Cuando la enfermedad y el patrón identitario se entrelazan
Juan Carlos Ferrali
Hemos visto que durante la Antigüedad clásica se formó el concepto de melancolía, el cual a partir de entonces atraviesa la cultura en un triple sentido:
- Como enfermedad o al menos afección que ocasiona sufrimiento, interferencia o propensión a padecer complicaciones, que implican hasta la supervivencia misma.
- Como patrón de personalidad.
- Como componente constitutivo de la subjetividad humana, con las peculiaridades propias de cada época.
Hay tres etapas durante las cuales la melancolía aparece resaltada. Una es la Antigüedad, luego el Renacimiento y finalmente el Romanticismo. Las dos primeras pudimos examinarlas previamente.
Sobre este último período Silvia Herlyn efectúa un análisis de las relaciones entre Freud y algunas características, figuras representativas y perfiles del movimiento.
Trataremos de evitar la redundancia cuando contextualizamos los objetos de estudio que procuramos comprender en estas líneas.
El Romanticismo caracteriza los tiempos finales del siglo XVIII y sobre todo la primera mitad del siglo XIX, junto a otros dos grandes acontecimientos:
- La revolución liberal burguesa
- La Revolución Industrial
Estos sucesos cambian radicalmente la sociedad. En el primer caso, por la nueva forma de organización política y manejo del poder, mientras que el segundo implica una transformación de envergadura semejante al inicio de la Era Neolítica. Con la Revolución Industrial se suman actores a la dinámica social, a la vez que crece la producción de riqueza y el ingreso per cápita, lo que da lugar al protagonismo de la burguesía y el proletariado en el desarrollo de las naciones.
Suele mencionarse el factor reactivo del movimiento romántico en relación con el período del Iluminismo, caracterizado por dar a la razón el fundamento del conocimiento. Se genera el traslado del foco de preocupación e interés desde el individuo hacia el fenómeno colectivo. Aparece un nuevo sujeto de derecho, el pueblo o nación. Y se reconocen componentes irracionales e intuitivos durante el proceso de conocimiento.
El movimiento romántico es complejo, hunde sus raíces en la profundidad de la historia y se proyecta hasta nuestros días. Su impronta es muy poderosa. La consideración de sus características y desarrollo es cuestión de especialistas, motivo por el cual no pretendemos ir más allá. A lo sumo encuadrar con cuidado la cuestión.
En su Historia de la melancolía y la depresión, Stanley Jackson estudia en una parte de la obra aquello que denomina aspectos conexos, y en ese punto aparecen dos importantes capítulos:
- La melancolía amorosa
- La nostalgia
Las relaciones entre amor y melancolía tienen antiguos antecedentes. Robert Burton se aplica a la cuestión bajo el término love-melancholy. El tema de la enfermedad del amor, la locura de amor ha sido objeto de interés siempre, pero durante el Romanticismo su presencia alcanzó una intensidad y dimensión caracterizadora del clima de época. De hecho la puerta de entrada al movimiento romántico suele asociarse a la figura de Johann Wolfgang Von Goethe. Su obra Las desventuras del joven Werther es la representante emblemática de ese inicio. Werther se suicida por la imposibilidad de concretar su amor con Charlotte, joven casada. La encarnadura del personaje es la del prototipo melancólico del período. Es dable discutir si se trata de un caso de personalidad depresiva o una melancolía concebida como enfermedad o síndrome. El acto es de agresión al objeto amado, culpógeno y trágicamente doloroso. Enfermo de amor, Werther mereció una relectura apasionada por parte de Jules Massenet en su ópera, que lleva el nombre del joven suicida.
Richard Wagner dedicó a dos amantes, que bien pueden estar unidos por un sentimiento de melancolía amorosa, Tristán e Isolda, una de sus obras mayores y que constituye una expresión cúlmine del Romanticismo. Los amantes se conducen desesperadamente hacia la autodestrucción y mueren impelidos por el deseo respecto del cual el filtro de amor adquiere múltiples significados. Muerte de amor y exégesis de belleza se conjugan en la plenitud del ideal romántico.
Jackson estudia con minuciosidad el interés por la melancolía amorosa a lo largo de la historia. Estamos puntualizando el énfasis que el asunto revistió durante el período romántico. En tiempos previos Jacques Ferrand (1575-1630) escribió un libro sobre el tema, Traicte de l’essence et guérison de l’amour ou de la melancholie erotique. Aparece por entonces el concepto de “amor heroico”, que Burton considera poco merecedor de tan honroso calificativo siendo en cambio una lujuria ardiente que conduce a la enfermedad. El término nos remite a la lectura romántica del mito medieval que Richard Wagner hizo sobre los amantes en su exaltación sublime de la muerte de amor. Se trata de amor heroico en plenitud.
El acento romántico sobre la melancolía está puesto en el componente de la subjetividad particularmente, porque enfermedad y rasgo mantienen la inquietud y el interés de forma estable a través de los tiempos.
