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2 Los principios de la investigación social

2.1. La investigación como proceso social

Una primera aproximación al concepto “investigación” requiere comprender el origen de la palabra misma, la cual proviene del término latino in-vestigare, que originalmente significaba “buscar vestigios y pistas” o “seguir las huellas disponibles”, con el fin de encontrar la verdad. En español, esta palabra se refiere a una actividad concreta: “hacer diligencias para descubrir algo”. El término vestigium hacía referencia al rastro dejado por una pisada en el suelo (“impronta de pasos”), y el verbo asociado a este concepto aludía a la necesidad de seguir el rastro de quien había transitado por allí, guiándose por las huellas restantes. Así, el acto de investigar pronto se amplió para incluir las diversas estrategias necesarias para rastrear y seguir huellas, con el objetivo de descubrir algo de manera rigurosa, metódica, ordenada y veraz (Moradiellos, 2017).

Con el advenimiento de la sociedad moderna, esta responsabilidad pasó a recaer en la ciencia, desempeñando un papel central en la producción del conocimiento. En la actualidad, la investigación social se entiende como un proceso sistemático y organizado destinado a descubrir, interpretar o revisar hechos, fenómenos o problemas que ocurren en un ámbito particular de la realidad social. Este proceso cognitivo sigue una estructura o pauta común, compuesta por diversas piezas, fases y etapas; está guiado por procedimientos preestablecidos y apoyado en un conjunto de herramientas y técnicas reconocidas dentro de un campo y una comunidad científica. El resultado de este proceso es un mayor conocimiento de dichos hechos o problemas (Piovani, 2007).

Según Juan Samaja (2004), la investigación es un ejercicio activo de las facultades cognitivas del investigador, cuyo objetivo es generar un determinado producto de conocimiento. Este proceso se caracteriza por aspectos como la originalidad, la amplitud de criterios y el rigor, y tiene diversos propósitos, tales como cuestionar, encontrar soluciones, aportar evidencias, comprender fenómenos o evaluar acciones, entre otros.[1] Así, la investigación es definida como “una actividad que nos permite obtener conocimientos científicos” (Batthyány y Cabrera, 2011, p. 16), en la que se busca alcanzar fines sociales previamente establecidos o concebidos, los cuales responden tanto a las necesidades de una comunidad académica, como a demandas y prácticas profesionales ajenas a ella.

Según Juan Samaja (2004), se pueden identificar al menos tres grandes finalidades en la investigación, fácilmente reconocibles. La primera consiste en la producción de conocimiento por el valor intrínseco que este tiene, es decir, por el placer que se experimenta al contemplar lo desconocido o al resolver los enigmas que surgen en la conciencia. La segunda finalidad está relacionada con la generación de conocimientos cuyas consecuencias sean de carácter técnico y, por ende, práctico, de modo de permitir la aplicación directa de esos saberes. Finalmente, la tercera se refiere a la vinculación de la investigación con los procesos de estabilidad cultural, social e ideológica y, en consecuencia, política, actuando como una función de autorregulación de la vida social.

De igual manera, la investigación es un proceso social, ya que el entorno o contexto en el que se desarrolla juega un papel significativo. Como señala Samaja, en este proceso persisten condiciones externas o de contorno, que influyen en las características y los resultados de la investigación.

Las condiciones de la realización del proceso de investigación (entiéndase bien, no sólo el arsenal de recursos, sino la realidad del contenido del mismo) se encuentran, entonces, en este otro plano que podemos denominar el plano de la socio-dinámica de la cultura científica en el contexto de la cultura global. […]. En resumen, todo proceso de investigación presupone condiciones generales de realización (y que de alguna manera pueden ser consideradas como “condiciones de contorno”, en tanto proceden del medio exterior en el que se incluye el proceso de investigación científica) (2004, p. 48).

A pesar de los aspectos intrínsecos a las actividades científicas y al conocimiento, existen condiciones sociales y contextos externos que juegan un papel fundamental en la forma en que se lleva a cabo la investigación y en los resultados que esta produce. En resumen, es necesario considerar las necesidades, los problemas, las circunstancias y las motivaciones sociales, económicas, laborales, familiares o personales en las que el investigador se encuentra inmerso, es decir, el lugar en el que el sujeto cognoscente se desenvuelve dentro de los distintos estratos sociales.

Otro aspecto relevante son las condiciones bajo las cuales el investigador interactúa con el objeto de estudio. Los escenarios culturales, políticos, ideológicos, ambientales, legales, así como los cambios tecnológicos o situaciones de inseguridad, como ocurrió durante la pandemia por covid-19 o ante la violencia criminal que afecta ciertas regiones de México y América Latina, exigen que los investigadores adapten sus enfoques, instrumentos y métodos de investigación. Estos contextos obligan a replantear las formas tradicionales de trabajo, haciendo necesario un proceso de cambio y adaptación constante.

Finalmente, como señala Samaja (2004), los procesos de investigación “no flotan en el vacío: están insertos en contextos institucionales-normativos previos que rigen los intercambios intelectuales y condicionan la producción, circulación y consumo de tales productos científicos” (p. 44). Por lo tanto, la institucionalidad, el marco jurídico, la normatividad, la financiación, la administración y los intereses de las instituciones desde donde se desarrollan y se reconocen las investigaciones tienen un impacto directo en la manera de presentar las propuestas, gestionar los proyectos y llevar a cabo los procesos de investigación.

El ser humano es el sujeto que genera conocimiento científico, tanto de la realidad natural como de la social. Es decir que la posibilidad real de cualquier tipo de conocimiento está mediada por la capacidad humana para percibir, explorar e interpretar la realidad. Esta situación plantea interrogantes epistemológicas, metodológicas y técnicas que frecuentemente son ignoradas en los procesos de producción de conocimiento (Bonilla-Castro y Rodríguez, 2013). En las ciencias naturales, como señala Osorio (2016), el investigador se posiciona como un observador externo frente a los problemas que analiza, ya que el objeto de estudio es ajeno a él. En contraste, en las ciencias sociales, el investigador es parte y producto de los problemas que analiza e integra el mismo objeto que estudia: la sociedad.

Este vínculo plantea cuestiones más complejas, controvertidas y de gran relevancia para la investigación social, especialmente en lo que concierne a la relación entre el investigador y el objeto de estudio. Al formar parte de él, el investigador social está inevitablemente influenciado por su experiencia inmediata y cotidiana, lo que lo coloca en un contexto empírico y subjetivo, cargado de vivencias personales. Por lo cual con frecuencia se expresan dudas e inclusive se formulan descalificaciones sobre la objetividad y el rigor de las investigaciones sociales. Se suele afirmar que las llamadas “ciencias duras” poseen un valor de objetividad inconmovible, en tanto que las sociales serían simples interpretaciones subjetivas (Sáez, 2008).

No obstante, la investigación social es un proceso complejo que, aunque se desarrolla desde una cultura específica, un contexto social y material determinado, y está dirigida por un sujeto-investigador inmerso en todas estas esferas, no se limita únicamente a la subjetividad. También está guiada por elementos objetivos que son fundamentales para el proceso científico, tales como la metodología rigurosa, el análisis de datos empíricos y el marco teórico utilizado. Estos aspectos objetivos proporcionan al investigador un enfoque sistemático y estructurado para acercarse a la realidad social que estudia, lo que le permite establecer criterios claros de validez y confiabilidad. Así, la investigación social integra tanto las experiencias y perspectivas subjetivas del investigador como los elementos objetivos que emergen del análisis y la interpretación de los fenómenos sociales. En relación con ello, Raúl Rojas dice que la investigación social es algo

objetivo y subjetivo a la vez; es decir, corresponde en mayor o menor medida a la realidad de donde se obtuvo, pero está impregnado de elementos subjetivos que intervienen en el acto cognitivo (la preparación y el lugar en que se encuentran el observador, los hábitos de la observación, la capacidad de atención, las deficiencias de los órganos sensoriales, la capacidad del cerebro humano, las condiciones del sistema nervioso, los prejuicios, etcétera) que pueden limitar o facilitar el descubrimiento de la realidad objetiva, la cual, como ya se ha dicho, existe independientemente de nuestra conciencia y conocimientos. A medida que el individuo utiliza teorías y métodos comprobados y desarrolla una práctica científica debidamente estructurada empleando normas, aparatos e instrumentos cada vez más precisos y adecuados, aumenta el contenido objetivo del conocimiento, y sus aspectos subjetivos disminuyen, aunque nunca dejarán de estar presentes en el proceso de investigación y en sus resultados ya que es el individuo quien crea, utiliza las teorías, diseña técnicas, construye los instrumentos y realiza observaciones y experimentos (2010, p. 42).

Este contexto plantea un desafío adicional. Como se mencionó anteriormente, investigar sobre la sociedad presenta características y problemas particulares, pues los investigadores sociales son miembros de la sociedad que estudian a los miembros de esa sociedad y presentan los resultados de su trabajo a los miembros de esa misma sociedad, quienes a su vez tienen la responsabilidad de supervisar, validar y evaluar tanto el proceso de investigación como sus conclusiones. Según Ragin (2007), en un nivel muy general, los investigadores sociales se traslapan con los sujetos que estudian y con las audiencias para las cuales trabajan. La combinación de estos tres elementos que se superponen –el papel del investigador como sujeto social, el del sujeto que estudia a la sociedad de la que forma parte y el de audiencia, sociedad que es a su vez la misma sociedad estudiada– solo existe en las ciencias sociales y tiene un impacto importante en la naturaleza, el desarrollo y los resultados de la investigación.

Asimismo, aunque la investigación social comienza desde el ámbito de la experiencia y la observación, es decir, enmarcada en elementos subjetivos, está inevitablemente impregnada de presupuestos y disposiciones cognitivos. En este sentido, el papel del investigador y su influencia sobre el objeto de investigación se convierten en una cuestión central:

La objetividad en la investigación social debe ser problematizada, no anulada, pero sí repensada. Al mismo tiempo, el sujeto investigador no podrá ser concebido como una instancia ajena al proceso de investigación. No solo en la medida en que, como decimos, construye el objeto del conocimiento, sino también como instancia afectada transformada en dicho proceso, es decir, como sujeto en proceso (Castro et al., 2016, p. 55).

La investigación social, en este sentido, es un proceso mediante el cual el científico regula su “metabolismo” con el entorno sociocultural de manera particular. En este proceso, moviliza sus representaciones y conceptos, confrontándolos críticamente con los representados en la sociedad. A través de esta confrontación, sus propias representaciones y conceptos se transforman. Desarrolla ideas que hasta ese momento permanecían latentes en su pensamiento y asume un control cada vez más explícito sobre sus imágenes y conceptos. Así, descubre y expone respuestas a cuestiones que considera relevantes o que surgen en su medio académico, las cuales, al mismo tiempo, ponen a prueba sus creencias fundamentales (Samaja, 2004).

