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La fruticultura en el Alto Valle

Crisis estructural, concentración
económica y precarización laboral en una economía neoliberal

Gustavo Mehdi[1]

Introducción

Muchos de los excedentes de capital buscan en otros espacios geográficos las rentabilidades que dejan de tener en sus territorios, y una de las alternativas es hacerse de los recursos estratégicos de las regiones periféricas. Esta conducta del capital suele calificarse como depredadora, ya que arrasa con los recursos de estas sociedades y las priva de un desarrollo sostenible en el tiempo y del bienestar que podría generar una explotación racional de los mismos. Es en este marco que territorios como el del Alto Valle de la provincia de Río Negro y Neuquén están; por un lado, condicionados por el capital y por el otro, a una contradictoria intervención del Estado, provocando que sea el ámbito del mercado y sus propias reglas quién termina dirimiendo y asignando una valorización al recurso suelo y al recurso agua, transformándolos en mercancías para la acumulación del capital. Una de las principales consecuencias generadas por esta dinámica, ha sido la fuerte concentración económica de la fruticultura en las zonas irrigadas del Alto Valle, donde el territorio está siendo objeto de una fuerte transformación, generada a partir de las lógicas señaladas.

El artículo tiene como finalidad indagar sobre ciertas características en la actualidad del sector frutícola del Alto Valle de las provincias de Río Negro y Neuquén, teniendo como ejes principales: Rasgos generales de su crisis actual; Fuerte concentración y transformación del sector y; Flexibilidad y precarización en las condiciones a las que son sometidos los y las trabajadores/as rurales.

A partir de un abordaje descriptivo-explicativo, el propósito del presente trabajo será indagar el relacionamiento de los ejes presentados para comprender la lógica de la actividad en el contexto de una economía neoliberal[2].

Fruticultura: rasgos generales de su crisis actual

El primer barco cargado de fruta en el año 2023, zarpó ayer en horas de la mañana desde aguas rionegrinas rumbo a los destinos de ultramar. Con la cosecha en marcha y la misión de revertir los magros números de la temporada anterior, la partida del primer embarque es ícono de una actividad que supo ser emblema de la producción regional, y que hoy lucha contra factores propios y ajenos que la amenazan y atentan contra su crecimiento y continuidad. […] El primer envío al exterior de 2023 partió desde el puerto de San Antonio con Rusia como destino final, y cargó un total de 4.880 pallets, lo que representa unas 5.700 toneladas de fruta aproximadamente. (Diario Río Negro, 7 de febrero de 2023).

Si bien las expectativas para la fruticultura del Alto Valle han sido buenas para 2023, la reanudación de las exportaciones con Rusia y la necesidad de mejorar los márgenes de rentabilidad a través de un tipo de cambio más favorable, son las prioridades del sector para recuperar el ritmo de exportaciones perdido en los últimos años.

Particularmente, el conflicto entre Rusia y Ucrania significó el cierre casi total de ese mercado durante 2022, impactando en las exportaciones del sector; los envíos de pera a Rusia cayeron un 24% en 2022 en relación a 2021 (ver cuadro 1), mientras que los de manzana lo hicieron en un casi 60% (ver cuadro 2).

Cuadro 1: Peras: exportaciones de Río Negro y Neuquén en toneladas, por año, mes, variación y país de destino. Febrero de 2022

https://www.cafi.org.ar/wp-content/uploads/2022/03/2-1.jpg

Fuente: Cámara Argentina de Fruticultores Integrado.

Cuadro 2: Manzanas: exportaciones de Río Negro y Neuquén en toneladas, por año, mes, variación y país de destino. Febrero de 2022

https://www.cafi.org.ar/wp-content/uploads/2022/03/6-1.jpg

Fuente: Cámara Argentina de Fruticultores Integrados.

Por otra parte, el reclamo de los productores que vienen solicitando de forma recurrente que el Ministerio de Economía de la Nación avance en la implementación de un dólar diferencial para el sector. Se busca un esquema similar al que se aplicó a fines de 2022 para la soja, que permitiría a los productores de la región recomponer su ecuación financiera y mejorar la competitividad en relación a la fruta que proviene de otros países del mundo. Las exportaciones frutícolas se liquidan al tipo de cambio oficial comprador. Significa que por cada dólar que ingresa en concepto de exportación frutícola se reciben a cambio $ 198,75[3]. La brecha es mayor al 90% en relación a las cotizaciones financieras y en relación al dólar blue[4].

