María Victoria Pita
¿Cómo explicar un mundo? ¿Y cómo hacerlo mostrando además sus transformaciones a lo largo del tiempo? ¿Cómo narrar las historias de personas de carne y hueso que han sido y son parte de ese mundo? ¿Cómo conseguir mostrar que esas historias son, también, trayectorias laborales en mercados que articulan circuitos de ilegalidad, legalidad, informalidad y formalidad? Y, junto con esto, ¿cómo hacerlo, por una parte, sin atribuir a ese mundo irracionalidad y anarquía, y, por otra, sin producir una mirada romántica que la mayor parte de las veces proviene de cierta fascinación –casi obscena– por los bordes, por los extremos, por “lo otro”? Y, lo que es más difícil, ¿cómo explicar de qué modos ese mundo hecho de los trabajos y los días de diferentes generaciones de jóvenes de un barrio popular se anuda con los problemas públicos en torno a la seguridad y la violencia? Creo que esa podría ser una síntesis de las preguntas que orientaron teórica, metodológica y políticamente a Eugenia en su trabajo. Y creo, además, que quienes lean este libro podrán no solo advertir tales preocupaciones, sino también asistir a la forma que encontró para dar cuenta de ellas.
Este libro presenta la investigación con la que Eugenia Cozzi se doctoró en Antropología en la Universidad de Buenos Aires. Se trata de una investigación de muchos años, centrada en los derroteros de tres generaciones de jóvenes de un barrio de la ciudad de Rosario, en la provincia de Santa Fe, Argentina. Dicho así, puede parecer sencillo. Sin embargo, y este es uno de los mayores logros de la investigación y de los encantos de este libro, a través del devenir de esas generaciones, conocido y narrado por medio de diferentes fuentes y materiales, Eugenia consigue presentarnos ese complejo mundo, produciendo conocimiento desde una perspectiva etnográfica. Claro que esto no resulta solo de la ligazón entre un corpus documental y empírico de gran riqueza debido a la diversidad de fuentes y de métodos y a una perspectiva disciplinar. Han sido necesarias, también, sensibilidad etnográfica e imaginación sociológica para construir preguntas de investigación que hicieran posible poner en evidencia que ese diverso campo de biografías, trayectorias y carreras, experiencias, prácticas y valoraciones morales de diferentes grupos sociales y agentes institucionales, donde están implicados distintos saberes, intereses, preocupaciones y pesares, hacen un mundo.
Pero la tarea no se acabó allí, muy por el contrario, es ahí donde apenas comenzaba. Esas preguntas de investigación implicaron muchas decisiones para poder llevarla a cabo. Y después de eso, muchas otras fueron necesarias a la hora de escribir la tesis. Y, más tarde, otras tantas para convertir esa tesis en este libro. Acompañé a Eugenia en ese proceso de trabajo a lo largo de todos estos años. De esa experiencia, me interesa subrayar algunos asuntos que, considero, son valiosos no solo para conocer más acerca de cómo se hizo esta investigación y de cómo se escribieron esa tesis y este libro, sino también para destacar un modo de producir conocimiento que procura enlazar con felicidad la investigación académica seria, rigurosa, con profundidad histórica y a la vez comprometida con el presente, con el saber experto y, por veces pragmático, orientado tanto a la construcción de argumentos para el debate público, como a la formulación e implementación de políticas públicas. Podríamos decir que ese modo de producir conocimiento tiene una no muy larga pero significativa historia. Hay ya una serie de investigaciones que se desarrollaron articulando el quehacer de la universidad y la investigación académica al calor de asuntos de coyuntura, sucesos y debates en la arena pública que, atendiendo a la política y también a lo político, piensan históricamente; o, al menos, no pueden dejar de tener en cuenta al pasado reciente y a la temporalidad histórica qua dimensión ineludible. Los títulos de esta Colección Antropología Jurídica y Derechos Humanos son prueba de eso.
Ahora bien, en el proceso único de la producción de esta investigación, poder conseguir eso supuso, por una parte, poner en juego todos los saberes y haberes previos. Y, al decir esto, pienso en los saberes de diverso orden que Eugenia ya traía consigo; quiero decir, ya era abogada, ya había litigado en casos y causas de violencias diversas, ya conocía las burocracias penales, a sus operadores y a sus “clientes habituales”. Conocía las prácticas institucionales y las rutinas de policías y tribunales, de defensores públicos y de fiscales, de despachos de abogades penalistas; tanto como los trajines de madres, padres, hermanes, amigues y vecines, de organizaciones sociales, de organismos de derechos humanos, de militantes y activistas, de sus abogades y de quienes, de una forma u otra, veían algunas vidas (y muertes) atravesadas por el sistema penal. Eugenia ya conocía acciones, intervenciones y ocasionales –y a veces efímeros– colectivos que intervenían, debatían y pensaban sobre el complejo enlace entre violencia(s), seguridad ciudadana y derechos humanos, y, en cierto modo, ya era parte de ellos. Pero, además del saber hacer de su oficio inicial y su implicación en el activismo –de lo que resultó también su inclusión en una densa trama de relaciones con personas y organizaciones de esos diferentes espacios sociales–, Eugenia siempre sostuvo su formación académica y su trabajo en el campo de la investigación científica. Su tesis en criminología en la Universidad Nacional del Litoral[1] y luego el doctorado en Antropología en la Universidad de Buenos Aires[2] son prueba de ello.
