Nuestros cursos:

Nuestros cursos:

Freud y el Romanticismo

Silvia Herlyn[1]

El Romanticismo fue un movimiento cultural y artístico que tuvo lugar en Europa desde finales del siglo XVIII hasta mediados del siglo XIX. Aunque Freud no fue un romántico en términos cronológicos, su trabajo fue influenciado por algunos de los temas y la filosofía del movimiento romántico.

El Romanticismo se caracterizó por la exaltación de las emociones y la subjetividad individual y por la pregunta inquieta sobre los misterios referidos al amor y a la muerte. Enfatizó la importancia de la exploración de la interioridad y la comprensión de la complejidad de la naturaleza humana. Freud también compartió con los románticos un interés en que el ser humano es más complejo de lo que puede ser explicado por la razón y la lógica. La teoría de Freud sobre la mente humana se centró en la idea de que hay una instancia inconsciente de la mente que influye en el comportamiento y los sentimientos de las personas, incluso cuando estas lo ignoren.

Viena era el centro cultural más importante de habla alemana. La ciudad se destacaba en las artes y la música, y en ella también florecieron la medicina científica, el psicoanálisis y la filosofía moderna. Fue en esa cultura vigorosa y diversa donde vivió Freud. El psicoanálisis implicó una teoría de la mente que permitía avizorar la complejidad de la conducta humana. Los sueños formaron parte de su vasto estudio. Desde la psicopatología de la vida cotidiana supo mostrar un conjunto de leyes precisas, inconscientes en su mayoría, que gobernarían la mente humana. Según esas leyes pudo establecer una conexión entre fenómenos como los sueños y los síntomas clínicos desde un inicio, y así también estudió luego el duelo y la melancolía. Los procesos inconscientes eran fundamentales para comprender tanto el funcionamiento del psiquismo como la psicopatología.

Si bien Freud pretendía tener un anclaje para su teoría en el sistema nervioso, la época no le brindaba las herramientas que le permitieran formalizarlo. Tenía para edificar su teoría las indagaciones introspectivas, profundas y sutiles. Sentimientos, planes, deseos, motivaciones y valores, en el corazón del psicoanálisis. El pensamiento romántico que le antecedió le permitió introducirse por caminos que la ciencia no había tomado en cuenta, si bien él siempre tuvo el propósito de beneficiar y promover el conocimiento científico.

Se puede considerar el ascendente que el Romanticismo había tenido en la medicina, la filosofía y la literatura. Algunas de las formas en que este movimiento influyó en la medicina, según Lain Entralgo, fueron: la humanización de la medicina, la exploración de la subjetividad del paciente, la valoración del contexto social y cultural, la importancia de la naturaleza y su papel en la curación. El Romanticismo alemán exaltaba la melancolía, resaltaba el lado oscuro de la naturaleza y expresaba las pasiones y los sentimientos, indicativos de la dimensión íntima y subjetiva de la persona.

En La Salpetriere, junto a Charcot, su maestro en neurología, Sigmund Freud tuvo el encuentro con sus famosas histéricas y sus enigmáticas dolencias. En la atención de la señorita Anna O con Breuer, se marca un hito en la historia del tratamiento de la histeria. A través del estudio de la histeria descubrió el inconsciente. El fundador del psicoanálisis puede ubicarse como heredero de la tradición reinante en el pensamiento de la época, es decir, del Romanticismo alemán. El principal lazo de Freud con dicho movimiento es su interés en la exploración de los aspectos más profundos y oscuros de la mente humana.

Como investigador sagaz tuvo una actitud de búsqueda de una identidad científica para su proyecto, mientras podía nutrirse de la filosofía.

