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4 Inmigración e industria
en Valentín Alsina

En capítulos anteriores, ya nos hemos referido al marcado perfil industrial de Valentín Alsina y, en particular, a la instalación de múltiples empresas de la rama textil en el área. A continuación, volveremos a ocuparnos de esta cuestión, con la intención de contribuir al conocimiento del aporte de los inmigrantes europeos en tanto pioneros de la industria nacional.

A propósito de ello, es preciso mencionar que la historiografía ha destacado en reiteradas oportunidades la contribución de los extranjeros al desarrollo industrial argentino. Tempranamente, Roberto Cortés Conde (1964) ubicó el fenómeno de la inmigración “masiva” dentro del contexto de un importante desplazamiento de mano de obra y capitales desde los países industrializados hacia las regiones periféricas (p. 5). Además, destacó el protagonismo de los extranjeros dentro de las categorías ocupacionales creadas por la expansión industrial. En particular, coincidió con otros autores en su importante rol durante el surgimiento del sector secundario en la Argentina (Beyhaut y otros, 1965, p. 117; Cortés Conde, 1964, p. 63). Oscar Cornblit (1967), por su parte, agregó que este protagonismo tuvo efectos políticos, en la medida que limitó la expresividad de los empresarios en ese terreno (p. 1).

Para ilustrar en términos cuantitativos aquellas afirmaciones, cabe referirnos brevemente a los aportes de Adolfo Dorfman (1986), quien constató que, según el censo de 1887 realizado en la Ciudad de Buenos Aires, solo el 15 % de quienes se desempeñaban en la industria (incluidos los propietarios) eran argentinos (p. 290). En ocasión del segundo censo nacional, “las dos terceras partes de los propietarios y aproximadamente la mitad del personal ocupado eran extranjeros” (Dorfman, 1986, p. 312), cifras algo menores a las registradas en 1895. No obstante, cabe señalar que existían importantes diferencias según la rama considerada (Dorfman, 1986, p. 312).

Para las situaciones particulares de la provincia de Buenos Aires y el partido de Avellaneda, contamos con los datos correspondientes a 1909. A partir de estos, hemos elaborado el Gráfico 11, en el que se observa claramente la abrumadora presencia de empresarios extranjeros, especialmente en el ámbito provincial, donde alcanzaban el 71,6 %. En el caso municipal, si bien el censo presenta un alto porcentaje de casos “sin especificar”, el porcentaje de industrias en manos de extranjeros supera ampliamente al correspondiente a los propietarios argentinos.

Gráfico 11. Propietarios de industrias por nacionalidad en Buenos Aires y Avellaneda (1909)

Fuente: elaboración propia a partir de los datos ofrecidos por Ministerio de Agricultura (1915, pp. 10,12).

Con vistas a todo lo anterior, organizaremos el capítulo de la siguiente manera. En primer lugar, nos detendremos en la trayectoria de la industria Campomar, fundada por un inmigrante de origen español, a la que ya mencionamos oportunamente como una de las principales fuentes de trabajo de Valentín Alsina, desde fines del siglo xix. Observaremos el derrotero de la empresa a lo largo del tiempo y, en particular, focalizaremos en el estudio de los vínculos relevantes que mantuvo con la sociedad de la localidad y las contribuciones mutuas que realizaron a su desarrollo. Para ello, contaremos fundamentalmente con un archivo familiar preservado en la Fundación Ortega y Gasset Argentina (FOGA).[1]

En segundo término, optaremos por el seguimiento de una trayectoria personal, la del industrial italiano Ugolino Giardino, que, junto con su hermano Juan, instaló una hilandería en Valentín Alsina a principios de la década de 1920. Procuraremos analizar las características de su experiencia migratoria, las particularidades de la instalación y evolución de su emprendimiento industrial y, finalmente, también el establecimiento de sólidos lazos con la comunidad. En este caso, además, otorgaremos centralidad al hecho peculiar de su decisiva participación en la fundación de una villa veraniega en la provincia de Córdoba, denominada inicialmente pueblo Alejandro Giardino, en honor a su padre. Este análisis, a diferencia del anterior, se basará en fuentes de carácter más variado: bibliografía secundaria, prensa periódica, testimonios personales, etcétera.

4.1. La fábrica Campomar de Valentín Alsina, la población inmigrante y el desarrollo local

La industria Campomar de Valentín Alsina, fundada a fines del siglo xix en la localidad, fue protagonista de una interesante evolución. Con el paso del tiempo, se fue transformando, desde su origen como un modesto emprendimiento de elaboración de trenzas hasta convertirse en la principal firma lanera del país. Luego, su actividad se extendió al Uruguay, donde también ocuparía el primer lugar entre las industrias de su tipo (Álbum Argentino, 1910, p. 55; Belini, 2010, pp. 7-8; Bertino, 1996).

A continuación, comenzaremos por describir las particularidades de su desenvolvimiento a lo largo de los años, a través de una caracterización de las distintas etapas que atravesó entre su instalación y su desaparición. Luego, nos ocuparemos de los múltiples vínculos que caracterizaron la relación entre la fábrica y la comunidad, principalmente a nivel local y con el colectivo español de la zona.

4.1.1. Surgimiento y expansión de la industria Campomar

La fábrica de ponchos, mantas y frazadas instalada en Valentín Alsina en 1883 fue fundada por iniciativa del español Juan Campomar, proveniente de Palma de Mallorca. Juan había nacido en España en 1861, en el seno de una familia dedicada a la elaboración de paños y cueros para la fabricación de sombreros y calzado. Junto con sus padres y hermanos se dirigió al Río de la Plata, aparentemente con motivo de algunas desavenencias mantenidas con un socio en el país de origen. Inicialmente, se establecieron en Montevideo, donde habrían contado con lazos familiares. Más tarde, Juan arribó a la República Argentina y, tras poco tiempo, inició el emprendimiento fabril en Valentín Alsina (Ibarra, 1998a, p. 6). Este atravesaría por diversas etapas, hasta su definitiva desaparición.

A principios del siglo xx, Juan Campomar equipó su industria con modernas máquinas que posibilitaron la producción de hilados, peinados y casimires. Estas mejoras tecnológicas hicieron que la empresa ganara relevancia dentro del sector. Además, en 1903, la fábrica de la localidad pasó a formar parte de un conjunto de establecimientos de la firma Campomar & Soulas, que comprendería también la hilandería de lanas peinadas ubicada en Avellaneda (Pavón –actual Hipólito Yrigoyen– 177) y la fábrica de paños y casimires emplazada en el barrio porteño de Belgrano (Blanco Encalada 1550), tres grandes plantas donde se realizaba la totalidad del ciclo productivo (Hora, 2009, p. 329; Ibarra, 1998a, p. 6). Eduardo Soulas, flamante socio de Campomar, era un importante comerciante de lanas desde las últimas décadas del siglo anterior (Hora, 2009, p. 329). Por su parte, la localización de las oficinas de la firma en Alsina 930 (que muestra la Figura 7) era un rasgo común respecto de otras empresas de origen español, concentradas en el barrio de Monserrat (Fernández, 2006, p. 220).

Figura 7. Logotipo de las industrias Campomar y Soulas (1919)

Fuente: FOGA, Fondo Campomar.

Cabe recordar aquí que existen posiciones historiográficas contradictorias acerca de los efectos de la Gran Guerra en lo que refiere al desarrollo de la industria local. Mientras que una visión más antigua solía sostener la existencia de un impulso para el sector secundario, vinculado a estos acontecimientos internacionales y en virtud de la necesidad de proveer al mercado interno de mercancías que anteriormente solían importarse, otra más reciente ha puesto de manifiesto que lo que predominó fue un impacto negativo, con motivo de la dependencia de la manufactura local respecto de las materias primas e insumos extranjeros (Barbero y Rocchi, 2002, p. 63).

