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Repositorio documental del Centro de Capacitación Zonal (Pozo del Tigre, Formosa, Argentina)

Su historia, contenido y proceso de digitalización

Miguel Leone Jouanny[1]

Breve presentación

Archivos, historia, investigación y compromiso colaborativo. Este texto traza una serie de reflexiones en torno a esos tópicos. Apunta, por un lado, a difundir la existencia del repositorio documental de una institución creada, hacia finales de 1970, por grupos cristianos dedicados al trabajo pastoral con indígenas y campesinos. Por otro lado, relata el proceso de trabajo que, desde 2019 en adelante, se ha llevado a cabo para convertir ese repositorio en un archivo parcialmente digitalizado, clasificado e inventariado. El texto también describe brevemente el contenido del mismo.

El CECAZO. Origen, sentido y vida activa

Hacia 1978/79, en la localidad de Pozo del Tigre (provincia de Formosa, Argentina), fue creado el Centro de Capacitación Zonal (CECAZO). Ello fue el emergente de un complejo proceso social y político en el que, a lo largo de las décadas de 1960-1980 y en distintas localidades de la provincia, una variedad de actores (laicos, sacerdotes, religiosas y voluntarios) se dedicaron a trabajos pastorales de “promoción comunitaria” y educación popular. Así desarrollaron formas de atención primaria de la salud y alfabetización, e incentivaron la participación política de indígenas y campesinos, entre otras cuestiones. En general, formaban parte del universo católico, aunque también estaban vinculados con otras iglesias cristianas.

Crear el CECAZO fue, para estos activistas, una manera de contar con un espacio de reunión y una forma de facilitar la coordinación del trabajo colectivo. Tomaron como referencia el Centro de Capacitación de Líderes (CECAL) que el Instituto de Cultura Popular (INCUPO)[2] tenía en Reconquista (provincia de Santa Fe). Pues, durante la década de 1970, varios agentes de pastoral, indígenas y campesinos de Formosa, Chaco y otros puntos del Noreste Argentino (NEA)[3] solían viajar hasta el CECAL para participar de encuentros regionales de líderes rurales. En ese marco, contar con un local en Pozo del Tigre permitiría realizar muchos encuentros de ese tipo, pero acortando las distancias (ir de Pozo del Tigre a Reconquista implica viajar casi 600 kilómetros). De hecho, Pozo del Tigre queda en el centro geográfico de la provincia de Formosa, a la vera de la Ruta Nacional N° 81 y la entonces activa línea férrea Formosa-Embarcación, que atraviesan de este a oeste dicha provincia. Tal ubicación y facilidades de acceso le permitieron al CECAZO convertirse en un punto neurálgico de la red de grupos de trabajo pastoral que por entonces estaban operando en localidades como San Martín 2, El Potrillo, Ingeniero Juárez, Laguna Yema, Las Lomitas, Ibarreta, o incluso Los Blancos (en la provincia de Salta) o Sáenz Peña y El Sauzalito (en la provincia de Chaco).

La entrada al predio del CECAZO se ubica al final de la calle Fortín Yunka, en el límite noroeste del casco urbano. El edificio y el lote que lo circunda (aproximadamente, 6 hectáreas) habían sido cedidos por el Gobierno provincial–bajo “permiso de ocupación”– al Obispado de Formosa[4]. Éste, a su vez, lo dejó en manos de la Congregación femenina Compañía de María, que puso en funcionamiento una escuela-taller dedicada a la enseñanza de tejido e hilandería. Con el aval del Obispado y ante el pedido del sacerdote pasionista Francisco Nazar (entonces asentado en el Potrillo) y otros agentes de pastoral de la zona, en 1978 la Compañía de María cedió el espacio. Para entonces, la escuela-taller había dejado de funcionar.

Desde su origen el CECAZO contó con financiamiento de agencias alemanas católicas orientadas a la “cooperación para el desarrollo” (fundamentalmente, Misereor). Recursos que supo utilizar para solventar viajes de indígenas, campesinos y agentes de pastoral, edición de cartillas de divulgación, entre otras cosas. Funcionó, además, como un lugar de consulta, asesoría y facilitación de la asociación comunitaria y la organización cooperativa. En 1986, el CECAZO obtuvo el reconocimiento estatal como Persona Jurídica, adoptando así la entidad de Asociación Civil.

