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Intervenciones de la psicología positiva sobre la depresión

Nicolás Basin

Hoy sabemos que la presencia de emociones positivas tiene incidencia en distintos procesos psicológicos. Las personas con emociones positivas gozan de mejor salud física, tienen vínculos de mayor calidad, un mejor rendimiento en el trabajo y viven más tiempo (Castro Solano, 2010; Lamers et al., 2012). Sin embargo, los modelos clásicos en psicología no han dado lugar a las particularidades inherentemente positivas del ser humano (Gilham & Seligman, 1999). La alegría, el humor, la creatividad y el optimismo, por mencionar algunas, han quedado por fuera del análisis de la conducta humana.

En su famoso discurso inaugural ante la American Psychological Association, Seligman propuso el estudio de la fortaleza y la virtud (Gancedo, 2008). De aquel entonces, distintos autores propugnaron por brindarle un fuerte sustento empírico a los conceptos que devinieron del nuevo enfoque. De acuerdo con Cuadra & Florenzano (2003), la psicología positiva estableció como objetivo mejorar la calidad de vida, propiciando el bienestar y la felicidad. Asimismo, Pawelski (2009) refirió que cualquier investigación dentro de esta corriente debía atenerse a su distintiva perspectiva y metodología. Dado que no se parte de un modelo dicotómico de salud-enfermedad, el núcleo de la investigación debe residir en las emociones positivas. Entre ellas, uno de sus constructos principales es el bienestar subjetivo, que está integrado por dos facetas: la afectivo-emocional y la cognitivo-valorativa. A esta última se la ha denominado satisfacción vital, e implica la reflexión del individuo sobre las áreas más importantes de su vida.

De acuerdo con Seligman (2004; 2012), existen distintos caminos que llevan a una vida plena. El más accesible y practicado −a través de la experiencia colectiva− es la búsqueda del placer hedonista. Sin embargo, Lupano et al. (2010) refieren que es una vía que presenta importantes limitaciones: por un lado, la emocionalidad positiva está sujeta al temperamento, y por lo tanto a la herencia genética; y, por otro lado, nunca puede evadir la adaptación hedónica (Lyubomirsky, 2010).

El segundo camino es el compromiso, íntimamente ligado a las fortalezas individuales y al estado mental de flow (Csikszentmihalyi et al., 2014).
El tercer camino es la búsqueda de significado, que implica pertenecer o estar al servicio de la trascendencia de la experiencia individual. Investigaciones al respecto refieren que, si el sentido de la vida está guiado por valores, se asocia a una mayor satisfacción vital (Biswas-Diener & Kashdan, 2009). En un modelo posterior, Seligman (2012) agrega dos caminos: la cuarta ruta son los vínculos interpersonales, y la quinta ruta es la realización personal.

En la transferencia de los conocimientos generados por la investigación a la práctica clínica, Seligman (2004) propone que para influir positivamente en los consultantes se deben identificar y cultivar los distintos caminos, valiéndose e identificando las fortalezas inherentes de cada persona. De acuerdo con Lupano et al. (2010), desde sus inicios ha habido una proliferación de programas de intervenciones en psicología positiva, dirigidos principalmente a aumentar el bienestar. La dicotomía entre el malestar −propio de la psicopatología− y el bienestar generó debates e interrogantes sobre su interrelación. Desde un punto de vista ideal, se debería ayudar al consultante a experimentar mayores niveles de afecto positivo y satisfacción con la vida, así como bajos niveles de afecto negativo, en las distintas áreas vitales.

Distintas investigaciones asociaron positivamente la ausencia o baja sintomatología depresiva con la alta satisfacción vital. Esta última se veía asociada a una mayor participación en actividades, y a una mejor calidad en las interacciones sociales (Csikszentmihalyi y Hunter, 2003; Diener y Seligman, 2002). Algunas investigaciones (Silton et al., 2020) han demostrado que las emociones positivas coexisten con las negativas durante circunstancias adversas y estresantes, y ayudan a mejorar la salud y el bienestar. Con la acumulación progresiva de evidencia sobre las ventajas de intervenir en las emociones positivas, y siendo el trastorno depresivo mayor un cuadro donde predomina la baja tasa de refuerzo positivo, y una alta frecuencia de emocionalidad negativa, dentro del campo surgió la siguiente pregunta: ¿pueden estas intervenciones ayudar a sujetos que están cursando un episodio depresivo?

Al respecto, hasta la fecha se han realizado seis metaanálisis (Bolier et al., 2013; Chakhssi et al., 2018; Hendriks et al., 2018; Sin & Lyubomirsky, 2009; Weiss et al., 2016) para determinar si las intervenciones basadas en psicología positiva son efectivas para tratar los síntomas de la depresión. En todos ellos se observó una disminución significativa de las puntuaciones de depresión en comparación con los controles, tanto en las medidas posteriores al tratamiento como en el seguimiento (Pan et al., 2022).

