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Introducción

Año 2020. En el marco de la pandemia de Sars-COV-2 en Accra, Ghana, el gobierno local busca desmantelar el relleno sanitario de Kpone y desplazar a más de 300 recicladores que trabajan allí[1]. Antes de su desplazamiento, los trabajadores retiraban cerca de 800 toneladas anuales de material reciclable del relleno sanitario, estimándose que evitaban así la emisión de 24.371 toneladas de CO2-eq en 2019[2] (Boampong et al., 2020).

En Dheli, recolectores agrupados en el sindicato de recicladores Kagad Kach Patra Kashtakari Panchayat (KKPKP)[3] y en una cooperativa de recicladoras denominada SWaCH, lograron establecer un contrato con el municipio local para recolectar los residuos en origen. Durante el confinamiento nacional en la India, en el marco de la pandemia, SWaCH continuó con la recogida de residuos puerta a puerta, ya que se consideraba un servicio esencial. A su vez, negoció con el municipio el otorgamiento de equipos de seguridad para el trabajo, exigió la cobertura de seguro y un pago de incentivo especial, ambas solicitudes presentadas por la administración local para su aprobación por parte del cuerpo general (Chen, 2020: 44).

En Francia, chiffoniers y biffins recolectan, clasifican, reparan y reinsertan en el circuito del reciclaje materiales desechados. En la región de Île-de-France, algo más de 600 de ellos se agrupan en AMELIOR, una asociación que se funda en agosto de 2012 como una respuesta organizativa de los trabajadores ante medidas represivas que los expulsaban del espacio público[4].

Brasil tiene una larga experiencia de chapeiros y catadores impulsando procesos asociativos. Entre 1998 y 2010 se desarrollaron políticas públicas a nivel local, estadual y nacional que fueron acompañadas por el Fórum Nacional Lixo e Cidadania, a la par que se implementaban programas de recolección diferenciada en distintas ciudades. En 2001 se crea el Movimento Nacional dos Catadores de Materiais Recicláveis como una entidad representativa de los catadores (Dias et al., 2020). Durante la pandemia de Sars-COV-2, el equipo local de la red global Women in Informal Employment: Globalizing and Organizing (WIEGO) realizó un monitoreo de los principales impactos de la situación de los catadores y las cooperativas de coleta seletiva. Se mapeó si los recicladores están recibiendo medidas de ayuda, como subvenciones básicas en efectivo y canastas de alimentos. En función del diagnóstico realizado se lograron sistematizar recomendaciones generales. Mientras tanto, el Movimento Nacional dos Catadores de Materiais Recicláveis creó un Fondo de apoyo de emergencia que distribuía tarjetas alimentarias para los catadores registrados en la Associação Nacional dos Catadores (Dias et al., 2020).

Instituciones universitarias y organizaciones sociales agrupadas en la Alianza EFI difunden en un medio de comunicación colombiano los resultados que han obtenido una serie de investigaciones en el marco del programa Colombia Científica, donde indagan en el papel que cumplen recicladores, recolectores, botelleros y basuriegos e incitan a su incorporación en los procesos de formulación de políticas públicas en torno a la gestión de los residuos (Cuesta Velásquez, 2023). En Guatemala, tras un proceso de militarización de espacios de trabajo de aproximadamente ciento cincuenta familias que viven de la recolección de residuos, organizaciones globales como Red Lacre y Global Alliance of Waste Pickers reclaman una mesa de trabajo “donde se puedan plantear las inquietudes, sin necesidad de una intervención militar ni policial” (Latam Gremial, 2022). Desde los pepenadores del México DF hasta los hurgadores de Montevideo, pasando por los buzos de San José de Costa Rica y los chamberos de Guayaquil, se ponen en marcha prácticas para gestionar los residuos por fuera del servicio oficial o para evitar la persecución policial.

En todas partes del globo, cuerpos, prácticas, técnicas y discursos en torno a los residuos. Sobre una multiplicidad de territorios, similares dispositivos y tecnologías, con sus mecanismos y mediaciones, procesos de ensamble y nominación, cosas y palabras, prácticas de clasificación y clasificación de las prácticas. Agenciamientos de cuerpos y de signos, regímenes de lenguaje y de luz (Deleuze, 2015). Unos y otros se ensamblan, por doquier, en torno a —y a través de— los residuos, la basura, los desechos… Ya se vislumbra, estos son también, cada uno de ellos, producto de un ensamble específico de cuerpos y procesos de significación.

Por tanto, si “lo primero que se ve son cuerpos” (Perlongher, 1993: 5) ellos están siempre ya atravesados por líneas, flujos de deseo, de sentido, poblados por intensidades. Nos topamos, de este modo, con la transformación de “un estado de cuerpos” (Perlongher, 2016: 35), procesos de ensamblaje o metamorfosis. No hay aquí otra forma de comenzar que no sea por el medio de ellos, por el medios de las cosas (y sus marcas), in media res, como sugiere Bruno Latour (2008: 47).

En la Ciudad Autónoma de Buenos Aires[5], en el lapso de una década, se pasó de perseguir cirujas a solidarizarse con cartoneros y, en seguida, registrar recuperadores urbanos (Schamber y Suárez, 2012). En la última década, se instalan centros de reciclado que incorporan maquinarias de última tecnología. A su vez, se hace frente a incendios que ponen en peligro la vida y la salud de trabajadores, evidencian condiciones de precariedad y destruyen materiales e instalaciones (Clarín, 2024). Organizaciones cartoneras realizan distintas movilizaciones y protestas en el espacio urbano: en la Legislatura de la Ciudad para manifestarse contra la incineración de residuos[6] (Rodríguez, 2018), en el Ministerio de Ambiente y Espacio Público por mejoras salariales y de las condiciones de trabajo (Infobae, 2018), en el Congreso de la Nación (Micheletto, 2021) y en la puerta de la compañía Coca-Cola por la denominada Ley de Envases[7] (Página/12, 2022). Desde hace algo más de dos décadas, el sistema de gestión de residuos —en particular la fracción de residuos sólidos urbanos (RSU) secos, que incorpora a los materiales reciclables[8]— es parte de una agenda pública y objeto controversial para diferentes actores.

En el presente trabajo nos preguntamos, ¿cómo emergió un fenómeno cartonero que captó la atención pública y posibilitó la emergencia de una problematización en torno a los residuos y las prácticas de recuperación y clasificación? ¿Cómo se ensambló un sistema de recolección, clasificación y tratamiento de los residuos que incorpora el trabajo cartonero en cooperativas? Es decir, ¿cómo se produjo un modelo de gestión de RSU que incluye el trabajo cartonero a partir de una cogestión entre Estado local y cooperativas? ¿Cuáles son las prácticas y técnicas que los cartoneros despliegan en ese marco? ¿Qué efectos tienen en los territorios urbanos en los que trabajan? ¿Cómo se vinculan esas prácticas y técnicas cartoneras con los procesos de (re)configuración territorial propios del espacio urbano de Buenos Aires? ¿Qué sentidos y valores se movilizan en ese proceso de (re)configuración territorial? ¿Cómo afectan la distribución de los existentes y la forma de enlazar un cosmos en el territorio urbano que habitan? Nos preguntamos también, ¿qué tecnologías artefactuales (como carros, bolsones, contenedores, cintas de clasificación, compactadoras, etc.) y organizacionales (como logística, disposiciones y normativas de las cooperativas y del Estado local) se ponen en juego en la recolección y clasificación de materiales reciclables? ¿Cómo se ensamblan esas tecnologías en el marco de esta compleja gestión de los RSU? ¿Qué mecanismos y mediaciones de objetos y personas intervienen en la implementación de la política pública? ¿Cómo se construyen normas éticas y estéticas en esta implementación?

