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2 Enfoque y metodología

2.1. Enfoque

Esta investigación se ubica dentro del enfoque cualitativo dado el interés de lograr una compresión holística de las diferentes dimensiones del objeto de estudio: el bienestar de la infancia. Esta comprensión se logró a partir de: a) el acercamiento que se hizo a los contextos analizados a través de la observación de las personas en sus propios ámbitos –con su propio lenguaje y términos– (Kirk y Miller, 1991); y b) la relación que como investigadora pude establecer a partir de las interacciones con ellas (Vasilachis, 2006).

En relación con el primer aspecto, cabe resaltar que la investigación cualitativa se considera como tal en la medida en que

se interesa por la vida de las personas, por sus perspectivas subjetivas, por sus historias, por sus comportamientos, por sus experiencias, por sus interacciones, por sus acciones, por sus sentidos, e interpreta a todos ellos de forma situada, es decir, ubicándolos en el contexto particular en el que tienen lugar. Trata de comprender dichos contextos y sus procesos y de explicarlos recurriendo a la causalidad local. (Vasilachis, 2006, p. 33)

Fue justamente esta la forma en que se configuró este estudio al viajar a la ciudad de Honda (Colombia), compartir con los actores –madres cuidadoras, familias y niños– y ver sus interacciones en el contexto en el que viven para tratar de comprender las maneras en que se configura el bienestar de la infancia en la cotidianidad de la implementación de programas y políticas para la infancia, y así poder particularizar los hallazgos investigativos de acuerdo con las características y condiciones poblacionales de nuestras propias latitudes (Vasilachis, 2006).

Vasilachis (2006) afirma que los resultados obtenidos con estas dinámicas investigativas “inspiran y guían a la práctica, dictan intervenciones y producen políticas sociales. Los métodos cualitativos pueden ser empleados confiable y válidamente para evaluar, para documentar mecanismos de cambio microanalíticamente y para registrar transformaciones estructurales en la sociedad” (pp. 31-32). En esta medida, un análisis del bienestar de la infancia en el marco de la implementación de un programa podría potenciar la comprensión de la infancia dentro de una mirada más amplia –las políticas para la primera infancia en Colombia–, lo que permitiría proyectar investigaciones e incluso transformaciones a posteriori de la implementación del programa y las formas en que aborda a la infancia.

En torno al segundo aspecto, en lo que tiene que ver con la forma como un investigador cualitativo se involucra con la realidad, es importante observar e interactuar, acciones que permiten una transformación no solo de las comunidades o fenómenos estudiados, sino del mismo investigador (Cutcliffe, 2003, como se cita en Vasilachis, 2006).

Como lo planteé desde el comienzo de este documento, he sido parte de los programas y políticas para la primera infancia en Colombia, he estado vinculada a los procesos de diseño e implementación desde el nivel nacional, es decir, desde un nivel macro e institucional. Por ello, estar en la cotidianidad de la implementación de uno de los programas, observando y siendo parte de las interacciones cotidianas que se establecen en los hogares comunitarios, me posibilitó evidenciar las formas que toman las políticas en su ejecución, las transformaciones y resistencias de los actores, y las traducciones que se hacen de los discursos programáticos.

Pero, especialmente, me permitió visibilizar cómo las políticas y programas para la infancia se encarnan en los sujetos, se convierten en cuerpo, emoción, identidad, sentidos y contrasentidos, en el caso particular de esta investigación, en las cuidadoras, en las familias, en los niños y niñas. Además de esto, pude observar cómo allí, en la cotidianidad del cuidado, circulan discursos, cómo se hacen explícitos, y también los implícitos y tácitos que vehiculizan los programas, lo cual abrió lugar a nuevas comprensiones que desde los niveles macro muchas veces se pierden o no es posible dimensionar.

En este sentido, el acercamiento al programa en un municipio en particular permitió la comprensión no solo conceptual de lo que implica una política, sino los sentidos y acciones que toma en el marco de la implementación, así como las formas en que cuidadoras, familias y niños las apropian, resisten, transforman y traslapan, y los efectos que tienen en sus vidas y en sus comunidades.

La estrategia metodológica elegida fue el estudio de caso, ya que permite centrar la atención en la comprensión de las dinámicas que se presentan dentro de escenarios particulares (Eisenhardt, 1989) y propende por el registro de las conductas e interacciones de los actores que intervienen en determinado fenómeno (Yin, 1994). Así, a partir del uso de diversos métodos e instrumentos, se aporta a la comprensión de un fenómeno particular desde las diversas aristas que le constituyen.

El programa elegido, denominado Hogares Comunitarios de Bienestar Familiar (HCB), se consolida en un caso paradigmático de las intervenciones para la primera infancia en Colombia dada su especificidad y complejidad (Stake, 1995), por lo que un acercamiento detallado a este se constituyó en una necesidad y en una oportunidad para visualizar y comprender el cuidado.

