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1 Inmigración y escala

Una mirada cuantitativa acerca de la inmigración transatlántica en el ámbito bonaerense

Resulta ampliamente conocido el carácter de destino privilegiado de las migraciones transatlánticas que revistió la Argentina entre los siglos xix y xx. El prolongado ciclo de inmigración europea se inició hacia 1830, pero fue la década de 1880 la que vio crecer definitivamente la magnitud de los flujos e inaugurarse el periodo reconocido como de “inmigración masiva”. Más de cuatro millones de personas, mayormente italianos y españoles, arribarían entre 1881 y 1914, ubicando a la Argentina por encima de Canadá y Brasil en lo que respecta a la dimensión del aluvión inmigratorio, aunque por debajo de los Estados Unidos (Bjerg, 2009, p. 19; Devoto, 2003, p. 247).

Este fenómeno resultó de una particular combinación entre diversos factores, emanados de un proceso amplio, el de la modernización capitalista, cuyos efectos desestabilizadores dificultaron fundamentalmente la subsistencia en las áreas agrícolas de la economía europea (Moya, 2004, pp. 56-57; Sori, 1985, pp. 16-21). La consecuente creación de importantes contingentes de población dispuesta a emigrar coincidió, entonces, con el requerimiento de mano de obra en los países en desarrollo, la revolución de los transportes marítimos y las políticas migratorias aperturistas (Otero, 2009, pp. 16-17).

En particular, el contexto argentino de fines del siglo xix ofrecía una economía en expansión, alimentada por la puesta en producción de vastas extensiones de tierra, la recepción de inversiones extranjeras, la expansión ferroviaria, el desarrollo de las actividades comerciales y de servicios, y la aparición de una industria incipiente (Devoto, 2003, p. 250). En consonancia, la ley N.° 817 de 1876 se propondría incentivar el arribo de extranjeros de origen europeo dispuestos a radicarse y trabajar en la Argentina. Su llegada era concebida como un factor fundamental de la implementación de la estrategia de desarrollo agroexportadora y una contribución al progreso nacional a través del poblamiento de las extensas zonas deshabitadas, razón por la cual el Estado se dispuso a otorgarles una serie de beneficios de alojamiento, traslado e inserción laboral (Novick, 1992a, pp. 47, 50; Novick, 1992b, p. 204).

Si bien aquella ley se había propuesto fomentar el ingreso de inmigrantes a través de las gestiones del Estado, es preciso tener en cuenta que la llegada de la mayor parte de los hombres jóvenes de origen rural que arribaron durante este periodo estuvo originada en el funcionamiento de los mecanismos de cadena, a la vez que favorecida por las escasas restricciones existentes, tanto en los países de origen como en los de destino.

No obstante, a lo largo del tiempo, la situación internacional y la particular del país sudamericano se vieron sometidas a múltiples cambios. La Primera Guerra Mundial tuvo un impacto decisivo en cuanto a la modificación del carácter de los flujos, no solo con motivo de la brusca interrupción de los arribos –a causa de la coyuntura bélica en Europa y los efectos económicos en el ámbito nacional– sino también por los cambios ocasionados en el rol de los Estados, que tenderían a intervenir crecientemente a través de normativas migratorias restrictivas que pretendían controlar algunos efectos no deseados de la inmigración, tales como el conflicto social o el ingreso de refugiados y exiliados (Bjerg, 2009, pp. 21, 28-29; Devoto, 2003, pp. 13, 353-354).

Más tarde, tras un nuevo impulso a la inmigración registrado durante la década de 1920 de la mano de grupos nacionales hasta entonces escasamente representados, fundamentalmente centroeuropeos (Bjerg, 2009, p. 29; Devoto, 2003, pp. 356-357), los efectos de las dificultades económicas ocasionadas por la crisis internacional de 1929 y los impedimentos políticos originados por los contextos bélicos de la Guerra Civil Española y la Segunda Guerra Mundial afectaron nuevamente los flujos (Bjerg, 2009, pp. 29-30; Devoto, 2009, pp. 361-363, 395).

Sin perjuicio de lo anterior, la segunda posguerra fue testigo de una notable recuperación del número de ingresos de inmigrantes europeos y, en consecuencia, la Argentina vio restablecido su rol como uno de los principales destinos americanos (Barbero y Cacopardo, 1991, pp. 291, 300). Sin lugar a dudas, el crecimiento industrial propiciado por el primer gobierno peronista hizo de la Argentina una opción viable para quienes estaban decididos a abandonar su sociedad de origen. Pero los cambios en las condiciones socioeconómicas y la inestabilidad política posterior a 1955 precipitaron la clausura de esta última oleada de inmigración europea (Barbero y Cacopardo, 1991, pp. 297-298; Bjerg, 2009, pp. 31-32).

Por todo lo anterior, este capítulo se propone comenzar a conocer las particularidades de nuestro espacio de estudio a la luz del proceso general del fenómeno inmigratorio en la Argentina y el acercamiento cuantitativo a sus rasgos en los niveles nacional, provincial, municipal y local.

Para ello, en una primera instancia, nos valdremos de los datos brindados por los censos nacionales y otras fuentes estadísticas complementarias para ofrecer una mirada comparativa acerca de los rasgos de la población extranjera en los ámbitos nacional, provincial y municipal, a lo largo de la primera mitad del siglo xx.

En una segunda instancia, en cambio, pretendemos aportar una perspectiva más dinámica sobre el fenómeno migratorio, que nos ofrezca la posibilidad de tomar en consideración la evolución de los flujos a lo largo del tiempo más detalladamente, tanto en el ámbito provincial como en el estrictamente local. Para ello, analizaremos dos tipos de fuentes que, aun con sus limitaciones, resultan útiles para abordar el estudio de espacios de los cuales la historiografía se ha ocupado en menor medida.

1.1. Un análisis a partir de los censos nacionales (1895-1960)

A lo largo de este apartado, examinaremos los datos contenidos en fuentes estadísticas para la totalidad de la etapa de interés de este libro y optaremos por una estrategia de variación de la escala analítica, atendiendo siempre que sea posible a la contrastación entre los niveles nacional, provincial y municipal. Para ello, estudiaremos la información de los censos nacionales de 1895, 1914, 1947 y 1960. Pero, antes de exponer el contenido en cuestión, nos resulta preciso realizar algunas breves aclaraciones de índole conceptual y metodológica.

En primer lugar, el acercamiento a las características demográficas de Valentín Alsina presenta una dificultad fundamental, derivada de las particularidades de la definición de localidad establecida por la tradición censal argentina. Si bien para referirnos a dicho espacio utilizaremos la acepción que se le da al término en el habla corriente, en tanto lugar o pueblo definido sobre la base de la tradición y el conocimiento de los vecinos y habitualmente refrendada por las legislaturas de los partidos (INDEC, s. f), cabe realizar algunas puntualizaciones. El primer censo nacional, efectuado en 1869, adoptó un criterio implícito de localidad, según el cual se trataba de un área con edificación compacta e interconectada por una red de calles. No obstante, en lugar de aquel término se optó por utilizar el de “centro poblado”. En ocasión del censo de 1914, la conceptualización fue ganando en precisión, al introducirse el umbral de población de dos mil habitantes para que un centro poblado fuera caracterizado como urbano. El criterio por cantidad de habitantes establecido se mantuvo inalterado hasta 1947 e inclusive en 1960, momento a partir del cual simplemente se reemplazó la noción de “centro poblado” por el término “localidad”. A pesar de su permanencia en el tiempo, el uso de este criterio no fue siempre estricto. Frecuentemente, implicó que la población de todos los centros poblados de un mismo partido de la provincia de Buenos Aires fuera contabilizada como correspondiente a la cabecera del distrito (INDEC, s. f.).

Por otra parte, debemos aclarar que, si bien tenderemos a utilizar indistintamente los términos nivel y escala, no por ello perderemos de vista las diferencias conceptuales existentes. Mientras el primer término puede hacer más estricta referencia a la organización por unidades administrativas que proponen las fuentes censales, la idea de escala nos permite reforzar algunas de las intenciones planteadas por las preguntas de investigación que son el eje de nuestro trabajo.

Finalmente, nuestro análisis se basa en la producción estadística emanada del Estado, cuya utilización supone una serie de recaudos. En principio, podríamos señalar la habitual atención acerca de la cobertura y la fiabilidad de las cifras, aspecto parcialmente resuelto en periodos más recientes por los avances propios del campo de la estadística. Sin embargo, la historiografía ha puesto en evidencia también el hecho de que este tipo de fuentes revisten el carácter de “concepciones del mundo”, imágenes de la sociedad elaboradas por el Estado con la finalidad de obtener datos empíricos para comprender la realidad e intervenir en ella a través del diseño de políticas públicas, sin perjuicio de otras funciones tales como las de ofrecer representaciones unificadas, ratificar los límites de la soberanía estatal y publicitar las bondades nacionales de cara a la mirada externa. En definitiva, si bien estos rasgos no suponen necesariamente falsedad en la documentación, hacen preciso extremar los cuidados en su tratamiento, tener presentes las condiciones de producción y prestar atención a la comparabilidad de los resultados a través del tiempo (Cardoso y Pérez Brignoli, 1984, pp. 91-167; Otero, 2006, pp. 17-55; Quintero, 2004). Además, los tres primeros censos utilizados (1895, 1914 y 1947) revisten aún el carácter de censos antiguos, por su incumplimiento del requisito de periodicidad. Por esta razón, nuestro análisis requerirá oportunamente de la incorporación de los datos aportados por otras investigaciones y estadísticas complementarias, para profundizar el abordaje acerca de las más de tres décadas que separan a los censos de 1914 y 1947. Por otra parte, fue en el marco de este tercer periodo intercensal cuando se operaron cambios fundamentales en la evolución de la estadística argentina, que resultaron en la atribución de un notable grado de exactitud al censo de 1947 (Otero 2004, p. 77; Otero, 2007).

1.1.1. Los rasgos de la población

1.1.1.1. El crecimiento poblacional y la presencia extranjera

A principios de la década de 1960, Gino Germani (1962) afirmó concluyentemente que “la Argentina contemporánea no podría ser comprendida sin un análisis detenido de la inmigración masiva” (p. 179), con motivo de sus diversos efectos: poblacionales, económicos, sociales y culturales. En este sentido, es indudable que el aporte de los flujos migratorios ha sido de singular importancia en los cambios demográficos y el crecimiento urbano a los que se vio sometida la Argentina desde mediados del siglo xix. Su fluctuación ha condicionado especialmente los ritmos del crecimiento poblacional, tal como es posible observar en la cantidad de habitantes registrada, tanto a nivel nacional como provincial y municipal, por los censos nacionales llevados a cabo durante la etapa 1895-1960. Si consideramos la totalidad del periodo, la Argentina experimentó un crecimiento poblacional cercano al 400 %, que supuso el paso de una población de 4.044.911 personas en 1895 a la de 20.013.793 en 1960.[1] Por supuesto, la provincia de Buenos Aires y el conglomerado urbano Avellaneda/Lanús no fueron ajenos a este proceso.[2] No obstante, el aumento poblacional, cuya evolución sintetiza el Gráfico 1, no se mantuvo constante a lo largo del tiempo ni fue igualmente considerable en todos los niveles.

Gráfico 1. Aumento relativo de la población de la República Argentina, la provincia de Buenos Aires y el conglomerado urbano Avellaneda/Lanús entre 1869 y 1960

Fuente: elaboración propia a partir de la información contenida en los censos nacionales de 1947 (Dirección Nacional del Servicio Estadístico, s. f.) y 1960 (Dirección Nacional de Estadísticas y Censos, s. f. c).

En el caso provincial, el incremento, de un 635 % en total entre 1895 y 1960, fue superior al nacional a lo largo de todo el periodo considerado. Los más importantes marcadores de crecimiento relativo en el ámbito provincial se dieron entre 1870 y 1914, mientras que durante la década de 1950, al calor de la etapa de industrialización por sustitución de importaciones, se manifestó el mayor crecimiento en términos absolutos (Lattes y Andrada, 2012, pp. 178-179). Asimismo, si tenemos en cuenta el hecho de que el territorio provincial se encuentra atravesado por una marcada diferencia entre el interior y el Gran Buenos Aires, es preciso señalar también el aumento de la concentración en esta última área. Esta representaba el 11,6 % del total provincial en 1895 y alcanzó el 55,8 % en 1960 (Barba, 1987, pp. 356-357). La preferencia de los inmigrantes ultramarinos por el asentamiento en áreas urbanas, sobre la que insistiremos luego, podría hallarse entre las razones de las particularidades bonaerenses. No obstante, cabe subrayar que la importancia poblacional del Gran Buenos Aires dentro del total provincial creció exponencialmente entre 1914 y 1947, periodo que a partir de la década de 1930 se vio caracterizado también por el crecimiento de las migraciones internas (Lattes y Andrada, 2012, p. 183).

