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1 Nociones conceptuales,
teóricas y metodológicas para las relaciones entre América Latina y el Caribe con la República Popular Democrática de Corea

La “cuestión coreana” y el “conflicto coreano”

Desde la especificidad de las relaciones internacionales y la ciencia política la diferenciación de estos dos conceptos nos permite dar cuenta de la naturaleza que rige en la península coreana. Abordaremos cada uno por separado, pero dejemos en claro aquí y de forma sintética y clara la diferencia. Mientras que la cuestión coreana refiere a la partición de la nación coreana en dos Estados en 1948, el conflicto coreano remite específicamente al enfrentamiento armado entre ambas Coreas, que tuvo lugar entre 1950 y 1953, y que al día de hoy aún carece de un tratado de paz.

La partición del Estado coreano tiene su génesis primero en la colonización japonesa, que dinamitó la autonomía política de la nación coreana y, posteriormente, en la lógica de la Guerra Fría. Al respecto, Sung Chul Yang escribió: “No division of a nation in the wake of World War II is so arbitrary, abnormal and artificial as the division of Korea” (2019: 149). El epicentro de la discusión política que originó esta situación se gestó en la Conferencia de Yalta, en febrero de 1945, cuando Stalin y Roosevelt acordaron que las tropas japonesas al norte del paralelo 38 se rindieran al ejército soviético, mientras que al sur lo harían las fuerzas militares norteamericanas.

El nacionalismo coreano se forjó a golpes, como las espadas. Concordando con Yang (2019), el sentimiento nacionalista coreano fue desarrollándose durante más de un milenio a la luz de las invasiones chinas y japonesas que hasta explican la pérdida de territorios coreanos en la región de Manchuria durante el reino de Goryeo. Más cerca en el tiempo, el colonialismo japonés terminó de forjar el espíritu nacionalista coreano. Incluso estando dividida la nación, la memoria de las luchas y las invasiones está plasmada en el himno nacional de cada país. El himno nacional de la RPCD dice: “El pueblo, con la misma voluntad, en dura lucha te puso en pie […]”, mientras que el himno nacional de la República de Corea sostiene: “Hasta que el Mar del Este se seque y el monte Baekdu se desgaste. Que Dios nos guarde, que viva Corea. Como un pino del monte Nam. Resistiendo tormentas y heladas, que así sea nuestro espíritu […]”. Tanto en el norte como en el sur, el himno recibe la misma denominación: aegukga (‘canción patriótica’). En Seúl, en el barrio de Itaewon uno puede recorrer el Museo de la Guerra, donde se han registrado en detalle los combates y las invasiones que Corea ha sufrido a lo largo de su historia.

El colonialismo japonés tuvo un breve periodo informal que se desarrolló desde 1894 hasta 1911. Japón había atravesado una modernización económica, política, social y cultural que le permitió ponerse de pie entre las potencias mundiales de la época. Primero derrotó al Imperio chino en 1894 y logró derechos sobre la isla de Formosa, sobre Puerto Arturo y en la región de Manchuria. Y si bien Rusia protestó y limitó esas concesiones, en 1904 Japón tomó revancha. Primero, Japón firmó una alianza con Gran Bretaña en 1902 que garantiza la neutralidad en caso de conflicto con Rusia, y en 1904 vence al Imperio ruso y afianzó toda su presencia en la región y, particularmente, en la península coreana. En 1905 Japón impone al Imperio de Corea el Tratado de Eulsa y establece un protectorado sobre toda la península. En 1910, un nuevo tratado permitió la anexión de Corea, iniciando así el periodo colonial en sentido formal.

Las empresas japonesas buscaban en Corea los recursos naturales necesarios para la industrialización. Ya desde antes de la anexión los zaibatzus (grupos empresariales familiares japoneses), se habían expandido en Corea Mitsubishi, Sumimoto y Daiichi Ginko, entre otras (Cumings, 2004: 137). La lógica empresarial de esos grupos sería la base para la formación y desarrollo de los chaebols en la segunda mitad del siglo xxi, y nacieron así las grandes empresas coreanas como Samsung, LG y Hyundai, entre otras.

La pérdida de autonomía política, la imposibilidad de comercializar directamente en el mercado internacional, la explotación de recursos naturales al servicio del interés nacional japonés, las leyes coloniales que cercenaban las expresiones culturales nacionales y, luego, la utilización de armas químicas y la explotación sexual de las mujeres coreanas fueron los factores claves para que ese nacionalismo coreano terminara de forjarse.

En rigor, el nacionalismo coreano no puede entenderse como un movimiento político e ideológicamente homogéneo, sino que tomó dos direcciones diferentes: los nacionalistas y los comunistas (Yang, 2019: 124-125). En 1918 se fundó el Partido Socialista Popular y ya en 1919 –como consecuencia del Movimiento del Primero de Mayo– se formó el Gobierno Provisional Coreano, con sede en Shanghai y, posteriormente, en Vladivostok. En 1922, se fundó en Corea el Partido Comunista Coreano. Este gobierno provisional fue el que gestó y coordinó la resistencia militar contra la ocupación japonesa y, posteriormente, formó en 1940 el Ejército de Liberación de Corea. No obstante, justamente, por ser ideológicamente comunista el gobierno en el exilio no sería reconocido por Estados Unidos: “[…] los estadounidenses no devolverían Corea a los coreanos, y por eso siguieron adelante con la acción positiva necesaria de crear una Corea del Sur anticomunista” (Cumings, 2004: 220).

De modo que las posiciones políticas divergentes quedarían más acentuadas con la victoria de los soviéticos y norteamericanos sobre el Imperio japonés. Porque eso también contribuye a entender la fragmentación política de la nación. En otras palabras, la nación coreana no derrotó a los japoneses y los expulsó de la península: fueron las acciones militares soviéticas y las bombas atómicas que Washington lanzó sobre Japón las que precipitaron la rendición incondicional del Imperio japonés. Esta posición queda retratada en la obra clásica sobre la historia moderna de Corea de Bruce Cumings: “Corea escapó al dominio japonés solo en 1945 cuando Japón yacía postrado bajo el asalto estadounidense y ruso que llevó al fin de la Segunda Guerra Mundial” (Cumings, 2004: 163).

La falta de homogeneidad en el interior del nacionalismo coreano hacía difícil consensuar un rumbo político y eso fue acentuándose con el tiempo. La lucha contra el invasor japonés adoptó dos niveles: uno diplomático y otro propio de la lucha de guerrillas. Dentro de la corriente nacionalista, Syngman Rhee se convirtió en el máximo representante e incluso fue electo primer presidente del gobierno en el exilio en Shanghai. Rhee se había formado académicamente en Estados Unidos (George Washington University, Harvard y Princeton fueron sus casas de estudio) y eso lo acercó a políticos influyentes como el propio presidente Woodrow Willson. Rhee, al igual que sus colegas nacionalistas, estaba convencido de que el camino por seguir era la vía diplomática. Desde el ala del nacionalismo comunista, el combate y la táctica de guerrilla eran concebidos como el único camino por seguir. Con la política expansionista de Japón, manifestada en la creación de Manchukuo en la provincia china de Manchuria, la acción guerrillera en la península de Corea tomó mayor fuerza. El nacionalismo chino y coreano se nutren de la lucha contra el enemigo común: Japón. Esa tendencia se profundizó aún más cuando Japón decide en 1937 pasar a una invasión general de China y del Sudeste Asiático: el evento que marcó el cambio en la estrategia japonesa fue la invasión a la ciudad de Nanjing. En esa coyuntura, Cumings (2004) sostiene que hubo en la península coreana más de 200.000 guerrilleros –escasamente conectados entre sí–, muchas sociedades secretas y grupos de bandidos. En ese entorno es que surgió el liderazgo político de Kim Il-Sung.

El origen social de Kim Il-Sung fue muy distinto al de Sygman Rhee. Nació en una granja cerca de Pyongyang en 1912 y durante los años 20 su familia migró hacia Manchuria por la opresión japonesa. Ciertamente, el destino estaba empecinado en que Kim forjara su carácter con base en el odio por el expansionismo japonés, y eso se confirmó cuando Japón invadió Manchuria en 1932. Algunos autores, como Cumings, sostienen que no es casual que se haya creado el Manchunguo el 1 de marzo de 1932, sino que se tomó esa fecha para molestar a los coreanos. Kim Il-Sung primero se unió a la Asociación Juvenil Comunista en 1929 y su actividad subversiva hizo que fuera expulsado del colegio. En 1931 se unió formalmente al Partido Comunista de Corea y lideró la Unidad Coreana del Ejército Rojo. A diferencia de Rhee, no tuvo ni formación académica ni cristiana, sino militar, en la Unión Soviética. Mientras que Rhee buscaba una salida diplomática para liberar a Corea del colonialismo japonés, Kim abrazó la revolución comunista en China, entendiendo que su éxito permitiría construir una fuerza militar suficiente para expulsar a los invasores japoneses (Cumings, 2004: 173). Kim no solo participó de la Expedición al Norte sino incluso de la “Gran Marcha” en la década del 30. Kim Il-Sung se convirtió en el azote de los japoneses, quienes temían tanto a su acción y liderazgo que consideraron necesario crear una unidad militar contrainsurgente para perseguirlo y atraparlo. Kim se convirtió en un héroe para la mayoría de los coreanos por su ferviente combate del invasor japonés y eso lo catapultó como un líder político a la hora de pensar el Estado coreano tras la ocupación de Japón.

