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6 Una familia de mujeres migrantes: desde Polla a Valentín Alsina

En este capítulo final realizaremos un último ejercicio de reducción de la escala de análisis, a través del estudio de la experiencia migratoria y el proceso de integración en la sociedad receptora de una familia de hermanas provenientes de Polla (localidad de la provincia de Salerno, región de Campania, en Italia). También incorporaremos la perspectiva de género para el abordaje de sus trayectorias migratorias.

En este punto, es preciso recordar brevemente la importancia de la colectividad italiana en la zona de nuestro interés. A lo largo de los capítulos precedentes, hemos dado cuenta de varias cuestiones al respecto. Por un lado, hemos observado su preponderancia en el nivel municipal hacia fines del siglo xix, aunque también su sustitución por el grupo español, en tanto primer colectivo inmigrante en importancia, según el censo de 1914. No obstante, la consideración de los datos ofrecidos por los registros parroquiales nos permitió evidenciar el impacto de la oleada inmigratoria de la segunda posguerra, y la centralidad del arribo de italianos que implicó, en cuanto al asentamiento de individuos provenientes de Italia en Valentín Alsina. Finalmente, tanto esta fuente como la base de datos del CEMLA nos ofrecieron la posibilidad de constatar la importancia de la región de Campania y la provincia de Salerno como espacios de partida. Sin olvidar que el estudio de las particularidades de los oriundos de la provincia de Avellino, en la misma región de Campania, nos proporcionó información acerca de la relevancia del funcionamiento de los mecanismos de cadena con respecto a la decisión de emigrar, la radicación en la sociedad de destino, la obtención de un empleo y la emergencia de formas asociativas.

La historia de la familia de nuestro interés se inició con el matrimonio de Francesco Sessa y Redenta Esposito Piccolo a fines de la década de 1920. El primer hijo, y único varón, de nombre Francesco, falleció con apenas seis meses de edad. María, Elena, Giuseppa, Adelina, Ercilia y Ermelinda (que también falleció tempranamente) nacieron entre 1932 y 1945, con cuatro años como máxima diferencia entre cada nacimiento. No todas vivieron siempre en el mismo pueblo, ni arribaron conjuntamente a la Ciudad de Buenos Aires, no obstante lo cual dieron lugar a la configuración familiar con la que nos encontramos (María Sessa, 27 de noviembre de 2019; Hermanas Sessa, 4 de junio de 2017).[1]

Dada la particularidad de esta familia emigrante, constituida exclusivamente por mujeres, este capítulo adoptará una perspectiva de género, la cual comenzó a abrirse paso en la historiografía a partir de la década de 1960, principalmente en el mundo anglosajón (Barrancos, 1993, pp. 7-8). En particular, retomaremos los aportes en esta materia dentro del campo de los estudios migratorios. Al respecto, es preciso señalar que los abordajes acerca de los condicionantes impuestos por el género en el marco de las experiencias migratorias han ido aumentando a lo largo de las últimas décadas.

Entendemos por “género”, junto con Joan W. Scott (2008), la organización social de la diferencia sexual (p. 20). Se trata de un sistema estructurador presente en las sociedades humanas, que implica relaciones de poder (Gregorio Gil, 1997; Scott, 2008, pp. 65, 68). Sus discursos suelen operar como mecanismos de control informales (Silva García, 2019). Sin embargo, resulta pasible de ser transformado ante coyunturas o fenómenos sociales de distinto tipo (Rosas, 2010, p. 17). Es preciso enfatizar su carácter relacional, puesto que afecta tanto a varones como a mujeres, en la medida que ambos se encuentran atravesados por las normas y tradiciones construidas por la sociedad (Rosas, 2010, p. 19). No obstante, frecuentemente, la perspectiva de género ha sido asociada a la historia de las mujeres, la cual trata de subsanar la falta de conocimiento acerca de aspectos fundamentales de su participación como sujetos sociales (McGee Deutsch, 2017, p. 17).

Puntualmente, los procesos migratorios pueden ser considerados una de aquellas coyunturas o fenómenos que son capaces de “introducir transformaciones o adaptaciones temporales en las situaciones y relaciones de género de los y las migrantes” (Rosas, 2010, p. 17). Sin embargo, como ya dijimos, la importancia de este último aspecto en la bibliografía acerca de las migraciones ha ido creciendo paulatinamente. En un balance al respecto, Carmen Gregorio Gil (1997) demuestra que tradicionalmente la migración femenina no era siquiera considerada una emigración laboral, sino que se la interpretaba exclusivamente dentro del marco de su rol en el ámbito doméstico. Luego, algunos trabajos pioneros establecieron una diferenciación entre las causas atribuidas a la migración masculina (económicas) y la migración femenina (sociales), caracterizando a esta última por “el deseo de independencia familiar y social”. No obstante, otras aproximaciones no tardaron en reposicionar los flujos de mujeres dentro de la esfera de lo económico y productivo. Finalmente, en las últimas décadas, la consideración de la migración como una estrategia puesta en práctica por los grupos domésticos y su concreción a través del funcionamiento de redes sociales habilitó el análisis de las desigualdades de género como uno de los elementos que se juegan en las interacciones dentro de los miembros de estos grupos (pp. 146-166).