No obstante, hubo excepciones, como fue precisamente la rama textil, que contaba con capacidad productiva suficiente y materia prima nacional (Barbero y Rocchi, 2002, pp. 62-62). En particular, las tejedurías lograron exportar paños y frazadas para el abastecimiento de los países de la Entente. Debemos tener en cuenta que la crisis económica de 1890 ya había generado efectos sustitutivos en esta rama, que hacia 1908 empezaba a crecer en significación dentro de las industrias nacionales, a pesar de la fuerte competencia extranjera en materia de artículos de vestir (Barbero y Rocchi, 2002, pp. 62-63; Dorfman, 1986, pp. 348-349). Para Adolfo Dorfman (1986), fue precisamente en las industrias textiles donde se operó la transformación más interesante durante la contienda internacional. Además de la exportación a Europa, se destacó el avance en cuanto a la provisión local de materias primas, a través del progreso de los lavaderos de lana (pp. 347-348). Estos cambios cualitativos se acentuaron durante la década de 1920, por medio de un proceso de modernización, integración para sustituir insumos y diversificación productiva y de mercados (Barbero y Rocchi, 2002, pp. 65-67).

En particular, hacia 1915 la empresa Campomar se encontraba en una situación de plena expansión, vinculada fundamentalmente a la fabricación de mantas para el gobierno francés, durante la Gran Guerra (Alfaneque, 1915, p. 3). En aquel año, Juan y su esposa María Scasso, junto con sus hijas menores, emprendieron un viaje a España, para alejarse del invierno local, debido a un desmejoramiento de la salud del jefe de familia.

Si observamos la correspondencia intercambiada por los miembros de la familia Campomar, nos es posible tomar nota de algunos de los principales asuntos que enfrentaba la empresa por aquellos días.

En lo que refiere concretamente a la fábrica de Valentín Alsina, entre los meses de mayo y septiembre se concretó la construcción de un galpón, cuyos avances fueron motivo de varios de los intercambios epistolares (C. Campomar, 10 de junio de 1915; C. Campomar, 1.º de agosto de 1915; Miguel Campomar, 12 de mayo de 1915; Miguel Campomar, 22 de mayo de 1915; Miguel Campomar, 11 de junio de 1915; Miguel Campomar, 17 de junio de 1915; Miguel Campomar, 26 de junio de 1915; Miguel Campomar, 31 de julio de 1915; Miguel Campomar, 14 de agosto de 1915; Miguel Campomar, 2 de septiembre de 1915).

Por otra parte, el contexto de guerra y su relación con la producción de la industria también resultaron cuestiones de importancia. Además de los envíos de mantas a Francia, las cartas dan cuenta de la visita de un ministro ruso interesado en estos artículos a la fábrica de Valentín Alsina y de la buena recepción de las noticias acerca de la entrada de Italia en el conflicto bélico, así como la prolongación de este (C. Campomar, 10 de junio de 1915; Miguel Campomar, 29 de mayo de 1915; Miguel Campomar, 10 de julio de 1915; Miguel Campomar, 2 de septiembre de 1915). Al respecto, Eduardo Soulas (19 de agosto de 1915), encontrándose en la comuna francesa de Lamalou-les-Bains, relataba a Juan Campomar los acontecimientos de la guerra, señalando que “todo el mundo está conforme en luchar hasta el extremo”.

Asimismo, en mayo de 1915 Miguel Campomar (29 de mayo de 1915) informó a su padre sobre la cuestión de Italia, en este caso, con la intención de tranquilizarlo sobre el posible enrolamiento de empleados de la fábrica:

… aquí hay mucho entusiasmo, cantidad de personas van a enrolarsce [sic] y se calcula en unos 40.000 italianos los que saldran [sic] para la guerra por las fábricas pocos son los que se han movido, en Belgrano hay 1 y lo mismo en Alsina asi [sic] que el peligro que había de ese lado desaparece.

El 22 de junio de 1919 se produjo el fallecimiento de Juan Campomar (“A cien años”, 1961, p. 11), de modo que la empresa se vio imbuida en un importante cambio generacional y se inició una distribución de las tareas entre los hijos de la pareja que aquel había conformado con María Scasso. Por ese entonces, las tres fábricas alcanzaban el número de dos mil obreros empleados y una producción de siete mil metros de paño y dos mil frazadas por día, entre otros artículos. Además, Juan Campomar había invertido los beneficios extraordinarios obtenidos durante la Gran Guerra, de más del 20 % anual, tanto en la actividad rural como en la financiera (Hora, 2009, p. 329).

De allí en adelante y hasta la década de 1960, la empresa sostendría un importante ritmo de crecimiento de la mano de la labor de los herederos. En 1923, la firma había aumentado su capital al doble y el número de obreros empleados alcanzaba a 2500 (Hora, 2009, p. 329). Por otra parte, hacia 1925, la empresa integraba la Cámara Española de Comercio y formaba parte del grupo destacado por su antigüedad en la entidad y porque solía proporcionar los dirigentes de esta (Fernández, 2006, p. 220).

No obstante, la historia de Campomar terminaría con la concreción de un proceso que podríamos calificar de “vaciamiento”. En el año 1968, la familia vendió su paquete accionario a un grupo delictivo, liderado por militares retirados, que emprendió maniobras fraudulentas similares sobre quince importantes empresas nacionales. En el caso particular de Campomar, la venta de las acciones fue seguida poco después por la declaración de quiebra de la Justicia (en función del incumplimiento de un acuerdo previo, vinculado a la convocatoria de acreedores). El lapso entre uno y otro acontecimiento daba tiempo al directorio para vender los bienes de la empresa a otra, a precios bajísimos, concretando el proceso al que nos referíamos al principio de este párrafo (Ibarra, 1998b, p. 5; “La Justicia decretó”, 1970, p. 10; “La masacre de empresas”, 190, p.2).

4.1.2. Campomar y la comunidad

Para comenzar con este apartado, es preciso señalar que la industria Campomar mantuvo vínculos de singular importancia tanto con el conjunto de la población de la localidad de Valentín Alsina como con la colectividad española de la zona.

En lo que refiere a la primera relación, a partir de 1920, el grupo Campomar inició la promoción de una serie de actividades destinadas a fomentar un acercamiento con los trabajadores de la industria y con la comunidad en general, tras un periodo de intensa conflictividad obrera, al que nos referiremos luego con más detalle. De la mano de la Asociación Católica de Obreros Textiles y Empleados de Campomar (ACOTEC), creada por iniciativa de Jaime Campomar, uno de los hijos de Juan, se realizaron aportes educativos, sociales y culturales, tanto en Belgrano como en Valentín Alsina (Ibarra, 1998b, p. 5).[2] Esta idea contó fundamentalmente con la inspiración del ideario católico a través de la figura de monseñor Miguel de Andrea, quien participó de la fundación de la Liga Patriótica Argentina en 1919 y actuó en el terreno social a través de la organización de un activo movimiento socialcristiano, basado en la idea de fortalecer el acercamiento entre las clases altas y las fracciones más cultas de las clases populares (Ibarra, 1998b, p. 5; Lida, 2013, pp. 12-13, 39). En este sentido, la experiencia de Campomar no resultó una excepción. Muy por el contrario, se inscribió dentro de los rasgos comunes de las más importantes empresas textiles del periodo de entreguerras, lideradas por empresarios católicos, que promovieron el paternalismo empresarial (concepto al que nos referiremos con más detalle en las conclusiones de este capítulo) e inclusive la conformación de sindicatos afines. En este sentido, la conducta de Jaime Campomar era semejante a la de Julio Steverlynk, titular de la Algodonera Flandria y ejemplo paradigmático de este tipo de empresariado (Ceva, 2010, pp. 66-69; Lida, 2013, p. 175).

