Para mi mamá, que salió de su casa y se unió a otras mujeres del barrio, cuando el Estado no ofrecía espacios para el cuidado de los niños y niñas más pobres: ellas los crearon. Que cuidó niños y niñas toda su vida. Que me mostró cotidianamente, sin siquiera darse cuenta, cómo el cuidado de los niños y niñas era un asunto público y político.
Para mi papá, que apenas con un grado de bachiller tardío tiene la inteligencia y sensatez de la vida, que siempre apostó por mi educación con determinación y compromiso.