Freud formalizó una idea que asomaba en los escritos de un psiquiatra alemán, Griesinger (1817-1868), que sostenía el concepto de que la conciencia era una parte de la actividad mental y que la mayor parte de las representaciones ocurrían en una zona de tinieblas. Griesinger advirtió los procesos mentales que no estaban disponibles para la conciencia pero pensó que podían ser recuperados mediante la atención consciente. Freud desarrolló una teoría del inconsciente mucho más compleja y elaborada. Para Freud no solo se refería a los pensamientos y sentimientos que no accedían a la consciencia en un momento dado, sino que también remitía a una instancia del psiquismo estructurada por procesos y contenidos psíquicos ocultos pero influyentes en el comportamiento de maneras sutiles y muchas veces no reconocidas. Freud define y formaliza el inconsciente como una instancia del psiquismo en su primera tópica, donde utiliza el modelo de consciente, preconsciente e inconsciente. Además, Freud creía que estos procesos inconscientes eran dinámicos y, como ya se ha mencionado, comprende el funcionamiento del psiquismo y del hecho psicopatológico.

La barrera que separa las representaciones inconscientes es el mecanismo de defensa top de las neurosis: la represión. Él mismo dice que “la doctrina de la represión es ahora el pilar fundamental sobre el que descansa el edificio del psicoanálisis” (Freud, 1914). La represión opera de tal modo que esconde aquello que fuera intolerable para el yo. Amores, deseos, pulsiones pueden ser capturados. Claro que no es lo mismo que ser extinguidos. Y dentro de ese escenario una gran protagonista de la obra freudiana es la angustia.

Estableciendo conexiones con el Romanticismo del lado de la filosofía, es pertinente resaltar el lazo de Freud con Schopenhauer (1788-1860). La obra schopenhaueriana está inspirada en motivos románticos. Se le considera el filósofo romántico por antonomasia. Para Schopenhauer el sujeto no es esencialmente pensante sino, como algunos lo denominan, volente; tras el esplendor racional de la ilustración, para él el sujeto es algo más que el sujeto cognoscente. El mundo es representación pero también es voluntad. La voluntad constituiría la clave y el fundamento de la actividad humana. Entendiendo por voluntad el ámbito de los sentimientos, deseos, pasiones y afectos. Freud cita a Arthur Schopenhauer en varias ocasiones. En La interpretación de los sueños, en relación con la idea de que la voluntad es la fuerza primordial detrás de la conducta humana y que la conducta puede estar motivada por fuerzas que no son conscientes; en Más allá del principio del placer, la concepción dualista de la vida pulsional le permite mencionar la idea de Schopenhauer de la voluntad de vida y la voluntad de muerte, y en El malestar en la cultura, también lo evoca al hablar de la naturaleza conflictiva de la vida humana. Schopenhauer conserva el esquema trágico de los románticos, salvaguardando el dolor como esencia inherente a la vida. El ser del hombre sufre su limitación. Freud dedicó una parte muy importante de su obra a la angustia y sus diferentes formas.

La angustia es un tema recurrente en la literatura y el arte románticos, podría decirse que es una de las emociones fundamentales del Romanticismo. En la teoría freudiana, angustia y represión están íntimamente relacionadas. Primero de un modo cuantitativo. La represión causa la angustia cuando una carga de excitación en el aparato psíquico supera su barrera. Se reprime un deseo dejando así energía o libido liberada o flotante. Esa libido desligada ya de la representación reprimida y sin descargarse en una realización deviene en angustia. Pero luego de formular las vicisitudes del Edipo, falo y castración, que se convierten en directrices de la organización del psiquismo, invierte la fórmula. Es la amenaza de castración, la angustia de castración, la que genera la represión.

La tragedia de Edipo, escrita por el dramaturgo Sófocles en el siglo V a. C., ha sido objeto de estudio del psicoanálisis. En la obra, Edipo mata a su padre y se casa con su madre sin saberlo, cumpliendo así la profecía que había recibido. La relación entre Edipo y el Romanticismo es compleja y puede interpretarse de diferentes maneras según el contexto cultural en que se analice. Pero el mito de Edipo ha sido fuente de inspiración para muchos escritores y artistas románticos. Puede ser interpretado como una expresión de las obsesiones y miedos reprimidos en la sociedad victoriana. Las normas y los valores de la sociedad victoriana fomentaban una cultura de silencio sobre la vida erótica. El mito de Edipo pudo haber sido utilizado en el Romanticismo como un medio para explorar temas tabúes y perturbadores, como el incesto y la violencia.