De acuerdo con la tipología de Stake (1995) que toma como criterio los propósitos del investigador, el tipo de estudio de caso fue el instrumental, en vista de que el fin último no era la comprensión del funcionamiento de este programa en Honda, sino la comprensión, a través del caso, de una visión particular del bienestar infantil a través del cuidado dentro del programa. Entonces, se utilizó el caso como instrumento para evidenciar características de un fenómeno o teoría (Marradi, Archenti y Piovani, 2007).

Se trató de un estudio de caso con valor heurístico, según la tipificación de Sartori (1990, como se cita en Marradi, Archenti y Piovani, 2007), en la medida en que proveyó soporte empírico, elementos conceptuales y núcleos de sentido para la comprensión de un fenómeno que trasciende, lo que posibilitó avanzar en la construcción de hipótesis vinculadas a las preguntas y objetivos de la presente investigación, desde la voz y las acciones de los diferentes actores que constituyen el fenómeno.

2.2. Caracterización del lugar de implementación del caso

El caso estuvo conformado por tres hogares comunitarios del municipio de Honda (departamento del Tolima, Colombia), como espacio de materialización del Programa de Hogares Comunitarios (HCB) del Instituto Colombiano de Bienestar Familiar (ICBF).

Colombia tiene 1001 municipios, los cuales han sido clasificados en seis categorías y una especial de acuerdo con el tamaño de su población, sus recursos fiscales, sus condiciones socioeconómicas y el desarrollo institucional. De este modo, 978 municipios están clasificados dentro de la categoría 6, lo que quiere decir que tienen una población igual o inferior a diez mil habitantes e ingresos corrientes de libre destinación anuales no superiores a quince mil salarios mínimos legales mensuales (Departamento Nacional de Planeación, Dirección de Desarrollo Territorial Sostenible, Grupo de Estudios Territoriales, 2015).

Honda es un municipio clasificado en la categoría 6, como el 88% de los municipios colombianos. De acuerdo al Plan de Desarrollo 2016-2019 que retoma el censo del año 2005, el municipio tiene un total de 24 781 habitantes, de los cuales el 97% están ubicados en la zona urbana. De ese total, hay 1975 niños y niñas entre 0 y 4 años. El movimiento comercial de la ciudad depende del turismo, la pesca y la ganadería, y mínimamente de la agricultura. La pesca es el sustento básico de cientos de familias hondanas en la época de subienda[1], cuando la economía se reactiva.

Este municipio es una ciudad pequeña, colonial, ubicado a cuatro horas de Bogotá, que se ha constituido desde hace mucho tiempo en un lugar de veraneo, muy caluroso y con poca actividad comercial, por lo cual el movimiento turístico se da mayoritariamente en los momentos de vacaciones y en los días feriados.

Honda también es el municipio donde nací y, aunque no crecí allí, lo frecuento, lo conozco y es donde vive mi familia extensa. Estas condiciones facilitaron el acceso a las instituciones, el diálogo con los actores del programa y los procesos logísticos al momento de la estancia en campo –hospedaje, alimentación, transporte–. Asimismo, mi conocimiento previo de los referentes culturales propios de la región me permitió una mejor lectura del territorio y sus habitantes.

Las observaciones y entrevistas para esta investigación se realizaron en una modalidad agrupada, es decir, se trataba de hogares comunitarios que habían funcionado en las casas de las madres comunitarias –la modalidad familiar tradicional–, que en el año 2010 transitaron a plantas físicas comunales que en el pasado habían sido escuelas. En este caso, las madres comunitarias estaban organizadas en tres sedes administradas por una caja de compensación familiar[2], cada una con una coordinación –ejercida por una madre comunitaria ahora coordinadora–, con apoyo de personal de alimentación y con una infraestructura que posibilitaba la organización de los niños en niveles según su edad. Además de esto, Honda cuenta con un centro zonal del ICBF, entidad que desde lo local lidera la implementación del programa.

2.3. Fases de la investigación

En este estudio de caso, se constituyó en un elemento clave el enfoque progresivo, es decir que las miradas y preguntas iniciales sobre el objeto se fueron reconfigurando a medida que se fue recolectando, analizando e interpretando la información. Este proceso reorientó permanentemente la investigación, lo que llevó a organizar la propuesta metodológica en cuatro fases; sin embargo, es importante aclarar que, aunque se presentan por separado y en orden secuencial en aras de su comprensión, fueron procesos simultáneos que se nutrieron mutuamente.

En la primera fase, se avanzó en el diseño del proceso de comprensión del objeto de estudio, se establecieron sus dimensiones analíticas y sus descriptores, lo que permitió construir una matriz de indagación (Anexo I[3]), insumo fundamental para la segunda fase, en la cual se seleccionaron las técnicas de investigación y se construyeron los instrumentos. La tercera fase consistió en el trabajo de campo, es decir, la indagación y construcción de los datos propiamente dichos, y comprendió tres momentos: una visita exploratoria y dos estancias en campo. Finalmente, la cuarta fase consistió en el análisis de los datos y su triangulación.

