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Iglesia y Sociedad
en América Latina (ISAL)

Su publicación: Cristianismo y Sociedad

Elizabeth Coitinho

Introducción

El Archivo Histórico Dr. José Alberto Piquinela de la Iglesia Metodista en el Uruguay conserva gran parte de la colección de la revista Cristianismo y Sociedad, publicación que dio a conocer el pensamiento del movimiento Iglesia y Sociedad en América Latina (ISAL) y el de su heredera, Acción Social Ecuménica Latinoamericana (ASEL). Desde el primer volumen, que apareció en 1963, hasta el número 66 correspondiente al año 1980, el archivo posee todos los volúmenes. En cambio, en los años subsiguientes, faltan algunos números y la última revista o número que se encontró en el archivo es la 111 del año 1992.[1]

Puede ubicarse a ISAL entre los movimientos ecuménicos cristianos de izquierda, que formaron parte de las luchas políticas de las décadas del sesenta y setenta del siglo XX en América Latina. Al instalarse las dictaduras en Uruguay (1973) y Argentina (1976), algunos de sus integrantes sufrieron persecución, cárcel o tuvieron que exiliarse. En la primera etapa, ISAL tenía su sede en Montevideo, pero con el paso del tiempo, recorrió otros caminos: Buenos Aires, Santo Domingo, México y Guayaquil, lo que demuestra que hubo dificultades para permanecer en un mismo sitio; de todas maneras, estas no fueron obstáculo para continuar con la publicación. En 1975, ISAL se reestructuró y pasó a ser el proyecto Acción Social Ecuménica Latinoamericana (ASEL), heredera de ISAL.[2] Como preámbulo de la publicación Cristianismo y Sociedad, se debe destacar la II Asamblea del Consejo Mundial de Iglesias en 1954, en Illinois, Estados Unidos. Allí se decide aceptar la sugerencia de iniciar un estudio, a nivel mundial, acerca de la responsabilidad cristiana ante los cambios sociales que se estaban produciendo en Latinoamérica. Unos pocos años después, se formaron comisiones de Iglesia y Sociedad en el Río de la Plata y en Brasil, las que se ocuparon del tema. Estas comisiones, apoyadas por el Consejo Mundial de Iglesias, aprovecharon la II Conferencia Evangélica Latinoamericana para promover y realizar una Consulta, que se plasmó en Huampani, Perú, en julio de 1961, con el tema “La responsabilidad social de la Iglesia Evangélica frente a los rápidos cambios sociales”. Allí se recomendó formar un organismo que continuase con la promoción de la tarea. Así va a constituirse la Junta Latinoamericana de Iglesia y Sociedad (JLAIS), con el fin de sensibilizar a los cristianos frente a su responsabilidad social.[3] De esta Junta nace la idea de publicar la revista Cristianismo y Sociedad: “… publicación original en su género en el campo evangélico latinoamericano (…) llamada a jugar un rol preponderante en la consecución de los objetivos fundamentales de todo el movimiento representado por la JLAIS”.[4]

El propio nombre de la revista, Cristianismo y Sociedad,[5] indicaba cuáles eran los temas alrededor de los que iban a girar las páginas de ese medio impreso. El primer número dejaba en claro que se trataba de “… una revista anhelada por los evangélicos latinoamericanos que se preocupan por los problemas que plantea la sociedad que integran a la fe cristiana y a su testimonio en el mundo”.[6]

Por tanto, la relación entre el binomio cristianismo y sociedad sería la base de la aparición de la revista, así como su razón de ser. Cristianismo porque “La fe cristiana es nuestro punto de vista (…) y si algún rótulo debe caracterizar a la revista no puede ser otro sino ese. No hay desacuerdos en este punto, y deseamos que el lector lo comprenda así desde el principio”.[7]

Se afirmaba que la revista no representaba a ninguna política determinada: “Es el órgano de un movimiento evangélico latinoamericano, y esa es su única definición”.[8]