Sobre todo durante los años ochenta, los grupos indigenistas vinculados al CECAZO mantuvieron lazos relativamente estrechos con entidades católicas de Paraguay (Equipo Nacional de Misiones, luego CONAPI) y de Brasil (Conselho Indigenista Missionário). A su vez, en el CECAZO fueron recibidas las visitas de teólogos y referentes cristianos, antropólogos, abogados y expertos en asuntos relativos a la vida y las culturas de los pueblos originarios. También por aquellos años, el CECAZO representó un espacio de vital relevancia frente a los procesos de juridización de derechos indígenas que tuvieron lugar a nivel local (Ley Integral del Aborigen [1984]; Constitución de la Provincia de Formosa [1991]) y del país (Reforma de la Constitución Nacional [1994]).

El Centro dio cobijo a la formación de la Inter-Comisión Pilagá (1987-2003) y su sucesora, la Federación de Comunidades del Pueblo Pilagá (Federación Pilagá)[5]. Más tarde, hacia finales del siglo XX y en los primeros lustros del siglo XXI, el CECAZO funcionó como ámbito de consulta, coordinación y puesta en funcionamiento de diversas políticas estatales nacionales y provinciales para el desarrollo rural y comunitario. Así participó de esquemas de política pública impulsados desde distintos Ministerios y Secretarías (v.g. de Agricultura Familiar) y el Instituto Nacional de Asuntos Indígenas (INAI), entre otros. Un ejemplo importante de ello fue la coordinación, como sede central, del “Subprograma Aborigen” del Programa Social Agropecuario (PSA)[6] y la colaboración en el Programa de Participación de Pueblos Indígenas (PPI), durante 1997[7].

También en 1997 y 1998, fue importante el trabajo que la investigadora Alejandra Vidal llevó a cabo en el CECAZO. Lo hizo en el marco de sus estudios de doctorado en el departamento de Lingüística de la Universidad de Oregon (Estados Unidos). A través del “Proyecto Lingüístico Pilagá”, financiado por el INAI y la entonces Secretaría de Desarrollo Social, Vidal organizó talleres para hablantes adultos jóvenes pilagá y capacitaciones en el dominio del alfabeto de su idioma. El proyecto implicó, además, un trabajo de documentación de la lengua pilagá y el desarrollo de criterios de autocorrección de la propia escritura[8]. El trabajo realizado representó una combinación muy valiosa entre investigación básica y transferencia[9] y los materiales producidos pasaron a integrar, además, el corpus documental de la entidad.

Hace ya muchos años que el CECAZO perdió su Personería Jurídica debido a la falta de cumplimiento de los requerimientos formales para mantenerla vigente. En verdad, se trata del resultado consecuente de la pérdida de vitalidad social, comunitaria y política, en contraste con la que había sabido tener en el pasado. Sin embargo, el edificio que albergó al CECAZO aún permanece en pie (ver Imágenes 1 y 2), conservando mucha de la documentación producida a lo largo de la vida de la institución. No toda, claramente. Pues la falta de financiamiento ha venido afectando seriamente sus posibilidades de conservación. Al avance de la humedad y las termitas, se sumó, en 2010, el paso de un tornado por la localidad de Pozo del Tigre, el cual empeoró aún más las condiciones de resguardo de los materiales.

Contenidos y series

Como es de imaginar, la disposición de estos materiales casi nunca respondió estrictamente a criterios archivísticos. A lo largo de los años, el mismo atendió –más bien– a las prioridades de uso por parte de las personas y grupos que allí operaron. En este sentido, analizar el orden en que actualmente se conservan las series y deducir el origen de cada unidad documental es un desafío que merece ser realizado a la luz de preguntas antropológicas e históricas sobre el propio latir la institución.

Así las cosas, el corpus documental actualmente albergado en el CECAZO se distribuye en cinco grandes series: Serie A: 42 Cajas; Serie B: 125 Ficheros colgantes (distribuidos en tres cajones); Serie C: una biblioteca de aproximadamente 600 ejemplares además de otros materiales de formato heterogéneo; Serie D: 15 cajones con información contable y financiera.