Por ello, no debe subestimarse la experiencia, ya que la realidad, los hechos sociales y los individuos que la investigan están inmersos en ella. Interpretar su sentido constituye una tarea central de la investigación, que solo puede realizarse cuando se adopta una disposición crítica, dispuesta a dudar de todo (Sáez, 2008). De ahí que el camino más directo para conocer no consista en enfrentarse a la realidad de forma ingenua, como lo propone la experiencia o el empirismo simplista. En este contexto, Jaime Osorio sugiere “cuestionar las evidencias del sentido común. A tomar la realidad con el cuidado que merece. A considerar el propio proceso de construcción de los datos, de los hechos, como un problema teórico y metodológico” (2016, pp. 12-13). Es decir, en la investigación social, la experiencia es necesaria, pero por sí sola no basta.

En resumen, la investigación social puede concebirse como un conjunto de procesos intelectuales y materiales que permiten analizar, examinar y comprender fenómenos humanos de manera organizada y metódica, siguiendo parámetros de comprobación y articulados mediante categorías científicas (Moradiellos, 2017).

2.2. Tres conceptos básicos de la investigación social: proceso, diseño y proyecto

La investigación social se configura a partir de una serie de significados, tareas y procedimientos que orientan y estructuran esta actividad. Para facilitar su comprensión, se presenta la siguiente tríada conceptual que agrupa algunos de sus principales elementos y componentes fundamentales: el proceso, el diseño y el proyecto de investigación. Cada uno de estos aspectos cumple un papel esencial en la organización y ejecución de la investigación, permitiendo no solo un enfoque sistemático, sino también una comprensión profunda de los fenómenos sociales en estudio.

2.2.1. El proceso de investigación social

Antes de comenzar con la explicación de este apartado, es importante tener clara la distinción entre el concepto de “investigación como proceso social”, que fue abordado en las páginas anteriores, y el concepto de “proceso de investigación social”. El segundo concepto abarca todos los componentes, las dimensiones, los momentos, las decisiones y las acciones (tanto a nivel micro como macro) que constituyen la investigación científica, tanto desde una perspectiva individual del investigador como dentro del marco colectivo de la comunidad científica. Este proceso incluye aspectos fundamentales como el diseño y el proyecto de investigación (Samaja, 2004). Dicho de otro modo, se refiere al proceso cognitivo y científico que engloba los procedimientos desarrollados en una investigación, los cuales siguen una lógica definida y estructurada (Batthyány y Cabrera, 2011).

Por lo tanto, la investigación social consiste en una serie de procedimientos meticulosamente orientados al descubrimiento de relaciones significativas entre fenómenos dentro de un terreno o campo de conocimiento. Este proceso implica que los agentes individuales lleven a cabo un conjunto de actividades empíricas, cuidadosamente planificadas desde una perspectiva conceptual, que culminan en un resultado. Este resultado, a su vez, se materializa en una forma de comunicación escrita (Sáez, 2008). En este sentido, la investigación puede entenderse como una forma de construir representaciones, es decir, de crear un sistema de ideas y conceptos transmitidos que buscan dar sentido a los procesos y fenómenos sociales. Para ello, se desarrollan descripciones, explicaciones e interpretaciones estructuradas que, según Ragin (2007), surgen de un diálogo sistemático entre ideas y pruebas empíricas relevantes sobre los fenómenos sociales.

Así, la investigación social, de acuerdo con Samaja (2004), resulta de una definida combinación entre componentes teóricos y componentes empíricos, lo que implica que es imposible construir conocimiento científico partiendo exclusivamente de la observación. Sin embargo, también es cierto que no se puede lograr dicho conocimiento basándose únicamente en postulaciones abstractas del pensamiento universal, con la intención de extraer determinaciones de la realidad. De ahí que el papel de la investigación en el conocimiento, siguiendo a Hugo Zemelman, sea “trascender la percepción estrictamente teórica, de manera que sea posible llegar a captar la situación del problema” (1996, p. 154).

Este diálogo o combinación de elementos se caracteriza por la construcción y contrastación de evidencia empírica conjunto de datos e información sobre la realidad— elaborada a partir de la teoría y aplicando procedimientos explícitos. De esta forma, se transforma la experiencia en conceptos abstractos que la contienen. Dicho de otro modo, la traducción de la experiencia espontánea a una descripción científica produce ese material básico de la experiencia científica que se llama “dato” (Samaja, 2003). Al respecto, a diferencia de una técnica puramente mecánica, en la investigación social, los criterios utilizados en el proceso de demostración, verificación y obtención de evidencia son elementos fundamentales. Estos criterios responden a diversas corrientes de pensamiento, como el empirismo, el materialismo dialéctico, el positivismo, la fenomenología y el estructuralismo, así como a distintos marcos interpretativos, como el realismo y el constructivismo, que han abierto diferentes caminos en la búsqueda del conocimiento (Castro et al., 2016; Sautu, 2005; Hernández Sampieri et al., 2014).

Esta característica central de la investigación social fue destacada por Charles Wright Mills, quien la presentó como una guía para su obra clásica La imaginación sociológica, en la que subraya que la cualidad distintiva de la labor científica y de los investigadores sociales radica precisamente en esta conexión:

No es sólo información lo que ellos necesitan. En esta Edad del Dato la información domina con frecuencia su atención y rebasa su capacidad para asimilarla. No son sólo destrezas intelectuales lo que necesitan, aunque muchas veces la lucha para conseguirlas agota su limitada energía moral. Lo que necesitan, y lo que ellos sienten que necesitan, es una cualidad mental que les ayude a usar la información y a desarrollar la razón para conseguir recapitulaciones lúcidas de lo que ocurre en el mundo y de lo que quizás está ocurriendo dentro de ellos (Wright Mills, 1961, pp. 24-25).

Una manera sencilla de ilustrar el diálogo o la combinación entre ideas/teoría y evidencia empírica/datos, así como su resultado –las representaciones de la vida social–, es el modelo simple propuesto por Ragin (2007), que se presenta en el gráfico 1. En la base de este modelo se encuentran las pruebas empíricas, término cotidiano que se utiliza para describir lo que los científicos sociales denominan “datos” o “información”, puesto que los investigadores sociales recurren a una gran cantidad de pruebas empíricas. En la parte superior del modelo, se encuentran las ideas, que representan lo que en el ámbito científico se conoce como “teoría social”, ya que los investigadores se apoyan en esta reserva de ideas, es decir, en la teoría social, para dar sentido a aquello que están investigando. Las ideas y las pruebas empíricas interactúan a través de imágenes y marcos analíticos, los cuales deben entenderse como esquemas detallados que emergen de las ideas sobre un fenómeno determinado. Así, las ideas se desarrollan mediante estos marcos, que son formas específicas de interpretar la realidad construidas a partir de las ideas o los conceptos teóricos.

Gráfico 1. Modelo simple de la investigación social

Fuente: elaboración propia a partir del diseño de Ragin, 2007.

Finalmente, todo proceso de investigación comienza con un conjunto de consideraciones sobre el aspecto del mundo social que se desea estudiar. En algunos casos, este ámbito está estrechamente vinculado con cuestiones cercanas a la experiencia cotidiana o personal, como la atención médica inadecuada en una clínica o un centro de salud de un barrio o una colonia; en otros casos, el objeto de estudio puede ser más abstracto y general, como la desigualdad en el acceso al sistema de salud entre zonas urbanas y rurales.

El conocimiento previo que los investigadores tienen sobre estos temas, junto con la información adquirida de investigaciones anteriores o lecturas teóricas, constituye el punto de partida. La experiencia, las lecturas y la reflexión sobre el tema orientan la formulación de preguntas clave sobre la naturaleza de lo que se desea investigar y las mejores formas de abordarlo. Es esencial tener en cuenta los trabajos previos de otros investigadores, que ya han observado el mundo empírico y se han cuestionado sobre las posibilidades y los métodos disponibles para acceder a él de manera efectiva (Sautu et al., 2005).

Por otro lado, cuando se hace referencia al proceso de investigación, se alude también al recorrido y a la manera de abordar este camino con el objetivo de obtener nuevos conocimientos o resultados sobre un determinado ámbito de la realidad. Comúnmente, este proceso se concibe como una serie de procedimientos lineales, progresivos, secuenciales o mecánicos, en los que las fases y etapas se desarrollan de manera aislada, comenzando con una idea y culminando con los resultados. Sin embargo, a diferencia del mundo físico y natural, donde persiste un movimiento homogéneo o un cambio evolutivo por simple acumulación de un estado a otro, como señala Osorio (2016), la realidad social es una entidad dinámica, en constante transformación, lo que hace que su conocimiento se vuelva más complejo.

En este sentido, el investigador social, al emprender su trabajo, traza un camino organizado y estructurado, utilizando herramientas teóricas, metodológicas y técnicas que considera adecuadas para llevar a cabo una práctica científica que le permita abordar y resolver los problemas surgidos en un área específica del conocimiento. Sin embargo, al enfrentarse a la realidad social en constante movimiento o al poner en práctica sus conocimientos y habilidades ante el objeto social de estudio, será esta misma realidad la que, en última instancia, determine la efectividad, las limitaciones o incluso las equivocaciones de los instrumentos y de la propia práctica científica, ya sea para formular nuevas hipótesis, leyes y teorías, o para enriquecer y ajustar las existentes (Rojas, 2010). Esta dinámica complica o incluso hace imposible concebir el proceso de la investigación social como un camino lineal y sin contratiempos. Por lo tanto, la ruta que sigue la investigación social puede adoptar diversas formas y estructuras, y adaptarse a las exigencias y particularidades del aspecto de la realidad social que se estudia.

Por esta razón, algunos autores consideran que el proceso de investigación está constituido por procedimientos superpuestos o interrelacionados (Sautu, 2005; Sautu et al., 2005), en los cuales las distintas fases y etapas se entrelazan. Esta perspectiva sostiene que la investigación social es una forma de conocimiento caracterizada por la construcción de evidencia empírica, elaborada a partir de la teoría y utilizando procedimientos explícitos (el método). En este contexto, se infiere “que en toda investigación están presentes tres elementos que se articulan entre sí: marco teórico, objetivos y metodología. Estas etapas se influencian mutuamente, y en la práctica de investigación se piensan en conjunto” (Sautu et al., 2005, p. 34).