Los diez años que transcurren entre 1943 y 1953 son fundamentales para comprender la división de la nación coreana en dos Estados enemistados y enfrentados. No hay un factor histórico, cultural o social para la partición de la nación. Japón fue el Estado agresor, y, a diferencia de Alemania, no sufrió división; en palabras de Cumings, fueron China, Vietnam y Corea los que quedaron divididos tras la Segunda Guerra Mundial. En rigor, no hallamos tampoco una causa interna. Podemos considerar como antecedentes la propuesta del príncipe Yamagata a los rusos en 1896, o la propuesta de Rusia a Japón en 1903. La primera proponía como línea divisoria el paralelo 38; la segunda, el paralelo 39. No obstante, ninguna se concretó. Todos los caminos para explicar la división de la nación coreana conducen a la tensión política e ideológica entre Estados Unidos y la Unión Soviética. La salida de Japón como poder colonial de la península coreana fue casi sincronizada con la rivalidad de esas dos nuevas grandes potencias. Incluso podría decirse que el primer lugar en el mundo donde se sintió la Guerra Fría fue en la península coreana. Y sin riesgo a equivocarnos también podríamos decir que hoy continúa siendo el último vestigio de la Guerra Fría en el mundo.

Durante la Conferencia de El Cairo de noviembre de 1943 se acordó que las hostilidades se mantendrían hasta que Japón se rindiera y que Corea debía recuperar su independencia. Por su parte, la Conferencia de Teherán de diciembre de 1943 reafirmó el compromiso de liberar a Corea y el resto de los territorios ocupados por Japón. Pero no había ninguna propuesta concreta acerca de la península coreana. Ya en la Conferencia de Yalta, en febrero de 1945, los tres grandes acordaron los ejes centrales de la estructura del mundo, y la cláusula secreta de Yalta generó la división de hecho en la península. Según lo pactado, la Unión Soviética declara la guerra al Imperio de Japón una vez derrotada Alemania y –esta es la cuestión central– las tropas japonesas al norte del paralelo 38 se rindieron al Ejército Rojo, mientras que las que estaban al sur lo harían a Estados Unidos y sus aliados. Esa división geopolítica configuró al mismo tiempo dos zonas de influencia en la península coreana. Kim Il-Sung regresó a Corea de mano del Ejército Rojo; en ese momento tenía 33 años y representaba la facción más reaccionaria del nacionalismo coreano: los comunistas. Por su parte, Sygman Rhee consolidaba su imagen y su influencia en el sur, de la mano de Estados Unidos. En efecto, un dato no menor es que regresó a Seúl en el avión personal del general MacArthur.

Tanto en la Conferencia de Yalta como en las dos conferencias posteriores, celebradas en Postdam (julio de 1945) y Moscú (diciembre de 1945), quedaba en evidencia que ninguna de las dos potencias se beneficiaría con la independencia de Corea y por eso dilataban la cuestión en el tiempo. Como tiempo atrás el primer ministro Hara Kei supo argumentar con motivo del movimiento del 1 de mayo de 1919, la independencia de Corea vendría “a su debido tiempo” (Cumings, 2004: 208). La Casa Blanca veía en una Corea libre la alta posibilidad de un terreno fértil para la formación de un gobierno comunista y no se quedó de brazos cruzados.

Si bien desde la diplomacia (sobre todo en el plano multilateral) y su discurso pacifista Estados Unidos abogaba por una Corea independiente, desde la praxis política se verificó todo lo contrario. El general John Hodge fue designado como gobernador militar por el Gobierno Militar Armado de Estados Unidos en Corea, y cumplió funciones entre septiembre de 1945 y agosto de 1948. Llegó a Seúl con claras instrucciones del general MacArthur de alentar la formación de un gobierno favorable a los intereses de Washington y promover la propaganda anticomunista. Hodge lideró la operación “Cuarenta Listas Negras”, que garantizó la presencia norteamericana al sur del paralelo 38. Más aún, Hodge fue quien presentó al público coreano, cuenta Cumings (2004), al doctor Sygman Rhee.

En octubre de 1945 ambos comandos militares (norteamericano y soviético) desarrollaron un acto en conjunto para celebrar el regreso de Sygman Rhee y Kim Il-Sung. Pero, claramente, cada parte apoyaba a su candidato. Rhee, autorizado por Hodge, desplegó un fuerte discurso anticomunista. Mientras tanto, los oficiales soviéticos presentaban a Kim como un héroe de la lucha contra el invasor japonés.

En diciembre de 1945, en la Conferencia de Moscú, tanto soviéticos como norteamericanos concordaron en la necesidad de establecer una Comisión Conjunta para hacer recomendaciones en el proceso de formación de un gobierno libre en Corea e incluso se pensó en una administración conjunta de los poderes vencedores por un periodo de cinco años. Pero una vez más, era Japón y no Corea el país vencido. A todas luces, la contraposición de intereses geopolíticos y la confrontación ideológica entre soviéticos y norteamericanos truncaron la independencia coreana.

Estados Unidos decidió llevar la cuestión coreana en 1947 al seno de la nueva organización internacional para discutir su devenir. En las Naciones Unidas se constituyó una Comisión Temporal que, luego de examinar la cuestión in situ, determinó que la propaganda política al norte y al sur del paralelo 38 hacía improbable la unificación del país en un solo Estado que representara a la nación coreana. Pero, por supuesto, la rivalidad entre las dos potencias también se reeditó en el interior de la organización internacional. Mientras Washington promovía el accionar de la Comisión y alentaba el llamado a elecciones libres y democráticas, Moscú boicoteaba su actividad porque entendía que esta solo garantizaba los intereses norteamericanos. De cualquier manera, la división de la península terminaría siendo impuesta al pueblo coreano, dice Sung (2019).

En 1948 se inició, de la mano de las Naciones Unidas, el proceso electoral que tendría lugar en mayo de ese año, pero norcoreanos y soviéticos se opusieron a participar, por lo que se decidió finalmente que las elecciones solo tendrían lugar al sur del paralelo 38 (Zorgbibes, 1997: 173). Esto no solo coronaba el éxito de la política norteamericana desarrollada bajo el liderazgo de Hodge, sino que, además, anunciaba la victoria inexorable de Sygman Rhee. Sencillamente no había oposición política que le hiciera frente. Así, las manifestaciones en contra de las elecciones separadas en el continente fueron fuertemente reprimidas por la policía de Seúl. Las rebeliones de Cheju y Yosu fueron las más significativas de esa tendencia a reprimir toda expresión en contra de las elecciones separadas.

La República de Corea fue proclamada formalmente el 15 de agosto de 1948 y Syngman Rhee se convirtió en su primer presidente. Simultáneamente, se organizaron asambleas populares en el norte, las cuales proclamaron el 9 de septiembre la República Popular Democrática de Corea, bajo el mando político de Kim Il-Sung, primero como primer ministro hasta 1972 y desde entonces hasta su fallecimiento como presidente según la constitución que se sancionó ese año. Mientras Estados Unidos y las Naciones Unidas reconocen solo al gobierno de Seúl, la Unión Soviética y las repúblicas socialistas hacen lo mismo con el gobierno de Pyongyang. En diciembre de ese mismo año, Moscú retira al Ejército Rojo del territorio norcoreano; Washington retiraría sus tropas en junio de 1949. Lo que se había configurado en la península coreana no tenía precedente alguno en la historia. Las agresiones siempre vinieron de potencias extranjeras, China y Japón principalmente. Ahora se asistía a un enfrentamiento entre coreanos. Desde mayo de 1949 hasta diciembre de 1950, se desató una guerra de guerrillas y fuertes combates a lo largo del paralelo 38.

Charles Zorgbibes (1997) sostiene que historiadores revisionistas norteamericanos han intentado atribuir a su país la responsabilidad del conflicto. Por su parte, Cumings (2004) sostiene que la guerra civil no podría haber tenido lugar si no hubiera sido por la división política que se gestó en 1945. Y si bien encontramos la referencia a “guerra civil” también en la obra clásica de MacNair y Lach (1975), en rigor, bajo la óptica de la teoría política y de las relaciones internacionales no estamos en presencia de una guerra civil (fronteras adentro), sino de un enfrentamiento entre dos Estados constituidos. Si bien no hubo una declaración formal de guerra, las acciones beligerantes se remontan al 25 de junio de 1950, momento en el cual las tropas norcoreanas cruzan el paralelo 38. Se trató de una ofensiva militar general en la que participaron las divisiones 1.º, 2.º, 3.º, 4.º, 5.º, 6.º, 12.º y la 105.º del Ejército Popular de Corea del Norte bajo lo que se conoció como “Operación Tormenta” (Lee, 2015). Tras la caída de los puestos militares de Ongjin y de la antigua capital de Kaesong, Seúl solo estaba a 33 kilómetros. Para el 28 de junio de 1950 cae la capital surcoreana bajo el poder militar de la RPDC.