Las intervenciones psicológicas positivas (IPP) pueden clasificarse en seis áreas principales: actos de amabilidad, gratitud, procesamiento positivo de acontecimientos pasados y presentes, procesamiento positivo de acontecimientos futuros, búsqueda de objetivos e identificación de puntos fuertes (Gorlin et al., 2017). Las intervenciones como el saboreo y el humor tuvieron los mayores efectos sobre la remisión de los síntomas depresivos. A su vez se evidenció que los programas eran más eficaces si contenían múltiples IPP; si estas eran de mayor duración; si contenían más sesiones y se ofrecían en un formato presencial.

Las intervenciones IPP permiten moldear el estilo cognitivo del paciente, lo que a largo plazo disminuiría las tan frecuentes recurrencias del trastorno depresivo mayor (Cuadra et al., 2010; Vera, 2006). Si bien las intervenciones en psicología positiva no fueron creadas con el objetivo de conseguir la remisión sintomática o incidir directamente en los procesos patológicos, pueden complementar otros tratamientos con fuerte sustento empírico. Cualquier avance es válido, tomando en consideración que la depresión tiene un impacto significativo en la calidad de vida del individuo y constituye la segunda causa de discapacidad a nivel mundial.

Referencias

Biswas-Diener, R., Kashdan, T. B. & King, L. A. (2009). Two traditions of happiness research, not two distinct types of happiness. The Journal of Positive Psychology4 (3), 208-211.

Bolier, L., Haverman, M., Westerhof, G. J. et al. (2013). Positive psychology interventions: a meta-analysis of randomized controlled studies. BMC Public Health, 13, 119. https://doi.org/10.1186/1471-2458-13-119.

Carr, A., Cullen, K., Keeney, C., Canning, C., Mooney, O., Chinseallaigh, E. & O’Dowd, A., (2020). Effectiveness of positive psychology interventions: a systematic review and meta-analysis. The Journal of Positive Psychology. https://tinyurl.com/2kxpwj4w.

Castro Solano, A. A. (2010). Fundamentos de psicología positiva. Paidós.

Chakhssi, F., Kraiss, J. T., Sommers-Spijkerman, M. & Bohlmeijer, E. T. (2018). The effect of positive psychology interventions on well-being and distress in clinical samples with psychiatric or somatic disorders: A systematic review and meta-analysis. BMC psychiatry, 18, 1-17.

Csikszentmihalyi, M., Nakamura, J. & Csikszentmihalyi, M. (2014). The concept of flow. Flow and the foundations of positive psychology: The collected works of Mihaly Csikszentmihalyi, 239-263.

Cuadra, A. (2002). Escala de satisfacción vital. Arica. Informe de Investigación. Universidad de Tarapacá.

Cuadra, H. & Florenzano, R. (2003). Subjective well-being: Towards a positive psychology. Revista de Psicología de la Universidad de Chile, 12 (1), 83-96.

Cuadra-Peralta, A., Veloso-Besio, C., Ibergaray Perez, M. & Rocha Zuniga, M. (2010). Resultados de la psicoterapia positiva en pacientes con depresión. Terapia psicológica, 28 (1), 127-134.

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Gancedo, M. (2009). Psicología positiva: posible futuro y derivaciones clínicas. Psicodebate. Psicología, Cultura y Sociedad, (9), 15-26.

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Gorlin, E. I., Lee, J. & Otto, M. W. (2018). A topographical map approach to representing treatment efficacy: A focus on positive psychology interventions. Cognitive Behaviour Therapy, 47 (1), 34-42. https://doi.org/10.1080/16506073.2017.1342173.

Hendriks, T., Schotanus-Dijkstra, M., Hassankhan, A., Graafsma, T. G. T., Bohlmeijer, E. & de Jong, J. (2018). The efficacy of positive psychological interventions from non-western countries: a systematic review and meta-analysis. International Journal of Wellbeing, 8 (1).

Lamers, S. M., Bolier, L., Westerhof, G. J., Smit, F. & Bohlmeijer, E. T. (2012). The impact of emotional well-being on long-term recovery and survival in physical illness: a meta-analysis. Journal of behavioral medicine, 35, 538-547.

Lupano Perugini, M. L. & Castro Solano, A. (2010). Psicología positiva: análisis desde su surgimiento. Ciencias psicológicas, 4 (1), 43-56.

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Pan, S., Ali, K., Kahathuduwa, C., Baronia, R. & Ibrahim, Y. (2022). Meta-analysis of positive psychology interventions on the treatment of depression. Cureus, 14 (2).

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Silton, R. L., Kahrilas, I. J., Skymba, H. V., Smith, J., Bryant, F. B. & Heller, W. (2020). Regulating positive emotions: Implications for promoting well-being in individuals with depression. Emotion, 20 (1), 93.

Sin, N. L. & Lyubomirsky, S. (2009). Enhancing well‐being and alleviating depressive symptoms with positive psychology interventions: A practice‐friendly meta‐analysis. Journal of clinical psychology, 65 (5), 467-487.

Weiss, L. A., Westerhof, G. J. & Bohlmeijer, E. T. (2016). Can we increase psychological well-being? The effects of interventions on psychological well-being: A meta-analysis of randomized controlled trials. PloS one, 11 (6), e0158092.



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