Por otra parte, la visión planteada por Hernández Sampieri, Fernández Collado y Baptista Lucio (2014) propone que existen dos caminos de acuerdo con el enfoque adoptado en la investigación: uno lineal y otro dinámico y circular. El primero corresponde al enfoque cuantitativo, mientras que el segundo está relacionado con el enfoque cualitativo. En el caso del primero, lo exponen de la siguiente manera:

El enfoque cuantitativo (que representa, como dijimos, un conjunto de procesos) es secuencial y probatorio. Cada etapa precede a la siguiente y no podemos “brincar” o eludir pasos. El orden es riguroso, aunque desde luego podemos redefinir alguna fase. Parte de una idea que va acotándose y, una vez delimitada, se derivan objetivos y preguntas de investigación, se revisa la literatura y se construye un marco o una perspectiva teórica. De las preguntas se establecen hipótesis y determinan variables; se traza un plan para probarlas (diseño); se miden las variables en un determinado contexto; se analizan las mediciones obtenidas utilizando métodos estadísticos, y se extrae una serie de conclusiones respecto de la o las hipótesis (2014, p. 4).

Mientras que respecto al segundo sostienen:

El enfoque cualitativo también se guía por áreas o temas significativos de investigación. Sin embargo, en lugar de que la claridad sobre las preguntas de investigación e hipótesis preceda a la recolección y el análisis de los datos (como en la mayoría de los estudios cuantitativos), los estudios cualitativos pueden desarrollar preguntas e hipótesis antes, durante o después de la recolección y el análisis de los datos. Con frecuencia, estas actividades sirven, primero, para descubrir cuáles son las preguntas de investigación más importantes; y, después, para perfeccionarlas y responderlas. La acción indagatoria se mueve de manera dinámica en ambos sentidos: entre los hechos y su interpretación, y resulta un proceso más bien “circular” en el que la secuencia no siempre es la misma, pues varía con cada estudio (2014, p. 7).

También hay quienes sostienen que sería improcedente considerar un aspecto de la realidad de manera aislada o al margen de sus relaciones, si se busca comprender su estructura y funcionamiento en su totalidad. Así, una de las obligaciones ineludibles del investigador es situar los hechos puntuales dentro de la cadena de relaciones que les otorgan significado. Dicho de otra forma, no basta con explicar un tornillo; es esencial recomponer el mecanismo completo al que esa pieza pertenece. Desde esta perspectiva, la investigación se concibe como un proceso en espiral, que avanza de lo simple a lo complejo. En cada nueva fase, las mismas preguntas se plantean, pero incorporando dimensiones no consideradas previamente (Sáez, 2008).

Sergio Bernal (2010) comparte esta interpretación sobre la forma en espiral del proceso de investigación, al señalar que es

un proceso circular de interacción entre sus diferentes componentes, es decir, es un sistema en forma de espiral, en el que, a medida que va desarrollándose cada componente se soporta en los previamente definidos, manteniendo el criterio de unidad y coherencia entre ellos. En síntesis, el proceso de investigación es un sistema constituido por varios componentes que a medida que va desarrollándose, cada componente recibe influencia del anterior, pero, a la vez, es seguido e influido por otro. En cada fase o etapa se desarrolla un componente, aunque no todos ellos siguen una secuencia de etapas (pp. 76-78).

Y lo representa de manera gráfica de la siguiente manera:

 

Fuente: Bernal, 2010, p. 78.

Por otro lado, autores como Gisela Zaremberg (2013) proponen que este proceso adopta la forma de un helicoide, cuyo motor radica en la contradicción entre los enunciados derivados de la teoría y los datos empíricos. Además, lo conciben como un proceso dialógico y reflexivo, en el que las preguntas de investigación emergen de la interacción entre la teoría, la evidencia empírica y las experiencias del investigador. De esta manera, la imagen del helicoide se puede asociar con la configuración de las diversas fases y etapas del proceso, las cuales reaparecen de forma interpelante en cada nueva vuelta de la figura helicoidal:

La imagen del helicoide representaría el proceso dialéctico consistente en las contradicciones entre el producto del pensamiento (los enunciados teóricos y empíricos) y el comportamiento de lo real expresado en los datos (sean o no numéricos). La contradicción, motor del proceso de investigación, desencadena secuencia de operaciones empíricas y conceptuales que elevan la teoría y los datos a niveles de mayor complejidad, donde conceptos, hipótesis y datos que formaban parte de niveles previos se encuentran presentes, aunque envueltos, en nuevas relaciones y acompañados por nuevos datos, conceptos e hipótesis (Aibar et al., 2013, p. 18).

Estas perspectivas evidencian que no existen directrices únicas e inflexibles para abordar el estudio de cualquier aspecto de la realidad. Por lo tanto, es necesario rechazar la idea de que la investigación consiste en un conjunto de reglas cerradas o procedimientos automatizados que deben aplicarse de manera mecánica e indistinta a todos los procesos y objetos de estudio para generar conocimiento científico. Dicho de otra manera, las reglas que guían el proceso de investigación no deben entenderse como prescripciones rígidas, sino como pautas o criterios generales que orientan la construcción del conocimiento. Estas pautas no son aplicables de manera uniforme a cualquier objeto de estudio; deben tener en cuenta las particularidades de los fenómenos investigados y cómo se insertan y relacionan con el contexto más amplio o con otros segmentos de la realidad.

En otras palabras, la investigación se lleva a cabo a partir de principios generales, los cuales son ajustados y adaptados por cada investigador según sus capacidades intelectuales y el contexto social en el que se enmarca la investigación. En consecuencia, el proceso de investigación no es lineal ni se limita a un conjunto de etapas que se siguen mecánicamente, donde, una vez dado el primer paso, no se puede retroceder, ni mucho menos en el que esté prohibido realizar varias etapas de manera paralela, cuando las circunstancias lo permitan, como lo demuestra la experiencia práctica. La investigación, por tanto, se desarrolla bajo criterios generales, los cuales están profundamente influenciados por la teoría o la concepción global del conocimiento que el investigador posea. Dichos criterios son adaptados según las especificidades del objeto de estudio, el nivel de análisis que se pretende alcanzar y las limitaciones técnicas y financieras que se presenten durante el proceso.

Así, a lo largo de la investigación, el científico puede abordar dos o más etapas simultáneamente, avanzar en el trabajo y, si es necesario, volver atrás para revisar la coherencia de sus planteamientos a medida que surgen nuevos datos y experiencias que enriquecen su comprensión de la realidad estudiada. Es poco probable que una etapa pueda considerarse completamente finalizada antes de pasar a la siguiente, ya que, conforme avanza la investigación, emergen nuevas ideas o informaciones que pueden enriquecer o modificar los enfoques previos. En este sentido, para que el trabajo sea más fructífero, es recomendable no aferrarse de manera rígida a concluir las etapas de investigación que, por su naturaleza, requieren ajustes y refinamientos a lo largo de todo el proceso (Rojas, 2010). Dicho de otro modo, aunque el proceso puede descomponerse en fases o etapas secuenciales, es crucial mantener siempre una visión global de las tareas siguientes, apoyándose en una estrategia bien definida. Como se aconseja en ajedrez: antes de mover una pieza, planea tus tres jugadas siguientes (Sáez, 2008).

2.2.2. Las fases o los momentos del proceso de investigación

Un proceso puede definirse como una cadena de acciones o eventos interconectados, en la que cada eslabón desempeña un papel integral para guiar el avance hacia el objetivo o el resultado deseado. En el caso del proceso de investigación, aunque existen diversos caminos o rutas que seguir, todos comparten la presencia de diferentes engranajes o mecanismos que operan en tres niveles o modalidades distintos, los cuales a menudo se interrelacionan dentro de un mismo procedimiento científico: las fases o los momentos del proceso de investigación, las etapas o instancias del diseño de investigación y las secciones del proyecto o protocolo de investigación.

Aunque en la práctica las tres nociones pueden abarcar procesos u operaciones que en muchos casos son similares, complementarias o incluso se superponen, se distinguen claramente por sus objetivos y funciones específicos. Las fases corresponden a una modalidad de acciones orientadas al avance del conocimiento, mientras que las etapas o instancias se refieren a esas mismas acciones, pero en el contexto de la justificación del problema de investigación, y las secciones a una serie de requisitos necesarios para la concreción de un documento.

Así pues, el primer nivel, correspondiente a las fases del proceso investigativo, se justifica por su capacidad para generar nuevo conocimiento y, por ende, avanzar en la comprensión del objeto de estudio, lo que lo sitúa en el ámbito de la epistemología. Por otro lado, el segundo nivel, vinculado a las etapas del diseño de investigación, aborda las tareas que estructuran y organizan el proceso, centrándose en los aspectos metodológicos esenciales para el desarrollo del trabajo investigativo. Finalmente, el último nivel, el de las secciones, se ocupa de los aspectos relativos a la captura del contenido esencial para la planificación de la investigación de acuerdo con los marcos normativos establecidos dentro de una comunidad científica o profesional.

Las fases del proceso de investigación a menudo se describen mediante la metáfora de “estaciones” de un trayecto determinado. Sin embargo, el término “fase” ofrece una metáfora más adecuada y rica, que refleja con mayor precisión la complejidad de las interacciones entre los diversos componentes y momentos del proceso investigativo. Esta noción de “fase” captura mejor la dinámica no lineal y la interdependencia entre los procesos que contribuyen a la producción de conocimiento.

Desde esta perspectiva, las fases o los momentos son los motores que impulsan y ponen en movimiento el proceso de investigación y conocimiento. Esta idea central se retoma del clásico El oficio del sociólogo (2002), de Pierre Bourdieu, Jean-Claude Chamboredon y Jean-Claude Passeron, quienes se basaron en la propuesta epistemológica de Gaston Bachelard. Para estos autores, el proceso de investigación se articula en principios epistemológicos fundamentales que se manifiestan en cada operación investigativa y se estructuran conceptualmente como momentos de ruptura, construcción o estructuración y comprobación del proceso de investigación (Ansolabehere et al., 2018; Sáez, 2008; Batthyány y Cabrera, 2011).

A partir de estos conceptos, la investigación científica debe concebirse como un proceso en el que, más allá de ordenarlo en etapas de investigación, es crucial diferenciar tres grandes operaciones epistemológicas, las cuales son simultáneas y a menudo se intersectan en la elaboración del conocimiento. Estas operaciones son la ruptura (o corte epistemológico) con las ideas del sentido común que han sido recibidas de manera pasiva; la construcción del objeto de estudio mediante el uso de los instrumentos conceptuales adecuados, contrastados con el objeto real; y, finalmente, la comprobación de las hipótesis a través de datos objetivos (Sáez, 2008).