Para analizar nuestro caso, y a los fines de organizar la exposición, retomaremos la propuesta de Elizabeth Grieco y Mónica Boyd (s. f.), para quienes la influencia del género puede evaluarse en las tres etapas del proceso migratorio: premigración, migración y posmigración. A cada una de ellas dedicaremos un apartado. En el último, recurriremos también al relato de una de las descendientes de la familia, con la intención de observar el impacto de la experiencia migratoria en las generaciones subsiguientes.

Las fuentes principales con las que contamos son las siguientes: por un lado, un grupo focal efectuado conjuntamente a las cinco hermanas Sessa; y, por el otro, dos entrevistas semiestructuradas presenciales de final abierto (Benadiba y Plotinsky, 2007, p. 32) a María Sessa (la mayor de la familia) y a su nieta, Cinthya Sacco (Cinthya Sacco, 13 de diciembre de 2019; María Sessa, 27 de noviembre de 2019).[2] La metodología del grupo focal implicó la reunión en conjunto, a los fines de obtener datos a partir del intercambio (Barbour, 2013; Bonilla Landaverry, 2019, pp. 142-143; Kvale, 2011, p. 101; Petracci, 2007) entre estas mujeres acerca de la temática de la emigración. Por su parte, en las entrevistas utilizamos una guía de temas claves, en tanto poseíamos un cierto grado de conocimiento previo sobre las personas por entrevistar. Esta elección de los relatos personales como insumo para la elaboración de este apartado parte de la premisa propuesta por Mónica Bartolucci y Bettina Favero (Bartolucci y Favero, 2008, p. 65) acerca de que las fuentes orales no deben ser consideradas solamente como material complementario de otras fuentes tradicionales, sino que se trata de testimonios valiosos por sí mismos, capaces de ofrecer información completa sobre la dimensión subjetiva del proceso migratorio. Es decir, resultan significativas para obtener la visión de los propios protagonistas sobre determinados sucesos (Benadiba y Plotinsky, 2007, p. 13), teniendo en cuenta que “las interpretaciones que los sujetos realizan sobre un determinado fenómeno son constitutivas del mismo y la metodología cualitativa es la adecuada para conocerlas” (Rosas, 2010, p. 32).

6.1. Premigración: Polla y la vida antes de la partida

La experiencia premigratoria de las hermanas Sessa estuvo marcada por dos procesos, uno de índole social y otro de índole familiar. El primero refiere a la experiencia colectiva de la Segunda Guerra Mundial. Esta fue determinante, sobre todo, para la partida de quien luego se convertiría en el esposo de María, Antonio Sacco. El segundo se relaciona con el vínculo conflictivo entre sus padres, la posterior separación tras la contienda bélica y la dispersión de las hermanas, que vivieron en diferentes sitios hasta su reunión definitiva en territorio argentino.

Sobre la guerra, las hermanas recuerdan haberse refugiado en una gruta de varios kilómetros de extensión, en la que convivieron con otros vecinos de Polla, que recurrían a la matanza de sus animales para obtener comida. Allí estuvieron unos veinte días, refugiándose de los bombardeos. Afirman que contaban con la ayuda de los soldados alemanes, aún después del armisticio. Sobre el racionamiento, María recuerda que “Mussolini daba 100 g. de pan, 100 g. de fideos… ¡negros los fideos!” (María Sessa, 27 de noviembre de 2019).

Pero no solo durante el conflicto las condiciones de vida fueron difíciles. Recordemos que la contienda supuso una completa alteración de la estructura económica italiana, la cual debió ser reconstruida en los años subsiguientes (Strangio, 2018, p. 42).

Con respecto a la relación entre Redenta y Francesco, que también aparece como determinante para la posterior decisión de emigrar, sobre todo en los casos de María y Pina (Giuseppa), parece haber sido conflictiva desde el inicio mismo del matrimonio. Las hermanas se refieren a la oposición de la familia materna a esta relación y describen a su padre como “mujeriego” y jugador. Nunca disponían del dinero suficiente para vivir, a pesar de que Francesco solía tener buenos empleos.

Figura 21. Ubicación geográfica de Polla y las localidades de nacimiento de las hermanas Sessa

Fuente: elaboración propia a partir de mapa disponible en la página web Via Michelin (Mapa de Teggiano, s. f.).

