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2 Las relaciones entre la República Argentina y la República Popular Democrática de Corea

Anotaciones sobre la política exterior argentina en el Asia del Este

La política exterior argentina está atada a sus modelos económicos. La clase política ha sido siempre la bisagra entre la fórmula política y la inserción de la Argentina en el comercio mundial. Si acaso nos preguntamos hoy cuál es la orientación externa de la Argentina hacia la península coreana, lo primero que debemos conocer es la percepción de su élite sobre la configuración de poder mundial y la etapa que atraviesa su modelo económico. Pero dejemos esta pregunta para más adelante.

La Argentina nació mirando hacia el Atlántico y prestando particular interés a sus vínculos con Europa; la era del “socio inglés” es el factor por antonomasia para comprender el vínculo entre política exterior y modelo económico. Durante la segunda mitad del siglo xix y hasta la crisis del 30 en el siglo xx, estuvo vigente el modelo económico agroexportador. Durante ese periodo de tiempo, Asia en general (y, particularmente, Asia del Este) tuvo un lugar periférico en nuestra política exterior y también en nuestra política comercial. La única nación de la región que llamó la atención de la Argentina, y con la cual se desarrolló una fuerte vinculación política, fue Japón, como resultado de su primera modernización y ascenso como potencia. Cabe destacar, no obstante, que la Argentina no reconoció al Manchukuo creado por Japón en territorio de China durante la década del 30 y que condenó posteriormente el expansionismo japonés en el seno de la Sociedad de Naciones. Eso sería un gesto muy bien visto por China y también luego por ambas Coreas.

Durante la década del 30 la estructura productiva argentina sufrió algunos cambios y se inicia una etapa de industrialización, pero que no fue en modo alguno lineal, coincidiendo con Mario Rapoport (2009) y Aldo Ferrero (2010), de modo que la matriz industrial convivió –y convive aún hoy– con el modelo agroexportador y se desarrolló en tres grandes etapas: espontánea (a lo largo de la década del 30), la peronista (desde 1945 hasta 1955) y la desarrollista (entre 1960 y 1976 aproximadamente). En esta última etapa es donde Asia del Este comienza a cobrar mayor relevancia como resultado de los acontecimientos internacionales y la coyuntura de la Guerra Fría, que obligaban a la República Argentina a tomar una posición concreta. La Revolución comunista de Mao y la guerra de Corea, entre otros, son algunos ejemplos de esa tendencia. Pero el vínculo comercial con esa región no era significativo aún. Sí se registraron algunos cambios en el modelo de exportaciones en tanto Europa perdía peso como destino de los productos argentinos y el continente americano y el Este asiático iban ganando peso (Bolinaga, 2021). La tendencia termina de tomar fuerza como consecuencia del ascenso de China y la creciente demanda de productos argentinos desde Asia a principios del siglo xxi. En el año 2007 Asia superó a Europa como destino de las exportaciones argentinas y la tendencia continuó acrecentándose hasta nuestros días.

Las modernizaciones económicas en Asia del Este en la segunda mitad del siglo xx (Japón, Corea, Taiwán y economías del sudeste asiático y China) impactaron en la política exterior y comercial de los países de América Latina y, particularmente, de la Argentina. Por un lado, los flujos migratorios se fueron acrecentando y eso fue generando encuentros interculturales de mucha importancia para la Argentina, que no estaba acostumbrada a interactuar con contrapartes asiáticas. Eso no solo se veía reflejado en la sociedad argentina frente al inmigrante asiático, sino también en los procesos de negociación empresariales y gubernamentales. Por otro lado, las inversiones asiáticas también fueron tomando fuerza en sectores estratégicos de las economías latinoamericanas y marcas como Toyota, Honda, Hyundai, Kia Motors, Samsung, LG, Huawei y Cherry –entre otras– no solo son cada vez más conocidas, sino también más representativas de altos estándares de calidad tecnológica, eficiencia productiva y alto valor agregado. Así, tanto funcionarios como hombres de negocios en América Latina y el Caribe, y particularmente en la Argentina, cada vez comenzaron a demandar mayores conocimientos técnicos para desarrollar negociaciones con sus contrapartes asiáticas, pero esto también pone en evidencia la necesidad de conocer culturalmente a sus interlocutores para comprender la racionalidad de sus modelos de negociación y sus aspiraciones en la región.

La orientación externa argentina hacia la península coreana puede dividirse en cuatro etapas bien marcadas, y al respecto concordamos con los estudios desarrollados por Oviedo (2001, 2004 y 2007). La primera es la etapa de las relaciones no oficiales, que se desarrolló desde los tiempos más remotos hasta el establecimiento de relaciones diplomáticas con la República de Corea el 15 de febrero de 1962. Durante esa etapa los contactos fueron escasos, el flujo migratorio fue mínimo y la Argentina tuvo que tomar una posición concreta frente a la cuestión coreana y al conflicto intercoreano, ambas cuestiones desarrolladas durante el primer y segundo mandato del presidente Juan Domingo Perón. Pero también se destaca que la Argentina, durante el gobierno de la Revolución Libertadora, recibió migración norcoreana como resultado de la guerra y mantuvo la orientación externa sin establecer relaciones diplomáticas con ninguno de los dos gobiernos coreanos.

La segunda etapa va de 1962 hasta 1973, y estuvo centrada en el vínculo político y diplomático con el gobierno de Seúl. La Argentina solo reconocía y mantenía relaciones diplomáticas con la República de Corea, política desarrollada por el gobierno de Frondizi y mantenida por los posteriores gobiernos hasta 1973. Durante los años 60, como se explicó ut supra, comienza a tomar fuerza la migración coreana a la Argentina. Cabe destacar que los niveles de intercambio aún eran muy bajos. En esta etapa se establecieron ambas sedes diplomáticas y se acreditaron los primeros embajadores. También se produjo el viaje del canciller argentino Miguel Ángel Zabala Ortiz a Seúl, y los dos acuerdos alcanzados más significativos fueron el Tratado Cultural de 1966 y el Acuerdo sobre Protección de Patentes de Invención de 1972.

La tercera etapa es la del “doble reconocimiento” y va de 1973 hasta 1977. Durante la breve presidencia de Héctor Cámpora la Argentina inaugura una etapa de doble reconocimiento como consecuencia del establecimiento de relaciones diplomáticas con el gobierno de Pyongyang. La orientación se mantuvo hasta 1977, cuando se produce el inesperado retiro y sin ningún tipo de comunicación del personal diplomático norcoreano y el siniestro del incendio de la sede diplomática en Buenos Aires. La Argentina nunca acreditó una embajada permanente durante esta etapa en el territorio de la RPDC.

La cuarta etapa se abre con el abandono de la política de doble reconocimiento y transcurre entre 1977 y el presente. En este periodo la Argentina vuelve a centrar su vínculo diplomático con el gobierno de Seúl, con quien se fortalece progresivamente el esquema de cooperación y amistad.

Esta periodización de la orientación externa argentina hacia la península coreana abre una serie de interrogantes acerca de la percepción de la élite argentina de los vínculos con la RPDC. ¿Cuál fue el móvil que generó el acercamiento a Pyongyang en 1973? ¿Cuáles son los factores que explican la ruptura de relaciones diplomáticas en 1977? ¿Cuáles son los condicionantes aún vigentes para la normalización de relaciones diplomáticas? ¿Cuáles son las valoraciones de nuestra clase política acerca del vínculo con el gobierno de Pyongyang? ¿Hay consensos o desacuerdos al respecto de esas valoraciones? Estos son algunos de los principales interrogantes que abordaremos a continuación.

Primeros acercamientos y el establecimiento de relaciones diplomáticas entre Buenos Aires y Pyongyang

Resulta imposible que no llame nuestra atención el hermetismo en torno al proceso de establecimiento de relaciones diplomáticas y, más aún, sobre la posterior ruptura del vínculo oficial. La falta de apertura del archivo diplomático y la poca información a la que se puede acceder al respecto actúan como uno de los principales condicionantes para reconstruir el pasado de los vínculos entre Pyongyang y Buenos Aires. Hermetismo que, por cierto, continúa vigente incluso tras el proceso de redemocratización iniciado en 1983. Incluso no es tarea sencilla lograr que funcionarios y hombres de negocios hablen abiertamente sobre la cuestión; al día de hoy sigue vigente un extraño silencio que llama poderosamente la atención.

A pesar de la compleja coyuntura internacional derivada de la pandemia de COVID-19, logramos llevar adelante algunas entrevistas y charlas informales que han arrojado algo de luz acerca de la cuestión. Durante la investigación en curso, tuvimos oportunidad de entrevistar al Sr. Alejandro Cao de Benós, delegado especial del Comité de la RPDC para Relaciones Culturales con Gobiernos del Exterior. También pudimos dialogar con el Sr. embajador Alfredo Carlos Bascou (acreditado ante el gobierno de la República de Corea) y entrevistar a la ministra María Alejandra Vlek, a cargo de la Dirección de Asia y Oceanía en la Cancillería Argentina. En el Anexo N.º 1 de este libro se puede acceder a los dos únicos tratados firmados entre los gobiernos de Buenos Aires y Pyongyang, acuerdos que versan sobre el establecimiento de relaciones diplomáticas y el desarrollo de relaciones comerciales.