Luego de las “Palabras preliminares”, el “Punto de vista” y la “Reflexión teológica”, en la sección “América Latina”[9] tres artículos describían la situación del continente. Para Sabanes,[10] la situación social era eminentemente revolucionaria. Las estructuras tradicionales estaban cambiando y el aspecto demográfico resultaba fundamental. Berton[11] solicitaba la acción inmediata de la Iglesia en la obra rural, a la que consideraba muy importante para los países en los que predominaba el latifundio, la indigencia y el sufrimiento. Por su parte, Julio de Santa Ana[12] afirmaba que la consecuencia de una cultura de masas, como calificaba a la de América Latina, era la despersonalización que estaba promoviendo la sustitución de la política por la economía. Justamente a ese mundo de trabajadores y consumidores se debía dirigir la acción cristiana. El movimiento de ISAL tenía el sello del ecumenismo.[13] Su veta ecuménica ya se evidenciaba al tener en cuenta que surgió ligado al Consejo Mundial de Iglesias,[14] organización ecuménica por excelencia.[15] Como escribe Bastian, el apoyo de esa organización fue fundamental, su contribución permitió que se publicara la revista Cristianismo y Sociedad, se fundara la editorial Tierra Nueva y se organizaran talleres internacionales.[16]

En 1992, a tres décadas de la aparición del movimiento, el director-editor de Cristianismo y Sociedad, Santa María S., escribía que esa publicación, perteneciente a un movimiento ecuménico, pretendió desde sus comienzos: “… ser puente de reflexión y análisis entre Teología y Ciencias Humanas con el propósito de hacer salir la investigación científica de los círculos de los especialistas y servir de eficaz vehículo que permita un caminar fecundo”.[17]

Además de sus artículos, como forma de cumplir con esos cometidos, Cristianismo y Sociedad aportaba fichas de estudio, reseñas de libros, documentos de foros y consultas, cuadernos y separatas. En cuanto a los colaboradores, la publicación acudió, además de a personas relacionadas con el mundo protestante, a expertos en diversas áreas, religiosos o no.[18]

ISAL, movimiento evangélico latinoamericano

Según el Diccionario de la lengua española, un movimiento puede ser definido de la siguiente manera: “6. m. Desarrollo y propagación de una tendencia religiosa, política, social, estética, etc., de carácter innovador”.[19]

De los artículos de Cristianismo y Sociedad se puede observar que ISAL resultó ser un movimiento que aunaba lo religioso a lo social y político. Aunque no hay una única definición de movimiento social, podría aplicársele las siguientes características: a) la acción colectiva debe ser contenciosa, b) debe orientarse al cambio o a resistir el cambio y c) debe implicar algún grado de actividad extrainstitucional.[20] Basta leer los artículos de Cristianismo y Sociedad para notar que el movimiento de ISAL, desde sus comienzos, fue muy crítico de la Iglesia como institución, varios de sus integrantes se alejaron de ella y con sus ideas de revolución y liberación buscaron cambios drásticos en la sociedad, a lo que se agrega que ISAL gozaba de autonomía respecto de las dirigencias eclesiales. Además, era un movimiento evangélico. El diccionario, entre otras definiciones, entiende por evangélico: “Perteneciente o lo relativo a la Iglesia reformada por Lutero en el siglo XVI. Sinónimo: protestante”.[21]

Por su parte, para Pablo Deiros evangélico es el término genérico utilizado por los miembros de las Iglesias protestantes en América Latina “… que desean subrayar que su mensaje es positivo (el Evangelio), y que el movimiento evangélico no es una mera protesta en contra del catolicismo romano”.[22]

Si bien el campo de interés de ISAL era el latinoamericano, para ese movimiento, la Iglesia necesitaba expresar su solidaridad con el mundo. Además, debería estar dispuesta a confesar que en alguna medida tenía responsabilidad por el mundo tal como era.[23] Partiendo entonces de la reflexión teológica y utilizando las ciencias sociales, ISAL, a través de Cristianismo y Sociedad, demostró su gran interés en América Latina y planteó la idea de que se podía ser revolucionario y cristiano a la vez. Según la visión de Conteris,[24] la sociedad latinoamericana se iba transformando rápidamente y en forma inevitable, las instituciones y los valores habían “envejecido”, “caducado”. Surgía la necesidad de revisar conceptos y ser flexibles para el cambio que conduciría a la nueva sociedad, aquella que “reclaman las multitudes desposeídas”. Esa tarea transformadora demandaba la participación de todos. Y agregaba: “A eso se ha dado en llamar ‘proceso revolucionario’ latinoamericano”.[25]

Contexto latinoamericano en que surge Iglesia y Sociedad en América Latina (ISAL)