2.3.1. Primera fase: construcción de dimensiones analíticas

En esta fase inicial se avanzó en la concreción del proyecto, a partir de la revisión teórica y la construcción de una propuesta metodológica, la cual se realizó en los dos primeros años de cursada del doctorado. En un primer momento, la aproximación teórica permitió vislumbrar que el acercamiento a la implementación podía realizarse desde tres focos de análisis –que denominaré dimensiones del bienestar infantil– que fueron nutridos desde una perspectiva deductivo-inductiva para complementar las categorías que implicaba y los códigos que permitirían configurar el sentido de cada una de ellas.

De este modo, para cada una de las dimensiones analíticas del objeto de estudio se especificaron códigos relacionados, tal como se presenta en la Figura 1. Asimismo, en el Anexo II[4] se especifican las definiciones operacionales de cada categoría.

Figura 1. Dimensiones y códigos para analizar el bienestar infantil

Fuente: Elaboración propia.

2.3.1.1. Dimensión política, institucional y material del bienestar

A través del estudio del marco histórico, de la institucionalidad, de las condiciones de trabajo y de las características de las cuidadoras, se logró realizar una reconstrucción del marco político institucional de las intervenciones para la primera infancia en Colombia, remarcar específicamente las transformaciones y el funcionamiento actual del Programa de HCB, y subrayar las características y condiciones en las que se da el cuidado dentro del programa.

Al especificar cuáles fueron los hitos más importantes, las transformaciones y rupturas de las intervenciones para la primera infancia en los últimos años, se proveyó de un marco que iluminó y contextualizó las prácticas y relaciones cotidianas presentes en ellas. De igual manera, describir la forma en que se implementa el programa, las condiciones en que se realiza el trabajo de las cuidadoras o “madres comunitarias”, permitió comprender los contextos en que se dan los sentidos y relaciones con los niños, las niñas y sus familias.

2.3.1.2. Dimensión discursivo-simbólica

Esta dimensión recoge las definiciones, sentidos y significados desplegados tanto en los documentos programáticos como en las prácticas, en relación principalmente con el cuidado, la familia y la infancia. Por esto, consideramos la tesis de Litichever, Magistris y Gentile (2013) en la que afirman que “el campo de las políticas de infancia es construido simbólicamente a nivel prescriptivo” (p. 74), es decir, desde los lineamientos y directrices de políticas y programas –definiciones programáticas–. Esto implica considerar la dimensión discursiva de las políticas sociales como una matriz que es moldeada por la institucionalización de discursos expertos (Fraser, 1991; Llobet, 2006), la que a su turno constituye un tipo de discurso legítimo para la interpretación de necesidades y subjetividades.

“De este modo, no solo se trata de una dimensión simbólica, sino también prescriptiva, que delimita y determina las acciones posibles, las soluciones imaginadas, el sentido común institucional, y expresa las modalidades dominantes en que se conciben los problemas” (Llobet y Litichever, 2010, p. 2), lo que conlleva desarmar los sentidos y maneras de significación que estructuran las intervenciones.

En el caso de las intervenciones para la primera infancia, se abarca no solo la intervención estatal sobre niños y niñas, sino ineludiblemente sobre sus familias y, específicamente, sobre sus madres, sobre las mujeres. Entonces, son claves las definiciones sobre lo que es o no el cuidado apropiado, así como las formas en que son pensadas las relaciones familiares y, especialmente, la maternidad.

Se asume que en los discursos institucionales se encuentran concepciones hegemónicas sobre los sujetos sociales, en las cuales convergen posiciones morales, políticas, ideológicas y científicas para configurar la definición de lo apropiado o no para cada uno y las relaciones entre ellos (Llobet y Litichever, 2010).

Al considerar las políticas como constructoras de infancia, se entienden los programas –lineamientos, directrices, etc.– como campos de significaciones. Analizar los sentidos y las acciones que se demarcan desde las directrices institucionales o lineamientos, permite caracterizar las formas en que desde la institucionalidad se interpreta o comprende a los sujetos infantiles y su bienestar; es desde este nivel que se edifican los marcos de sentido desde donde los sujetos significan sus propias prácticas e interacciones cotidianas. Por ello, también se convierten en foco de análisis los sentidos y significados que usan los actores en la cotidianidad de las implementaciones.

2.3.1.3. Dimensión relacional

Esta dimensión retoma las interacciones y prácticas que se dan entre los sujetos en la cotidianidad de los espacios, por lo cual implicó caracterizar interacciones niño-cuidador y cuidadores-miembros de la familia, e identificar las motivaciones, necesidades, tensiones, conflictos y afectos involucrados en las prácticas cotidianas de los hogares comunitarios.

Por ende, se sitúan las interacciones y prácticas en su contexto, se da lugar a los análisis de las negociaciones y se demarcan las formas “apropiadas” e “inapropiadas” que las sociedades establecen para relacionarnos y cuidar de niños y niñas; es por este motivo que no pueden analizarse lejos de estos marcos, sino en diálogo con ellos. Las prácticas se dan en espacios específicos de maniobra que están demarcados por las formas en que el Estado ha interpretado y distribuido necesidades y beneficios, y las maneras particulares en que los sujetos negocian –aceptan o resisten– estas interpretaciones (Haney, 2002).