La Serie A (“Cajas”) permite dar con cartas, mapas, registros fotográficos, materiales de alfabetización, formación educativa y política, cartillas de divulgación, planificaciones de encuentros comunitarios, registro de reuniones de indígenas y agentes de pastoral, informes de actividades, publicaciones periódicas de entidades no gubernamentales, números salteados de publicaciones católicas y de iglesias cristianas, estudios sobre la situación de las tierras en la provincia de Formosa, documentación sobre el Proyecto Lengua Pilagá, actas de reuniones de la Intercomisión y Federación Pilagá; cuadernos manuscritos; registros de reuniones del Movimiento Agrario Formoseño (MAF); encuentros de mujeres; cuadernillos sobre cooperativismo, organización comunitaria y alfabetización popular y documentos relativos al Programa Social Agropecuario, entre otras interesantes cuestiones.

La Serie B (“Ficheros”) conserva planos de 74 comunidades indígenas (qom, pilagá y wichí) de la provincia de Formosa; proyectos e iniciativas de acción en territorio; registros de encuentros pastorales y visitas a otros países de América Latina; congresos y encuentros latinoamericanos de entidades católicas; programas, listas de asistentes y contenidos de cursos y talleres; publicaciones y documentación variada y fragmentaria agrupada por países (Paraguay, Brasil, Ecuador, Chile, España); así como también por provincias (Neuquén, Río Negro, Chubut, Salta).

Por su parte, la Serie C agrupa, además de la mencionada biblioteca, planos y mapas, cintas VHS, diapositivas, carpetas. El contenido temático de la biblioteca aborda un abanico relativamente amplio de ejes: teología de la liberación, desarrollo comunitario, acción pastoral en América Latina, movimientos sociales, culturas y pueblos indígenas de Argentina y América Latina, etc. El resto de la serie presenta formatos excesivamente heterogéneos y un estado de deterioro que –por el momento–vuelve difícil su recuperación. Finalmente, la Serie D conserva documentación relativa a la gestión financiera del Centro y de los proyectos llevados a cabo a lo largo de los últimos años.

Organización, clasificación y digitalización

Al decir de Bilbao, Di Salvo y Ramón[10], estamos hoy en un contexto de enorme dinamismo en las políticas de acceso a los repositorios documentales. Últimamente, el desarrollo de las tecnologías de la información y la comunicación han facilitado procesos de digitalización de fondos documentales relativamente reducidos, marginados o ignorados por los principales organismos de colección y conservación de archivos, aunque relevantes para el trabajo de investigación en ciencias sociales y humanas[11]. A riesgo de distraer con la cacofonía: el del CECAZO es uno de esos casos. En efecto, el mismo suele recibir visitas de investigadoras e investigadores que encontramos allí fuentes relevantes sobre la acción de aquellos grupos de acción pastoral, pero también sobre la historia reciente de las comunidades indígenas, de la provincia y la región. Atendiendo a ello, en 2018 el Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas, en coordinación con la Fundación Bunge & Born, asignaron, concurso mediante, un presupuesto de $150.000 (ciento cincuenta mil pesos m/n[12]) destinado a la recuperación, preservación y digitalización de este fondo documental[13]. El Proyecto, desarrollado a lo largo de 2019, estuvo radicado en el Instituto de Desarrollo Humano de la Universidad Nacional de General Sarmiento y fue llevado adelante por investigadores de las ciencias sociales. El Dr. Daniel Lvovich fungió como director, y formaron parte del equipo de trabajo las y los investigadores Marina García, Anabella Denuncio, Cristian Vázquez, y Analía Torina. A mi cargo estuvo la coordinación general del Proyecto.

El objetivo fue, en primera instancia, clasificar, ordenar y digitalizar los documentos contenidos en el CECAZO. En segunda instancia, y en la medida de las posibilidades que a futuro se presentaran, se apuntó (aún se apunta) a construir un repositorio digital para el acceso abierto a la documentación. El proyecto tuvo como meta facilitar el aprovechamiento académico y no académico de ese fondo archivístico; un aprovechamiento que se encuentra, por cierto, marcadamente limitado en virtud de las referidas malas condiciones de conservación de tal repositorio documental, pero también en virtud de su lejanía respecto de los diversos y más importantes centros de investigación del país.

Además de financiar los viajes a Pozo del Tigre, el proyecto permitió comprar un escáner Brother ads 2400n de alta velocidad y un escáner Epson Perfection v200 Photo, de apertura lateral. El primero fue usado para la digitalización de documentos no encuadernados y de proporciones no mayores a hoja tamaño Oficio (que correspondió, en efecto, a la mayor parte de los documentos digitalizados). El segundo escáner fue destinado a la digitalización de planos, materiales encuadernados y/o de tamaño superior a lo procesable con el primer escáner.