Más allá de la coyuntura actual y de la crisis económica que el país arrastra desde hace varios años, sumado a las distorsiones que genera más de una década de alta inflación; lo cierto es que muchos de los factores que alimentan la crisis de la fruta son estructurales. Los datos de la última temporada fueron verdaderamente magros; en 2022 se exportó un 40,42% menos que en 2021 (ver cuadro 3).

Cuadro 3: Comparativos temporadas 2021 vs. 2022. Datos al 31/12 de ambas temporadas

Temporada 2021

Temporada 2022

En tn

ESPECIEPALLETSBULTOSTnPALLETSBULTOSTn% Variación
Manzana262041583413267761559390382516059-40,02%
Pera103962894987912598961862521597574747-40,67%
Puré de pera000220880212—%
Totales1301661053329215276577675612068091018-40,42%

Fuente: Terminal de Servicios Portuarios Patagonia Norte.

Sin embargo, los volúmenes enviados al exterior ya mostraban una caída o fuertes variaciones previas al cierre del mercado ruso. Reflejo de ello es la evolución de los envíos de pallets de manzanas y peras a través del puerto de San Antonio Este en el período 2012-2022 (ver cuadro 4), los volúmenes cayeron de manera sistemática hasta perforar el piso de las 100.000 en 2022. Es decir, hay procesos estructurales que van más allá de coyunturas específicas que impactan en la fruticultura de la región. Para comprender el rumbo que atraviesa hoy la fruticultura es necesario analizar; por un lado, la transformación e inserción que ha experimentado la economía del Alto Valle en el contexto de la economía global, y por otro, cómo ha evolucionado la actividad en particular.

Cuadro 4: Total de pallets exportados desde el puerto
de San Antonio Este entre 2012-2022
ESPECIESTemporadaTOTALESESPECIESTemporadaTOTALES
Manzana









201275480Pera









2012160395
2013864282013196628
2014594142014170271
2015483952015130376
2016394662016144000
2017345082017122377
2018401162018125057
201936377201994400
2020317202020107882
2021262042021103896
202215593202261862

Fuente: Terminal de Servicios Portuarios Patagonia Norte.

Fuerte concentración y transformación de la matriz productiva

Una de las principales características del capitalismo ha sido la organización del territorio en función de los intereses de los sectores dominantes, lo cual llevó a la fragmentación del mundo, y a la transformación de la naturaleza y sus recursos en mercancías necesarias para la reproducción del capital.

En los últimos siglos, y más específicamente desde el surgimiento del modelo industrial, los ritmos de producción y explotación se han acelerado fuertemente por un desarrollo científico-tecnológico que intensificó la exploración y la extracción de los recursos naturales en las últimas décadas. En el marco de la fase global del capitalismo, este proceso fue acompañado por un fundamentalismo de mercado, que se tradujo en el sometimiento de diferentes regiones, entre ellas el Alto Valle, a las exigencias del capital transnacional.

La fruticultura se inició a principios del siglo XX, relacionada con la llegada del ferrocarril y con planes de colonización de tierras (y el consecuente despojo de las poblaciones originarias) como parte de las políticas del Estado para incorporarlas a la producción y así lograr la integridad territorial e inserción de la región al capitalismo a gran escala. La conformación de enclaves productivos familiares que dio origen a la actividad, hace tiempo ya no existen. En general los hijos y los nietos de los chacareros históricos, han logrado acceder a una formación profesional, han migrado, o sencillamente prefieren no padecer los avatares de la actividad que abrazaron sus antepasados. “El correlato directo, es la sistemática reducción de la superficie productiva, de la cual una gran porción se convierte progresivamente en loteos y urbanizaciones”. (Diario Río Negro, 7 de febrero de 2023).

Esto se refleja en dos dimensiones: caída en las tierras cultivadas y caída en el número de productores: según el SENASA (Servicio Nacional de Sanidad y Calidad Agroalimentaria) la superficie cultivada con manzana se redujo un 28,5% entre 2008 y 2021, mientras que la superficie con peras lo hizo un 19,2% en el mismo período; en tanto, la cantidad de productores cayó desde 2.498 en el año 2008 a los 1.727 en 2021.