Asimismo, relatan que su madre tendía a culpar a su marido por la muerte del primogénito, Francesco, en tanto aquel lo había llevado a otro pueblo en una carreta, tras lo cual el niño se enfermó y falleció. Después de una breve separación, Redenta y Francesco retomaron su relación, producto de la cual fueron naciendo sus hijas.

La familia atravesó múltiples mudanzas. Por este motivo, no todas las hermanas nacieron en el mismo pueblo. María, Elena y Pina lo hicieron en Teggiano; Adelina, en Albanella; y Ercilia, en Battipaglia. Como se observa en la Figura 21, todas ellas son localidades de la provincia de Salerno, región de Campania. Finalmente, la familia terminó por vivir en Polla.

La separación definitiva del matrimonio de Redenta y Francesco se produjo tras el fin del conflicto bélico. Él rehízo su vida en Roma, con una mujer oriunda de esa ciudad. Por su parte, Redenta tuvo que hacerle frente a largas jornadas de trabajo para sostener la economía familiar:

… a la mañana se levantaba e iba a una casa… la llamaba todo el pueblo… la hacían coser… le daban la máquina, le daban la tela y mi mamá cosía todo el día. Pero la gente era muy egoísta. Como dice Adelina ahora: ¿por qué mama no venía temprano? Venía a las nueve cuando ya ellas tenían frío, tenían hambre. La gente le daba la comida […] pero ya estaban acostadas. Adelina y Ercilia fueron las que más padecieron… (María Sessa, 27 de noviembre de 2019).

En ese entonces, las hermanas ya vivían separadas. Pina fue a Nápoles a trabajar en el servicio doméstico. Por su parte, María y Elena fueron a vivir con tías maternas. Según los relatos, la tía que le tocó en suerte a Elena era muy rica, por haberse casado con un empresario vinculado a las minas de carbón. El desenvolvimiento de los acontecimientos en su casa será decisivo para la reunificación de toda la familia en la Argentina, hacia 1960 (María Sessa, 27 de noviembre de 2019; Hermanas Sessa, 4 de junio de 2017).

Por todo lo anterior, podríamos sugerir que el impacto de las cuestiones de género resultó sumamente relevante para la dinámica familiar durante la etapa premigratoria. El alejamiento del padre y el ingreso de la madre en el mundo laboral determinaron la separación de las hermanas, aun antes de que algunas de ellas cruzaran el Atlántico.

De igual modo, no queremos dejar de señalar que, aunque no sea mencionado por las hermanas como un motivo inmediato de su partida de Italia, indudablemente los hechos de la Segunda Guerra Mundial constituyen en su relato un “hito-acontecimiento”, que se convierte en una referencia de temporalidad, tal como lo consideran Mónica Bartolucci y Bettina Favero (2008, pp. 73-74). En este sentido, podríamos sostener, por ejemplo, que el propio contexto bélico habría resultado definitorio en cuanto a la separación del matrimonio de Redenta y Francesco, puesto que esta se concretó solo en ese momento, aunque las hermanas refieren la existencia de antecedentes conflictivos en la relación desde tiempos muy tempranos.

6.2. Migración: la decisión de emigrar y el viaje hacia la Argentina

En el caso de María y sus hermanas, el papel de los acontecimientos familiares, el rol de la madre y su condición de mujeres son elementos centrales para la decisión de emigrar.

Dos de ellas, María y Giuseppa (tercera en orden de edad), partieron de Italia luego de celebrar sus casamientos “por poder”.[3] Ambas refieren que, sin contar con el permiso del padre (que, de acuerdo con el relato de María, quería que se trasladaran a Roma para vivir con él), el camino de conseguir esposo en América era el único que podía garantizar la emigración (María Sessa, 27 de noviembre de 2019). Como señala Sofía Arrieta (2018), tanto Italia como otros países europeos esbozaron “argumentos a favor de la emigración basada en el ‘llamado’ de un emigrante establecido en ultramar al resto de su familia o a sus paisanos” (p. 186).

María emigró en primer lugar, tras contraer matrimonio con Antonio Sacco, quien ya hacía varios años que había partido de un pueblo cercano a Polla con destino a la Argentina, como producto de la situación económica resultante de la Segunda Guerra Mundial. La relación de noviazgo se concretó por medio de la correspondencia, hasta que tomaron la decisión de casarse “por poder”. Así lo relata María:

Yo me vestí de blanco, fui al civil, fui a la Iglesia, pero con mi suegro… A veces, cuando mis hijos eran chicos, decían [cuando miraban fotografías de la boda] “Pero este no es mi papá; ¿con quién te casaste?”… Claro, era un apoderado… Así era el casamiento (María Sessa, 27 de noviembre de 2019).