Si bien los emprendimientos deportivos, educativos, recreativos y de asistencia sanitaria parecieron haber tenido una mayor envergadura en el caso de Belgrano, los aportes de la empresa Campomar al desarrollo de la localidad de Valentín Alsina no resultaron menores (“Bodas de oro”, s. f.). Inclusive, los miembros de la familia colaboraron a título personal a través de distintas acciones.

Por ejemplo, la parroquia local funcionó en un emplazamiento provisorio entre 1908 y 1926. La sede definitiva (Pres. Tte. Gral. Juan Domingo Perón –ex Boulevard Valentín Alsina– 2998) comenzó a construirse en 1923, luego de que María Scasso donara el predio donde se ubicaría (Álbum Argentino, 1910, p. 122; Álvarez, 2014, p. 6; Marta Campomar, s. f.; De Paula, Gutiérrez y Viñuales, 1974, pp. 133-134; Levitán, 1993, p. 190; Scaltritti, s. f., pp. 3-6). La advocación (San Juan Bautista), por su parte, fue elegida para homenajear al recientemente fallecido Juan Campomar. Asimismo, el testamente de su hijo Carlos previó la donación de dinero a varias instituciones, entre ellas la mencionada parroquia.

Además, la familia empresaria también contribuyó parcialmente a la construcción del sanatorio La Española y promovió la creación de bibliotecas, guarderías infantiles y del hogar de ancianos Carlos Campomar (“Cuantiosa Fortuna”, s. f.; Ibarra, 1998c, p. 5).

Figura 8. Placa conmemorativa en honor a Juan Campomar y María Scasso, ubicada en la fachada de la parroquia San Juan Bautista de Valentín Alsina

Fuente: fotografía gentileza de Natalia Martínez Sayé (febrero de 2020).

Al mismo tiempo, la comunidad de Valentín Alsina dio muestras de reconocimiento a la acción de la familia. A modo de ejemplo, podemos citar dos ocasiones. En primer lugar, la elección por unanimidad, durante una asamblea de socios, de Carlos Campomar como presidente de la comisión honoraria del club local El Aeroplano (Club Atlético El Aeroplano, 7 de mayo de 1917). Por otra parte, en 1921, la Intendencia de Avellaneda otorgó el nombre de Juan Campomar a una plaza ubicada en la zona, acción iniciada con motivo de una solicitud presentada por la Sociedad de Fomento de Valentín Alsina (Intendencia Municipal de Avellaneda, 14 de noviembre de 1921).

Sin embargo, aquello no implicó la existencia de un vínculo completamente armónico. Muy por el contrario, en el contexto de la conflictividad obrera antes mencionada, un volante describía la relación entre la industria y la localidad de la siguiente manera:

Juan Campomar tenía al pueblo de V. Alsina bajo su bota; y cuando sus esclavos se revelaban [sic] porqué [sic] querían más pan y menos horas de trabajo (porque el cansancio y el hambre les obligaba a pedirlo) cerraba las puertas de “su” fábrica por seis (6) meses y él se iba a Montevideo, hasta tanto “sus” esclavos le pedían abriera por favor otra vez la fábrica que tenían hambre (“Felicitaciones a los obreros”, 1919).

En cualquier caso, no resulta difícil coincidir con María Inés Fernández y Miriam Legnazzi (2012), quienes señalaron que “Campomar fue núcleo fundacional y elemento de identidad colectiva de un barrio, Valentín Alsina”.

Por su parte, el lazo de la industria con la colectividad española de la zona también queda demostrado. En primer lugar, por las referencias al carácter preferencial que se otorgó a la incorporación a la fábrica de inmigrantes de origen español, especialmente catalán. Si bien no contamos con la información desglosada por nacionalidad, y tampoco por región, es de interés señalar que, con motivo del censo efectuado en 1895, la fábrica Campomar declaró contar con 150 empleados. De ellos, 139 eran extranjeros y apenas once, nativos (Poder Ejecutivo Nacional, 1895, f. 144).

Pero, por citar un ejemplo más concreto sobre la presencia de los españoles, a continuación nos referiremos con más detalle al contexto de las huelgas que afectaron a la empresa en 1919.

Se trató de un conflicto originado en la fábrica de Belgrano, que se extendió a lo largo de tres meses. Se reclamaba con motivo de la excesiva extensión de la jornada laboral y por mejoras salariales. El movimiento, que no resultó exitoso, parece haber sido liderado por anarquistas y socialistas, y pudo haber resultado influenciado por el clima de la Semana Trágica (Ibarra, 1998b, p. 5). Durante este periodo, se difundió un volante dirigido a los españoles de Valentín Alsina y, en particular, a los catalanes. En este se acusaba a José Solá, peluquero de la zona (del mismo origen), por ser confidente de la familia Campomar y transmitirle los comentarios realizados por los obreros en su local. Se lo sindicaba como “vergüenza de los Españoles [sic], especialmente de los regionalistas honestos y altivos” (“A los Españoles…”, 1919), a la vez que como exanarquista. En una publicación posterior, se mencionaría nuevamente a ese sujeto y se agregaría la referencia a un gerente de origen gallego, de apellido Galván (“A los obreros…”, 1920). A este se lo definía como “un burro que tiene nada mas [sic] en su conciencia que maldad, por ser bruto sin compacion [sic]…” (“Nota…”, s. f.). Simultáneamente, se lo acusaba de liderar un grupo de confidentes de la familia Campomar, al que se solía denominar “sagrada familia” (“A los obreros…”, 1920; “Manifiesto a los obreros…”, c. 1920).[3] Entre las condiciones para la vuelta a la labor, en mayo de 1919, los obreros de Valentín Alsina advirtieron a Miguel Campomar acerca del “no reconocimiento de superioridad a la persona del S. Joaquín Galván” (“Pliego…”, 1919). Tanto Solá como Galván eran también denunciados como “carneros” (“A los obreros…”, 1920).

La importancia del origen nacional en la selección de los obreros se vio ratificada por las apreciaciones vertidas por Nélida Cores (5 de mayo de 2013) en ocasión de una entrevista con María Inés Fernández y Lilian Legnazzi.[4] Aquella trabajadora, que ingresó a la fábrica Campomar de Valentín Alsina en 1944, sostuvo que la mayoría de los obreros eran españoles. Por nuestra parte, podemos señalar que los nombres de varios delegados que firmaron una carta dirigida a Miguel Campomar, en mayo de 1919, parecen sugerir la importante presencia de individuos de dicho origen: José Lagares, José Font, Joaquín Miguens y José Trillo (“Carta…”, 1919).

En términos más generales, el protagonismo de Juan Campomar en el ámbito asociativo español se hizo evidente con motivo de su fallecimiento, momento en el que las notas necrológicas destacaron su estrecha relación con la colectividad hispánica y sus miembros más representativos (“Notas necrológicas…”, 1919).

Sobre la participación de la familia Campomar en el plano político, hemos encontrado constancia del desempeño de Miguel Campomar en un cargo legislativo del partido de Avellaneda durante los años 1915, 1916 y 1917 (Municipalidad de Avellaneda, 1925, 196). Asimismo, desempeñó un importante rol en el movimiento antiautonomista que se produjo en la localidad a fines de la misma década, cuestión sobre la que volveremos a propósito de Ugolino Giardino (“Valentín Alsina…”, 5 de agosto de 1919, p. 5). Además, la firma fue socia del Centro Comercial e Industrial de Avellaneda (Centro Comercial e Industrial de Avellaneda, 1928, p. 137).