Por otra parte, es pertinente destacar los datos correspondientes al segundo periodo intercensal, a partir de los cuales se puede apreciar claramente un aumento del crecimiento relativo de la población en la medida que reducimos la escala de análisis, acercándonos al ámbito municipal. Fue en esta etapa que el partido de Avellaneda protagonizó un extraordinario crecimiento poblacional (679,3 %), varias veces superior al registrado por el conjunto del país y el total de la provincia, que lo constituyó en el partido más poblado del territorio bonaerense, por encima de su capital, La Plata (Poder Ejecutivo Nacional, 1916b; p. 3; Poder Ejecutivo Nacional, 1916d, p. 469).

En función de nuestro interés por sopesar la influencia de los flujos migratorios en el crecimiento poblacional descripto en las líneas precedentes, nos ocuparemos a continuación de observar la presencia de extranjeros en la población de los distintos espacios en estudio. El Gráfico 2 reúne los datos correspondientes al periodo 1895-1960 a los fines de ofrecer un panorama de la evolución temporal de su incidencia.

Gráfico 2. Porcentaje de extranjeros sobre la población total en la República Argentina, la provincia de Buenos Aires y el conglomerado urbano Avellaneda/Lanús (1895, 1914, 1947 y 1960)

Fuente: elaboración propia a partir de la información contenida en los censos nacionales de 1895 (Poder Ejecutivo nacional, 1898a, pp. CLIII, 63, 65), 1914 (Poder Ejecutivo Nacional, 1916a, p. 202; Poder Ejecutivo Nacional, 1916b, p. 5), 1947 (Dirección Nacional del Servicio Estadístico, s. f., pp. XXXIII, LXIII, 90-93) y 1960 (Dirección Nacional del Servicio Estadístico, s. f. a, pp. 4,8; Dirección Nacional de Estadísticas y Censos, s. f. c, pp. 12, 39).[3]

Una primera observación refiere al hecho de que los mayores porcentajes de extranjeros sobre la población total se registraron en los dos primeros censos nacionales considerados. En 1895, los extranjeros representaban el 25,5 % del total de la población de la República Argentina, más del doble de la importancia registrada en 1869, antes del auge de la etapa masiva de las migraciones transatlánticas. En 1914, su peso respecto de la población total trepaba al 30,3 %. Los últimos dos censos considerados, por su parte, ofrecen el registro de un marcado decrecimiento del nivel de incidencia de los extranjeros, de 15,3 % y 13 % de la población total en 1947 y 1960 respectivamente.

Sin perjuicio de lo anterior, la evolución del porcentaje de extranjeros también evidenció diferencias entre las distintas escalas de análisis propuestas. Al respecto, Fernando Devoto (2003) ha sostenido que la Argentina puede ser dividida en tres grandes zonas, según el grado de influencia de las corrientes migratorias en el periodo masivo. La provincia de Buenos Aires se contó entre las áreas más atractivas para los inmigrantes, junto con la Ciudad de Buenos Aires y otras zonas del litoral (pp. 298-299). Estas concentraron el mayor número de inmigrantes ultramarinos, especialmente en la medida que estos no lograron el acceso a la propiedad de la tierra (Departamento de Estudios Demográficos, s. f., p. 1; Vapñarsky y Gorojovsky, 1990, p. 34). De este modo, el fenómeno de la inmigración transatlántica tuvo diversos efectos. No solo contribuyó al incremento del volumen de la población, sino que aportó al aceleramiento del proceso de transición demográfica que aconteció en la Argentina a partir de 1870: modificó la estructura por sexo y edad de la población total, introdujo influencias socio-culturales e hizo su fundamental aporte a la época de mayor crecimiento urbano.[4]

En nuestro análisis de los datos estadísticos, los efectos de dichos cambios en la provincia de Buenos Aires quedan evidenciados por el peso relativo de los extranjeros en su población, superior al total nacional a lo largo de todo el periodo. Aunque, al mismo tiempo, la evolución de las cifras muestra una coincidencia en lo que respecta al notorio descenso de la incidencia de la población extranjera registrado en 1947 y 1960. Estos datos podrían expresar la reducción de los flujos a partir de la Primera Guerra Mundial y el carácter modesto que las recuperaciones observadas durante el periodo de entreguerras y la última oleada inmigratoria de la segunda posguerra tuvieron en comparación con el número de arribos registrado previamente.

Asimismo, la información ofrecida por José Paradiso y Beatriz Toutoundjian (1979) nos permite observar que las cifras de población extranjera correspondientes al Gran Buenos Aires en las fechas 1914, 1947 y 1960 superaban por varios puntos al total provincial (41,9 %; 24,7 % y 21 % respectivamente) (p. 42). De hecho, la aglomeración Gran Buenos Aires concentró en la etapa 1869-1947 entre el 40 % y el 50 % de los extranjeros residentes en la Argentina (Germani, 1962, p. 186).

En lo que respecta a la presencia de habitantes extranjeros en el conglomerado urbano Avellaneda/Lanús, podemos sostener lo siguiente: por un lado, existió una evolución semejante a la de la nación y la provincia en cuanto a la considerable reducción de su importancia respecto de la población total según la información ofrecida por los dos últimos censos nacionales; sin embargo, el porcentaje de extranjeros en dichos partidos fue siempre mayor a los registrados en los niveles nacional y provincial. Este superó el 45 % en 1895 y 1914, y se colocó por sobre el 23 % en 1947 y 1960.

No obstante, cabe recordar que los censos tienden a subestimar el componente extranjero de la población, en la medida que, por ejemplo, carecen de información sobre el importante número de individuos que llegaban de manera estacional e impiden sopesar la importancia del número de hijos de inmigrantes, los cuales solían estar altamente identificados con la cultura de origen de sus progenitores (De Cristóforis, 2016b, pp. 71-72).

Por otra parte, el censo de 1914 nos ofrece la oportunidad de constatar de qué manera se distribuía por cuarteles la población de Avellaneda. Al respecto, debemos señalar que no existe consenso acerca de en qué cuartel se encontraba la localidad de Valentín Alsina e incluso es posible que haya estado dividida en dos cuarteles, el 3.° y el 5.°.[5] El análisis que se muestra en la Tabla 1 pone en evidencia el hecho de que el cuartel 3.° ocupaba el primer lugar en lo que refiere al porcentaje de extranjeros respecto de su población total. Por su parte, el cuartel 5.° se encontraba en el cuarto puesto. Si nos detenemos en el porcentaje de extranjeros residente en cada cuartel respecto de la población de la misma condición en el total del partido (Tabla 2), el cuartel 3.° se encontraba en el tercer puesto y el 5.°, en el último.

Tabla 1. Magnitud de la población nativa y extranjera en el partido de Avellaneda, por cuarteles (1914)

Cuartel

Población nativaPoblación extranjeraPoblación total
N.°%N.°%

1

19.61952,118.00247,937.621

2

690659,8463540,211.541

3

12.43850,712.11349,324.551

4

18.49554,715.31745,333.812

5

280753,9240546,15212

6

502859,4343640,68464

7

615050,9592149,112.071

8

660957,6485842,411.467

TOTAL DEL PARTIDO

78.05266.687144.739

Fuente: elaboración propia a partir de los datos contenidos en el censo nacional de población de 1914 (Poder Ejecutivo Nacional, 1916b, p. 5).

Tabla 2. Porcentaje y cociente de ubicación de los extranjeros del partido de Avellaneda, por cuarteles (1914)
CuartelPorcentaje de extranjeros del cuartel sobre el total de extranjeros residentes en el PartidoCociente de ubicación[6]
1271,1
270,8
318,21,1
4231
53,61
65,20,8
78,91.1
87,30,9

Fuente: elaboración propia a partir de los datos contenidos en el censo nacional de población de 1914 (Poder Ejecutivo Nacional, 1916b, p. 5).

Figura 1. Cociente de ubicación de la población extranjera del partido de Avellaneda, por cuarteles (1914)

Fuente: elaboración propia (en colaboración con la diseñadora gráfica Romina Costa) a partir de los datos contenidos en el censo nacional de población de 1914 (Poder Ejecutivo Nacional, 1916b, p. 5).

Si nos centramos en otro indicador, el denominado cociente de ubicación, se evidencia que la relación entre la representación de extranjeros y nativos en cada cuartel es en gran medida similar, lo cual supone la inexistencia de una concentración significativa. No obstante, existen sutiles diferencias entre los distintos espacios analizados, las cuales quedaron graficadas en la Tabla 2 y la Figura 1. Cabe señalar que la presencia de nativos y extranjeros resultó similar en los casos de los cuarteles 4.° y 5.°. Mientras tanto, existía una subrepresentación de los extranjeros en los cuarteles 2.°, 6.° y 8.°, y una sobrerrepresentación de estos en los cuartes 1.°, 3.° y 7.°. De todos modos, es preciso tener en cuenta que los resultados podrían ser diferentes si consideráramos la variable de los países de origen.

Llegado a este punto, estamos en condiciones de introducir algunas reflexiones de carácter general. En primer lugar, los elementos hasta aquí considerados evidencian la convergencia entre el fenómeno inmigratorio y el desarrollo económico argentino, en lo que respecta a la instalación del Gran Buenos Aires como el principal centro industrial del país y la contribución de los extranjeros como mano de obra urbana (Massé, 2001, p. 194). Cabe recordar algunos datos para ilustrar esta cuestión. Hacia fines del siglo xix, el 60 % del proletariado urbano argentino era de procedencia extranjera. En 1895 y 1914, los inmigrantes constituían el 38,8 % y el 46,1 % de la población activa, respectivamente (Estrada y Salinas Mesa, 1987, p. 11). En esa última fecha representaban casi un 70 % de los trabajadores industriales de la provincia de Buenos Aires; y, en el sector terciario, aproximadamente la mitad de los empleados era de origen inmigrante (Fernández, 2013, p. 338). Al mismo tiempo, los extranjeros también cumplieron un rol significativo en el ámbito empresarial y la inversión de capitales (Estrada y Salinas Mesa, 1987, p. 15).

Por otra parte, el aporte migratorio al crecimiento de las áreas urbanas puede ser vinculado a las condiciones estructurales planteadas por el régimen de propiedad de la tierra característico de América Latina, que limitaba a los inmigrantes las posibilidades de alcanzar sus expectativas económicas en el medio rural, ante la dificultad de acceso a la propiedad de la tierra (Estrada y Salinas Mesa, 1987, pp. 13-14).

No obstante, en lo que respecta al crecimiento de la importancia poblacional del Gran Buenos Aires y del partido de Avellaneda en particular, no podemos dejar de mencionar también que la opción de los inmigrantes por el establecimiento en zonas periféricas garantizaba menores costos residenciales (Devoto, 2003, p. 295). Esta situación se expresó fundamentalmente durante el periodo de entreguerras, cuando la movilidad laboral de los inmigrantes en los ámbitos comercial e industrial coincidió con una movilidad espacial caracterizada por los desplazamientos hacia nuevos barrios, en la misma Ciudad de Buenos Aires o fuera de sus límites. En definitiva, se produjo un crecimiento de la conurbación (que siguió los ejes sur y oeste, a lo largo de los ferrocarriles Roca y Sarmiento, predominantemente) y un incremento de la inserción urbana de los inmigrantes (Devoto, 2003, pp. 365, 366, 371, 409, 421-422).

Hasta aquí hemos considerado a los extranjeros en su conjunto, sin discriminarlos según su lugar de origen. Puesto que nuestro estudio se propone analizar específicamente la situación de los inmigrantes ultramarinos, el Gráfico 3 sintetiza los cambios en la composición de la población extranjera a nivel nacional y provincial según su procedencia. Con respecto a las variaciones observadas entre las dos escalas de análisis, podemos señalar principalmente que el porcentaje de europeos fue más importante en la provincia de Buenos Aires a lo largo de todo el periodo, habiéndose ubicado en un rango decreciente de entre el 94,2 % y el 87,6 %. Por su parte, el censo de 1960 nos ofrece la posibilidad de considerar separadamente a los partidos del Gran Buenos Aires. El análisis de tales datos nos ha demostrado un prácticamente idéntico panorama que en el conjunto de la provincia, en tanto los inmigrantes europeos constituían el 87,6 % de la población extranjera del área (Dirección Nacional de Estadísticas y Censos, s. f. a, p. xxv).

