Al atardecer del 3 de diciembre de 1990, mientras se disipaba el humo de los últimos disparos ocurridos durante la jornada, Argentina había alcanzado el control civil de sus Fuerzas Armadas. En efecto, el último levantamiento carapintada, encabezado por el coronel Mohamed Alí Seineldín, fue reprimido por orden del presidente Carlos Menem (1989-1999) y 20 horas más tarde se rendían, dejando un saldo de trece muertos y más de 50 heridos entre militares y civiles.
Casi dos años después, el sociólogo argentino Ernesto López (1992) publicaba en la revista Fuerzas Armadas y Sociedad el premonitorio artículo “Argentina: desarme de hecho y cooperación para la paz”. Cuatro años más tarde, en el libro publicado junto a David Pion-Berlin, Democracia y Cuestión Militar, volvía a insistir en que –ya no premonitoriamente– se había producido un desarme de hecho de la República Argentina. El autor señalaba en el último texto referenciado que:
[el] cuadro de desmovilización y desarme de hecho [significa] una reducción del tamaño de las Fuerzas Armadas, una desactivación de su capacidad para armarse, un descenso en el nivel de profesionalización y adiestramiento [y] una disminución del grado de alistamiento y de la capacidad de movilizar recursos para la guerra. Se lo califica como habiendo ocurrido ‘de hecho’ debido a que no ha habido una decisión elaborada y coherente de la conducción política de la sociedad para producirlo, sino que más bien ha sido el resultado de una situación económica general regresiva y de unas políticas gubernamentales restrictivas diseñadas para enfrentar los problemas económico-financieros del país (y no dar respuesta a los problemas de la Defensa). (López, 1996, p. 195)
Claramente, una vez alcanzado el control civil de las Fuerzas Armadas, la política de defensa no fue una prioridad ni en la agenda pública ni en la agenda gubernamental, más allá de estridentes reclamos propios de etapas electorales o discursos de corte soberanista que ponían de manifiesto la necesidad de atender el desarrollo de las Fuerzas Armadas.
Durante los 40 años transcurridos desde diciembre de 1983 se han sucedido administraciones gubernamentales de diferente signo y orientación política. La socialdemocracia radical de Raúl Alfonsín (1983-1989), la década del peronismo versión neoliberal de Carlos Saúl Menem (1989-1999), el radicalismo neoliberal de Fernando De la Rúa (1999-2001), el interregno del peronismo versión “piloto de tormenta” de Eduardo Duhalde (2001-2003), la larga década del peronismo kirchnerista (2003-2015), el período liberal-conservador de Mauricio Macri (2015-2019) y la experiencia fallida del Frente de Todos con Alberto Fernández (2019-2023).
A lo largo de estas administraciones, se dieron contrapuntos políticos que giraron en torno a la cuestión de las misiones militares en general, la participación de las Fuerzas Armadas en tareas de seguridad interior, la asignación (o no) de responsabilidad en materia de inteligencia antiterrorista, el debate sobre el pasado de la violencia política y el terrorismo de Estado, el rol del Ministerio de Defensa durante la etapa democrática y la cuestión de la adquisición de equipamiento militar entre ofertas occidentales y orientales, entre otras cuestiones.
Tampoco se careció de conducción política en algunas dimensiones relacionadas con la política de defensa y militar. Solo por señalar algunos ejemplos abarcativos de casi todas las gestiones, durante el gobierno de Alfonsín se establecieron los decretos que permitieron la prerrogativa política en el nombramiento de los cuadros superiores de las Fuerzas Armadas, se suprimió la existencia de la figura de los comandantes en jefe de cada una de las fuerzas y se decidió el impulso de los juicios a las ex autoridades militares de la dictadura por el terrorismo de Estado. Durante la administración del menemismo, se adoptaron decisiones políticas de relativa importancia: se reprimió de manera tajante la rebelión carapintada, se reemplazó del Servicio Militar Obligatorio (SMO) por el Servicio Militar Voluntario (SMV), se desactivó el proyecto misilístico Cóndor II y se desarticuló el entramado industrial militar.
Durante la administración kirchnerista, se impulsó la derogación de las leyes de Obediencia Debida y Punto Final y se respaldó la continuidad de los juicios por delitos de lesa humanidad, se estableció el Ciclo de Planeamiento para la Defensa, con lo cual se formalizó e institucionalizó el proceso de formulación de política de defensa y militar y se le asignó al jefe del Estado Mayor Conjunto de las Fuerzas Armadas el carácter de máxima autoridad militar. En la gestión macrista, se modificó el Decreto 727/06 (reglamentario de la Ley 23554) mediante el Decreto 683/16, a los efectos de facilitar la participación de las Fuerzas Armadas en tareas de seguridad interior. A lo largo de la administración de Alberto Fernández, se implementó efectivamente la Ley 27565 del Fondo Nacional de la Defensa.