Si bien tras la ceremonia se llevó a cabo una celebración en la sociedad de origen, la Figura 22, correspondiente al álbum familiar, muestra que también se realizó una recepción en Valentín Alsina luego de la llegada de María, que arribó al puerto de Buenos Aires el 13 de julio de 1953 (María Sessa, 27 de noviembre de 2019).

Figura 22. Casamiento “por poder” de María Sessa (1953)

Fuente: Álbum fotográfico familiar de María Sessa.

Pina, por su parte, partió del puerto de Nápoles aproximadamente un año después, a los 18 años de edad, siendo ya una mujer casada, en virtud de su propio matrimonio “por poder”. Su esposo era quince años mayor que ella y la boda se había concertado por intermedio de Antonio Sacco, quien compartía vivienda en Valentín Alsina con varios hombres. Si bien algunos de ellos eran paisanos, el candidato elegido para Pina fue Omar Olguín, de nacionalidad argentina.

Sin embargo, la experiencia resultó muy diferente para las dos, tanto por motivos de carácter objetivo como subjetivo. Aunque María tuvo el desafío de ser la primera de la familia en emigrar (mientras que Giuseppa ya contó con su apoyo al llegar a Buenos Aires), también tuvo la ventaja de conocer a su esposo. Pina, en cambio, se vio compelida a aceptar la determinación de su madre de que partiera de Italia, donde consideraba que no tenía posibilidades de casarse por no contar con el ajuar exigido a las mujeres, y el candidato sugerido por su cuñado. De hecho, se resistió a mudarse inmediatamente con su marido, razón por la cual sostuvieron una suerte de noviazgo durante algunos meses (Hermanas Sessa, 4 de junio de 2017). Pese a que ambas coinciden en afirmar que su mamá las condujo hacia la Argentina “por bronca” con su padre y para evitar que partieran a vivir con él, mientras María considera que pudo perdonar a sus progenitores, Pina guarda reproches tanto hacia su madre como hacia su padre, que no logró evitar el viaje (María Sessa, 27 de noviembre de 2019; Hermanas Sessa, 4 de junio de 2017). María recuerda su intervención en la concertación del matrimonio de la siguiente manera:

Yo tenía 20 años […]. Tampoco entendía mucho […]. Me escribieron de Italia, que ahí no se podía casar en el pueblo, porque necesitaba la blanquería, el ajuar, la mujer que se casaba… Nosotras no teníamos nada. La única solución era que nos viniéramos a la América (María Sessa, 27 de noviembre de 2019).

El encuentro con las otras hermanas, que llegaron a la Argentina acompañadas por su madre, se efectuó en 1960. Según relata María, el viaje no se pagó y realizaron varios trámites en el consulado. Asimismo, durante el grupo focal (Hermanas Sessa, 4 de junio de 2017), las hermanas refirieron que se trató de uno de los últimos viajes realizados a través del Comité Intergubernamental para las Migraciones Europeas (CIME).

Este tipo de migración asistida se inscribe dentro de las políticas de planificación instauradas por el peronismo, entre las cuales se destacaron acuerdos firmados con Italia (en dos oportunidades, 1947 y 1948) y con España (1948). Asimismo, la regulación de los flujos por parte del gobierno italiano incluyó otros acuerdos variados, con países e instituciones internacionales (Strangio, 2018). No obstante, la emigración asistida hacia la Argentina se vio superada ampliamente por los flujos considerados “espontáneos” (Biernat, 2007, pp. 99-106).

En particular, el acuerdo con el CIME fue suscripto en febrero de 1953. En tanto organismo internacional, aquel tenía por misión la promoción de la emigración desde Europa, facilitando los recursos necesarios a quienes no contaran con ellos. Es importante señalar que existían coincidencias fundamentales entre los objetivos del CIME y los del segundo plan quinquenal peronista, en tanto se orientaban a la reunificación familiar y la selección de trabajadores destinados a desempeñarse en el ámbito rural. Así como algunas de las hermanas Sessa, la mayor parte de los beneficiarios del CIME fueron de origen italiano, dada la temprana adhesión de Italia al convenio (en abril de 1952).

Sin embargo, no fueron pocas las dificultades ocasionadas: el organismo internacional imponía estrictos requisitos y el gobierno argentino no logró hacer frente a algunos de sus compromisos en materia de presupuesto (Biernat, 2007, pp. 106-107).

De igual modo, es importante señalar que el CIME tuvo una intención manifiesta de favorecer los procesos de reagrupación familiar, privilegiando el viaje de mujeres y niños. De hecho, los varones de entre 18 y 50 años interesados en viajar debían realizar una contribución económica (De Cristóforis, 2016a, p. 10).