De acuerdo al informe productivo de la provincia de Río Negro, elaborado por el Ministerio de Economía de la Nación[5] en el año 2021:

La estructura productiva primaria es heterogénea. Los pequeños productores poseen plantaciones con más de 40 años, mientras que las empresas con un perfil tecnológico alto cuentan con plantaciones de 10-20 años (edad plena). El primer canal de comercialización es a través del acopiador, frigorífico o planta de empaque (46%), el 18% vía industria, 4% a cooperativa y 14% no comercializa (producción integrada). El resto va por otros canales (CNA 2018). La concentración es alta en todos los eslabones de la cadena. Kleppe SA, principal productora, se destaca bajo la marca Gaucho. Patagonian Fruits Trade SA forma parte del Grupo Prima, con Expofruit y Moño Azul. PAI Argentina: agrupa a 9 empacadoras que nuclean a más de 280 pequeños y medianos productores.

Ahora bien, ¿cómo se pasó de una estructura productiva familiar a una estructura concentrada con cada vez menos superficie cultivada y menos productores?

En palabras del presidente de la Cámara Argentina de Fruticultores Integrados (CAFI), “Las familias crecen de forma aritmética y las unidades productivas no. Y también las nuevas generaciones crecen profesionalmente y buscan otros rumbos”. (Diario Río Negro, 7 de febrero de 2023).

En esta línea de pensamiento, la disminución de productores del sistema es una consecuencia de un proceso de transformación estructural de la configuración tradicional del sector que generó dificultades de muchos para sobrevivir al cambio de contexto de la fruticultura y a los deseos individuales de buscar otras oportunidades.

Sin embargo, no se puede dejar de lado los cambios que tuvieron lugar en la economía global y su impacto a escala nacional y regional en los siglos XX y lo que va del XXI. En este sentido, y desde una perspectiva crítica interdisciplinaria, se podrían pensar las transformaciones desde otros lugares de enunciación, donde el espacio como producto y productor de lo social es clave; reflejándose en él las nuevas gramáticas de poder relacionadas con las nuevas configuraciones sociales que se expresan en mayor o menor medida en el Estado y cómo éste reacciona, o no, frente a los nuevos emergentes y actores que van moldeando aquellas gramáticas.

En términos de Lefebvre (1974) dicho espacio puede constituirse en espacio dominado y espacio dominante, pero siempre tiene un carácter político; se halla fragmentado por distintas estrategias que son numerosas, se entremezclan y se superponen. El Alto Valle como espacio político está dividido por estrategias asociadas al acceso, uso y apropiación de sus recursos; se podría pensar que ha pasado a ser un campo de disputa entre poderes hegemónicos, en un escenario político regional que transita entre:

  1. La desactivación de una matriz productiva asociada a una fruticultura cada vez más excluyente, pero a la vez más concentrada.
  2. Y la activación de otra matriz vinculada a la extracción no convencional de gas y petróleo.

En relación al primer punto (a) el complejo frutícola abarca distintas actividades del aparato productivo generando un entramado de relaciones sociales sujetas a él; existen frigoríficos, galpones de empaque e industrias productoras de jugos y sidras, entre otras, conformando un circuito comercial agroindustrial que está articulado con una fruticultura de exportación. En su etapa inicial, hacia fines del siglo XIX, el Alto Valle comenzó a caracterizarse por explotaciones agrícolas intensivas de tipo familiar en áreas bajo riego. En 1884 se construyó el primer canal que dio origen a un sistema de regadío que configuró una fisonomía del territorio (Aguilera, 2007), sumado a un proceso de colonización y subdivisión de tierras que fueron consecuencia de políticas estatales de seguridad territorial, fomento de la infraestructura productiva y condicionamientos del mercado externo. En este sentido, la llegada del ferrocarril y la reestructuración productiva que impulsó en la zona la empresa propietaria que terminó construyendo, hacia fines de la década del 20’ del siglo pasado, la red de canales y desagües que completaron el sistema integral de riego (Aguilera, 2007), dando origen al proceso de conversión del espacio geográfico natural en espacio social y transformándolo en espacio productivo.

Durante la década del 30, a partir de incentivos estatales para el desarrollo de la fruticultura y la demanda creciente del mercado, se potenció el cultivo de frutales –manzanas y peras- que derivó con el tiempo en una estructura predominantemente familiar con utilización intensiva de mano de obra e impulsora del crecimiento poblacional en el Alto Valle (Bendini y Steimbreger, 2007).