Gráfico 3. Evolución de la población extranjera en la República Argentina y la provincia de Buenos Aires, según continente de procedencia (1895-1960)

Fuente: elaboración propia a partir de los datos estadísticos del INDEC (1999, pp. 20-22) y los censos nacionales de 1947 (Dirección Nacional del Servicio Estadístico, s. f., LXIV) y 1960 (Dirección Nacional de Estadísticas y Censos, s. f. a, pp. 10-15; Dirección Nacional de Estadísticas y Censos, s. f. c, p. XIX).

En lo que respecta al nivel municipal, solamente contamos con la información necesaria en el censo de 1947. No obstante, las cifras expuestas en la Tabla 3 son suficientes para evidenciar que en Avellaneda y Lanús los inmigrantes europeos gozaron de un mayor protagonismo. Si establecemos una comparación con las magnitudes consideradas en el Gráfico 3, es posible observar que su porcentaje de incidencia en el ámbito municipal resulta alrededor de cinco puntos mayor que el correspondiente al espacio provincial, al tiempo que se reduce en una magnitud similar la cifra correspondiente a los migrantes de origen americano.

Tabla 3. Población extranjera de los partidos de Avellaneda y Lanús, en números y porcentajes, según su continente de procedencia (1947)

Extranjeros europeosExtranjeros americanosOtrosTotal
N.°%N.°%N.°%N.°%

Avellaneda

69.18792,543985,912521,774.837100*

Lanús

61.23392,532144,817742,766.221100

Ambos partidos

130.42092,576125,430262,1141.058100

*La suma no es exacta por efecto del redondeo.
Fuente: elaboración propia a partir de los datos contenidos en el censo nacional de población de 1947 (Dirección Nacional del Servicio Estadístico, s. f., pp. 90-93).

A continuación, consideraremos cuáles eran los tres grupos nacionales mayoritarios entre los extranjeros provenientes de ultramar en cada año censal, cuál fue su porcentaje respecto de la población total y cómo evolucionó su número.

Los censos nacionales de 1895 y 1914 ponen en evidencia el ya conocido predominio a nivel nacional de los siguientes tres grupos: italianos, españoles y franceses.[7] Los primeros constituían más del 10 % de la población total tanto en 1895 (12,5 %) como en 1914 (11,8 %). Los españoles, por su parte, representaban apenas el 5 % al momento del segundo censo nacional y ya habían superado el 10 % en 1914. Estos datos pueden ser vinculados con la centralidad de la inmigración española alrededor de los años del Centenario, en una coyuntura caracterizada por la combinación de la sostenida expansión económica argentina tras su recuperación de la crisis de 1890 y la puesta en funcionamiento de mecanismos propios de atracción por parte de una colectividad fuertemente asentada (Fernández, 1991, pp. 59-66). Los franceses constituyeron un grupo minoritario respecto de los anteriores. Apenas superaban el 2 % de la población total en 1895 y disminuyeron su importancia al 1 % en el censo siguiente.

En línea de continuidad con lo anterior, los relevamientos censales de 1947 y 1960 muestran una sustitución de aquel tercer grupo nacional, cuyo lugar pasaría a ser ocupado por los inmigrantes polacos (Dirección Nacional de Estadísticas y Censos, s. f. a, 10-15; INDEC, 1999, pp. 11-14). No obstante, el porcentaje de incidencia de estos últimos respecto de la población total apenas alcanzó el 0,7 % y 0,5 % respectivamente en 1947 y 1960. En lo que respecta a los italianos y los españoles, las cifras de 1947 y 1960 estaban muy por debajo de las anteriormente citadas (4,9 % y 4,7 % respectivamente en 1947; 4,4 % y 3,6 % respectivamente en 1960). Aunque, de igual modo, es destacable el hecho de que el número de inmigrantes europeos aumentó considerablemente en términos absolutos entre uno y otro censo, fundamentalmente por efecto del crecimiento del número de personas de origen italiano (de 786.207 a 878.298). A propósito de esto, estamos en condiciones de decir que en dichas cifras se hizo evidente la influencia de la recuperación de los flujos migratorios europeos hacia la Argentina durante la segunda posguerra.

En la provincia de Buenos Aires, el panorama fue semejante, y el orden de importancia de los grupos europeos se mantuvo idéntico al constatado en el ámbito nacional, aunque en todos los casos los colectivos nacionales identificados representaban un mayor porcentaje de la población total (Dirección Nacional de Estadísticas y Censos, s. f. c, pp. 72-77; INDEC, 1999, p. 20; Poder Ejecutivo Nacional, 1898a, p. 87; Poder Ejecutivo Nacional, 1898b, pp. 219-220). Los italianos oscilaron entre el 15,2 % de la población en 1895 y el 7 % en 1960. Al igual que en el plano nacional, los españoles vieron incrementada su incidencia a lo largo del segundo periodo intercensal. Mientras en 1895 representaban el 7,6 % del total, en 1914 alcanzaban cerca del doble, el 13,2 %. Más tarde, en 1947, se constituían en el 6,3 % de la población provincial, y en el 4,7 % en 1960. En cuanto a los franceses, los porcentajes de 1895 y 1914 eran de 3,8 % y 1,5 % respectivamente. En cuanto al grupo polaco, que los sustituyó en importancia, no alcanzó el 1 % en 1947 y 1960. En lo que respecta a los partidos del Gran Buenos Aires, los tres grupos considerados presentan porcentajes algo mayores de incidencia respecto de la población total hacia 1960: 9 % los italianos, 5,7 % los españoles y 0,9 % los polacos. Cabe destacar también que, de este modo, el 72,3 % de los italianos, 67,5 % de los españoles y 82,3 % de los polacos radicados en la provincia de Buenos Aires residían en el conurbano bonaerense.

En cambio, si tomamos en cuenta los datos correspondientes al nivel municipal, como muestra el Gráfico 4, la situación presenta algunas variantes. Estas son pasibles de ser observadas para el caso de Avellaneda a través de la comparación entre los censos de 1895 y 1914, puesto que en los posteriores no se cuenta con datos sobre la procedencia nacional de los extranjeros desagregados por partidos. En definitiva, entonces, si bien la preponderancia de los italianos, tras los cuales se ubicaban los españoles y los franceses en ese orden, se mantiene en 1895, en 1914 ya es posible detectar un importante crecimiento de la colectividad española (21,8 %), que superaba a la italiana (16,5 %) en su proporción respecto a la población total. Asimismo, aunque el colectivo francés permanecía en tercer lugar dentro de los grupos europeos, vio reducido su porcentaje de incidencia, al mismo tiempo que los inmigrantes rusos se acercaban en magnitud a dicho grupo, con un total de 1465 residentes en Avellaneda frente a 1672 franceses.

Gráfico 4. Porcentajes de argentinos y grupos extranjeros de origen europeo con respecto a la población total de Avellaneda (1895 y 1914)

Fuente: elaboración propia a partir de los datos contenidos en los censos nacionales de 1895 (Poder Ejecutivo Nacional, 1898b, p. 8) y 1914 (Poder Ejecutivo Nacional, 1916b, pp. 153-154).[8]

1.1.1.2. El perfil socio-demográfico y socio-ocupacional de los inmigrantes ultramarinos

Una vez considerados los elementos fundamentales de la presencia de extranjeros en la población de los niveles nacional, provincial y municipal, debemos señalar que la información contenida en los censos nacionales ofrece también la oportunidad de conocer algunos aspectos relevantes del perfil socio-demográfico de la población extranjera. Aunque también es preciso mencionar que dicha información es mucho más detallada en los censos de 1895 y 1914.

Gráfico 5. Índices de masculinidad de argentinos y extranjeros en la República Argentina, la provincia de Buenos Aires y el conglomerado urbano Avellaneda/Lanús (1895-1960)

Fuente: elaboración propia a partir de la información contenida en los censos Nacionales de 1895 (Poder Ejecutivo Nacional, 1898b, 63, 65), 1914 (Poder Ejecutivo Nacional, 1916a, p. 202; Poder Ejecutivo Nacional, 1916b, p. 5), 1947 (Dirección Nacional del Servicio Estadístico, s. f., pp. XXXIII, 90-93) y 1960 (Dirección Nacional de Estadísticas y Censos, s. f. a, p. 8; Dirección Nacional de Estadísticas y Censos, s. f. b, p. XIII; Dirección Nacional de Estadísticas y Censos, s. f. c, pp. IX, 12, 39).

Comenzaremos por exponer algunas reflexiones breves acerca de su estructura por sexo, edad y estado civil, teniendo en cuenta que la composición de la inmigración hasta bien avanzado el siglo xx ha mostrado el predominio de los varones en edades activas (Departamento de Estudios Demográficos, s. f., p. 8; Massé, 2001, p. 67).

En este sentido, el Gráfico 5 evidencia claramente el elevado índice de masculinidad de la población extranjera en todos los niveles, condicionado por el alto componente masculino de las migraciones ultramarinas durante el periodo masivo, así como el hecho de que la provincia de Buenos Aires presentó índices de masculinidad más acentuados que los del nivel nacional a lo largo de todo el periodo analizado. A modo de ejemplo, podemos señalar que el índice de masculinidad de la población extranjera en la provincia de Buenos Aires alcanzó la cifra de 208 en 1895. Posteriormente fue decreciendo hasta presentar el número de 119,7 en 1960. No obstante, los partidos de Avellaneda y Lanús mostraron índices más cercanos a los del total nacional, lo que invita a presumir que la presencia de inmigrantes varones pudo ser mayor en los ámbitos rurales bonaerenses, entre otros motivos, por el fenómeno de la inmigración “golondrina”.

En lo que refiere a la composición etaria, los censos de 1895 y 1960 ofrecen datos para el nivel municipal, permitiendo observar los cambios acontecidos a lo largo de nuestro periodo de interés, tanto respecto de la población argentina como de la extranjera. Los Gráficos 6.1, 6.2, 6.3 y 6.4 ilustran el panorama a través de una serie de pirámides. En las correspondientes al año del segundo censo nacional se evidencia, a grandes rasgos, la existencia de una población joven, caracterizada por la mayor presencia de niños y jóvenes, y una baja proporción de adultos mayores, a causa de las altas tasas de natalidad y mortalidad, así como de los efectos de la inmigración (Lattes y Andrada, 2012, p. 194; Paradiso y Toutoundjian, 1979, p. 37). De hecho, las diferencias entre los argentinos y los extranjeros son destacables. Mientras entre los primeros se observa un cierto predominio femenino, entre los segundos el predominio masculino es notorio, así como la conocida concentración en las edades activas, en este caso, en las siguientes dos franjas: 15-30 y 31-50 años. En 1895, la concentración de los extranjeros varones y mujeres en aquellos dos grupos etarios era del 75,9 % y 72,6 % respectivamente. Mientras tanto, en el caso de los varones y mujeres argentinos, las mismas franjas etarias concentraban el 34,2 % y el 38,4 % de la población total respectivamente.[9]

Aquellas cifras de concentración de los extranjeros en el ámbito municipal eran mayores a las registradas tanto en el nivel provincial como en el nacional. En el primer caso, los varones inmigrantes estaban comprendidos en el grupo de entre 20 y 49 años en un 70 % y las mujeres en un 63,6 %. Por su parte, en el caso de los nativos, las cifras de concentración en este rango etario eran también superiores: 29,6 % entre los hombres y 28,5 % entre las mujeres.[10]

Por su parte, las pirámides correspondientes a 1960 permiten observar el inicio de un acentuado proceso de envejecimiento de la población, expresado en el estrechamiento de sus bases y el ensanchamiento de las cúspides. En el caso de la población nativa, los motivos de este cambio fueron el constante descenso de la fecundidad y el acceso a edades más avanzadas por parte de los adultos mayores (Lattes y Andrada, 2012, p. 194; Massé, 2001, p. 50; Paradiso y Toutoundjian, 1979, p. 39). Entre los extranjeros, el envejecimiento de los antiguos inmigrantes y el carácter de reagrupación familiar que revistió el flujo migratorio europeo de posguerra, que implicó un mayor ingreso de mujeres, niños, personas mayores y familias completas, también pueden señalarse como causas de la transformación (Barbero y Cacopardo, 1991, p. 305). En cuanto a la incidencia de la población en edades activas, podemos observar que la concentración entre los 15 y 49 años ya es mayor entre los nativos (59 % y 58,3 % para los varones y las mujeres respectivamente) que entre los extranjeros (43 % entre los varones y 43,7 % entre las mujeres).

Gráfico 6. Pirámides poblacionales del conglomerado urbano Avellaneda/Lanús (1895; 1960)[11]
Gráfico 6.1. Argentinos (1895)

Fuente: elaboración propia a partir de los datos contenidos en el censo nacional de 1895 (Poder Ejecutivo Nacional, 1898b, pp. 66, 69, 72).