En definitiva, enmarcada en los estudios sobre la gestión de los residuos y el trabajo cartonero, y enfocada en las cooperativas que participan del denominado Sistema de Recolección Diferenciada de la Ciudad de Buenos Aires, la presente investigación se pregunta por la relación entre el proceso de trabajo cartonero —sus prácticas, técnicas, mediaciones y tecnologías— y su inscripción en la dinámica territorial del espacio urbano. Al preguntarnos por las prácticas y técnicas, las mediaciones y tecnologías que hacen a los procesos de trabajo en diferentes territorios urbanos buscamos conocer las lógicas de funcionamiento de una determinada territorialidad (Deleuze y Guattari, 2002). En este caso, constituye una reapropiación que nos permite explorar el espacio urbano y las formas de distribución de los existentes o, en otras palabras, la puesta en juego de diversas cosmologías (Latour, 2014; Stengers, 2014). Entendemos que todo ensamble entre prácticas y técnicas implica una forma de enlazar un cosmos —una serie de existentes que distribuyen naturaleza/cultura— y una moral —una serie de sentidos y valores— (Hui, 2017, 2021). Por ello, la pesquisa se enfoca en prácticas, técnicas, mediaciones y tecnologías, en tanto son estas las que participan de los procesos situados de configuración territorial.

A partir de estas inquietudes, el objetivo general de la investigación consiste en comprender el funcionamiento del Sistema de Recolección Diferenciada de la Ciudad de Buenos Aires en tanto ensamble, a partir del análisis de las prácticas y técnicas desplegadas, de las mediaciones y tecnologías que se ponen juego y de las territorialidades que se (re)configuran en los procesos de trabajo de las cooperativas de cartoneros. El período que tomamos para este análisis es aquel en el que realizamos el trabajo de campo: desde 2018 a 2023. De allí se desprenden los siguientes objetivos específicos:

  • Comprender los modos en que se vinculan las prácticas y técnicas cartoneras con los procesos de (re)configuración territorial en el marco del trabajo de las cooperativas de recuperadores integradas al Sistema de Recolección Diferenciada de la Ciudad.
  • Analizar los modos en los que intervienen diferentes tecnologías —artefactuales y organizacionales— en el proceso de trabajo de las cooperativas.
  • Indagar en torno a los modos en que se vinculan las instancias estatales y gubernamentales con las organizaciones cartoneras a partir de mecanismos y mediaciones de objetos y personas que intervienen en la implementación de la política pública abordada.

La hipótesis que orienta este trabajo es que las diferentes formas de ensamblar prácticas, técnicas, mediaciones y tecnologías producen diferentes territorialidades, con formas diferenciadas de distribuir los existentes y de movilizar sentidos y valores, es decir, con determinados cosmos y morales. Así, la pregunta que subyace —por detrás y a lo largo de todo el trabajo de investigación— es una pregunta por el ensamble entre prácticas y técnicas, así como por sus efectos sobre el ordenamiento territorial y cosmológico. En otras palabras, una pregunta por las cosmotécnicas cartoneras.

1. Planteamiento del problema

En todo momento, decíamos, nos encontramos ante procesos de transformación de un estado de cuerpos, metamorfosis de los ensambles que configuran las cosas y sus sentidos. El espacio urbano y sus restos conforman también una composición específica, situada en tiempo y espacio, donde ciudad y residuos se relacionan —y se definen— de un modo determinado.

Desde el territorio de la Quema hasta los recientes Centros Verdes, desde el tren de la basura de principio de siglo XX hasta el finisecular tren blanco o cartonero, el espacio urbano de Buenos Aires transitó, desde su fundación hasta nuestro presente, una senda con huellas y marcas de lo residual. Varios trabajos han mostrado las diversas modalidades y sistemas de gestión de los residuos y la forma en que estos han cohabitado[9], al menos desde mediados del siglo XIX, con prácticas de clasificación de residuos[10] (Dimarco, 2010; Schamber, 2008; Suárez, 2016). Retomando a Francisco Suárez (2016), a partir de las formas de su tratamiento, de su organización espacial, de la trama de actores involucrados, así como también ligada a las transformaciones urbanas y tecnológicas, la gestión de los residuos en el espacio urbano de Buenos Aires ha mutado a lo largo de la historia de la ciudad[11].

Sin dudas un punto de inflexión clave para la presente gestión de los residuos en la Ciudad de Buenos Aires ha sido la creación de la Coordinación Ecológica Área Metropolitana Sociedad del Estado (CEAMSE)[12] y la introducción del método de relleno sanitario como la principal técnica de disposición final que se implementa hasta la actualidad. La crisis de 2001-2002, sumada al colapso de los rellenos sanitarios a fines de la década de 1990 y la emergencia del fenómeno cartonero, marcaron otro momento crucial para la gestión de RSU en nuestro presente. Allí tuvieron lugar profundas transformaciones, como la organización creciente de los cartoneros y el diseño de un nuevo marco normativo para regular la gestión los residuos y las prácticas asociadas. En particular, a nivel local, las leyes N° 992 en 2002 y la N° 1.854 en 2005 fueron especialmente significativas, ya que incorporaron formalmente a los cartoneros ahora denominados como recuperadores urbanos— en un sistema de gestión de los residuos con la participación del Estado y las cooperativas. A partir de 2008, se implementó un sistema mixto de gestión de los residuos que dejaba de lado una gestión centrada exclusivamente en la disposición final (Schamber y Suárez, 2012). Desde entonces, las cooperativas de cartoneros han desempeñado un papel activo en la política pública de Gestión Integral de los Residuos Sólidos Urbanos (GIRSU), promoviendo la recuperación y reincorporación de los RSU secos en los circuitos del reciclaje.

El nuevo sistema de recolección diferenciada de RSU secos, basado en el trabajo de las cooperativas de recuperadores, se fue ampliando y desarrollando entre 2008 y 2012 a la par de una articulación conflictiva entre las emergentes organizaciones cartoneras y el Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires (GCBA). Esta ampliación se produjo en dos dimensiones que componen el sistema: por un lado, la expansión de un programa que apunta a integrar el trabajo de recolección de RSU secos “en calle” y, por el otro, la construcción y puesta en funcionamiento de Centros Verdes, plantas destinadas a la clasificación, tratamiento y comercialización de los materiales reciclables (Gurrieri Castillo, 2018: 28).

Entre 2010 y 2011, se llevan a cabo negociaciones entre las cooperativas y las autoridades locales para definir las características de un Pliego de Bases y Condiciones que contemple el nuevo servicio de recolección diferenciada. El Pliego, que rige hasta la actualidad, define el servicio a prestar a cargo exclusivamente de cooperativas de recuperadores urbanos en la totalidad del espacio de la Ciudad. Detallado en el artículo 2° del Pliego, este servicio comprende la recolección de RSU secos bajo la modalidad “puerta a puerta” y su traslado a un Centro Verde o un establecimiento análogo; la separación de los RSU en un Centro Verde y su posterior venta; capacitaciones a impartir entre los miembros de las cooperativas; la inclusión de los recuperadores urbanos que se encuentren desarrollando sus actividades por cuenta propia; la ejecución de políticas de comunicación y concientización de la comunidad en los beneficios de la separación en origen y el reciclado de los RSU; y por último ejecución de políticas de eliminación del trabajo no registrado, insalubre e infantil.

En el marco del acuerdo, el Ministerio de Ambiente y Espacio Público (MAyEP) de la Ciudad se compromete a implementar gradualmente cinco programas que garanticen la correcta prestación del servicio. Estos programas son: el programa integral de logística (que apunta al acceso a medios de transporte para los recuperadores y de camiones para el traslado de los materiales); el programa de erradicación del trabajo infantil (con la consecuente instalación de centros de cuidado infantil para los hijos de los recuperadores)[13]; el programa de inclusión social integral (que garantice el acceso al monotributo social, seguro de accidentes personales, uniforme e implementos de higiene y seguridad laboral); el programa de incentivo mensual (que garantice un ingreso monetario para cada recuperador); y el programa de gestión de Centros Verdes (que garantice el control, la seguridad y la administración de los centros cogestionados con las cooperativas).