Estas tres operaciones conforman una dinámica interrelacionada, o un diálogo constante, que permite a la investigación social avanzar de manera crítica, sistemática y fundamentada. La ruptura desafía lo establecido, la construcción organiza y planifica el conocimiento necesario para la investigación, y la comprobación valida las ideas y los hallazgos, asegurando la solidez de los resultados obtenidos.

A continuación, se describen las tres fases o momentos clave en el proceso de investigación, basadas en la propuesta sintetizada de Karina Batthyány y Mariana Cabrera (2011), a la que se le añaden algunos elementos complementarios para facilitar su comprensión y mejor identificación.

Ruptura. Este momento se refiere a la necesidad de cuestionar, desafiar o romper con los prejuicios, los saberes establecidos, el sentido común, las ideas preconcebidas o las teorías dominantes sobre el objeto de estudio. Busca deshacer la ilusión de un saber inmediato y promueve una actitud crítica frente a la realidad inmediata. La ruptura es el primer paso hacia la búsqueda de explicaciones más profundas y complejas, e implica un cambio de enfoque: pasar del problema social general al problema propio de la disciplina. Esto abarca la elección del tema, la conformación de la bibliografía y la formulación del problema de investigación que sea susceptible de ser abordado científicamente.

Construcción o estructuración. Esta fase hace referencia a la edificación teórica y conceptual, al marco operativo y a la estrategia metodológica que guiarán la investigación. Es el momento en el que, a partir de la identificación y selección de los elementos clave del problema de investigación, se conceptualiza el problema, se elaboran las preguntas centrales, se define el enfoque teórico, se formula la hipótesis y se estructura el diseño metodológico. Es la fase de conceptualización en la que se construyen las herramientas necesarias para dar sentido al proceso investigativo, permitiendo una definición clara y precisa del objeto de estudio.

Comprobación. En esta fase, se validan o refuerzan las hipótesis o teorías planteadas durante la fase de construcción mediante el análisis empírico de los datos recolectados. Es un proceso de verificación en el que se contrastan las teorías y explicaciones propuestas con la realidad observada. En este sentido, la comprobación no solo valida o refuta los supuestos iniciales, sino que también puede generar nuevas preguntas o evidencias que complementen el panorama de lo estudiado, de manera que cierra el ciclo de la investigación o abre caminos para nuevas indagaciones. En esta etapa, se recopila la información, se analizan los hallazgos y se presentan los resultados y las conclusiones.

Es importante destacar que no existe una única forma de llevar a cabo y manejar cada una de estas tres operaciones. Son los principios epistemológicos los que dan sentido y dirección a cada fase, lo que implica que, a pesar de que diferentes investigaciones puedan abordar estas operaciones de manera similar, los resultados de cada una de ellas pueden variar en función del enfoque adoptado.

2.2.3. El diseño de investigación social

Como se mencionó anteriormente, la investigación social no debe concebirse como un proceso mecánico y lineal, pero tampoco debe desviarse hacia el desorden, el caos o la mera casualidad. En este sentido, es fundamental que el proceso de investigación sea diseñado adecuadamente, lo que implica la necesidad de estructurarlo de manera controlable. Esto requiere un esfuerzo por anticipar y explicitar las decisiones que influirán en su desarrollo.

El diseño de investigación se refiere al proceso mediante el cual se adopta una estrategia metodológica adecuada para abordar y resolver el problema de investigación; de este modo, puede entenderse como un conjunto de operaciones o procedimientos planificados,[2] organizados en distintas etapas, que deben aplicarse de manera coherente con los objetivos planteados (Samaja, 2004; Ansolabehere et al., 2023). Este diseño especifica las tareas necesarias para llevar a cabo la investigación, siempre alineadas con el propósito y los objetivos del estudio, e integra teoría, metodología y técnicas específicas de manera articulada.

Asimismo, como todo procedimiento sistemático, el diseño de investigación se desarrolla paso a paso, mediante el “arte” de la toma de decisiones, las cuales algunas son de índole teórica y poseen un alto nivel de abstracción, mientras que otras son eminentemente técnicas y prácticas. Es decir, el diseño de investigación puede entenderse como un conjunto articulado de decisiones interrelacionadas que abordan diversos niveles de conocimiento y el desarrollo de actividades específicas, lo que constituye una estructura integral para la ejecución del estudio (Sautu, 2005).

Dicho de otro modo, el diseño de investigación se define como la estructura que guía el desarrollo de un estudio a través de un plan o estrategia global. Tal como lo señalan Karina Batthyány y Mariana Cabrera (2011), su propósito es ofrecer un modelo de verificación que permita contrastar hechos con teorías, ya que, como subraya Soriano, “para que los resultados sean consistentes y confiables deben obtenerse mediante un proceso que implica la concatenación lógica de una serie de procesos específicos” (2013, p. 37).

Entonces, el diseño de investigación conlleva una estrategia general que establece los pasos necesarios para lograr este propósito, integrando de manera coherente los objetivos, las técnicas que emplear y los análisis que realizar. En este sentido, el diseño de investigación comprende las decisiones orientadas a la recolección y el análisis de pruebas empíricas, lo que permite al investigador responder las preguntas planteadas en su estudio.

Una forma de explicar el papel del diseño de investigación es la siguiente:

Delinea lo que hará el investigador para responder la o las preguntas que orientan el proceso. Tal esquema debe contener la idea general del problema que se propone abordar, las posibles respuestas provisorias (hipótesis), sus consecuencias empíricas, la delimitación de las unidades de observación, la disponibilidad de información, la estrategia para recabarla y sistematizarla, y los métodos de análisis adecuados para su tratamiento (Ansolabehere et al., 2023, p. 9).

Es fundamental resaltar que los procedimientos que conforman el diseño de investigación actúan como un puente entre las ideas iniciales y el desarrollo del proyecto de investigación en sí. Tal como lo señala Philippe Schmitter (2011), ningún tema o problema que sea solo una idea abstracta puede estudiarse de forma autónoma. Por ello, es necesario transformar esa idea en un proyecto mediante una serie de alternativas estratégicas.

El diseño de investigación constituye ese proceso de traducción, y su resultado final es un proyecto estructurado, pues el diseño de investigación no solo organiza y estructura el proceso de investigación, sino que también representa una etapa crucial de transición hacia la consolidación y maduración del proyecto. Es decir, es un espacio de reflexión profunda que permite a los investigadores revisar y ajustar sus enfoques, asegurándose de que las preguntas iniciales sean abordadas de manera sistemática y lógica. A su vez, permite transformar las intuiciones y los conceptos preliminares en un programa de investigación concreto y coherente, asegurando que cada decisión, desde los métodos hasta las herramientas de análisis, esté alineada con los objetivos establecidos. El diseño, por lo tanto, se convierte en el conjunto de operaciones que permite que ideas abstractas se conviertan en ejercicios prácticos, donde el “verdadero punto de partida es la identificación de un problema de investigación” (Salmerón y Suárez de la Torre, 2013, p. 11).

Los diseños de investigación se estructuran habitualmente bajo distintos tipos de diseños de investigación, los cuales pueden agruparse en dos categorías principales.[3] En primer lugar, algunos se diferencian según la función de los objetivos, el nivel de conocimiento previo sobre el tema, la naturaleza de las preguntas que se busca responder, la concepción epistemológica subyacente, la finalidad de la investigación y su alcance. En segundo lugar, otros diseños se clasifican según la estrategia metodológica empleada y las herramientas utilizadas para la recolección de datos.

Es importante señalar que ninguno de estos grupos o tipos de diseños es excluyente entre sí; sin embargo, se debe garantizar que exista una secuencia lógica adecuada y rigurosa que sea coherente a lo largo del proceso de investigación. En gran medida esto se debe a que cada tipo de diseño cumple una función específica dependiendo de la fase y etapa de investigación en la que se encuentre el investigador y de los objetivos que se deseen alcanzar. A partir de los estudios de Ansolabehere et al., 2023; Batthyány y Cabrera, 2011; Soriano, 2013; Bernal, 2010; Reyes y Sandoval, 2021; y Sáez, 2008, a continuación, se presentan las clasificaciones de ambos grupos y se describen los principales tipos de diseños de investigación.

2.2.3.1. Grupo 1

2.2.3.1.1. Diseño exploratorio

El diseño exploratorio es utilizado cuando el investigador se enfrenta a un tema o problema poco investigado o cuando se carece de una base teórica sólida sobre la cual construir hipótesis o afirmaciones. Este tipo de investigación tiene como objetivo principal la indagación preliminar de un fenómeno, sin pretender llegar a conclusiones definitivas. El enfoque es flexible y abierto, y busca identificar patrones, ideas o variables relevantes que puedan ser exploradas más a fondo en investigaciones posteriores.

Este diseño se caracteriza por su capacidad para generar preguntas y ampliar el horizonte de investigación. Los estudios exploratorios se utilizan a menudo en las primeras etapas de la investigación y emplean métodos como entrevistas, grupos focales, observación y revisión documental. Su propósito no es generalizar resultados, sino desarrollar una comprensión inicial del tema.

2.2.3.1.2. Diseño descriptivo

Como su nombre lo indica, busca detallar las características o propiedades de un fenómeno, sin intervenir directamente en su causa o en su evolución. Este tipo de investigación se enfoca en “describir” el objeto de estudio tal como es en un momento determinado, recopilando información precisa y objetiva sobre aspectos clave del fenómeno. El diseño descriptivo permite construir perfiles, clasificaciones y retratos detallados de los sujetos, grupos, procesos o eventos que se están estudiando.

Este enfoque se utiliza comúnmente en estudios de mercado, censos poblacionales, encuestas sobre opiniones o comportamientos e investigaciones de carácter estadístico. A diferencia del diseño exploratorio, que está más enfocado en identificar áreas de interés, el diseño descriptivo tiene una estructura más rígida y se basa en métodos cuantitativos o cualitativos para captar las características de lo que se investiga, como encuestas, observación sistemática o análisis de contenido.

2.2.3.1.3. Diseño explicativo

Este diseño tiene como objetivo fundamental entender las causas y los efectos de un fenómeno. A diferencia de los diseños descriptivos, que se limitan a registrar características, los estudios explicativos buscan identificar las relaciones causales entre variables. Este enfoque responde a preguntas como “¿por qué?” y “¿cómo?”, e intenta esclarecer los factores que generan, influencian o determinan un evento o situación concreta.