Para comprender la razón del surgimiento de ISAL, hay que tener en cuenta la situación que se vivía en esa región del planeta. Los acontecimientos históricos demostraban que durante el siglo XX América Latina estuvo fuertemente marcada por el intervencionismo de Estados Unidos.[26] Luego de la Segunda Guerra Mundial, el país del Norte se consolida como potencia y somete a los países latinoamericanos a una gran dependencia económica y política. Además, es la etapa de la llamada Guerra Fría[27] entre Estados Unidos y la Unión Soviética (1947-1991). Consecuentemente, ese tiempo está marcado por la: “… tensión entre dos proyectos políticos contradictorios y antagónicos: el desarrollismo de carácter democrático y capitalista, de base prioritariamente economicista; y la liberación política revolucionaria y violenta, de procedencia marxista-leninista, pero adaptada a las circunstancias peculiares de América Latina”.[28]

Los artículos del primer número de Cristianismo y Sociedad señalaban los altos índices de natalidad en varios países latinoamericanos, aunque Uruguay y Argentina aparecían como países envejecidos. Al mismo tiempo, se mostraba que las deficientes condiciones económicas y alimenticias conducían a una elevada mortandad infantil. Otros problemas resaltados en este número de la revista eran la desocupación, el analfabetismo y la problemática de las zonas rurales. Ese es el contexto en que nace ISAL. Como explicitaba Bastian, los que iniciaron ISAL “Fueron fundamentalmente jóvenes intelectuales blancos de origen protestante ubicados en el corredor Sao Paulo, Montevideo, Buenos Aires”.[29]

Visto desde nuestro presente, tanto en ISAL y ASEL como en su publicación Cristianismo y Sociedad, se nota la predominancia masculina, por eso habría que agregar a la palabra jóvenes el vocablo varones. En cuanto a la publicación, analizando alrededor de sesenta números de distintas épocas, se observa que el aporte femenino en los artículos fue sumamente escaso, y en la dirección e integración de las Juntas Editoriales o Consejos de Redacción, inexistente.[30] Esa situación muestra la mentalidad de una época y de un lugar, aunque en la década del sesenta iba surgiendo una nueva etapa del feminismo. Aquí es necesario dedicar un espacio al número 33/34 del año 1972. En esa revista se aporta documentación del Segundo Seminario Latinoamericano de Mujeres,[31] que se celebró en Chile, con el tema “La mujer de hoy en América Latina”. Se hará un muy breve resumen del informe presentado en la revista. Examinándolo, quedó en evidencia que no existía un único feminismo. Las participantes del Seminario se sentían muy alejadas del feminismo que había surgido en Estados Unidos y Europa:[32] “En este Seminario las mujeres dijeron ‘no’ a la distorsión feminista, porque dijeron ‘sí’ a la lucha global de la liberación”.[33]

Se expresaba que se había dado un salto cualitativo al dejar atrás: “… viejos y alienantes conceptos de la emancipación femenina (…) la cuestión era situar bien el problema. Eso exigía ir hacia las causas estructurales y buscar soluciones adecuadas (…) vale decir, de liberación global de la opresión”.[34]

La informante encontraba esa posición como “algo novedoso y desafiador” respecto a los grupos feministas de Londres o Estados Unidos.[35]

Al Seminario asistieron unas 150 delegadas y varias observadoras de Vietnam del Norte y del Sur, de la Unión Soviética, de Laos, de Corea del Norte, de otros países socialistas de Europa, de la Confederación Africana de Mujeres y de movimientos femeninos de izquierda de Estados Unidos. Entre las participantes, se distinguió: “… la pequeña inmensa Nguyen Thi Tam, de 22 años pasados casi todos en la guerra, combatiente liberadora del Ejército de Vietnam, con varias condecoraciones al valor”.[36]

Algo muy simbólico lo constituyó el obsequio de las vietnamitas a la Unión de Mujeres de Chile: una vasija hecha con fragmentos de un avión de Estados Unidos que había sido derribado.[37] Se afirmaba: “Las delegadas del Seminario (…) Están convencidas de que la conquista y defensa de sus derechos son parte indisoluble de la lucha de los pueblos por una auténtica independencia nacional y por la democracia”.[38]

Este documento merecería un análisis detallado, pero rebasaría los límites de este artículo. Es evidente la contraposición entre las dos vertientes del feminismo, por un lado, el de Londres y Estados Unidos, al que el informe denomina “tradicional”; por otro, el presente en el Seminario, que buscaba la liberación de toda la sociedad. De todas maneras, desde una rápida mirada a los documentos del Seminario, parecería que a la mujer se la veía más en su rol de esposa, madre, trabajadora y ciudadana que como mujer en sí.[39] En las conclusiones, se afirmaba que a la mujer le correspondía fundamentalmente junto a su compañero: “… acercarse y acercar a sus hijos para alcanzar cada día y en cada familia, LA ENORME DIMENSIÓN HUMANA DE LA REVOLUCIÓN”.[40]