Hacia la década del 60 el modelo se consolidó y se nutrió de un mayor número de trabajadores/as estacionales, ocasionando migraciones asiduas de empleados/as rurales, provenientes del norte del país, Tucumán principalmente, y Chile. A finales de los 80, y fundamentalmente desde mediados de los 90, con la implementación de políticas de corte neoliberal (apertura del mercado, tipo de cambio fijo, estímulo a la entrada de capitales trasnacionales, etc.), se comenzó a constatar una importante reestructuración productiva en el Alto Valle que llevaría a una modernización con la adopción de nueva tecnológica para el sector, pero como contrapartida, la flexibilización y tercerización de la mano de obra y la disminución de la oferta laboral en el sector (Rofman, 2000).

Con la implementación de las políticas de ajuste económico neoliberal, se profundizó el proceso de concentración y transnacionalización de la actividad frutícola, así como también nuevos métodos de organización y comercialización empresarial. Este proceso se manifestó en la región con la participación cada vez mayor de empresas transnacionales que operan a nivel mundial con criterios inducidos por el consumo y la demanda de calidad, y que detentan el control de los circuitos externos de comercialización (por ejemplo, una firma no sólo controla gran parte de lo que se produce localmente, sino que también cuenta con el transporte, la exportación, y las vías de comercialización en el exterior donde colocar la producción).

Esto ha venido acompañado de un paulatino proceso que, sin modificar la estructura de la tenencia de la tierra, con un peso predominante de propietarios, ha ido generando dependencia económica y financiera de los pequeños y medianos propietarios con respecto a las grandes empresas agroindustriales (agricultura de contrato, arriendos cortos, entre otras). Mientras que muchos pequeños fruticultores no pudieron acceder al financiamiento y a la reconversión técnica para adecuar sus chacras a la calidad y a la productividad demandada por los mercados externos se han visto forzados a abandonar su propiedad o, en el mejor de los casos, a vender lo producido a precios fijados por las firmas que operan en el Alto Valle (Rofman, 2000); las empresas integradas, han sido favorecidas desde el Estado (fundamentalmente por vía impositiva y escasa intervención en las modalidades de contratación de trabajadores y trabajadoras) y bajo condiciones de contratación basadas en la tercerización y superexplotación del trabajo[6] (se desarrollará en el próximo eje). En conclusión y de acuerdo al informe anual publicado por el SENASA, en 2012 había 46.753 hectáreas con producción de peras y manzanas en el norte de la Patagonia. Una década después, esa superficie productiva disminuyó hasta las 35.596 hectáreas registradas. Una caída similar se ve en el número de productores dedicados a la fruticultura en Río Negro y Neuquén. Mientras que hace más de 10 años había 2.597 chacareros frutícolas, en 2021 se registraron apenas 1727 (ver Cuadro 5).

Cuadro 5: cantidad de hectáreas en producción y cantidad de productores

Fruticultura en el Alto Valle de Río Negro:
menos producción y más concentración de la producción

20122021
Cantidad de hectáreas47.75335.596
Cantidad de productores2.5971.727

Elaboración propia en base a datos del Senasa.

Si bien no es el propósito central del presente artículo, no se puede dejar de mencionar la irrupción de la extracción no convencional (b) como actividad económica en la región y que ha impactado inexorablemente a la fruta. Lo hace compitiendo por el mismo espacio físico, por el mismo mercado de consumo, pero sobre todas las cosas por el mismo recurso humano. Los niveles de remuneración a quien se inicia sin experiencia alguna en la actividad petrolera, son inalcanzables para cualquier enclave frutícola que demande mano de obra sin experiencia, para levantar la cosecha.

Con el impulso a la extracción, bajo la modalidad no convencional, se ha dado un avance acelerado sobre las tierras productivas del Alto Valle, un ejemplo es lo que sucede en la zona rural de Allen. Allí, la convivencia entre la fruticultura y el petróleo dentro de un mismo territorio, ha invisibilizado otros aspectos como: la caída y desvalorización de las tierras para actividades productivas, el crecimiento de unidades de producción abandonadas ante la imposibilidad de obtener márgenes aceptables de rentabilidad, los peligros sanitarios en la fruta, el rechazo a la fruta que están próximos a explotaciones gasíferas o petrolíferas; además de la contaminación de napas y aguas superficiales. También se han registrado derrames de crudo, roturas de caños de agua, explosiones e incendios, contaminación del agua, rajaduras de casas por tránsito de maquinaria pesada. Esta situación se ha agudizado por la fuerte disminución de la economía productiva sustentada en la caída de las exportaciones de peras y manzanas, dándole paso al paisaje extractivo, caracterizado por: “altas torres petroleras, las plataformas multipozos, los gasoductos y grandes depósitos de arena, y las largas filas de camiones de gran porte recorriendo los caminos y abriéndose paso por entre las plantaciones y el creciente desmonte” (Svampa, 2014: 153).