Retomamos los postulados del interaccionismo simbólico que plantean que en los procesos de interacción social se forman los significados compartidos, los cuales se convierten en realidad para los individuos que los producen; e, igualmente, se asume que estas interacciones obedecen o se configuran desde distintas posiciones de poder y jerarquías. Así, se convierte la interacción en un ámbito de estudio central para analizar la configuración del cuidado infantil, dentro del cual el lenguaje juega un papel fundamental.

Se asume, entonces, que en la cotidianidad del Programa de HCB los actores redefinen y ponen en juego los mandatos institucionales –lineamentos y postulados–, los conflictos, tensiones y formas de negociación presentes en el día a día de los hogares comunitarios, tanto como los significados que se les asignan y las formas como se hace.

Se entiende que las interacciones de cuidado son moldeadas por las expectativas y motivaciones que de su labor tengan las cuidadoras, los niños y sus familias: “la relación de cuidado demarca una concepción de sí mismo y del otro, constituida por los roles, expectativas y valoraciones respecto a quién ofrece y a quién recibe el cuidado” (Franco, 2010, p. 2). Por tanto, se analizan las interacciones entre cuidadoras y niños, así como entre las cuidadoras y las familias, enmarcadas en relaciones de género y generación, y se tienen en cuenta las retribuciones y expectativas que hay frente a las prácticas de cuidado y los afectos que allí se despliegan.

2.3.2. Segunda fase: selección de técnicas y construcción de instrumentos

A partir de las dimensiones anteriormente descritas, se avanzó en una segunda fase que tuvo una duración de seis meses, en la que se establecieron las técnicas de recolección y fuentes que permitieran abordar e indagar tanto las categorías como los indicadores que las componían y, en función de ello, se llevó a cabo la construcción de los instrumentos.

Las técnicas para la producción de datos elegidas fueron: observación participante, entrevistas, grupos focales, análisis documental y un taller para la indagación con los niños y niñas.

Dado que este trabajo se centró en el ámbito cotidiano, la observación participante fue un instrumento necesario en la construcción teórica (Wacquant, 2007). Se tomaron como unidades de observación los tres hogares comunitarios del municipio colombiano seleccionado, se privilegiaron las prácticas de cuidado, lo que derivó en la selección de los momentos de observación: a) momentos de higiene como lavado de manos, acompañamiento al baño, cambio de ropa, limpieza de nariz, entre otros; b) espacios de descanso y sueño de los niños; y c) alimentación.

Con relación a las interacciones, la observación se centró en situaciones tales como encuentros madre comunitaria-miembros de la familia, reuniones, recibimiento en la mañana y entrega de los niños en la tarde, espacios de intercambio entre las madres comunitarias –reuniones de equipo–, supervisiones del ICBF y de la entidad administradora, actividades con la comunidad y procesos de capacitación y formación.

Las observaciones fueron registradas de forma escrita en fichas diseñadas para tal fin (Anexo III[5]), las cuales se centraban en la descripción del fenómeno observado, notas teóricas y analíticas relacionadas, inferencias y conjeturas; además, se tomaron algunas fotografías de los espacios y momentos claves. Cada una de las fichas contaba con ejes de indagación según el actor y el momento evaluado: en el caso de las actividades entre cuidadora y niño relacionadas con el cuerpo (alimentación, sueño, higiene), se registraban condiciones, descripción de la interacción, tensiones y conflictos, así como afectos; mientras que respecto a las rutinas, la organización de los tiempos y las actividades en la jornada, se registraban condiciones, descripción de la jornada, identificación de rutinas, organización de tiempos e imprevistos. En el caso de los momentos de recibimiento y entrega de niños, en donde los actores eran la cuidadora y las familias, se registraban condiciones, descripción, afectos y gestión de tensiones y conflictos.

Por otra parte, se propusieron entrevistas en profundidad de carácter semiestructurado (Anexos IV, V y VI[6]). Este tipo de entrevista permite que la construcción del dato sea paulatina, a partir de un proceso largo y continuo que deriva en la saturación del tema de indagación (Robles, 2011), para lo cual se determinaron los siguientes tópicos a explorar en cada uno de los actores.

En el caso de los funcionarios del ICBF y del operador, los cinco ejes de indagación fueron: trayectoria y perfil; transformaciones del programa; lógica institucional; definiciones, sentidos y significados (infancia, cuidado, necesidades); e interacciones, conflictos y negociaciones. En madres y padres de familia se evaluó: trayectoria dentro del programa; transformaciones del programa; rol de la cuidadora; interacciones con el hogar comunitario (tensiones y negociaciones); y sentidos y significados (infancia, cuidado, necesidades). Y para las madres comunitarias los tópicos fueron: trayectoria y perfil; transformaciones del programa; lógica institucional; motivaciones; interacciones cuidadora-niño (tensiones y afectos); interacciones cuidadora-miembros de la familia; y sentidos (cuidado, infancia, necesidades).

Una vez realizadas estas entrevistas, fueron transcritas y se identificaron –además de los elementos observados– aspectos en los que valía la pena indagar más a profundidad en aras de obtener detalles en relación con las interacciones que se habían registrado, los sentidos otorgados a estas y a los actores que intervienen en el cuidado, y las razones por las cuales se tomaban ciertas decisiones en particular.