El primer acercamiento que se da con la región fue entre el peronismo y China, a través de la carta de Perón de 1955 y con personas allegadas a la Juventud Peronista que viajaron a China antes de la reanudación de las relaciones diplomáticas, especialmente en la década de 1960. El cisma socialista entre la RPCh y la URSS puso a Pyongyang en un gran dilema. Justamente, buscando escapar a esa tensión entre sus principales aliados y con la intención de mantener autonomía política, la RPDC comienza a implementar a lo largo de la década del 60 y del 70 una política exterior mucho más activa y que trasciende la lógica regional. Esto también viene de la mano de una mayor “permisibilidad internacional” producto del diálogo entre Mao y Nixon, el cambio de representación china en el Consejo de Seguridad y hasta el acercamiento intercoreano concretado en el Comunicado Conjunto de 1972[1]. En esa coyuntura la diplomacia norcoreana hace su aparición a escala global: en 1976 Pyongyang se suma al grupo de países que integran el Movimiento de Países No Alineados. La década del 70 será el momento en el cual el gobierno de Pyongyang comienza a establecer y desarrollar relaciones diplomáticas con varios gobiernos de América Latina (ver Tabla N.º 2). Por supuesto, el primer país de la región con el que Pyongyang establece relaciones diplomáticas es Cuba en 1960, cuando el canciller Ernesto “Che” Guevara visita el país, pero ese acercamiento responde más a la lógica de repúblicas socialistas hermanas. Lo que estaba gestándose en la década de 1970 era distinto. No se trataba solo de establecer relaciones diplomáticas y ganar reconocimiento internacional, sino también de dar a conocer su cultura, y especialmente la idea Juche.

La llegada a Chile de un gobierno de izquierda con Salvador Allende comenzó a reorientar la diplomacia cultural norcoreana hacia el sur del continente. El acercamiento con Chile y el establecimiento de relaciones internacionales en 1972 daría el puntapié para acercarse a la Argentina (Anderson, 2009). De hecho, la llegada de gobiernos socialistas y de izquierda en toda la región preparó el terreno para la expansión de las relaciones diplomáticas norcoreanas: con la Argentina en 1973; con Venezuela, Guyana y Jamaica en 1974; con Barbados en 1976 y con Nicaragua y Santa Lucía en 1979.

Decíamos entonces que la Embajada de la RPDC acreditada en Santiago de Chile tuvo un rol importante para el desarrollo de las relaciones diplomáticas con la República Argentina. Una delegación argentina no oficial sino en carácter de representante del Partido Justicialista, encabezada por Isabel Estela Martínez de Perón, visitó la República Popular Democrática de Corea y también la República Popular China entre el 8 y el 18 de mayo de 1973, pocos días antes de la asunción del nuevo presidente, Héctor Cámpora. Perón, cumpliendo su pacto con Lanusse, no se presentó a las elecciones presidenciales pero organizó la fórmula política que las ganaría. La victoria del “Frente Justicialista de Liberación Nacional” llevó a la presidencia a Héctor Cámpora y a Solano Lima. Asumen funciones en marzo de 1973 y el 13 de julio renuncian: solo cumplieron funciones durante 49 días. Dentro de las pocas acciones y funciones que el gobierno de Cámpora llegó a desarrollar está el establecimiento de relaciones diplomáticas con Pyongyang, que era el resultado del viaje de Isabel.

Juan Domingo Perón fue la tercera persona de América Latina en ser invitada por Mao a China, luego de Ernesto “Che” Guevara y Salvador Allende. Si bien muchos allegados cercanos al Partido Justicialista especularon y trabajaron para este importante encuentro el contexto político hizo que no se pudiera concretar (Larraquy, 2011). Para Jorge Taiana, el peronismo siempre ha tenido una característica antiimperialista y antioligárquica, con muchos matices. Durante la entrevista que pudimos concretar con él, expresó: “Las figuras que representan cierto nacionalismo han tenido simpatía. Fidel Castro ha sido valorado por los peronistas, es un chiquito que se le planta al grande. Produce reconocimiento en el peronismo”.

En este contexto surge la llamada “Embajada Justicialista” –como fue denominada la delegación no oficial pero representativa del gobierno entrante–. La comitiva estuvo integrada por: Isabel Martínez de Perón; el secretario personal de Perón y que posteriormente sería el ministro de Bienestar Social durante el gobierno de Cámpora, Daniel López Rega; Gloria Bidegain[2] (hija y secretaria personal del entonces gobernador de la provincia de Buenos Aires y allegada al movimiento Montoneros[3]) y Beatriz López Rega de Lastiri. Ellos viajan en representación de Juan Domingo Perón, que se encontraba enfermo e incapacitado para viajar.

A través de testimonios directos[4], se sabe que todas las conversaciones tanto en la República Popular China como en la RPDC estuvieron vinculadas a un futuro viaje que haría Perón. En la RPDC la delegación fue recibida en la propia residencia del presidente Kim Il-Sung, quien fue percibido por la delegación como un líder carismático. El viaje a Pyongyang duró solo 48 horas y existen escasas fuentes para reconstruirlo. Se realizaron encuentros con la juventud de trabajadores y con dirigentes sindicales. En un momento de la recepción, el líder Kim Il-Sung hizo arriar la bandera de Corea para levantar una argentina: “Fue realmente emocionante” (González, 2020). Al no ser un viaje de carácter oficial por no existir en ese momento relaciones diplomáticas y porque las personas que viajaban no se encontraban en funciones de un gobierno argentino de turno, la prensa no le dedicó mucha cobertura. Con excepción por supuesto de dos revistas partidarias: Las Bases (del sector ortodoxo) y la revista El Descamisado (representativa de la izquierda más revolucionaria), y testimonios posteriores donde Bidegain recuerda que en ese viaje las condiciones de vida de la RPDC eran superiores a los que observaron en China. “No recuerdo [cómo fueron invitados a Corea] pero debió de haber estado preparada con bastante anticipación por la manera en la que se habían preparado para recibirnos […]. Fuimos al ballet, al teatro, a banquetes eternos donde brindábamos por el general Perón”.

Uno de los testimonios que encontramos en El Descamisado[5] llega de mano de un breve relato de Gloria Bidegain, que por ese entonces tenía 23 años y que, como algunos sectores del peronismo, tenía una clara identificación con la República Popular China y la República Popular de Corea: “Entre los pueblos de China y Corea y nosotros es fácil entendernos: todos luchamos por una patria en la que reine la justicia social, la independencia económica y la soberanía política; todos luchamos por contribuir al socialismo nacional en nuestra patria, y todos formamos parte del Tercer Mundo. Hemos sufrido, no tanto como ellos, pero hemos sufrido. De modo que no nos cuesta comunicarnos. Seguramente las relaciones recientemente establecidas no harán sino profundizar más aún ese acuerdo tácito”.

Al momento de la asunción del presidente Cámpora una comitiva norcoreana visitó el país. Estuvo presidida por Kang Ryan-uk, vicepresidente de la Suprema Asamblea Popular de la RPDC. Pero claro, no venían solo a presenciar el acto de asunción, sino a concretar lo acordado durante la visita de Isabel a Pyongyang. La comitiva fue recibida por el presidente Cámpora en la Quinta de Olivos, el 28 de mayo de 1973. La audiencia duró poco menos de una hora y durante esta terminó de acordarse el establecimiento de las relaciones diplomáticas. El 1 de junio de 1973, Kang se reunió con Juan Carlos Puig, ministro de Relaciones Exteriores y Culto de la República Argentina, y juntos firmaron la Declaración Conjunta sobre el establecimiento de relaciones diplomáticas entre la República Argentina y la República Popular Democrática de Corea (ver Anexo N.º1).

Héctor Cámpora y Solano Lima renunciaron 43 días más tarde. Asume en ese momento la presidencia de la nación el presidente de la Cámara de Diputados, Raúl Lastiri (quien era yerno de López Rega, secretario privado de Perón). Entonces lo primero para tener en cuenta es que el gobierno de Héctor Campora representaba a los sectores de izquierda del peronismo y que el establecimiento de relaciones diplomáticas con Pyongyang fue un guiño político a estos. Pero la polarización política en la Argentina estaba entrando en una nueva era. Lo segundo que sale a la luz es que Raúl Lastiri, durante su breve interludio, fue quien debería implementar el Comunicado Conjunto y operacionalizar el establecimiento de relaciones diplomáticas con Pyongyang. Pocos días después la República Argentina resolvió la apertura de una representación diplomática en Pyongyang, según el Decreto 182/1973. No obstante, la medida nunca se concretó por motivos económicos. Por su parte, Pyongyang sí abrió ese mismo mes la representación diplomática en la ciudad de Buenos Aires, en la calle Gorostiaga 2115 del barrio de Palermo. El primer diplomático norcoreano en presentar sus credenciales diplomáticas ante el gobierno de la República Argentina fue el ministro consejero Mun Song-guk. En abril de 1974, presentó sus cartas credenciales ante el gobierno de Buenos Aires el primer embajador oficial de la RPDC, Kuang Sung Zeng.

Lastiri convocó a elecciones presidenciales, las cuales tuvieron lugar en septiembre de 1973 y la fórmula Perón-Perón se impuso con el 62% de los votos. Perón había actualizado su discurso y ahora no solo se presentaba como el líder de los trabajadores, sino también como el líder revolucionario del Tercer Mundo. No obstante, la heterogeneidad del peronismo estaba más a flor de piel que nunca antes entre dos grandes grupos: derecha e izquierda, y eso generaba dicotomías en torno al reciente vínculo establecido con el gobierno de Pyongyang.

Para noviembre de 1973 una nueva delegación norcoreana arriba al país: su objetivo era negociar un convenio comercial con el gobierno de Perón, que había comenzado el 12 de octubre de ese mismo año. El ministro de Relaciones Exteriores y Culto Alberto Juan Vignes negoció con el jefe de la misión norcoreana Kim Sok-zin y el acuerdo se firmó el 30 de noviembre (ver Anexo N.º 1). La esencia del convenio era promover el comercio entre ambos países: en efecto, cada uno de ellos presentó una lista de productos nacionales no limitativa que se incorporan como anexos del convenio. Ambos países, siguiendo el espíritu de la declaración sobre establecimiento de relaciones diplomáticas de junio, deciden otorgar recíprocamente el trato de Nación más Favorecida (art. 3). Y también se estableció en el mismo convenio que todos los pagos entre la República Argentina y la RPCD se efectuarían por monedas convertibles que que convengan entre las partes (art. 5). Este último punto es central porque dejaba en claro que los intercambios comerciales no se desarrollarían por medio de un trueque de productos.

