Democracias asediadas
Mientras que el siglo xix y, especialmente, el siglo xx en Europa pueden ser interpretados como una era de grandes guerras interestatales, suscitadas entre los Estados nación de ese continente,[1] los doscientos años de vida independiente de los Estados nación latinoamericanos, y particularmente el siglo xx, se caracterizan por la sucesión de conflictos intraestatales: guerras civiles, guerrillas, golpes de Estado y gobiernos dictatoriales-militares. Así, para 1944, de cerca de 20 países latinoamericanos, solo Uruguay, Chile, Costa Rica y Colombia tenían ciertos niveles de democracia que involucraban gobiernos civiles y elegidos por sufragio (siempre limitado), donde se permitía la competencia política y la ley era respetada en ciertos niveles, y con ella las libertades civiles. Al mismo tiempo, entre 1940 y 1954, América Latina vivió una ola de reformas democráticas. Este patrón, como lo advirtieron Leslie Bethell e Ian Roxborough,[2] se caracterizó por el desarrollo de una cierta democratización, un giro hacia políticas sociales que habían sido relacionadas con reformas de izquierda y el desarrollo de una militancia en la clase trabajadora.
Pero después de 1947, este breve periodo democrático se desmoronó. Los partidos comunistas fueron proscritos y reprimidos en la mayoría de países latinoamericanos; los partidos “reformistas” se movieron más hacia la derecha; los avances en las políticas sociales y democráticas fueron contenidos y, en algunos casos, lanzados hacia atrás; la clase obrera y sus sindicatos más militantes fueron perseguidos. En Brasil, el gobierno de Eurico Gaspar Dutra introdujo nuevos decretos ley para controlar a los trabajadores en marzo de 1946. En Chile, se volvió famoso el rompimiento de la huelga de transportistas de octubre de 1947 con varios muertos y con la capital bajo estado de sitio. Otras legislaciones para controlar o reprimir trabajadores se aprobaron en Cuba (primero bajo Grau en 1947 y luego con Carlos Prío Socarrás en 1948 después de las elecciones), en Costa Rica (en 1948 tras la guerra civil) y en México (el charrazo en octubre de 1948). En ese nuevo contexto, los partidos comunistas fueron purgados, perseguidos, reprimidos y declarados ilegales, como, por ejemplo, en Brasil en mayo de 1947, en Chile en abril de 1948, en Costa Rica en 1948, y en Brasil en enero de 1948 diputados comunistas fueron removidos del congreso. Los golpes de Estado se volvieron la norma: en Perú, Bustamante sufrió un golpe de Estado en octubre de 1948; en Venezuela, el trienio democrático se acabó el 24 de noviembre de 1948 e inició la dictadura de Marco Pérez Jiménez que se extendería por 10 años; en Colombia, Laureano Gómez fue derrocado en junio de 1953; en Guatemala, Jacobo Árbenz fue derrocado en junio de 1954. Para finales de 1954, había unas 11 dictaduras en América Latina (incluyendo a Guatemala, El Salvador, Honduras, Nicaragua, Panamá, Cuba, la República Dominicana, Venezuela, Colombia, Perú y Paraguay).[3]
El contexto era nuevo e inscribía a América Latina en la Guerra Fría y la intervención directa de los Estados Unidos en la región que legitimó la transición del breve periodo democrático a la violencia. La estructura imperial de control de la región prácticamente se refrescó en estos años: en 1946 se creó el Western Hemisphere Institute for Security Cooperation (llamado Escuela de las Américas a partir de 1963), y Estados Unidos impulsó “guardias nacionales” en Haití, República Dominicana, Panamá, Guatemala, Cuba y El Salvador, lo que ya había realizado en Nicaragua desde inicios de la década de 1930. Se crearon centrales de inteligencia impulsadas por Estados Unidos en Argentina (la Secretaría de Inteligencia del Estado), en Chile (la Dirección General de Inteligencia), en Brasil (el Sistema Nacional de Informaciones), en Uruguay (la Dirección General de Información e Inteligencia), en El Salvador (la Agencia Nacional de Servicios Especiales), en Haití (la Inteligencia de Seguridad Nacional) y en Venezuela (la Dirección de Servicios de Inteligencia y Previsión). Asimismo, a mediados de 1960, se creó el Sistema Militar Centroamericano de Comunicaciones. A partir de entonces, se sucederían nuevos golpes en América Latina en el marco de la Doctrina de Seguridad Nacional.
En estas constelaciones los golpes de Estado –con la participación de importantes facciones de los aparatos de represión estatales y paraestatales y frecuentemente con la intervención de fuerzas extranjeras (en primer lugar, de Estados Unidos)– han marcado, configurado y hasta determinado la historia de numerosas naciones latinoamericanas. Además, la estrategia del golpe de Estado no se detuvo con el final de la Guerra Fría.
En 2002, el presidente venezolano Hugo Chávez enfrentó un infructuoso golpe de Estado perpetrado por la élite económica de Venezuela. En 2009, el presidente hondureño Manuel Zelaya sufrió un golpe de Estado: una noche fue puesto en un avión y sacado del país. Ese golpe convirtió a Honduras en un infierno para los líderes sociales, los grupos opositores y también para los ambientalistas durante varios meses. En los siguientes años, América Latina vivió varios momentos similares a lo ocurrido en América Central: en junio de 2012, el presidente paraguayo Fernando Lugo sufrió un golpe de Estado producido desde el Congreso; en 2016, Dilma Rousseff fue removida del poder por un impeachment.