El conflicto coreano fue el ámbito donde por primera vez se enfrentaron las superpotencias. Sin embargo, Kissinger (1994) afirma que la política norteamericana de posguerra simplemente no había previsto este tipo de agresión. Tanto la doctrina Truman como la entrevista publicada por The New York Times en 1949 al general MacArthur habían colocado abiertamente a Corea fuera del perímetro de defensa norteamericano que iba desde Filipinas, pasando hasta el archipiélago de las Ryukyu, incluyendo a la isla de Okinawa (bastión norteamericano en la región) hasta Japón propiamente dicho y la cadena de islas Aleutianas hasta Alaska. Por un lado, el 1 de octubre de 1949 Mao Tse-Tung proclamó la República Popular China y eso encendió una alarma roja en la Casa Blanca. Por otro lado, en junio de 1950 Kim Il-Sung lanzó la ofensiva militar sobre el territorio surcoreano y proyectaba una Corea unificada y socialista. Washington no estaba dispuesto a aceptarlo y su política de contención en el Asia del Este se orientó a sostener tres frentes: los nacionalistas en Taiwán; había que firmar la paz con Japón, terminar la ocupación y cimentar lo que sería la alianza clave de Estados Unidos en el Pacífico y, por supuesto, había que restablecer las fronteras en la península coreana y la autoridad del gobierno de Seúl.

El general MacArthur fue quien lideró la ofensiva militar, por medio de dos frentes de batalla. Las tropas militares aliadas de las Naciones Unidas, bajo el liderazgo de Estados Unidos, desembarcaron en Incheon el 15 de septiembre: de esa forma se cortó el suministro de las tropas norcoreanas, las cuales cayeron rápidamente. Para finales del mes, las tropas lideradas por MacArthur habían recuperado el territorio surcoreano y se disponían a cruzar el paralelo 38 y avanzar sobre el territorio norcoreano.

El primer gran logro de Estados Unidos fue la multilateralización del conflicto, lo que aconteció antes de la ofensiva de MacArthur. Washington presentó la agresión norcoreana en el Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas y el órgano reconoció ese mismo 25 de junio la “agresión”. Esto sucedió gracias a un tecnicismo y un error histórico de la Unión Soviética. Los soviéticos estaban ausentes en el Consejo de Seguridad como una forma de reclamo y protesta por la incorporación de la China comunista a la organización, la cual continuaba albergando a la China nacionalista, de modo que la ausencia no implicaba “veto”. Tan pronto como ocurrió esto Moscú retomó su lugar en el Consejo de Seguridad y comenzó a vetar todas las resoluciones; no obstante, la agresión ya había sido reconocida y eso coronó la victoria diplomática de Washington. La ONU reconoció la ruptura de la paz, exhortó a Pyongyang a retirar sus fuerzas militares más allá del paralelo 38, solicitó a los miembros de la organización asistencia para el cumplimiento de la organización y la abstención de apoyar a las autoridades norcoreanas.

Aquí también es necesario reconocer la importancia del conflicto intercoreano para la evolución de las Naciones Unidas. Era la primera vez que la organización intervenía en un conflicto armado entre dos países que no eran Estados miembros de esta. Moscú estaba en un gran dilema, porque la agresión había sido reconocida. Y a eso se sumó también el accionar de la Asamblea General de la organización, que quedó plasmado en la famosa Resolución 377, también conocida como “Unión Pro Paz”.

La génesis de la Resolución 377 fue la parálisis institucional del Consejo de Seguridad por el veto sistemático de algunos de sus miembros permanentes, en este caso en particular de la Unión Soviética. De frente al conflicto armado de Corea la Asamblea General resolvió el 3 de noviembre de 1950 aprobar dicha resolución por 52 votos a favor, 5 en contra y 2 abstenciones (una de ellas fue de la Argentina). ¿Qué establecía la Resolución 377? Que por falta de unanimidad entre sus miembros el Consejo de Seguridad dejaría de cumplir su principal actividad –el mantenimiento de la paz– cuando se corroborara una agresión, una amenaza a la seguridad o un quebrantamiento de la paz, y la Asamblea General examinaría inmediatamente el asunto con el fin de realizar recomendaciones a sus miembros, inclusive pudiendo hacer uso de la fuerza a fin de restaurar la paz y la seguridad internacional. También favoreció el establecimiento de una Comisión de Observación de la Paz, que analiza las situaciones conflictivas en todas las regiones del mundo. Finalmente, recomienda a sus miembros que prevean un porcentaje de sus Fuerzas Armadas para prestar servicios como unidades de las Naciones Unidas, por recomendación del Consejo o de la Asamblea. Cabe destacar que la Resolución 377 finalmente no se aplicó en el conflicto de Corea, sino que recién se utilizaría en la Crisis de Suez en 1956.

Tras las victorias de MacArthur había que tomar una decisión política. Decretar el alto al fuego y mantener la posición sobre el paralelo 38 o avanzar al norte, buscar la unificación de Corea hasta la frontera con China. Truman apoyó el plan de MacArthur y para octubre de 1950 cuarenta mil hombres de las Naciones Unidas peleaban al norte del paralelo 38. La fuerza militar multilateral estaba integrada por el Reino Unido, Francia, Turquía, Australia, Bélgica, Luxemburgo, Canadá, Etiopía, Holanda, Grecia, Nueva Zelanda, Filipinas, Tailandia y África del Sur, y el único país de América Latina que participó enviando tropas fue Colombia.

Mientras tanto, en la Argentina, el gobierno de Perón, que implementaba la doctrina de la Tercera Posición, tuvo dos momentos. Primero, dispuso el envió de fuerzas militares. Perón estaba recomponiendo la relación con Estados Unidos y en su visión a futuro la Tercera Guerra Mundial parecía inevitable. En un segundo momento, y como consecuencia de las manifestaciones populares en contra del envío de tropas –principalmente en la ciudad de Rosario–, el gobierno decidió limitarse a enviar ayuda humanitaria. No obstante, cabe destacar que tanto Brasil como la Argentina se ofrecerían en el seno de las Naciones Unidas para recibir prisioneros de guerra tanto del norte como del sur. En contraste, ni México ni Canadá ni Estados Unidos aceptaban inmigrantes norcoreanos.

Volviendo al conflicto, MacArthur avanzó hacia la frontera con China. El objetivo de unificar Corea bajo el gobierno de Seúl parecía inminente. Sin embargo, ya en el mes de agosto Zhu En-Lai –primer ministro de la RPCh– había dejado en claro que Beijing no permanecería pasivo frente a la invasión imperialista de su vecina. Pero Mao no quería un enfrentamiento abierto con Estados Unidos, por eso se dispuso la creación de una fuerza expedicionaria de “voluntarios del pueblo chino”. Cumings (2004) explica que en el momento en que los voluntarios chinos cruzan el río Yalu una nueva guerra se iniciaba; no es casual que la decisión fuera tomada por Mao el 1 de octubre, fecha que coincidía con el segundo aniversario de la proclamación de la RPCh. No se trataba solo de apoyar a la nación hermana, con la cual habían combatido contra el invasor japonés, sino de enviar un mensaje al mundo. Los voluntarios chinos, sin el apoyo soviético que se había prometido, cruzaron el río Yalu el 19 de octubre de 1950. Los enfrentamientos más duros fueron entre finales de octubre y principios de noviembre. Las victorias chinas hicieron retroceder al Comando de las Naciones Unidas; no solo recuperaron Pyongyang, sino que, además, cruzaron el paralelo 38 y volvieron a conquistar Seúl el 4 de enero de 1951. No podemos dejar de mencionar que el veto soviético en el Consejo de Seguridad bloqueó la resolución que solicitaba el retiro de fuerzas militares chinas de la península coreana.

Se perfilaba en el horizonte el temor de una Tercera Guerra Mundial, con lo cual se abría el debate acerca de la viabilidad de usar armas nucleares y, simultáneamente, Europa tomaba distancia de la posición norteamericana. Gran Bretaña no acompañaba el uso de armas nucleares. En marzo las fuerzas de las Naciones Unidas recuperan Seúl. Y para abril vuelven a cruzar el paralelo 38. En el medio de todo el debate se produjo la destitución de MacArthur y la designación en el mando militar del general Ridgway, quien ordenó bombardear Pyongyang hasta que no quedara nada en pie. Para julio de 1951 el conflicto prácticamente se estancó; se había alcanzado un empate técnico sobre el paralelo 38, y comenzó una guerra de desgaste y a buscarse una salida diplomática.

Tras dos años de negociaciones aún no había un acuerdo político que permitiera alcanzar un tratado de paz. Todo lo que pudo lograrse fue un cese al fuego, un armisticio. El 27 de julio de 1953 se firmó en la Villa de Pamunjung un alto al fuego entre ambas Coreas. La muerte de Stalin en marzo de 1953 también orientó a Moscú a buscar una salida diplomática. Kissinger (1994) explica que lo que impulsó decisivamente a la Casa Blanca a buscar una salida fue el ingreso de China al conflicto. Beijing había logrado un empate técnico con la superpotencia combinando medios diplomáticos y maniobras militares, pero también había experimentado el precio de chocar frontalmente con el poderío norteamericano.