Gonzalo Paz (2001) cuenta en una de sus investigaciones que a través de la entonces Junta Nacional de Granos se suscribió un acuerdo trienal para la compra inmediata de 500.000 toneladas de maíz y de 300.000 a 500.000 toneladas de trigo, producto argentino que había sido incorporado en el Anexo B del Convenio Comercial suscripto. Como resultado de este acuerdo, una importante empresa cerealera argentina estableció una importante relación, e incluso varios ejecutivos viajaron a Pyongyang. La cuestión es que la venta de trigo y luego de maíz –continúa explicando Paz– generó una deuda de 10 millones de dólares que no fue pagada, y la empresa terminó siendo vendida al 50% de su valor real (Paz, 2001: 35). En la entrevista que pudimos mantener con Alejandro Cao de Benós se argumentó que el problema es que se había malinterpretado el tipo de intercambio comercial y que Pyongyang buscaba un sistema de trueque. No obstante, como ya explicamos, el artículo 5 del Convenio Comercial dejaba en claro que los pagos se harían de forma monetaria.

A esta situación debemos agregar otros dos factores más que contribuyeron al deterioro de la relación bilateral entre Buenos Aires y Pyongyang. El primer factor está vinculado al devenir de la situación política en la Argentina. Juan Domingo Perón había roto relaciones con los grupos de izquierda e incluso había expulsado a Montoneros de la Plaza de Mayo, con motivo de la celebración del día del Trabajo. Desde entonces, la conducción del movimiento justicialista quedó en manos de la facción de derecha y se desató lo que los historiadores argentinos han denominado la guerra de aparatos: la patria peronista versus la patria socialista. Lo que estaba en juego era la conducción real y simbólica del movimiento obrero y del pueblo. En esta coyuntura, el gobierno se acercó mucho más a la Embajada de la República de Corea. Tras fallecer Perón, el 1 de julio de 1974, Isabel Estela de Perón asume la presidencia del país. La crisis social y económica devino en una de tipo política que puso al gobierno en un callejón sin salida. Las Fuerzas Armadas volvieron a derrocar a un gobierno constitucional y a autoproclamarse garantes del orden y la seguridad. La Junta Militar que se conformó durante el llamado Proceso de Reorganización Nacional simpatiza a todas luces con el régimen de Park en la República de Corea y desconfiaba de toda la actividad diplomática norcoreana dentro de las fronteras nacionales. El otro factor fue el deterioro de la relación entre ambas delegaciones diplomáticas coreanas. La tensión entre el gobierno de Pyongyang y Seúl se trasladaba a las calles de Buenos Aires, donde la mayoría de la migración era surcoreana. De modo que la integración de los diplomáticos norcoreanos a la comunidad coreana en la Argentina no era sencilla, si acaso posible. Luego del atentado al general Park en Seúl, en 1975, los embajadores de ambas naciones “nunca más dialogarían ni se saludarían, manteniendo tensas relaciones” (Paz, 2001: 36).

En suma, podemos concluir que el acercamiento entre la Argentina y la RPDC se debió más a una mera cuestión coyuntural. La necesidad del peronismo de sumar a los sectores de izquierda y socialistas para aumentar el apoyo popular hizo que Perón concediera a Cámpora el espacio suficiente para buscar el establecimiento de relaciones diplomáticas con Pyongyang. En la entrevista con Jorge Taiana, que por aquellos años se había desempeñado como jefe de Gabinete en el Ministerio de Educación de la Nación, recordaba y nos contaba que no había conocimiento en el peronismo sobre la idea Juche y que se asociaba a Kim Il-Sung con una especie de Mao Tse-Tung de Corea del Norte: “Fue una relación muy marginal, no recuerdo nadie que tuviera mucho interés, comprendiera o tampoco escuchara sobre visitas a la embajada en los años que estuvieron”.

Como nota de color, mientras duró su presidencia, Isabel Martínez de Perón recibió en el año 1975 a una amplia delegación de norcoreanos que incluyó a 68 niños que realizaron muestras de bailes y canciones coreanas, además de entonar fonéticamente la Marcha Peronista. Existen fragmentos documentales de esa recepción que muestran la puesta en juego de la RPDC y la preparación esmerada, que hablan de la importancia que revistió para ellos la visita al país y la búsqueda por dejar una buena impresión.

Foto N.º 3: Revista Semana del diario Perfil

Fuente: Revista Semana del diario Perfil, publicación de 1977.

La ruptura de relaciones diplomáticas y el estancamiento del vínculo entre Buenos Aires y Pyongyang

El 18 de mayo de 1977 la Junta Militar decide que dos embajadas en Buenos Aires debían ser monitoreadas: la de Cuba y la de la RPDC. La desconfianza hacia el activismo comunista no se disfrazó en ningún momento. En el análisis de Paz (2001) también se relata que extraoficialmente se sabía de las irregularidades que el cuerpo de diplomáticos norcoreanos llevaba adelante: el ingreso de bebidas y cigarrillos en cantidades exorbitantes por fuera del marco legal permitido, con el propósito de generar ingresos personales.

También circulaban rumores, sin confirmación en el presente, de que también habían ingresado armas con destino incierto. Esto último en un momento muy crítico de violencia política en la Argentina. Durante la entrevista al historiador Luciano Lanare, este nos compartió parte de sus entrevistas a miembros del Ejército Revolucionario del Pueblo en las cuales se confirmaba el vínculo con Pyongyang, bajo la búsqueda de entrenamiento militar de guerrilla. Esto tomaba fuerza en tanto se constataba lo mismo con diferentes organizaciones militares y grupos guerrilleros en toda América Latina y el Caribe que habían negociado con el gobierno de Pyongyang entrenamiento y asistencia militar (ver Foto N.º 3).

Foto N.º 4: Una embajada fantasma

Fuente: Revista Semana del diario Perfil, publicación de 1976. La revista cambió su nombre a Noticias en 1989.

Foto N.º 5: La ruptura de relaciones diplomáticas en medios argentinos

Fuente: La Opinión, 15 de junio de 1977, p. 8.

Ya desde septiembre de 1976 había movimientos más extraños de los habituales en la embajada. Ese mes el embajador norcoreano, Kuang Sung Zeng, dejó el país para radicarse en Yugoslavia y cumplir la misma función. En su lugar quedó a cargo de la embajada el primer secretario y encargado de negocios ad interim, el Sr. Park Myong-guk. Desde entonces, la actividad diplomática se redujo al mínimo. Incluso, desde la revista Semana se intentó concertar una entrevista, pero sin éxito, ante lo cual publicaron el diálogo telefónico con el personal de la embajada (ver Foto N.º 5). No podemos dejar de concordar con la argumentación de Paz: “El desarrollo de las relaciones entre Argentina y Corea del Norte fue extremadamente irregular” (2001: 36). Ya en 1977, se cerraría la política de doble reconocimiento hacia los gobiernos de Pyongyang y Seúl, para volver a mantener una orientación externa centrada en el gobierno de la República de Corea.

El 11 de mayo de 1977 se produjo el “misterioso” incendio de la sede diplomática, que generó más inconvenientes aún para los propietarios del inmueble, ya que no se venía pagando el alquiler de este ni tampoco el de otros inmuebles alquilados por la embajada. Testimonios de vecinos recogidos por la prensa de la época (La Nación, La Prensa y Perfil, entre otros) manifestaron ver cómo se quitó la placa de la puerta y cómo el personal diplomático abandonaba la embajada. Cabe destacar que, al presente, la familia propietaria del inmueble nunca tuvo algún tipo de compensación económica por parte de Pyongyang. De acuerdo al diario La Nación, los gastos se estimaron en 10 millones de pesos de ese momento. Los pocos miembros que quedan del cuerpo de diplomáticos norcoreanos acreditados en la Argentina abandonaron sin previo aviso el país el domingo 5 de junio de 1977, a través de un vuelo de Lufthansa desde Ezeiza (ver Foto N.º 5).

En una entrevista con la ministra María Alejandra Vlek, a cargo de la Dirección de Asia y Oceanía en el Palacio San Martín, nos comentaba que

… posteriormente, se comprobó daño y hurto en el edificio que ocupaban. La propietaria de la casa no fue resarcida por los daños, ni obtuvo el pago de los alquileres adeudados. Estos hechos motivaron al gobierno argentino a proceder a la ruptura de relaciones diplomáticas y consulares […].

La República Argentina decidió por medio del decreto 1709 romper relaciones diplomáticas con la RPDC el 14 de junio de 1977 (ver Anexo N.º 1).

En el texto del decreto se menciona que

… el accionar y obrar del cuerpo diplomático norcoreano no se ajusta a los principios y prácticas elementales establecidas por los usos y costumbres internacionales; que la citada representación fue objeto de reiteradas reclamaciones por parte del gobierno argentino; que su accionar afectó propiedades y bienes de ciudadanos argentinos y el retiro unilateral y sin ningún tipo de comunicación previa. Por todo esto, se considera un gesto completamente inamistoso para la República Argentina, la cual dispone en consecuencia la ruptura de relaciones diplomáticas y consulares con la RPDC.

Desde el otro lado del paralelo 38 la noticia de la ruptura de relaciones diplomáticas entre Buenos Aires y Pyongyang generó un profundo alivio. Desde entonces los lazos diplomáticos, económicos y culturales no solo se concentraron en el gobierno de Seúl, sino que se incrementaron progresivamente. En mayo de 1982, visitó el país el ministro de Defensa de la República de Corea, Choi Sung-Taik. Más tarde, en octubre, arribaba una delegación militar surcoreana. El resultado de esas visitas fue la decisión política de la República Argentina de crear la agregaduría militar en Seúl.