Este diseño se aplica cuando el investigador ya cuenta con un conocimiento básico del fenómeno que desea estudiar y busca profundizar en las causas subyacentes de dicho fenómeno. Utiliza metodologías que permiten el control de variables y la identificación de causalidades, como los experimentos controlados, los diseños cuasiexperimentales y los estudios longitudinales. Los estudios explicativos son fundamentales en ciencias sociales, psicología, educación, salud pública, entre otras disciplinas, donde no solo se busca entender un fenómeno, sino también intervenir sobre él de manera efectiva.

2.2.3.1.4. Diseño predictivo

El diseño predictivo se enfoca en la capacidad de anticipar o prever eventos futuros basándose en datos actuales o pasados. Este tipo de investigación utiliza técnicas estadísticas y modelos matemáticos para prever comportamientos o resultados bajo ciertas condiciones. El objetivo principal es hacer predicciones fundamentadas sobre el futuro, basándose en patrones identificados en los datos existentes.

En los estudios predictivos, los investigadores tratan de establecer relaciones entre variables que permitan prever cambios, tendencias o comportamientos en el futuro. Un ejemplo común de este tipo de investigación se encuentra en áreas como la economía, donde se realizan pronósticos sobre el crecimiento económico, o en la salud, al prever la incidencia de enfermedades en función de factores de riesgo. Los diseños predictivos se basan en técnicas como la regresión, el análisis de series temporales y los modelos estadísticos avanzados.

2.2.3.1.5. Diseño evaluativo

El diseño evaluativo tiene como propósito principal valorar o juzgar la efectividad de un programa, una política, una intervención o un proceso. Se utiliza en situaciones en las que es necesario medir el impacto de una acción, actividad o estrategia y examinar si los objetivos establecidos se han alcanzado de manera eficiente. El análisis evaluativo no solo mide los resultados, sino también los procesos, los costos, los recursos utilizados y la satisfacción de los participantes, entre otros aspectos.

Existen varios tipos de evaluaciones dentro de este enfoque, como la evaluación de impacto, la evaluación de procesos, la evaluación formativa y la evaluación sumativa. Este diseño es esencial en la evaluación de políticas públicas, proyectos sociales, programas educativos y en el análisis de intervenciones en diferentes campos, como la salud, la educación y el medio ambiente. A través de este diseño, se busca obtener información que permita mejorar futuras decisiones políticas, administrativas y organizativas.

2.2.3.1.6. Diseño comparativo

La investigación comparativa en ciencias sociales tiene como objetivo analizar y comparar dos o más casos, situaciones, grupos o fenómenos para identificar similitudes y diferencias entre ellos; por lo tanto, este tipo de diseño permite estudiar las variaciones en ciertos factores o condiciones bajo contextos diferentes, con el fin de comprender cómo y por qué ocurren ciertos eventos o comportamientos. A través de la comparación, se busca establecer patrones, probar hipótesis o teorías y obtener una visión más profunda sobre las relaciones entre las variables investigadas. Este diseño es útil cuando se quiere explorar cómo las diferencias contextuales pueden influir en los resultados o comportamientos observados.

2.2.3.1.7. Diseño histórico

La investigación histórica se enfoca en estudiar los sucesos del pasado y su relación con otros eventos de la época y con hechos presentes, con el fin de comprender cómo el pasado influye en el presente y el futuro. Esta investigación examina fenómenos que han evolucionado a lo largo del tiempo, considerando tanto la historia como el conocimiento histórico, que es el estudio y registro de las acciones humanas organizadas. La investigación histórica no se limita solo a la disciplina histórica, sino que también se aplica a cualquier área del conocimiento que busque analizar hechos pasados y su conexión con el presente y el futuro. Las principales fuentes de información en este tipo de investigación son la revisión documental, los vestigios y objetos reales, así como testimonios de personas directamente involucradas o que posean información confiable sobre los hechos estudiados.

2.2.3.1.8. Diseño de estudio de caso

El estudio de caso realiza un análisis profundo y detallado de una unidad específica tomada de un universo poblacional. En este diseño, la unidad de análisis, o “caso”, es entendida como un sistema integrado que interactúa dentro de un contexto particular, con características únicas. Como procedimiento metodológico, el estudio de caso sigue un proceso cíclico y progresivo que comienza con la definición de los temas relevantes que investigar. Estos temas se estudian a fondo dentro de la unidad de análisis, se recogen datos, se analizan e interpretan y luego se redacta el informe final. En este diseño de investigación, se hacen presentes tanto aspectos descriptivos como explicativos de los temas en estudio, utilizando información tanto cualitativa como cuantitativa.

Las principales fuentes de información en los estudios de caso son las personas directamente involucradas con la unidad de análisis y documentos válidos que contengan información relevante. Las técnicas más comunes para la recolección de datos incluyen la observación estructurada, entrevistas, cuestionarios, diarios, autobiografías y correspondencia.

2.2.3.2. Grupo 2

2.2.3.2.1. Diseño documental

Este tipo de diseño se basa principalmente en la obtención y consulta de documentos, entendidos como todo material que pueda servir como fuente de referencia, sin alterar su naturaleza o contenido. Estos documentos pueden incluir una amplia variedad de fuentes, como libros, periódicos, revistas, actas notariales, tratados, así como medios fílmicos, videos, discos, casetes y otros productos gráficos o sonoros. El propósito fundamental es obtener información que proporcione testimonio de una realidad o un acontecimiento específicos y, a partir de estos registros, se elaboran los resultados de la investigación.

La técnica central en este tipo de investigación es la selección, la compilación y el análisis crítico de la información extraída de los documentos. A través de una lectura comprensiva, que puede incluir el análisis del discurso o la interpretación de signos y patrones, se busca establecer relaciones, diferencias y etapas en torno al tema de estudio. El objetivo es contextualizar el conocimiento existente, identificar posturas relevantes y comprender el estado actual del campo de investigación, todo ello fundamentado en la consideración detallada de los registros documentales disponibles.

2.2.3.2.2. Diseño de campo

Se podría definir como el proceso que, utilizando el método científico, permite obtener nuevos conocimientos en el campo de la realidad. En otras palabras, es aquel tipo de investigación en que el mismo objeto de estudio sirve como fuente de información para el investigador. En estos trabajos se utilizan diversos medios para conocer y recopilar información de manera directa del objeto de estudio. Las técnicas que se aplican en esta tarea de acopio de datos varían desde la simple observación hasta la participación activa del investigador. Las historias de vida, la descripción etnográfica, los cuestionarios y las entrevistas estructuradas se han revelado como muy fecundas en investigaciones de corta duración.

Este tipo de diseño permite una comprensión más profunda y directa de las dinámicas sociales, brindando una visión más rica y detallada del objeto de investigación, lo cual es crucial para obtener resultados significativos en estudios cualitativos.

2.2.3.2.3. Diseño experimental

El diseño experimental implica una manipulación rigurosa y planificada del objeto de estudio. Así, el investigador interviene de manera consciente en el segmento de la realidad que desea investigar. Los objetivos de este tipo de investigación son identificar los efectos de las acciones llevadas a cabo por el propio investigador, utilizando estas como un mecanismo o una técnica para probar sus hipótesis. De este modo, se obtiene información sobre la actividad intencional del investigador, quien busca modificar la realidad para generar un fenómeno similar al que se investiga y así poder observarlo. Este diseño se centra en manipular una o más variables experimentales aún no comprobadas en condiciones controladas, para describir cómo o por qué ocurre una situación particular. En este tipo de investigación, se realizan modificaciones deliberadas, como estímulos físicos o sociales, en un grupo experimental, con el fin de comparar su comportamiento.

2.2.3.2.4. Diseño cuasiexperimental

Un diseño cuasiexperimental en ciencias sociales es un tipo de investigación en el que el investigador manipula una o más variables independientes, pero sin el control absoluto de las variables, como ocurre en un diseño experimental puro. A pesar de sus limitaciones de control, el diseño cuasiexperimental sigue permitiendo realizar comparaciones entre grupos expuestos a diferentes condiciones, con el fin de observar el impacto de una variable en una situación particular. Este tipo de diseño es útil cuando no es posible realizar una asignación aleatoria, como en situaciones de campo o cuando se trabaja con grupos preexistentes.

2.2.4. Etapas del diseño de investigación

Las etapas del diseño de investigación son los procedimientos o las tareas metodológicas que, al ser ejecutados adecuadamente, permiten operacionalizar eficazmente el proceso investigativo. De este modo, facilitan el avance en la recolección de datos y en la comprensión profunda de un tema específico. A partir de las propuestas de Sautu (2005), Piovani (2007), Karina Batthyány y Mariana Cabrera (2011), se presenta el siguiente cuadro genérico en el que se identifican las típicas etapas del diseño de investigación y sus contenidos.

Fundamentación, elección y delimitación del tema a investigar y planteamiento del problema

El primer proceso indispensable para iniciar una investigación social es traducir en un problema de investigación las preguntas y preocupaciones que se tienen acerca de la realidad, y sobre las cuales se pretende realizar una indagatoria científica. Este proceso comienza por identificar un tema de investigación que se corresponda con las preocupaciones mencionadas, delimitarlo sobre preguntas iniciales y finalmente formular el problema de investigación. Este proceso se orienta a definir la finalidad, justificación y pertinencia del tema y problema de investigación. Junto con ello, se reconocen los antecedentes y el estado actual del tema.

Perspectiva teórica

Definir:

  • Las orientaciones paradigmáticas del grupo que se investigue
  • Las teorías generales que impregnan su pensamiento

En función de esas orientaciones y los recursos disponibles, acotar la selección de teorías sustantivas.

Contenidos del marco teórico:

Supuestos asumidos como verdaderos.

Definición de conceptos, proposiciones, hipótesis.

Modelos explícitos o implícitos acerca de las relaciones entre conceptos postulados en las proposiciones; vínculos entre dos conceptos sensibilizadores; papel de los conceptos en la definición de la problemática que investigar.

Hipótesis observacionales para la selección de la población, casos, construcción de instrumentos, definición de la base empírica.

Objetivos de la investigación

El objetivo general debe abarcar los específicos.
Los objetivos específicos despliegan el contenido del marco teórico; todo lo discutido en el marco teórico debe estar reflejado en los objetivos específicos, y todos los objetivos específicos deben ser derivados del marco teórico.

Metodología

Elección de un método que, a partir de los objetivos, permita resolver las cuestiones teóricas y empíricas que se enuncian en las siguientes etapas.

Contexto histórico‐geográfico

Definición de la población teóricamente pertinente a los objetivos.

Descripción de la base empírica.

Criterios para la selección de los casos; muestreo de unidades.

Construcción de los instrumentos de observación y recolección de la sustancia empírica

Encuestas, guías de entrevista, de observación, planillas o estrategias empíricas de acercamiento a la realidad.