El enfoque etnográfico sobre los documentos[14] estuvo presente en todo momento. Esto significa que, tanto en el proceso de interpretación del material, como en su proceso de clasificación, digitalización e inventario, se contemplaron críticamente las cuestiones éticas, históricas y políticas implicadas en nuestro acceso al repositorio, se identificaron los caminos andados “tras las huellas” del archivo, y se practicó una constante contextualización histórico-política de los documentos.

Así, y con objeto de conocer el volumen de la documentación y estimar tiempos del proyecto, la digitalización fue precedida de la identificación y valoración del orden original existente, la cual se combinó con una re-clasificación primaria del material que no por ello violentara dicho orden. El objetivo siempre fue, en definitiva, identificar y consolidar la estructura lógica y “natural” del fondo documental, al mismo tiempo que crear los dispositivos de registro y clasificación que facilitaran la localización de los documentos[15]. Así se identificaron secuencias dentro de las categorías y grupos, atendiendo siempre a los principios de procedencia y orden original[16]. Recién entonces se dio inicio al trabajo de digitalización.

Dicho trabajo se llevó a cabo a lo largo del año 2019, concentrándose en los meses de julio (días 13 al 16) y diciembre (días 5 al 7). Todos los miembros del proyecto se implicaron activamente en el proceso, lo cual permitió avanzar de un modo relativamente rápido en la tarea. Se integraron al trabajo Marcelo Mendieta y Ernesto Luberriaga, dos activos participantes de las experiencias políticas y comunitarias del CECAZO desde 1990 a la actualidad. También fueron invitados varios de los miembros fundadores y participantes del CECAZO desde sus primeros años: Cristina Marinosci (laica integrada a la comunidad claretiana), Ernesto Stechina (laico y ex-seminarista que desde 1980 realizó trabajo pastoral en Ingeniero Juárez); y Francisco Nazar[17]. Fue particularmente interesante la participación de dos jóvenes wichí, estudiantes del Profesorado en Historia de la Universidad Nacional de Formosa; pues, parientes de estos jóvenes han formado parte de la historia de la institución. La implicación de estos actores enriqueció el proceso de trabajo de interpretación del material. Ellos aportaron anécdotas, datos y elementos que ayudaron significativamente a ponderar los documentos y las series, así como también reconocer relaciones históricas y de sentido entre muchos de los elementos. Es que la digitalización no fue asumida, entonces, como un simple proceso mecánico, sino como uno que exige –por parte de quienes lo llevan adelante– la apertura y reflexividad para interrogarse por los posibles sentidos ocultos en los documentos. Pensar la digitalización en términos críticos[18] implica asumir que no hay documentos capaces de “hablar” por sí mismos, sino que la riqueza de cada pieza se yergue a partir de cómo y desde dónde se la interrogue. La participación de personas histórica y vitalmente implicadas en la vida de la institución nos ayudó a profundizar este aspecto –central– del trabajo por hacer.

Del repositorio físico al archivo digital

Considerando el tiempo y el presupuesto disponibles, el proyecto se orientó a digitalizar la mayor cantidad de documentación posible. Consecuentemente se concentró en las Series A (“Cajas”) y B (“Ficheros colgantes”); dejando para instancias futuras la digitalización de las Series C y D. Esto significa que, el archivo digital representa apenas un segmento del repositorio documental físico original, aunque se trata de un segmento mayoritario en términos de volumen y crucial en términos de posibilidades de uso para la investigación social.

Puesto que permite aplicar la función de Reconocimiento Óptico de Caracteres (OCR)[19]sobre imágenes de alta calidad, el formato PDF resultó adecuado para combinar la conservación de los documentos en su forma gráfica y textual, simultáneamente. También porque, al ser un formato de objetos digitales ampliamente difundido a nivel mundial, es mayor la garantía de su protección frente a la obsolescencia tecnológica que afecta a otros formatos menos generalizados.