Algunas interpretaciones sobre el desarrollo de las relaciones no oficiales

a) Viajes y contactos entre la Argentina y la RPDC

Como se mencionó al inicio del capítulo, además del viaje oficial en 1973 existieron otros viajes registrados de visitantes de nacionalidad argentina entre 1960 y el cierre de fronteras provocado por la pandemia de COVID-19 el 22 de enero de 2020. Dados los pocos años que duraron las relaciones diplomáticas, todos los viajes que se realizaron antes y después los catalogamos como viajes no oficiales, por estar por fuera de la órbita y reconocimiento de la Cancillería argentina y pertenecer a las decisiones y/o relaciones individuales o de agrupaciones. Excluimos de estos viajes a algunos escasos viajes de funcionarios públicos y legisladores en los cuales hubo una intencionalidad de acercamiento por parte de Pyongyang posterior a la ruptura de las relaciones bilaterales.

Los viajes que hemos relevado a través de archivos históricos, medios de comunicación y entrevistas en profundidad son muy diversos entre sí y se pueden segmentar tanto por el interés que motivó la visita a la RPDC como también por su etapa cronológica. Dado que existieron contextos históricos particulares para explicar los contactos, aperturas y cierres en las fronteras, los podemos dividir entonces en:

  1. Viajes de movimientos de izquierda y agrupaciones armadas en busca de entrenamiento militar en técnicas guerrilleras, entre 1960 y 1970.
  2. Invitaciones de carácter político realizadas desde la década de 1970 en adelante, especialmente para la participación en seminarios de la idea Juche[6] (Perilli, 2018; Ubertalli, 2019).
  3. Viajes por turismo. Sobre todo desde los años 80 en adelante, pero con mayor frecuencia desde principios del siglo xxi. Estos viajes son solo grupales y a través de agencias turísticas autorizadas por el gobierno de Pyongyang. Desde 2010 comienzan a proliferar las crónicas y bitácoras de viajeros sobre lo que es el viaje en ferrocarril a través de la ciudad fronteriza de Dandong (China) hacia Pyongyang (Conconi, 2014; Grieco, 2018).
  4. Viajes por motivos empresariales. Existen escasos registros, pero la mayoría se dan desde principios del siglo xxi.

b) Los partidos políticos de la Argentina y sus contactos con el comunismo asiático

La Revolución china tuvo un gran prestigio en muchos movimientos de ideología de izquierda en América Latina, tanto por la magnitud de la población como por la reivindicación de los años de ocupación colonialista en diversas ciudades del país como Hong Kong, Macao o Manchuria.

A medida que llegaban noticias del éxito de la revolución maoísta las ideas de izquierda fueron ganando peso en la región. La revolución cubana en el año 1959 implicó también un fuerte cambio de paradigma y de horizonte de posibilidades en América Latina, ya que se consolidaba un país socialista a escasos kilómetros de Estados Unidos y en pleno contexto de Guerra Fría. Líderes como Mao Zedong, Ho Chi Minh y Fidel Castro ganaban prestigio por fuera del espectro tradicional de los partidos comunistas y de izquierda.

Los dos modelos enfrentados en la Guerra Fría comienzan a ser progresivamente cuestionados. Un funcionario argentino a quien entrevistamos (pero que prefirió no ser mencionado en la investigación) recuerda:

… la Guerra de Vietnam donde Estados Unidos mataba niños con agente naranja, asesinaban a John y Rob Kennedy y la ex-URSS era un aparato burocrático y autoritario cada vez con menos expresión de una sociedad en transformación. En ese mundo, China tenía un atractivo, porque era una revolución exitosa y una posición autónoma con un nuevo modelo. Europa aún no estaba recuperada y año a año aparecían países, África antes era colonia, entonces el mundo vivía mucha ebullición, todo cambiaba de forma extraordinaria y a gran velocidad.

Horacio Pineau, de la Vanguardia Comunista[7], es uno de los primeros militantes argentinos que viaja a la República Popular China en el año 1966 y cuenta sobre esa época cómo estas ideas “empezaron a tener eco en la socialdemocracia que se fue radicalizando y se mencionan estas ideas en el partido de Repetto[8], con Alicia Moreau de Justo, gorilas y antiperonistas que eran impactados. Palacios viaja a Cuba y en su regreso hace un acto en el Luna Park”. Un año antes, Elías Semán, abogado y secretario general de la Vanguardia Comunista, había viajado a China y preparado contactos que posibilitaron viajes posteriores.

En el caso de Cuba, tras la revolución de Fidel, se formalizaron sus vínculos con la URSS, la RPCh y la RPDC, y el establecimiento de relaciones diplomáticas generó la apertura de embajadas en La Habana, que pasó a convertirse en uno de los principales puentes no solo con países comunistas, sino también entre militantes de izquierda latinoamericanos.

Los discursos marxistas, leninistas y, posteriormente, maoístas tendrán una hibridación en América Latina con ideas cardenistas, castristas y de la teología de la liberación, entre otras. En la Argentina, algunas facciones del peronismo (proscripto durante dieciocho años, entre 1955 y 1973) comienzan a identificarse con movimientos de liberación nacional, entre ellos con el de la RPDC. Estos movimientos realizan interpretaciones diversas y muchas veces contrapuestas de textos y experiencias revolucionarias: en 1945 se abriría una etapa de convergencia entre intelectuales del marxismo y otros nativos, lo que dio lugar a lo que se denomina “la Izquierda Nacional” (Devoto y Pagano, 2009: 310).

En simultáneo y en sus primeros años de historia, la RPDC fue un país con una política exterior de gran aislamiento y un pívot de relaciones entre sus dos vecinos fuertes, la República Popular China y la URSS. Recién a partir de la década de 1960, con una nueva apertura, comienza a promover las relaciones con otros países en búsqueda de reconocimiento diplomático y luego de la Conferencia Intercontinental en la Habana en 1966 comienza a fomentar y formar a guerrillas en América Latina.

Para muchos de estos movimientos en América Latina, Ernesto “Che” Guevara fue el puntapié para buscar contactos y entrenamiento en aquella parte del mundo, al ser uno de los primeros latinoamericanos en visitar la RPDC en 1960 (Cumming [2004] y Guevara [2004]).

De los países socialistas que visitamos personalmente, Corea es uno de los más extraordinarios. Quizás es el que nos ha impresionado más de todos ellos. Tiene solamente diez millones de habitantes y tiene el tamaño de Cuba, poquito menos, unos ciento diez mil kilómetros cuadrados; la misma extensión territorial que la parte del sur de Corea, pero la mitad de habitantes. Fue asolado por una guerra tan fantásticamente destructiva que de sus ciudades no quedó nada; es como los pequeños poblados de guano que Merob Sosa y Sánchez Mosquera y esa gente quemaba aquí, y de los cuales no quedaban nada más que cenizas. Así quedó, por ejemplo, Pyongyang, que es una ciudad de un millón de habitantes. Hoy no se ve un solo resto de toda aquella destrucción; todo es nuevo. El único recuerdo que queda es, en todos los caminos los huecos de las bombas que caían unas al lado de otras […]. Ellos me mostraron muchas de las fábricas, todas ellas reconstruidas y otras hechas nuevas, y cada fábrica de esas había soportado entre 30 y 50 mil bombas. Si nosotros nos hacemos una idea de lo que eran 10 o 12 bombas tiradas alrededor nuestro en la Sierra, significaba un bombardeo terrible, y habría que tener una dosis de valor para aguantar esas bombas, imagínense lo que significan 30.000 bombas tiradas en un espacio de tierra a veces menor que una caballería […]. Corea del Norte salió de la guerra sin una fábrica en pie, sin una casa en pie, hasta sin animales […]. Corea del Norte podría ser para cualquiera aquí en Cuba, el símbolo de uno de los tantos países atrasados de Asia. Sin embargo, nosotros le vendemos un azúcar semielaborado como el azúcar crudo y otros productos aún sin elaborar, como es el henequén, y ellos nos venden tornos prensadores, toda clase de maquinaria, maquinaria de minas, es decir, de productos en que ya se necesita una alta capacidad técnica para producir. Por eso es uno de los países que más nos entusiasma (Guevara, 2004: 185-186).

Sin embargo, hubo otro argentino que tuvo también un fuerte contacto con el comunismo asiático, aunque pasó más inadvertido. El ministro Jorge Taiana, durante la entrevista que mantuvo con nosotros, mencionó el viaje a Pyongyang de José Luis Baxter, militante argentino del movimiento nacionalista Tacuara, que más tarde participaría del Partido Revolucionario del Trabajo de la mano de Mario Roberto Santucho y, posteriormente, integraría las filas del Ejército Revolucionario del ERP. En fuentes de la época consta su viaje en 1965 a la República Popular China, pero no hemos encontrado registro alguno de su paso por Pyongyang y es muy probable entonces que haya sido uno de los argentinos que visitó Pyongyang de forma clandestina. Baxter incluso luchó en Vietnam contra los norteamericanos y fue condecorado por el mismo Ho Chi Minh.

En la Argentina de finales de la década del 60 y comienzos del 70, como menciona Pineau durante la entrevista que nos brindó, “la violencia empieza a tomar lugar en la cabeza de los jóvenes […] hablar de la lucha armada comenzaba a ser un tema recurrente”. Comienzan décadas de militancia en los jóvenes de diversos estratos sociales, desde las clases bajas hasta las altas. Años después, uno de ellos fue Luis Mattini[9], exempleado metalúrgico y dirigente de la organización armada de izquierda Ejército Revolucionario del Pueblo. Desde los movimientos juveniles radicalizados la violencia política pasa a ser percibida como la partera de un nuevo orden político.