Por último, como parte de este proceso licitatorio se ordena el espacio urbano para el ejercicio de la recolección diferenciada en distintas zonas que son adjudicadas a las cooperativas de recuperadores urbanos. La adjudicación se realiza considerando como primer criterio la preexistencia del trabajo de algunas cooperativas en ciertas zonas que, por lo tanto, no fueron sujetas a concurso, sino asignadas a las mismas. Todas las zonas que no poseen trabajo preexistente de cooperativas de recuperadores fueron concursadas, permitiendo a cada cooperativa concesionar hasta dos zonas. Otro criterio que se utilizó en este caso para la adjudicación de las distintas zonas fue el de exclusividad para la prestación del servicio, es decir que las cooperativas tienen exclusividad para la prestación del servicio en la zona adjudicada. Sin embargo, como se aclara en el artículo 8° del Pliego, la exclusividad de las zonas “no podrá ejercerse en perjuicio de las rutas históricas” de los recuperadores urbanos. “En caso de superposición de rutas en una misma zona —continúa el artículo del Pliego—, las cooperativas de recuperadores urbanos deberán coordinar horarios y recorridos respetando las preexistencias de los mismos”.

Dentro de este período de negociación entre organizaciones cartoneras y el GCBA, señala Gurrieri (2018), las asociaciones cartoneras atraviesan “un importante recambio en las organizaciones que llegan al proceso de negociación del pliego” (p. 29-30), creándose nuevas cooperativas de recuperadores urbanos[14] y dejando de funcionar algunas otras[15]. De este modo, al momento de la realización del Concurso Público, son doce las cooperativas que logran presentarse y logran la adjudicación de una zona de la Ciudad[16].

Finalizado el Concurso Público y firmados los Contratos del servicio de recolección de RSU secos de la Ciudad entre el MAyEP y las cooperativas en enero de 2013, a comienzos de ese año se da inicio formal al Servicio Público de Recolección Diferenciada o Sistema de Recolección Diferenciada. En la práctica, la implementación de este sistema implicó un mayor grado de reconocimiento institucional para políticas que ya se encontraban en funcionamiento. En este sentido, la entrega de vestimenta de trabajo, guantes, credenciales de identificación, obra social, seguro de accidentes personales, monotributo social, el pago del incentivo, constituyen elementos que se presentan como líneas de continuidad como parte de este sistema. A su vez, la zonificación del territorio de la Ciudad y su adjudicación a diferentes cooperativas permitió alcanzar mayores niveles de organización en lo que respecta a las tareas de recuperación de residuos. Esto no se tradujo en una homogeneización de dichas tareas en el territorio, sino que continuó primando una heterogeneidad de situaciones de acuerdo a las diferentes territorialidades y a las características propias de cada cooperativa a cargo.

La puesta en marcha del Sistema de Recolección diferenciada implicó también una serie de transformaciones en los procesos de trabajo y la intervención activa del Estado local a la par de las cooperativas. Por su carácter relativamente novedoso, el funcionamiento de esta modalidad de gestión, junto con los programas que se incorporaron y las transformaciones que se impulsaron, constituyen un importante espacio de vacancia para el campo de los estudios sobre la gestión de los residuos y el trabajo cartonero. Su implementación puso en funcionamiento una serie de programas y procesos que abren un terreno enriquecedor para las prácticas de investigación en este campo de estudios.

En el marco de este Sistema de Recolección Diferenciada, desde 2014 comenzó a desplegarse en diferentes zonas de la Ciudad una modalidad de recolección que formó parte del Programa de Promotores Ambientales y se denominó como sistema de campanas[17]. Con esta modalidad se modificaron algunas cuestiones técnicas de la recolección de RSU secos en el territorio urbano. Si anteriormente el recorrido de un recuperador consistía en el trazado de una ruta con sus carros, recolectando el material de sus clientes, con el sistema de campanas se introduce la figura de recuperadores ambientales (RA)[18] que forman parte de una etapa de recolección y comienzan a realizar sus tareas centrados en una determinada parada[19]. Este proceso, en el que nos detenemos en el Capítulo IV, modifica las condiciones de trabajo de los recuperadores en el marco de un dispositivo de recolección que transforma, a su vez, la relación con el territorio urbano. En ese sentido, su estudio nos permitirá ahondar en la vinculación entre prácticas y técnicas cartoneras con los procesos de (re)configuración territorial, a la vez que describimos el funcionamiento de algunos mecanismos que intervienen en la implementación de esta política pública.

A la par de este sistema, en 2014 comienza a implementarse un programa de Promotoras Ambientales. Impulsado por la Dirección General de Reciclado y un sector de la cooperativa El Amanecer de los Cartoneros, el Programa apuntó explícitamente a construir una política pública con perspectiva de género para las recuperadoras de residuos. La tarea de las recuperadoras consiste en capacitar a vecinos de la Ciudad sobre la separación domiciliaria de los residuos y ponerlos en contacto con los recuperadores urbanos de su zona (Puricelli, 2017: 196). Así, el Programa de Promotoras Ambientales busca “promover la reconversión laboral de algunas mujeres recuperadoras” que hasta entonces realizaban la recolección en calle o que integran familias donde se realiza el trabajo cartonero[20] y, de ese modo, constituye una oportunidad laboral para quienes se hace más difícil el ingreso a otros sectores del mundo del trabajo y quienes en muchos casos representan el principal ingreso en la economía familiar[21]. Además, este Programa del Sistema de Recolección Diferenciada significa una búsqueda por capacitar e intervenir en las prácticas de los vecinos y habitantes del territorio urbano de Buenos Aires. Como veremos en el Capítulo V, existen también otras mediaciones que se ponen en juego en las prácticas de trabajo cartonero y que apuntan a conectar con las prácticas cotidianas de los habitantes de los territorios urbanos.

A su vez, desde 2006 a partir de la sanción de la ley N° 1.854 y la instalación del primer Centro Verde de la Ciudad en Villa Soldati, se da comienzo a un proceso de apertura y puesta en funcionamiento de diferentes galpones y plantas de tratamiento de RSU secos. En ocasiones fue el propio Estado local que montó el Centro Verde para que sea cogestionado junto con alguna cooperativa, pero en muchos otros casos fueron las mismas organizaciones cartoneras las que impulsaron de forma autónoma estos espacios luego reconocidos en el marco del Sistema de Recolección Diferenciada. Con la formalización de un Servicio Público de Higiene Urbana con participación de las cooperativas cartoneras, el Estado local comenzó a impulsar la incorporación de tecnologías —como prensas o cintas de clasificación— a los Centros Verdes. En 2023 se encuentran en funcionamiento 15 Centros Verdes[22]. Aunque su trabajo se enfoca en las tareas de clasificación, tratamiento, acopio y comercialización de los materiales reciclables, el funcionamiento de las plantas varía de acuerdo a las características de las cooperativas, las tecnologías con las que se cuenta, los materiales que se reciben y los mecanismos y mediaciones que allí se despliegan. Como se observa en el capítulo VI, el funcionamiento de estos Centros Verdes conlleva diferentes procesos de incorporación de tecnologías y, a la par, distintas modalidades de inscripción territorial del trabajo cartonero.

En este sentido, los procesos puestos en marcha a partir de la implementación del Sistema de Recolección Diferenciada en 2013 abren un campo de investigación que nos permite ahondar en la vinculación entre prácticas y técnicas cartoneras, mediaciones, tecnologías y las formas de ordenamiento y (re)configuración del territorio urbano. Para ello, a continuación, nos proponemos caracterizar brevemente el Sistema de Recolección Diferenciada actual y las cooperativas que formaron parte de la investigación.

2. El Sistema de Recolección Diferenciada actual y las cooperativas cartoneras

Actualmente, el Sistema de Recolección Diferenciada de la Ciudad de Buenos Aires está integrado, como mencionamos, por el Estado local y 12 cooperativas cartoneras. Su funcionamiento se encuentra bajo la órbita de la Subsecretaría de Higiene Urbana del MAyEP de la Ciudad de Buenos Aires[23]. Esta Subsecretaría se encuentra a cargo de la implementación de políticas para una gestión integral de los RSU, en sus fracciones de húmedos y de secos. En ese marco, en 2023 existían cuatro Direcciones que se distribuían sus funciones. En primer lugar, la Dirección General de Limpieza, a cargo de la gestión de los RSU húmedos y la administración de los contenedores negros. Además, la Dirección General Operación de Reciclado (DGOR), que tiene el objetivo de planificar y desarrollar la gestión integral de los RSU secos no dispuestos en la vía pública, considerando los grandes generadores o generadores especiales[24] comprendidos en la Ley N° 1.854: apunta, así, a la administración de los RSU secos que llegan a los Centros Verdes y a los Puntos Verdes directamente desde grandes generadores o a través de los contenedores verdes. En tercer lugar, el Ente de Higiene Urbana se encuentra a cargo de los servicios públicos de higiene, específicamente el barrido, la higienización y el levantamiento de voluminosos en una zona específica del sur de la Ciudad. Finalmente, la Dirección General de Reciclado y Economía Circular posee a su cargo promover un cambio cultural y de gestión tendiente a reducir, reutilizar, valorizar y reciclar los RSU secos, es decir, impulsar una transformación en las prácticas de los habitantes de la Ciudad para que “los contenedores verdes crezcan en cantidad de materiales y se reduzca el contenido en los contenedores negros”[25].