En cuanto a la calidad de las imágenes, se optó por capturas en color 24 bits, resolución óptica de 300dpi; lo cual permitió un equilibrio adecuado entre calidad, tiempo de trabajo, y versatilidad de los objetos digitales (esto último en virtud de su “peso” relativamente reducido en bits). Conscientemente se decidió conservar las imágenes en su tonalidad y color originales, y en ningún caso se aplicaron filtros de contraste o color ni se utilizaron herramientas de “mejora de captura” (corrección de histograma, eliminación de rayas, etc.). Desde el comienzo asumimos que las marcas, roturas, manchas e imperfecciones del documento son detalles importantes, aún cuando minúsculos, porque hablan de su historia social. Desde el referido enfoque etnográfico, tales marcas brindan mucha información sobre las personas y los grupos que transitaron por e hicieron uso de esos “papeles viejos”.

La digitalización arrojó un total de 2190 archivos PDF (Portable Document Format). De este total de objetos digitales, 1323 corresponden a la Sección A (“Cajas”) y 950 a la Sección B (“Ficheros”). En total, los 2213archivos PDF pesan 24,31 gigabits. A fin de reflejar el esquema original de organización del fondo, la digitalización guardó los objetos digitales reproduciendo la misma estructura de Cajas y Ficheros Colgantes.

En general, se creó un archivo PDF por cada documento físico existente; aunque en algunos casos se unió en un mismo archivo PDF más de un documento. Esa fue la situación, por ejemplo, con la correspondencia, que fue agrupada por años, compilando en diversos PDF las distintas cartas de un mismo período; respetando, a su vez, el orden original en que se encontraban.

Al proceso de digitalización le siguió un lento trabajo –aun en desarrollo– destinado a inventariar el material generado. Si bien el mismo será terminado en el curso del año 2024, el camino andado permite ensayar una descripción y análisis del proceso. El trabajo de exploración minuciosa de cada PDF permitirá conocer con exactitud la cantidad total de documentos digitalizados. Al momento, estimamos que supera el número de 3000.

El trabajo con el fondo documental del CECAZO siempre tuvo por horizonte la democratización del acceso; buscando construir un corpus que resultase útil, tanto a quienes están actualmente vinculados con el CECAZO, como a otros y otras investigadoras, actores e instituciones de la sociedad civil. La construcción del inventario, en efecto, es realizada con esta idea en mente.

El proceso se vuelca en una planilla Microsoft Excel con cuatro pestañas. Las dos primeras pestañas remiten a cada una de las Series digitalizadas (“Cajas” y “Ficheros”). Allí se consigna, el nombre y código abreviado (de la caja o el fichero, según corresponda), la cantidad de objetos digitales (archivos PDF), la cantidad total de documentos contenidos en cada Caja o Fichero, el total de folios albergados en tales documentos, el tipo documental, el período temporal, una breve descripción del contenido general, y observaciones adicionales.

Al momento, se ha realizado, aproximadamente, un 90% de ese trabajo. Se planifica terminar esta fase del inventario hacia abril/mayo de 2023. En la tarea están colaborando Milagros Flores Marinosci (hija de Cristina Marinosci, fundadora –como se dijo– del CECAZO)[20] y Johanna Candelo, profesora de historia en la Universidad Nacional del Sur (Bahía Blanca, provincia de Buenos Aires).

Una segunda fase del trabajo de inventario refiere a un proceso de registro individualizado, atendiendo a cada uno de los más de 3 mil documentos. El trabajo se vuelca en otras dos pestañas del archivo Excel (nuevamente, una por cada Serie). Allí se registra, para cada documento, un nombre y un código abreviado, se identifica la Serie y la sección (número de Caja o fichero) a la que pertenece, el nombre del archivo PDF en que se localiza, la cantidad de hojas, la fecha y lugar de creación, autor, editor, destinatarios, remitentes, formato, soporte y tipología documental, según corresponda, además de una breve descripción general sobre su contenido. Esto representa un arduo trabajo, pero estamos convencidos que su realización multiplicará significativamente las posibilidades de uso y consulta (facilitando la búsqueda de información a través de palabras clave, nombres y demás detalles de contenido), reconociendo de forma rápida el documento y su localización en el universo complejo que el archivo representa. Al momento, más de 600 documentos ya fueron inventariados siguiendo este procedimiento, lo cual representa, aproximadamente, el 30% del total.