Mattini había solicitado entrenamiento de guerrilla a Cuba. Sin embargo, al reestablecer relaciones diplomáticas con la Argentina, y en un intento de evitar conflictos con el gobierno militar, el gobierno de La Habana le niega la petición. Su caso muestra las complejidades y diversidades de los partidos de izquierda ya que por su adscripción al trotskismo no lograron establecer relaciones con la mayoría de los países con gobiernos comunistas. A raíz de este hecho, buscó contactar al gobierno de Pyongyang a través de embajadas de países comunistas en Buenos Aires. Fue gracias a la amistad entre Roberto Guevara –hermano de Ernesto– y Kiva Lvovich Maidanik, del Instituto de Economía Mundial y Relaciones Exteriores de la Academia de Ciencias de Rusia, que consiguió una invitación a un seminario sobre las ideas Juche en Pyongyang. Si bien desconocía de qué se trataba[10], vio en ese viaje una oportunidad para solicitar entrenamiento de guerrilla. Es difícil cuantificar la cantidad de argentinos que ingresaron en la RPDC desde su fundación hasta la actualidad, sobre todo porque el mayor flujo fue a través de viajes realizados en el contexto de la clandestinidad, lo que hace que no haya registros oficiales.

Los viajes para entrenamiento de guerrilla fueron una forma limitada en cantidad de individuos, pero a través de la cual personas de origen argentino y brasilero ingresaron a la RPDC en las décadas de 1960 y 1970. En el contexto de falta de relaciones oficiales y gobiernos de facto, diversos grupos guerrilleros, como el ERP de la Argentina y la Ação Libertadora Nacional (ALN) y la Vanguarda Popular Revolucionária (VPR) de Brasil, realizaron viajes clandestinos en busca de entrenamiento para la guerrilla frente a gobiernos de facto en ambos países. Los medios oficiales mientras tanto tildaban a la RPDC de escuela guerrillera para grupos armados latinoamericanos.

Estos viajes están documentados en primera persona y narran cómo se viajaba desde la Argentina primero a Montevideo con la cédula de identidad y de allí partían a París (que durante muchos años fue la conexión obligada, con un único viaje semanal a la República Popular China) y de allí continuaban viaje a la RPDC. Era un viaje extenuante por la cantidad de paradas que existían en aquel entonces. Otros viajaban a través de la Unión Soviética.

Mattini recuerda la llegada al aeropuerto en Pyongyang. Los esperaban a él y a Roberto Guevara dos autos Mercedes Benz con dos intérpretes de español y una orquesta que les daba la bienvenida y sonaba en cada sitio oficial que visitaban (Lanare, 2021). Estos primeros encuentros producían un profundo extrañamiento en todo el grupo de latinoamericanos que visitaban la RPDC para el seminario de ideas Juche. La omnipresencia del líder Kim Il-Sung en cada espacio que visitaban y la jerarquía entre varones y mujeres son choques culturales que aparecen mencionados en esta entrevista y las de viajeros en las siguientes décadas que se relevaron para esta investigación. Llamaban la atención también en esos viajes la presencia de ciudadanos franceses haciendo comercio y traduciendo las obras de Kim Il-Sung. Si bien el contacto con el mundo exterior era limitado y restringido en función de los intereses del partido, existían ya puntos de contacto no solo con países de gobiernos comunistas.

El ERP, posterior a la experiencia en Monte Chingolo en diciembre de 1975, había evaluado la necesidad de fortalecerse en las tácticas y estrategias militares. A través de Mattini y Guevara, se impresionaron por la experiencia de la guerra de Corea. Especialmente del factor de la escasez que primó en esta guerra. En las entrevistas de Lanare, Mattini cuenta que “cada bala era un enemigo muerto, no había balas para gastar […] y cada combatiente era un jefe. Si caía uno, seguía el otro y así […]”. Se observaron entrenamientos usando ping-pong, artes marciales y práctica de tiro.

Una visión que prevalece entre visitantes con fines de entrenamiento de guerrilla, visitas políticas y muchos viajeros a la RPDC es la resistencia y fortaleza que Pyongyang ha demostrado frente a Estados Unidos, y la continuidad del régimen y el fanatismo hacia su líder. Para los movimientos de izquierda latinoamericanos las pruebas nucleares y las movilizaciones masivas son una forma de defensa del país ante el imperialismo de Washington. Uno de nuestros entrevistados lo expresó en estos términos: “Es una pequeña nación de 23 millones que ha logrado plantarse frente al mayor imperio del mundo, tiene autosuficiencia económica […]. ¿Si Corea lo ha logrado, por qué otras naciones tienen que depender a nivel militar de otros?”.

c) El XIII Festival Mundial de la Juventud y los Estudiantes

El Encuentro Mundial de la Juventud y Estudiantes es una actividad que se realiza cada cinco años; Pyongyang fue seleccionada por la Federación Mundial de la Juventud Democrática para ser sede del evento, que tendría lugar del 1 al 8 de julio de 1989. Podemos decir que fue un evento inusual en la historia de un país ermitaño y de estrictos controles de ingreso de turistas y extranjeros porque se trató del mayor evento internacional hasta la fecha realizado en la RPDC. Podemos agregar también que el Encuentro fue consecuencia de la frustración del presidente Kim por no haber podido compartir la sede de los Juegos Olímpicos con Seúl el año anterior, para lo cual habían invertido en varios edificios monumentales, incluyendo el Estadio Rungrado Primero de Mayo.

El evento se realizó en el contexto político previo a la caída del muro de Berlín y a tan solo un mes de lo que había sido el movimiento estudiantil de Tiananmen. Participaron 22.000 estudiantes y jóvenes de 177 países, entre los cuales la Argentina llevó una delegación de más de 90 personas[11]. La delegación argentina estaba compuesta por militantes de diversos partidos políticos, pero principalmente por miembros del Partido Comunista, periodistas, madres de Plaza de Mayo y artistas. Dentro de las personalidades más destacadas que integraban la delegación argentina se encontraban Hernán Lombardi (Unión Cívica Radical); Hebe de Bonafini (Madres de Plaza de Mayo); periodistas como Eduardo Aliverti, Marcelo Helfgot, Carlos Polimeni y Pablo Ciarliero y también músicos como Ignacio Copani y Juan Carlos Baglietto, entre muchos otros. Dentro de los participantes que se destacarían por la repecrusión que generaría su paso por Pyongyang estuvo José Luis García, quien en el año 2012 realizó el documental La chica del sur.

Al respecto del XIII Festival Mundial de la Juventud y los Estudiantes, el testimonio de Hernán Lombardi, en primera persona, es sumamente enriquecedor, y tuvimos la suerte de poder contar con ese material por medio de una entrevista que realizamos con él. A continuación, reproducimos algunos fragmentos de esta:

Cada país tenía una casa club donde desarrollamos las actividades culturales. La chica del sur[12] decía “¡Jung-gug nambu!” y los coreanos no lo podían creer, lloraban de la emoción […]. Los que más bancaban eran los jóvenes de la Juventud de la Alemania Federal. Sacando ellos, inclusive los comunistas, pensaban que todo era un delirio […]. Me citaron para decir unas palabras: va a mencionar la heroica lucha de los soldados surcoreanos por la reunificación de la Patria. Va a denunciar al camarilla Roh Tae-woo[13]. Arranca un comunista francés y dice exactamente eso, nos habían apretado a todos para que dijéramos todos lo mismo […]. Se hacía largo porque ellos no traducen lo que decías, sino que cuando mencionabas al líder decían el nombre completo (hombre de acero… sol que ilumina Corea desde su nacimiento) […]. Nos dábamos cuenta de que por algo tiene que estar cerrado, porque si la población tiene un mínimo contacto con el afuera no resiste el modelo. Es un sistema que no permite vínculos de los jóvenes norcoreanos porque las reacciones de ellos eran de shock. “¿Tienen autos?”, nos decían, era evidente que para mantener esa locura lo tienen que mantener cerrado. Por eso es un reino ermitaño, es una clara motivación política. No pueden exhibirlo, no por vergüenza, sino porque los tienen totalmente convencidos de un relato de niños […]. Algo que les pasa a muchos que vamos con mirada crítica, a los días es que es tanta la brecha y uno dice: “¿Y si fuera así?”. No es que lo pensás, pero en el horror hay algo, les pasa a todos […].

En entrevistas a diversos participantes del Encuentro emerge un patrón en la generación de inquietudes, interrogantes y hasta en la necesidad de comprender las particularidades del modelo norcoreano. En rigor, muchos militantes de partidos comunistas y de izquierda no se identificaban con la experiencia de la RPDC: veían una brecha con sus ideas y con su propia experiencia. Esto se marca aún más con el modelo cubano, pero la cuestión excede esta fase de la investigación, y será analizado en la siguiente.

d) Viajes políticos

A pesar de la ruptura de relaciones diplomáticas entre la Argentina y Pyongyang en 1977, se continuaron desarrollando viajes de funcionarios, legisladores, sindicalistas y escritores argentinos a la RPDC, invitados por el gobierno norcoreano especialmente en el marco de los seminarios de las ideas Juche. Hernán Lombardi nos mencionó los viajes a Pyongyang de Lorenzo Miguel, junto a otros compañeros sindicalistas peronistas. También mencionó el viaje de Oscar Laborde, exintendente del municipio de Avellaneda. Sin embargo, hay que destacar que no fue posible comprobar ninguno de estos viajes que comenta Lombardi a través de fuentes escritas o registros de prensa.

Taiana recuerda cómo en la década de 1980 hubo una nueva política de Corea del Norte hacia América Latina en la cual la idea Juche fue auspiciada sin que esto significara una relación oficial entre la RPDC y la izquierda peronista. Nos comentaba entonces durante la entrevista: “Recuerdo haber participado en reuniones latinoamericanas de izquierda donde algunos habían ido. Nos contaban: ‘El mes que viene voy a Pyongyang para tal reunión’. Gente de Perú, de Costa Rica. Había por ejemplo un costarricense que había visitado dos o tres veces la RPDC y era un auspiciador: ‘A vos no te interesaría…’”.

La Foto N.º 6 muestra cómo los Servicios de Inteligencia de la época hicieron eco del seminario sobre ideas Juche que tuvo lugar en la Universidad de Costa Rica y en el cual participaron como asistentes varios argentinos. La preocupación por la conexión con Pyongyang vía Costa Rica tenía una base empírica y no era una idea descabellada de los Servicios de Inteligencia.