En ese marco, se coordina el trabajo de 12 cooperativas de recuperadores que en 2021 conformaban un colectivo de 4203 recuperadores y promotoras ambientales. Sin embargo, como puede observarse en la Tabla I, las cooperativas poseen dimensiones muy diferentes: mientras que una sola de ellas (El Amanecer) nuclea a más de la mitad de los trabajadores (2673 miembros), siete cooperativas poseen menos de cien integrantes. Como refleja también la Tabla I, existió una tendencia de crecimiento en la cantidad de recuperadores y promotoras ambientales entre 2015 y 2018 que fue seguida de una caída a partir de 2019, acentuada en 2021 en el marco de la pandemia de Sars-COV-2.

Tabla I: Cantidad de Recuperadores Ambientales y Promotoras Ambientales por cooperativa según año, Sistema de Recolección Diferenciada de la Ciudad de Buenos Aires, período 2015-2021

COOPE­RA­TIVA / AÑO

2015

2016

2017

2018

2019

2020

2021

Alelí

222

222

222

225

225

225

204

Baires

161

161

161

163

163

163

105

Recolectores del Oeste

65

66

66

66

70

70

43

El Álamo

33

59

74

74

74

74

48

El Ceibo

93

91

91

91

98

98

78

El Trébol

36

36

36

36

31

31

19

Las Madreselvas

445

464

464

464

460

460

390

El Amanecer de los Cartoneros

3174

3268

3268

3268

3174

3174

2673

Recuperadores Urbanos del Oeste

616

663

663

663

663

663

552

Primavera

58

58

58

58

60

60

44

Cartonera Del Sur

43

47

50

50

38

38

35

Trabajo y Dignidad

42

42

42

42

36

36

12

TOTAL

4988

5177

5195

5200

5092

5092

4203

Fuente: DGOR-GCBA

Tabla II: Distribución de Recuperadores y Promotoras Ambientales por cooperativa según género, Sistema de Recolección Diferenciada de la Ciudad de Buenos Aires, año 2021

COOPERATIVA/GÉNERO

Masculino

Femenino

Proporción de femenino (%)

Alelí

97

107

52.45

Baires

57

48

45.71

Recolectores del Oeste

17

26

60.47

El Álamo

40

8

16.67

El Ceibo

31

47

60.26

El Trébol

7

12

63.16

Las Madreselvas

198

192

49.23

El Amanecer de los Cartoneros

1438

1235

46.20

Recuperadores Urbanos del Oeste

339

214

38.70

Primavera

31

13

29.55

Cartonera Del Sur

22

12

35.29

Trabajo y Dignidad

1

11

91.67

TOTAL

2278

1925

45.80

Fuente: DGOR-GCBA

Tabla III: Promedio de edad de Recuperadores y Promotoras Ambientales por cooperativa, Sistema de Recolección Diferenciada de la Ciudad de Buenos Aires, año 2021

Cooperativa

Promedio de edad

Alelí

40.5

Baires

38.3

Recolectores del Oeste

38.4

El Álamo

37.7

El Ceibo

45.3

El Trébol

43.7

Las Madreselvas

40.3

El Amanecer de los Cartoneros

39.1

Recuperadores Urbanos del Oeste

40.5

Primavera

49.9

Cartonera Del Sur

37.9

Trabajo y Dignidad

41.1

TOTAL

41.1

Fuente: Elaboración propia a partir de datos de DGOR-GCBA

Si observamos la distribución por género, vemos en la Tabla II que hay una presencia de 45,8 de mujeres. Si bien existen diferencias entre ellas, en las cooperativas más numerosas la presencia de mujeres oscila entre el 38,7% (Recuperadores Urbanos del Oeste) y algo menos del 50% (Las Madreselvas y El Amanecer). En cuanto a la edad, como vemos en la Tabla III, la mayoría de las cooperativas tienen una edad promedio que oscila entre los 37 y 45 años, lo que sugiere una distribución etaria relativamente homogénea en la mayoría de los casos. A su vez, la edad promedio de los miembros de todas las cooperativas juntas es de 41 años. Sin embargo, no contamos con las edades de los miembros lo que nos impide saber con la amplitud del rango etario que compone ese promedio, para conocer si en las organizaciones existe una presencia significativa de mayores de 60 años o de jóvenes cercanos a los 20 años de edad. Nuestra experiencia en el trabajo de campo, igualmente ha estado marcado principalmente por cartoneros y cartoneras cercanas al promedio señalado.

Desde ese marco institucional y con esa estructura organizativa, el Sistema de Recolección Diferenciada conforma un dispositivo de recolección y tratamiento de RSU secos que cuenta con cuatro grandes fuentes de recolección: los recuperadores ambientales en el espacio urbano, los contenedores verdes distribuidos a lo largo de la Ciudad, 91 Puntos Verdes en diferentes plazas, parques y espacios públicos y la recolección específica de grandes generadores. A partir de esas cuatro fuentes de materiales, el Sistema de Recolección Diferenciada logró recolectar 91.242 toneladas de RSU secos en 2019, tal como se observa en la Tabla IV.

Tabla IV: Toneladas y promedio de toneladas diarias de RSU secos recolectados en el Sistema de Recolección Diferenciada de la Ciudad de Buenos Aires, por año, período 2014-2019

AÑO

Toneladas

Toneladas diarias*

2014

70999

268,94

2015

45223

171,30

2016

96000

363,64

2017

100800

381,82

2018

102699

389,01

2019

91242

345,61

*Se contabilizan 22 días laborales por mes

Fuente: DGOR-GCBA

La investigación se centró en el caso de tres cooperativas de cartoneros, que son, a su vez, las de mayor cantidad de miembros en el Sistema de Recolección Diferenciada de la Ciudad de Buenos Aires. Nos referimos a El Amanecer de los Cartoneros, Recuperadores Urbanos del Oeste y Las Madreselvas. Sin embargo, durante el proceso de investigación —y en la escritura de la presente tesis— no se lleva a cabo un estudio de casos. En cambio, el análisis se realiza de forma transversal, movilizado por los interrogantes y problemas que constituyeron la pesquisa. A continuación, presentamos una sintética reposición de la trayectoria de estas cooperativas.

2.1. El Amanecer de los Cartoneros

La formación de la cooperativa El Amanecer de los Cartoneros (de ahora en más, El Amanecer) se encuentra ligada de forma inescindible a la historia del Movimiento de Trabajadores Excluidos (MTE). De hecho, como sostienen Liaudat, Tóffoli y Fontana (2023) en su historia del movimiento, durante un largo período referirse al MTE sería sinónimo de alusión a “cartoneros”: fueron estos quienes “construyeron buena parte de los pilares constitutivos e identitarios del movimiento” (Liaudat et al., 2023: 47). El MTE ubica sus inicios a partir del encuentro de un grupo de jóvenes con trayectorias universitarias y un conjunto de trabajadores cartoneros provenientes de la zona sur del Gran Buenos Aires (GBA)[26], específicamente de los barrios de Villa Fiorito en Lomas de Zamora y Villa Caraza en Lanús. El encuentro se produce en el año 2002 a través de la organización de una olla popular en la esquina de la calle Gallo y la avenida Córdoba, donde estos jóvenes servían comida a los cartoneros que llegaban a la Ciudad de Buenos Aires y comenzaban así un proceso organizativo. Como señala Gurrieri Castillo (2018), el MTE posee en sus comienzos un perfil diferente al de la mayoría de las cooperativas de cartoneros existentes entonces. Menos centrado en lograr instalaciones para el acopio y la comercialización del material, en sus primeros años el MTE se concentró en desplegar un repertorio de acciones y reivindicaciones orientados a la construcción de una herramienta gremial del sector y a la solución de una serie de problemas típicos de los recuperadores en la calle y en su vínculo con otros actores del sistema. Como lo especifica el propio Juan Grabois, fundador de la organización, entre 2002 y 2005 la solidaridad construida entre los cartoneros del movimiento se produjo a partir del enfrentamiento a prácticas policiales —tanto la represión como la exigencia de coimas— y ciertos sectores de galponeros o intermediarios[27] que perjudicaban el trabajo cartonero (Grabois en Moreno y Schamber, 2009: 4).