No obstante este contexto en materia de políticas migratorias, las hermanas Sessa le otorgan una importancia central a un hecho personal atravesado por Elena, como factor decisivo en cuanto a la reunificación de la familia en la Argentina. María sostiene al respecto que “en el año 60 en Italia ya estaban bien… por Elena estamos acá nosotras” (María Sessa, 27 de noviembre de 2019). Según relatan, durante la estadía en casa de la tía de mejor posición económica, Elena mantuvo un acercamiento romántico con su primo, al que la madre del muchacho se oponía, sobre todo con motivo de las diferencias económicas entre ambas familias. Por esa razón, dicha tía intentó convencer a Redenta de que partiera hacia la Argentina con Elena, Adelina y Ercilia. Inclusive, les dio una parte del dinero necesario para el viaje, con el que, al llegar a Valentín Alsina, las cuatro mujeres lograron equipar su casa (María Sessa, 27 de noviembre de 2019).

En esta etapa de la migración propiamente dicha los condicionantes de género resultan sumamente evidentes. En primer término, podemos observar cómo el carácter de mujeres de María y Pina las hizo objeto de las decisiones familiares sobre sus posibilidades. En virtud del conflicto con el padre, pero también de la falta de condiciones económicas que les permitieran afrontar un matrimonio ventajoso en la sociedad de origen, se determinó que debían emigrar. En el caso de Pina, además de su madre, su hermana y, en especial un hombre, su cuñado, tuvieron un rol fundamental, concertando el matrimonio con un varón al que ella no conocía. En definitiva, nos resta decir que la propia figura del matrimonio “por poder” representaba una clara situación de vulnerabilidad para estas mujeres, que no solo abandonaban su tierra de origen sino que lo hacían con la perspectiva de encontrarse con un marido desconocido o con el que apenas habían tenido vínculo.

6.3. Posmigración: familia, inserción laboral y cuestiones de género en Valentín Alsina

El primer aspecto que se destaca en el relato de la mayor de las hermanas es el de la decepción que sufrió al llegar a la Argentina y el contraste con el imaginario que circulaba en la sociedad de origen, alimentado seguramente por las corrientes de información, que hacían hincapié en las experiencias exitosas de los migrantes anteriores. En este sentido, es posible observar las diferencias existentes entre el “mundo imaginado” antes de la partida y el “mundo real”, caracterizado sobre todo por las dificultades de los primeros tiempos tras el arribo al país austral (Bartolucci y Favero, 2008, pp. 74-76; Scarzanella, 2005, pp. 3, 6). Al respecto, María nos relata no solo su propia impresión sino también la de su marido Antonio al llegar a Valentín Alsina:

Creíamos que encontraríamos la plata en el piso… Cuando yo vine, la verdad, lloré mucho […]. Porque Italia es muy linda al fin y al cabo. Acá, sobre Valentín Alsina [en referencia a la calle], había piedras, pasaban los caballos con las vacas, con la leche […]. Antonio […], en la Capital, caminaba, caminaba y más o menos veía lindo, pero cuando llegó a Valentín Alsina se quería morir (María Sessa, 27 de noviembre de 2019).

No obstante, las redes familiares y paisanales aparecen como un factor primordial de contención y una ayuda invaluable a la hora de adaptarse a la realidad del barrio suburbano. Antonio partió de Italia a los 17 años. En Valentín Alsina debía encontrarse con un tío. María refiere que sus primas lo trataron muy bien. El posterior contacto con otros hombres del mismo pueblo, pero también con nativos, posibilitó que alquilaran una casa que compartieron. Allí, como comentamos antes, Antonio conoció al que sería el futuro marido de Pina (María Sessa, 27 de noviembre de 2019).

En cuanto a las cuestiones laborales, la diferencia de menos de una década entre la llegada de María y el reencuentro de todas las hermanas en 1960 resultó sumamente significativa en materia de inserción en este ámbito. Tampoco hay que desestimar las disimilitudes derivadas de la condición de mujeres casadas en la que llegaron María y Pina, a diferencia de Elena, Adelina y Ercilia.

Las tres hermanas solteras consiguieron rápidamente trabajo. Adelina, en un comercio de la zona de Once, cuyo propietario era de origen judío. Por su parte, Elena y Ercilia se valieron de los vínculos intraétnicos para obtener un empleo en una fábrica textil de Pompeya. La madre se encargaba, mientras tanto, de las tareas domésticas (Hermanas Sessa, 4 de junio de 2017).

En el caso de María y Pina, su condición de mujeres casadas hizo que se dedicaran al cuidado de la casa y de los hijos, que llegaron prontamente (María Sessa, 27 de noviembre de 2019; Hermanas Sessa, 4 de junio de 2017).