La profundización sobre los tópicos identificados en las entrevistas iniciales se llevó a cabo a partir de grupos focales con madres comunitarias y con familias usuarias del programa, lo que permitió poner en discusiones colectivas algunas de las hipótesis de trabajo emergentes (Anexos VII y VIII[7]). Así, se utilizó una de las principales riquezas de esta técnica: la reformulación de los significados que se producen en la dinámica grupal (Marradi, Archenti y Piovanni, 2007).

Se propusieron cuatro ejes de indagación para el grupo focal con madres y padres de familia (sentidos en torno a la maternidad y a la paternidad; significados y sentidos del cuidado; modalidades o formas de cuidar; tensiones y conflictos) y cinco para el grupo con madres comunitarias (maternalización del cuidado; afectos; necesidades, motivaciones y retribuciones; cuidado y familia; construcciones de infancia).

Por otra parte, se exploraron las comprensiones, sentidos y significados que otorgan los niños al cuidado. Se realizaron dos talleres, uno con niños y niñas de 2 años y otro con niños y niñas de 4 años. Cada taller compendió dos momentos: en el primero, se realizó la lectura del libro Tinguilitón, tinguilitón (Torres, Bergna y Faría, 2007), el cual contiene escenas que evocan momentos de cuidado que permitieron sensibilizarlos frente al tema y, además, establecer un diálogo sobre las formas en que los cuidan. En el segundo momento, se dio paso al juego libre, en el que se disponía de muñecas para que cada uno de los participantes pudiera cuidarlas; allí la investigadora observaba o, en algunos casos, preguntaba por lo que ocurría o lo que hacían en sus juegos, pero no se influenciaba en el desarrollo de estos (Anexo IX[8]). Se realizó un registro audiovisual del taller para su posterior análisis.

Finalmente, el análisis de documentos institucionales buscó hacer un acercamiento a la dimensión prescriptiva del programa (Llobet y Litichever, 2009), la cual comprende los requisitos estipulados para ser parte de este y las definiciones de la población, los beneficiarios, los objetivos, los actores que involucra, así como necesidades, nociones y sentidos. Para ello, se llevaron registros a través de una matriz de Excel que permitieron compilar la información de los 36 documentos programáticos y normativos del programa (Anexo X[9]).

2.3.3. Tercera fase: trabajo de campo

El trabajo de campo se realizó en tres momentos: una primera visita exploratoria en el año 2011 y dos estancias en campo en el año 2012, en las cuales se recabaron los datos con los que se construyeron los capítulos de resultados a partir de los instrumentos que se presentaron en la descripción de la fase dos. Para la primera estancia en terreno se usaron entrevistas y observaciones, lo que permitió la identificación de algunos tópicos de profundización; y para la segunda, se optó por grupos focales y talleres con los niños y niñas, ambos técnicas colectivas que permitieron explorar a fondo dichos temas. A continuación, se detalla cada uno de estos momentos.

2.3.3.1. Visita exploratoria

Esta visita tuvo una duración de tres meses, tiempo en el que se presentó la investigación al Observatorio sobre Infancia de la Universidad Nacional de Colombia y al ICBF, institución coordinadora del programa, con el objetivo de obtener la debida autorización para el acceso a las implementaciones y realizar su reconocimiento a partir de la identificación de espacios y conversaciones exploratorias con algunos actores claves, entre ellos, funcionarios del programa y de otros sectores como Salud y Educación, además de algunas conversaciones informales con madres comunitarias y familias usuarias.

Este primer acercamiento permitió seleccionar algunos temas para la exploración y construcción de los ejes de indagación, lo que aportó una mirada contextualizada al diseño del proceso de recolección de información, la selección de técnicas y la construcción de instrumentos descritos con detalle anteriormente.

2.3.3.2. Primera estancia en campo

Como ya lo mencioné, nací en Honda y mi familia extensa vive allí, por lo que me alojé en casa de mi abuela materna e iba donde mis tías luego del trabajo de campo, lugares donde podía conversar y tener una contextualización más cotidiana y familiar del municipio y del programa. A veces me cruzaba en las calles o en la plaza de mercado con las madres comunitarias, con las familias, con los niños, situaciones que permitieron que me vieran como alguien familiar, parte del municipio, lo que posibilitó que en mis visitas a los hogares comunitarios la conversación fuera más fluida con el paso de los días.

Esta primera estancia en campo fue en mayo de 2012, tuvo una duración de dos meses y de nuevo debí hacer las presentaciones formales de la investigación para el acceso a los hogares: primero, en centro zonal del ICBF a través de cartas y de entrevistas presenciales, y luego, con el operador del programa y la caja de compensación familiar.

El diálogo con el ICBF fue fluido, la directora del centro zonal me recibió fácilmente y me dio la autorización para poder hacer la investigación. El hecho de tener familia en el municipio seguramente ayudó. Me presentó con los profesionales del centro zonal, específicamente con la pedagoga a cargo de la supervisión del programa, quien, aunque un poco más distante y parca, también me ayudó con las autorizaciones y posteriormente con las entrevistas que necesitaba.