En noviembre de 2005, ante la inminente sanción de la Ley N° 1.854, el MTE inscribió formalmente la Asociación Civil “El Amanecer de los Cartoneros” como figura jurídica y, en 2007, “cuando se preveía la reglamentación de la nueva norma, el movimiento dio un paso más y registró a ‘El Amanecer de los Cartoneros’ como cooperativa en el Instituto Nacional de Asociativismo y Economía Social” (Liaudat et al., 2023: 99). Como explican Liaudat, Tóffoli y Fontana (2023), en la concepción del MTE, “la obtención de esa personería legal era un elemento táctico dentro de una concepción sindical que no se abandonó en ningún momento” (p. 99). Desde abril 2009, cuando se realizó la primera de ellas, se llevan adelante asambleas para la elección de autoridades de la cooperativa con participación directa de sus asociados (Liaudat et al., 2023: 99).

Como parte del proceso de defensa ante las prácticas represivas de la policía y de otros agentes estatales, como el programa de Recuperación del Espacio Público (RECEP)[28], en febrero de 2006 el MTE participó de movilizaciones al Palacio de Gobierno (sede del GCBA) y a la Casa Rosada (sede del Gobierno Nacional). Acompañada por la Junta Interna de la Asociación de Trabajadores Estatales (ATE) del entonces Ministerio de Medio Ambiente, la movilización fue convocada por la Federación Ecológica de Cartoneros y Recicladores (FECyR), “compuesta por el MTE, la Unión de Trabajadores Cartoneros (UTRACA), la Cooperativa Ecológica de Recicladores del Bajo Flores (CERBAF), la Cooperativa el Álamo y la Cooperativa Nueva Esperanza” (Gurrieri Castillo, 2018: 20). El hecho resulta significativo no solo porque continuó un proceso de articulación entre organizaciones cartoneras y actores sindicales al interior del Estado local, sino también por ser la primera acción convocada por la FECyR. Aunque esa Federación no perduró en el tiempo, esa acción colectiva resultará un paso importante en un proceso articulatorio entre actores que conforman el sector. El MTE jugó un rol considerable en este proceso, como también lo hizo años después participando de otras instancias organizativas de segundo y tercer orden como la Federación Argentina de Cartoneros, Carreros y Recicladores (FACCyR) en 2012 y la Confederación de Trabajadores de la Economía Popular (CTEP) en 2011, devenida Unión de Trabajadores de la Economía Popular (UTEP) en 2019.

Como señala Gurrieri Castillo (2018), el ciclo de conflictividad en el que se inscribe la política represiva de la RECEP tiene continuidad en una política de “desincentivo” al trabajo “en calle” de los cartoneros, a la vez que propicia la actividad en los Centros Verdes (pp. 20-21). Se promovía el ya mencionado modelo “receptivo” de gestión de centros de clasificación y se buscaba suprimir la presencia de cartoneros en la vía pública. A mediados de 2006, se montaron una serie de operativos policiales en el Puente Alsina, principal punto de acceso a la Ciudad para los camiones que transportaban a los cartoneros de las zonas de Lanús y Lomas de Zamora. Dichos operativos apuntaban a restringir el ingreso, amparándose en el deteriorado estado de los vehículos que no cumplían con las normas en materia de seguridad vial (Gurrieri Castillo, 2018: 21). Ante esta situación, el MTE logra organizar una serie de cortes del puente entre los meses de junio y diciembre de ese año, llegando a fin de año con una jornada de dos días consecutivos de cortes y enfrentamientos directos con la policía (Gurrieri Castillo, 2018: 21). La resolución del conflicto fue positiva para la organización, debido a que logró acordar la entrega de obleas para la libre circulación de los camiones, así como también representó una experiencia de conflicto resuelto a partir de la lucha, la negociación y la conquista de reivindicaciones concretas, dinámica que se repetiría en los siguientes años (Gurrieri Castillo, 2018: 21).

En 2007, ya con la cooperativa formalizada, El Amanecer comienza a formar parte de dos procesos que se desprenden de un conflicto desatado tras la suspensión del servicio de los trenes cartoneros[29]. Esto le permitirá a la cooperativa, integrar de forma más decisiva la gestión de los residuos de la Ciudad, adoptar nuevas modalidades de trabajo y negociar con mayor asiduidad con el Estado y funcionarios locales (Maldovan Bonelli, 2017). Por un lado, producto de una Mesa de Diálogo construida con funcionarios del GCBA, la cooperativa recibe en concesión camiones para trasladar el material reciclable de algunos grandes generadores a los Centros Verdes que funcionaban entonces (Gurrieri Castillo, 2018: 26). Por otro lado, en ese mismo año, 600 recuperadores miembros de la cooperativa comienzan a formar parte de un programa que se proponía organizar el trabajo en la vía pública a través de una modalidad “puerta a puerta”. Esta experiencia, funcionaría como piloto para ser replicada en gran parte del espacio urbano de la Ciudad[30]. Para la implementación del servicio, el Estado local garantizaba los camiones para el traslado del material reciclable, colectivos para la movilidad de los recuperadores, vestimenta de trabajo, obra social, seguro de accidentes personales, monotributo social, un centro de cuidados infantiles para los hijos de los recuperadores y el pago del incentivo mensual. La cooperativa se comprometía a prohibir el trabajo con niños menores de 14 años, el consumo de alcohol y el rompimiento de bolsas en la vía pública.

A su vez, El Amanecer profundizó su trabajo de gestión del material reciclable de grandes generadores a partir de su inserción en la gestión de Centros Verdes —con la participación de personal del Estado local. Así, en 2013 la cooperativa se hace cargo de la gestión del Centro Verde Cortejarena en el barrio de Parque Patricios, en 2015 comienza a funcionar a su cargo el Centro Verde Barracas y, por último, en 2019 lo hace el Centro Verde Saavedra.

Como parte del diálogo y las disputas con el GCBA que tuvieron un hito en 2008, la cooperativa se inscribe como uno de los actores principales del proceso de negociación para definir el Pliego de Bases y Condiciones que regiría el Concurso Público para el servicio de RSU secos de la Ciudad. Finalmente, en enero de 2013, al igual que las otras cooperativas, firma contrato con el Estado local en el cual se le reconoce la preexistencia de su trabajo en gran parte del espacio urbano de la Ciudad y se le asignan otras nuevas zonas. En lo formal, la firma del contrato implicó el reconocimiento de pautas y dinámicas de trabajo que ya habían comenzado a delinearse a partir del funcionamiento de los Centros Verdes y la organización del trabajo “puerta a puerta”. A través de dicho contrato, la cooperativa y el Estado local se comprometen a respetar los acuerdos establecidos en los anteriores Pliegos de Bases y Condiciones, respecto a las pautas de trabajo y las obligaciones de cada una de las partes.

Actualmente, El Amanecer posee más de 2500 miembros trabajando en el Sistema de Recolección Diferenciada y es “la cooperativa más grande de América Latina, con alrededor de cinco mil miembros activos” (Liaudat et al., 2023: 99). Realiza sus actividades en gran parte de la Ciudad de Buenos Aires, cubriendo barrios tan heterogéneos como San Nicolás, San Cristóbal, Almagro, Boedo, Parque Patricios, Palermo, Villa Urquiza, entre otros. Para ello, gestiona tres Centros Verdes: el CV Barracas (abierto en 2012 y gestionado por la cooperativa como Centro Verde desde 2015), el CV Cortejarena en Parque Patricios (desde 2013) y CV Saavedra (desde 2019).