Con respecto a las mujeres cristianas se dice que estuvieron presentes, pero el Seminario no giró en torno a lo cristiano. Relativo a ese aspecto, en palabras de la informante de Cristianismo y Sociedad: “Me parece más bien algo tremendamente sano que ciertos problemas o argumentaciones no nos hagan perder el tiempo. (…) hay bloqueos reales en muchas mujeres latinoamericanas, hay sometimiento efectivo motivado por una distorsionada ‘moral cristiana’”.[41]

Movimiento evangélico y ecuménico

Siguiendo a Monterroso[42] los movimientos ecuménicos, en especial los del protestantismo, estaban ligados a los acontecimientos que sucedían en los países latinoamericanos. Este autor describe a los iniciadores del movimiento de ISAL como “un grupo de intelectuales del Cono Sur” que invitaron a la parte norte del continente a unirse a dicho movimiento ecuménico. Agregaba Monterroso que esa presencia del Cono Sur marcó al movimiento dirigiéndolo, en especial, en su período de esplendor en la década del 60, cuando se tenía la convicción de que la revolución socialista triunfaría en Latinoamérica. Agregaba que otros grupos políticos, al tener noticias de la ayuda económica que las agrupaciones como ISAL recibían del exterior, vieron en ellas una posibilidad de obtener recursos humanos y económicos. A su vez, los líderes ecuménicos sudamericanos fueron muy críticos con las Iglesias a las que estaban vinculados, algunos las abandonaron, aunque no dejaron la fe. Creían firmemente que la revolución socialista triunfaría muy pronto, por eso tomaron determinadas decisiones, como la de asumir un compromiso político mayor colaborando con grupos no religiosos, que intentaban también la liberación de América Latina. Puede servir como ilustración una simple anécdota de la que fue testigo la autora de este artículo. Hace varios años, en una pequeña reunión, uno de los asistentes que había integrado ISAL contó que, en aquella época, en lugar de ayudar a la Iglesia con su ofrenda, prefirió hacerla llegar a un partido político de izquierda. En un escrito Luis Odell[43] reafirmaba esa visión negativa de la Iglesia. Afirmaba que la cristiandad latinoamericana padecía de un verdadero analfabetismo social. No comprendía los cambios que se estaban produciendo en forma acelerada en los países latinoamericanos, en las áreas de la economía, la política y lo social. El énfasis de las Iglesias estaba puesto en lo interno, mientras que la acción social se limitaba a la lucha contra los vicios, de modo que quedaban relegados la miseria y el sufrimiento humano.[44] Volviendo a Monterroso, expresaba que la relación de los movimientos ecuménicos con las Iglesias se había resquebrajado, pero la paradoja era que los grupos políticos consideraban a esos movimientos ecuménicos como eclesiásticos. Mientras tanto, los movimientos ecuménicos de Centroamérica y México no tenían la visión triunfalista de los sudamericanos, debido a que sufrían una brutal represión. Además, en esas zonas se vivenciaba en ISAL la existencia de un imperialismo del Río de la Plata. Hacia la década del 70, se produjo lo que Monterroso llamó una “insurgencia” en la zona de Centroamérica, Caribe y México: “La cara indígena de América Latina empieza a ser vista en los movimientos ecuménicos de la región. (…) Sin embargo, deberá tomarse en cuenta también la actual coyuntura política latinoamericana (…) para juzgar el papel de esta irrupción dirigencial”.[45]

Las dictaduras fueron eliminando los movimientos políticos y ecuménicos. Entonces, comentaba Monterroso, los integrantes de los movimientos ecuménicos quedaron en soledad, no tenían comunidad propia porque sus movimientos fueron desarticulados, se habían alejado de la Iglesia, no habían forjado un proyecto teológico y político propio, y tampoco habían adquirido una filiación política que les diera el medio de expresarse.[46] Pero no eran los únicos en soledad, en esos años tan difíciles, esa Iglesia[47] que fue abandonada por los movimientos ecuménicos quedó también en soledad para luchar por los derechos humanos y defenderlos; así se convirtió en la voz de los que no tenían voz: “Por ello ha sido acusada de comunista y de otros epítetos parecidos”.[48]