No obstante, al ser un programa que se implementa a través de operadores, la entrada a los hogares debía ser autorizada por el operador encargado. Aunque el ICBF ya me había autorizado y me presentó de forma oficial con el operador a través de una comunicación escrita, me sorprendí al ver que el proceso con ellos no fue fácil, puesto que debí acercarme varias veces a la sede de la caja de compensación familiar en el municipio, además de pedir al ICBF que intercediera, para lograr finalmente el acceso a los hogares.

Esta situación me permitió visibilizar desde el inicio cómo se concreta en lo local la tercerización de los servicios para la primera infancia en el país. Aunque el programa se diseñe y se financie desde el nivel estatal a través del ICBF en su sede nacional, y se opere y se contrate en sus niveles regionales y zonales, son los operadores quienes administran los recursos, las sedes, operativizan el programa, contratan a las cuidadoras, focalizan la población a atender, compran la dotación y los alimentos; es decir, finalmente, son ellos quienes determinan qué pasa dentro de los hogares comunitarios. A su vez, como el ICBF funge de contratante y supervisor, la entrada de una extraña presentada desde la institucionalidad al parecer les generaba desconfianza, tal vez pensaban que yo iba a supervisar lo que pasaba adentro. Fue así como después de varios ires y venires logré el acceso a las sedes.

Mi llegada a los hogares comunitarios, por el contrario, fue muy fluida. Los primeros días había por parte de las cuidadoras la curiosidad normal ante una extraña y las suspicacias iniciales sobre qué iba a hacer, para qué quería la información y quién iba a tener acceso a esta. Pero luego de que les explicaba mi interés investigativo, les reiteraba la confidencialidad de las entrevistas y les contaba que había nacido en Honda y cuál era mi familia, dado que es un municipio muy pequeño donde todo el mundo se reconoce, fácilmente identificaban algún miembro de mi familia y así la conversación se iba haciendo más familiar.

Es así como me permitieron hacer las observaciones de forma tranquila, me convertí en un observador familiar, a veces ayudaba con algunas cosas como repartir un refrigerio, peinar a los niños al final de la jornada o “echarles un ojito a los niños” mientras iban al baño o hablaban con algún miembro de familia, e incluso en algunas ocasiones me dieron refrigerio o almuerzo, me presentaban con las demás compañeras y con las familias para poder entrevistarlas, y también me invitaron a la celebración del día de la familia y a reuniones de padres.

Con el paso del tiempo, las entrevistas y las observaciones se hicieron más fluidas. Los primeros días, los niños me observaban con curiosidad, pero luego ya me incluyeron en su cotidianidad, algunas veces me llamaron “profe”, me pedían favores y me contaban historias. Las familias fueron más distantes, pero igualmente me permitieron hacer las entrevistas sin ningún problema; incluso, creyendo que podría llevar algún mensaje al nivel institucional y directivo, pedían mejorar algunos aspectos del programa o una ampliación de la cobertura de este.

Para esta instancia, debido a los tiempos con los que contaba, accedí a dos de los tres hogares comunitarios del municipio donde funcionan las implementaciones que conformaron el estudio de caso. Realicé observación participante en varios momentos, entrevistas con algunas madres comunitarias, con padres y madres de familia, y con funcionarios del ICBF y de la institución operadora del programa, así como un primer acercamiento a los niños y niñas a partir de conversaciones que pretendían recoger sus sentidos sobre el cuidado. Aquí vale la pena aclarar que se intentó hacer entrevistas individuales con los niños, pero a través de esta estrategia no fue posible lograr la exploración pretendida; por esta razón, para el segundo campo se diseñó un taller que permitiera, a través de la literatura y el juego, hacer la indagación que se esperaba.

Luego de la recolección de información en esta fase, se trascribieron todas las entrevistas, se organizaron las observaciones y demás notas de campo. De este modo, se hizo un primer ejercicio de análisis de los datos que permitió identificar algunas aristas problemáticas del objeto de estudio o de aspectos que era necesario profundizar o problematizar.

Este ejercicio analítico posibilitó una primera caracterización de las prácticas de cuidado, centrada en la dimensión relacional del bienestar, particularmente en las interacciones niño-cuidadora. Para este apartado se presentan algunos punteos generales, pues no es el objetivo profundizar en los análisis y resultados, objetivo de los capítulos siguientes; sin embargo, se precisan algunos de los temas sobre los que se construyeron las primeras hipótesis o aspectos para ampliar, y que aportaron insumos para la construcción de los instrumentos de la segunda fase de campo: grupos focales y taller con los niños y niñas.

2.3.3.3. Segunda estancia en campo

Se realizó en el mes de octubre del año 2012 y tuvo una duración de un mes. Esta vez, como ya tenía autorización del ICBF y del operador, fue rápido el acceso a los hogares. En los dos que ya había estado, me recibieron de forma familiar y pude realizar rápidamente los grupos focales y las observaciones. En cambio, en el hogar al que no había accedido, tomó más tiempo el proceso de familiarización mientras les explicaba a las cuidadoras mis intereses, pero con el paso de los días pude hacer las entrevistas y grupos focales que estaban planteados.