Este tipo de economía extractiva funciona con una elevada demanda de capital y tecnología y con una lógica de enclave: es decir, sin una propuesta integradora de estas actividades primario-exportadoras con el resto de la economía y de la sociedad. Su aparato productivo, en consecuencia, queda sujeto a los vaivenes del mercado mundial.

Flexibilidad y precarización de los y las trabajadores y trabajadoras rurales

Desde Uatre (Unión Argentina de Trabajadores Rurales y Estibadores) se afirma que miles de obreros y obreras rurales que llegan hacia el Alto Valle para realizar la cosecha provienen fundamentalmente desde provincias del norte argentino. Según lo planteado desde el sindicato:

En la mayoría de los casos, viajan con un puesto laboral asegurado, a partir de un trabajo conjunto de la Provincia, los gobiernos de esos distritos y las cámaras empresariales. El objetivo es evitar que lleguen más peones rurales de los que demanda la cosecha y facilitar el control de sus condiciones laborales. […] Algunos trabajadores rurales llegan para el raleo y se quedan, pero la gran mayoría viene ahora para la cosecha. Las empresas ocupan mucha mano de obra de otras provincias y se estima, como todas las temporadas, que llegarán unos 20 mil trabajadores. (Diario La Mañana de Neuquén, 3 de enero de 2023).

De acuerdo a la organización gremial, existen acuerdos que establecen un procedimiento marco de traslado de trabajadores/as migrantes a través de convenios de reciprocidad entre provincias, seguimiento y fiscalización de los viajes; salidas y llegadas, control de condiciones de seguridad e higiene y sanitarias; registro de empleadores, trabajadores y empresas transportistas, entre otros puntos.

Por otro lado, desde la Cámara de Productores de Centenario y Vista Alegre, se informó[7] la situación que atraviesan ante la falta de personal para recolectar las frutas y que en la región mucha gente reclama por falta de trabajo, pero no toman estos puestos, que terminan siendo ocupados por personas de afuera de la provincia.

Ahora bien: ¿Cuáles son las principales características del trabajador y de la trabajadora rural en las chacras del Alto Valle?

Frente al desempleo y la pobreza en los que se encuentran en sus lugares de origen, miles de trabajadores y trabajadoras ven una posibilidad de sustento económico en la temporada de fruta en el Alto Valle. Se trata de una migración habitual de las zonas más pobres de Argentina, a quienes se conoce como trabajadores golondrinas o en términos de Moreno Navarro (1997), denominados excluidos y marginados.

Estos movimientos migratorios a distintas escalas, son un reflejo de la globalización capitalista[8], donde los obreros y las obreras que pertenecían al sector integrados pasan a engrosar las filas de los precarios o los excluidos y marginados (Moreno Navarro, 1997).

Para el mantenimiento y la reproducción del capitalismo, ha sido fundamental la imposición a las clases dominadas, no sólo de modos de trabajar, sino de comportarse y de pensar, de tal modo que interpreten como algo normal y natural el ordenamiento social basado en relaciones de superexplotación, todo ello conformando un modo de vida particular.

El concepto de superexplotación del trabajo es parte de la teoría marxista de la dependencia; uno de los principales aportes ha sido de Ruy Mauro Marini (1973); su principal argumento teórico ha girado alrededor del análisis de cómo en la periferia, de la cual Argentina es parte, se combinan la dependencia externa con las condiciones específicas de la lucha de clases, particularmente de la extracción del excedente. Otro aporte significativo ha sido el de Osorio (2003), quien plantea a partir de la propuesta teórica de Marini, la particular forma de reproducción del capital en el capitalismo dependiente de nuestra región, alcanzando una modalidad de inserción específica que intensifica aquella dependencia.

Osorio (2018) considera que la categoría superexplotación es fundamental no sólo para explicar la reproducción del capital en las economías dependientes, sino en el proceso de acumulación de capital a nivel del sistema mundial. Las formas que presenta son: pago inmediato de salarios por debajo del valor, prolongación de la jornada laboral, intensificación del trabajo.