María, además, hace referencia a las particularidades del carácter de su marido, a quien califica de “celoso” y a la condición “maleducada” y “machista” de la sociedad de acogida. Sin embargo, también considera que su insistencia en cuanto a que Antonio “le ponga un negocio” dio finalmente resultado. Su marido había tenido varios empleos en relación de dependencia y, por último, se dedicó a la comercialización de pollos y derivados en ferias barriales. El comercio del que se hizo cargo María fue instalado en el frente de la vivienda definitiva de la familia, alrededor de 1970, y se encargó de la provisión del mismo tipo de productos (María Sessa, 27 de noviembre de 2019).

Las diferencias señaladas anteriormente pueden ser interpretadas a partir de los aportes de dos historiadoras que se ocuparon de las cuestiones de género en la historia argentina. Por un lado, cabe recordar la afirmación de Mirta Lobato (1993) acerca de que “el proceso de conformación del ideal de domesticidad en la Argentina fue realimentado por aquellos hombres y mujeres que cruzaban el Atlántico…” (p. 70). Asimismo, Catalina Wainerman (2007) se refirió a las características generales de la fuerza de trabajo femenina hasta la década de 1960. A propósito de ello, afirmó que

… estaba formada predominantemente por hijas que en general salían a trabajar en su juventud, antes de casarse o de tener su primer hijo, y luego dejaban de hacerlo para dedicarse a la casa y a la crianza, porque se entendía que era parte de la hombría de bien de los maridos ser el sustento de su familia (p. 348).

En otro orden, la referencia de María a los celos de su marido, pero también a las características de la sociedad de acogida, tiene puntos de contacto con los testimonios prestados por otras mujeres inmigrantes, radicadas en José C. Paz, a partir de los cuales Celeste Castiglione (2019) concluye que

El temor a las violaciones de la guerra, la opinión del barrio y la religiosidad se tradujeron en un cuidado excesivo de la mujer y la desconfianza de los hombres con respecto a otros; en algunos casos, se llegó a la expulsión de posibles amistades por preferir que estas fueran de su misma región o nacionalidad. Por esa razón las asociaciones, en principio, eran también espacios de encuentro para futuros matrimonios y relaciones de camaradería que consideraban confiables y seguras (p. 341).

A propósito de esto último, resta por mencionar que las relaciones paisanales no solo tuvieron influencia en cuanto a la radicación en Valentín Alsina y la obtención de un empleo, sino también en la participación en ámbitos de sociabilidad. Las hermanas solían participar del Club Avellino, al que ya nos referimos en el capítulo anterior, especialmente de sus fiestas. Si bien ellas no provenían de dicha provincia, sino de la de Salerno, la pertenencia regional en común pudo haber sido un factor de importancia a la hora de la participación (María Sessa, 27 de noviembre de 2019). En definitiva, el funcionamiento de las redes, con sus múltiples objetivos (provisión de información confiable, recursos económicos y legales, gestión de la primera vivienda e inserción en el mercado de trabajo), resultó fundamental para la adaptación a la nueva realidad de la sociedad receptora, como condicionante de todo el proceso (Bartolucci y Favero, 2008, p. 87; Farías, 2010a, p. 1414; Maya Jariego, Martínez García y García Ramírez, s. f.).

Asimismo, queremos recuperar brevemente la cuestión de la influencia del género en esta última etapa del proceso migratorio. A propósito de ello, destacamos sobre todo el asunto de la inserción laboral. En este punto, no solo el contexto temporal del arribo, sino también el estado civil de las mujeres se mostró como un elemento determinante. Del mismo modo, resulta notable que, por encima de las políticas migratorias favorables a nivel nacional e internacional, las hermanas ubiquen un hecho familiar y amoroso como motivo preponderante de la reunificación familiar. En la aceptación por parte de Redenta de la sugerencia de su hermana de que partieran a reunirse con María y Pina, están presentes los condicionantes de género, pero también los económicos (en virtud de la diferencia social entre ambas familias), en torno a la persona de Elena.

Finalmente, nos propusimos recuperar algunos aspectos de la memoria familiar sobre la experiencia migratoria de las hermanas Sessa. Para ello, contamos con la posibilidad de entrevistar a Cinthya Sacco, hija de Héctor, hijo menor de María. Ella conoce bien la historia de las mujeres que nos ocupan, en tanto desde los 9 años vivió con sus abuelos (Cinthya Sacco, 13 de diciembre de 2019).

Cinthya nos habla de una idea temprana acerca de que ellos no eran argentinos, por su modo de hablar, algunas costumbres familiares y saberse “nieta de italianos” (Cinthya Sacco, 13 de diciembre de 2019). Sin embargo, sostiene que fue más tarde cuando adquirió real dimensión acerca de la vida de María y Antonio:

La “tanada” la tengo desde siempre… pero que yo fui consciente… muy grande, ya siendo estudiante universitaria. Fue cuando empecé a caer de lo que implica ser un inmigrante a los 18 años, en un país con un idioma completamente distinto, venir pobre… Empecé a caer de todo lo que habían sufrido (Cinthya Sacco, 13 de diciembre de 2019).