2.2. Recuperadores Urbanos del Oeste

Una gran parte de los actuales integrantes de la cooperativa de Recuperadores Urbanos del Oeste (RUO) provienen del oeste del GBA. Existe un grupo histórico de cartoneros que se trasladaban desde localidades como Moreno, Paso del Rey, Merlo, Padua y llegaban a la Ciudad en busca de materiales reciclables. Esos viajes en los trenes cartoneros de la Línea Sarmiento (de Moreno al barrio de Once), desde el año 2004, significaron las primeras experiencias organizativas[31].

La organización del tren cartonero llevó a una distribución del trabajo: los cartoneros en los distintos vagones se fueron distribuyendo los distintos puntos de bajada en la Ciudad (desde Liniers hasta Once) de acuerdo a los puntos de subida al tren (Moreno, Paso del Rey, Merlo, Padua). Esta trayectoria común que presenta un grupo histórico dentro de la cooperativa es una característica distintiva y muy presente entre los integrantes de RUO. Así, en 2005, al momento de sancionarse la Ley N° 1.854, ya existían lazos sociales importantes que constituía a este conjunto en un grupo de trabajo. Esta ley significó un fuerte impulso para consolidar el proceso organizativo y, luego, con la interrupción del servicio de trenes en 2008 se inició un proceso de lucha para obtener un servicio que resolviera las necesidades de traslado del conjunto de los cartoneros. Con la obtención de un transporte alternativo en camiones brindados por el Estado local y con el inicio de un proceso de licitación del servicio, la cooperativa toma otro impulso con capacitaciones y los incentivos económicos que funcionaban como un ingreso complementario.

Por otro lado, en el caso de RUO ha sido central la alianza que lograron establecer como cooperativa con un sector de la militancia sindical ligada a ATE. Han sido estos militantes sindicales los que han colaborado en el proceso organizativo y en la vinculación con interlocutores del GCBA y el Estado local. Por su conocimiento técnico y por su compromiso político con este grupo de cartoneros, estos agentes jugaron un rol muy importante a la hora de articular las relaciones entre la cooperativa y el Estado local. En particular, la cooperativización de los cartoneros fue una estrategia que, surgida de las reuniones con estos representantes sindicales y apoyada en las experiencias de otros grupos, permitió viabilizar la posibilidad de acceder al incentivo como complemento económico (Maldovan Bonelli, 2017).

Tras una audiencia pública en 2008 y el comienzo de las negociaciones de cara a la licitación del servicio, el grupo de RUO sostuvo una fuerte exigencia para que se le asignase un Centro Verde para realizar sus tareas, de acuerdo a lo establecido en la Ley 1.854. Luego de una disputa con el GCBA, RUO logra que se le asigne un terreno en el barrio de Villa Soldati, iniciando su actividad el Centro Verde Varela. Inicialmente, este Centro Verde no modificó la dinámica de trabajo de los recuperadores de la cooperativa. La distancia entre el Centro Verde Varela, en Villa Soldati, y la zona de trabajo del grupo de cartoneros, entre los barrios de Once y Liniers (pasando por Caballito, Flores, Floresta, Parque Avellaneda, Vélez Sarsfield, Villa Luro y Mataderos), significó un obstáculo y no se reflejó en mejorar en el proceso de trabajo de recolección. Los recuperadores seguían trasladándose desde sus hogares con los carros hacia la Ciudad, subiéndolos y bajándolos de los camiones. Continuaban, a su vez, regresando con el material para vender lo recolectado de forma individual o en pequeñas asociaciones a galponeros del GBA. Mientras tanto, la función del Centro Verde Varela se limitaba a la recepción del material de algunos grandes generadores de la Ciudad de Buenos Aires.

Desde la asignación del Centro Verde Varela en 2008 hasta 2013, RUO atravesó un proceso donde participó de manifestaciones y acciones de protesta y aumentó de forma constante el número de miembros de su cooperativa a partir de lograr presentarse como una posibilidad para el acceso a mejores condiciones de trabajo, contando con uniformes, guantes, transporte y, principalmente, el incentivo económico.

En el 2013, RUO lleva adelante la toma de unos terrenos lindero a las vías del tren de la línea Sarmiento, ubicados en la calle Yerbal 1500, en el barrio de Caballito. Finalmente, al igual que en el caso de los terrenos de Villa Soldati, logró el reconocimiento del predio como espacio para la realización de sus actividades de trabajo. Allí, la cooperativa construyó, en conjunto con el Estado local, el Centro Verde Yerbal. Ubicado en el centro de la zona de trabajo de la cooperativa, este Centro Verde ya no presenta el obstáculo de la lejanía como el Centro Verde Varela y, por lo tanto, se vuelve un lugar central para las tareas cotidianas de recolección en calle. De los más de 500 recuperadores que integran la cooperativa, aproximadamente 350 trabajan en la recolección en el espacio público (200 desde el predio de Yerbal y otros 150 que trabajan en la zona cercana a Once o desde un predio que denominan “Santo Tomé” en el barrio de Chacarita). El resto de los miembros realizan tareas dentro de los predios de trabajo: en el Centro Verde Yerbal, en el Centro Verde Varela y en el predio de “Santo Tomé”.

2.3. Las Madreselvas

Las Madreselvas está integrada por 390 socios que, en su mayoría, habitan municipios de la zona norte del GBA, principalmente Escobar, Pilar y Tigre (y, dentro de ellos, provienen de las localidades de Maquinista Savio, Garín, General Pacheco y Benavídez). Específicamente tiene a su cargo la recolección en la zona norte de la Ciudad (barrios Núñez, Coghlan, Belgrano y Saavedra). El material recolectado es trasladado en camiones al Centro Verde Núñez (Av. Gral. Paz 98).

Varios de los integrantes de la cooperativa señalan el contexto de la crisis de 2001-2002 como un hito importante para comprender los inicios de la experiencia que los involucra. En ese entonces, los cartoneros provenientes de la zona norte del GBA llegaban a la Ciudad a través de la Línea Mitre del ferrocarril, subiendo al furgón con sus carros. Su masiva presencia generó conflictos con otros usuarios. Así, viajes en el tren y conflictos son rememorados en los testimonios recogidos como una experiencia fundante que estrechó lazos de “solidaridad” y “compañerismo” (Fink, 2021: 27). Allí también aparecieron los primeros voceros que funcionaban como referentes de vagones, de estaciones o paradas. La empresa concesionaria del servicio de trenes, como estrategia para descomprimir conflictos, puso a rodar un convoy exclusivo, un tren cartonero. Su suspensión a finales de 2007 conforma otro de los hitos contribuyentes a la organización según rememoran miembros de la cooperativa. Rafa, uno de ellos, lo retrata de esta forma: “Al tren lo sacaron de un día para otro. Vine a Capital y cuando quise volver, cuando quisimos subir al tren, lo sacaron. Vine a las 2 de la tarde y a las 10 de la noche no estaba más. Y me quedé casi un año viviendo en Capital” (Fink, 2021: 29). Betty, otra integrante de Madreselvas, cuenta: “Yo terminé en la calle Ciudad de la Paz, por la plaza Noruega. Había gente desparramada por todos lados” (Fink, 2021: 29). Sin otras alternativas prácticas para el traslado entre el espacio del hogar y el territorio de la recolección de materiales, con acompañamiento de algunos vecinos y organizaciones de la sociedad civil, se organizaron movilizaciones exigiendo soluciones. Este proceso derivó en que, a mediados de 2008, el GCBA otorgara camiones para el traslado de los carros, y posteriormente colectivos para los recolectores. Ese logro alimentó el proyecto de conformar una cooperativa, que en 2009 obtiene reconocimiento formal. Durante estos años, el grupo recibió el apoyo y el acompañamiento para cooperativizarse de la Junta Interna de Ministerio de Ambiente de ATE-CTA.

Entre 2010 y 2012, la cooperativa formó parte del proceso participativo organizado por GCBA para definir las características del Pliego de Bases y Condiciones para el Sistema de Recolección Diferenciada (Fundación Cambio Democrático, 2013). A partir de allí, en 2012 se le entrega en comodato el primer camión para la realización de tareas de recolección y en diciembre de ese año se le asigna el Centro Verde Núñez. En 2013, el Estado local le asigna dos colectivos para el transporte de los recuperadores y más camiones para las tareas de recolección en calle y con grandes generadores. En 2014, se instalaron maquinarias fijas en el Centro Verde como cintas y una enfardadora (Fink, 2021).

