como el érgon propio del hombre. Por tal motivo, si se acepta lo argumentado, se puede decir que el ideario filosófico defendido en el Protréptico es coherente con el desarrollo de su pensamiento posterior, razón por la cual sería aristotélico y no platónico. No obstante, afirmar esto y negar la influencia platónica en el Protréptico sería hacer también una interpretación errónea del texto. En este sentido, como punto de partida se podría decir que tanto Platón como Aristóteles tienen un contrincante común, Isócrates, y escriben sus respectivas obras teniendo como telón de fondo las críticas que provenían de él y de su escuela. Tal como vimos en el capítulo tres, en sus diálogos, Platón expone a través de sus personajes las críticas que habría recibido de parte de esta figura histórica. Por otro lado, es unánime la interpretación de los estudiosos en cuanto a que el Protréptico habría sido escrito para responder a las acusaciones de Isócrates, razón por la cual, si bien su destinatario directo era un rey, su interlocutor era el sofista. En consecuencia, se podría decir que tanto Platón como Aristóteles participaban de un mismo debate en el cual sostenían que la filosofía era la búsqueda de la verdad y que dicha búsqueda era indispensable no solo para explicar de manera satisfactoria la realidad, sino también para actuar correctamente.
En este sentido, en el tercer capítulo, argumentamos que el uso que Platón efectúa del diálogo para difundir su ideario filosófico puede ser visto no solo como un modo de exponer sus concepciones filosóficas, sino también de manifestar que la búsqueda de la verdad es una tarea conjunta entre los interlocutores, que consiste en ir extrayendo de manera cooperativa los conocimientos contenidos en el alma. Algo análogo pudimos observar en el caso de Aristóteles. La constante apelación a las concepciones de los predecesores muestra que el Estagirita se sentía parte de una tradición filosófica cuya meta era la búsqueda de la verdad. La reconstrucción del uso de esas concepciones nos induce a pensar que para Aristóteles la indagación filosófica es una búsqueda conjunta en la cual en mayor o menor grado todos los pensadores que han formado parte de esa tradición han contribuido en algo (Metafísica II, 1). Esta concepción de la filosofía como una indagación conjunta que aparece tanto en la obra platónica como aristotélica está vinculada con el tipo de institución que era la Academia. En relación con esto, en el tercer capítulo, dijimos que la Academia era una escuela de discusión en la que sus integrantes sostenían una única tesis en común: que la filosofía era una clase de epistéme que tenía como objeto el conocimiento de los principios de lo real.[3] Sin embargo, no había un consenso acerca de cuáles eran esos principios y cuál era su naturaleza. Las diferentes concepciones al respecto, incluso las de Platón, eran problematizadas por sus integrantes. Esta manera de poner en práctica la filosofía podría haber sido la causa de que Aristóteles haya adoptado el ideario filosófico descripto más arriba. En sus diferentes escritos, al discutir con la tradición filosófica, Aristóteles parece estar generando un diálogo por medio del cual pretende reproducir las discusiones en el seno de la Academia, mediante las cuales se pretendía buscar en forma conjunta y crítica la verdad sobre los temas discutidos. Paralelamente, su pertenencia a una institución de esta naturaleza puedo haber sido la causa por cual haya podido desarrollar desde muy tempranamente un pensamiento en cierto sentido autónomo respecto de su maestro, Platón. Sobre la base de esta concepción dialógica de la filosofía, Aristóteles fue perfilando su propia concepción y dándole su sello propio. En este sentido, tal como dijimos en la introducción de nuestro trabajo, la concepción aristotélica de la filosofía en el Protréptico tiene un carácter bifronte que solo puede entenderse a partir del análisis cruzado de la obra de Platón y del resto de su propia obra. Esto implica abandonar la postura sobre si Aristóteles tuvo o no un período platónico para comenzar a hacer el examen de cómo fueron los procesos de gestación de su pensamiento, en el cual indudablemente adoptó algunas tesis platónicas, resignificó otras y, finalmente, criticó algunas. Desde nuestra perspectiva, este tipo de lectura permite hacer un examen más complejo del texto y, por lo tanto, tener una compresión más acabada de cómo fue el proceso de evolución del pensamiento aristotélico.