Parte de su conocimiento acerca de la historia familiar deriva de algunas tradiciones vinculadas con la sociedad de origen que estuvieron muy presentes a lo largo de su vida: la comida, el apego entre los parientes, la cultura del trabajo y la relación con la localidad de Valentín Alsina, donde muchos de los descendientes viven hoy en día, incluida Cinthya.

Su relato muestra cómo la unión familiar fue y continúa siendo una prioridad constante para las hermanas Sessa, lo cual podría relacionarse con el hecho de haber tenido que vivir separadas en varias oportunidades durante la etapa premigratoria. La entrevistada refiere que las cinco hermanas asistían siempre juntas a todos los eventos familiares, afortunados (como una celebración o nacimiento) o desafortunados (problemas de salud de algún pariente).

Pero, sobre todas las cosas, vivir cerca fue una elección para la mayoría de ellas. Solamente Adelina, producto de su matrimonio, se trasladó para residir en la localidad de Remedios de Escalada. A pesar de que se encuentra muy cerca de Valentín Alsina, las hermanas suelen reprochárselo, fundamentalmente porque al pasar el tiempo, con motivo de la edad, se dificultó su acercamiento a las reuniones. De igual modo, muchos de los hijos siguen viviendo en el barrio, aun en construcciones linderas a las viviendas de sus madres. Cinthya recordó dos excepciones. Las de su tío Pedro y su madrina (hija de Elena), que residen en la Capital Federal. Coincidentemente, ambos son profesionales y su vida académica, laboral y familiar se desarrolló allí (Cinthya Sacco, 13 de diciembre de 2019).

La cuestión de la tradición culinaria merece una mención destacada. Cinthya sostiene sin dudar: “Yo no recuerdo que mi abuela compre una tapa de empanada… todo era casero, todo era casero” (Cinthya Sacco, 13 de diciembre de 2019). Tanto en Pascuas como para las fiestas de fin de año, las reuniones en torno de la mesa bien servida solían constituir una obligación. Especialmente, se reservaba la noche del 31 de diciembre para el festejo de toda la familia: las cinco hermanas y sus descendientes, habitualmente en la casa de María, la mayor. Se organizaban para llevar algún plato cada uno y normalmente, por la abundancia,

Sobraba un montón el 31, para el 1.°… Pero, pese a que sobraba todo del 31 a la noche, el 1.° a las 7 de la mañana se juntaban las cinco a hacer las lasagnas. De hecho, un 1.° de enero se había cortado la luz e igual hicieron las lasagnas (Cinthya Sacco, 13 de diciembre de 2019).

Asimismo, era habitual servirles primero a los varones y hacerlos receptores de platos más abundantes. María, además, solía respetar a rajatabla la elaboración de panes para repartir el día de San Cayetano, cada 7 de agosto. Es preciso señalar que muchas de estas tradiciones ya no pueden reproducirse, porque las hermanas alcanzaron una edad considerable.

Por su parte, las generaciones siguientes no continuaron con estas costumbres familiares, ni se vincularon de un modo prioritario con Italia. Finalmente, pareciera que ni las mujeres ni los varones de la familia retomaron algunos de los principales talentos de las hermanas Sessa: la cocina y la costura (que habían aprendido de su madre). Cinthya, a los 33 años, se lo reprocha:

Yo valoré mucho la vida fuera de la casa… laburaba y estudiaba… pero como que rechazaba o no me importaba aprender a tejer, a cocinar… y como que ahora me doy cuenta de que son oficios re importantes y que hubiera estado genial aprender eso de mi abuela y mis tías (Cinthya Sacco, 13 de diciembre de 2019).

En esta afirmación, se deja traslucir el cambio de los condicionantes de género entre una y otra generación. Para la entrevistada, las prioridades se hallaron fuera del ámbito doméstico, aunque en el presente puede valorar aquellas actividades que María y sus hermanas llevaban a cabo dentro del hogar, las cuales parecen haber perdido importancia entre sus hijos y nietos de ambos sexos.

No queremos dar por terminado este apartado sin destacar que las hermanas Sessa tuvieron la oportunidad de regresar a Italia. Paradójicamente, la única excepción fue Elena, cuyo romance fue mencionado como motivo principal de la radicación en Argentina. María, inclusive, resultó homenajeada en Polla y aprovechó la oportunidad para referirse a su madre, con quien considera que el pueblo tuvo un comportamiento injusto. Pero, además, esos viajes propiciaron cierta reconciliación familiar. María cuenta que uno de los hijos de la tía que condicionó la partida de Elena viajó especialmente desde Venecia para verla. Además, tanto ella como Pina, Adelina y Ercilia conocieron, una vez que todos los progenitores ya habían fallecido, a las hermanas que resultaron de la nueva pareja de su padre en Roma (Hermanas Sessa, 4 de junio de 2017).