Foto N.º 6: Telegrama de inteligencia enviado desde Costa Rica a la Argentina

Fuente: Menéndez, Agustín (17 de junio de 2017).

En años más recientes, se crea en la Argentina en el año 2012 una delegación oficial de la Asociación de Amistad con Corea, que no cuenta con una sede física. En el año 2018, Gonzalo Perilli fue enviado especial de la delegación argentina con motivo del festejo de los 70 años de la RPDC y dejó testimonio en el blog oficial de la Asociación.

El caso más interesante y de contacto que ha perdurado en el tiempo es el del escritor y periodista Jorge Luis Ubertalli. A comienzos de la década de 1980, residió por un período de cinco años en Nicaragua, donde condujo un programa en radio Noticias, de Managua. Además, como cuenta en su libro (Ubertalli, 2019), participó de la guerrilla y de la militancia internacionalista. Fue en esos años que comenzó una relación con diplomáticos de la Embajada de la RPDC en Managua y compartió discursos de Kim Il-Sung, canciones coreanas y testimonios de otros norcoreanos. La relación y los contactos perdurarían a lo largo de los años y con ocasión de un seminario en Buenos Aires unos años antes de su viaje, hospedó a dos diplomáticos norcoreanos en su domicilio, que luego fueron asignados a la embajada en Brasilia. En el año 2017, fue invitado por el gobierno de la RPDC al festival “Grandes Hombres del Monte Paektu”, donde, además de participar de actos y visitas en el país, se reencontró con estos diplomáticos, que lo visitarían a su vez en 2019 para la presentación de su libro sobre Corea en la Asociación de Trabajadores del Estado (ATE). Ellos fueron Ho Il y Jo Hun Il, miembros del Comité Coreano de Relaciones Culturales con el Extranjero. Fueron casos escasos en que, ante la ausencia de relaciones diplomáticas, hubo presencia de funcionarios norcoreanos en la Argentina.

e) Viajes por turismo

A partir del año 2010, el turismo se abrió en la RPDC a través de la frontera con la República Popular China, específicamente por la ciudad de Dandong. Este turismo se realiza a través de unas pocas agencias turísticas autorizadas por el gobierno de Pyongyang, y siempre en la modalidad grupal. Hasta enero de 2020, por el cierre de fronteras producto de la pandemia por COVID-19, varios viajeros de nacionalidad argentina ingresaron en viajes de entre cuatro y quince días de duración, que escribieron bitácoras de viajeros y libros en los que relataban sus experiencias (Conconi, 2014; Grieco, 2018; Ubertalli, 2019).

La escasez de información y de viajes hace que el destino despierte mucha curiosidad y se hayan creado muchos eventos de presentación de libros con amplia repercusión en la prensa argentina. Al respecto, es interesante el testimonio de Alejandra Conconi y las fotos que comparte con nosotros en este libro:

Viajé a través de una agencia de turismo china desde Dandong en abril y para mi sorpresa encontré en el tren a dos diplomáticos norcoreanos que hablaban excelente español y habían vivido en Cuba. Mencionaron conocer el potencial de agronegocios de Argentina y sus productos lácteos, además del fútbol. Yo me presenté pero ellos nunca me dijeron sus nombres ni parecían tener intención de compartir ese dato […]. En el vagón comedor la mayoría de las mesas estaban pobladas de soldados que tomaban la popular cerveza Quilmes de Argentina. A lo largo del viaje inclusive en la ciudad de Kaesong seguí viendo en algún restaurante y tienda productos argentinos, especialmente galletitas dulces de marcas muy reconocidas como Arcor y Bagley. Al regresar a China, donde estaba residiendo, supe al mes siguiente que un empresario vendía esos productos desde Beijing. En esos años comenzaba una apertura económica y de productos que se profundizará en el país […].

Foto N.° 7: De Dandong a Pyongyang

Fuente: foto tomada por Alejandra Conconi en abril de 2010.

Continúa Alejandra Conconi con su relato:

Teníamos restringida la posibilidad de contacto con ciudadanos comunes pero en una visita a una plaza pública pregunté a unas adolescentes si sabían hablar inglés y me respondieron con nerviosismo: “We learn english at school”; enseguida la conversación fue interrumpida por unos policías y seguí el trayecto del guía. Las conversaciones más largas pude tenerlas con nuestro guía turístico, un norcoreano que estudió lengua tailandesa y después inglés en la República Popular China y fue siempre muy paciente y atento al responder preguntas. Tenía curiosidad por la continuidad del patrimonio intangible y le pregunté por las Mudang[14] que están en el sur de la península, a lo que me respondió: “Qué suerte que se mantengan en el sur [de la península], acá no hay […]. El contingente con el que viajé era chino, excepto un compañero de la Universidad de Austria y yo, y algunos eran de la etnia coreana y hacían de intérpretes culturales de mucho de lo que veíamos y escuchábamos: “Es como volver a la Revolución Cultural para nosotros”, me comentó un señor de unos 65 años […]. Otra nota de color inesperada fue cuando sin mucha expectativa prendí la televisión en el cuarto del hotel y estaban transmitiendo un partido de fútbol de Argentina. Fueron pistas de contactos y nociones lejanas entre nuestros países.

Foto N.º 8: Transmisión de un partido de fútbol argentino (Independiente vs. Banfield) en el Hotel Internacional Yanggakdo

Fuente: foto tomada por Alejandra Conconi en abril de 2010.

Viajes que culminaron en libros son los dos viajes que realizó Jorge Luis Ubertalli –mencionado en la sección anterior– y el de Florencia Grieco, libros que circularon por espacios y medios de comunicación diversos. Grieco es politóloga y periodista, y publicó En Corea del Norte: viaje a la última dinastía comunista, un informe de su paso por la RPDC de estilo periodístico. Con la compilación de fotos de ambos viajes –realizados en los años 2015 y 2017– creó en 2022 la muestra fotográfica “Corea del Norte bajo la lupa” en el Centro Cultural San Martín, en la Ciudad de Buenos Aires. Este proyecto fue auspiciado por el CADAL, una ONG vinculada a la investigación sobre derechos humanos.

f) Viajes y contactos empresariales

Tenemos registro de escasos contactos empresariales entre la Argentina y la RPDC: consideramos que esto se explica principalmente por la ausencia de relaciones diplomáticas entre ambos gobiernos.

Lo que sí se constata con bastante sencillez es la triangulación vía un “socio chino”. El caso más representativo eran los productos argentinos que se comercializaban a través de Beijing por parte del propietario del restaurante Obelisco, el más antiguo e importante de comida argentina en la capital china. Varias fuentes consultadas –como por ejemplo el exembajador argentino en la República Popular China, Diego Guelar– sabían de este intercambio que un empresario de nacionalidad china (el Sr. Chang) realizaba en Corea. Así, en el tren que conecta la RPCh con la RPDC hay restaurantes y tiendas para ciudadanos de alto poder adquisitivo que comercializan productos argentinos como cervezas de marca Quilmes (ver Foto N.º 7), leche en polvo y otros productos lácteos y galletitas y golosinas.

Después de las graves hambrunas de la década del 90 las élites norcoreanas comprendieron la dependencia alimentaria que tenían con el exterior y comenzaron a tejer redes con socios chinos para garantizar el ingreso de suministros. El exencargado de negocios de Itamaraty en Pyongyang –el Sr. Cleiton Schenkel– nos contaba que la conocida “tienda argentina” que formaba parte de un centro comercial con productos importados que se comercializaban entre la pequeña comunidad de expatriados, diplomáticos y la élite local se discontinuó y estaba cerrada en el año 2016, cuando comenzó a residir en el país. La triangulación según Cao de Benós con China era para evitar sanciones por parte del gobierno de Pyongyang. Schenkel nos decía: “Existe una tienda argentina en Pyongyang. Fui (en 2016) pensando que iba a poder comprar carnes y vinos y es un resquicio de una relación antigua y se la designa hoy así aunque no tiene ya ningún producto argentino”.

Alejandro Cao de Benós mencionó también durante una entrevista que nos concedió en el marco de esta investigación que recibió un llamado de Franco Macri en el año 2015, poco tiempo antes de que su hijo asumiera como presidente de la República Argentina. Interesado en conocer oportunidades de negocios con la RPDC, especialmente vinculados a la fabricación de automóviles, le envío un catálogo de la historia familiar de las empresas del Grupo Macri. “Al comunicar esto a la Cancillería coreana me indicaron que estaban dispuestos a abrir una embajada en Buenos Aires y tener una embajada argentina en Pyongyang. Hay apertura total del lado coreano para la normalización de relaciones diplomáticas”.

Otro entrevistado –Conrado Conci, de la Asociación de Amistad con Corea en Argentina–nos mencionó que la entidad recibe consultas de empresas sobre todo del centro y norte del país interesadas tanto en vender sus productos en Pyongyang como también en realizar inversiones en el país. Un caso reciente fue una tabacalera que quería ofrecer habanos y tenía conocimiento del interés que existe en el país por este bien.

Otro contacto que recuerda Cao de Benós y nos comparte durante la entrevista fue en tiempos de la presidencia de Cristina Fernández de Kirchner. Recibió por aquel entonces consultas de la Administración Nacional de Administración Civil, que se mostró interesada en conocer el modelo norcoreano de desarrollo.

Por último, otro relato sobre contactos empresariales nos llega de la mano de Sergio Spadone, actual presidente de la Cámara de la Producción, la Industria y el Comercio Argentino China. Spadone compartió con nosotros que algunos empresarios llegan a la RPDC de la mano de un funcionario chino. En el año 2002 su padre, Carlos Spadone, empresario históricamente vinculado al peronismo y con negocios en China de larga data, fue invitado por un empresario chino a visitar Pyongyang y un desarrollo inmobiliario en la región de Sinuiju (신의주시) en la frontera con China, que constaba de viviendas familiares con huertos aledaños a cada parcela y hogar. Este empresario chino tenía además un cargo de funcionario asignado por el gobierno de Pyongyang.