En este sentido, tal como lo argumentamos en los capítulos III y IV, una de las tesis platónicas que adopta Aristóteles no solo en el Protréptico sino en su pensamiento en general es aquella que sostiene que la filosofía es el conocimiento de los primeros principios. Con respecto a esto, en el tercer capítulo, habíamos sostenido que tanto para Platón como para Aristóteles la filosofía es el descubrimiento de la verdad y que dicho conocimiento se identifica, a su vez, con el conocimiento de ciertos principios explicativos de lo real. En el caso de Platón, estos principios son identificados con la Ideas. En el caso de Aristóteles, más específicamente, en el caso del Protréptico, la naturaleza de estos principios es más controvertida. El hecho de que en muy pocos de los fragmentos se aluda a estos principios y que aparezcan descriptos junto con un vocabulario platónico ha generado dos líneas de lectura. Quienes adscriben a la primera ponen énfasis en este lenguaje platónico, a partir de lo cual concluyen que, al momento de escribir el Protréptico, Aristóteles estaba atravesando por un período platónico, razón por la cual dichos principios eran las Ideas. En la segunda línea interpretativa, se consideraba que no existió tal período platónico, razón por la cual estos principios eran los mismos que los defendidos por Aristóteles en obras tales como Metafísica y Analíticos Segundos. En relación con esto último, es importante destacar que, como acertadamente lo afirma Vallejo Campos,[4] la naturaleza de los principios postulados por Aristóteles en el Protréptico queda desdibujada en el texto y es imposible establecer con exactitud de qué tipo de principios está hablando. Pese a ello, diferimos con este autor en cuanto a que la datación del Protréptico en el mismo período que los dos primeros libros de la Metafísica, Analíticos Segundos y Sobre de la Ideas, textos en los cuales Aristóteles expone de manera explícita su crítica a la teoría platónica de las Ideas, impide que la problemática de la reconstrucción de la concepción de los principios sea presentadas en términos de una disyuntiva acerca de si Aristóteles defendía en este texto la teoría platónica de las Ideas o la concepción de los principios propiamente aristotélica. Creemos haber demostrado que, si bien Aristóteles retoma de la epistemología platónica la relación causal entre las Ideas y las cosas, en el sentido de que las Ideas al igual que los principios por él formulados son causa en un doble sentido -ontológico y epistemológico-, no existe manera de establecer la identificación entre esos principios y las Ideas. No obstante, la discusión acerca de la naturaleza de estos principios es una problemática que queda abierta en el Protréptico, ya que en los fragmentos conservados no tenemos una caracterización que nos permita reconstruirla de forma completa. Sabemos por los fragmentos 33-36 que son las causas de las cosas y, por los fragmentos 24 y 92, que son de naturaleza inteligible, razón por la cual su conocimiento puede partir de la experiencia, pero no reducirse a ella. Paralelamente, en los fragmentos 48 y 91, Aristóteles afirma que estos principios son la esencia de las cosas o lo que estas son en sí mismas. Sin embargo, las características que se pueden reconstruir a partir estos fragmentos no parecen ser suficiente para realizar una descripción completa de dichos principios. Es necesario recurrir a los textos que conforman el corpus en los cuales Aristóteles sistematiza explícitamente esta cuestión, análisis que dada su complejidad, solo hemos podido abordar parcialmente en el capítulo cuarto, quedando pendiente un examen más exhaustivo para una instancia posterior.