El cese al fuego permitía sostener la idea de que las Naciones Unidas habían detenido la agresión. Pero al día de hoy no solo continúa latente el estado de guerra en la península, sino que también permanece dividida la nación coreana. Las posiciones militares de ambas partes quedaron congeladas y existe una zona desmilitarizada de cuatro kilómetros de cada lado de la frontera, pero esto no evita el choque militar en diferentes puestos fronterizos o sobre el Mar del Este. Tras 36 años de colonización japonesa, se le impuso a la nación coreana una línea divisoria ficticia que respondía solamente a la confrontación política e ideológica entre las dos superpotencias.

Luciano Bolinaga cuenta que en todos sus viajes a Seúl se toma un tiempo para poder visitar el War Memorial, y confiesa que nunca deja de asombrarse:

… uno termina de entender que el espíritu nacional coreano se forjó como un espada al calor del combate y a golpes de los enemigos, no conozco otro país en el mundo que haya quedado preso del fantasma de las guerras por siglos como ha sucedido con Corea. Tal es así que tiene un museo específico dedicado a narrar cada una de las invasiones y cada uno de los conflictos en los que estuvo inmerso el país. Y en la entrada, a uno se le pone la piel de gallina cuando queda enfrente a dos estatuas gigantes… Dos soldados abrazados sobre una tierra rasgada y dividida, uno con uniforme militar del norte, el otro con uniforme del sur. Desde 1945 en adelante Corea ya no enfrentaba invasores extranjeros, sino que abrió un nuevo capítulo en su historia caracterizado por el enfrentamiento entre coreanos, entre hermanos (ver Foto N.º 1).

Foto N.º 1: Entrada al War Memorial (Seúl)

Fuente: foto tomada por Luciano Bolinaga en su último viaje a Seúl en julio de 2019, con motivo de su participación en el programa “Emerging Leaders Program of Institute for Unification Education of the Ministry of Unification”.

Para septiembre de 1991 el ingreso de ambas Coreas a la Organización de las Naciones Unidas –por medio de la Resolución 702 de la Asamblea General– reforzó la identidad política de cada Estado.

Particularidades del sistema y régimen político de la República Popular Democrática de Corea

Una de las primeras cuestiones que hay que tener en cuenta para pensar y comprender cómo Pyongyang se vincula con el mundo es conocer las características esenciales de su sistema y régimen político. El artículo 4 de la Constitución Nacional sostiene que el poder de la RPDC pertenece a “los obreros, intelectuales y otros sectores del pueblo trabajador”, pero también establece que el poder solo se ejerce por medio de los “órganos representativos”: la Asamblea Popular Suprema y las Asambleas Populares Locales (en todos sus niveles). Asimismo, el artículo 11 afirma que todas las actividades de la RPDC están bajo la dirección del Partido del Trabajo de Corea (조선로동당).

Estas características van configurando un tipo particular de régimen político que bajo la óptica de la teoría política podemos caracterizar como un régimen autoritario totalitario. Es decir, se configura una dictadura socialista que otorga al Partido del Trabajo de Corea la conducción del proceso político. De este modo, estamos en presencia de un sistema de partido único y cabe aclarar que, al igual que sucede en la RPCh, hay otros dos partidos menores pero que no gobiernan directamente, sino que fraternizan y cooperan con el proceso político liderado por el PTC: son el Partido Social Democrático Coreano y el Partido Chondoista Chong-u (천도교청우당). Ahora bien, no podemos decir que sea un sistema de partido hegemónico porque ninguno de los otros dos partidos participa de procesos electorales, ya que el el único que puede hacerlo es el PTC.

Recapitulando, la RPDC se caracteriza por un régimen político totalitario de sistema de partido único. Asimismo, hay un factor que diferencia esta configuración de poder a la que estamos tradicionalmente acostumbrados con los regímenes totalitarios. En la RPDC el poder político se concentra en el partido político, pero confiere a la familia Kim la conducción y ejecución de la política doméstica y externa. Dicho de otro modo, desde el 9 de septiembre de 1948 hasta el presente todos los altos mandatarios políticos han sido miembros del Partido del Trabajo de Corea, pero solo miembros de la familia Kim han ejercido la función del poder ejecutivo del país: Kim Il-Sung (1948-1994); Kim Il Jong (1994-2011) y Kim Jong-un (2011-presente). De modo que el régimen político norcoreano combina rasgos de totalitarismo y autocracia y eso impregna al sistema político de una gran singularidad. Aquí radica la base institucional para transformar el gobierno de un solo partido en un gobierno de un solo hombre (Sung, 2004: 233). Mientras que el verdadero poder político descansa en el Partido Comunista en la RPCh, en la RPDC no tiene su eje en el PTC sino en la familia Kim; no existe en el mundo actual otro culto al personalismo político similar al que se mantiene aún hoy con Kim Il-Sung. No exageramos cuando decimos que todo el Preámbulo de la Constitución Nacional de la RPDC está centrado en un culto a su personalidad y liderazgo: “La República Popular Democrática de Corea y el pueblo coreano, bajo la dirección del Partido del Trabajo de Corea, enaltecerán al gran Líder, Kim Il-Sung, como su eterno Presidente y llevarán a cabo la causa revolucionaria del Juche defendiendo y llevando adelante sus ideas y haciendo resaltar sus méritos” (CN, Preámbulo).

A diferencia de China, donde el culto a la personalidad ha sido atenuado durante la era de Deng Xiaoping (concentrando así el poder en el partido por sobre el líder), en la RPDC el mecanismo de sucesión padre-hijo pone al descubierto nuevamente la condición autocrática del régimen político. En China, quien asume como secretario del partido al año lo hace como presidente y, un año más tarde, como jefe del Comité Militar Central (Bolinaga, 2013). Este proceso de sucesión del mando, si bien no está institucionalizado, sí está formalizado en China y eso ha brindado mayor estabilidad política al país. En la mayoría de los regímenes políticos totalitarios la sucesión del mando suele generar luchas por el poder político entre las diferentes facciones. En 1994, cuando falleció Kim Il-Sung, el mando político pasó a su hijo, Kim Jong-il. El mismo proceso se desarrolló en 2011, cuando, tras fallecer su padre, Kim Jung-un –con solo 27 años de edad– asumió el mando político. Más allá de las diferencias abrumadoras en cuanto a la experiencia y al liderazgo político, Kim Jung-un no tiene descendientes directos y esto abre diferentes hipótesis acerca de qué camino tendría una sucesión del mando actualmente. Quien ha ganado mucho peso en el partido y en el gobierno es su hermana Kim Yo-jong, la actual directora del Departamento de Propaganda y Agitación del PTC, aunque es poco probable que el mando político de la RPDC recaiga en una mujer. Otra posible línea de sucesión es Kim Pyong-il, hermanastro de estos, con mucha trayectoria diplomática, pero con demasiado tiempo viviendo en el exterior, aspecto que complica la posibilidad de contar con apoyo político interno. De modo que, tras haber sobrevivido 73 años, el régimen político de Pyongyang podría peligrar no por hambrunas o por una agresión externa, sino por la falta de estabilidad política en la sucesión del mando.

Particularidades del sistema económico en la República Popular Demorcrática de Corea

Esta configuración del poder político en la RPDC tuvo consecuencias sobre la estructura productiva del país y su sistema económico. La Constitución Nacional sostiene que: a) las relaciones de producción se desarrollan bajo una economía nacional autosostenida (artículo 19); b) los medios de producción son propiedad del Estado y de las organizaciones sociales y cooperativas (artículo 20); c) no hay límites en cuanto a los “objetos” convertibles a propiedad del Estado (artículo 21); d) la única propiedad privada que se concibe es la que se destina al consumo individual y personal de cada ciudadano (artículo 24).

Estas particularidades han configurado la omnipresencia del Estado en una economía planificada, en la cual ese Estado asume la planificación y la modernización económica buscando procurar el equilibrio entre la acumulación y el consumo (CN, artículo 34).

Todo el comercio exterior del país está centralizado en la conducción política del Estado y, por tanto, del partido (artículo 35). En este sentido, hay que destacar que el gobierno de Pyongyang ha desarrollado durante las primeras décadas del régimen un sistema de trueque con otras repúblicas socialistas hermanas, con las cuales, a su vez –por una cuestión natural y hasta de supervivencia– ha concentrado sus relaciones exteriores. Durante la entrevista a Alejandro Cao de Benós, nos presentó una idea central que debe ser el punto de partida para comprender la política comercial de Pyongyang. En la gran mayoría de los acuerdos y convenios comerciales –sostiene Cao de Benós– “no se tiene que pagar en euros o dólares, sino que se produce un intercambio por minerales u otros bienes de la República que son de utilidad”. Claro, esto puede que haya funcionado con repúblicas socialistas como la República Popular China, Myanmar, Vietnam o Cuba durante los años 70 y 80 o incluso en la actualidad, pero ha sido, como se verá más adelante, un dolor de cabeza para países no socialistas que han firmado acuerdos comerciales con Pyongyang; la República Argentina en la década de 1970 ha sido un claro ejemplo de la tendencia. Por supuesto, hay que destacar que ese sistema de trueque no es una condición sine qua non para mantener intercambios comerciales con Pyongyang. Brasil, por ejemplo, ha firmado acuerdos comerciales y los pagos se realizan monetariamente y no por algún tipo de trueque.