Gráfico 6.2. Extranjeros (1895)

Fuente: elaboración propia a partir de los datos contenidos en el censo nacional de 1895 (Poder Ejecutivo Nacional, 1898b, pp. 66, 69, 72).

Gráfico 6.3. Argentinos (1960)

Fuente: elaboración propia a partir de los datos contenidos en el censo nacional de 1960 (Dirección Nacional de Estadísticas y Censos, s. f. c, pp. 12, 39).

Gráfico 6.4. Extranjeros (1960)

Fuente: elaboración propia a partir de los datos contenidos en el censo nacional de 1960 (Dirección Nacional de Estadísticas y Censos, s. f. c, pp. 12, 39).

Una situación semejante se registra en el ámbito provincial, aunque en este caso los extranjeros se concentran en edades activas aún en menor medida (38 % entre los varones y 40,5 % entre las mujeres). Las cifras correspondientes a los nativos muestran un 47,4 % para los hombres y 46,8 % entre las mujeres. Por su parte, en el nivel nacional, las cifras correspondientes a los inmigrantes son del 38,4 % entre los varones y el 37,5 % entre las mujeres. En el caso de los nativos son del 42,7 % para los hombres y 43,3 % en el caso de las mujeres (Dirección Nacional de Estadísticas y Censos, s. f. a, pp. 4-7; Dirección Nacional de Estadísticas y Censos, s. f. c, p. 10).

En lo que refiere al estado civil, los datos discriminados en función del lugar de origen se hallan presentes en los censos de 1895 (para los habitantes mayores de 14 años) y 1914 (para los habitantes mayores de 15 años), aunque solo el primero de ellos nos permite hacer consideraciones a propósito del ámbito local. La composición de la población por estado civil en el partido de Avellaneda ha quedado sintetizada en la Tabla 4 y pone en evidencia algunos rasgos que son comunes a los tres niveles de análisis y a las dos fechas consideradas.

Tabla 4. Composición por estado civil de los habitantes mayores de 14 años del partido de Avellaneda (1895)

 

ArgentinosExtranjeros
VMVM
N.°%N.°%N.°%N.°%

Solteros

123869,7113551,3181339,341615,2

Casados

49227,787539,6260156,4200173,1

Viudos

452,52019,11944,231911,7

TOTAL

1775100*22111004608100*2736100

*La suma no es exacta por efecto del redondeo.
Fuente: elaboración propia a partir de los datos contenidos en el censo nacional de 1895 (Poder Ejecutivo Nacional, 1898b, p. 99).

La principal diferencia observable entre los argentinos y los extranjeros, independientemente de su condición de varones o mujeres, es la prevalencia de los solteros en el primer caso (con cifras cercanas al 70 % entre los hombres y superiores al 50 % entre las mujeres en Avellaneda) y los casados en el segundo (con porcentajes superiores al 50 % y 70 % respectivamente en el ámbito local). Sin embargo, existe una notable disparidad entre varones y mujeres dentro del grupo extranjero. En el ámbito local, la proporción de solteros entre los varones es del 39,3 %, y entre las mujeres alcanza apenas el 15,2 %. Tal situación se reproduce con porcentajes levemente mayores en los ámbitos nacional y provincial, tanto en 1895 como en 1914. Mientras en el caso de los hombres la proporción de solteros no desciende del 40 %, entre las mujeres se mantiene alrededor del 20 %. Asimismo, la cantidad de mujeres extranjeras casadas (73,1 % en Avellaneda) supera ampliamente a las nativas del mismo estado civil (39,6 % en el espacio local), las cuales, a su vez, cuentan con un número superior al de los hombres argentinos casados (27,7 %) (Poder Ejecutivo Nacional, 1898b, pp. CVIII, 101; Poder Ejecutivo Nacional, 1916b, pp. 421, 429).

A grandes rasgos, algunas de las conclusiones derivadas del análisis de la composición por estado civil de la población de Avellaneda se relacionan con aspectos ya mencionados anteriormente. El predominio de hombres y mujeres casados entre los extranjeros podría relacionarse, en primer término, con su edad media más elevada, respecto de la población nativa. Sin embargo, la disparidad observada entre unos y otras en materia porcentual podría atribuirse al elevado índice de masculinidad de la población extranjera. Esta situación pudo tender a dificultar que los varones contrajeran matrimonio dentro del mismo grupo étnico, al tiempo que el “mercado matrimonial” ofrecía mejores oportunidades para las mujeres extranjeras, por la mayor disponibilidad de potenciales cónyuges connacionales (Beck, 1999, pp. 90-91; Marquiegui, 1989,p. 544, Míguez y otros, 1991, p. 797). Por otra parte, entre ellas pudo ser más frecuente la llegada en grupos familiares o su posterior reunión con los hombres emigrados precedentemente (Devoto, 2003, p. 248). Finalmente, en cuanto a la diferencia registrada entre varones y mujeres nativos, se ha señalado reiteradamente la mayor propensión de las argentinas a contraer matrimonio con inmigrantes, lo cual ha sido interpretado como una actitud más abierta a la integración social, pero también como una vía para el ascenso social en virtud del mayor éxito mostrado en este terreno por los extranjeros (Freundlich de Seefeld, 1986, p. 225; Míguez y otros, 1991, p. 797).

Antes de dar por finalizado este apartado, nos referiremos a otros dos rasgos del perfil de los extranjeros: su relación con la propiedad de bienes raíces y la inserción en diversas categorías ocupacionales de los mayores de 14 años.

En cuanto a la primera cuestión, los censos de 1895 y 1914 indican que los extranjeros eran propietarios de bienes raíces en una mayor proporción que los nativos en ambas fechas y en los tres niveles considerados, tal como evidencia la Tabla 5. Sin embargo, nos es imposible conocer a través de esta fuente de qué tipo de propiedades –tierras, viviendas, establecimientos comerciales, etc.– se trataba. Asimismo, es preciso tener en cuenta que la población extranjera era en su mayoría masculina y adulta.

Tabla 5. Propietarios nativos y extranjeros de bienes raíces, cada mil habitantes de la misma condición. República Argentina, provincia de Buenos Aires y Avellaneda (1895 y 1914)

 

18951914
ArgentinosExtranjerosArgentinosExtranjeros

República Argentina

99116*122170

Provincia de Buenos Aires

6112895207

Avellaneda

5711473223

*Esta cifra fue obtenida a partir del promedio de las cifras asignadas a cada grupo nacional por el censo.
Fuente: elaboración propia a partir de los datos contenidos en los censos nacionales de 1895 (Poder Ejecutivo Nacional, 1898b, pp. CXV-CXVI; CLXXVI; 111) y 1914 (Poder Ejecutivo Nacional, 1916a, pp. 261, 263; Poder Ejecutivo Nacional, 1916d, p. 7).

Según el censo de 1895, mientras los argentinos eran propietarios de bienes raíces en una proporción de 99 cada mil habitantes, los italianos ocupaban el sexto lugar (128) entre los grupos extranjeros; los españoles, el decimocuarto (89); y los franceses, el octavo (122). En 1914, los argentinos eran propietarios aproximadamente en una proporción de 122 cada mil y los extranjeros en una proporción de 170 cada mil, y todos los grupos nacionales anteriormente mencionados habían incrementado el número de propietarios cada mil habitantes.[12]

En la provincia de Buenos Aires, los argentinos eran propietarios de bienes raíces en una proporción de 61 cada mil y los extranjeros en la de 128 por mil, en 1895. En el tercer censo nacional, los datos indican que 95 cada mil argentinos eran propietarios de bienes raíces, mientras que entre los extranjeros lo eran 207 cada mil.

En Avellaneda, finalmente, según los datos del censo de 1895, los argentinos eran propietarios en una proporción de 57 cada mil y los extranjeros en la de 114 por mil. Del total de los propietarios del partido, 957 eran extranjeros, mientras que 587 eran argentinos. Esta diferenciación, más acentuada que en los niveles nacional y provincial, queda ilustrada en la Tabla 6. Podemos agregar que en el mismo sentido se presentan los datos acerca de la nacionalidad de los propietarios de las casas donde se practicó el censo, de los cuales 672 eran argentinos y 1651 eran extranjeros (Poder Ejecutivo Nacional, 1898c, p. 4).

En 1914, los propietarios de origen argentino alcanzaban el número de 73 por mil y los extranjeros, el de 223. Es interesante observar que los italianos y los españoles lideraron el número de propietarios en el ámbito municipal tanto en 1895 como en 1914. No obstante, es sugerente que mientras que en la primera ocasión los italianos duplicaban el número de propietarios españoles (534 y 238 por mil respectivamente), en 1914 se habían ubicado en una situación de virtual paridad (6635 y 6198 propietarios en total respectivamente). Esta situación se relaciona con el crecimiento de esta última colectividad, al que ya nos hemos referido.

Tabla 6. Propietarios nativos y extranjeros de bienes raíces en Avellaneda (1895 y 1914)

 

ArgentinosExtranjeros
Población totalN.° de propietariosPoblación totalN.° de propietarios

1895

10.217587578357957114

1914

78.0525.7007366.68714.855223

Fuente: elaboración propia a partir de los datos contenidos en los censos de 1895 (Poder ejecutivo Nacional, 1898b, p. 111; Poder Ejecutivo Nacional, 1898c, p. 4) y 1914 (Poder Ejecutivo Nacional, 1898d, p. 7).

Por último, estamos en condiciones de presentar una escueta descripción de las más relevantes categorías ocupacionales en las cuales los extranjeros aventajaban a los nativos.[13] Su mayor protagonismo en el rubro de comercio se evidencia tanto en el censo de 1895 como en el de 1914 para el conjunto de la Argentina, tal como queda ilustrado en la Tabla 7. No obstante, es preciso señalar que, si observamos solamente las profesiones de los varones, los extranjeros aventajaban a los nativos también en el ámbito de la producción industrial.[14] A escala provincial, por su parte, los extranjeros sin distinción de sexo eran mayoritarios en todas las categorías: producción de materias primas, producciones industriales y comercio en ambos casos. Esta situación ratifica el mayor impacto de las migraciones transatlánticas en el litoral argentino. En cuanto al nivel municipal, ambos censos carecen de datos.

Tabla 7. Número de nativos y extranjeros en las principales categorías ocupacionales. República Argentina y Provincia de Buenos Aires
(1895 y 1914)
18951914
República ArgentinaPcia. de Buenos AiresRepública ArgentinaPcia. de Buenos Aires
Arg.Ext.Arg.Ext.Arg.Ext.Arg.Ext.

Agricultura y ganadería

248.798145.15034.62848.848317.702212.16455.50568.630

Industria

210.822155.26514.29830.870468.082373.15567.12285.505

Comercio

55.12588.23811.16720.978111.600182.04620.68445.190

Fuente: elaboración propia a partir de los datos contenidos en los censos nacionales de 1895 (Poder Ejecutivo Nacional, 1898b, CXC-CXCI; 139-140) y 1914 (Poder Ejecutivo Nacional, 1916d, pp. 215-222; 383-390).

Estos elementos confirman las apreciaciones de Germani (1962) señaladas en las páginas anteriores, en la medida que muestran el protagonismo de los extranjeros en el ámbito urbano, al evidenciar su participación destacada en las ramas secundarias y terciarias (p. 194).

No obstante lo anterior, las cifras correspondientes a 1947 ponen de manifiesto una total reversión de aquel panorama. Tanto en el nivel nacional como en el provincial, en este caso en los sectores agropecuario, industrial y de servicios, los nativos ya aventajan completamente a los inmigrantes en todas las categorías ocupacionales.[15]

1.2. La evolución de los flujos migratorios en la provincia de Buenos Aires y en la localidad de Valentín Alsina

En esta segunda sección, procuraremos ofrecer una perspectiva más dinámica acerca de la evolución de los flujos migratorios en la provincia de Buenos Aires, a la vez que incorporaremos una primera aproximación de carácter cuantitativo al conocimiento del perfil de los inmigrantes europeos arribados a Valentín Alsina, a partir de la consideración de aquellos extranjeros que llegaron al puerto de Buenos Aires entre 1930 y 1960, y que manifestaron su intención de dirigirse a la localidad en cuestión.

