Algunas consideraciones sobre Historia de las religiones en Argentina, de Susana Bianchi
Rodolfo Puglisi[1]
Como es ampliamente destacado por diferentes disciplinas dentro de las ciencias sociales, las relaciones de poder son inherentes a toda dimensión de la sociedad. Como ámbito de lo social, el campo religioso[2] y los fenómenos que jalonaron —en caso de que alguna vez haya constituido una esfera autónoma— su “disolución”,[3] se halla por tanto atravesado por el poder. De este modo, su gradiente inscribe a los diferentes grupos religiosos que lo componen en, para decirlo en términos de Gramsci,[4] relaciones de hegemonía-subalternidad.
En esta dirección, justamente la primera cuestión que quiero remarcar del libro Historia de las religiones en Argentina. Las minorías religiosas de Susana Bianchi, aparecido originalmente en el año 2004, es que se trata de una obra que aborda este amplio panorama teniendo en cuenta esta dimensión relacional del poder y el factor que ello desempeña en la conformación de los agrupamientos colectivos, en este caso religiosos. No es un dato menor el hecho de que se trate de un libro en cuya introducción la autora enfatiza que constituye una “prolongación” del libro Historia de la Iglesia argentina de Roberto Di Stefano y Loris Zanatta. Es decir, si este último libro versa sobre el catolicismo —que no constituye un bloque homogéneo sino que engloba en su seno una multiplicidad de expresiones diversas, donde podemos decir que esta manifestación religiosa, más allá de la profusa discusión bibliográfica al respecto, constituye indudablemente el grupo hegemónico del campo religioso argentino—, el libro de Bianchi se centra en ofrecer justamente la historia de las “otras” configuraciones religiosas, a menudo silenciadas e invisibilizadas por el mito de “la nación católica”. En este sentido, más que una “prolongación”, esta obra dedicada a la historia de las minorías religiosas de Argentina constituye el reverso del espejo de aquel otro, el necesario complemento para pensar el campo religioso argentino bajo la clave relacional hegemonía-subalternidad.
Se trata, por lo tanto, de un libro que despliega su argumento encontrando en el poder un eje analítico nodal a partir del cual desenvolver su hilo argumentativo. Tal vez dándole al concepto un campo de aplicación más amplio del que le otorga la autora, podemos denominar a estas minorías religiosas descriptas y analizadas en el libro como “heterodoxias religiosas”[5] que se sitúan en la “periferia sagrada” de la Argentina. En este contexto, la obra también discute los regímenes de presencia y visibilidad pública de estas a lo largo de la historia, en una línea reflexiva que podemos decir está atenta a la distinción conceptual entre diversidad y pluralismo religioso,[6] donde vale explicar que el término pluralismo no se circunscribe al reconocimiento meramente declamativo de la diversidad, sino que remite a su valoración efectiva.
El libro se organiza, luego de una introducción, en cinco capítulos que siguen un criterio organizativo fundamentalmente cronológico, seguidos de un anexo que ofrece cuadros estadísticos, un glosario y una explicación comentada sobre las fuentes bibliográficas empleadas. El primer capítulo abarca el período temporal comprendido entre la época de la colonia hasta la segunda mitad del siglo XIX. El segundo aborda fenómenos vinculados a diferentes manifestaciones religiosas acontecidos durante la segunda mitad del siglo XIX. El tercer capítulo hace lo propio pero abarca el lapso temporal enmarcado entre el contexto finisecular del siglo XIX hasta aproximadamente la década de 1930. El cuarto comienza en este último período y se extiende hasta los años sesenta del siglo XX. Finalmente, el quinto y último capítulo inicia su desarrollo en los años setenta, en el período de la última dictadura militar que sufrió Argentina, y se desenvuelve hasta los años finales de la década de 1990 (recordemos nuevamente que el libro salió a la luz en 2004). Más allá de esta estructuración cronológica de los capítulos, vale destacar que el libro, atento a la génesis de los procesos, en ocasiones vuelve atrás sobre la línea temporal para explicar ciertas situaciones del pasado que ayudan a comprender aspectos o fenómenos de la manifestación religiosa que se está analizando en ese período determinado de la historia argentina.
Las minorías abordadas en el libro son muy variadas y siguiendo una lectura en clave del poder, la obra desarrolla cómo algunas de ellas, especialmente protestantes y judíos, alojaron y alojan en su seno conflictos internos. En estas situaciones se constituyen, como en un juego de muñecas rusas, grupos hegemónicos y otros minoritarios al interior de estas expresiones que, en su conjunto, conforman minorías subordinadas dentro del campo religioso argentino.