Ahora bien, pese a identificar la filosofía con la búsqueda de estos principios, Aristóteles sostiene que su conocimiento por si solo no alcanza para llegar a ser felices (fragmento 52), sino que se debe poder aplicar ese conocimiento a la acción. Esta interrelación entre el ámbito teórico y el ámbito práctico que se halla sintetizada en la noción de sabiduría constituye una de las principales herencias de Platón en el Protréptico de Aristóteles y uno de los mayores quiebres respecto de su obra de madurez. En este punto, vimos que una de las cuestiones más controvertidas en el Protréptico era la aparición y el uso del término phrónesis para hacer referencia a la sabiduría. La definición de phrónesis como el conocimiento de las causas en el fragmento 35 y como una facultad deliberativa en el fragmento 27 es una muestra de que, a diferencia de lo que argumentará en otras obras, tales como la Ética Nicomáquea, Aristóteles aún no ha realizado la distinción entre el ámbito teórico y el práctico o, por lo menos, esta distinción no es tan tajante como la que se puede observar en los escritos que conforman el corpus. El análisis del uso del término phrónesis en algunos diálogos platónicos nos permitió concluir que Aristóteles parece estar retomando este uso y la interconexión entre el conocimiento teórico y del práctico que dicho uso implica. Del análisis conjunto del Protréptico y de algunos de esos diálogos, tales como el Eutidemo y el Menón, se desprende que tanto para Platón (Menón 97c 8-9) como para Aristóteles (Protréptico fragmento 23), la sabiduría o phrónesis es el conocimiento de las causas de las cosas.[5]En este sentido, para ambos filósofos, la sabiduría es un conocimiento teorético, cuyos objetos son los principios inteligibles de lo real. Paralelamente, es el conocimiento que permite establecer cómo hacer un uso adecuado de los bienes del alma y del cuerpo, por ende, es la causa por la cual esos bienes resultan buenos para el hombre.[6] A partir de esta concepción de la sabiduría, ambos filósofos concluyen que es necesario filosofar, ya que el ejercicio filosófico es el único medio posible por el cual el hombre puede alcanzar tal clase de conocimiento.
De lo expuesto hasta aquí se desprende que, tanto para Platón, como para Aristóteles, el conocimiento, además de tener un valor en sí mismo, tiene un valor práctico. Para Aristóteles, este valor práctico se halla plasmado en la potencial aplicación de este conocimiento en la política. Desde la perspectiva presentada por Aristóteles en el Protréptico, así como en las artes se debe conocer la naturaleza y la verdad, el político debe tener el mismo conocimiento para poder gobernar correctamente la pólis, por tal motivo, debe filosofar. Ahora bien, el político, a diferencia de los que se dedican al resto de las artes, tiene como objetivo la felicidad de la pólis. En consecuencia, la necesidad de alcanzar dicho conocimiento es mayor y, por lo tanto, la importancia de dedicarse al ejercicio filosófico más notoria.
Esta relación entre filosofía y política ha llevado a pensar a algunos estudiosos, entre ellos During,[7] Choust[8] y Berti,[9] que en el Protréptico Aristóteles no solo estaba haciendo una defensa del ideario platónico de la filosofía, sino del ideario filosófico-político defendido por Platón en diálogos como la República. En este sentido vimos que, así como se tiende a considerar que Aristóteles toma como modelo para escribir su Protréptico el Eutidemo de Platón,[10] estaría retomando también algunas tesis de la República, entre ellas, la subordinación de la política a la filosofía y la necesidad de que la pólis sea gobernada por filósofos. En este punto, sin embargo, advertimos que, si bien Aristóteles está heredando de Platón la relación entre el conocimiento teórico y la acción, postulando, por este motivo, la relación entre la filosofía y la política, no tenemos evidencia que nos permita afirmar que proponga el mismo grado de subordinación de una ciencia respecto de la otra y, por lo tanto, tampoco tenemos elementos que nos permitan decir que estaría proponiendo algunas tesis platónicas, como por ejemplo la del filósofo rey.
En este punto, debemos tener en cuenta que el contexto en el cual Aristóteles escribe su Protréptico fue un debate en el cual el tipo de conocimiento propuesto por él como el objeto de la filosofía era fuertemente criticado a causa de su supuesta inutilidad. Por tal motivo, Aristóteles, además de defender que la filosofía, entendida como el conocimiento de los primeros principios, era el verdadero bien para el hombre, tenía que demostrar que esta crítica era injustificada. Por tal motivo, Aristóteles no solo escribió un tratado en el cual pretendía exponer su ideario, sino que le dedicó su obra a un rey llamado Temisón que gobernaba en Chipre, esto es, en una zona en la cual el pensamiento de Isócrates tenía una fuerte presencia. Ahora bien, si el libro estaba dedicado a un rey, parece sumamente pertinente demostrar la utilidad de dedicarse a la filosofía tomando como punto de partida su empleo para ejercer satisfactoriamente la función de gobernante. En consecuencia, pese a que la relación entre la filosofía, en tanto conocimiento teorético, y la política sostenida por Aristóteles en el texto es innegable, esta parece obedecer a una estrategia argumentativa perseguida por el Estagirita en el texto, esto es, demostrar que la filosofía tiene las dos características descriptas más arriba: ser un bien en sí mismo y ser útil.