Próximos pasos

Finalizar la etapa de inventariado del material permitirá comenzar con la divulgación del archivo así constituido, en principio, se planifica hacerlo a través de su publicación en el sitio web del Instituto de Estudios sobre Lenguaje, Sociedad y Territorio (INILSyT), de la Universidad Nacional de Formosa. También se ha avanzado en conversaciones con el proyecto de agrupamiento documental que Florencia Ramón y Lucas Bilbao están impulsando desde el Instituto de Estudios Histórico-Sociales “Prof. Juan Carlos Grosso” (IEHS), Universidad del Centro de la Provincia de Buenos Aires. Se trata de una iniciativa de divulgación orientada a aunar –en una especie de “red”– los datos y entradas de fondos y colecciones sobre temas vinculados a los movimientos cristianismos y socio-religiosos que tuvieron activa participación en las décadas 1960 a 1980. Así, ambas propuestas son compatibles y se orientan, en definitiva, a facilitar y fomentar la accesibilidad del archivo. De todos modos, aún se precisa avanzar en conversaciones con las y los actores actualmente vinculados al CECAZO, implicados asimismo en su historia. Son ellas y ellos quienes pueden decidir respecto de qué materiales podrán hacerse públicos y cuáles será preferible mantener en el espacio privado. En efecto, el repositorio del CECAZO no es, en definitiva, un archivo institucional ni tampoco personal. Es, en cambio, un corpus documental colectivo en proceso de devenir archivo digital público a partir de la conjunción de voluntades, altruismos y esfuerzos diversos. Este texto intentó describir, analizar y divulgar la experiencia de esa transformación en proceso.

Anexo

Imagen 1. Edificio del CECAZO. Año 2013

Fuente: Fotografía tomada por el autor.

Imagen 2. Fondo documental del CECAZO. Segmento (año 2013)

Fuente: Fotografía tomada por por el autor.