3. Hoja de ruta

Además de esta Introducción, la tesis se divide en dos partes. En la primera, buscamos situar las coordenadas y poner en marcha un ejercicio arqueo-genealógico de nuestra actualidad. Para ello, en el Capítulo I, enmarcamos el problema de investigación como parte de la cuestión del Antropoceno, en tanto problema de nuestra actualidad. Luego, construimos una perspectiva teórico-metodológica con la que guiamos la investigación y definimos los principales conceptos que atraviesan la tesis. En el Capítulo II, emprendemos un ejercicio arqueológico que nos permite revisar la literatura en torno a la gestión de los residuos y las prácticas de clasificación en el espacio urbano de Buenos Aires. Tras rastrear en la producción de conocimiento en el campo académico, se realiza un mapeo de los discursos que circularon en torno a la emergencia del fenómeno cartonero de 2001-2002. Allí analizamos los modos en que este fenómeno fue formulado como un problema, los diagnósticos que se construyeron y las respuestas que se enunciaron. Denominamos como cuestión cartonera a este ensamble de textualidades, una puesta en serie de enunciados que permite formular nodos de problemas y soluciones y que apuntamos a reproblematizar a partir de introducir otros elementos presentes en investigaciones precedentes. Luego, junto con el rastreo de discursos, como parte de la construcción de una problematización del trabajo cartonero en el Sistema de Recolección Diferenciada, en el Capítulo III indagamos en las relaciones de fuerza que le dieron forma al actual sistema de gestión de los RSU secos de la Ciudad. En este ejercicio genealógico, se señalan algunos hitos importantes en el derrotero histórico de la gestión de los residuos y las prácticas de clasificación en el espacio urbano de Buenos Aires. En efecto, se recompone el modo en el que, desde 1977, se conforma un modelo de gestión particular que, parcialmente, se extiende hasta nuestros días, a partir de la instalación de CEAMSE y una determinada concepción de los residuos y las prácticas de clasificación.

En la segunda parte de la tesis, elaboramos una cartografía de las líneas y flujos que componen el actual Sistema de Recolección Diferenciada de la Ciudad. En ese sentido, dedicamos el Capítulo IV a indagar en las prácticas de trabajo cartonero en el territorio urbano. En particular, nos detenemos en el funcionamiento del dispositivo de recolección, identificando el conjunto de prácticas, técnicas y mecanismos que lo conforman. Se ahonda en la complejidad que presentan los territorios urbanos donde trabajan los cartoneros, las economías que se configuran y los procesos de valorización que allí se ponen en marcha. Esto hace que nos preguntemos por las técnicas cartoneras y las lógicas de subjetivación que atraviesan el proceso de trabajo y de recolección, configurando diferentes territorialidades. En el Capítulo V, analizamos las mediaciones que funcionan en el Sistema de Recolección Diferenciada e intentamos dar cuenta del lugar que ocupan los Responsables de Grupo como participantes significativos en la cogestión de una política pública urbana entre cooperativas de trabajo y Estado local. El análisis nos permite indagar sobre el juego de confianzas, lazos afectivos y también estigmatizaciones que se pliegan en el territorio urbano de la Ciudad. Así, en este capítulo, además de dar cuenta de una política pública donde se difuminan los límites entre Estado y cooperativas, nos interrogamos por las modalidades de ejercicio del poder y el gobierno sobre el territorio urbano. Como un modo de concluir esta cartografía, en el Capítulo VI observamos las prácticas que se despliegan en los Centros Verdes, cogestionados entre las cooperativas cartoneras y el Estado local. Describimos las prácticas de clasificación y los mecanismos de comercialización colectiva del material reciclable, junto con los procesos de incorporación de tecnologías y la forma en que afectan el funcionamiento del sistema. De este modo, retomamos la pregunta por las alternativas de configuración de la territorialidad urbana y las formas en que el trabajo cartonero se inscribe allí.

Para finalizar, en las Conclusiones, sintetizamos los principales hallazgos y resultados obtenidos durante el proceso de investigación, buscando ponerlos en relación y en perspectiva para hacer brotar y construir nuevos interrogantes que impliquen otros desafíos de indagación en el futuro.