Por último, otro punto de unión entre Freud y el Romanticismo es sin dudas la literatura y el arte en su doble vertiente. Como conocedor de la cultura romántica, Freud cita a Goethe, al filósofo Schelling, a Dostoievski, al compositor Jensen, a Heine, a Schiller. Posiblemente el Fausto de Goethe sea el texto literario más citado por el fundador del psicoanálisis. Freud recurre a él en diferentes momentos a lo largo de su obra, siendo a su vez fuente de inspiración y recurso eficaz para argumentar sus ideas. Schiller también se encuentra en las cercanías del psicoanálisis cuando manifiesta el respeto por la ocurrencia libre y el retiro de las guardias de las puertas del entendimiento. Freud cita este verso para explicar la asociación libre en la interpretación de los sueños. Como autor, el estilo de escritura freudiano se caracteriza por un tono poético y una prosa evocadora. En 1927, Francfort del Meno, ciudad donde nació Goethe, crea el premio que lleva el nombre del poeta con el objetivo de reconocer anualmente una personalidad destacada por su obra. En 1930 Freud fue elegido.

Finalmente, se puede considerar que Freud compartió con el movimiento romántico un interés por los aspectos más profundos y misteriosos de la mente humana, y que esta afinidad también se refleja en su obra y estilo de escritura.

Referencias

Allouch. J. (2006). Erótica del duelo en tiempos de la muerte seca. Ediciones Literales.

Freud, S. (1895). Estudios sobre la histeria. En Obras completas (t. II, cap. 4) (1984). Amorrortu Editores.

Freud, S. (1894). Las neuropsicosis de defensa. En Obras completas (t. III, caps. 1 y 2) (1984). Amorrortu Editores.

Freud, S. (1900). La interpretación de los sueños. En Obras completas (t. IV, cap. 4) (1984). Amorrortu Editores.

Freud, S. (1914). Contribución a la historia del movimiento psicoanalítico. En Obras completas (t. XIV) (1984). Amorrortu Editores.

Freud, S. (1915). Lo inconsciente. En Obras completas (t. XIV, cap.7) (1984). Amorrortu Editores.

Freud, S. (1915). La represión. En Obras completas (t. XIV) (1984). Amorrortu Editores.

Freud, S. (1917). Duelo y melancolía. En Obras completas (t. XIV) (1984). Amorrortu Editores.

Freud, S. (1925). Inhibición, síntoma y angustia. En Obras completas (t. XX, caps. 3-7) (1984). Amorrortu Editores.

Freud, S. Más allá del principio del placer (1920). En Obras completas (t. XVIII) (1984). Amorrortu Editores.

Freud, S. (1930). El malestar en la cultura. En Obras completas (t. XXI) (1984). Amorrortu Editores.

Freud, S. (1904). Psicopatología de la vida cotidiana. En Obras completas (t. VI) (1984). Amorrortu Editores.

Godínez Aldrete, A. (2017). El ejercicio del deseo en la Modernidad: la influencia del romanticismo alemán en la concepción del inconsciente en la teoría psicoanalítica de Freud. Sincronía, N.° 72. Universidad de Guadalajara. Disponible en https://www.redalyc.org/articulo.oa?id=513852524009.

Kandel, E. (2007). En busca de la memoria. Katz editores.

Lain Entralgo, P. (1971). Historia universal de la medicina. Salvat.

Schopenhauer, A. (1818). El mundo como voluntad y como representación. En Biblioteca de obras maestras del pensamiento (2008). Losada.

Silvestre, M. (1988). Mañana el psicoanálisis. Manantial.


  1. Médica (UBA). Especialista en psiquiatría. Clínica, investigadora y docente.


Deja un comentario