Marxismo, revolución, liberación

Esos vocablos están presentes a lo largo de la publicación de la revista. El primer número ya introduce las nociones de “proceso revolucionario” y de “la Iglesia en la revolución”;[49] el sexto número de la revista llevaba el título “La iglesia en revolución”. Uno de los artículos de ese número, escrito por Richard Shaull,[50] clarifica el pensamiento del grupo de ISAL. Afirmaba que desde lo teológico la Iglesia puede ser una comunidad misionera, sin embargo, en los hechos no era así porque la congregación local absorbía todo el tiempo de la persona. Por tanto: “Dios ha llevado hoy a su iglesia a la situación de una nueva diáspora. (…) los cristianos se hallan nuevamente dispersos por un mundo no cristiano…”.[51]

Para este autor, uno de los problemas más importantes de la teología lo constituía la renovación de la Iglesia, ahora era el mundo el lugar para ser una comunidad cristiana en dispersión. A la vez, en 1965, el número 8 de Cristianismo y Sociedad llevaba el título: “Diálogo de nuestro tiempo: Fe cristiana y marxismo”. A grandes rasgos, se pueden señalar algunas ideas de los artículos que contiene. Se explicaba que el hombre marxista estimulaba al cristiano para que su fe no se convirtiera en resignación y huida ante las injusticias del mundo real.[52] En cuanto a Marx, se decía que había hablado siempre de la religión, pero no de la fe y que el marxismo atacaba a la religión que generaba ignorancia y miedo.[53]

Avanzando rápidamente en el tiempo, el ejemplar de Cristianismo y Sociedad de 1988 se titulaba: “Marxismo y Teología de la Liberación”. El editorial enfatizaba la importancia de esa relación. Por su parte, el primer articulista afirmaba que con la teología de la liberación apareció un pensamiento religioso que utilizaba conceptos marxistas e impulsaba a la liberación social. Era tiempo de que los marxistas se dieran cuenta de que ocurría algo nuevo, una parte del “pueblo de Dios” y de “su Iglesia” se estaba poniendo del lado del pueblo trabajador:[54] “… una nueva fraternidad entre revolucionarios creyentes y no creyentes, en una dinámica emancipadora que escapa tanto de Roma como a Moscú”.[55]

En el último número encontrado en el Archivo Piquinela, como un resumen del largo viaje de ISAL y ASEL, Camps Cruell, presidente de ASEL en ese momento, señalaba cinco etapas en la vida de este movimiento ecuménico. La primera se extiende desde 1961 a 1975, cuando el creyente evangélico se interesaba por conocer su inserción en la sociedad desde lo bíblico y lo teológico. Al nacer, ISAL tenía un vasto espectro de redes con bases del movimiento en Bolivia, Perú, Ecuador, Colombia, Panamá, Costa Rica, El Salvador, Nicaragua, Honduras, Guatemala, México, Cuba, República Dominicana, Venezuela, Brasil, Argentina, Chile y Uruguay. Además de publicar Cristianismo y Sociedad, se preparó una Guía acerca de la Responsabilidad Social del Cristiano y se efectuaron Consultas en Tabo (Chile, 1966), Piriápolis (Uruguay, 1967), Naña (Perú, 1971) y Alajuela (Costa Rica, 1975). Señalaba Camps que hubo aciertos y desaciertos, goces y fracasos, tanto en la sociedad como en la Iglesia. En la segunda etapa, de 1975 a 1979, los problemas se relacionaron con personalismos y luchas de poder entre el “intelectualismo del Cono Sur y el pragmatismo de Caribe y Centro América”, a lo que se sumó la separación de personas y proyectos. En la tercera etapa, desde 1980 a 1982, se adoptó un Plan Global de Trabajo para sustituir los trabajos particulares de cada grupo nacional. Fue una etapa difícil porque comenzaron a retirarse grupos nacionales. La cuarta etapa, desde 1983 a 1989, también presentó serias dificultades. Por un lado, el secretario general declaró liquidado el movimiento de ASEL. Sin embargo, una asamblea extraordinaria decidió continuar. Además, hubo dificultades de comunicación y propósitos entre el directorio y el secretario. En la quinta etapa, a partir de 1990, se visitaron las agencias donantes y se logró mejorar la comunicación entre presidencia, secretarías y movimientos nacionales. Es importante señalar, en la propuesta programática de ASEL, Cuba 1988, la decisión de continuar el pensar teológico y la práctica junto al pueblo. La clave era ubicarse “en la intersección Iglesia-Pueblo”: “No se pretende sustituir a la Iglesia-institución ni a las organizaciones populares. (…) nuestro aporte: llevar a la iglesia la vivencia y pensar del pueblo que (…) busca su liberación; llevar al pueblo organizado la vivencia de la iglesia”.[56]