Construcción de la base empírica de datos cuantitativos y cualitativos.

Análisis, sistematización y conclusiones

Codificación, construcción de la matriz estadística de planillas, sistematización manual o computarizada de datos cualitativos.

Cuadros, estadísticas, resúmenes, tipologías, patrones.

Descripción de asociaciones, pautas estadísticas, patrones, constelaciones, vínculos, situaciones.

Enunciación de proposiciones empíricas, construcción empírica de conceptos.

Propuesta de articulaciones de proposiciones y de conceptos.

Inferencias de las implicaciones teóricas de las conclusiones.

2.2.5. El proyecto de investigación social

El tercer concepto fundamental que guía la investigación es el proyecto o protocolo. En este sentido, resulta pertinente traer a colación la metáfora de Martín Retamozo (2016), quien compara la investigación de posgrado con una carrera en la que no hay competidores directos; es el tesista quien se enfrenta a sí mismo; una carrera que se asemeja a una maratón, una competencia de resistencia, en la que lo que sucede antes de la salida es crucial para alcanzar la meta. Siguiendo esta metáfora, el proyecto de investigación se configura como el espacio donde se toman decisiones estratégicas: el tipo de preparación, los recursos necesarios, los puntos de reabastecimiento y la planificación del recorrido. Estos elementos, aunque a menudo invisibles, son fundamentales para el éxito de la investigación. Ningún corredor saldría a la pista sin haber dedicado tiempo y esfuerzo a estas cuestiones; además, de la misma forma, el proyecto de investigación debe establecer un marco de trabajo previo que involucre decisiones clave, las cuales serán determinantes para lograr el objetivo final.

Así, como mencionan Merizanda Ramírez y María Esther Morales (2015), especialmente entre los estudiantes que deben realizar una tesis de grado, surgen preguntas frecuentes como “¿Qué es un protocolo o proyecto de investigación?” y “¿Por qué y cuál es el propósito de elaborar un protocolo de investigación?”. Para responder a estas y otras interrogantes sobre el papel que desempeña el protocolo en la investigación, es útil señalar, como primera aproximación, que un protocolo bien diseñado facilita la elaboración del trabajo de investigación. Asimismo, es pertinente destacar desde el principio que el protocolo de investigación, particularmente en programas que incluyen seminarios y cursos de metodología o investigación en los que se desarrollan y evalúan los protocolos, no debe considerarse únicamente como un requisito para aprobar la materia. Más bien, debe entenderse como un instrumento que abarca las fases y los procedimientos esenciales que orientarán todo el proceso investigativo. En definitiva, un protocolo constituye una herramienta fundamental para estructurar y desarrollar la investigación de manera adecuada.

Al respecto, una primera definición de lo que es el proyecto de investigación es la elaborada por las autoras mencionadas:

El término proyecto se deriva de los verbos latinos proicere […] que significan “arrojar algo hacia adelante”. Entonces, proyecto significa el pensamiento o el designio de hacer algo; la disposición que se hace de algo, anotando todos los elementos que deben concurrir para su logro; la planeación y organización previa de todas las tareas y actividades necesarias para alcanzar algo. La formulación del proyecto es, pues, uno de los pasos más creativos en toda obra. En primer lugar, quien se dedica a concebir una investigación, es decir, a plantear y formular un proyecto, escribe un documento en el cual se especifican los aspectos teóricos y metodológicos que requiere para su investigación. En la actividad científica es fundamental comenzar por la elaboración del proyecto para evitar dejar en la memoria los aspectos mencionados y garantizar mayor precisión en los resultados esperados (2015, p. 46).

Por su parte, para Samaja (2004), el término “proyecto de investigación” se refiere al documento escrito dirigido a un organismo o una instancia de control, que debe ajustarse a los marcos normativos establecidos dentro de una comunidad científica. Este documento no solo incluye información clave sobre el diseño de la investigación, sino también una descripción concisa de los objetivos, las metas en términos de tiempo y espacio, el plan de actividades, el cronograma, las principales referencias, entre otros aspectos relevantes. En otras palabras, el proyecto de investigación recoge la información esencial para la planificación de la investigación y, en este contexto, también para el control de su gestión personal, investigativa e institucional.

A causa de que el proyecto a menudo se elabora obedeciendo a motivos externos de la investigación propiamente dicha, muchos lo ven como un trámite burocrático. Sin embargo, un protocolo de investigación es el “embrión” que sirve de guía para emprender la búsqueda propuesta, por lo que redactar un protocolo ordenado y coherente facilita enormemente la tarea del investigador, ya que proporciona una estructura que organiza y orienta cada movimiento del estudio. En este sentido, el significado de “embrión” ser vivo en las primeras etapas de su desarrollo, desde la fecundación hasta que el organismo adquiere las características morfológicas de la especie (Sáez, 2008)– puede aplicarse de manera similar a este proceso, pues un protocolo guía al investigador en sus primeros pasos, le brinda las bases necesarias para transformar una idea abstracta en un proceso de investigación claro y dirigido hacia objetivos concretos y permite su evolución hasta que se convierte en un estudio completo y sistemático.

Es frecuente que las ansiedades por “hacer la tesis” subsuman al investigador frente a otras tareas, como el trabajo de campo (si lo hubiere) o la propia escritura de capítulos; sin embargo, en la buena construcción de un proyecto se juegan, por un lado, varias de las posibilidades futuras de llegar a buen puerto con la investigación –lo que supone un momento relevante y reflexivo– y, por otro, oportunidades de obtener becas, financiamiento, admisión a programas de posgrado. En algunos casos, la elaboración del proyecto es parte de las actividades curriculares o una instancia necesaria de aprobación para la autorización por parte de los comités respectivos para la entrega de la tesis. Así, el lugar del proyecto adquiere una relevancia muchas veces soslayada, se olvida que “el proyecto es parte (fundamental) de la investigación” y no una instancia previa.

Los proyectos de investigación se han transformado y consolidado como un género literario del campo académico y merecen una atención en toda su complejidad. Sin embargo, de manera particular y en términos procedimentales, como se señaló antes, el proyecto constituye la formalización del diseño de investigación. Esto implica que un diseño se convierte en proyecto dentro de un contexto institucional específico, por ejemplo, cuando se siguen las pautas establecidas por una universidad para la presentación de una propuesta de tesis o cuando se cumplen los requisitos de una agencia estatal de investigación para obtener la acreditación o financiación de un estudio (Piovani, 2007). Además, al referirse a la formalización del diseño, el protocolo se presenta en un formato predeterminado, conforme a las normas y los contenidos establecidos por la comunidad científica correspondiente. Este proceso de estructuración asegura que la investigación se ajuste a los estándares metodológicos y normativos que rigen en ese ámbito académico o institucional.

Un proyecto de investigación no solo describe las líneas generales y las estrategias planteadas en el diseño, sino que también detalla cómo se llevarán a cabo dichas estrategias de manera práctica. De esta forma, el proyecto se convierte en una herramienta operativa que proporciona las bases para la ejecución de la investigación en términos específicos y verificables. El proyecto incluye, además, una planificación detallada que considera los recursos necesarios, los plazos de ejecución y las metodologías que se emplearán en cada fase del proceso investigativo. En este sentido, actúa como una guía para los investigadores, orientándolos hacia la consecución de los objetivos planteados, al tiempo que establece parámetros para evaluar los avances y el cumplimiento de las metas establecidas.

Asimismo, el proyecto de investigación es clave en términos de control y monitoreo. Al estar orientado a ser presentado ante una instancia de control, como una entidad académica o de financiamiento, el protocolo debe garantizar que la investigación cumpla con los criterios éticos, metodológicos y normativos establecidos. En otras palabras, el proyecto no solo es un plan operativo, sino también un instrumento de legitimación ante las autoridades pertinentes. Esto implica que el investigador debe asegurar la coherencia entre lo que propone y las normativas vigentes en la disciplina y en la institución.

De manera adicional, la redacción del proyecto implica una reflexión crítica sobre la viabilidad de la investigación. Es el momento de anticipar posibles obstáculos, de prever limitaciones en términos de tiempo, recursos y accesibilidad a los datos, y de proponer estrategias de mitigación de riesgos. Es decir, la elaboración del proyecto obliga al investigador a pensar más allá de los aspectos técnicos, a cuestionar las implicaciones de su propuesta y a ajustar el alcance de la investigación según las posibilidades reales.

El proyecto también ofrece la oportunidad de afinar los marcos teóricos y metodológicos que sustentan la investigación. Al integrar los antecedentes, las preguntas de investigación y la justificación, el proyecto se convierte en un instrumento de clarificación conceptual, asegurando que los objetivos y las estrategias de investigación estén alineados con los principios fundamentales del campo de estudio. Además, permite verificar que los métodos seleccionados sean los más adecuados para abordar el problema de investigación, lo que a su vez mejora la calidad y la rigurosidad del estudio.

En resumen, el proyecto de investigación es mucho más que un requisito formal o administrativo. Pero, a su vez, en la mayoría de los casos, solo tiene sentido si es reconocido o aprobado por los marcos normativos académicos e institucionales establecidos dentro de una comunidad científica. Esta doble inscripción del proyecto –desafío intelectual y como instancia de evaluación– implica distintos tipos de retos que resolver en un solo producto. Como definen Alicia Salmerón y Laura Suárez de la Torre (2013), un proyecto de investigación es una agenda de trabajo para el estudio de un tema y una guía para el lector acerca de las pretensiones, los supuestos y las promesas del autor.

2.2.6. Las secciones del proyecto de investigación social

Una sección en un documento escrito es una división que organiza un conjunto de ideas, temas o contenidos relacionados con el fin de estructurar la información de manera clara y coherente. Las secciones suelen ir acompañadas de títulos o encabezados que indican el tema tratado en esa parte del texto, lo que facilita tanto al autor como al lector seguir el hilo del argumento o del tema con mayor facilidad. En el caso del protocolo de investigación, las secciones representan una serie de requisitos necesarios para la elaboración del documento, los cuales se derivan de las etapas del diseño de la investigación y deben ajustarse a las normas institucionales. Cabe destacar que no se trata de simplemente acumular avances, sino de utilizarlos como insumos, como materia prima, que guiarán el desarrollo del estudio.