Con base en estas reflexiones, el Centro Maria Sibylla Merian de Estudios Latinoamericanos Avanzados (CALAS), desde su Centro Regional Centroamérica y el Caribe afincado en el Centro de Investigaciones Históricas de la Universidad de Costa Rica, convocó a una plataforma para el diálogo que se desarrolló en diciembre de 2022 en San José, Costa Rica. El encuentro ofreció un espacio para presentar y discutir experiencias individuales, análisis académicos, posicionamientos políticos, representaciones literarias y artísticas sobre los golpes de Estado en América Latina, sus aplicaciones, sus efectos colaterales, el pensamiento económico-social que los motivó, sus impactos y sus efectos en el presente. También se propuso contribuir a una historia del concepto “golpe de Estado”, sus usos y abusos y sus interrelaciones con la historia política, social y militar.
Los capítulos que integran este libro son resultado de ese encuentro. En el capítulo 1, Sofía Cortés Sequeira explora la posición política del izquierdista Partido Vanguardia Popular de Costa Rica con respecto a las propuestas de golpes de Estado en contra de dictadores en América Central y el Caribe entre 1948 y 1955 y muestra las evaluaciones que hicieron los comunistas costarricenses con respecto a esos movimientos.
En el capítulo 2, Randall Chaves Zamora estudia los conceptos de “paz” y “libertad” utilizados por el Congreso por la Libertad de la Cultura y las implicaciones y acciones de la Guerra Fría cultural en América Central, principalmente en Costa Rica en el periodo 1949-1954. Asimismo, Chaves se interesa por rastrear la composición y las tareas del Comité Nacional de Partidarios de la Paz de Costa Rica.
En el capítulo 3, basado en archivos diplomáticos bolivianos y peruanos, Alejandro Santistevan Gutti muestra los procesos de formación militar y de disputa hegemónica que llevaron a golpes de Estado en esos dos países en el periodo 1968-1971 y caracteriza esos movimientos como marcados por la derechización de las Fuerzas Armadas y los enmarca dentro de las dificultades que implicaba el enfrentamiento con Estados Unidos en la Guerra Fría latinoamericana.
En el capítulo 4, a partir de la revisión de documentos desclasificados de la Agencia Central de Inteligencia de Estados Unidos, documentos producidos por las izquierdas radicalizadas ecuatorianas, hojas volantes y la recuperación de trayectorias militantes, Sofia Lanchimba Velastegui reconstruye la relación insurgencia-contrainsurgencia y el carácter, los objetivos y la política que asumieron las dictaduras y el gobierno autoritario de León Febres Cordero en Ecuador para contener la radicalización de izquierda y la movilización social entre 1959 y 1990.
En el capítulo 5, Leonardo Astorga Sánchez analiza las razones discursivas que fueron utilizadas para justificar el derrocamiento de gobiernos civiles por parte de los militares en Chile (1973) y en Argentina (1976). Por eso, en ese texto se delimita el concepto de “seguridad”, para luego adentrarse en el estudio de declaraciones, bandos y proclamas militares de aquellos golpes, con el fin de comprender cómo el honor, el deber y el sacrificio se unieron a las justificaciones en materia de seguridad planteadas por los militares.
En el capítulo 6, Malena Zunino y Rebeca Ávila realizan un análisis del género en la historiografía de la Guerra Fría de Brasil y Chile, en un intento por develar su desempeño en la movilización y sus relaciones con las dinámicas y los imaginarios de la Guerra Fría, al identificar aspectos que puedan estimular nuevas interrogantes sobre género y mujeres de derecha en la región. Ellas discuten esas obras junto a los paradigmas más recientes acerca de la latinoamericanización y la transnacionalización de la Guerra Fría, con el propósito de allanar el camino para la exploración y formulación de nuevas propuestas de investigación que propicien avances en el análisis desde la perspectiva de género.
En el capítulo 7, Carla Espósito Guevara inspecciona el golpe de Estado de Bolivia en 2019 y desarrolla un análisis detallado de los antecedentes del golpe, sus actores y los componentes políticos, simbólicos y religiosos que lo legitimaron.
El capítulo 8 constituye una entrevista de los editores de este libro al escritor salvadoreño Horacio Castellanos acerca de su novela Tirana memoria, publicada en 2008 y cuya trama está ambientada en el golpe de Estado de 1944 en El Salvador.
Finalmente, en el epílogo, Marcos Roitman Rosenmann disecciona las nuevas estrategias golpistas puestas en práctica en América Latina en los últimos lustros.
Los editores agradecen enormemente a las personas autoras por sus contribuciones a este libro, a los miembros de la Junta Directiva de CALAS y al personal administrativo del CIHAC-UCR, que fue fundamental en la logística del evento que dio origen a este texto, particularmente la valiosa ayuda de Isma Yaira Guillén Montero y Rosa Alvarado Brenes. Este libro ha sido posible, además, gracias al valioso apoyo del Ministerio Federal de Educación e Investigación (BMBF, Alemania).
- Matthias von Hellfeld, Das lange 19. Jahrhundert: Zwischen Revolution und Krieg 1776-1914 (Bonn: Dietz, J.H.W., Nachf., 2015); Geoffrey Wawro, Warfare and Society in Europe, 1792-1914 (Londres: Routledge, 2000); Richard C. Hall, Consumed by War: European Conflict in the 20th Century (University Press of Kentuky, 2010).↵
- Leslie Bethell e Ian Roxborough, “Introduction: the postwar conjuncture in Latin America: democracy labor, and the Left”, en Leslie Bethell e Ian Roxborough (eds.), Latin America between the Second World War and the Cold War 1944-1948 (Cambridge: Cambridge University Press, 1992), pp. 1-32.↵
- Bethell y Roxborough, “Introduction”.↵