A pesar de no vincularse de manera directa con el desarrollo de la localidad de Valentín Alsina, la participación de la familia Campomar en la creación de la actual Fundación Leloir –instituto de investigaciones bioquímicas– merece un párrafo aparte, ya que muestra el carácter más ambicioso que fueron adquiriendo sus contribuciones a la comunidad. El Instituto de Investigaciones Bioquímicas Fundación Campomar (en adelante IIB) fue creado en 1947 por iniciativa de Jaime Campomar, a modo de homenaje a sus padres Juan y María, e inaugurado el día 3 de noviembre de dicho año. Se propuso el objetivo de realizar investigaciones básicas y formar investigadores y técnicos, bajo la forma de una entidad civil sin fines de lucro, y fue designado como director el ilustre científico Luis F. Leloir (IIB, 1951, p. 3).

Durante sus primeros cinco años de vida, la fundación llevó a cabo una importante tarea, dentro de la cual se destacaron la publicación de 29 comunicaciones científicas, la mayor parte de ellas en revistas especializadas extranjeras, la creación de becas para promover la formación de investigadores y la organización de una biblioteca. La labor valió que, en 1950, Luis F. Leloir recibiera el Premio Sociedad Científica Argentina en la rama de biología por el conjunto de sus trabajos, en especial los desarrollados en el marco de la institución con sus colaboradores, los doctores Ranwell Caputo, Carlos E. Cardini, Alejandro C. Paladini y Raúl E. Trucco (IIB; 1951, pp. 6, 13-14). Es preciso mencionar que Cardini era cuñado de Jaime Campomar e inclusive fue señalado como el consejero que lo llevó a vincularse con Houssay y Leloir, así como a favorecer sus actividades (IIB, 1973, p. 26). Según cuenta el propio Leloir, Jaime se entrevistó con Houssay, quien sugirió su nombre para la dirección del flamante instituto (Leloir, s. f., p. 60).

En cuanto a la financiación, es de destacar que la totalidad de los gastos efectuados en moneda nacional en la etapa comprendida entre mayo de 1947 y septiembre de 1952 fueron devengados por cuenta de Jaime Campomar, mientras que los realizados en dólares fueron el producto de los aportes de la Fundación Rockefeller y el Instituto McCollum-Pratt (IIB, 1951, p. 18).

Más tarde, en 1957, se produjo el fallecimiento de Jaime Campomar (IIB, 1982). Al año siguiente, la institución comenzó a vincularse asiduamente con la Universidad de Buenos Aires. Además, el instituto pasaría a formar parte del Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas (IIB, 1969, p. 3).

Podemos subrayar, por otra parte, que Carlos Campomar también se sumó como benefactor de la entidad y ocupó cargos directivos en esta. A su muerte, en el año 1978, una parte de su patrimonio fue destinada a las actividades del instituto (IIB, 1982).

Pero, con seguridad, el hecho más significativo en la vida de la institución fue el otorgamiento del Premio Nobel de Química a su director, el doctor Leloir, cuyo anuncio se realizó el 27 de octubre de 1970 (IIB, 1973, p. 30).

4.2. La trayectoria personal e industrial de Ugolino Giardino

Ugolino Giardino resultó el mayor exponente de una familia dedicada a la industria textil, en una localidad donde, como hemos visto, esta rama fabril tuvo siempre un rol protagónico. Ugolino no solo se destacó por la creación de una hilandería junto con su hermano Juan, sino que también cumplió con un importante liderazgo a nivel local, tanto en Valentín Alsina como en la villa veraniega que fundó en Córdoba. Para ello, contó con el inestimable aporte de su esposa, Juana Micono, a quien también nos referiremos.

Entonces, comenzaremos por concentrarnos en la trayectoria migratoria de Ugolino, desde su salida de la sociedad de origen hasta su asentamiento definitivo en Valentín Alsina. Luego, nos detendremos en los aspectos más sobresalientes de su rol como industrial y los progresos de la empresa. Por último, como en el caso de Campomar, retomaremos la cuestión de los vínculos con la comunidad. En esta ocasión, estos tampoco se limitaron exclusivamente a la localidad de Valentín Alsina, sino que se extendieron a través del protagonismo de los Giardino-Micono en Villa Giardino (Córdoba).

4.2.1. Entre la península itálica y la Argentina

La familia Giardino es originaria de Trivero, provincia de Biella (Piamonte, Italia).[5] El matrimonio conformado en 1865 por Alejandro Giardino y María Verzoletto tuvo un total de dieciséis hijos, de los cuales lograron sobrevivir los siguientes siete: Juan, Silvestre, Siler, Félix, Ugolino, Irma y Ugolina. Ugolino, el menor de los varones, nació el 26 de marzo de 1887 (Álvarez, 2000, p. 4; Giono de Micono, 2017, p. 23).

A excepción de Silvestre, que ya había formado su familia en la tierra de origen, padres e hijos emprendieron el viaje hacia el Río de la Plata en 1896. Según el testimonio de Ada Giono de Micono, al hacerlo, llevaron consigo dos telares manuales (Álvarez, 2000, p. 4; Giono de Micono, 2017, pp. 23-24).[6]

Cuando llegaron a Brasil, el viaje se vio complicado por la declaración de fiebre amarilla en el barco. Los pasajeros fueron sometidos a una cuarentena y debieron permanecer en Santos. Mientras trabajaba en una fazenda, se produjo la muerte de uno de los hermanos de Ugolino, Siler, cuando tenía apenas 19 años (Giono de Micono, 2017, p. 24).

En 1897, la familia volvió a viajar, rumbo a su destino definitivo: la Argentina. Inicialmente se radicaron en la zona de Congreso, donde instalaron sus telares para comenzar a trabajar. Por su parte, Ugolino se desempeñó como personal de servicio en una casona del mismo barrio. Precisamente, habría sido un evento ocurrido con la familia empleadora de Ugolino el que condujo a los Giardino a trasladarse a Valentín Alsina. Nuevamente según el relato de Ada Giono, Ugolino habría decidido irse de aquella casa tras un comentario de otros sirvientes, que le hicieron saber que el señor estaba dispuesto a “comprarlo” a sus padres. Tras escaparse y caminar largamente, habría llegado a Valentín Alsina. Allí, otro hecho casual lo llevó a conocer a Juan Campomar, que se encontraba junto con un grupo de obreros que cavaban zanjas en la zona. Luego de enterarse de que los Giardino eran hilanderos, Campomar le solicitó a Ugolino hablar con su padre, dado que necesitaban obreros especializados para su fábrica. Producto del ofrecimiento laboral, toda la familia se trasladó a Valentín Alsina, donde construyeron progresivamente su casa en Rosetti (actual Patxot) 2651 (Giono de Micono, 2017, pp. 24-26).

En esa vivienda, Ugolino conoció a quien sería su esposa, Juana Micono, dos años menor que él y del mismo origen. Allí se había instalado junto con su padre y su madre. Francisco Micono se desempeñó como sastre, mientras que las mujeres de la familia prestaron sus servicios en una casa particular. La llegada a la vivienda de los Giardino se produjo tras una experiencia fallida de Francisco como trabajador agrícola en la provincia de Córdoba. Una vez de regreso en Buenos Aires, se encontraba en una reunión de paisanos en Valentín Alsina, cuando relató su experiencia y Alejandro Giardino le ofreció la posibilidad de ocupar una habitación y una cocina en la casa familiar (Giono de Micono, 2017, p. 26).

Figura 9. Ugolino Giardino y Juana Micono en su domicilio
de Valentín Alsina (1919)

Fuente: Museo de la Casa Municipal de Villa Giardino (Córdoba, Argentina).