En cuanto a los proyectos académicos, las secciones varían según el campo de conocimiento, el marco institucional y los aspectos epistemológicos involucrados, por ejemplo, tal cual sucede al presentar o no la sección de hipótesis. A pesar de que la presentación de estas secciones puede diferir considerablemente, existen ciertos elementos comunes en la estructura de las tesis, aunque no necesariamente de forma canónica o fija. De hecho, existen diversas propuestas generales que buscan ordenar la discusión sobre las partes constitutivas de un proyecto, las cuales pueden presentarse en un orden distinto, agrupadas o subsumidas. Para ello, la numeración de las secciones ayuda a organizar la exposición, pero también contribuye a establecer una secuencia lógica (Retamozo, 2016). Sean cuales sean las secciones que se elijan y su orden, es recomendable consultar los formatos empleados en cada programa académico y seguir las sugerencias del tutor o director, ya que serán prácticas que sin duda favorezcan la organización y claridad del trabajo.

Estructura y secciones generales de un protocolo de investigación:

  1. Título y subtítulo
  2. Introducción o antecedentes del tema
  3. Estado de la cuestión o antecedentes de la investigación
  4. Problema de investigación o planteamiento del problema
  5. Delimitación temporal y espacial
  6. Justificación de la investigación
  7. Objetivos generales y objetivos particulares
  8. Preguntas de investigación
  9. Hipótesis
  10. Marco teórico
  11. Metodología
  12. Índice tentativo
  13. Cronograma
  14. Referencias

2.3. La tesis en ciencias sociales

2.3.1. Definición

De acuerdo con Moradiellos (2017), la palabra española “tesis” (al igual que sus equivalentes en otras lenguas de uso y curso universal: thesis, thèse, These, tesi) procede del vocablo griego thesis, que significa “proposición”, y ahora se define como “proposición o conclusión que se mantiene por razonamiento”. En otras palabras, una tesis es una afirmación de mayor o menor complejidad cuya veracidad está argumentada y justificada mediante las fórmulas demostrativas y los procedimientos probatorios característicos de cada disciplina o campo científico en singular. En la vida académica universitaria de los últimos dos siglos, ese vocablo se ha utilizado normalmente para referirse a la tesis de grado, un sintagma que alude básicamente a una disertación escrita de cierta entidad que se presenta ante un jurado académico o comité tutorial para obtener el correspondiente título y grado académico en un campo científico concreto.

En rigor, la tesis es un trabajo de investigación escrito original en un campo científico específico que debe ser defendido ante un conjunto de profesores o investigadores, quienes tienen la capacidad y autoridad científica, académica y administrativa de otorgar el grado académico en su campo al examinado. Además, en el proceso de desarrollo de la tesis, el estudiante debe contar con la orientación de un director o asesor de tesis, que le brinde el apoyo y la orientación necesarios para estructurar y dirigir la investigación, garantizando la calidad y la viabilidad del proyecto desde el inicio hasta la defensa final.

Hoy en día, la tesis académica es un trabajo de investigación que representa uno de los logros más significativos en el proceso de formación avanzada en las ciencias sociales. Este documento refleja los conocimientos, las habilidades y los valores de los alumnos para abordar de manera profunda y rigurosa un problema de investigación, utilizando métodos y enfoques científicos, independientemente del programa o nivel académico. A lo largo de la tesis, el alumno-investigador no solo presenta los resultados de su estudio, sino que también demuestra su destreza para formular preguntas relevantes, revisar y analizar la literatura existente, diseñar un marco metodológico apropiado y contribuir al conocimiento en su campo de estudio. En resumen, la tesis encapsula todo el proceso de investigación social, desde la concepción del problema hasta la interpretación de los resultados.

Es importante destacar que la elaboración de una tesis exige una dedicación personal significativa, tanto en términos de tiempo como de esfuerzo, energía y vitalidad. Este compromiso se extiende por un periodo relativamente largo, en el que el estudiante debe abordar un trabajo riguroso, meticuloso y constante; y es cuando el alumno culmina su tesis y se dispone a defenderla ante un jurado académico o comité tutorial cuando los frutos de este esfuerzo se cosechan.

La defensa pública de la tesis es, por tanto, el último paso en un proceso de investigación metódica, organizada y planificada. Esta defensa no es solo un trámite formal, sino que representa la culminación de una etapa formativa esencial para el desarrollo académico del estudiante. Se trata de un trabajo de investigación original y personal, centrado en un tema específico y relevante dentro de un campo científico particular. Para que sea considerada como una tesis legítima por las autoridades educativas y el cuerpo académico encargado de su evaluación, debe ajustarse a unos criterios formales que no pueden ser eludidos (Moradiellos, 2017). Estos preceptos son esenciales para asegurar la validez, la rigurosidad y la calidad del trabajo, y permiten que la tesis sea reconocida como un aporte significativo al conocimiento en el área de estudio correspondiente. En resumen, la tesis no solo representa la culminación de un proceso académico, sino también la materialización de un esfuerzo prolongado y significativo por parte del estudiante.

Si bien la fuerza que impulsa el desarrollo de una tesis reside en los conocimientos, las habilidades y los valores que aportan los estudiantes, también existen factores externos que influyen de manera significativa en este proceso, entre los cuales se incluyen el contexto social, los aspectos personales de cada estudiante y, especialmente, las normas institucionales que rigen las comunidades científicas y académicas. Estas últimas, en particular, establecen las condiciones bajo las cuales se lleva a cabo la investigación y afectan tanto el contenido como el desempeño del tesista. A continuación, se destacan cuatro aspectos clave que inciden en el desarrollo de la tesis y en la experiencia del estudiante durante todo el proceso.

2.3.1.1. Disposiciones normativas establecidas por las comunidades y las instituciones académicas

Las instituciones académicas suelen establecer normativas claras sobre los plazos y procedimientos para la elaboración y presentación de la tesis. Por ejemplo, definen plazos específicos para la entrega del documento final, así como para la evaluación o presentación periódica de los avances ante un comité evaluador; especifican el tiempo disponible para que el estudiante realice las correcciones pertinentes e, incluso, establecen el momento en el que debe iniciar el desarrollo de la tesis, como la presentación del protocolo, ya sea como requisito para el registro en el programa o para presentarlo después de ingresar a él.

Un indicador clave utilizado por muchos programas académicos para evaluar su desempeño y justificar la asignación de recursos y financiamientos es la eficiencia terminal, la cual ejerce una presión significativa sobre los alumnos para que completen y titulen sus estudios en el menor tiempo posible. Este indicador refleja el porcentaje de estudiantes que logran finalizar sus programas en relación con la cantidad de estudiantes que inician y es un factor determinante en la obtención de apoyo financiero e institucional.

Como resultado, los programas académicos suelen establecer plazos estrictos para la culminación de los estudios, lo que puede llevar a una exigencia de rapidez en la entrega de la tesis y en el proceso de titulación. Esta presión por cumplir con los plazos establecidos, si bien puede fomentar la eficiencia, también puede generar problemas para los estudiantes, quienes, al verse impulsados a terminar rápidamente, a veces se ven limitados en su capacidad para realizar investigaciones profundas y reflexivas. De este modo, aunque la eficiencia terminal busca asegurar una rápida graduación, puede influir en el enfoque y la calidad de la tesis.

Por otra parte, todas las instituciones definen criterios para la elección del director de tesis y del comité académico o tutorial que acompañará el desarrollo de la investigación, exigiendo que el estudiante cuente con la asesoría de un grupo de docentes con experiencia en el área de investigación. Esta decisión influye en diversos aspectos del contenido de la tesis, particularmente en el enfoque epistemológico y teórico que el director o asesor sugerirá al tesista, ya que la elección de los miembros del comité o del asesor puede estar condicionada por factores institucionales o normativos que no siempre priorizan la afinidad intelectual entre el estudiante y su asesor, algo que limita la posibilidad de una orientación más flexible y personalizada. Esta dinámica puede afectar la autonomía del estudiante y restringir su desarrollo si la relación con el cuerpo docente encargado de su acompañamiento no es la más adecuada.

Asimismo, las instituciones requieren una aprobación formal del tema de tesis antes de iniciar el trabajo de investigación, a través de la presentación de una propuesta que debe ser validada por el comité académico correspondiente, asegurando que el tema esté alineado con los intereses del campo disciplinario y los objetivos del programa. Esta validación marca el rumbo de la investigación, ya que la aceptación del tema define no solo el enfoque teórico y metodológico que seguir, sino también las limitaciones dentro de las cuales se desarrollará la tesis. Incluso, en el caso de que el tema no sea aceptado, el estudiante podría verse obligado a replantear su propuesta o ajustarse a los intereses académicos del comité, lo que podría restringir la libertad investigativa y la originalidad del proyecto. Esta dinámica refleja cómo las decisiones institucionales tempranas pueden influir de manera decisiva en la dirección y el contenido de una tesis.

Por último, es importante señalar que la asignación de recursos y apoyos económicos, que suelen estar ligados al cumplimiento de plazos y a la eficiencia terminal, también impacta directamente en el desarrollo de la tesis. El acceso a recursos como becas, financiamiento para la investigación o apoyo logístico muchas veces depende de cumplir con estas normativas, lo que genera una dinámica en la que los estudiantes se ven presionados a ajustar su trabajo de investigación a los tiempos establecidos para obtener dichos apoyos. Este sistema, basado principalmente en normas institucionales, puede llevar a que la calidad de la investigación se vea sujeta a marcos administrativos y financieros, lo cual limita el potencial de la tesis como un proceso de conocimiento.

2.3.1.2. Proceso de evaluación o acreditación por parte de los profesores o investigadores del programa académico

Una vez que la tesis está en desarrollo, el proceso de evaluación o acreditación es esencial. Los profesores o investigadores del programa académico revisan periódicamente los avances del estudiante en función de los criterios previamente establecidos, tales como la relevancia del tema, la profundidad del análisis, la calidad de la revisión bibliográfica y la coherencia metodológica. Para esto, se establecen institucional y normativamente los estándares, criterios y procedimientos bajo los cuales se llevarán a cabo las distintas actividades de evaluación. Los comités académicos, o los directores de tesis en algunos casos, pueden solicitar cambios o ajustes en el contenido, el enfoque o la estructura del trabajo según las necesidades del campo de conocimiento. Este proceso asegura que la tesis cumpla con las expectativas científicas y académicas que son fundamentales para la formación del estudiante en su disciplina. Sin embargo, también orientará y guiará el contenido de la tesis hacia un determinado horizonte del conocimiento.

Es importante señalar que muchas veces el proceso de evaluación y sus estándares no se ajustan a la evolución natural del desarrollo de la tesis, sino que más bien lo condicionan. A menudo, son los criterios establecidos por los comités académicos los que determinan el rumbo y el contenido de la investigación, y no los conocimientos y las habilidades del tesista. En lugar de permitir que la tesis se desarrolle orgánicamente en función de las inquietudes del investigador, las evaluaciones se enfocan en ajustar la investigación a los parámetros normativos predeterminados, lo que puede restar espacio a nuevas preguntas o enfoques que no encajen dentro de los estándares institucionales. Esta dinámica puede generar un proceso en el que la investigación se ve más influenciada por las expectativas externas que por el propio desarrollo del conocimiento.