A modo de conclusión

Como conclusión, en palabras de Jean Pierre Bastian, el movimiento de ISAL representó lo más coherente del pensamiento teológico y social articulado a la realidad latinoamericana. Este autor señalaba algunos factores que, con el paso del tiempo, convirtieron a ISAL en una sombra de lo que fue; se pueden agregar algunos otros.[57] Así, el fracaso de la lucha socialista y de los movimientos populares dictaduras mediante, los personalismos, los malos entendidos internos y externos, integrantes presos o exiliados, la falta de una estructura religiosa que sostuviera ese movimiento ecuménico y quizá, váyase a saber, en algún caso el desencanto que sobrevino al no cumplirse el sueño socialista. Por último, queda expresar que la finalidad de este artículo ha sido ir más allá de conocer o recordar la historia de este movimiento evangélico latinoamericano. La intención era ingresar, aunque de manera muy panorámica, a las páginas de Cristianismo y Sociedad, esperando que despierte el interés de futuras investigaciones, que se vuelque en tesis, monografías, libros, artículos, para crear así conocimiento renovado. La revista es muy rica en contenido, lo que posibilita adentrarse en un tiempo en que, en algunos casos, sus efectos continúan hasta nuestros días. Son muchos los posibles temas y variada la forma de abordarlos. ISAL, ASEL y la revista Cristianismo y Sociedad, con su rico legado, tienen mucho que aportar. La invitación ahora es a indagar, reflexionar, interpretar, hacer historia, porque así, leyendo el pasado, se podrá comprender cómo se está escribiendo el presente.