En el primer caso, recurriremos a los datos sobre “inmigración internada” contenidos en diversas estadísticas nacionales y provinciales. Los inmigrantes internados son aquellos que fueron conducidos a distintos puntos del país por cuenta del Estado nacional y a través de las gestiones de la Oficina de Trabajo dependiente de la Dirección General de Inmigración. Su cantidad fue estimada en aproximadamente un 30 % del total de los inmigrantes arribados a la Argentina (Dirección General de Inmigración, 1926, ff. 113-114). Por lo tanto, si bien las cifras correspondientes a la provincia de Buenos Aires no reflejan el comportamiento del total de los extranjeros que se dirigieron hacia allí para residir en ella, la ausencia de datos más generales acerca de la evolución de los flujos en este ámbito las convierte en una información valiosa. Por su parte, la mayor disponibilidad de información sobre el periodo coincidente con la Primera Guerra Mundial nos permitirá apreciar los efectos de una coyuntura internacional desfavorable en el comportamiento de las corrientes migratorias hacia la provincia.

Para lo segundo, relevamos y analizamos la información contenida en la base de datos de arribo de inmigrantes del Centro de Estudios Migratorios Latinoamericanos (CEMLA), confeccionada a partir de los libros de desembarco del puerto de Buenos Aires (CEMLA, s. f.).[16] Dada la información contenida, nos concentraremos en evidenciar los cambios acontecidos en el flujo de inmigrantes hacia la localidad de nuestro interés durante el periodo señalado, tomando en consideración, principalmente, el perfil socio-demográfico de los recién llegados, el posible funcionamiento de redes personales y la importancia de la inserción laboral en el establecimiento de determinadas formas de asentamiento.

1.2.1. El comportamiento de los flujos en la provincia de Buenos Aires según los datos sobre “inmigración internada”

Otros autores ya han advertido acerca de la importancia de las cifras de inmigración internada para el análisis del devenir del movimiento migratorio en el espacio bonaerense. Concretamente, María Silvia Ospital (1987) las utilizó “para precisar la cantidad y la dinámica de las migraciones temporarias a la región central del boom cerealero de principios del siglo XX” (p. 114), proponiendo la identificación del inmigrante internado con el jornalero “golondrina”.

En nuestro caso, los datos que aluden a los inmigrantes internados resultan los más certeros a la hora de ofrecer un panorama acerca del comportamiento de los flujos en el nivel provincial. Si bien, como ya señalamos, no se trata de la totalidad de nuestro universo de interés, estos datos permiten subsanar, aunque sea parcialmente, las debilidades de la información acerca de los saldos provinciales de la que disponemos. Esta última, o bien solo alcanza una porción del periodo de nuestro de estudio, o bien se basa en una estimación elaborada por la Dirección de Estadística provincial, a partir del cálculo del 20 o 25 % de los saldos registrados a nivel nacional, dada la falta de información documentada acerca de los arribos y partidas en el ámbito provincial.[17]

Dividiremos este apartado en dos secciones. En la primera de ellas, ofreceremos un análisis general de la inmigración internada durante el periodo para el que disponemos de información, entre 1900 y 1941, con el fin de evidenciar las grandes tendencias mostradas por estos flujos en el espacio bonaerense.

En la segunda sección, nos concentraremos en una coyuntura de gran relevancia –la de la Primera Guerra Mundial–, para la que contamos con una mayor disponibilidad de datos provenientes de estadísticas provinciales y nacionales.

1.2.1.1. Los inmigrantes internados entre 1900 y 1941

Algunas páginas atrás, nos hemos referido a los distintos ciclos de la inmigración en la Argentina, a partir de los aportes realizados por otros autores. A continuación, intentaremos ofrecer un panorama de la evolución de la situación migratoria en el caso particular de la provincia de Buenos Aires a partir de la información sobre la inmigración internada.

Al respecto, el Gráfico 7 ilustra el comportamiento del flujo de inmigrantes internados hacia la provincia, a partir de la selección de la información correspondiente al periodo 1900-1940, cada cinco años. La falta de datos para el año 1935 no pudo ser subsanada ni a través de las fuentes provinciales ni a través de las nacionales. En las primeras, la información hallada sobre inmigración internada se discontinúa a partir de 1928. En las segundas, a partir de 1941. En ambos casos, los datos sobre el comportamiento de estos flujos están ausentes para la mayor parte de la década de 1930. No obstante, conocemos las cifras de 1937 y 1939: 260 y 96 inmigrantes internados, respectivamente.

Gráfico 7. Evolución de la cantidad de inmigrantes internados en la provincia de Buenos Aires (1900-1940)

*La interrupción de la línea del gráfico se debe a la imposibilidad de acceso a los datos sobre inmigración internada en la provincia de Buenos Aires para los años 1930 y 1935.
Fuente: elaboración propia a partir de las estadísticas provinciales y nacionales (Dirección General de Estadística de la Provincia de Buenos Aires –en adelante DGEPBA–, 1917, p. 19; DGEPBA, s. f., p. 771; Ministerio de Agricultura, 1941, p. 300; Salas, 1912, p. 1).

A pesar de aquellas falencias, el gráfico alcanza a ilustrar la reproducción a nivel provincial de las fluctuaciones en las entradas de inmigrantes analizadas previamente: el notorio crecimiento del número de inmigrantes internados durante la primera década del siglo xx; la drástica disminución registrada durante la segunda mitad de la década de 1910, en tiempos de la contienda mundial; la leve recuperación de entreguerras; y, finalmente, la reducción definitiva hacia 1940, en el contexto de la Segunda Guerra Mundial. En cuanto a la primera década de la centuria, cabe destacar que la cifra más abultada fue la correspondiente a 1906, cuando fueron conducidas a la provincia, por cuenta del Estado, unas 55.189 personas. Por su parte, la recuperación de los años veinte tuvo su punto más alto en 1923, con un total de 16.632 inmigrantes internados en el ámbito bonaerense. La cifra más reducida de la que tenemos constancia, y la última de la que disponemos, es la de 1941, con apenas 13 inmigrantes internados (Ministerio de Agricultura, s. f., p. 690). Al respecto, hemos observado que la drástica reducción en el número de inmigrantes internados hacia el final del periodo analizado coincide con dos fenómenos. En primer lugar, con la pérdida de protagonismo del espacio bonaerense como principal destino de los inmigrantes conducidos hacia las provincias y territorios por cuenta del Estado. A principios del siglo xx, “entre un 30 y un 45% pedía –y lograba– ser dirigido a alguna localidad de la provincia; en 1906 esa tasa alcanzó al 48 %, casi la mitad del total de internados en el país” (Ospital, 1987, p. 114). Muy por el contrario, las últimas cifras con las que contamos, correspondientes a los años 1937, 1939, 1940 y 1941, muestran que la provincia de Buenos Aires había perdido este lugar de privilegio en favor de las provincias de Entre Ríos y Santa Fe (Dirección General de Migraciones, 1940, f. 46; Ministerio de Agricultura, 1940, p. 58; Ministerio de Agricultura, s. f., p. 690).[18] Cabe señalar, no obstante, que en 1941 las tres provincias registraron cifras similares de internación, manteniendo Buenos Aires el primer lugar.[19]

En segundo término, esta situación se manifiesta paralelamente a ciertos cambios en la composición por nacionalidad de estos inmigrantes. La importancia de los alemanes y los polacos, por ejemplo, parece ir en detrimento del protagonismo alcanzado en periodos previos por los grupos español e italiano, sobre lo que abundaremos luego. De los 230 inmigrantes internados en total en los años 1937, 1939 y 1940, 106 eran alemanes y 84, polacos. Los españoles y los italianos alcanzaron la cifra de apenas 7 y 6 personas respectivamente (Dirección General de Migraciones, 1939; Dirección General de Migraciones, 1940, f. 47; Ministerio de Agricultura, 1940, p. 58;).

Esta última reflexión nos invita a introducir algunas consideraciones más generales acerca de las particularidades de la inmigración internada. Es preciso tener presente que este tipo de migración tiene un carácter “mixto”, en tanto puede combinarse la actuación de estrategias personales de arribo con las políticas estatales de fomento. Por lo tanto, nuestras conclusiones deben ser matizadas. Si bien el análisis de la evolución del ingreso de inmigrantes internados a la provincia de Buenos Aires coincide con lo observado a nivel nacional para distintos momentos de la primera mitad del siglo xx, esas variaciones pueden no deberse solamente a los cambios de coyuntura general, sino también a la mayor o menor eficacia de los mecanismos anteriormente mencionados –ya sea personales o estatales– en diversas circunstancias. En lo que refiere particularmente a la observación previa sobre las variaciones en el origen nacional de los inmigrantes internados a lo largo del tiempo, por ejemplo, podríamos sugerir que en el caso de comunidades considerablemente consolidadas y de larga tradición migratoria –como la italiana y la española– la asistencia del Estado perdió terreno frente al funcionamiento de las redes familiares y paisanales. Por el contrario, para otros grupos migratorios con menor tradición y peso numérico, la participación de los mecanismos estatales pudo continuar siendo necesaria para la concreción de la trayectoria migratoria.

Finalmente, es preciso señalar que, más allá del nivel provincial, los datos sobre inmigración internada no han arrojado una cantidad relevante de información sobre el ámbito municipal o local de nuestro interés. Las cifras para Avellaneda resultan muy modestas en contraste con la relevancia adquirida por dicho partido, según hemos descripto. Desde ya, la cercanía respecto de la Capital Federal puede explicar la falta de necesidad de la intervención de la Oficina de Trabajo de la Dirección General de Inmigración entre quienes se dirigían a la zona del Gran Buenos Aires. En 1904 fueron destinadas al partido, concretamente a la localidad de Piñeyro (lindera a Valentín Alsina), 3 personas (Salas, 1905, p. 5). Durante 1913 y 1914, un total de 43 personas (DGEPBA, 1917, p. 18). Entre 1918 y 1919, contamos con la evidencia de la internación de 6 inmigrantes en Avellaneda, uno de los cuales también fue consignado con destino a la localidad de Piñeyro (DGEPBA, 1920a, p. 429; Dirección General de Inmigración, 1920, p. 62). No obstante, también es preciso indicar que estas cifras contrastan con las registradas durante 1909, cuando fueron destinados hacia el partido de Avellaneda 140 inmigrantes –120 a la entonces localidad de Lanús y 20 a Piñeyro– (Alsina, 1910, p. 129-133).[20]

1.2.1.2. Los efectos de la Primera Guerra Mundial sobre la inmigración

Ya nos hemos referido al hecho de que el estallido de la Gran Guerra ocasionó la primera gran interrupción de los flujos migratorios europeos hacia la Argentina, en el marco de la etapa de inmigración “masiva”, y supuso un punto de inflexión entre dos periodos bien diferenciados del movimiento migratorio. Los efectos de la guerra en la economía argentina, fundamentalmente la grave crisis en la industria por la falta de insumos y bienes de capital, coincidieron con el fin de la expansión agropecuaria. Como es sabido, tales circunstancias no tardaron en traducirse en altos niveles de desocupación y crecimiento de la conflictividad social, así como en el intento de imponer restricciones al arribo de inmigrantes. Ante la recuperación de los flujos en la década de 1920, comenzaron a imperar el temor hacia la llegada de refugiados y personas que salían de Europa por razones políticas y la proliferación de prejuicios respecto de algunos grupos migratorios, principalmente los centroeuropeos de religión judía (Bjerg, 2009, pp. 105-107; Devoto, 2003, pp. 353-360).

En referencia al comportamiento de los flujos migratorios y las comunidades inmigrantes residentes en el país sudamericano en el contexto de la Primera Guerra Mundial, también se ha destacado la drástica disminución del número de arribos y el aumento de las salidas, fenómenos que se manifestaron incluso antes del estallido de la contienda (Bjerg, 2009, p. 105; Devoto, 2003, pp. 353-354, Devoto, 2006, pp. 317-318; Otero, 2009, pp. 24-25). En tal sentido, operaron fenómenos tales como la imposición de medidas restrictivas en los lugares de origen, las dificultades para la realización de los viajes en barco y los intentos de reclutamiento militar por parte de los países contendientes (Devoto, 2006, pp. 318-327; Díaz, 2011, pp. 66-68; Otero, 2009, p. 23; Tato, 2011). No obstante, es preciso recordar la existencia de un contexto de recepción desfavorable, caracterizado por las dificultades económicas por las que atravesaba la Argentina.

A nivel provincial, como ya hemos señalado, la variación de los saldos migratorios bonaerenses considerada en las publicaciones estadísticas resulta del cálculo de un porcentaje de los saldos registrados a nivel nacional, por lo cual los datos disponibles muestran un panorama idéntico. Por esta razón, optamos nuevamente por sopesar la información disponible acerca de la evolución de la cantidad de inmigrantes internados en la provincia de Buenos Aires durante el periodo 1913-1925, que sintetiza el Gráfico 8. En particular, si bien por la naturaleza de los datos se trata siempre de números positivos (en tanto son solamente de ingresos), podemos ver el franco decrecimiento de la cantidad de personas internadas a lo largo de los años 1914-1918.