También es necesario destacar que durante la década de los 50 del siglo pasado, al contrario de lo nos indicaría el sentido común, el ritmo de crecimiento económico en la RPDC era superior al de la RC. Solo después de la implementación de los planes quinquenales del general Park la situación se revirtió en los años 60. El “reino ermitaño” sufrió un estancamiento económico, seguido de la falta de asistencia técnica por el colapso soviético, y también atravesó hambrunas significativas en la década del 90. A diferencia de la RPCh o, más recientemente, Vietnam, la RPDC no ha logrado desarrollar y mantener un proceso de modernización económica. Esta situación llevó a la permanente hipótesis formulada por la CIA de que el colapso de la RPDC era inminente (Cumings, 2007). No obstante, eso no ha ocurrido todavía.

Ese atraso tecnológico e industrial produjo una parálisis de la estructura productiva del país. En los años 90 todo lo que podía salir mal para Pyongyang salió mal. Colapsó su régimen de energía –lo que paralizó al sector químico, el cual quedó incapaz de proveer fertilizantes a la agricultura– y la declinación en la producción de alimentos desencadenó las peores hambrunas en la historia del país. Y como si todo esto fuera poco, se registraron entre 1995 y 1996 las peores inundaciones del país. Esta seguidilla de crisis interminables orientó al gobierno de Pyongyang a adoptar una serie de reformas que atenuaron el régimen autárquico; por ejemplo, se sancionaron leyes que favorecieron la llegada de inversión extranjera directa, la asociación con empresas extranjeras y hasta algunas zonas de libre comercio.

De esta forma, algunas empresas surcoreanas comenzaron a tener presencia dentro del territorio de la RPDC, y en 2004 se comienza a construir el complejo industrial de Kaesong, que habilitó a casi un centenar de empresas surcoreanas a producir del otro lado del paralelo 38, utilizando más de 40.000 trabajadores norcoreanos. Se trataba de un acercamiento sin precedentes entre ambas Coreas, un ícono de reconciliación en las relaciones intercoreanas que inyectaba estabilidad y paz en la península coreana. No obstante, como consecuencia de la reactivación del programa nuclear y las tensiones que fueron emergiendo entre ambos gobiernos, en 2016 todo se fue por la borda. En febrero de ese año, Pyongyang negó el ingreso de trabajadores surcoreanos. Ese mismo mes, la administración de Park Geun-hye decidió cerrar el complejo industrial. Al año siguiente todo se tensionó aún más. Durante el mes de septiembre Pyongyang testeó exitosamente la “bomba H” y en diciembre de ese mismo año la prueba de misiles llevada adelante demostró que la altitud lograda daba a Kim Jong-un la posibilidad de atacar la costa oeste de Estados Unidos. La respuesta de Park fue avanzar con la instalación del Terminal High Altitude Area Defense (THAA), y eso generó no solo tensiones con Pyongyang, sino también con Beijing.

No hubo cambios durante la gestión presidencial de Moon Jae-in y, al momento de publicar este libro, el complejo Kaesong continúa cerrado. La Estación Dorasan es la última terminal de ferrocarriles antes de partir hacia Pyongyang (ver foto N.º 2) y al mismo tiempo, el corazón del proyecto de Moon: a peaceful unification star here, in Dorasan Station.

Foto N.º 2: Estación de trenes de Dorasan

Fuente: foto tomada por Luciano Bolinaga en julio de 2019.

Uno de los inconvenientes más importantes a la hora de hablar de la economía de Pyongyang es que, como consecuencia del hermetismo de la RPDC, resulta sumamente complejo poder acceder a información estadística del país. En muchos casos, las estadísticas llegan por estimaciones de organismos surcoreanos como KOTRA. Estos datos son tomados por el Banco Mundial, el Fondo Monetario Internacional y otras organizaciones internacionales para realizar análisis y proyecciones sobre la economía norcoreana. Presentamos a continuación algunas cifras que obtuvimos de Trademap, el repositorio de datos comerciales de Naciones Unidas.

Las exportaciones norcoreanas en 2017 alcanzaron los 2.069.712 miles de USD, pero hubo una caída sistemática hasta 180.494 miles de USD en 2020. Entendemos que el contexto internacional de la pandemia y la decisión política de mantener cerradas las fronteras de la RPCD impactaron negativamente sobre su producto bruto. Respecto a las importaciones, en 2017 el valor fue de 3.556.047 miles USD y cayeron hasta 559.854 miles de USD en 2020. Lo que no podemos dejar de mencionar al analizar las cifras del comercio exterior de la RPDC es que se registra un déficit comercial estructural entre 2011 y 2020 de casi 13.000.000 miles de USD. Hay una dependencia estructural que nos hace suponer que la autosuficiencia estaría lejos de ser alcanzada.

Al analizar la composición sectorial del comercio exterior podemos destacar que los cinco productos más exportados en 2020 fueron: aisladores eléctricos de cualquier materia; acumuladores eléctricos; energía eléctrica; ferroaleaciones y aparatos eléctricos de telefonía o telegrafía. Estos productos acumularon 65.374 miles de USD, lo que significó el 36% del total exportado. Mientras tanto los principales productos importados ese año fueron: aceite de soja, harina de trigo, azúcar de caña, tabacos y medicamentos mezclados y sin mezclar. Las importaciones en 2020 acumularon poco más de 186.000 miles de USD, lo que se tradujo en el 33% del total importado.

Tabla N.º 1: Principales socios comerciales de la República Popular Democrática de Corea (años seleccionados)

Principales cinco países proveedores de Pyongyang

2001

2005

2010

2015

2020

Japón

China

Arabia Saudita

Brasil

India

China

Rusia

Tailandia

Catar

Singapur

China

India

Egipto

Sudáfrica

Singapur

China

India

Rusia

Tailandia

Filipinas

China

Rusia

Congo, Rep. Dem.

India

Suiza

Principales cinco destinos de las exportaciones de Pyongyang

2001

2005

2010

2015

2020

Japón

China

México

Brasil

Chile

China

Tailandia

Japón

Brasil

México

China

India

Brasil

Países Bajos

Egipto

China

India

Pakistan

Burkina Faso

Taiwán

China

Myanmar

Polonia

Surinam

Seychelles

Fuente: Cuadro de elaboración propia con base en información de Trademap.

La Tabla N.º 1 muestra los principales socios comerciales de la RPCD entre 2001 y 2020. Los principales países de origen de las importaciones norcoreanas son China y Rusia, lo cual refuerza esta argumentación en torno al sistema de trueque con repúblicas socialistas hermanas. En efecto, los dos principales aliados de la RPDC en el mundo han sido Rusia y China. Tras la caída de la Unión Soviética en 1991, China pasó a ocupar el primer puesto como socio y aliado de Pyongyang. Para el año 2020 el 87% de todas las importaciones norcoreanas provenían de China, y al sumar las originadas en Rusia alcanzamos más del 95% del total de las importaciones. Respecto a las exportaciones, China también ha sido –con algunas excepciones– el principal destino de las ventas norcoreanas al mundo, al concentrar en promedio 2/3 del total exportado.

La Tabla N.º 1 también muestra algunas curiosidades y particularidades del comercio exterior de la RPDC que se vinculan directamente con nuestro objeto de estudio. Por ejemplo, los únicos socios comerciales relevantes de América Latina y el Caribe son Brasil, México y Surinam. No obstante, entre 2015 y 2020 Brasil y México han perdido peso tanto como proveedores como destino de las exportaciones norcoreanas. Retomaremos algunas de estas cuestiones en el apartado siguiente al hablar de la política exterior de la RPDC.

El Gráfico N.º 1 muestra una tendencia fluctuante del comercio de la RPDC con América Latina y el Caribe entre 1996 y 2016. Por ejemplo, se registraron picos comerciales importantes hacia el año 2000 y el 2008. No obstante, también se verifica que desde 2008 se mantiene una súbita caída del comercio, de modo que, entre 2012 y 2016, se registró el nivel de intercambio más bajo en los últimos 30 años. Al observar los principales socios comerciales de Pyongyang en la región vemos que hubo cambios en el periodo. Por ejemplo, durante los años 90 México fue el principal socio, pero ya desde el establecimiento de relaciones diplomáticas Brasil pasa al primer puesto, que relega en consecuencia a México al segundo. Desde 2007 Venezuela desplaza a México como segundo socio, y cae entonces este al tercer puesto del ranking. Pero en la tendencia de la caída del comercio con la región, los tres países han perdido importancia como socios comerciales de la RPDC. Otro país que perdió importancia de manera significativa ha sido Costa Rica: mientras que era el segundo socio comercial en los años 90, a medida que nos adentramos en el nuevo siglo cayó a un quinto o sexto puesto.

Gráfico N.º 1: Comercio de América Latina y el Caribe con la RPDC

Fuente: FMI, Dirección de Estadísticas Comerciales.

Ligado a la estructura productiva del país, no puede omitirse la riqueza que posee en recursos naturales, lo cual es muy poco conocido. Según fuentes privadas y gubernamentales de la República de Corea, el valor de los recursos naturales de la RPDC estaría entre los 6 y 10 billones de USD. Se trata de importantes yacimientos de hierro, piedra caliza, grafito, cobre, zinc y plomo. En rigor, se sabe que Pyongyang no cuenta con el equipo ni el conocimiento técnico para poder llevar adelante procesos de exploración y explotación. La República de Corea, por su parte, ha convocado en varias oportunidades a empresas privadas para que presenten proyectos sobre exploración y explotación al norte del paralelo 38. Por supuesto, no solo la República de Corea tiene interés en esos minerales, sino también China, Japón y otras potencias regionales y extrarregionales.