2.3.1.3. Ajuste en la estructura y los lineamientos de presentación de la tesis

El desarrollo, el formato y las reglas de operación de la tesis deben alinearse estrictamente con los marcos normativos y las directrices de control institucional que rigen a la comunidad científica y, específicamente, al programa académico al que pertenece el estudiante. Estas normativas definen aspectos clave como la estructura y los apartados que debe contener la tesis, así como los lineamientos relacionados con la extensión del documento, la presentación de los contenidos y los criterios de citación.

El cumplimiento de estas directrices no solo asegura la coherencia y uniformidad en los trabajos presentados, sino que también garantiza que la investigación sea evaluada bajo parámetros rigurosos y consistentes, que reflejen las expectativas académicas del programa y la calidad científica requerida en la disciplina. De esta manera, la tesis se convierte en un producto académico que no solo cumple con las necesidades de evaluación interna, sino que también contribuye a la construcción del conocimiento dentro de un marco más amplio de estándares científicos y éticos.

Sin embargo, el ajuste a estas normas tiene un impacto significativo en el proceso de integración del estudiante a la comunidad científica, ya que, si bien lo familiariza con los protocolos y las exigencias propios del entorno académico y profesional en el que se desarrollará su futura carrera, también puede limitar la creatividad y la flexibilidad en la presentación de su investigación. La rigidez de los formatos y las estructuras preestablecidas pueden restringir la capacidad del estudiante para abordar su tema de manera innovadora y personalizada, favoreciendo, en ocasiones, la conformidad con las normas sobre la búsqueda de enfoques más disruptivos o críticos. Esto plantea la pregunta de si la estricta adherencia a las normas académicas, si bien necesaria para asegurar la coherencia y calidad, podría estar desincentivando una mayor diversidad metodológica y teórica en la producción de conocimiento científico.

2.3.1.4. La tesis vista solo como requisito para la obtención del grado académico

En muchas instituciones académicas, la tesis constituye el requisito final para obtener el grado académico, ya sea licenciatura, maestría o doctorado. Los alumnos deben demostrar, por medio de su trabajo de investigación, no solo sus capacidades para desarrollar un proyecto original, sino también su conocimiento profundo de la disciplina en la que se han formado, y la defensa pública de la tesis ante un jurado es una parte crucial de este proceso. El comité evaluador del jurado, compuesto por profesores e investigadores especializados, examina la validez y calidad del trabajo presentado, de manera que, solo al completar exitosamente este proceso de evaluación y luego de realizar cualquier ajuste sugerido por el comité, el estudiante puede ser considerado para la obtención del título académico correspondiente. Todo ello dependerá del marco normativo del programa académico.

Sin embargo, en muchas ocasiones, la tesis se percibe más como un trámite para obtener el grado que como un proceso de generación y profundización del conocimiento. Este enfoque instrumental puede restar valor a la investigación misma, despojándola de su potencial enriquecedor y aporte intelectual para la posible resolución de problemas. En lugar de ser un ejercicio académico que fomente la reflexión y la contribución al campo disciplinario, la tesis se convierte en una mera formalidad que el estudiante debe cumplir para completar su formación. Esta visión reduccionista de la tesis podría limitar la posibilidad de que los estudiantes exploren sus intereses intelectuales y contribuyan de manera significativa al avance del conocimiento en su área de estudio.

2.3.2. Estructura y lineamientos generales de presentación de una tesis en ciencias sociales

La estructura de una tesis es uno de los elementos fundamentales en la presentación de una investigación. Sin embargo, esta estructura no es un formato rígido o uniforme; varía considerablemente dependiendo del campo de conocimiento en el que se inserte la investigación, así como del programa académico al que se adhiera. Cada disciplina científica o campo de estudio tiene sus propios lineamientos, convenciones y prioridades que influyen de manera directa en la organización de la tesis, desde la introducción hasta las conclusiones.

Por ejemplo, en las ciencias sociales, la estructura puede enfocarse en el desarrollo teórico y metodológico, siendo crucial la revisión de la literatura y los marcos conceptuales. En contraposición, en las ciencias exactas o las ingenierías, se prioriza un enfoque más técnico y práctico, donde la estructura puede incluir un desarrollo detallado de la metodología experimental y los resultados numéricos obtenidos. Las ciencias de la salud, por otro lado, tienden a enfocarse en los protocolos de investigación, los ensayos clínicos y los análisis estadísticos.

Además, cada programa académico tiene su propio conjunto de normas y requisitos, lo que añade un nivel adicional de variabilidad en la estructura de la tesis. Algunos programas exigen una presentación más formal y rigurosa de los capítulos, mientras que otros pueden permitir una mayor flexibilidad en el formato. El seguimiento de las guías proporcionadas por el comité académico o los directores de tesis es esencial, ya que estas estructuras garantizan que el trabajo sea evaluado bajo criterios consistentes y alineados con las expectativas académicas y científicas del área.

De manera general, la estructura de la tesis está organizada en capítulos, que contienen el desarrollo del contenido de la investigación, y apartados, que agrupan las secciones complementarias a la investigación principal. Los capítulos presentan el desarrollo de la investigación y suelen incluir secciones clave como la metodología, el marco teórico, el trabajo de campo, los resultados obtenidos y su discusión. Estos capítulos constituyen el cuerpo central de la tesis, reflejando el enfoque investigativo, los procedimientos seguidos y los hallazgos alcanzados. Por otro lado, los apartados son las secciones adicionales que acompañan a los capítulos, pero no forman parte del desarrollo central de la investigación. Entre estos apartados se incluyen la introducción, que presenta el contexto y la justificación del estudio; las conclusiones, que sintetizan los hallazgos principales y sus implicaciones; las referencias, que documentan las fuentes utilizadas en la investigación; el índice de tablas y figuras, que organiza la información visual complementaria; y los anexos, que contienen material adicional relevante, como cuestionarios, gráficos y datos sin los cuales la tesis no podría ser comprendida en su totalidad.

Cada uno de estos elementos, tanto capítulos como apartados, contribuye a la organización y presentación de la tesis, asegurando que los resultados y el proceso de investigación sean claros, coherentes y accesibles para los evaluadores y otros lectores interesados. De esta forma, es muy importante y sobre todo estratégica la estructura de una tesis o cualquier otro trabajo de investigación, ya que, como bien dice Enrique Moradiellos, la tesis es

una arquitectura textual cuya estructura compositiva impone su lógica al mismo texto y facilita (o dificulta si no está bien hecha) su lectura, comprensión y utilidad (además de facilitar antes su redacción de manera muy evidente). Y el índice de la tesis, cuando está terminada y confirmada, es la guía de lectura esencial gracias a su relación detallada (y paginada, como veremos) de los contenidos del texto, lo que permite facilitar el acceso directo a sus distintos apartados (2017, p. 58).

De igual manera, las denominadas “normas” o “lineamientos de presentación” son otro aspecto que puede variar dependiendo del campo de conocimiento y del programa académico. Estas normativas regulan aspectos como el formato de los márgenes, el tipo de letra, la numeración de las páginas, el estilo de citación, entre otros detalles técnicos que, aunque parecen menores, son cruciales para asegurar que la tesis cumpla con los estándares de calidad y presentación exigidos. Al igual que la estructura, las normas de presentación no son universales y están sujetas a las tradiciones académicas de cada disciplina y a las directrices institucionales.

Si bien las normas o los lineamientos de presentación pueden variar y ser diversos, en el mejor de los casos, los programas académicos deberían procurar mantener una uniformidad y coherencia estilística en sus directrices. Esto no solo facilita el proceso de elaboración y evaluación de la tesis, sino que también asegura que el trabajo del estudiante se presente de manera profesional y consistente, respetando los estándares académicos que las instituciones promueven. Esta coherencia estilística también contribuye a una mejor organización del conocimiento generado, favoreciendo la claridad en la exposición y la comunicación efectiva de los hallazgos de la investigación.

Así, una tesis no solo es un reflejo del conocimiento generado por el estudiante, sino también una manifestación de las normas y tradiciones propias de su campo o sus disciplinas y del programa académico en el que se inserta. Entender las distintas estructuras de una tesis según el campo de conocimiento y los lineamientos institucionales es clave para garantizar que la investigación cumpla con los estándares exigidos y se convierta en una contribución significativa a la comunidad científica.


  1. El resultado o producto de una investigación es un conocimiento científico ampliado sobre un segmento específico de la realidad, el cual se materializa a través de diferentes formas de comunicación, ya sea escrita, oral o visual; por ejemplo, los resultados pueden expresarse en textos académicos o no académicos, cuya finalidad principal es su publicación, es decir, hacerlos públicos o ponerlos a disposición del público. En el caso de los primeros, pueden incluir artículos en revistas científicas, libros académicos, tesis, materiales de enseñanza o incluso trabajos destinados a la acreditación de un curso. En cuanto a los segundos, los productos de la investigación pueden encontrarse en artículos de periódicos, libros y revistas comerciales, informes de instituciones gubernamentales u organizaciones civiles, entre otros. Además, los resultados pueden presentarse de manera oral, a través de conferencias o entrevistas, o incluso en formatos visuales como fotografías, videos o carteles.
  2. Es fundamental hacer una distinción entre diseño y plan de investigación. El plan de investigación, en ciertos contextos, se utiliza para referirse al esquema detallado que explica cómo se llevará a cabo una investigación desde una perspectiva operativa. Este incluye, por lo tanto, la dimensión temporal (como el cronograma de actividades) y las relaciones de precedencia, simultaneidad, entre otras, entre las diversas acciones involucradas en el proceso investigativo. En otras palabras, el plan de investigación actúa como un mapa que ilustra de manera general la trayectoria que se espera que siga el proceso de investigación (Piovani, 2007; Ansolabehere et al., 2023).
  3. Algunos autores se refieren a estos como “tipos de estudio” (Rojas, 2013), “tipos de investigación” (Reyes y Sandoval, 2021) o, incluso, hay quienes prefieren denominarlos “alcances de la investigación” (Hernández Sampieri et al., 2014). Sin embargo, más allá de la denominación utilizada, lo importante radica en comprender el propósito de la investigación, es decir, su finalidad, la manera en que se llevará a cabo y los recursos o herramientas con los cuales se obtendrán los datos. Esta elección y definición es clave para garantizar una aproximación adecuada y coherente con los propósitos del estudio, independientemente de la nomenclatura que se emplee.


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