Gráfico 8. Evolución de la cantidad de inmigrantes internados en la provincia de Buenos Aires (1913-1925)

Fuente: elaboración propia a partir de los datos contenidos en las estadísticas provinciales (DGEPBA, 1917; DGEPBA, s. f., p. 771).[21]

Por su parte, si como propone la Tabla 8, nos concentramos en los grupos nacionales más relevantes, españoles, franceses, italianos, ingleses y rusos, en el periodo 1913-1924, vemos nuevamente la caída del número de inmigrantes a partir de 1914 y hasta 1918 en todos los casos. Es de destacar, además, que los españoles son el grupo mayoritario a comienzos de la etapa tomada en cuenta, con un total de 17.848 inmigrantes internados. Evidentemente, a pesar de que España se mantuvo neutral frente a la Primera Guerra Mundial, esta situación no impidió que los flujos migratorios hacia la Argentina se alteraran considerablemente, al punto de hacerse notorio inclusive entre esta pequeña porción de los ingresos a la Argentina. El número de inmigrantes internados españoles en la provincia de Buenos Aires no dejó de decrecer hasta 1918, cuando alcanzó el modesto número de 978. Este comportamiento es comparable con el de los italianos y los rusos. Los primeros registraron el número de 11.645 en 1913 y apenas 23 en 1918. Por su parte, los rusos contaron con 2909 y 18 inmigrantes internados en 1913 y 1918 respectivamente.

Tabla 8. Evolución del número de inmigrantes internados en la provincia de Buenos Aires por grupos nacionales (1913-1924)
EspañolesFrancesesInglesesItalianosRusos

1913

17.8481496511.6452909

1914

615049123000766

1915

3972131828230

1916

268214031255

1917

15201006941

1918

978012318

1919

172480932

1920

3043110116110

1921

340033273016

1922

471297684383284

1923

4076608628220

1924

3617100608669

TOTAL

53.72237015038.9584620

Fuente: elaboración propia a partir de los datos contenidos en las estadísticas provinciales (Acerboni, 1926, p. 80; Acerboni, 1928, p. 142; DGEPBA, 1914; DGEPBA, 1915; DGEPBA, 1917; DGEPBA, 1918, DGEPBA, 1920a; DGEPBA, 1920b).[22]

A partir de aquí, entonces, dedicaremos algunas líneas al análisis del comportamiento registrado por los flujos durante la posguerra. Al respecto de esta cuestión, varios autores coincidieron en señalar la progresiva recuperación de las corrientes migratorias a partir de la finalización de la contienda. Esta situación se relacionó fundamentalmente con el rápido restablecimiento de la economía argentina, simultáneo respecto de la implementación de restricciones a la inmigración en otros destinos preferenciales tales como Estados Unidos, Canadá, Australia y Nueva Zelanda. Por otra parte, la recuperación de los flujos se produjo incluso a pesar de los intentos de control establecidos también en la Argentina, a los que ya nos hemos referido (Bjerg, 2009, pp. 28-29; Devoto, 2003, pp. 328-331; Otero, 2009, p. 26).

Aun insistiendo en el carácter limitado de estas cifras, podemos decir que el restablecimiento de las corrientes migratorias se presume también al considerar la variación de la cantidad de inmigrantes internados en la provincia de Buenos Aires. Por otra parte, si los consideramos según los distintos grupos nacionales, es de destacar la progresiva recuperación de los flujos español e italiano, mientras que los flujos francés, inglés y ruso tuvieron un comportamiento más oscilante. Además, es importante señalar que por primera vez los italianos internados superaron a los españoles en 1923, situación que se reproduce en 1924. En ambos casos, lo hacen con un considerable margen: 8628 italianos frente a 4076 españoles en 1923 y 6086 italianos frente a 3617 españoles en 1924.

1.2.2. Los inmigrantes en Valentín Alsina (1930-1960)

Este apartado intentará realizar una primera aproximación, de carácter cuantitativo, al conocimiento del perfil de los inmigrantes europeos arribados a Valentín Alsina, a partir de la consideración de aquellos extranjeros que llegaron al puerto de Buenos Aires entre 1930 y 1960, y que manifestaron su intención de dirigirse a la localidad en cuestión. Como ya dijimos, para ello nos valdremos del relevamiento de la información contenida en la base de datos de arribo de inmigrantes del CEMLA. En virtud de la disponibilidad de información en dicha fuente, nuestro trabajo procurará ofrecer una reflexión acerca de las variaciones en los flujos, un análisis del perfil socio-demográfico de los inmigrantes considerados y un abordaje acerca de la relación entre las redes personales, las posibilidades laborales y la elección de determinadas formas de asentamiento.

La delimitación de nuestro universo de estudio se basó en la consideración de la información contenida en el apartado “Observaciones” de dicha base de datos. Allí hemos podido hallar, fundamentalmente, domicilios ubicados en la localidad y referencias a importantes industrias de la zona.[23] El universo total contemplado se compone de 246 inmigrantes, y los datos que nos ofrece esta fuente nominativa son los siguientes: nombre y apellido, sexo, edad, estado civil, nacionalidad, religión, instrucción, puerto de embarque, buque, fecha de arribo, grupo familiar del que forma parte (cuando corresponde), procedencia, lugar de nacimiento y profesión, además de las observaciones a las que ya nos hemos referido.

En particular, nos ocuparemos de examinar detenidamente las siguientes cuestiones. En primer lugar y teniendo presente el carácter limitado de la muestra, la dinámica de los arribos, a los fines de obtener algunas conclusiones preliminares acerca del comportamiento de los migrantes que se dirigieron a Valentín Alsina en comparación con el de los flujos migratorios a nivel nacional. En segundo lugar, haremos una primera aproximación a la distribución de estos inmigrantes por nacionalidad y describiremos los rasgos del perfil socio-demográfico de los inmigrantes arribados: edad, sexo, estado civil, religión e instrucción. Por último, procuraremos concentrarnos en el perfil ocupacional de los extranjeros e introduciremos algunas reflexiones acerca del funcionamiento de las redes familiares. En ambos casos, intentaremos establecer vínculos entre estos factores y la cuestión del asentamiento en la localidad de nuestro interés.

1.2.2.1. La dinámica de los arribos de inmigrantes que se dirigieron hacia Valentín Alsina

Ya hemos reflexionado acerca de los comportamientos de los flujos migratorios en los ámbitos nacional y provincial. A continuación, el Gráfico 9 ilustra la dinámica de los arribos a la localidad de nuestro interés, según la base de datos del CEMLA, por años.

Gráfico 9. Evolución anual de los arribos de inmigrantes (1932-1960)

Fuente: elaboración propia a partir de la información obtenida en CEMLA, s. f.[24]

En este, las fluctuaciones observadas durante las décadas de 1930 y 1940 pueden relacionarse con las limitaciones impuestas por las circunstancias internacionales de la crisis económica y el comienzo de la Segunda Guerra Mundial. En el gráfico, se evidencia que los primeros años de la década de 1940, marcados por los efectos de la contienda bélica internacional, no registraron arribos de inmigrantes que manifestaran su intención de dirigirse a Valentín Alsina. Sería a partir de 1942 que se revertiría esta situación, con el aumento leve del arribo de inmigrantes que se dirigirían a la localidad de nuestro interés. De igual modo, el punto más alto se ubica en 1949 (48 inmigrantes), en coincidencia con el momento de mayor reavivamiento de la última oleada de inmigración europea, entre 1947 y 1951 (Barbero y Cacopardo, 1991, p. 300). Esto podría explicar que los puntos máximos de cantidad de arribos en nuestro universo de estudio se registraran en 1949 y 1950, para luego ir decayendo progresivamente hasta el año 1960.

1.2.2.2. Notas sobre el perfil socio-demográfico de los inmigrantes

La base de datos de arribo de inmigrantes del CEMLA confirma la presencia en Valentín Alsina de residentes de orígenes nacionales variados. En el caso del presente análisis, hemos hallado inmigrantes de origen alemán, austríaco, checoslovaco, húngaro, polaco, portugués, ucraniano, sirio, yugoslavo, e inclusive de origen americano (como brasileños y estadounidenses), aunque también hemos notado la importante presencia de los grupos español e italiano, que revistieron un carácter claramente mayoritario.

A los fines de efectuar una caracterización socio-demográfica de los inmigrantes que nos ocupan, comenzaremos por referirnos a su composición por sexo. Nos hemos hallado con el predominio de las mujeres en el periodo 1932-1940 (31 mujeres y 19 hombres) y 1951-1960 (49 mujeres y 38 hombres). A diferencia de lo ocurrido en el periodo 1941-1950 (42 mujeres y 58 varones), esta situación parece contradecir el tradicional componente mayoritariamente masculino de los flujos migratorios tal como se habían expresado durante la etapa conocida como de inmigración masiva, pero refuerza las hipótesis acerca del importante componente femenino de la última oleada inmigratoria europea, asociado a “un fuerte componente familiar, ya sea por ingreso directo de grupos familiares o por reunificación de los mismos” (Barbero y Cacopardo, 1991, p. 308). No obstante, por las particularidades de nuestro universo de estudio, también podríamos sugerir la posibilidad de que, entre las mujeres, fuera más importante contar con la existencia de redes premigratorias que garantizaran los primeros pasos en la integración a la sociedad receptora, razón por la cual abundan entre quienes pudieron manifestar a donde se dirigirían cuando arribaron al puerto de Buenos Aires.

En lo que respecta a la estructura por edades, la Tabla 9 muestra las siguientes cuestiones. Por un lado, la habitual composición de las corrientes migratorias en lo que refiere a la importante concentración en las edades jóvenes, potencialmente activas. Así lo muestran los porcentajes correspondientes a las franjas de 22 a 30 años y de 31 a 40, e inclusive la inmediatamente anterior, de 14 a 21 años.

Por su parte, la importancia de la proporción de menores refleja la llegada de familias completas, más frecuente en la medida que avanzamos temporalmente en el análisis. La presencia de personas en edad adulta más avanzada también podría sugerir la concreción de proyectos de reunificación familiar en el que se incorporan padres o suegros (Barbero y Cacopardo, 1991, p. 305).

Tabla 9. Composición por edades de los inmigrantes arribados a Valentín Alsina (1932-1960)

 

1932-19401941-19501951-1960

 

VMVMVM

 

N.°%N.°%N.°%N.°%N.°%N.°%

0-13

517,2516,71017,21228,6923,71224,5

14-21

517,2310813,837,1513,2714,3

22-30

517,2826,71729,31023,81334,21734,7

31-40

827,6516,71424,11126,2513,2612,2

41-50

620,6516,7813,812,425,324,1

51-60

003100012,412,624,1

61+

0013,311,749,537,936,1

TOTAL

29100*30100*58100*4210038100*49100

*La suma no es igual a 100 por efecto del redondeo.
Fuente: elaboración propia a partir de la información obtenida en CEMLA, s. f.[25]

Tabla 10. Estado civil de los inmigrantes arribados a Valentín Alsina (1932-1960)

 

1932-19401941-19501951-1960

 

VMVMVM

 

N.°%N.°%N.°%N.°%N.°%N.°%

Solteros

1562,51661,53266,72379,31655,22057,1

Casados

937,5726,91633,3517,21344,81337,1

Viudos

00311,50013,40025,7

TOTAL

2410026100*4810029100*2910035100*

*La suma no es igual a 100 por efecto del redondeo.
Fuente: Elaboración propia a partir de la información obtenida en CEMLA, s. f.

El análisis del estado civil de los inmigrantes de 14 años o más (Tabla 10) muestra el predominio de los inmigrantes solteros, tanto entre los varones como entre las mujeres, especialmente durante el segundo periodo decenal. Sin embargo, se destaca la existencia de una mayor proporción de casados entre los varones, a la vez que un significativo número de viudas, aspectos que podrían reforzar las reflexiones previas acerca de la importancia de los procesos de reagrupación familiar en la oleada de posguerra.

Por último, la consideración de los aspectos religiosos y de instrucción no arroja importantes matices. No obstante, es preciso tener en cuenta siempre que las declaraciones de los inmigrantes podían estar condicionadas por las políticas migratorias del país receptor. En el primer caso, el predominio de los inmigrantes de religión católica solo se ve cuestionado por la presencia de un número menor de inmigrantes protestantes de origen alemán o estadounidense, un inmigrante polaco de religión judía y un sirio de religión islámica. En cuanto a la instrucción de los mayores de 9 años, solamente seis personas (2,8 %) indicaron que no sabían leer y escribir.