Para esta segunda fase, llevaba preguntas más precisas y pude profundizar en ejes o aspectos problemáticos que había identificado en la primera fase, así como ahondar en mis primeras hipótesis y también evidenciar que la información empezaba a repetirse, lo que evidenció la saturación en el proceso de recolección de información.

En este segundo momento en campo, como ya se mencionó, se partió de temas o ejes problemáticos que se pusieron en discusión colectiva a través de grupos focales con las madres comunitarias y con miembros de las familias. Igualmente, a través de los talleres, basados en literatura infantil y en juego de roles, se logró hacer la indagación con los niños y niñas. Además, se realizó el trabajo de campo en el hogar comunitario que había quedado pendiente en la primera fase.

En la Tabla 1 se presenta la consolidación de las técnicas usadas, de acuerdo con el lugar en que se realizó el registro, en las dos estancias en campo.

Tabla 1. Número de registros según técnica de recolección de información y lugar de realización
TécnicaHogar Comunitario La PoloniaHogar Comunitario SemillitasHogar Comunitario B. BogotáNivel local/
nacional
Total
Registros
de observación
108624
Entrevistas
a miembros
de familia
10121133
Entrevistas
a funcionarios
44
Entrevistas
a madres comunitarias
65516
Talleres
con niños
1113
Grupos focales con madres comunitarias1113
Grupos focales con miembros de familia2125

Fuente: Elaboración propia.

2.3.3.4. Consideraciones éticas

Una vez establecida la comunicación con el ICBF y luego de obtener autorización para el trabajo de campo tanto de parte suya como del operador, se estableció contacto con las cuidadoras y las familias. En este espacio se informaron los propósitos de la investigación, el tipo de información que se recabaría y se solicitó autorización para la toma de registro y grabación tanto de las entrevistas como de las sesiones de taller con los niños.

2.3.4. Cuarta fase: proceso de organización y análisis de los datos

El análisis comprendió dos procesos: el primero se relacionó con los documentos programáticos y consistió en un análisis documental; mientras que el segundo se constituyó en un análisis deductivo-inductivo que guio la interpretación de la información recolectada en campo.

2.3.4.1. Análisis documental

Paralelamente a las estancias en campo, se identificaron los documentos programáticos claves surgidos a lo largo de la implementación del programa: leyes (4), lineamientos (4), decretos (7), circulares (3), acuerdos (10) y resoluciones (8). Así, se conformó una base de datos de 36 documentos que abarcó desde el año 1979 hasta el 2015, en donde se destaca un mayor número para los años 2006, 2009 y 2011; como lo veremos en el capítulo 3, esto coincide con los años en que hubo una gran movilización frente al tema, momentos en que se consolida la política para la primera infancia y la primera estrategia de articulación intersectorial. Para el análisis de los documentos se realizó una matriz categorial (Anexo X[10]).

Cabe resaltar que el análisis consistió en la identificación y extracción de aquellos fragmentos relacionados con los núcleos de indagación, lo que facilitó observar la evolución en el discurso en torno al programa, las necesidades identificadas en la población y las estrategias de acción para las comunidades, las madres comunitarias y los usuarios. A partir de esta información, se identificaron permanencias, tensiones y transformaciones que ha sufrido el programa a lo largo de su historia, para luego ponerlas en discusión en el momento de triangulación.

2.3.4.2. Análisis de datos de las estancias en campo

Para el análisis de entrevistas, observaciones, grupos focales y talleres, se realizó inicialmente un procesamiento individual de los datos. Se realizó un análisis deductivo-inductivo, es decir, se partió de las dimensiones e indicadores que configuraron el bienestar de la infancia –política, institucional y material, simbólica y relacional– como objeto de estudio, las cuales se pusieron en diálogo posteriormente con los procesos de significación e interpretación de los actores.

Para el análisis se retomaron algunos elementos de la teoría fundamentada, dado el interés de poner énfasis en el fenómeno estudiado desde la perspectiva de los actores, sus procesos de significación y sentidos compartidos; sin embargo, se adoptó un enfoque constructivista que actualiza los postulados clásicos de dicha teoría de Glasser y Strauss. Esta orientación no considera que los datos estén ahí simplemente para ser descubiertos, ni que los investigadores sean observadores imparciales, sino todo lo contrario: plantea que se parte de marcos interpretativos que responden a nuestra propia historia, intereses y lecturas, así como de los propios contextos de investigación y de las relaciones que establecemos con estos a lo largo del proceso investigativo. Como lo afirma Charmaz (2013), “ningún método cualitativo se basa en la mera inducción; las preguntas que formulamos acerca del mundo empírico enmarcan lo que sabemos de él” (p. 276).