Sin embargo, el arte como sublimación y posibilidad de acercamiento a la tragedia fundada en los mitos más dolorosos –cosa que el teatro permite atemperar y hacer tolerable, mientras que la ópera, el dramma per-música, alivia aún más– no es suficiente para escotomizar la conjunción de locura, melancolía y obra en el propio artista. Ejemplo paradigmático es el del poeta romántico Gérard de Nerval (1808-1855), seudónimo de Gérard Labrunie, para algunos el más romántico de los poetas franceses, quien mantuvo un amor rayano en la máxima exaltación con una mujer que falleció en 1842. Por ese entonces De Nerval había manifestado sus primeros episodios de locura y melancolía, que lo condujeron a varias internaciones psiquiátricas. Se suicidó joven, a los 46 años. Tal vez un caso de enfermedad bipolar de tipo I. Podemos recordar los primeros versos de su soneto El desdichado, en traducción de Octavio Paz:
Yo soy el tenebroso –el viudo–, el sin consuelo,
Príncipe de Aquitania de la torre abolida:
Murió mi sola estrella, mi laúd constelado
Ostenta el negro Sol de la Melancolía.
El concepto de nostalgia, en el sentido de padecimiento, surge a fines del siglo XVII y, como señala Jackson, se extiende hasta comienzos del siglo XX como variante de la melancolía. Nostos, en griego, es el regreso a la patria natal, al lugar. Ulises regresa en la Odisea. Algos es dolor. La palabra se refiere al dolor por la separación del lugar de origen. El sentimiento del que se fue. Maladie du pays en francés. Como problema médico lo describe Hofer en 1688. Jackson cita textualmente a Hofer: “Las personas más susceptibles a esta enfermedad son los jóvenes que viven en tierras extrañas, y entre éstos especialmente aquellos que en su país llevaban una vida muy encerrada sin apenas trato social”. Vale decir que se necesita una predisposición a la aflicción con angustia para padecer. Schiller se ocupó del tema y desde principios del siglo XIX el concepto se consolida como una forma de melancolía. El mismo Griesinger en su obra sobre los Estados de depresión mental incluye el problema como variante de la melancolía y le dedica párrafos interesantes.
De a poco, el término fue perdiendo fuerza como indicador de enfermedad. La palabra se utilizó desde entonces con una acepción de mayor amplitud, para designar el sentimiento de pena respecto de lo perdido, que a menudo es pasado. Puede ser un lugar, un ser querido o una cosa. Es, de alguna forma, la añoranza. Como la saudade en portugués y la morriña en gallego, que acuñan en el lenguaje con palabras de bella resonancia toda la aflicción que la distancia, aquello que quedó atrás, nos atraviesa y a la vez configura.
La cultura popular refleja esa emoción en diversos productos. En nuestro caso, por ejemplo, pasa con la música que nos representa desde los fines del siglo XIX, cuando se transformó en heredera de la milonga y expresión alegre para bailar. Música de compadritos.
El tango luego se hizo canción ciudadana de Buenos Aires, aparte de danza icónica. Como canción es una etapa evolutiva de la expresión, que floreció sobre todo a partir de los años 20 del siglo pasado. La nostalgia es un sentimiento prevaleciente en sus letras. La pena por la pérdida, el abandono y el desamor. Precisamente hay un tango que lleva ese nombre, “Nostalgias”, de Cadícamo y Cobián, estrenado en 1935. Ese sentimiento, que impregna buena parte de la enorme producción que llegó hasta los años 50, probablemente se origina en el recuerdo por el lugar perdido de los inmigrantes que llegaron a poblar Argentina, aunado a la exuberancia emocional de la impronta melancólica de aquellos tiempos, que terminó por apropiarse de una buena parte de la representación identitaria. El sentimiento del inmigrante se conjugó entonces con el de la melancolía amorosa en hombres solitarios dentro del paisaje urbano. El bandoneón fue instrumento preciso para la música bordada en textos dolorosos que sintetizaron esos apartados de Jackson. Nostalgia y melancolía amorosa.
Aquello que denominamos impronta romántica es el vestigio, el residuo que permanece luego del período propio del movimiento. Ese período propio abarca desde fines de siglo XVII hasta mediados del XIX, con una influencia marcada en la segunda mitad, donde convive con el positivismo coloreando las vivencias de diferentes generaciones y formatos de producción cultural. La impronta romántica marcó los tiempos hasta nuestro presente e integra, como la melancolía y la nostalgia, la composición subjetiva con la cual, algo más o algo menos, se identifican grupos y personas.
Referencias
Adamoli, G. (1978). La gran música. Asuri.
Borges, J. L. (2016). El tango, cuatro conferencias. Sudamericana.
Bradu, F. (1975). Octavio Paz, traductor de Gérard de Nerval. Disponible en https://zonaoctaviopaz.com/detalle_conversacion/95/octavio-paz-traductor-de-gerard-de-nerval/.
Goethe, J. W. (2006). Werther. Biblioteca Virtual Universal.
Griesinger, W. (2007). Patología y terapéutica de las enfermedades mentales. Polemos.
Hauser, A. (1993). Historia social de la literatura y el arte. Labor.
Jackson, S. (1989). Historia de la melancolía y la depresión. Ediciones Turner. Madrid.
Lain Entralgo, P. (1971). Historia universal de la medicina. Salvat.
Zamudio, C. (2016). Tango, la poesía de la nostalgia. Disponible en https://literariedad.co/2016/05/22/tango-la-poesia-de-la-nostalgia/.