1.2.2.3. Perfil ocupacional, redes personales y formas de asentamiento

El análisis del perfil ocupacional de un conjunto de individuos, en nuestro caso los inmigrantes arribados a Valentín Alsina, siempre supone algunas dificultades. Fundamentalmente, las derivadas de intentar adaptar una realidad variada a una serie de categorías ocupacionales preestablecidas (De Cristóforis, s. f., pp. 1172-1173). Asimismo, como mencionamos anteriormente, nos enfrentamos al problema de la confiabilidad de las profesiones declaradas por los inmigrantes al ingresar al país, en virtud de la intención “…de encuadrarse en el tipo de ocupaciones demandadas por el Estado argentino en cada momento histórico o de no consignar ocupaciones poco dignas o ilegales…” (Otero, 2012, p. 187).

En este caso, adoptaremos la clasificación propuesta por Barbero y Cacopardo (1991) para el análisis de la última oleada inmigratoria europea de la segunda posguerra (p. 309), la cual también fue retomada por De Cristóforis (s. f.) para el estudio particular de la inmigración de origen gallego. Esta codificación, basada en la Clasificación Ocupacional para el Censo de América de 1960 (COTA-1960), nos ofrece la ventaja de poder comparar nuestros resultados con los ofrecidos por aquellas autoras.[26]

El perfil ocupacional de los inmigrantes de 14 años o más, ilustrado en la Tabla 11, da cuenta de lo siguiente. Entre los varones, siempre resultó predominante la categoría correspondiente a “Agricultores, ganaderos, pescadores y afines”, representados en nuestro caso fundamentalmente por labradores. No obstante, hay una presencia nada desdeñable de “Artesanos y operarios” y “Obreros y jornaleros”, especialmente en el segundo decenio, cuando alcanzan la mitad de los varones arribados con destino a Valentín Alsina. Además, es de destacar que lo señalado por Barbero y Cacopardo (1991) acerca de la ausencia de obreros propiamente dichos en la última categoría para el periodo 1947-1957 a partir del análisis de las estadísticas de la Dirección Nacional de Migraciones (p. 311) contrasta con lo hallado en nuestro análisis del periodo 1932-1960. En nuestro caso, sí se ha encontrado una importante cantidad de extranjeros que señalaron como ocupación la de obrero. En este punto, el perfil claramente industrial de Valentín Alsina puede haber condicionado esta respuesta. Hemos hallado un total de tres obreros entre los varones del primer periodo, casi la mitad de la categoría correspondiente; siete entre los hombres del segundo decenio, más de la mitad de la categoría; y cuatro en la última etapa, exactamente la mitad de los varones correspondientes a la categoría “Obreros y jornaleros”.

Con respecto a las mujeres, predominan las categorías correspondientes a “Labores” y “Trabajadores de servicios personales y afines”. Esta última categoría reviste una importancia tal que inclusive supera a la primera por más de quince puntos porcentuales en la etapa 1932-1950. En el último periodo, además, se destaca la presencia femenina en el rubro “Artesanos y operarios”, con una fuerte incidencia de las modistas. En este aspecto, nuestro universo de estudio también se diferencia del captado por Barbero y Cacopardo (1991), que evidencia la creciente presencia femenina en los rubros “Profesionales, técnicos y afines” (como maestras, por ejemplo) y “Empleados de oficina y afines” (p. 317).

Tabla 11. Perfil ocupacional de los inmigrantes arribados a Valentín Alsina (1932-1960)

*La suma nos es igual a 100 por efecto del redondeo.
Fuente: elaboración propia a partir de la información obtenida en CEMLA, s. f.

Respecto de la cuestión ocupacional, también es de destacar que en varios casos se indican como destino importantes industrias de la zona de Valentín Alsina. Tal es el caso de una mujer gallega de 46 años, oriunda de Pontevedra, que arribó al puerto de Buenos Aires en 1932 junto con sus tres hijos –de 13, 11 y 9 años–, cuyo lugar de destino fue consignado como la fábrica de tejidos Campomar de Valentín Alsina. Según señaló, en su lugar natal se desempeñaba como agricultora. Con el mismo destino, en 1934 llegó a la Argentina una mujer de 27 años, en este caso italiana, junto con su hijo de tres años, ambos nacidos en Avellino. Según indicó la mujer, su ocupación era la de casera. Teniendo en cuenta que se trató de mujeres casadas, que llegaron a Buenos Aires junto con sus hijos, es dable suponer que se trató de procesos de reagrupamiento familiar.

Algo distinto se presenta en el caso de quienes indicaron como destino el Frigorífico Wilson. En esta ocasión, entre los arribados, un total de once personas entre 1938 y 1940,[27] se destaca la presencia de lo que parecen ser empleados jerárquicos (indicaron como ocupación la de comerciante, ganadero o ejecutivo), mayoritariamente de origen estadounidense. En la mayor parte de las ocasiones llegan acompañados por sus familias y sus edades se ubican un poco por encima de lo habitual para el conjunto de los inmigrantes analizados. De igual modo, también hemos observado la llegada con destino al Frigorífico Wilson de hombres y mujeres de otros orígenes, como polaco, alemán, italiano y brasileño, que llegaron solos a pesar de encontrarse casados. En el caso de las mujeres, es posible que emprendieran el viaje para reencontrarse con sus maridos y, en el de los hombres, que se convirtieran en los primeros de la familia en emigrar.

En lo que respecta a los vínculos entre los inmigrantes arribados, lo primero que debemos indicar es que la mayoría llegó a la Argentina acompañado por algún pariente o paisano. Sin embargo, también resulta importante la existencia de un número considerable de individuos que llegaron solos y que, aunque no arribaron con personas cercanas, se valieron también de poderosas redes que les permitieron indicar una localidad o domicilio preciso y en ocasiones también señalar un posible puesto de trabajo, suyo o de algún pariente o paisano que los aguardaba.

No obstante, se presenta una situación destacable. Como resultado de nuestra búsqueda, concentrada en los domicilios y empresas relevantes de Valentín Alsina, varias de las personas para las que fue indicada una llegada con otros individuos se nos presentan solas. Esto quiere decir que una proporción de ellos se dirigió a Valentín Alsina, mientras que los familiares o paisanos que los acompañaron pueden no haber precisado su destino o indicado otro.

1.3. A modo de conclusión

Este capítulo ha intentado ofrecer una mirada de conjunto, destinada a contextualizar la aproximación a las particularidades de nuestro espacio de estudio. Con tal fin, hemos procurado destacar el carácter de destino migratorio privilegiado que revistió la Argentina entre los siglos xix y xx, a la vez que dar cuenta de los cambios acontecidos en materia de coyuntura internacional, políticas migratorias y percepción acerca de los inmigrantes, entre otras cuestiones.

En consonancia con lo anterior, propusimos también un análisis acerca del crecimiento poblacional, la magnitud de la población extranjera y las particularidades de su perfil socio-demográfico y socio-ocupacional a partir del estudio de los censos nacionales. Basada en una estrategia de variación de la escala analítica, esta aproximación nos permitió identificar algunas de las particularidades de los ámbitos provincial y municipal.

En primer lugar, queremos poner de relieve los mayores índices de crecimiento demográfico y volumen de la población de origen extranjero existentes en la provincia de Buenos Aires y el conglomerado urbano Avellaneda/Lanús, así como el aumento de la concentración de la población en el espacio Gran Buenos Aires. Como detallamos a lo largo del desarrollo de este capítulo, estos elementos evidencian la convergencia entre el fenómeno inmigratorio y el desarrollo económico argentino, caracterizado por el establecimiento del área metropolitana como principal centro industrial y el rol privilegiado de los inmigrantes como mano de obra urbana.

En segundo término, hemos tomado conocimiento de la importancia de la población de origen europeo en la provincia de Buenos Aires. Principalmente, cabe resaltar algunas especificidades del ámbito municipal en lo que refiere a la prevalencia de determinados grupos nacionales. Hacia 1914, se hizo notoria la mayor presencia numérica de los españoles en Avellaneda, quienes superaron en magnitud al colectivo italiano.

En tercer lugar, la descripción acerca del perfil socio-demográfico y socio-ocupacional de los extranjeros en los tres niveles de análisis hizo evidentes las siguientes cuestiones. Por un lado, hemos podido observar cómo la mayor incidencia de la población de origen extranjero en la provincia de Buenos Aires se expresó en los más acentuados índices de masculinidad de este ámbito. Además, destacamos el impacto decisivo de las migraciones transatlánticas en la evolución de la composición etaria de la población argentina y la concentración de la población inmigrante en las edades activas durante la mayor parte de nuestro periodo de análisis. La edad promedio más elevada de los inmigrantes también condicionó el hecho de que predominaran los individuos casados. No obstante lo cual, esta situación fue más acentuada entre las mujeres extranjeras, ya sea por su llegada en grupos familiares o su participación en fenómenos de reagrupación, o por las ventajas que el “mercado matrimonial” les ofrecía a la hora de contraer nupcias con connacionales. Por su parte, el análisis de la cuestión de la propiedad de bienes raíces evidenció la mayor proporción de propietarios existente entre la población inmigrante respecto de la nativa. Asimismo, arrojó una diferenciación mucho más acentuada entre nativos y extranjeros en el ámbito municipal. Mostró la importancia que, en este nivel, revistieron los italianos y españoles, y puso de manifiesto el notable crecimiento del número de propietarios de este último origen entre 1895 y 1914.

Por otra parte, también hemos procurado ofrecer una mirada más dinámica acerca del comportamiento de los flujos migratorios a nivel provincial y local.

En lo que respecta al ámbito bonaerense, es preciso destacar el valor de los datos ofrecidos por las estadísticas acerca de la inmigración internada, los cuales, a pesar de no referirse a la totalidad del universo de nuestro interés, permiten subsanar la ausencia de otra información relevante sobre los flujos y stocks migratorios en el nivel provincial.

A grandes rasgos, hemos evidenciado de qué manera las fluctuaciones experimentadas por los movimientos migratorios con destino a la Argentina durante la primera mitad del siglo XX tuvieron su correlato en el espacio provincial.

En particular, observamos cómo se vio alterado el comportamiento de las corrientes migratorias hacia la provincia de Buenos Aires como consecuencia de la Primera Guerra Mundial. El estudio de los datos disponibles mostró la disminución del flujo entre 1914 y 1918, lo cual afectó a todos los principales grupos nacionales por igual y produjo una disminución del porcentaje de inmigrantes varones internados, presumiblemente por las mayores restricciones para emigrar que pesaron sobre ellos en la sociedad de origen. Esta situación se registró inclusive entre los inmigrantes internados de origen español, grupo mayoritario al inicio del periodo, aun cuando su país de origen permaneció neutral frente a la contienda internacional. Vimos, además, cómo el declive del flujo se revirtió, al compás de lo acontecido en la Argentina en general, durante la posguerra. También es de destacar el considerable aumento de los inmigrantes internados de origen italiano a partir de 1923.

No obstante, también realizamos algunas reflexiones acerca del comportamiento de la inmigración internada hacia 1940, sobre el final de nuestro periodo de análisis. En ese momento, no solo se redujeron considerablemente los números de inmigrantes internados y varió su composición por grupos nacionales, sino que la provincia de Buenos Aires perdió terreno frente a las de Entre Ríos y Santa Fe, en tanto destino de las trayectorias migratorias.

Por último, en cuanto al ámbito local de nuestro interés, Valentín Alsina, el estudio minucioso de la información obtenida a partir de la base de datos de arribo de inmigrantes del CEMLA nos condujo a las siguientes conclusiones.

En primer lugar, nos referiremos a la existencia de ciertas compatibilidades entre lo observado para el caso de los inmigrantes que manifestaron su intención de dirigirse a Valentín Alsina y la dinámica general de los flujos inmigratorios en la Argentina. Por ejemplo, hemos logrado evidenciar un comportamiento similar en cuanto a la recuperación del número de ingresos hacia fines de la década de 1940 y la presencia de características socio-demográficas que sugieren la existencia de procesos de reagrupamiento familiar (mayoría femenina; concentración en las edades activas pero con una importante presencia de niños y adultos mayores; relevancia de las viudas). Por otra parte, también existe una importante coincidencia en lo que refiere al carácter mayoritario de los grupos español e italiano, asunto que nos ocupará detalladamente luego.

No obstante, igualmente hemos podido observar particularidades de nuestro caso de estudio. En principio, confirmamos la diversidad de colectivos nacionales que se dirigieron hacia Valentín Alsina, a pesar del carácter predominante de los grupos anteriormente mencionados. Asimismo, es de destacar la observación del carácter determinante de las redes personales a la hora de indicar un destino preciso o un puesto de trabajo en particular, a la vez que el peso del carácter eminentemente industrial de la zona de Valentín Alsina en lo que respecta a las especificidades del perfil ocupacional de los inmigrantes con cuyos datos contamos, entre los cuales se evidencia una alta proporción de individuos que señalaron como profesión la de obreros industriales.