Cuando Ugolino y Juana contrajeron matrimonio, el 1.° de diciembre de 1910, él cumplía funciones en la fábrica Campomar, pero también era propietario de un pequeño almacén, que estaba a cargo de sus cuñadas. Más tarde, en un local del que su suegro era dueño, instalaron otro almacén y casa de comidas que atendía Juana. El emprendimiento incluía la entrega de pedidos a domicilio. Esta tarea la realizaba Ugolino, durante el horario previsto en la fábrica para el almuerzo. Dos años después, abandonaría su trabajo en Campomar, para dedicarse de manera exclusiva a su negocio (Giono de Micono, 2017, p. 27).[7] El matrimonio no tendría descendencia.

4.2.2. Instalación y desarrollo de la industria textil de Ugolino y Juan Giardino

El origen de la empresa textil de Ugolino y Juan Giardino data del 1.° de mayo de 1920, cuando los hermanos instalaron algunas máquinas en un pequeño establecimiento de la calle Boulevard Alsina (actual Pte. Tte. Gral. Juan Domingo Perón) 3069, el cual empleó a un total de veintidós obreros (Hilanderías y Fábrica de Tejidos Ugolino y Juan Giardino, 1945).

Figura 10. Primer establecimiento de la fábrica de los hnos. Giardino y personal (ca. 1920)

Fuente: Hilanderías y Fábrica de Tejidos Ugolino y Juan Giardino, 1945.

Según el relato de Ada Giono de Micono, la idea de la fábrica surgió durante el viaje de luna de miel de sus tíos a Montevideo, el cual, por otra parte, se había pospuesto por el término de diez años. Durante el traslado en barco, Ugolino habría trabado conversación con un señor de apellido Bancalari, que le comentó acerca de su intención de instalar una hilandería y le propuso que fueran socios. Disconforme con la idea de realizar él el trabajo y que otra persona obtuviera los beneficios, Ugolino optó por comprarle su parte y quedarse con la fábrica. Para dirigir el establecimiento pensó en su hermano Juan, que por ese entonces era capataz de cardas de la firma Campomar y Soulas (Giono de Micono, 2017, pp. 27-28).

La expansión de la fábrica resultó muy rápida. Por ese motivo, los hermanos Giardino adquirieron un local en la calle Remedios de Escalada de San Martín 2328, de la misma localidad de Valentín Alsina, con la finalidad de disponer de la primera tintorería para la firma. En 1928, los obreros que trabajaban ya se contaban en 700 y la fábrica se especializaba en la producción y venta de artículos variados: frazadas, mantas, lanas de tejer y telas cardadas. Más tarde, se ocuparon de la instalación de una hilandería de lanas peinadas, a los fines de expandir la producción, incorporando la de casimires y telas finas. Asimismo, en 1935, se anexó una hilandería de algodón, para completar la disponibilidad de materias primas de origen nacional. Con la continuidad del progreso de la firma, en los albores de la década de 1940, las instalaciones de la empresa habían crecido considerablemente en extensión, pero además se contaban por miles los obreros empleados (Hilanderías y Fábrica de Tejidos Ugolino y Juan Giardino, 1945).

Figura 11. Establecimientos de la fábrica de los hnos. Giardino
en Valentín Alsina (ca. 1945)

Fuente: Hilanderías y Fábrica de Tejidos Ugolino y Juan Giardino, 1945.

El 16 de agosto de 1941, la firma quedó legalizada bajo la forma de una sociedad anónima, con el nombre de Hilanderías y Fábrica de Tejidos Ugolino y Juan Giardino. No obstante, la conformación de su directorio continuaba evidenciando la naturaleza de una empresa familiar. En este se destacaba la figura de Domingo Micono, cuñado de Ugolino y secretario-gerente, a quien nos volveremos a referir luego, con motivo del desarrollo de la villa veraniega en Córdoba. En ese directorio, también sobresalía Eugenio Blanco,[8] quien más tarde se desempeñaría como funcionario nacional (Hilanderías y Fábrica de Tejidos Ugolino y Juan Giardino, 1945).

Pronto se sumarían a los establecimientos de la empresa fábricas en las localidades de San Justo (la cual iría reemplazando a la de Valentín Alsina tras su cierre) y Banfield (Giono de Micono, 2017, pp. 27-28).

Según recuerdan las memorias escritas en 1945 con motivo de los 25 años de la firma, esta había llegado a satisfacer en buena medida las necesidades del mercado interno argentino y las del Gobierno nacional (Hilanderías y Fábrica de Tejidos Ugolino y Juan Giardino, 1945). No obstante, la fábrica de Valentín Alsina cerró sus puertas en 1946, poco antes del fallecimiento de Juana Micono y una década antes del de su marido Ugolino (Álvarez, 2000, pp. 6-8).

Cabe señalar que anteriormente, en 1944, se produjo la unión de Ugolino y Juan Giardino con el emprendimiento de otra parte de la familia, Giardino y Cía., que había encabezado Félix (hermano de Juan y Ugolino) hasta su fallecimiento en 1941. Esta asociación resultó en que se instalara una fábrica en la localidad de Villa Caraza, del mismo partido de Lanús, cuyo nombre fue La Proveedora y funcionó hasta fines de la década de 1950. No obstante, la tradición textil de la familia no se interrumpió allí. Osvaldo Giardino, con cuyo testimonio contamos para la elaboración de estas páginas, es nieto de Félix (padre de su mamá, Palmira) y sobrino-nieto de Ugolino y Juan. Su padre Dino, también de apellido Giardino, arribó a la Argentina en 1926 y más tarde se desempeñó como capataz de La Proveedora. Por su parte, el propio Osvaldo fue propietario de un importante comercio vinculado al rubro, en Valentín Alsina. Denominado Dino, en honor a su padre, comercializaba indumentaria masculina de la línea Suixtil, con la que sus tíos estuvieron vinculados (Osvaldo Giardino, 21 de enero de 2019).

4.2.3. Giardino y la comunidad

En las próximas páginas nos dedicaremos a evidenciar los vínculos que la industria Giardino mantuvo con la comunidad, tanto a nivel de la empresa como de Ugolino Giardino a título personal. Comenzaremos por referirnos a los que hacen al desarrollo de la localidad de Valentín Alsina y el partido de Avellaneda en general, para luego dedicarnos a las particularidades de la creación de Villa Giardino, en la provincia de Córdoba.

Al igual que ocurrió con la industria Campomar y los emprendimientos sociales impulsados por Jaime, también los Giardino construyeron su propia “obra social” en Valentín Alsina. A propósito de ello, el libro confeccionado con motivo de las bodas de plata de la firma destaca dos acciones. En primer lugar, la implementación de una colonia de vacaciones en Villa Giardino, a la que asistían los hijos e hijas de los obreros de la fábrica entre los meses de diciembre y marzo, por veinte o treinta días, en contingentes de sesenta o setenta niños. Los costos de los pasajes, el personal destinado a acompañarlos y la atención médica corrían por cuenta de la empresa. Por otra parte, se mencionaba el funcionamiento de un club, destinado a las prácticas deportivas, dentro del establecimiento. El libro en cuestión anunciaba la próxima mejora de sus instalaciones, así como la inminente construcción de una iglesia, una escuela y un hospital (Hilanderías y Fábrica de Tejidos Ugolino y Juan Giardino, 1945).

Por otra parte, Juan y Ugolino Giardino participaron activamente de las entidades empresarias de Avellaneda, a través de sus tareas en el Centro Comercial e Industrial del partido. En este sentido, no solamente fueron socios de la institución (Centro Comercial e Industrial de Avellaneda, 1928, p. 141). Ugolino se desempeñaba como síndico de la rama de “Tejidos” en ocasión de las bodas de plata del centro (Centro Comercial e Industrial de Avellaneda, 1928, p. 79). Además, la firma resultó distinguida durante la entrega de medallas y diplomas que se efectuó con motivo de su 50.° aniversario (Centro Comercial e Industrial de Avellaneda, 1953, p. 41).