6.4. Reflexiones finales

A lo largo de este capítulo, procuramos comenzar a darle cierre al análisis propuesto a lo largo del trabajo. Para ello, propusimos una nueva reducción de la escala analítica, con la intención de ofrecer una mirada sobre la inmigración europea en Valentín Alsina que se anclara en el punto de vista personal de sus protagonistas. Así lo hicimos, por medio de la disponibilidad de testimonios orales personales y familiares, con la particularidad de que, por tratarse de mujeres migrantes, pudimos también abordar la temática desde una perspectiva de género.

En las páginas precedentes recorrimos la experiencia migratoria de María Sessa y sus hermanas, a través de su división en tres etapas: premigración, migración y posmigración. De este modo, dimos cuenta de las características de su vida en la sociedad de origen, de las peculiaridades de la decisión de partir hacia la Argentina y del devenir de su integración en la sociedad de acogida, incluida la construcción de una memoria familiar al respecto.

En cada caso, además, procuramos establecer de qué modo se pusieron en juego los condicionantes de género. En estas conclusiones, por lo tanto, retomaremos algunas herramientas teóricas para ofrecer una aproximación general acerca de esta cuestión.

Indudablemente, la experiencia migratoria de las hermanas Sessa muestra cómo las personas se encuentran atravesadas por las normas y tradiciones construidas por la sociedad en materia de género, tal como sostiene Carolina Rosas (2010, p. 17). Su condición de mujeres, en particular, las hizo beneficiarias de ciertas políticas migratorias a nivel nacional e internacional (especialmente las promovidas por el CIME), pero también las convirtió en objeto de las decisiones familiares y de las redes paisanales de las que participaron, donde las desigualdades de género resultaban uno de los condicionantes fundamentales de las interacciones, teniendo en cuenta que la migración se presentaba como una estrategia adoptada en conjunto por el grupo doméstico (Gregorio Gil, 1997, pp. 146-166). El acontecimiento del matrimonio “por poder” de Pina se convierte, así, en un ejemplo ineludible. La decisión materna se combinó con la disponibilidad de vínculos familiares y paisanales al otro lado del Atlántico, los cuales proveyeron el candidato para el matrimonio, un hombre desconocido para la novia y quince años mayor que ella. Pero la influencia de los determinantes de género no se agota aquí; los hemos visto actuar también en cuanto a la inserción laboral y la posibilidad de establecimiento de lazos de sociabilidad. De la misma forma, el relato de la nieta de María hizo énfasis en las actividades realizadas por las hermanas en el ámbito estrictamente doméstico, donde a través de la cocina y la promoción de la unión familiar intentaron preservar algunos rasgos identitarios vinculados a la sociedad de origen. También indicó que estas costumbres perdieron fuerza en las generaciones posteriores.

Al inicio de este capítulo también nos referimos a la migración como oportunidad para la introducción de transformaciones en materia de género, aunque sea de modo temporal. En este punto, podemos concluir que para las hermanas Sessa no sucedió así. Lejos de encontrar resquicios para evadir los condicionantes de género, sus experiencias de vida parecen mostrar el notable peso que les impuso su condición de mujeres. No obstante, no podemos dejar de mencionar el rol de Redenta, la madre de las hermanas. Al respecto, hemos visto su papel decisivo para la emigración de sus hijas, sobre todo de María y Pina. De hecho, si bien en muchos aspectos los condicionantes de género podían continuar presentes, esta estrategia le permitió contrarrestar las pretensiones de su exesposo acerca de la posibilidad de que las hermanas se instalaran en Roma.

Hasta aquí, entonces, nuestra aproximación a la experiencia personal de las hermanas Sessa en tanto inmigrantes mujeres que partieron de Italia para radicarse en Valentín Alsina. En las próximas páginas, retomaremos algunos de los aspectos de este capítulo, así como de todos los precedentes, para sintetizar las conclusiones derivadas de nuestro abordaje.


  1. Cabe aclarar que todas las entrevistadas aceptaron que se dieran a conocer sus nombres y relatos.
  2. Al igual que las otras entrevistadas, Cinthya Sacco también aceptó que se dieran a conocer su nombre y su relato.
  3. Este término hace referencia a las bodas que se celebran en presencia de uno solo de los contrayentes, mientras que el otro se encuentra representado por un tercero, que cuenta con un poder especial para ello. En nuestros casos de análisis, los matrimonios se efectuaron en Italia, en presencia de las novias, mientras que los novios se encontraban residiendo en la Argentina.


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