Sin embargo, podría decir que esta investigación en particular exigió a Eugenia varios movimientos de extrañamiento, en el sentido de descentramiento de aquello conocido, lo que aquí y en su historia quiere decir de su saber jurídico y de su experiencia judicial; de su saber acerca de la vida de los sectores populares y de las organizaciones sociales, de la militancia y el activismo. Pero esos movimientos no fueron “descubrimiento” de resultas de su implicación y de una necesidad de tomar distancia para ganar una pretendida “objetividad”, sino una clara operación procedimental. Quiero decir, no se trató de una pérdida de inocencia sobre el conocer, sino de la decisión, como bien dice la antropóloga brasileña Claudia Fonseca, de –a la hora de vérselas con personas de grupos sociales diferentes– levantar la hipótesis (la hipótesis, insiste Fonseca, y no el hecho, agrega) de la alteridad. Esa formulación sostenida como hipótesis de trabajo, considero, es condición de posibilidad para intentar comprender valoraciones morales, lógicas y racionalidades que orientan modos de ser, pensar y estar en el mundo. Y esa formulación, bien afinada, fue la que posibilitó a Eugenia hacer esta investigación. Y hacerla ha implicado trabajo de campo, que para ella ha sido conocer un barrio y distintas oficinas públicas, trajinar tribunales y estudios de abogades, estar en reuniones con organizaciones sociales, participar de marchas y asambleas, de protestas y juicios, revisar archivos, leer expedientes, buscar, revisar y discutir bibliografía, y también el trabajo de escribir, que es parte de la investigación porque también lo es del pensar, como bien dijo Roberto Cardoso de Oliveira. Y el trabajo de la escritura, en particular, requirió de operaciones de encuadre y montaje que resultaron eficaces para sostener y demostrar su tesis acerca de los modos de vivir y morir en el mundo de las reglas del ambiente del delito en la ciudad de Rosario en las dos primeras décadas de los años 2000. Vidas, muertes, violencias, reglas, ambiente, delito; biografías, derroteros, experiencias, saberes y haceres. Historias de ese mundo. Historias del ambiente. Adelante y atrás en el tiempo. Con la etnografía y con la presentación de información de diversas fuentes secundarias. Yendo y viniendo en el tiempo en su narración, y yendo y viniendo en un zoom ampliado o reducido para proponer lecturas de mercados, así como intervenciones estatales puntuales y políticas públicas más genéricas. Descartando la opción de la única escala para discutir un problema complejo, Eugenia consigue mostrar y trabajar analíticamente sobre dinámicas y racionalidades locales que, atravesadas por violencias e ilegalidades, afectan a personas y poblaciones.
Para los asuntos más específicos de esta investigación, además del libro mismo, vale sumar la aguda lectura de Gabriel Feltran. Por mi parte, he querido detenerme en la consideración sobre la construcción y el alcance de sus preguntas, sobre el proceso de factura, su inscripción en un “linaje”, si así podemos llamar a esta breve pero creciente producción que tributa a esa perspectiva, y su contribución a ese modo de hacer investigación.
No queda entonces más que animarles a que lean esta obra que habla de problemas sociales, que los cuestiona, que los repiensa y los discute políticamente sin olvidar que están hechos de vidas y muertes. Este libro, bien mirado, puede ser una carta de navegación para pensar la complejidad de la vida social. Por mi parte, no me queda más que agradecerle a Eugenia por invitarme a ser parte de ese (este) viaje y decirle que espero sus nuevos libros.
Buenos Aires, finales de febrero de 2022.
- “De clanes, juntas y broncas. Primeras aproximaciones a una explicación “plenamente social” de la violencia altamente lesiva y su control entre grupos de jóvenes de sectores populares, en dos barrios de la Ciudad de Santa Fe”. Universidad Nacional del Litoral, Facultad de Ciencias Jurídicas y Sociales, Maestría en Criminología. Aprobada en 2013 con la máxima calificación y recomendación de publicación.↵
- “De ladrones a narcos. Violencias, delitos y búsqueda de reconocimiento entre tres generaciones de jóvenes en un barrio popular de la Ciudad de Rosario”. Universidad de Buenos Aires, Facultad de Filosofía y Letras, Programa de Doctorado Orientación en Antropología. Aprobada en 2018 con la máxima calificación y recomendación de publicación.↵