De igual modo, según los relatos de Osvaldo Giardino y Ada Giono de Micono, Ugolino también habría ocupado funciones directivas en el Banco Comercial e Industrial de Avellaneda (que comenzó a funcionar en 1913) y la compañía de seguros La Comercial e Industrial de Avellaneda (creada en 1919), ambas instrumentadas en el marco de las actividades del centro (Centro Comercial e Industrial de Avellaneda, 1928, pp. 10-11; Osvaldo Giardino, 21 de enero de 2019; Giono de Micono, 2017, p. 32). Al mismo tiempo, Ugolino habría promovido la instalación en Valentín Alsina de una sucursal del Banco de Italia y Río de la Plata (Giono de Micono, 2017, p. 32).

Por otra parte, Juan y Ugolino se encontraban fuertemente vinculados a distintas autoridades políticas y a miembros representativos de la Iglesia católica. Eran habituales los banquetes realizados con ellos en las instalaciones de la fábrica (Osvaldo Giardino, 21 de enero de 2019). Entre las figuras que solían asistir, se encontraba Monseñor de Andrea, a quien ya nos referimos por sus vínculos con la familia Campomar.

Asimismo, los testimonios de Osvaldo Giardino y Ada Giono de Micono coinciden en señalar una presunta participación política de Ugolino Giardino como concejal de Avellaneda por la Unión Cívica Radical y como candidato para desempeñar el cargo de intendente (Osvaldo Giardino, 21 de enero de 2019; Giono de Micono, 2017, p. 32).[9] A propósito de esta labor política de Ugolino, cabe también desatacar que Ada Giono (2017) hace referencia a un hecho central en la vida de su tío: una detención de la que fue víctima en 1947, durante el gobierno justicialista. Si bien resultó declarado libre de culpa y cargo, según la perspectiva de la familia, este acontecimiento precipitó el desmejoramiento del estado de salud de Juana Micono y su posterior fallecimiento ese mismo año (pp. 30-31).

De lo que sí tenemos suficiente constancia es de la importante participación de Ugolino en el movimiento de oposición desarrollado en Valentín Alsina con motivo de la intención de crear el partido de Hipólito Vieytes, al que ya nos hemos referido. En este contexto, Ugolino Giardino se desempeñó como presidente de una de las dos agrupaciones que representaron la postura antiautonomista y se pusieron al frente de las iniciativas para evitar la creación del nuevo partido, el Comité pro-separación de Valentín Alsina de la Autonomía de Lanús. Este fue creado durante una asamblea celebrada en la Sociedad Italiana de Socorros Mutuos y fue presidida provisoriamente por el propio Ugolino. Allí se designó una Comisión Honoraria de la que formarían parte industriales, comerciantes y profesionales de la zona, entre ellos Miguel Campomar (como ya señalamos) y el Frigorífico Wilson (“Valentín Alsina…”, 5 de agosto de 1919, p. 5). Unos días después, se encontraría plenamente constituido el comité, con la confirmación de Ugolino Giardino como presidente y la compañía de una serie de industriales relevantes: Campomar, Frigorífico Wilson, Rafael Oliver y Cía., Caimari, Homar y Cía., J. Y. Zavaleta y Risotto.

A partir de aquí, nos dedicaremos a describir un aspecto muy particular de la relación de Ugolino y su esposa Juana Micono con la comunidad: la fundación de Villa Giardino. Esta villa veraniega se ubica en el Departamento de Punilla, en el extremo noroeste del valle homónimo, en el territorio de la provincia de Córdoba (Camarca, 2009, p. 17).

Existen dos versiones, derivadas de testimonios, acerca de cómo comenzó el vínculo de los Giardino con la zona. El relato de Ada Giono de Micono señala que fue con motivo de las tareas comerciales de la firma, de las que Ugolino se ocupaba personalmente. Hacia 1938, él y su esposa, junto con Manuel Pandiela (representante de la empresa para Rosario, Litoral y Tucumán), habrían realizado un viaje a Córdoba y disfrutaron de las sierras, alojándose en el hotel Alto de San Pedro. Ante la pregunta de los visitantes sobre el lugar, el encargado les habría comentado que la estancia homónima, dentro de la cual el hotel se encontraba ubicado, sería rematada judicialmente (Giono de Micono, 2017, p. 29). Por otro lado, el testimonio de Nina Micono, hija de Ada Giono y Domingo Micono –hermano menor de Juana–, refiere que la historia se habría iniciado durante una caminata de su madre junto con Juana Micono, las cuales vacacionaban en la localidad vecina de La Falda. Al llegar a la zona donde se ubicaría el pueblo, Juana habría quedado maravillada por su belleza y cierto parecido con su lugar de origen, razón por la cual insistiría a Ugolino sobre la compra (Municipalidad de Villa Giardino, 2019). En lo que sí hay coincidencia es en que este último decidió hacerse con la propiedad de la estancia y encargó las gestiones a Domingo Micono. Por su intermedio, se hicieron cargo de la deuda contraída por el antiguo propietario, Dr. Tomás Varela, y concretaron la adquisición (Camarca, 2009, p. 9; Giono de Micono, 2017, p. 29).

El mentado Dr. Varela ya había promovido el turismo en la zona, ayudado por la presencia de la estación de ferrocarril en los terrenos de Miguel Thea. Este ingeniero italiano fue pionero en la explotación de piedra caliza en la zona y donó las tierras para la instalación del ramal que unía Córdoba con Cruz del Eje, vital para el traslado de su mercancía (Camarca, 2009, p. 9; Loyola y Rosales, 2005, pp. 16-17).

Figura 12. Anuncio del remate de lotes del 9 de abril de 1939 en el pueblo Alejandro Giardino

Fuente: archivo personal del historiador local de Villa Giardino, Roque Rosales (Villa Giardino, Córdoba).

Finalmente, el 9 de abril de 1939, domingo de Pascuas, se efectuó el primer remate de lotes (Camarca, 2009, p. 14; Giono de Micono, 2017, p. 29; Loyola y Rosales, 2005, p. 18). En el anuncio que reproduce la Figura 12, se destacaban los beneficios que se otorgarían a los adquirientes: facilidades de pago y diez mil ladrillos gratis para los compradores que se comprometieran a edificar dentro del plazo de seis meses. Al respecto, son de destacar tres cuestiones. Por un lado, que este procedimiento de ayuda para la construcción no se limitó al caso del pueblo Alejandro Giardino, como fue bautizado en honor al padre de Ugolino y Juan. Según el testimonio de su sobrino-nieto Osvaldo, la misma modalidad fue habitual, por ejemplo, en el vínculo entre patrones y obreros en la fábrica de Villa Caraza (Osvaldo Giardino, 21 de enero de 2019). Por otra parte, la urgencia por edificar fue hecha propia por la familia vinculada a la industria textil. De hecho, entre los sitios indicados para la consulta sobre el loteo figura el denominado Chalet Giardino de la villa veraniega. Conocido como Villa Juanita, en la actualidad es habitado por descendientes de la familia Micono. Finalmente, existen testimonios de la activa promoción que la familia realizó sobre las ventajas del pueblo, incluidos viajes a su cargo, para promover la venta de lotes, algunos de los cuales fueron luego donados por sus propietarios para diversos emprendimientos vinculados a la comunidad (“Marvis Kjuder”, 2005, p. 47; Roque Rosales, 26 de mayo de 2019). Entre los compradores, se destacaron figuras del ambiente artístico, como Tito Lusiardo e Iris Marga. Esta última destinó los lotes adquiridos para la edificación de la Casa del Teatro de Gente de Teatro (hoy Asociación Argentina de Actores). Por su parte, la familia Sedy, liderada por un hilandero de origen checoslovaco, se radicó en Villa Giardino y emprendió la producción de alfombras, lo cual dinamizó la demanda de mano de obra en la zona (Camarca, 2009, p. 27; Loyola y Rosales, 2005, p. 27).