Sobre los casos abordados, la autora explícitamente reconoce que muchas expresiones religiosas han quedado fuera del libro. En este juego de anversos y reversos de espejamientos, los otros religiosos son muchos, múltiples. Más allá de esta advertencia, sin embargo, vale decir que se trata de un texto que ofrece un abanico muy amplio en lo que respecta al panorama de las minorías religiosas de Argentina. Más si tenemos en cuenta que, como señala la autora, un estudio histórico de largo aliento sobre las minorías religiosas en el país constituía en 2004 un área de vacancia en la disciplina de la historia y, en cierta medida, en las ciencias sociales en general. En este punto, nos parece interesante mencionar esfuerzos posteriores encaminados a continuar aportando información panorámica sobre el asunto. Pensamos aquí, por ejemplo, en la obra concebida como un atlas que, si bien más en clave sociológica pero que no descuida sin embargo la dimensión histórica, ofreció un pantallazo de alcance nacional de la configuración religiosa del país.[7]
¿Qué minorías concretamente son las minorías que se abordan en el libro? Además del protestantismo (en sus múltiples expresiones), judaísmo y diversas manifestaciones del islam, la obra de Bianchi, aunque en una extensión un poco menor, desarrolla también la presencia del espiritismo, la religiosidad popular, la denominada “new age”, el hinduismo, el budismo, etc., en nuestro país. Desde que el libro fue publicado, asistimos en este período a una proliferación ciertamente notable de variadas investigaciones empíricas dentro de las ciencias sociales (historia, antropología, sociología, geografía e incluso provenientes del campo de las letras) que abordaron en profundidad de manera puntual muchas de estas expresiones. No es nuestro objetivo mencionarlas aquí, sino tan solo mencionar brevemente la siguiente cuestión. En consonancia con lo que acabamos de puntualizar, especialmente para el caso de las llamadas religiones “orientales” en Argentina, en los últimos quince años se han multiplicado considerablemente los estudios centrados en ellas, obras que contribuyeron a dilucidar la mayor profundidad histórica de su presencia en el país (al menos desde comienzos o primeras décadas del siglo XX), mucho antes de su “explosión” en el escenario público a partir de la década de 1980.[8] Asimismo, en muchos de estos análisis no se descuidaron las cuestiones del poder y la globalización religiosa aunada a los debates o teorías poscoloniales inspiradas en las epistemologías del sur, destacando así que las relaciones entre espiritualidades provenientes del llamado “extremo oriente” y la Argentina constituían fenómenos de relación “sur-sur”, es decir, entre países periféricos con respecto a las potencias euronorteamericanas dominantes.
Al sopesar la descripción y el desarrollo de los casos empíricos abordados en el libro, vale tener en cuenta que se trata de un libro solicitado en el marco de una colección de volúmenes sobre historia argentina, donde se requirió que las obras, si bien no prescindan de lectores académicos, se dirija también a un público más amplio. En este sentido, el equilibrio logrado es realmente digno de subrayar, ya que se trata de una obra de lectura ágil y amena pero que a su vez no renuncia jamás al rigor analítico de las ciencias sociales, tratándose de una obra muy completa basada en una profusa consulta de las más variadas fuentes. En efecto, es un trabajo que recupera y dialoga provechosamente con otros campos disciplinares, especialmente con la sociología y la antropología. Esto es algo especialmente manifiesto en el capítulo final del libro, dedicado a las últimas décadas, donde la descripción de las minorías religiosas es mucho más “etnográfica”, naturalmente por las fuentes en las que se basa la autora. Precisamente, como esta reconoce, en los ochenta y los noventa fueron estas dos disciplinas las que más investigaciones condujeron sobre el fenómeno religioso aunque, como también señala, a partir de los 2000, el campo de la religión volvió nuevamente a ser foco de interés en la indagación historiográfica argentina.