Pese a esto, en este punto vuelve a ser problemático cuáles son los principios que el político debe conocer para gobernar correctamente. La lectura de los fragmentos nos ha inducido a pensar que, al hablar de los principios que debe conocer el político para gobernar, Aristóteles está hablando de los mismos principios que los sostenidos en el fragmento 24 y 91 y presupuestos en los fragmentos 33 y 42-44. La transición realizada entre los fragmentos 41-44 y los fragmentos 46-51, tal como creemos haber argumentado en el capítulo quinto, nos ha llevado a pensar que en esta última serie de fragmentos Aristóteles está interesado en demostrar la utilidad que tiene el conocimiento teórico, producto de la actividad contemplativa. Con esto, Aristóteles cree responder a las acusaciones provenientes de Isócrates sobre la necesidad de que todo conocimiento tenga necesariamente una aplicación, presentada en el fragmento 42. Si bien Aristóteles considera que pensar de este modo implica desconocer absolutamente la diferencia entre lo bueno y lo provechoso y, por lo tanto, la distinción entre causas y fines y concausas y medios, le demuestra a su opositor que, contrariamente a lo que supone, el conocimiento contemplativo es factible de ser utilizado para vivir del mejor modo posible, ya sea en el plano individual como en el plano intersubjetivo de la pólis. Esto se debe a que, tal como lo dijimos más arriba, la sabiduría es un conocimiento de tipo teórico que tiene un valor práctico. Para Aristóteles (fragmento 38), solo el sabio vive rectamente, porque solo él conoce rectamente. Desde su perspectiva, solo este último conoce los principios de lo real, por ende, en tanto es dueño de sí mismo, es el único hombre plenamente feliz (fragmento 51). Ahora bien, si se acepta esta interpretación del texto, se debe concluir que en el Protréptico Aristóteles interrelaciona en la noción de sabiduría las distintas virtudes del alma que distingue claramente en las otras obras que conforman el corpus, como por ejemplo la Ética Nicomáquea. Si esto es así, en este aspecto se debe aceptar una discontinuidad entre esta obra y las posteriores y una adaptación de tesis platónicas con las que generará una especie de ruptura en el devenir de su desarrollo filosófico.
A modo de cierre y como resultado de nuestra argumentación, podemos concluir diciendo que, pese a haber sido una obra propagandística, el Protréptico es un texto complejo, ya que si bien presenta una notoria continuidad con el resto de su obra respecto a su concepción antropológica, ética y epistemológica, también exhibe algunas rupturas en lo que se refiere a la interconexión entre el plano ético y el epistemológico, rupturas que nos permiten ubicar el texto, en lo que respecta a esta problemática, en la órbita del platonismo. Leído desde esta perspectiva, el ideario filosófico del Protréptico, si bien es aristotélico, no es aristotélico sin más, sino, tal como lo hemos recalcado a lo largo de nuestro trabajo, aristotélico con una fuerte impronta platónica.
- Schneeweiss (2005). Basándose en la tesis de que la equivalencia entre diálogos aristotélicos y obras de juventud no es correcta, este autor sostiene que el Protréptico tuvo que haber sido un escrito del período de madurez.↵
- Podemos mencionar a autores como Jaeger (1993), Düring (1961), Berti (1997 y 2008a), Zanatta (2008) y Vallejo Campos (2005).↵
- Berti (2008d: 116-117).↵
- Vallejo Campos (2005: 14).↵
- Protréptico fragmento 35, Menón 97b 8-9.↵
- Platón, Eutidemo 282c 5-d 2, Aristóteles, fragmento 52.↵
- Düring (1961: 214 y ss).↵
- Chroust (1966).↵
- Berti (2008a).↵
- En este sentido analizamos en el primer capítulo la crítica de Narcy que considera que ha habido una tendencia a hacer un análisis subsidiario de los pasajes protrépticos del Eutidemo a la luz del Protréptico aristotélico.↵







Sugiero que el texto este redactado en párrafos