El juego imposible entre Pyongyang y Buenos Aires

Con la vuelta a la democracia en la República Argentina en 1983 y la progresiva subordinación del poder militar al poder civil, la coyuntura interna del país fue mutando y generando mayores espacios de cooperación y diálogo internacional. El ministro Vlerk nos decía durante la entrevista:

Desde 1989 el gobierno de Pyongyang, a través de varias de sus embajadas y luego de 1991 también por medio de su representación en las Naciones Unidas, intentó iniciar conversaciones tendientes al restablecimiento de relaciones diplomáticas. En todos los casos estas gestiones no tuvieron eco favorable por parte de la Argentina, debido a la subsistencia de las diferencias […].

Las “diferencias” a las que se refiere la ministra son la forma en la que se produjo el retiro del personal diplomático norcoreano y la ausencia de resarcimiento económico para la familia propietaria del inmueble, sobre el que no solo se debe el pago de alquileres, sino, además, la reparación por los daños causados por el incendio premeditado.

Durante la primera presidencia de Carlos Saúl Menem, la Argentina apoyó el ingreso de ambas Coreas a las Naciones Unidas y los norcoreanos apoyaron la candidatura a los Juegos Olímpicos de la ciudad de Buenos Aires. Por aquel entonces, el embajador Nereo Meló Ferrer era director de la División de Asia y Oceanía en la Cancillería argentina y comentó públicamente en diferentes ocasiones que el gobierno había puesto tres requisitos para que pudiera tener lugar una normalización de las relaciones diplomáticas con Pyongyang: 1) una disculpa oficial al gobierno argentino por la forma en que se produjo el retiro del cuerpo diplomático norcoreano sin ningún tipo de comunicación oficial en 1977; 2) inicio de un “diálogo” con la familia propietaria del inmueble donde funcionaba la embajada norcoreana a efectos de alcanzar un acuerdo sobre indemnización y 3) Pyongyang también debería iniciar conversaciones con las empresas cerealeras argentinas con las cuales existe una deuda por incumplimiento de compras pactadas. Esos puntos están también en los estudios de Gonzalo Paz (2001) y Eduardo Oviedo (2007 y 2016).

Y aquí es donde se presenta el “juego imposible”. El gobierno de Pyongyang, a pesar de buscar abrir el diálogo con la Argentina, no acepta estos tres puntos. Al interpelar a Alejandro Cao de Benós sobre la posición norcoreana, y si acaso ellos tienen alguna condición sobre la normalización, la respuesta fue contundente: “No, los tenemos. Y precisamente por ello no vamos a aceptar ninguno”.

Pyongyang siempre se sintió más cómodo hablando con gobiernos peronistas. En rigor, un dato que no podemos obviar es que todos estos intentos de normalización (desde 1989 al presente y, si viajamos más atrás en el tiempo, el mismo establecimiento de relaciones diplomáticas) siempre se dieron en el contexto de gobiernos peronistas. Es interesante cómo Cao de Benós sostiene que hay un común denominador entre las ideas Juche y la noción de “soberanía económica nacional” del peronismo.

Justamente, al recoger un posicionamiento político distinto dentro de la élite política argentina vemos un distanciamiento muy importante respecto de la visión peronista. Según el exembajador Diego Guelar, la República Argentina no tiene relación con la RPDC por la falta de una política exterior de largo plazo como la que tienen vecinos o socios estratégicos en el MERCOSUR, Chile y Brasil, respectivamente. Guelar sostuvo entonces:

La RPDC está en el mapa chino y americano y, por lo tanto, nos importa. Una embajada nuestra en Pyongyang sería un gesto a China y un gesto en contra de Estados Unidos. Pero si no nos ocupamos de Mongolia[15], tampoco de Corea del Norte, sería un gasto geopolítico ridículo […].

En el mismo partido político, el exministro Hernán Lombardi manifestó que la RPDC no despierta entre los decisores políticos en la Argentina interés político ni comercial y, si bien no hay política de una sola Corea (como sí pasa con China), sería una fricción con Estados Unidos. Y dada la importancia que el partido del Pro otorga al vínculo con Washington, no tendría sentido.

En los años 90 la RPDC también intentó (sin éxito, por cierto) abrir una oficina comercial y cultural en Buenos Aires similar a la que tiene Taiwán. Ante la imposibilidad de avanzar en esa línea, lo que se decidió fue crear una institución que mantuviera un pie en el país y que permitiera promover la historia de la RPDC, reivindicar sus ideas Juche y promover empatía cultural, política e ideológica hacia el “reino ermitaño”: así se fundó la Asociación de Amigos de Corea.

La primera en su tipo se creó en el año 2000 de mano de Alejandro Cao de Benós en España. Estas asociaciones trabajan en conjunto con el Comité para las Relaciones Culturales con los Países Extranjeros de la RPDC. La Asociación de Amigos de Corea tiene miembros en más de 120 países y podemos entenderla como un instrumento de paradiplomacia de Pyongyang. La red se fue configurando por medio de delegaciones oficiales de la Asociación en diferentes países de América Latina; en la Argentina su actual delegado es Conrado Conci. Al entrevistar a Conci, una de las primeras cuestiones que conversamos fue acerca de la cantidad de miembros en la asociación y el tipo de actividades que desarrollan:

… somos 100 miembros pero solo diez activos, y el resto, receptores de información […]. Acá todo es a fuerza de voluntad de individuos porque no recibimos ningún fondo, la Asociación no cuenta hoy con un espacio físico para llevar a cabo ciertas actividades o financiamiento como quizás sí se realizan en otras latitudes donde sí hay una Oficina Comercial o una embajada […]. Los objetivos de nuestra Asociación son: a) mostrar la realidad de la RPDC; b) defender la independencia y la construcción socialista en la RPDC; c) aprender la cultura y la historia del pueblo coreano, y d) trabajar por la reunificación pacífica de Corea […].

Conci cuenta también que han sido contactados por empresas que tienen interés en comercializar y tener presencia en el mercado norcoreano, pero que al ser ellos una asociación y no una Oficina Comercial y Cultural no tienen muchas herramientas y que, en consecuencia, en la mayoría de los casos terminan poniéndolos en contacto con embajadas acreditadas en otros países de la región como Brasil, México y, hasta hace poco también, Perú[16].

Otro tema que aleja la posibilidad de normalizar relaciones diplomáticas es el programa de desarrollo nuclear norcoreano, iniciado a mediados de los años 80. La ministra Vlek, desde la División de Asia y Oceanía de la Cancillería argentina, es contundente con su comentario:

El gobierno argentino ha expresado en todas las ocasiones su condena a los ensayos nucleares y lanzamientos de misiles realizados por la República Popular Democrática de Corea, señalando que representan una amenaza para la seguridad internacional, y violan las resoluciones del Consejo de Seguridad, y amenazan la estabilidad en la península de Corea y de la región.

Continuando con la conversación que pudimos mantener con ella, lo interesante es que la Argentina no se queda en la mera condena, sino que ha prestado especial atención a la problemática nuclear en la península coreana; tanto es así que se incorporó en 1996 al grupo de países que integraron la Korean Energy Development Organization (KEDO). Un dato significativo es que la Argentina fue el primer país de América Latina en convertirse en miembro pleno de ese consorcio multilateral que buscaba proveer a Pyongyang de dos reactores de agua liviana y proporcionarle en el ínterin fuentes alternativas de energía, a fin de evitar que desarrolle un programa nuclear independiente. La Argentina, por medio de su misión permanente en las Naciones Unidas, formó parte del grupo de países que buscaban gestionar soluciones y evitar el desarrollo nuclear coreano hasta 2006, momento en el cual se desmanteló.

En 2003 Pyongyang denuncia el Tratado de No Proliferación y acelera su programa de desarrollo nuclear: esa fue la principal causa que generó la desarticulación del KEDO. Entre 2006 y 2017 llevó adelante seis ensayos nucleares, los cuales fueron correspondidos por diversas Resoluciones del Consejo de Seguridad de Naciones Unidas que condenan sus acciones e impusieron diferentes tipos de medidas punitorias a sus desarrollos nucleares y misilísticos. La Argentina siempre apoyó la condena multilateral y entiende que estas actitudes del gobierno de Pyongyang solo generan inestabilidad en la región del Este asiático. Vlek vuelve a destacar que

… la República Argentina ha condenado los distintos los ensayos nucleares y misilísticos norcoreanos por medio de comunicados de prensa, pidiendo que la RPDC cumpla con las Resoluciones del CSNU en la materia, las cuales exhortan a la RPDC a volver al TNP y al régimen de salvaguardias del OIEA, así como a abandonar todas las armas nucleares y los programas nucleares existentes de manera completa, verificable e irreversible, poniendo fin de inmediato a todas las actividades conexas, incluyendo lanzamientos con uso de tecnología de misiles balísticos y otros actos de provocación.

Para 2019, Kim Jong-un ya había demostrado al mundo que no solo contaba con la “bomba H”, sino que, además, sus científicos habían logrado la tecnología que permitía un alcance intercontinental: “Podría convertir a Hawai en un cráter submarino o destruir parte de la costa oeste de Estados Unidos” (Wizenberg y Varsavsky, 2016: 67). Pero en ese momento, el mundo fue testigo de una distensión en las relaciones intercoreanas como nunca antes; en pocos meses se desarrollaron tres cumbres entre Moo Jae-in y Kim Jong-un. Simultáneamente, también se desarrolló un acercamiento entre Washington y Pyongyang. Ese año Luciano Bolinaga visitó por tercera vez Seúl con motivo de su participación en un Programa del Ministerio de Unificación de la República de Corea, y durante su paso por Corea fue invitado a visitar la embajada argentina para conversar con el Sr. embajador Fernando Bascou. Valen la pena sus comentarios sobre la conversación que tuvo lugar en la embajada:

Terminaba de visitar el War Memorial y, aprovechando el paso por el barrio de Itaweon (donde se encuentra la base militar norteamericana y gran cantidad de embajadas), decidí aceptar la invitación a visitar la sede diplomática de mi país. Nos sentamos a conversar con el embajador Bascou en su despacho. Me contó su experiencia de vivir en Corea y yo compartí la mía de haber estado con una beca de investigación en el Institute for Far Eastern Studies (IFES) de la Kyungnam University y mi impresión de haber visitado un campo de refugiados norcoreanos tan solo el día anterior a nuestro encuentro […]. Lo que más me sorprendió de nuestro encuentro fue que me comentó un proyecto que estaban pensando en presentar en el Palacio San Martín para abrir una oficina comercial y cultural en Pyongyang. Confieso que mi sorpresa fue grande. Era la primera vez que escuchaba una iniciativa de acercamiento desde el lado argentino.