  1. CONICET, Instituto de Estudios sobre Lenguaje, Sociedad y Territorio (INILSyT), Universidad Nacional de Formosa, Argentina. Correo electrónico: mleonejouanny@gmail.com.
  2. INCUPO fue creado en 1968, por impulso del obispo de Reconquista, Monseñor Iriarte. Se inspiró en la experiencia de la Acción Cultural Popular de Colombia (ACPC) y las escuelas radiofónicas de Radio Sutatenza (también de Colombia). Así se dedicó a realizar capacitaciones, emitir programas de alfabetización radial (inspirados en el modelo de Paulo Freire), y divulgar sus propias actividades a través del periódico Acción de Incupo (Roze, J. P. (1992). Conflictos agrarios en la Argentina. Buenos Aires: Centro Editor de América Latina).
  3. La región del NEA abarca las provincias de Misiones, Corrientes, Chaco y Formosa (atendiendo a las características del clima y los suelos, algunas clasificaciones permiten incorporar como parte de esta región al norte de Santiago del Estero, el norte de Santa Fe y el este de Salta).
  4. Hasta el año 1957, la actual provincia de Formosa era parte del Territorio Nacional homónimo. El obispado de Formosa fue creado de manera casi simultánea, en febrero de ese mismo año.
  5. La Federación Pilagá fue una de las primeras organizaciones indígenas reconocidas por el Registro Nacional de Organizaciones de Pueblos Indígenas (RENOPI) e impulsó, en 2005, el juicio contra el Estado Argentino por la masacre de Rincón Bomba, producida en 1947. El territorio histórico de este pueblo indígena se ubica en torno del Pilcomayo medio, en el norte de la actual provincia de Formosa y el sur de Paraguay. Hoy son 22 las comunidades pilagá asentadas en territorio formoseño, 18 de las cuales integran la Federación. Las cuatro restantes están en proceso de incorporación.
  6. El Programa Social Agropecuario nació en 1993 y tuvo un alcance nacional. Fue diagramado por la Secretaría de Agricultura, Ganadería, Pesca y Alimentación de la Nación, pero se llevó a cabo a partir de la coordinación con organizaciones sociales y de pequeños productores del espacio rural. Implicó el desarrollo de asistencia técnica y financiera destinado a mejorar las condiciones económicas y productivas de las familias rurales, fomentando el autoconsumo y valorando los conocimientos autóctonos, locales y comunitarios. Formosa fue la única provincia en la que el PSA se ramificó en un “Subprograma Aborigen”.
  7. Carrasco, M. (2002). El movimiento indígena anterior a la reforma constitucional y su organización en el Programa de Participación de Pueblos Indígenas. Universidad de Buenos Aires. Recuperado de http://lanic.utexas.edu/project/etext/llilas/vrp/carrasco.pdf.
  8. Al respecto, puede consultarse: www.lenguapilaga.com.ar/web/proyectos
  9. Vidal, A. (2001). Pilagá grammar (Guaykuruan Family, Argentina). Tesis de Doctorado, Eugene: University of Oregon.
  10. Bilbao, L.; Di Salvo, L. y Ramón, F. (2019). Estado de las agrupaciones documentales del Instituto de Estudios Histórico-Sociales (IEHS). Potencialidades para el trabajo de investigación y la formación de recursos. Ponencia presentada en la Segunda Jornada de graduados de Ciencias Humanas. Facultad de Ciencias Humanas, UNCPBA.
  11. Ibid, p. 2
  12. Al valor de la moneda nacional de entonces, ello representó –aproximadamente– 2 mil dólares estadounidenses.
  13. El proyecto se denominó “Archivo y memoria indígena: recuperación y digitalización del repositorio documental del CECAZO (Centro de Capacitación Zonal). Pozo del Tigre, Provincia de Formosa” y fue presentado en 2017 a la convocatoria “Preservación y recuperación de colecciones de interés científico de Argentina”. Fue aprobado al año siguiente por Resolución Nº 2018-1019.
  14. Muzzopappa, E. y Villalta, C. (2011). Los documentos como campo. Reflexiones teórico-metodológicas sobre un enfoque etnográfico de archivos y documentos estatales. Revista Colombiana de Antropología 47 (1), enero-junio, 13-42.
  15. Cruz Mundet, J. R. (1994). Manual de archivística. Madrid: Fundación Sánchez Ruiperez.
  16. En la archivística, los principios de procedencia y orden original son basamentos principales de todo trabajo con documentos. El primero remite a la necesidad de conservar siempre los datos y metadatos que permiten identificar el origen de los fondos y de cada documento. En efecto, la pérdida de esta información muchas veces imposibilita cualquier intento de interpretación y lectura sobre los mismos. El segundo principio busca respetar el orden original de los fondos y evitar mezclas y confusiones arbitrarias entre fondos de distinta procedencia y/o entre las series de un mismo fondo. Por cierto, dicho orden brinda información sobre los criterios utilizados por quienes manipularon los documentos a lo largo de la vida útil de los mismos. Y, al igual que la relativa a la procedencia de los fondos, aquella información resulta fundamental para interpretar el sentido histórico, político, antropológico y/o jurídico de cada documento (Sistema Nacional de Documentación Histórica. 2019. Guía General de Digitalización de Documentos. Ministerio de Educación, Cultura, Ciencia y Tecnología. Presidencia de la Nación. Agosto de 2019).
  17. Como se señaló más arriba, desde 1971 Nazar trabajó con la comunidad wichí de El Potrillo, pero su nombre ha sido conocido y reconocido en todas las comunidades indígenas en la provincia. Su funeral, en marzo de 2022, fue una muestra de ello. El cortejo fúnebre transitó de este a oeste toda la extensión provincial, recibiendo saludos y muestras de afecto en cada una de las localidades por las que pasó.
  18. Mendoza, J. J. (2019). Los Archivos. Papeles para la nación. Villa María: Eduvim
  19. Por sus siglas en inglés (Optical Character Recognizer) se denomina OCR al proceso de reconocimiento óptico de caracteres que por medio de un software “lee” una imagen escaneada de texto y la traduce a texto para su posterior uso (ASCII, u otros formatos de texto) (SNDH, 2019: 18).
  20. Cristina Marinosci falleció en 2019, poco después de la primera etapa de inmersión en el repositorio y digitalización. En 2023, Milagros Flores Marinosci donó la biblioteca y el archivo personal de Cristina a la Asociación de Trabajadores del Estado (ATE), seccional Formosa (ver: https://ate.org.ar/ate-formosa-inauguro-la-biblioteca-popular-cristina-marinosci/). Se trata de un fondo que mantiene mucha proximidad temática y de contenidos con el del CECAZO. Desde 2022, Milagros, junto a otras compañeras (entre ellas la Secretaria de Formación de ATE-Formosa), llevaron adelante la digitalización y catalogación de esos materiales.


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