Estos indicadores se reflejan durante la temporada frutícola, donde se registran cientos de denuncias[9] por las condiciones inhumanas en las que tienen que vivir y trabajar para volver dentro de unos pocos meses con un poco de dinero a sus hogares. Muchos y muchas llegan sin ningún contrato previo, caminan las chacras, duermen y comen como pueden; situación que se ha dado en trabajadores tucumanos que dormían frente a la terminal de Cipolletti[10] y eran asistidos por vecinos, postal que se repite en todo el Alto Valle.

En las chacras viven en condiciones de hacinamiento y sin los servicios básicos, con jornadas laborales superiores a las diez horas. Según la base de datos de la Encuesta Permanente de Hogares (EPH) del Instituto Nacional de Estadísticas y Censos (Indec) elaborada en 2017[11], siete de cada diez trabajadores/as están en informalidad, con salarios que no cubren la canasta básica ni a los acuerdos salariales acordados por el gremio al comienzo de temporada.

El caso de Daniel Solano, sucedido en 2012, es uno de los ejemplos más claros de este entramado, donde la trata de personas y el trabajo esclavo eran sostenidos con la complicidad estatal y la policía como encubridores de las empresas y cooperativas para silenciar a quienes denunciaban estos delitos.[12]

¿Cuál ha sido el rol del Estado en los últimos años?

La Nueva Ley de trabajo Agrario[13] creada por el gobierno de Cristina Fernández hacia 2016, generó muchas expectativas entre los trabajadores y trabajadoras, sin embargo, hasta el momento no ha podido combatir la informalidad y dotar de derechos a los y las trabajadores/as rurales. Pero sí ha asegurado el enriquecimiento de un sector frutícola a través de la exención de impuestos nacionales y provinciales, reducción de aportes patronales y el trabajo a destajo que no es más que legitimar el trabajo esclavo, acentuando la precarización y flexibilización laboral.

En la misma sintonía, el gobierno de Mauricio Macri disolvió en 2016 el ReNaTEA (Registro Nacional de Trabajadores y Empleadores Agrarios) y restableció el viejo Registro Nacional de Trabajadores Rurales y Empleadores (ReNaTre)[14], para que éste vuelva a manos de UATRE.

En este contexto, los empresarios del sector han logrado concentrar el sistema de producción, comercialización y exportación de frutas en muy pocas manos (ver Cuadro 6); donde sólo dos empresas: Patagonian Fruit Trade y Productores Argentinos Integrados exportan más del 36% del total de las exportaciones en la temporada 2021.

Cuadro 6: sistema de producción, comercialización y exportación de frutas

Exportadores – Temporada 2021 (Manzana y Pera)

Datos al
31/12/2022

EXPORTADORPALLETSBULTOSTn% Distr.
PAT. FRUITS TRADE SA16.2381.241.19818.23420,0%
PAI S.A. 13.2501.077.14214.80016,3%
MOÑO AZUL S.A.6.917568.4738.5189,4%
KLEPPE S.A.6.616496.4537.2217,9%
TRES ASES S.A.5.005364.2985.8796,5%
EMELKA S.A.4.761352.0385.3785,9%
BOSCHI HNOS S.A.3.142227.4723.9174,3%
BATTAGLIO ARG. SA2.865315.8563.5913,9%
STD FRUIT ARG. S.A.2.807244.3983.5433,9%
ECOFRUT SA2.679199.2933.2653,6%
DON CLEMENTE SRL2.244196.9122.7383,0%
FRIGORI CINCO SALTOS2.152168.3072.6082,9%
CLASICA S.R.L.1.726135.8682.2592,5%
FRUIT WORLD SA1.644120.1612.0712,3%
FRUTAS SENSACION SRL1.603118.2471.9832,2%
TREVISUR SA1.13987.1451.4571,6%
LA CONQUISTA SRL87658.7881.0381,1%
FRUIT AND HEALTH SA46129.0435950,7%
TEOREMA SRL40439.0065380,6%
MIELE S.A.43528.1354930,5%
MI VIEJO SA26020.2623470,4%
LUIS ALDRIGHETTI1409.4331760,2%
SERVICIOS ORG. SRL1006.4001220,1%
TERRUÑO DE LA PATAG865.1101050,1%
RAFICO S.A624.627750,1%
AUSTRADE S.R.L.636.615670,1%
TOTALES77.6756.120.68091.018100%

Fuente: Terminal de Servicios Portuarios Patagonia Norte.