Características de la política exterior de Pyongyang

El artículo 17 de la Constitución Nacional sostiene que el tríptico ideal y fundamental de la política exterior de Pyongyang es la independencia, la paz y la amistad, y que este orienta las relaciones estatales con otros países sobre la base de la “completa igualdad e independencia”, el mutuo respeto, la no intervención en asuntos internos y el mutuo beneficio. La política exterior de la RPDC se caracteriza por un alto componente nacionalista. Al igual que en China, el marxismo-leninismo nutrió el nacionalismo a la luz de la lucha contra el invasor extrajero (Gomá, 2006). En ambos casos la teoría marxista se tuvo que adaptar a la coyuntura interna: ni China ni Corea tenían proletariado para que se convirtiera en el sujeto revolucionario, por tanto, el campesino pasó a ocupar ese rol por lo menos hasta que hubo desarrollo industrial en estos países. Pero, además, en ambos casos se tomó distancia del modelo leninista. En el caso de China, la pésima relación con la Unión Soviética impactó incluso en la cosmovisión sobre las alianzas (Bolinaga, 2013). Por eso, Beijing evita mantener alianzas rígidas. De ahí que haya promovido desde 1993 en adelante la lógica de “relaciones o asociaciones estratégicas”.

En el caso de Corea, el comunismo (y, en consecuencia, su política exterior) también se adaptó para dar respuestas a la problemática concreta que la coyuntura norcoreana manifestaba. En esa dirección (principalmente, después de la muerte de Stalin) la política exterior norcoreana pasó a operar sobre dos conceptos centrales: autosuficiencia e independencia ideológica. Concordando con Gomá (2006), desde entonces las ideas Juche[1] pasan a convertirse en un factor decisivo para explicar la naturaleza y la orientación de la política exterior de Pyongyang.

Se trata de una política exterior donde la diplomacia bilateral juega un papel central. Al momento que desarrollamos esta investigación verificamos que Pyongyang mantiene relaciones diplomáticas con más de 160 países y cuenta con 46 embajadas acreditadas en el exterior, de las cuales cuatro están en América Latina y el Caribe (ver Tabla N.º 2). Por supuesto, desde la génesis del Estado en adelante se ha dado particular importancia a los vínculos con las hermanas repúblicas socialistas. Cuba, por ejemplo, ha sido el primer país de América Latina en reconocer a la RPDC (ver Tabla N.º 2). Pero, al mismo tiempo, hay que destacar que es de vital importancia para el “reino ermitaño” contar con reconocimiento internacional aun cuando no hay un juego de suma cero con el gobierno de Seúl, similar al que se da entre Beijing y Taipei.

Al observar la estructura del Ministerio de Relaciones Exteriores de la RPDC encontramos la siguiente división por regiones. La División 1 de Asia incluye: China, Mongolia y Japón. La División 2 de Asia incorpora a Vietnam, Myanmar, Tailandia, Filipinas, Laos, Malasia, Camboya, Singapur, Brunei, Nepal, Irán, India, Pakistán, Bangladesh, las Maldivas, Sri Lanka, Afganistán, Indonesia, Timor Oriental, Australia, Nueva Zelanda, Fiji, Papúa Nueva Guinea, Nauru y Vanuatu. La División 1 de Europa incluye a la Federación Rusa, Bielorrusia, Kazajstán, Kirguistán, Uzbekistán, Azerbaiyán, Armenia, Tayikistán, Moldavia, Turkmenistán, Ucrania y Georgia. La División 2 de Europa incorpora a Alemania, Italia, Francia, España, Reino Unido, Austria, Suiza, Liechtenstein, Suecia, Noruega, Finlandia, Dinamarca, Irlanda, Islandia, Países Bajos, Bélgica, Luxemburgo, Portugal, Grecia, Turquía, Chipre, República de San Marino, Ciudad del Vaticano, Principado de Mónaco, Principado de Andorra, Polonia, República Checa, Eslovaquia, Hungría, Rumania, Bulgaria, Croacia, Serbia, Bosnia-Herzegovina, Eslovenia, Albania, Montenegro, Macedonia del Norte, Lituania, Letonia y Estonia. La División de América del Norte incluye a Estados Unidos y Canadá.

Un párrafo aparte merece la División África, Región Árabe y América Latina. Lo primero que llama nuestra atención es que en una misma división se incluyen tres regiones, lo cual da la pauta de que en realidad representa un área de menor relevancia. Esta división incorpora por un lado a los países africanos: Senegal, Guinea-Bissau, Cabo Verde, Gambia, Burkina Faso, Uganda, Kenia, Burundi, Ruanda, Tanzania, República Democrática del Congo, Congo, Gabón, Camerún, República Centroafricana, Guinea, Liberia, Sierra Leona, Malí, Nigeria, Ghana, Benín, Togo, Chad, Níger, Costa de Marfil, Sudáfrica, Zambia, Zimbabwe, Namibia, Mozambique, Botswana, Lesotho, Eswatini, Guinea Ecuatorial, Angola, Malawi, Madagascar, Mauricio, Seychelles, Comoras, Santo Tomé y Príncipe. Por otro lado, los países de la “Región Árabe” no son otra cosa que lo que nosotros conocemos como Medio Oriente: Argelia, Mauritania, Etiopía, Sudán, Sudán del Sur, Somalia, Djibouti, Sahara Occidental, Libia, Túnez, Marruecos, Siria, Líbano, Jordania, Irak, Egipto, Yemen, Palestina, Israel, Kuwait, Catar, Omán, Baréin, Emiratos Árabes Unidos, Arabia Saudita y Eritrea. Muchos de estos países son africanos pero se agrupan como región árabe para el Ministerio. Finalmente, los países de América Latina: Brasil, Chile, Colombia, Argentina, Uruguay, Paraguay, Perú, Guyana, Granada, Santa Lucía, Bahamas, Belice, Jamaica, Trinidad y Tobago, Saint Kitts y Nevis, San Vicente y las Granadinas, Antigua Barbuda, Dominica, República Dominicana, Surinam, Barbados, Haití, México, Nicaragua, El Salvador, Guatemala, Costa Rica, Honduras, Panamá, Ecuador, Bolivia, Cuba, Venezuela y Puerto Rico.

Otras divisiones de la Cancillería norcoreana son: Dirección de Información; Dirección de Asuntos Consulares Jurídicos y Tratados; Dirección de Protocolo; Dirección de Organismos Internacionales y Dirección de Cooperación Económica. Además, cuentan con tres institutos: Instituto para el Desarme y la Paz; Instituto de Investigaciones sobre Estados Unidos; Instituto sobre Investigaciones sobre Japón. También existen organizaciones civiles patrocinadas por el Ministerio de Relaciones Exteriores de la RPCD: la Asociación de Promoción del Intercambio Civil Corea-China; la Asociación de Intercambio de Corea-Canadá; la Asociación de Intercambio Corea-Japón; la Asociación para la Promoción del Intercambio Económico y Tecnológico Internacional; la Asociación Corea-Europa; la Asociación Corea-Asia; la Asociación de Promoción de Intercambio y Cooperación Corea-Rusia; la Asociación Corea-África, la Asociación Corea-Arabia y la Asociación Corea-América Latina.

La diplomacia multilateral de Pyongyang es mucho más acotada. Por ejemplo, la RPDC no participa de las principales instituciones financieras y comerciales internacionales tales como el Fondo Monetario Internacional, el Banco Mundial o la Organización Mundial de Comercio. Tampoco participa de organismos que puedan limitar su programa de desarrollo nuclear o la modernización de sus capacidades militares; en este sentido el gobierno de Pyongyang evita quedar sujeto a controles armamentistas o de no proliferación. Recordemos que en 1994 la RPDC se retiró de la Agencia Internacional de Energía Atómica y en 2003 denunció el Tratado de No Proliferación. Hay que tener presente que la RPDC recién ingresa a las Naciones Unidas el 18 de septiembre de 1991, junto con la República de Corea. Podríamos decir que desde entonces su diplomacia multilateral entró en un nuevo nivel, en tanto se acrecentó su participación en otros organismos tales como el Foro Regional de ASEAN, entre otros. También es importante destacar que la mayoría de las organizaciones internacionales a las que el gobierno de Pyongyang se integró entre 1991 y 2014 tienen por epicentro de acción la región de Asia Pacífico.

De la estructura del Ministerio de Relaciones Exteriores y de los objetivos trazados por el gobierno y el Partido de los Trabajadores podemos determinar que los dos ejes centrales de su política exterior están orientados hacia Beijing y Washington. Beijing ha sido el socio y aliado más importante de Pyongyang desde que los voluntarios chinos cruzaron el río Yalu en 1950. China es el principal socio comercial de Pyongyang y al mismo tiempo es el principal garante de su seguridad. La asistencia china durante la gran hambruna de los años 90 fue central. Más aún, la única frontera abierta de la RPDC es con la RPCh. Además, la península coreana está dentro de lo que se considera la zona de seguridad directa de China, y cualquier cosa que ocurra en la región enciende una luz roja para el gobierno chino.