Por todo lo anterior, en el próximo capítulo nos ocuparemos de describir de manera detallada el devenir histórico de la localidad de Valentín Alsina, como condición necesaria para profundizar en la caracterización de los inmigrantes que allí se asentaron y sus comportamientos.


  1. En este punto, cabe aclarar que siempre que se dispuso de la información necesaria, se tomaron las cifras ofrecidas por el censo nacional de 1947, en virtud de las consideraciones de fiabilidad y exactitud de este que ya se mencionaron. En lo que refiere a la población total, siempre fue considerada la cifra más abultada, que incluye estimaciones.
  2. El partido de Lanús fue creado en 1944 bajo la denominación “Cuatro de Junio”. Su territorio correspondía hasta entonces al partido de Avellaneda. Por esa razón, hemos optado por tratar sus datos conjuntamente en función de nuestra intención comparativa. A tal fin, elegimos la denominación “conglomerado urbano Avellaneda/Lanús” propuesta por Matías Bisso (2015, p. 325).
  3. Los porcentajes corresponden al total de la población extranjera con respecto al total poblacional general. En este caso, se excluyen las estimaciones.
  4. El concepto de transición demográfica refiere al paso de regímenes tradicionales de alta mortalidad y alta natalidad a regímenes modernos en los que ambos indicadores tienden a bajar (Otero, 2004, pp. 79-83; Paradiso y Toutoundjian, 1979, pp. 28-43).
  5. Cesar A. Vapñarsky (2000) ubica a Valentín Alsina en el cuartel 3.° (pp. 95-96). No obstante, es posible que esta división del partido en cuarteles, así como los límites de estos, haya variado con el tiempo. Consta que, a mediados del siglo xix, el partido de Barracas al Sud estaba constituido por seis cuarteles (De Paula, Gutiérrez, y Viñuales, 1974, p. 101). Más tarde, entre 1926 y 1944, Avellaneda llegó a estar compuesta por ocho cuarteles, tal como ya se desprende en el censo de 1914 (Avellaneda por cuarteles, s. f.). Cabe señalar que, en fuentes que tratan sobre periodos posteriores al censo de 1914, hemos hallado referencias que sitúan a Valentín Alsina en el cuartel 5.° (Avellaneda. Duplicado de la diligencia de mensura de Tomasa Larrazábal, 1935; Luis Fernán Cisneros y otros, 1927, pp. 140-141). Finalmente, hemos obtenido información acerca de la división de la localidad en dos cuarteles distintos, 3.° y 5.°, en los siguientes artículos periodísticos: “Valentín Alsina” (28 de agosto de 1919, p. 3); “Contra el desmembramiento de Avellaneda” (19 de octubre de 1919, p. 3).
  6. El cociente de ubicación resulta de la división entre el porcentaje de un determinado grupo residente en un distrito particular (por caso, los extranjeros) y el porcentaje del resto de la población que habita en ese mismo distrito. El resultado 1 indica una representación similar de ambos grupos; más de 1 señala una sobrerrepresentación del grupo considerado, y un resultado inferior a 1 evidencia una subrepresentación de este. Para mayores detalles sobre su uso y la aplicación al caso de los residentes españoles en la Ciudad de Buenos Aires, véase Moya (2004, pp. 173-175). Allí el autor analiza la concentración de inmigrantes hispánicos en diferentes distritos de la Ciudad de Buenos Aires a través de la aplicación de dicho cociente. A diferencia de nuestro caso, él encuentra resultados de entre 1,4 y 3.
  7. Es preciso señalar que, de aquí en adelante, nos referiremos a grupos nacionales tales como los franceses, los polacos o los rusos, cuyos lugares de origen se caracterizaron por un gran dinamismo de sus fronteras a lo largo del siglo xx. En todos los casos ofreceremos los datos según fueron considerados en los censos nacionales (Poder Ejecutivo Nacional, 1898a, p. XLIV; Poder Ejecutivo Nacional, 1916a, pp. 205-206).
  8. En términos absolutos, la población de Avellaneda en 1895 estaba compuesta por 10.217 argentinos, 4023 italianos, 2598 españoles, 1278 franceses y 458 individuos de otras nacionalidades, sumando una población total de 18.574 individuos. En 1914, los habitantes de Avellaneda eran un total de 144.739: 78.052 argentinos, 31.564 españoles, 23.942 italianos, 1672 franceses y 9509 individuos de otras nacionalidades.
  9. Los valores absolutos correspondientes a cada una de las franjas etarias pueden observarse en las tablas incluidas en cada una de las pirámides poblacionales.
  10. Las consideraciones acerca de la composición etaria de la población a nivel nacional y provincial no incluye a las personas cuya edad fue indicada como desconocida durante el operativo censal. (Poder Ejecutivo Nacional, 1898b, pp. XCIX, CLVII, 66, 68-69, 71-72, 74, 77-79).
  11. Es preciso aclarar que, como puede observarse en las pirámides, los censos de 1895 y 1960 presentan ligeras variaciones en cuanto al rango etario comprendido por cada grupo.
  12. En 1914, la proporción de propietarios cada mil habitantes entre los italianos era de 219; los franceses alcanzaban la magnitud de 278; y los españoles, la de 126 (Poder Ejecutivo Nacional, 1898b, pp. CXV-CXVI, Poder ejecutivo Nacional, 1916a, pp. 261,163).
  13. Dichas categorías han sido consideradas aquí en el sentido amplio que propone el censo. Introduciremos reflexiones más minuciosas acerca de la elaboración y elección de clasificaciones ocupacionales en futuros capítulos, fundamentalmente con motivo de ocuparnos del análisis de la inserción ocupacional de los inmigrantes ultramarinos en nuestro espacio de estudio.
  14. En 1895, si nos limitamos al análisis de las personas de sexo masculino, se evidencia lo siguiente: 201.962 varones argentinos se dedicaban a las actividades primarias, 55.613 a las producciones industriales y 50.412 al comercio. Los extranjeros se caracterizaban según su ocupación del siguiente modo: 121.542 desempeñaban tareas agrícolas, 129.741 trabajaban en el ámbito de las producciones industriales y 82.729 en el comercio.
    Según el tercer censo nacional, si nuevamente consideramos solo a los varones, la situación de los hombres nativos era la siguiente: en las tareas agrícolas y ganaderas eran un total de 288.877, en la industria y artes manuales estaban ocupados 183.227 y 101.675 en el comercio. Los inmigrantes, en cambio, estaban representados por 199.411, 305.011 y 170.754 respectivamente.
  15. En el ámbito nacional, se ocupaban en el sector primario un total de 1.356.491 argentinos (1.279.262 varones y 77.229 mujeres) y 297.789 extranjeros (286.633 de sexo masculino y 11.156 de sexo femenino). En el sector industrial obtenían su empleo 979.153 argentinos y 354.331 argentinas, un total de 1.333.484. De igual modo lo hacían 408.014 extranjeros y 53.756 extranjeras; un total de 461.770. Por último, en el sector de servicios se empleaba a 2.045.291 argentinos (1.416.147 de sexo masculino y 629.144 de sexo femenino) y a 571.587 inmigrantes (485.098 varones y 84.489 mujeres).
    En el ámbito provincial las cifras eran las siguientes: en el ámbito primario, 343.755 argentinos (328.042 varones y 15.713 mujeres) y 101.255 extranjeros (97.911 de sexo masculino y 3344 de sexo femenino). En el sector industrial, 318.990 argentinos y 100.251 argentinas, un total de 419.241, y 146.575 extranjeros y 16.285 extranjeras, un total de 162.860. Por último, en el sector de servicios, 537.815 argentinos (404.939 de sexo masculino y 132.876 de sexo femenino) y 156.006 inmigrantes (137.803 varones y 18.203 mujeres) (Dirección Nacional del Servicio Estadístico, s. f., pp. 31, 145).
  16. Es preciso indicar que la base de datos del CEMLA que se encuentra en línea no es la versión completa. Por lo tanto, nuestro agradecimiento a la Sra. Mónica López, quien nos asistió en la búsqueda, al tiempo que nos advirtió del carácter incompleto de la base para el periodo 1933-1937 y 1950-1960. Es pertinente aclarar también que el periodo de análisis elegido obedece a las características de la fuente de información. Si bien sabemos que el campo “Observaciones” se encuentra presente en los libros de desembarco desde 1888, las anotaciones se hacen más profusas y continuas hacia mediados de la década de 1920.
  17. La consideración del 20 % es reemplazada por el 25 % en el año 1925. Tal cambio se debe a las reflexiones del Dr. Argentino V. Acerboni, Director de la Dirección General de Estadística de la Provincia de Buenos Aires y uno de los primeros actuarios de la Argentina (Bernaldo, 2013, p. 170), quien consideró que se estaba subestimando la radicación de inmigrantes en la provincia de Buenos Aires. En ninguno de los casos se considera la proporción correspondiente a migraciones internas (Acerboni, 1926, pp. 2-10).
  18. En 1937, la provincia de Buenos Aires recibió un total de 260 inmigrantes internados, ocupando el sexto lugar, por detrás de Misiones (1663), Chaco (1034) Entre Ríos (602), Santa Fe (310) y Mendoza (310). En 1939, Buenos Aires recibió 96 inmigrantes internados y ocupó el tercer lugar, detrás de Entre Ríos (243) y Santa Fe (149). En 1940, Buenos y Aires y Chaco tuvieron una idéntica participación en la distribución de los inmigrantes internados (29), aventajadas por Santa Fe (146 inmigrantes internados) y Entre Ríos (79).
  19. En esta ocasión, los inmigrantes internados se condujeron a los siguientes destinos: Buenos Aires (13), Santa Fe (12) y Entre Ríos (10) (Ministerio de Agricultura, s. f., p. 690).
  20. Debemos aclarar aquí que en varias oportunidades hallamos inmigrantes internados en Alsina, pero no fueron considerados en el análisis dado que ese destino podría referirse a tres espacios diferentes de la provincia de Buenos Aires: Villa Alsina (Baradero), Adolfo Alsina o Valentín Alsina.
  21. A continuación, exponemos las cifras exactas de inmigrantes internados en la provincia de Buenos Aires, por año: 1913 (35.408); 1914 (10.848); 1915 (5427); 1916 (3272); 1917 (1701); 1918 (1096); 1919 (2114); 1920 (4913); 1921 (7106); 1922 (11.422); 1923 (16.632); 1924 (12.093); 1925 (9879).
  22. Es preciso señalar que los datos con los que contamos para 1914 repiten idénticas cifras de inmigrantes internados por grupo nacional para los meses de mayo y junio. A pesar de este posible error, consideramos que la cifra general aporta un panorama apropiado de la inmigración internada en dicho año. Asimismo, no contamos con los datos desagregados por nacionalidad para 1925.
  23. Para la confección de la lista definitiva de casos por analizar se han revisado cuidadosamente distintos aspectos de los datos registrados en la columna “Observaciones”. Los casos que, por algún motivo, se mostraron como dudosos no fueron considerados, a los fines de reducir al mínimo los márgenes de error.
  24. Los números de ingresos por año a los que hace referencia el gráfico son los siguientes: 1932 (1); 1933 (0); 1934 (11); 1935 (2); 1936 (7); 1937 (8); 1938 (23); 1939 (5); 1940 (4); 1941 (4); 1942 (0); 1943 (0); 1944 (0); 1945 (1); 1946 (2); 1947 (4); 1948 (11); 1949 (48); 1950 (30); 1951 (10); 1952 (17); 1953 (17); 1954 (10); 1955 (12); 1956 (8); 1957 (2); 1958 (6); 1959 (3); 1960 (2). Cabe aclarar que se consignaron dos ingresos distintos de la misma persona. En este caso, fueron considerados por separado.
  25. La división por franjas etarias utilizada fue tomada del análisis de Barbero y Cacopardo (1991), a los fines de poder contrastar nuestros datos con los ofrecidos por estas autoras (p. 307).
  26. Cabe señalar que solamente fue omitida una de las categorías propuestas, “Otros artesanos y operarios”, considerada redundante para nuestra aproximación. Asimismo, hemos agregado las categorías “Labores” y “Estudiante” a los fines de dar cuenta de la situación particular de mujeres y jóvenes.
  27. Aquí hemos contabilizado una única vez a la mujer sobre la que constan dos ingresos en el primer decenio analizado. En ambos casos, se indica su destino al Frigorífico Wilson. En una de las dos ocasiones arriba junto con su esposo, a quien se le atribuye la ocupación de “gerente”.


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