El acercamiento intercoreano y entre Washington y Pyongyang había generado una mayor permisibilidad internacional. En este caso, como ocurrió con China en los 70, establecer una oficina comercial o, incluso, normalizar relaciones diplomáticas con Pyongyang no tendría un costo político para la Argentina en términos de la relación con la Casa Blanca. No obstante, el proyecto nunca prosperó y quedó (en el mejor de los casos) guardado en el cajón de algún escritorio en la Embajada de la Argentina en Seúl. La relación entre Washington y Pyongyang volvió a descarrilar y con eso las relaciones intercoreanas volvieron a congelarse. Con la pandemia mundial por COVID-19 Pyongyang cerró sus fronteras y el “reino ermitaño” se volvió aún más eremita. Bolinaga tuvo oportunidad de conversar nuevamente en el año 2020 con el embajador Bascou y este le confirmó que la geopolítica había cambiado, que la pandemia había generado nuevas prioridades y que, en consecuencia, nunca avanzó aquel proyecto de abrir una oficina comercial y cultural en Pyongyang.

Finalmente, para cerrar esta sección, es necesario realizar una valoración de la comunidad coreana en la Argentina y su influencia en la orientación externa del país. En la Argentina, la comunidad coreana es mayormente –si acaso no absolutamente– surcoreana y anticomunista. En contraste, la RPDC no tiene una comunidad de migrantes que presione para la normalización de las relaciones. Conrado Conci –de la Asociación de Amistad con Corea– nos expresó durante la entrevista cómo en conversaciones informales con migrantes coreanos en la Argentina estos se mostraban abiertamente contrarios a la normalización de relaciones diplomáticas con Pyongyang.

En el año 2004 se fundó la Asociación Argentina de Estudios Coreanos con el objetivo de sistematizar y producir conocimiento sobre la problemática en la península coreana, que contribuya a pensar políticas de vinculación desde la Argentina con esa parte del mundo, como así también a pensar y reflexionar acerca de la unificación de la nación coreana. Está integrada por las principales casas de estudio del país y en su seno se han organizado al presente doce congresos nacionales de estudios coreanos, pero lo más interesante es la cantidad de recursos humanos que se han formado gracias a las becas y programas de investigación del gobierno de la República de Corea. Cabe destacar la independencia que posee la Asociación para llevar adelante sus actividades e investigaciones, que convoca académicos nacionales y extranjeros. Esta particularidad del desarrollo de los estudios coreanos en la Argentina es de una tremenda singularidad que no se constata en ningún otro país de la región.

En la actualidad, más allá de que no parece haber voluntad política en la élite argentina –con independencia del signo político del gobierno de turno– tampoco hay margen internacional para hacerlo. Las relaciones intercoreanas continúan en un nuevo impasse, China no parece ser un actor que genere presión para normalizar las relaciones entre Pyongyang y Buenos Aires y, ciertamente, la ambivalencia del actual gobierno de Alberto Fernández ante la invasión de Rusia a Ucrania no dan margen para un viraje político en la orientación hacia la península coreana. En suma, en el corto y mediano plazo todo indica que la orientación externa argentina hacia esa región del mundo no retomará el doble reconocimiento, sino que continuará centrada en el vínculo con la República de Corea.

¿Cómo perciben a la República Argentina las élites norcoreanas?

No es una tarea sencilla reconstruir el conocimiento y percepción también parcial que tienen las élites norcoreanas sobre la República Argentina. En este sentido, la pandemia de COVID-19 truncó la posibilidad de que el equipo de investigación pudiera visitar Pyongyang y así desarrollar parte del estudio de campo in situ.

La Argentina, ubicada en las antípodas, prácticamente no es mencionada en medios de comunicación oficiales, y las únicas menciones son vinculadas a deportes y a noticias de la evolución del COVID-19. Hace unos años atrás también se mencionaba nuestra participación en la Korean Peninsula Energy Development Organization. Las noticias son escuetas, sin desarrollo ni notas de color, y raramente mencionan protagonistas, sino que se refieren al país como una categoría general. Por tanto, el conocimiento que tienen de nosotros y de la Argentina es fragmentado y escaso en las élites y la población en general.

Es importante, sin embargo, mencionar que quienes realizaron el primer viaje oficial en 1973 dejaron en escasos documentos la sorpresa que tuvieron al ver el conocimiento que tenían funcionarios de la RPDC sobre el Partido Justicialista y de nuestro país. Una amplia comitiva norcoreana con decenas de participantes visitó nuestro país en 1975 y fue evidente la investigación previa que habían realizado. La jefa de Estado, Isabel Estela de Perón, recibió una carta del presidente Kim Il-Sung, y la delegación de niños cantores entonaron la marcha peronista[17]. Nuevamente se manifiesta la idea de que el gobierno de Pyongyang se identifica y se siente más cómodo con los gobierno peronistas por “sostener los mismos principios de soberanía nacional”, en palabras de Cao de Benós. Pero la pregunta clave a casi 50 años de aquel encuentro es: ¿cuánto saben hoy de la Argentina? Y podríamos formular otro interrogante más: ¿hay alguna identificación con el kirchnerismo como otrora la hubo con el peronismo?

Existen en la RPDC instituciones claves para el relacionamiento, difusión e investigación sobre América Latina. Además de las embajadas en la región, está el Comité de Asuntos Culturales con los Países Extranjeros (대외문화련락위원회) y su departamento para América Latina que, emulando la institución que tenía la desaparecida Unión Soviética, compila, investiga y mantiene contactos con nuestra región.

En la percepción norcoreana acerca de nuestro país está presente la capacidad productiva, ganadera y agrícola. Para Cao de Benós las relaciones comerciales entre ambos países pueden ser complementarias y la Argentina podría ser un importante proveedor de granos y alimentos. El tango, por una cuestión cultural, no ha trascendido en la RPDC como sí lo ha hecho en otros países de Asia. Su erotismo y sensualidad despiertan rechazo en la sociedad norcoreana. Pero si acaso hay algo que sí es admirado de nuestro país es el fútbol: la mítica leyenda de Diego Maradona y la de Leonel Messi han llegado incluso al “reino ermitaño”.


  1. El Comunicado Conjunto de 1972 fue el primer acercamiento entre la República de Corea y la República Popular Democrática de Corea. Aunque fue una declaración muy vaga, tuvo la importancia de sentar tres principios sobre la cuestión coreana: a) la reunificación es un asunto exclusivo de Corea y solo se alcanzará por medio pacíficos; b) ambas partes se comprometen a no calumniar ni difamarse mutuamente y a evitar acciones militares provocativa y c) a efectos de restaurar los lazos nacionales rotos y promover el entendimiento mutuo las dos partes han acordado llevar a cabo numerosos intercambios en varios campos.
  2. Casada con Daniel Vaca Narvaja, tío de Sabino Vaca Narvaja, el actual embajador argentino acreditado ante la embajada en la República Popular China.
  3. El movimiento Montoneros, a través de la publicación El Descamisado, pedía el establecimiento de las relaciones diplomáticas en esos años.
  4. Agradecemos al Mag. Francisco Taiana por compartir los registros de una entrevista realizada a la Sra. Gloria Bidegain sobre su participación en el viaje oficial a la RPCh y la RPDC.
  5. El Descamisado, N.º 7, 3 de julio de 1973, Buenos Aires, págs. 20 y 21.
  6. Hay varios registros orales de invitación a legisladores, funcionarios públicos y sindicalistas, pero son difíciles de comprobar a través de registros de la época.
  7. Nombre con el que era conocido un partido comunista fundado en el año 1965.
  8. Todos estos políticos mencionados fueron miembros del Partido Socialista de Argentina: Nicolás Repetto (1871-1965); Alicia Moreau de Justo (1885-1986), una médica y feminista, y Alfredo Palacios (1880-1965).
  9. Nacido como Juan Arnol Kremer Balugano.
  10. Agradecemos al Lic. Luciano Lanare por compartir sus registros de entrevistas a Luis Mattini.
  11. Según entrevistados como Hernán Lombardi, la delegación tuvo alrededor de 120 participantes.
  12. Apodo con el que trascendió en ese Festival la única participante de la República de Corea, Lim Su-kyung (en coreano, 임수경), que violó las leyes de su país para viajar a Pyongyang. José Luis García filmaría algunos de sus discursos y crearía décadas más tarde el documental argentino La chica del sur.
  13. En ese momento era presidente de la República de Corea.
  14. Chamana coreana.
  15. Al momento de la entrevista, a mediados del año 2021, la Argentina no tenía embajada en la República de Mongolia. Recientemente fue anunciado que tendrá una concurrencia a través de la embajada argentina en la República Popular China.
  16. Conrado explica que la Oficina Comercial en Perú prácticamente ha sido diezmada y que su nivel de actividad es mínimo, y sostiene que una de las principales causas es la presión que Washington ejerce sobre el gobierno de Lima.
  17. La marcha peronista es la principal marcha partidaria del Partido Justicialista o peronismo y se grabó por primera vez en 1949. Imágenes de ese momento pueden verse en el siguiente video: https://bit.ly/3tj6wXq.


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