Sin embargo, la relación bilateral ha tenido momentos tensos; por ejemplo, en los años 60, al producirse la ruptura sino-soviética Pyongyang mantuvo su acercamiento político con Seúl. El 18 de agosto de 1992, se produce un importante cambio en la orientación externa de Beijing, se reconoce y se establecen relaciones diplomáticas con la República de Corea. Hasta ese momento solo había mantenido relaciones diplomáticas con Pyongyang. Desde entonces, se dio progresivamente un acercamiento entre Seúl y Beijing, y China se convirtió en el primer destino de las exportaciones surcoreanas y en el primer proveedor del país, superando ampliamente la posición que Estados Unidos había mantenido tradicionalmente con su aliado. Washington es por otro lado la principal amenaza a la supervivencia del régimen político norcoreano, y si acaso no ha realizado una incursión militar es solo porque en la península coreana no tiene el mismo margen de maniobra que posee en el golfo Pérsico, y eso se explica principalmente por el factor China.

En este sentido, la política exterior norcoreana busca tres grandes objetivos: a) la supervivencia del régimen totalitario-autocrático; b) garantizar la seguridad nacional y c) actuar como un instrumento para la modernización económica del país y el mejoramiento de la calidad de vida de la clase trabajadora. De estos objetivos, se van configurando los vínculos estratégicos.

Desde la formación de la RPDC hasta el presente, su política exterior no ha asignado una alta prioridad a su relación con América Latina. Durante la lógica bipolar de la Guerra Fría, la vinculación con la región era esencialmente ideológica y respondía a la lucha contra el imperialismo.

Durante las décadas de 1960 y 1970, la política exterior norcoreana estuvo marcada por la diplomacia cultural a través de la publicación principalmente de las obras de ideología Juche que fueron traducidas a varias lenguas, incluido el español. Estas obras fueron enviadas y distribuidas en las delegaciones de partidos comunistas y embajadas en Europa, Asia, África y América Latina con el fin de buscar reconocimiento internacional a través de grupos con ideologías afines.

Tabla N.º 2: Países de América Latina y el Caribe con los cuales la RPDC ha mantenido o mantiene actualmente relaciones diplomáticas

PAÍS

TEMPORALIDAD

ESTATUS

Cuba

1960

Vigentes. Embajada acreditada en ambos países

Chile

1972-1973/1992

Vigentes

Argentina

1973-1977

Inexistentes. Durante su vigencia la RPDC tuvo embajada acreditada en la Argentina

Venezuela

1974

Vigentes. Embajadas acreditadas en ambos países, Venezuela abrió su embajada en Pyongyang en 2017

Guayana

1974

Vigentes

Jamaica

1974

Vigentes

Barbados

1977

Vigentes

Nicaragua

1979-1995/2006

Vigentes

Santa Lucía

1979

Vigentes

México

1982

Vigentes. La RPDC tiene embajada acreditada en el territorio de México

Surinam

1982

Vigentes

Trinidad y Tobago

1986

Vigentes

Perú

1988

Vigentes. La RPDC tiene embajada acreditada en territorio de México

Colombia

1988

Vigentes

San Vicente y Granadinas

1990

Vigentes

Antigua y Barbuda

1990

Vigentes

S. Cristóbal y Nieves

1991

Vigentes

Dominica

1991

Vigentes

Islas Caimán

1991

Vigentes

Bahamas

1991

Vigentes

Brasil

2001

Vigentes. Embajadas acreditadas en ambos países

Guatemala

2007

Vigentes

Fuente: Cuadro de elaboración propia con base en las Cancillerías de la región y el sitio North Korea in the World, dependiente del Comité Nacional de Corea del Norte (https://www.northkoreaintheworld.org).

Con posterioridad a la caída de la URSS y la finalización de la Guerra Fría, los motivos de relacionamiento comenzaron a tomar distancia de lo ideológico, y emergieron en consecuencia nuevos ámbitos de cooperación. La Tabla N.º 2 muestra la cronología del desarrollo de relaciones bilaterales entre países de América Latina y la RPDC.

Migraciones coreanas en Brasil y la Argentina

Existen múltiples formas de categorización en los procesos migratorios. Micolta León (2005) explica que una de las más generales establece dos tipos de migración basados en el grado de libertad de los sujetos: “migración voluntaria” y “migración forzada”. Ambas categorías marcan dos orientaciones que tendrían los migrantes a la hora de dejar sus lugares de origen. La primera, cuando el migrante parte de su lugar de residencia en búsqueda por ejemplo de mejores oportunidades económicas o lo que considera una mejor calidad de vida. La segunda es cuando no hay opción, como por ejemplo como consecuencia de amenazas (ambientales, guerras, genocidios y pobreza, entre otras causas). La migración coreana responde a ambos factores según la época en la que sea abordada. Según Kwon Taihwan la cantidad de coreanos fuera de la península coreana constituye un total equivalente al 10% de la población de Corea del Sur y se encuentra principalmente en la República Popular China, en Norteamérica, Japón, el territorio de Rusia y luego en América Latina, con un total esta última de 80.000 migrantes (Mera, 2009).

La seguidilla de conflictos por los que atravesó la península coreana en los siglos xix y xx generó distintos momentos de salida de migración forzada. En la segunda mitad del siglo xx, la guerra de Corea fue una de las causas más importantes. Naciones Unidas fomentó la búsqueda de acuerdos con países receptores tanto de parte del gobierno de Seúl como también de Pyongyang.

Según Mera (2009), la migración coreana hacia la Argentina y Brasil responde a una migración planificada que comienza oficialmente en la década de 1960. Argentina y la República de Corea establecen relaciones diplomáticas el 15 de febrero de 1962; actualmente está celebrando 60 años de amistad. Pero –dice Mera– la particularidad es que esa migración se encontró con otros coreanos que ya habitan en el país. Hay que considerar también que la Argentina junto a Brasil fueron de los pocos países que se ofrecieron para recibir migración de ambos lados del paralelo 38.

En este sentido, los primeros migrantes procedentes de la península coreana hacia Brasil fueron un grupo de aproximadamente cincuenta refugiados norcoreanos que llegaron entre los años 1962 y 1965. En el caso de la Argentina, fueron doce militares norcoreanos que llegaron entre 1956 y 1957 (Sinay, 2018). En ambos casos, eran soldados norcoreanos prisioneros de guerra en Seúl, a los cuales se les dio la oportunidad de permanecer en la República de Corea, regresar a la RPDC o bien migrar a otro país. En un primer momento se pensó en Estados Unidos y México, pero ambos se negaron a recepcionar migración norcoreana. Pocos fueron los países neutrales que aceptaron recibirlos. Entre los que lideraban la acotada lista estaba la India y, de América Latina, la Argentina y Brasil.

De los refugiados norcoreanos que llegaron a la Argentina, uno de ellos, Kim Kwan Ok, años más tarde fundaría la Asociación de Coreanos en la Argentina. Ese es el único antecedente registrado de migración del norte de la península, y según Sinay (2018) no se sabe actualmente el paradero de muchos de estos integrantes. Tanto Kim Kwan Ok como Lim Ik Gan, otro de los prisioneros, fallecieron en el año 2021 y la mayoría de los descendientes de este reducido grupo vive actualmente en Estados Unidos o en Corea del Sur.

Más allá de este antecedente, el flujo migratorio coreano que los especialistas sitúan temporalmente recién a partir del año 1965 (Mera, 2005) proviene de la República de Corea. El comienzo oficial de las migraciones coreanas se da con la llegada de trece familias que se asentaron en Choele Choel, en la provincia de Río Negro.

Sin embargo, es recién en 1985 que se firma el Acta de Procedimiento para el Ingreso de Inmigrantes Coreanos en la Argentina y eso permitió no solo la obtención de visas sino también la regularización de los coreanos que ya vivían en el país (González, 2013). A partir de ese momento también se registra una nueva peculiaridad en el flujo migratorio: los coreanos que comienzan a llegar tienen un mayor poder adquisitivo que los que habían venido en la década del 60. El constante aumento del flujo migratorio conllevó a que en la década del 90 la comunidad coreana en la Argentina alcanzara las 40.000 personas. También hay que destacar dos cuestiones. La primera es que ya desde finales de los 80 y principios de los 90 la República de Corea deja de ser un país caracterizado por la emisión de migración para pasar a ser uno que se caracteriza por la receptación de migración. Es decir, el proceso de desarrollo económico y de modernización en Corea del Sur incrementó la calidad de vida, lo que hizo no solo que los ciudadanos desistan de migrar, sino también que generó que extranjeros desearan emigrar hacia la República de Corea. La segunda cuestión, aunque vinculada a esta que acabamos de diferenciar, es que muchos hijos y nietos de inmigrantes coreanos en la Argentina comienzan a emigrar hacia Corea, un poco buscando reencontrarse con sus raíces y un poco buscando una mejor calidad de vida. La Argentina de los 80 y los 90 era muy distinta de la Argentina que había recibido a aquellos primeros inmigrantes coreanos. Muchos coreanos que emigraron huyendo de la guerra ahora venían con la preocupación de que sus hijos o nietos pudieran ser enrolados en el ejército argentino y así embarcarse hacia lo que fue la guerra de Malvinas, en 1982. El fantasma de la hiperinflación de los 80 y la convertibilidad de los 90 también puso en jaque a muchos empresarios coreanos que abrazaban ahora la idea de volver a su tierra natal.