Finalmente, el pueblo fue fundado de manera oficial el 24 de septiembre de 1939 (Figura 13), con la asistencia de Ugolino y Juana (Roque Rosales, 26 de mayo de 2019). La labor del matrimonio fue realmente activa a lo largo del tiempo. Aún después de su fallecimiento, esta continuó a través de las gestiones de otros parientes, principalmente los de la familia Micono.

Figura 13. Fundación oficial del pueblo Alejandro Giardino.
Colocación de pergaminos recordatorios (24 de septiembre de 1939)

Fuente: archivo personal del historiador local de Villa Giardino, Roque Rosales (Villa Giardino, Córdoba).

La primera obra de importancia iniciada por la familia fue la construcción de la Iglesia Nuestra Señora de Lourdes, la cual comenzó en 1942 y finalizó con la inauguración, el 11 de febrero de 1943 (Camarca, 2009, p. 38). Esta iglesia y el Instituto Juana Micono de Giardino, que comenzó a funcionar en sus inmediaciones en el mismo año 1942, se encuentran bajo la dirección de la Congregación de la Virgen Niña, cuyo convento se ubica en el mismo predio que las instituciones anteriores (Camarca, 2009, p. 48; Giono de Micono, 2017, pp. 33-34).

En la iglesia, descansan los restos de Ugolino Giardino y Juana Micono,[10] mientras que la entrada del colegio se encuentra presidida por una escultura que representa a Juana rodeada por varios niños (Figura 14). A propósito de esto, la relación privilegiada de los benefactores con los niños de la localidad queda ilustrada por varios testimonios de pobladores de Villa Giardino, que recuerdan las contribuciones de Juana en las celebraciones de la primera comunión y las visitas realizadas a Villa Juanita, en especial durante las fiestas patrias, cuando los desfiles culminaban con la entrega de dulces en su casa (Barrionuevo, 2017, p. 140; “Inés Rivero”, 2005, p. 52).

Figura 14. Escultura en honor a Juana Micono de Giardino
(Instituto “Juana Micono de Giardino, Villa Giardino, Córdoba, Argentina)

Fuente: fotografías de Denise Ganza (mayo de 2019).

Por otra parte, el matrimonio de Juana y Ugolino, así como familiares de generaciones posteriores, contribuyeron a la creación de numerosas obras e instituciones a través de donaciones diversas: el dique San Juan para la provisión de agua corriente y la usina eléctrica de la localidad, la sala de cine-teatro Alejandro Giardino (donde funcionó la primera sociedad de fomento de la villa veraniega), la Casa del Teatro, el Correo, la Policía, el Edificio Municipal, la Gruta de Nuestra Señora de Lourdes, la Maternidad y Sala de Primeros Auxilios Juana Micono de Giardino (establecimiento considerado modelo en su época), el Jardín de Infantes Irma Giardino de Giono, la escuela y jardín de infantes Esteban Echeverría y otros institutos educativos (Giono de Micono, 2017, p. 30; Loyola y Rosales, 2005, p. 30).

Para finalizar este apartado, es de destacar que, con motivo de la obra realizada en particular en Villa Giardino, Ugolino fue beneficiado con el otorgamiento del título de conde papal por el sumo pontífice Pío XII, el mismo que autorizó que los restos del matrimonio pudieran ubicarse detrás del altar de la iglesia local (Osvaldo Giardino, 21 de enero de 2019; Loyola y Rosales, 2005, p. 32).

4.3. Reflexiones finales

Entre los muchos empresarios extranjeros que dinamizaron la industria nacional desde fines del siglo xix, en las páginas precedentes nos ocupamos de dos familias, los Campomar y los Giardino, ambas vinculadas a la industria textil, pero de origen español e italiano, respectivamente.

En cuanto a la industria Campomar, destacamos su evolución a lo largo de los años y, en especial, el auge de su producción en el contexto de la Primera Guerra Mundial. A pesar de la tarea exitosa de los herederos tras el fallecimiento de Juan Campomar, el final de la existencia de la empresa estaría marcado por una maniobra de “vaciamiento”.

A propósito de los Giardino, enfatizamos en la trayectoria migratoria de Ugolino, quien resultó el mayor exponente de una familia dentro de la cual muchos miembros estuvieron vinculados a la industria textil. Relatamos su viaje desde Italia, sus primeros tiempos en la Argentina, la radicación en Valentín Alsina y su matrimonio con Juana Micono y, por último, las vicisitudes de la instalación y evolución de la empresa que fundó junto con su hermano Juan.

No obstante, en estas conclusiones nos interesa concentrarnos en los aspectos más sobresalientes de su vínculo con la comunidad, al mismo tiempo que ofrecer un análisis basado en algunos conceptos propicios a la hora de contextualizar la actuación de Campomar y Giardino dentro del panorama de la industria local.

Al respecto de lo primero, no son pocas las similitudes registradas en ambos casos. Tanto en uno como en el otro se observaron importantes contribuciones en los terrenos educativo, social, cultural y sanitario. Asimismo, las industrias Campomar y Giardino, de la mano de sus autoridades, se vieron influenciadas por el ideario católico y mantuvieron relaciones fluidas con miembros de la Iglesia, aspectos sobre los que abundaremos luego.

En cuanto a las diferencias, la participación de Campomar en la creación de la Fundación Leloir, por un lado, así como la fundación de una villa veraniega por parte de Ugolino Giardino y su esposa Juana Micono (con una activa participación de otros miembros de la familia a lo largo del tiempo), por el otro, resultan particularidades dignas de destacar.

De igual modo, es de señalar que las fuentes con las que contamos para el caso de Campomar no solo nos permitieron acceder al rol de la empresa como benefactora para el desarrollo local y al reconocimiento por parte de la población de la localidad, sino que también posibilitaron un acercamiento a la intensa conflictividad obrera que se desarrolló hacia 1919. En este marco, pudimos observar tanto la preferencia por la contratación de obreros de origen español como el hecho de que la nacionalidad en común no logró evitar los reclamos y la tensión. Las fuentes consultadas para el caso de Giardino, probablemente por el predominio de los testimonios familiares relatados muchos años después, resultan opacas en este sentido.

Para culminar, entonces, procuraremos ofrecer un análisis a través de dos conceptos, el de notabilidad y el de paternalismo, que nos permitirán ubicar los casos de Giardino y Campomar dentro de fenómenos de un alcance más amplio. Tratándose de dos nociones largamente utilizadas en el campo de las ciencias sociales, es preciso aclarar que aquí nos referiremos específicamente al uso que han realizado algunas autoras que vincularon estas ideas con el fenómeno de la inmigración.

En cuanto a la primera de las categorías, Mónica I. Bartolucci se refiere a la figura del “notable” en el marco de su análisis sobre las estrategias de ascenso social de los inmigrantes italianos en Mar del Plata, a principios del siglo xx. Si bien esta autora le otorga un lugar central a la cuestión de la propiedad del suelo, algunos rasgos de su definición de notabilidad resultan elocuentes a la luz de nuestros casos:

… aquellos personajes que cumplieron funciones de servicio, desarrollaron actividades comerciales de cierta magnitud y desplegaron formas de intermediación social o económica al interior de la comunidad. Se trata de unas condiciones que, como esperamos mostrar, solían estar relacionadas con la propiedad del suelo urbano y cuyos sujetos sobresalían claramente -se notaban-, en un ámbito local donde los vínculos sociales se establecían cara a cara (Bartolucci, 2009, p. 16; el resaltado corresponde al original).