A casi veinte años de su publicación, vale destacar que el libro desarrolla, en perspectiva histórica, eventos o acontecimientos que remiten a discusiones teóricas de gran actualidad. En este sentido, pensamos especialmente en los desarrollos pormenorizados que la autora ofrece sobre el problema “práctico” que suscita la muerte al interior de ciertas minorías religiosas. Más concretamente nos referimos a la cuestión acerca de qué hacer y dónde colocar los cuerpos muertos de los fieles, con el consiguiente surgimiento de espacios propios y sagrados (cementerios) para tal fin. Otro tópico en esta senda a la que nos estamos refiriendo remite a los problemas clasificatorios, taxonomías zoológico-religiosas, con los que se enfrentaron ciertos inmigrantes. Efectivamente, a partir del hecho de habitar un nuevo mundo donde viven formas animales inexistentes en el viejo mundo, se vuelve necesario reflexionar y resolver al interior de una comunidad de creencia si estos animales hasta el momento desconocidos constituyen o no un alimento tabú para el consumo. Estas y otras cuestiones de similar índole planteadas en el libro remiten a problematizaciones teóricas muy presentes en el escenario actual de las ciencias sociales, tales como las relaciones entre humanos y no humanos tan destacada por el llamado giro ontológico a partir de las clasificaciones nativas del mundo, la importancia de la corporalidad y la espacialidad sagrada en la vida religiosa, los estudios sobre la dimensión material del fenómeno religioso, etc.[9]
De igual modo, la problemática referida a los procesos de imaginación y (re)invención simbólica a nivel local de una tradición religiosa foránea, abordada cuando por ejemplo se describen las estrategias de acomodación regional de determinadas religiones para “argentinizarse” y ganar anclaje territorial, constituyen mecanismos que aún hoy siguen siendo analizados por las ciencias sociales de la religión del cono sur, ciertamente muy atentas a los fenómenos de globalización religiosa y las reconfiguraciones y resignificaciones específicas que se dan según su contexto social de recepción.
Para finalizar, consideramos que este libro, más que una historia de las minorías religiosas argentinas, consigue un proyecto mucho más ambicioso. Nos ofrece una historia de la Argentina bajo el prisma de la religión de los subalternos. Tomando como hilo argumentativo el eje religioso, pensado como un campo social atravesado por relaciones de poder en el que se inscriben de manera desigual diversos grupos confesionales, esta obra nos brinda una particular y novedosa mirada de la historia argentina, que contribuye a repensar de modo original tópicos claves de la historia de nuestro país tales como la época colonial, la conformación del Estado-nación, las diferentes oleadas inmigratorias, el racismo étnico, la génesis del peronismo, la guerra de Malvinas, los atentados a la embajada de Israel y a la Amia, etc.
- Doctor en Antropología (FFyL, UBA). Investigador del CONICET. Instituto de Investigaciones en Humanidades y Ciencias Sociales (CONICET-UNLP). Docente de Antropología Social (UNLP). Miembro del Equipo de Antropología de la Religión (FFyL, UBA). Correo: rodolfopuglisi@gmail.com.↵
- Bourdieu, P. (2006). Génesis y estructura del campo religioso, Relaciones, 108, vol. XXVII, pp. 29-8. ↵
- Bourdieu, P. (1988). La disolución de lo religioso, en Cosas Dichas. Barcelona: Gedisa, pp. 102-107. ↵
- Gramsci, A. (2000). Cuadernos de la Cárcel. México: ERA. ↵
- Wright, P. y Ceriani Cernadas, C. (2011). Modernidades periféricas y paradojas de la cultura: debates y agendas en la antropología de la religión, en Ceva, M. y Touris, C. (eds.). Nuevos aportes a los estudios de la religión en las sociedades contemporáneas del Cono Sur. Buenos Aires: Lumiere, pp. 145-162; Wright, P. y Ceriani Cernadas, C. (2018). Introducción. Entre heterodoxias históricas y recreaciones contemporáneas”, en Wright, P (ed.). Periferias sagradas en la modernidad Argentina. Buenos Aires: Biblos, pp. 9-23. ↵
- Frigerio, A. y Wynarczyk, H. (2008). Diversidad no es lo mismo que pluralismo: cambios en el campo religioso argentino (1985-2000) y lucha de los evangélicos por sus derechos religiosos, Sociedade e Estado, vol. 23, n.° 2, pp. 227-260. ↵
- Mallimaci, F. (dir.) (2013). Atlas de las creencias religiosas en la Argentina. Buenos Aires: Biblos. ↵
- Bergel, M. (2015). El Oriente desplazado. Los intelectuales y los orígenes del tercermundismo en la Argentina. Bernal: Universidad Nacional de Quilmes; Gasquet, A. (2015). El llamado de Oriente. Historia cultural del orientalismo argentino (1900-1950). Buenos Aires: Eudeba; Saizar, M. (2015). El hinduismo en Argentina. Más allá de hippies y globalizados, Mitológicas, vol. XXX, pp. 62-75.↵
- Puglisi, R. (2018). Materialidades sagradas: Cuerpos, objetos y reliquias desde una mirada antropológica, Ciencias Sociales y Religión, a. 20, n.° 29, pp. 41-62; Ceriani, C. y Puglisi, R. (2021). Las formas materiales de la vida religiosa. Cuerpos, objetos y patrimonios en dos movimientos cristianos de Argentina, en Bahamondes, L. (eds.). Prospección religiosa en el Cono Sur. Mercantilización, materialidades y creencias. Santiago de Chile: CRANN Editores, pp. 87-112.↵