Tanto en los casos de la Argentina como de Brasil, los migrantes, ante las dificultades que encontraron en el interior del país y en las zonas rurales para el acceso a la educación y la escasez de oportunidades de progreso, terminaron radicándose en los centros urbanos más importantes, como Buenos Aires y Sao Paulo. Maeiro (2007) cuenta que en el caso de Sao Paulo la comunidad coreana alcanza unas 20.000 personas. La comunidad coreana contribuyó al desarrollo de fábricas textiles, al comercio y al desarrollo de la cultura y gastronomía; el barrio de Flores fue el epicentro de ese desarrollo en la Argentina. Como señalan Mera y Kleidermacher (2012), los migrantes de origen coreano en la Argentina se encuadran en la categoría de “empresariado étnico”, que comprende a las relaciones laborales y empresariales de los migrantes en relación de dependencia y tanto a redes sociales como al capital necesario para su desarrollo económico.

Conrado Conci, delegado de la Asociación de Amistad con Corea en Argentina[2] nos expresó en una conversación cómo, a raíz de las declaraciones que realizó en medios de comunicación argentinos sobre la RPDC, fue contactado en más de una oportunidad por desertores norcoreanos que vivían en el país hace muchos años y no integraban esa primera camada que llegó a finales de la década de 1950.

Sobre la metodología de investigación y definición del objeto de estudio

Los intentos de reconstruir la política norcoreana o de realizar técnicas etnográficas son generalmente fragmentados ya que no existen muchas fuentes o posibilidades de mantener y desarrollar contactos directos. Al desafío de lograr encontrar acceso a fuentes directas en el “reino ermitaño” esta investigación sumó uno extra: desarrollarse en el contexto de la pandemia mundial de COVID-19, de modo que hubo que ajustar el esquema metodológico y al mismo tiempo incorporar técnicas de investigación que nos garantizasen acceder a nuestro objeto de estudio.

El primer paso fue definir el concepto “élites políticas”. Desde las ciencias sociales las élites son grupos que concentran una diversidad de recursos que los habilita a ocupar una posición de poder en la sociedad. Esa posición de poder define la capacidad de influir sobre otros grupos y sobre la sociedad en su conjunto. Tomando una de las relaciones específicas de la esencia de lo político, el concepto de élite pone el énfasis sobre la relación de mando y obediencia, que conocemos como el tándem gobernantes-gobernados. Las élites no estructuran sus estrategias para ejercer poder en un único recurso, como el capital económico o el capital social, sino que es su acumulación la que contribuye a la posibilidad de reproducción de ese capital. Las múltiples formas de capital a su vez son interseccionales y están relacionadas con factores como la diversidad de género, la generación, la clase social y otras variables. Según Bourdieu (1980), el capital social está vinculado a la pertenencia a una red de relaciones de permanencia en el largo plazo y que permiten accionar recursos para conseguir objetivos y beneficios. Por supuesto, desde la especificidad de la ciencia política, Pareto (1980), Mosca (1985) y Michael (1991a y 1991b) son los teóricos por excelencia para definir y operacionalizar el concepto de élite o clase política. Toda sociedad tiene una minoría organizada que ejerce la función de élite y dirige el proceso político, administrativo, religioso, económico y hasta moral: “Toda fuerza depende de una colectividad. Toda fuerza depende de una toma de conciencia” (Duroselle, 1998: 155).

A efectos de poder dimensionar las “élites locales” en América Latina hemos decidido tomar funcionarios, académicos y empresarios, y se recolectó información por medio de entrevistas abiertas y en profundidad. En algunos casos, en los cuales por la problemática de la pandemia la entrevista no era posible, recurrimos a cuestionarios, pero siempre con preguntas abiertas. Llevamos adelante aproximadamente 20 entrevistas en cada uno de los casos, y otras 10 entrevistas a expertos coreanos tanto del norte como del sur. Aquí hay que aclarar que varias de estas entrevistas permanecen en el anonimato dado que se trata de funcionarios que pueden verse comprometidos en su posición por compartir cierta información o algunos puntos de vista personales, no oficiales. A ellos les estamos muy agradecidos porque más allá de no poder utilizar directamente la información compartida con nosotros han sido una brújula a lo largo de nuestra investigación.

Siendo que se trabajó con una metodología cuantitativa no se testeó ninguna hipótesis, sino que esta se fue construyendo sobre la marcha por medio de la información recolectada y que hemos decidido presentar en la conclusión del libro porque es la bisagra con la segunda fase de la investigación, la cual se inicia con la publicación de este libro y se focaliza en los casos de Cuba y México.

Teniendo ya en claro los sectores que integran nuestras “élites políticas” se buscó relevar los tipos de encuentros que se desarrollaron entre élites de Brasil y la RPDC, y por otro lado entre la Argentina y la RPDC. Dimos particular importancia a los encuentros oficiales, que son lo que han enmarcado la evolución de las relaciones diplomáticas entre estos países. Por supuesto, no por eso se han dejado de lado las relaciones no oficiales, aunque sí reconocemos que las hemos ubicado en un segundo nivel de preferencia. Además, llevamos adelante una investigación de registros y documentos en archivos oficiales; al final de este libro están a disposición de los lectores los tratados y acuerdos firmados entre la Argentina y Brasil con la RPDC. Asimismo, se realizó un trabajo de registro en medios de comunicación y entrevistas en profundidad a diversos protagonistas de nacionalidad argentina, brasileña y española.

El gran obstáculo que tuvo la investigación fue no poder desarrollar el viaje que estaba previsto a la RPDC, ya que el cierre de fronteras como consecuencia de la pandemia mundial de COVID-19 truncó esa posibilidad. Para atenuar el impacto sobre la investigación se realizó un trabajo de composición fragmentada de las distintas “huellas” que el gobierno de Pyongyang va dejando en redes digitales, en registros y documentos oficiales y a través de la prensa oficial, entre otros. Un ejemplo de esta labor fue investigar a través de motores de búsqueda como Google los nombres y apellidos de los diplomáticos de la embajada norcoreana en Brasilia. La composición de la trayectoria de las personas con las que se reúnen, el motivo de encuentro y sus resultados nos hablan de los intereses y objetivos y reflejan parcialmente la sombra de su Cancillería. En este sentido, investigar en torno a élites contempla desafíos metodológicos que varios autores como Badaró (2000), Luci (2016) o Conconi (2020) han analizado, como la dificultad del acceso a la información, la escasez de tiempo que tienen los agentes y la posición subordinada que existe entre el investigador y los entrevistados.

Para el acceso a algunas entrevistas con exembajadores o ministros, fueron valiosos los contactos y redes de otros espacios previamente construidos que eran mencionados a la hora de solicitar las entrevistas o pedirlas en el contexto de almuerzos y/o encuentros con estos interlocutores en el marco de otras situaciones laborales.

Fueron de utilidad los viajes previos a la República de Corea del doctor Luciano Bolinaga y a la RPDC de la magíster Alejandra Conconi, que permitieron reunir experiencias, contactos directos con coreanos de ambos lados de la península, imágenes e informaciones que se pusieron a disposición de esta investigación.

Finalmente, Faier y Rofel (2014) toman la categoría de “encuentro” y la de “etnografías de encuentros” para agrupar la producción etnográfica en torno a encuentros entre individuos o miembros de grupos con legados culturales diferentes y posicionamiento desigual en la relación. Esta literatura tiene interés en comprender cuál es el resultado de estas relaciones y cómo la cultura se produce a través de estos encuentros. Los encuentros relevados en esta investigación están también marcados en su gran mayoría por los discursos de “otredad” (Said, 1978; Todorov, 1991), en tanto responden a narrativas imaginadas y autocentradas de la diversidad cultural.

Los encuentros entre ciudadanos de nacionalidad argentina y brasilera con personas e instituciones de la RPDC han sido disímiles, como se podrá apreciar en los próximos capítulos; sin embargo, nunca resultan una experiencia de indiferencia, son difíciles de racionalizar y conmueven profundamente a quienes visitaron el país o tuvieron encuentros con interlocutores norcoreanos. La avidez por reflexionar sobre esos encuentros fue un interés en común con muchos entrevistados y colegas estudiosos del este de Asia con quienes se tuvieron conversaciones e intercambios de ideas que en algunos casos continúan hasta la publicación del libro.


  1. En las secciones siguientes se explicará el fundamento de las ideas Juche. Adelantamos aquí solamente que centran al hombre y a la mujer como únicos responsables de su destino; esa filosofía política aplicada al régimen coreano trae aparejados como ejes centrales del modelo la autarquía, la militarización de la sociedad, el patriotismo exacerbado y la concentración del poder en la figura del líder, entre los más importantes.
  2. Reconocida oficialmente por la Asociación de Amistad con Corea, que trabaja en cooperación con el Ministerio de Relaciones Culturales con Países Extranjeros de la RPDC.


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