En consecuencia, se buscaba que los datos dieran respuesta a las preguntas y cuestiones teóricas planteadas en esta investigación para avanzar más allá del nivel descriptivo, puesto que “los datos solos no son suficientes; deben ser reveladores y deben responder a preguntas teóricas” (Charmaz, 2013, p. 279), sin perder de vista el contexto, las condiciones y los actores involucrados. Se plantea así una teoría fundamentada, constructivista e interpretativa, que profundiza en el fenómeno en sí mismo y en su ubicación situada en el mundo, lo que permite avanzar más allá de las palabras para profundizar en significados y acciones.

Es así como adquiere importancia tanto lo que se dice como lo que no se dice[11], lo que se hace y los contextos donde se dan la acción y la significación: “lo que piensa, siente y hace la gente debe analizarse dentro de los contextos sociales pertinentes, los cuales, a su vez, la gente construye a través de la acción y la interacción” (Charmaz, 2013, p. 304). En esta línea, es importante retomar los conceptos como problemáticos, buscar sus características, cómo son vividos y comprendidos; de tal forma que el bienestar de la infancia se asume no solo como concepto, sino como un proceso representado que se materializa en acciones y prácticas cotidianas.

En este marco, las entrevistas y los grupos focales fueron transcriptos en su totalidad, para luego realizar una lectura línea a línea y un proceso de análisis minucioso de cada uno para identificar los elementos relevantes para la investigación, es decir, se seleccionaron unidades de sentido, teniendo en cuenta los descriptores y categorías analíticas que comprendían las tres dimensiones del objeto de estudio presentadas anteriormente.

A estas unidades de sentido se les asignó un código, proceso conocido como codificación abierta que, en palabras de Strauss y Corbin (2002), se trata de un “proceso analítico por medio del cual se identifican los conceptos y se descubren en los datos sus propiedades y dimensiones” (p. 11). Para este ejercicio se utilizó el programa Atlas Ti, e igualmente se incluyeron memos o comentarios para remarcar aspectos puntuales, focos analíticos o conjeturas para los análisis posteriores. Los códigos se organizaron de acuerdo con los descriptores y categorías analíticas presentadas en el capítulo metodológico, para lo cual se construyeron esquemas analíticos de las dimensiones que permitieron centrar la atención en los primeros hallazgos para cada una de ellas (Anexo XI[12]).

Por su parte, las observaciones realizadas se registraron en fichas que luego permitieron identificar elementos claves respecto a las preguntas de la investigación y temas emergentes que se consideraban importantes, con lo cual se construyó un esquema que permitió visualizar los elementos más significativos y algunos primeros análisis. Mientras tanto, la información recabada en el taller permitió caracterizar, desde la voz de los niños, quiénes son las personas del cuidado –quién cuida, a quién se cuida–, cómo se cuida y los tipos de cuidado o formas que toma el cuidado para ellos.

Los análisis y los diferentes métodos con los cuales se visualizaron e identificaron los principales hallazgos fueron un elemento clave que permitió la posterior triangulación de las distintas fuentes y técnicas, y facilitaron la profundización en el fenómeno de estudio, así como contar con una comprensión lo más completa posible u holística del objeto (Stake, 1995).

De esta forma, a través de las entrevistas semiestructuradas y grupos focales se identificaron los sentidos y procesos de significación de los actores del programa, y a su vez, se contextualizaron y problematizaron mediante observaciones y registros de campo. Asimismo, el análisis documental permitió identificar las matrices simbólicas que se han posicionado desde instituciones y políticas, y que enmarcan las interacciones y los significados aportados por los actores. Por su parte, el taller con niños y niñas posibilitó explorar sus propios sentidos y acciones, más allá de los que circulan a través de los adultos o en las interacciones con ellos.


  1. Anualmente, desde finales de enero y hasta inicios del mes de marzo, ocurre este fenómeno natural en el río Magdalena, en el cual los peces nadan río arriba desde la Costa Atlántica para reproducirse. En la subienda, miles de peces adultos nadan juntos, lo que hace abundante la pesca y se reduce el esfuerzo necesario para capturar un pez. (Fundación Humedales, 2018).
  2. Las Cajas de Compensación Familiar (o CCF) son corporaciones de derecho privado, con patrimonio propio y sin fines de lucro, cuya función inicial es la de administrar las prestaciones de seguridad social, con las que se busca el desarrollo y el bienestar del trabajador y su familia.
  3. Anexo disponible en https://shorturl.at/znNQs
  4. Anexo disponible en https://shorturl.at/znNQs
  5. Anexo disponible en https://shorturl.at/znNQs
  6. Anexos disponibles en https://shorturl.at/znNQs
  7. Anexos disponibles en https://shorturl.at/znNQs
  8. Anexo disponible en https://shorturl.at/znNQs
  9. Anexo disponible en https://shorturl.at/znNQs
  10. Anexo disponible en https://shorturl.at/znNQs
  11. Para Charmaz (2013), “los silencios presentan significados importantes e información reveladora en toda la investigación que versa sobre las elecciones morales, los dilemas éticos y las políticas sociales justas. El silencio significa ausencia y, en algunas ocasiones, refleja la falta de conciencia o la incapacidad de expresar pensamientos y sentimientos” (p. 309).
  12. Anexo disponible en https://shorturl.at/znNQs


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