Pasados once años del caso Solano, el negocio agroexportador se sigue manteniendo con ayuda de los gobiernos[15], no solo a través del otorgamiento de diferentes subsidios y/o exenciones de impuestos, sino con reformas de leyes e instituciones que benefician a los empresarios; gestándose así un engranaje que garantiza la superexplotación del trabajo y que contaría con la complicidad estrecha del sindicato para sostener una economía regional cada vez más desigual y concentrada.

Conclusiones

Es fundamental, desde una mirada crítica, analizar la idea que sostiene que toda apertura económica y desmantelamiento de las leyes laborales es beneficiosa para el conjunto de la sociedad; que el crecimiento en sí mismo derrama bienestar a la población y que a mayor inversión externa mayor desarrollo económico. Este discurso se ha encuadrado en lo que conocemos como Neoliberalismo y ha triunfado en el pensamiento social[16], invisibilizando cómo el desarrollo tecnológico ha sustituido la mano de obra por máquinas, generando millones de excluidos/as y acrecentando la pobreza; y cómo la ‘deslocalización’ de empresas buscan salarios y costos de producción más bajos en los países de la periferia capitalista, acentuando la superexplotación de su fuerza de trabajo. Estas características pueden observarse en el sector frutícola, donde la estructura productiva está altamente concentrada, imponiendo las reglas; no solo en las esferas de la producción y comercialización de la fruta, sino también, con la complicidad del Estado, en estrategias de flexibilización y tercerización de la fuerza de trabajo. Es imprescindible conocer la nueva morfología del trabajo, como así también los complejos engranajes del capital” (Antunes, 2009: 41) para comprender la complejidad del sector.

Como dice Marx, el capital operó la separación entre trabajadores/as y medios de producción, entre el “caracol y su concha” (Marx, 1867: 411), con lo cual se profundizó la división entre la producción volcada hacia la atención de las necesidades humano sociales y las necesidades de autorreproducción del capital; se instauró un “modo de producción que se distancia de las reales necesidades autoproductivas de la humanidad” (Mészáros, 2002). Es necesario retornar una mirada que contemple los sectores subalternos para recuperar sistemas de vida, instituciones y derechos que nos permitiría repensar nuestra historia y pensamiento; en nuestro caso el análisis centrado en los y las trabajadores/as rurales sería fundamental para desnaturalizar las desigualdades, la superexplotación laboral, los abusos y deshumanización por parte de las grandes empresas de la fruta.

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Sitios oficiales consultados

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Artículos y sitios web consultados

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  1. Lic. en Ciencia Política, maestrando en Ciencias Sociales y Humanidades, docente e investigador de la UNComahue.
  2. Para mayor profundidad, ver: Harvey, D. (2007). Breve historia del neoliberalismo. Buenos Aires, Akal.
  3. Cotización oficial del Banco Nación al 9 de marzo de 2023.
  4. Para ver las diferentes cotizaciones de dólar, consultar https://www.ambito.com/
  5. https: https://bit.ly/3RNgi02
  6. Para mayor profundidad ver Osorio, J. (2018) “Acerca de la superexplotación y el capitalismo dependiente”.
  7. Ver https: https://bit.ly/4cAzJB6
  8. Para profundizar el concepto y las características de la globalización, ver: Marini, R. (2007). Proceso y tendencias de la globalización capitalista. En América Latina dependencia y globalización. Buenos Aires, Clacso- Prometeo Libros. Recuperado de: https://bit.ly/3xBvc2p
  9. https://bit.ly/4ch6JyA.
  10. Ver https://bit.ly/4eDmZLS.
  11. https://bit.ly/3ROVF3p
  12. Para más información ver: https://bit.ly/3zrJZ01l
  13. https://bit.ly/3XE0Y9C
  14. https://bit.ly/3zjCvwb
  15. Ver: https://bit.ly/3XXQaUb y https://bit.ly/4cBHNBt
  16. Ver: Anderson, P. (2003). Capítulo I: “Neoliberalismo un balance promisorio”. En: Sader, Emir, Gentili, Pablo (comp.) La trama del neoliberalismo. Mercado, crisis y exclusión social. CLACSO Eudeba, Buenos Aires.


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