  1. Resulta oportuno, en estas primeras líneas, realizar una pausa que se detenga brevemente en el cómo hacer de la escritura. Nos referimos aquí, particularmente, a poder pensar las posiciones “que informan nuestras condiciones del decir” de un modo siempre contradictorio y, a su vez, en una tensión entre la celeridad de las demandas de nuestros tiempos y el intervalo que exige todo ejercicio analítico (Glozman, 2021: 134). En el marco de procesos de luchas y, conjuntamente, una creciente problematización del lenguaje, en los últimos años se han llevado adelante prácticas políticas que apuntaron a poner en movimiento aspectos del orden discursivo. Aun siendo cautos con aquellas formulaciones que relacionan —a veces con insuficientes mediaciones— lenguaje, poder y acción, e intentando mantener presente una problematización en torno al sujeto, la lengua y el discurso —que nos aleja de concepciones liberales sobre un sujeto hablante y un ego cogito más propio de un sujeto de la modernidad—, este texto se propone, desde una perspectiva materialista, mantener una mirada atenta sobre el lenguaje y, principalmente, “crítica de la evidencia del lenguaje como algo transparente o linealmente en relación con el mundo o su producción” (Glozman, 2021: 133). Atendiendo a esto, nos encontramos alertas de la imposibilidad de adoptar formas (prácticas) lingüísticas que incluyan a todxs, ya que nuestra propia práctica de investigación ha sido parcial, binaria y profundamente masculinizada. Durante las experiencias de campo que funcionaron como insumo fundamental de la presente pesquisa, se ha acompañado principalmente a cartoneros varones hetero-cis. La experiencia relatada, entonces, se escribirá principalmente haciendo uso de marcas de género masculinizadas, pero no por ello se excluye a una gran parte de cartoneras y cartonerxs que integran también los trabajos de clasificación y recuperación de residuos en el espacio urbano (de Buenos Aires y otros puntos del globo). Cuando se incorpora experiencias acompañando a cartoneras o recuperadoras se realiza con las marcas de género correspondientes. En los relatos de campo, el uso de comillas se ha reservado para citas textuales o reconstrucciones de discursos que realizamos a partir de las notas etnográficas. El uso de las bastardillas, en cambio, se preservó para aquellos momentos donde se usan términos propios de otra lengua, términos nativos propios del campo sobre el que trabajamos o cuando queramos destacar un concepto o elemento significativo para el análisis. El hecho de utilizar el mismo recurso para destacar términos nativos y conceptos colabora en la búsqueda por producir un conocimiento colaborativo que, desde la perspectiva adoptada, enriquece ambos términos del proceso. En ese sentido, una vez destacado en bastardillas por primera vez, es incorporado como parte del léxico trabajado y utilizado regularmente sin marca alguna, salvo que se pretenda destacar nuevamente su pertenencia al campo.
  2. Se entiende por CO2-eq el equivalente de dióxido de carbono, una medida (en toneladas) que calcula la emisión de los gases de efecto invernadero (GEI). Es una escala común que permite comparar las emisiones de diferentes GEI (IPCC, 2014).
  3. Fundado en 1993 en la ciudad de Pune, India, KKPKP es un sindicato de recicladores dedicado a establecer y afirmar las contribuciones del trabajo de reciclado al medio ambiente, su condición de trabajadores y su papel crucial en la gestión de residuos sólidos de las ciudades (Chen, 2020).
  4. Entrevista a Samuel Le Couer, miembro fundador de AMELIOR (realizada por el autor, junto a Guido Carlana, 26 de octubre de 2018).
  5. Se utilizarán el término “la Ciudad” o bien “Ciudad de Buenos Aires”, para referirse a la Ciudad Autónoma de Buenos Aires.
  6. La incineración constituye una tecnología de tratamiento de los residuos. Adoptada durante gran parte de la historia del espacio urbano de Buenos Aires como forma de erradicar la basura —concebida como un elemento patógeno (Dimarco, 2010)—, los proyectos de incineración resurgieron en las últimas décadas a partir de la propuesta de generación de energía como producto de la combustión (Sorroche, 2015).
  7. Se entiende por Ley de Envases una ley que apunta a construir una responsabilidad extendida del productor sobre el producto en su etapa de posconsumo, significando así el reconocimiento de una externalidad económica, social y ambiental y estableciendo los mecanismos regulatorios para internalizar estos costos (Schamber y Tognetti, 2021). En Argentina, un proyecto de ley de este tipo, entre otros, fue el proyecto de ley de “Presupuestos Mínimos de Gestión Ambiental de Envases y Promoción del Reciclaje Inclusivo”, debatido durante 2022 pero no aprobado.
  8. Son considerados RSU secos son aquellos que son técnica y económicamente reciclados y/o reutilizados —como plásticos, vidrios, textiles, metales, gomas, cueros, papeles y cartones, entre otros. En cambio, RSU húmedos son aquellos susceptibles de ser sometidos a reciclado orgánico (CEAMSE et al., 2016: 60).
  9. Cohabitación, por supuesto, conflictiva. Esta oscilación con mayores o menores niveles de conflicto y con políticas que fueron desde la indiferencia a la persecución o represión ha sido señalada por diversos trabajos (Suárez, 2016; Villanova, 2015).
  10. En el presente trabajo hablaremos de prácticas de clasificación o prácticas de recuperación para referirnos a la recolección de residuos para su comercialización o reutilización.
  11. Ahondaremos en esta periodización en los Capítulos II y III de la presente tesis.
  12. Originalmente, llamada Cinturón Ecológico Área Metropolitana Sociedad del Estado, cambiaría en 1987 su denominación por la Coordinación Ecológica Área Metropolitana Sociedad del Estado.
  13. El programa de erradicación del trabajo infantil y la instalación de guarderías para hijos de cartoneros tiene como principal antecedente la experiencia del “Amanecer de los pibes” en Villa Fiorito, un proyecto que surge en conjunto entre la cooperativa El Amanecer de los Cartoneros y la organización barrial Che Pibes (Ubeda, 2018).
  14. Aquí podemos señalar tanto a las “Cooperativas de la CTA” (Cooperativa de Recuperadores Urbanos del Oeste, Madreselvas y Cartonera del Sur) —por su articulación con representantes de la Central de Trabajadores de la Argentina (CTA)— como también la emergencia de una serie de cooperativas que se ubican principalmente en la zona sur de la ciudad, más vinculadas “a intermediarios y galponeros” (Gurrieri Castillo, 2018: 30).
  15. El otro proceso significativo que señala el autor es el de la construcción de espacios de articulación y representación del sector como la formación de la Federación Argentina de Cartoneros, Carreros y Recicladores que se produce a mediados de 2012, en la que ocupan un lugar protagónico la mayor parte de las 12 cooperativas que participaron del Pliego de la Ciudad de Buenos Aires (Gurrieri Castillo, 2018: 30).
  16. Las cooperativas que se presentaron al Pliego y lograron la adjudicación de zonas de trabajo en el espacio de la Ciudad de Buenos Aires fueron: El Amanecer de los Cartoneros; Cooperativa de Recuperadores Urbanos del Oeste; Cooperativa del Oeste; Cooperativa El Ceibo; Cooperativa Madreselvas; El Álamo; Cartonera del Sur; El Trébol; Alelí; Reciclando Trabajo y Dignidad; Baires Cero; Cooperativa Primavera.
  17. Se denominan campanas por la forma de pirámide trapezoidal de los nuevos contenedores introducidos entonces, color verde lima, exclusivos para residuos secos.
  18. La figura del RA reemplaza, en el lenguaje técnico de la política pública, a la del recuperador urbano, anteriormente denominado como RU.
  19. Al realizar progresivamente el pasaje a esta modalidad, los recuperadores urbanos (RU) del Sistema de Recolección Diferenciada pasaban a ser categorizados como recuperadores ambientales (RA) para dar cuenta formalmente de la modificación en sus condiciones de trabajo.
  20. Sitio web del Programa de Promotoras Ambientales: https://ciudadverde.gob.ar/promotoras-ambientales/ (Accedido el 9 de noviembre de 2023).
  21. Según datos del propio programa, se pasó de 60 a más de 130 Promotoras Ambientales, distribuidas en, al menos, cinco cooperativas: El Amanecer de los Cartoneros, Recuperadores Urbanos del Oeste, Las Madreselvas, Recolectores del Oeste, Madreselvas y Cartoneras del Sur. Desde que se comenzaron a realizar registros, según informa la página de Ciudad Verde, se han relevado 35.333 frentes en 2016, 73.957 en 2017; 59.144 en 2018 y 77.195 en 2019. Además, se han establecido lazos entre recuperadores y vecinos en 4.681 casos, entre 2016 y 2020.
  22. Los 15 Centros Verdes que funcionan a comienzo de 2020 son: CV Núñez (Cooperativa Las Madreselvas), CV Retiro (El Ceibo), CV Chilavert (Alelí), CV Soldati o De la Rosa (Cooperativa del Oeste), CV Varela y CV Yerbal (Cooperativa de Recuperadores Urbanos del Oeste), CV Villa Pueyrredón o Constituyentes (El Álamo), CV Balbastro (Cooperativa Primavera), CV Corrales (Cooperativa Baires Cero), CV José Martí (Cooperativa Reciclando Trabajo y Dignidad), CV Solís (Cooperativa Cartonera del Sur), CV Río Cuarto (Cooperativa El Trébol), CV Parque Patricios o Cortejarena, CV Barracas y CV Saavedra (estos últimos tres gestionados por El Amanecer de los Cartoneros).
  23. A fines de 2023, el MAyEP se reconfigura en Ministerio Espacio Público e Higiene Urbana. Por el período que se aborda en esta investigación (2018-2023) —y para simplificar la descripción— conservamos el nombre anterior.
  24. Se los define, inicialmente, como edificios de más de 19 pisos, hoteles de 4 y 5 estrellas, edificios públicos del GCBA y Corporación Puerto Madero. Luego, esta definición fue ampliada por la resolución 50/05 y la resolución 808/07, agregando “comercios e industrias con más de diez empleados, bancos, supermercados, centros comerciales, shoppings, centros educativos y restaurantes” (Schamber y Suárez, 2012: 111-112).
  25. Entrevista a Francisco Sánchez Moreno, director de Dirección General de Reciclado y Economía Circular (septiembre, 2023).
  26. Entendemos por GBA o conurbano bonaerense a la zona urbana conformada por catorce municipios de la Provincia de Buenos Aires próximos a la Ciudad de Buenos Aires.
  27. Los intermediarios, galponeros o depositeros son un sector del circuito del reciclaje que realizan el nexo entre los recolectores y recuperadores del material y las industrias que llevan a cabo el proceso de transformación de estos materiales, funcionando, así, como “facilitadores” de materia prima para la industria (Molina, 2018).
  28. RECEP, creado en el 2005 como parte de la Secretaría de Producción, Turismo y Desarrollo Sustentable de la Ciudad, constituye el principal antecedente de la más conocida UCEP (Unidad Operativa de Recuperación y Control en el Espacio Público). Para profundizar en la gestión del espacio público en la ciudad y especialmente en estos programas puede consultarse el trabajo de Verónica Daian (2011).
  29. Se denomina trenes cartoneros a los servicios que se establecieron para uso exclusivo de cartoneros y sus carros desde 1999 en adelante en distintas líneas ferroviarias que conectan el Gran Buenos Aires con la Ciudad (Villanova, 2015: 243)
  30. La extensión de esta modalidad de trabajo no solo se produjo en las zonas a cargo de El Amanecer. Paulatinamente, otras cooperativas también comenzaron a adoptar formas similares de organizar el trabajo en la vía pública (García et al., 2015; Maldovan Bonelli, 2017).
  31. Entrevistas a Lidia Chedde, secretaria y coordinadora de la cooperativa, y Valeria Díaz, vicepresidenta de RUO (octubre de 2014 y enero de 2016, respectivamente).


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