  1. Impresa en Guayaquil, Ecuador, el presidente era Carlos Camps Cruell, el director-editor Guillermo Santa Marta S. Se editó bajo la responsabilidad de ASEL e intervino la editorial Tierra Nueva. La revista debió continuar editándose puesto que en este número 111 se solicitaba suscribirse. Además, se avisaba a futuros interesados en enviar artículos que cumplieran determinadas indicaciones.
  2. Sin embargo, respecto a Europa el nombre oficial será Asesoramiento y Administración de Proyectos Ecuménicos Latinoamericanos (OAPEL). Cristianismo y Sociedad, año XXX/1, cuarta época, primera entrega, n.° 111, Guayaquil, Ecuador, Tierra Nueva, 1992, 34.
  3. Odell, L. “Iglesia y sociedad en América Latina”, Cristianismo y Sociedad, año I, enero/abril, n.° 1, 1963, 65-67 y Odell, L. Junta Latinoamericana de Iglesia y Sociedad (JLAIS). Origen, definición, objetivos, 3, separata s/d.
  4. Odell, L. Junta Latinoamericana de Iglesia y Sociedad (JLAIS), 3.
  5. La primera Junta Editorial de Cristianismo y Sociedad estaba compuesta por Augusto Fernández Arlt como presidente, Julio de Santa Ana como editor responsable, Hiber Contaris como secretario de redacción, Luis Odell como administrador y Waldo A. César como vocal. Tenía agentes en Argentina, Brasil, México, Puerto Rico, Uruguay, Bolivia, Perú, Colombia, Chile, Rep. Dominicana, Costa Rica, Cuba y Venezuela. Estados Unidos y otros países debían dirigirse a la Administración para adquirir la revista.
  6. J. de S. A. “Palabras preliminares”, en Cristianismo y Sociedad, año I, n.° 1, 1963, 3.
  7. H.C., “Nuestro punto de vista”, en Cristianismo y Sociedad, año I, n.° 1, 1963, 5.
  8. Ibid., 5.
  9. Ibid., 21-48.
  10. “Aspectos demográfico-sociales en América Latina”, 21-27. Pastor y licenciado en Filosofía y Ciencias de la Educación, Universidad de La Plata.
  11. “La tarea inconclusa en la obra rural en la América Latina”, 28-35. Pastor valdense.
  12. “Reflexiones sobre el sentido de la acción cristiana en América Latina”, 36-48. Dr. en Ciencias de la Religión.
  13. Para conocer más sobre la historia del ecumenismo en América Latina, se puede consultar el artículo de Bolioli, O. “Una historia de unidad”, en Cristianismo y Sociedad, segunda y tercera entregas, n.° 52/53, 1977, 35-44.
  14. “El Consejo Mundial de Iglesias (World Council of Churches) es la mayor y más representativa de las muchas expresiones organizadas del moderno Movimiento Ecuménico, cuyo objetivo es la unidad de los cristianos”, https://www.oikoumene.org (consulta: 10 de octubre de 2024).
  15. De acuerdo con su Constitución, “El Consejo Mundial de Iglesias es una comunidad de iglesias que confiesan al Señor Jesucristo como Dios y Salvador, según el testimonio de las Escrituras, y procuran responder juntas a su vocación común, para gloria del Dios único, Padre, Hijo y Espíritu Santo”,https://www.oikoumene.org (consulta: 3 de octubre de 2024).
  16. Bastian, J. P. Breve historia del protestantismo en América Latina, Casa Unida de Publicaciones S.A, 1986, 159.
  17. G.S.S., “Editorial”, en Cristianismo y Sociedad, año XXX/1, cuarta época, primera entrega, n.° 111, 1992, 5.
  18. Ejemplos: Massera, L. “El comunismo y la libertad”, n.° 8, 1965, 70-90; Arroyo, G. “La coyuntura internacional, la iglesia y los cristianos”, n.° 42, 1974, 44-61; Soria Flores, A. “La situación actual de la Iglesia en América Latina”, n.° 65/66, 1980, 7-17; Durán Estragó, M. “La República menonita en el Chaco paraguayo”, n.° 99, 1989, 75-82. En ese sentido, es interesante señalar que con el número 98 del año 1988, se homenajeó al teólogo y sacerdote Gustavo Gutiérrez al cumplir sus 60 años.
  19. RAE. Diccionario de la lengua española. Sinónimos: corriente, tendencia, escuela, estilo, doctrina,https://dle.rae.es (consulta: 3 de octubre de 2024).
  20. Tavera Fenellosa, L. “Movimientos sociales”, en Léxico de la política, comps. Laura Baca Olamendi, Judit Bokser-Liwerant, Fernando Castañeda, Isidro H. Cisneros y Germán Pérez Fernández del Castillo, Facultad Latinoamericana de Ciencias Sociales, Consejo Nacional de Ciencia y Tecnología, Fundación Heinrich Böll, México, Fondo de Cultura Económica, Primera edición, 2000, p. 450.
  21. RAE. Diccionario de la lengua española, https://dle.rae.es (consulta: 10 de octubre de 2024).
  22. Deiros, P. A. Historia del cristianismo en América Latina, Fraternidad Teológica Latinoamericana, 1992, 611.
  23. Chartier, R. “Modos de relación entre la iglesia y la sociedad”, en Cristianismo y Sociedad, año I, segunda entrega, n.° 2, 1963, 8.
  24. H.C., “Nuestro punto de vista”, en Cristianismo y Sociedad, año I, n.° 1, 1963, 5.
  25. Ibid., 5.
  26. Ver el artículo de Cesáreo Morales que ilustra el tema: “América Latina ante la rehabilitación de la hegemonía norteamericana”, en Cristianismo y Sociedad, año XXII, tercera época, primera entrega, n.° 79, 1984, 7-29.