Junto con estos rasgos, otros que también están presentes en el análisis de Bartolucci (2009) son el carácter de figuras exitosas, dignas de imitar, que revisten estos notables, y sus gestos de protección y cooperación en el seno de la comunidad (pp. 108-110). En el primer caso, podríamos destacar la experiencia de movilidad social ascendente que protagonizaron Juan Campomar y Ugolino Giardino, inmigrantes que arribaron a la Argentina y lograron instalar empresas de notable éxito dentro de la rama textil, sobre la que poseían ciertos conocimientos técnicos derivados de la experiencia en la sociedad de origen. Por lo segundo, ya nos hemos referido largamente a sus similitudes y diferencias en cuanto a la relación con la sociedad.

En la misma línea, la actuación de Giardino y Campomar podría inscribirse dentro de lo que Beatriz Bragoni (1993) definió como la “voluntad legitimatoria de un grupo de origen inmigrante”, en el marco de su estudio sobre la bodega Escorihuela Gascón. Para la autora, la presentación de una trayectoria de ascenso social contribuía a materializar el mito de la Argentina como “crisol de razas” y podía actuar como un elemento descompresor de los conflictos sociales.

Sin embargo, la conflictividad registrada en el caso de Campomar podría matizar estas afirmaciones, aunque sea parcialmente, inclusive las relacionadas con la potencialidad de la apelación a la solidaridad nacional como mecanismo para atenuar el conflicto, puesta en práctica a través de la selección de trabajadores de igual origen étnico (Barbero y Felder, 1992, pp. 189-203; Prislei, 1985, pp. 3-6).

En lo que refiere a la noción de paternalismo, María Inés Barbero y Mariela Ceva (1997) resaltaron su peso significativo en la industria textil, al mismo tiempo que evidenciaron su continuidad hasta el siglo xx, cuando se vio revitalizado por los vínculos entre nacionalismo y catolicismo que caracterizaron al periodo de entreguerras. Ejemplificado a través del recorrido por las “dimensiones extraeconómicas del proyecto empresarial” (Barbero y Ceva, 1997, p. 269) encarnado por Julio Steverlynk, a la cabeza de Algodonera Flandria, las autoras destacaron no solo su carácter de estrategia de control social sino también la intención reformadora, orientada a mejorar la calidad de vida de los trabajadores y trasmitir valores morales y religiosos.[11]

De este modo, los emprendimientos de Campomar y Giardino, cuyo vínculo con el factor religioso fue evidente en muchos casos, parecen ubicarse dentro de los rasgos comunes adoptados por el paternalismo en la industria textil. Al respecto, cabe mencionar que la mayoría de las empresas textiles más importantes del periodo de entreguerras estaban en manos de empresarios católicos o que practicaban el paternalismo empresarial, lo cual retrasó la sindicalización de sus obreros, en tanto ya contaban con algunos de los beneficios que aquel podía significarles (Ceva, 2010, pp. 66-67).

En particular, la preocupación por el acceso a la propiedad de la vivienda, que mencionamos como una constante en los emprendimientos de Ugolino Giardino en todas las localidades en las que desarrolló sus actividades, guarda una relación estrecha con los postulados de la encíclica Rerum Novarum, en la que la propiedad es definida como un “derecho dado al hombre por la naturaleza” (Barbero y Ceva, 1997, p. 274; León XIII, s/f). En el mismo texto, se postula además el carácter favorable de la conformación de asociaciones entre los obreros católicos, incorporando aun a los hombres de fortuna que puedan colaborar (León XIII, s/f). A modo de ejemplo, podemos referirnos a la creación de ACOTEC por Jaime Campomar.

En síntesis, a lo largo de este capítulo creemos haber evidenciado el importante rol cumplido por los inmigrantes asentados en Valentín Alsina como pioneros de la industria nacional. Más allá de su relevancia en este sentido, hemos destacado sus vínculos con la comunidad en estos dos casos particulares, principalmente en el aspecto de sus contribuciones al desarrollo local, aunque también tuvimos la oportunidad de mencionar los rasgos conflictivos, además de ubicar el fenómeno dentro de un panorama más general.

Luego de ocuparnos de estas figuras “notables”, en el próximo capítulo pondremos el foco en la cuestión del asociacionismo, dimensión de la que participaron extranjeros y nativos de diversas características, incluidos quienes han sido examinados en estas últimas páginas.


  1. Desde ya, nuestro profundo agradecimiento a la Dra. Marta Campomar, actual vicepresidente de la entidad, que nos permitió y facilitó el acceso a este valioso repositorio perteneciente a su familia. Asimismo, agradecemos a todo el personal de la Fundación Ortega y Gasset Argentina por su gentil asistencia.
  2. Cabe agregar que también en Uruguay las firmas Salvo, Campomar y Cía. y más tarde Campomar y Soulas S. A. desarrollaron tareas de índole social: casas obreras, guardería, atención médica, club social, construcción de un estadio de fútbol y una plaza pública, entro otras iniciativas (Schonembohm, 1994, p. 19).
  3. Si bien no tenemos constancia de una relación certera entre ambas situaciones, es preciso mencionar que Miranda Lida, en su libro sobre Monseñor de Andrea, hizo referencia a la organización por parte del clérigo de la denominada Sociedad de la Sagrada Familia, grupo integrado por matronas de la alta sociedad que tenía a su cargo la protección de los Círculos de Obreros de diferentes barrios (Lida, 2013, p. 39).
  4. La entrevista fue efectuada con motivo de la preparación de un libro de María Inés Fernández y Lilian Legnazzi (2012).
  5. Sobre la importancia de esta región en cuanto a la procedencia de importantes empresarios textiles, véase María Inés Barbero (2015).
  6. Ada Giono de Micono fue, a la vez, sobrina (hija de Irma) y cuñada (esposa del hermano de Juana, Domingo Micono) de Ugolino Giardino. Ella y su marido se convirtieron en los principales herederos del matrimonio Giardino-Micono y continuaron su tarea filantrópica.
  7. Cabe aclarar, respecto de la boda, que se habría efectuado en la Catedral Nuestra Señora de la Asunción de Avellaneda. Sin embargo, se intentó certificar la fecha indicada sin éxito a través de la búsqueda en la página web Family Search y presencialmente. En este último caso, se revisó el índice, entre los años 1907 y 1917.
  8. Eugenio Alfredo Blanco nació en la Capital Federal el 5 de junio de 1893 y se desempeñó a lo largo de su vida como empresario. Durante la presidencia de facto de Pedro Eugenio Aramburu y el mandato de Arturo Illia, ocupó los cargos de ministro de Hacienda y ministro de Economía, respectivamente. En la primera ocasión, lo hizo entre el 14 de noviembre de 1955 y el 26 de enero de 1957. En la segunda, entre el 12 de octubre de 1963 y su fallecimiento. Este se produjo en la Ciudad de Buenos Aires, el 5 de agosto de 1964 (Sanguiao, 1998, p. 55).
  9. Los datos no han podido ser constatados a partir de las fuentes disponibles en el Archivo Histórico de Avellaneda y en la Municipalidad del mismo partido.
  10. El papa Pío XII autorizó la colocación de los restos de Juana Micono detrás del altar en 1949. Luego se colocaron los de Ugolino Giardino (Loyola y Rosales, 2005, p. 32).
  11. A propósito de Algodonera Flandria, cabe recordar que en sus inicios se ubicó en la localidad de nuestro interés, Valentín Alsina. El traslado a Jáuregui (partido de Luján), tras cuatro años de funcionamiento en las instalaciones alquiladas a la firma Ugolino Giardino y Hnos., se efectuó hacia fines de la década de 1920 y se relacionó con la intención de Steverlynk de construir una comunidad alejada del ámbito urbano, donde favorecer la cooperación y evitar los aspectos negativos de la industrialización (Ceva, 2010, p. 55).


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