  27. El término Guerra Fría fue acuñado por Bernard Baruch, consejero presidencial y delegado de Estados Unidos en la Comisión de Energía Atómica, creada después de las bombas de Hiroshima y Nagasaki. El conocido como “Plan Baruch” pretendía que las armas de destrucción masiva quedaran prohibidas mundialmente, excepto para Estados Unidos que tendría su monopolio. El delegado soviético enfrentó las pretensiones de Estados Unidos y se opuso terminantemente, alegando que la prohibición debía incluir al único país que hasta ese momento las había utilizado contra los seres humanos. El 16 de abril de 1947, ante ese enfrentamiento de Estados Unidos y la Unión Soviética, Bernard Baruch expresó: “no nos engañemos estamos inmersos en una guerra fría”. Dominguez Martínez, R., coord. La Guerra Fría en América Latina, Palabra de Clio, 2007, 6.
  28. Deiros, op. cit., 530.
  29. Según datos aportados por Cristianismo y Sociedad, n.° 1, 4, 6 y 7, Augusto Fernández Arlt (chileno) era secretario a cargo del programa de Énfasis Cristiano de la Junta Continental de Asociaciones Cristianas de Jóvenes. Julio de Santa Ana, uruguayo, metodista, Dr. en Ciencias de la Religión, quien había regresado a Uruguay después de dos años de estudios especializados en la Universidad de Estrasburgo. Luis Odell, argentino, metodista, fue director gerente de la Librería y Editorial La Aurora en Buenos Aires, en la década del cincuenta se trasladó a Montevideo para asumir la Administración del Instituto Crandon. Waldo A. César (brasilero) era periodista, profesor y por muchos años secretario ejecutivo del “Setor de Responsabilidades Social da Igreja” de la Confederación Evangélica del Brasil. En cuanto a Julio Barreiro, uruguayo, metodista, algunos años más tarde comienza a aportar artículos a la revista. Posteriormente será editor responsable y director de Cristianismo y Sociedad. Tuvo una muy importante actuación en ISAL, en la revista y en la Editorial Tierra Nueva, que la publicó. Escribió para niños y mayores, fue docente en la institución metodista Instituto Crandon de Montevideo, Prof. de Literatura y Filosofía, Dr. en Derecho y Ciencias Sociales por la Universidad de la República, Uruguay. En 1965 se encontraba en París cumpliendo estudios sobre marxismo.
  30. Habría que analizar todos los ejemplares para ver si esa afirmación de inexistencia se sostiene o si hubo alguna o algunas excepciones.
  31. El Seminario se llevó a cabo del 23 al 28 de octubre de 1972, en Santiago de Chile. Fue convocado por la Federación Democrática Internacional de Mujeres (FDIM) por intermedio de la Unión de Mujeres de Chile y contó con el auspicio del Ministerio de Educación de ese país y de la UNESCO. Entre otros, recibió los saludos de Fidel Castro y Pablo Neruda. Tuvieron una parte oratoria Salvador Allende y Hortensia Bussi de Allende.
  32. ISAL publicó un “comentario-crónica”, a cargo de M. Ludwig.
  33. Segundo Seminario Latinoamericano de Mujeres, “La mujer de hoy en América Latina”, en Cristianismo y Sociedad, año X, 3.ª y 4.ª entregas, número especial, n.° 33/34, 1972, Montevideo, Uruguay, 123.
  34. Ibid., 126.
  35. Ibid., 127.
  36. Ibid., 124.
  37. Ibid., 124.
  38. Ibid., 130.
  39. Ibid., 132.
  40. Ibid., 146. Palabras en mayúscula en el original.
  41. Ibid., 127.
  42. Monterroso, J. E. “Interpretación del ecumenismo latinoamericano”, en Cristianismo y Sociedad, año XV, segunda época, 2.ª y 3.ª entregas, n.° 52/53, 1977, 45-54.
  43. Secretario ejecutivo del Departamento de Iglesia y Sociedad del Consejo Mundial de Iglesias.
  44. Odell, L. Separata de la Junta Latinoamericana de Iglesia y Sociedad (JLAIS), s/d, 3.
  45. Monterroso, J. E., op. cit., 51.
  46. Ibid., 50.
  47. Como el propio Monterroso lo aclara, su referencia eclesiástica es al protestantismo latinoamericano. Op. cit., 45.
  48. Ibid., 52.
  49. H.C. “Nuestro punto de vista”, en Cristianismo y Sociedad, año I, n.° 1, 5. Sin duda esas iniciales son del nombre de Hiber Conteris.
  50. Shaull, R. “La forma de la Iglesia en la nueva diáspora”, en Cristianismo y Sociedad, año II, tercera entrega, n.° 6, 1964, 3-17.
  51. Ibid., 5.
  52. Barreiro, J. “La naturaleza del hombre según Carlos Marx”, en Cristianismo y Sociedad, año III, segunda entrega, n.° 8, 1965, 52.
  53. Dumas, A. “El ateísmo en el seno del marxismo”, en Cristianismo y Sociedad, n.° 8, 1965, 61.
  54. Löwy, M. “Marxismo y religión: el desafío de la Teología de la Liberación”, en Cristianismo y Sociedad, año XXVI/4, tercera época, cuarta entrega, n.° 98, 1988, 7.
  55. Op. cit., 8. En negrita en el original.
  56. “ASEL: Propuesta Programática. Cuba 1988”, en Cristianismo y Sociedad, año XXX/1, cuarta época, primera entrega, n.° 111, Guayaquil, Ecuador, Tierra Nueva, 37.
  57. Bastian, op. cit., 160.


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