Es decir, se adoptaron decisiones políticas. No obstante, con relación a las cuestiones que atañen a este libro –las constricciones y desafíos que se presentaron y aún se mantienen con relación a la organización y el funcionamiento operativo de las Fuerzas Armadas–, parece haber una línea de continuidad, una visión común al conjunto de la política, una especie de acuerdo político implícito (“de hecho”) sobre no alterar la organización ni el despliegue de manera significativa, así como mantener el presupuesto en proporciones relativamente bajas. Es decir, otorgarle continuidad a una matriz “constrictiva”, con respecto al funcionamiento operacional militar.
En esta dimensión de la acción política, que hace a los aspectos funcionales y organizativos netamente militares, parece haberse afincado un comportamiento que fue definido como el “desgobierno de la defensa nacional y los asuntos militares” (Sain, 2015); es decir, la ausencia de políticas tendientes a reformar una estructura militar persistente, anacrónica, funcionalmente endeble e insostenible presupuestariamente, tal cual como está organizada.
El presente libro no tiene una pretensión académica. Se trata de un intento de colocar nuevamente en discusión –como a principios de la década de los 90– la cuestión de la viabilidad de las Fuerzas Armadas en las condiciones políticas, estratégicas y presupuestarias actualmente vigentes. Alentar el planteo de interrogantes con respecto al futuro de la organización militar nacional es un objetivo primordial de este trabajo. Por ejemplo, ¿es factible que mantengamos una situación estructural de constricción y decaimiento organizativo y funcional de las Fuerzas Armadas para siempre? ¿La República Argentina, puede darse el lujo de soslayar decisiones que permitan empezar a recomponer en alguna instancia cierta capacidad militar efectiva, en un concierto global signado por la pugnancia internacional y la ubicación de Sudamérica como un área de interés para las grandes potencias? ¿Existen condiciones políticas hoy y en el futuro previsible para pensar seriamente la posibilidad de reorganizar las Fuerzas Armadas? ¿La dirigencia política actual, está en condiciones de comprender el funcionamiento castrense y los efectos estratégicos de mantener una situación de estas características? ¿Qué modelo de Fuerzas Armadas está dispuesta a sostener la sociedad y la política?: ¿un gran despliegue incompleto y poco adiestrado, que apenas alcanza para responder a las necesidades sociales de un municipio o provincia, o una organización militarmente operativa –aunque seguramente mucho más pequeña de lo que fue históricamente–, preparada para apuntalar demandas más estratégicas?
Numerosos son los autores que han abordado diferentes cuestiones que atañen a la defensa nacional y su principal instrumento, las Fuerzas Armadas, desde los años 80 hasta la actualidad en libros, papers, ponencias en congresos, jornadas y talleres académicos y en artículos periodísticos. Se han analizado temáticas como las relaciones civiles-militares, gobierno civil, presupuesto, reestructuración de las Fuerzas Armadas, política de defensa en diferentes gobiernos democráticos, planeamiento de la defensa, ciberdefensa, doctrinas militares, militarización, el rol de estas en seguridad interior (“nuevas amenazas”), narcotráfico y/o terrorismo y, también, su rol en otras misiones secundarias, subsidiarias o complementarias.
El presente libro se suma a esta extensa producción académica y de difusión que parte de la premisa –como muchos de los autores señalados– que Argentina, como país mediano y con el octavo territorio del mundo, debe tener Fuerzas Armadas adecuadas a las actuales realidades estratégicas internacionales, regionales y nacionales. Tampoco pone en duda que entre 1983 y 2023 se han intentado efectuar reformas y establecer planes, pero siempre en un contexto de general de desinterés relativo por el tema de la defensa nacional y las Fuerzas Armadas en los más altos niveles de decisión gubernamental, lo cual se traducía también en un escaso presupuesto para el sector o, visto desde el otro lado de la moneda, Fuerzas Armadas no adecuadas a esa realidad presupuestaria.
A partir de esta línea de largada, el primer capítulo del libro realiza un análisis cualitativo de lo que Ernesto López ha denominado “desarme de hecho”. Para ello, se contextualizan las decisiones que se han tomado en estos últimos 40 años y se evalúa el impacto que ellas han tenido en el funcionamiento y la organización de las Fuerzas Armadas. Para esto, se ha recurrido al análisis documental y a entrevistas en profundidad a oficiales retirados de las tres fuerzas que fueron testigos de la transición entre la situación de las Fuerzas Armadas de forma previa a la Guerra del Atlántico Sur (1982) y los efectos del desarme de hecho en la realidad cotidiana en los años 80 y 90. Asimismo, aborda una cuestión que es neurálgica para entender los efectos de esta “no política”. Se intenta explicar cómo funciona, en términos genéricos, una organización militar y cuáles son algunos de los componentes esenciales que se deben ponderar y sostener para obtener una organización castrense preparada y disponible para el cumplimiento de su misión principal.
El segundo capítulo del libro complementa al primero; tomando como referencia la matriz de Ernesto López (1996), se cuantifica no solamente el presupuesto, sino también el alistamiento, el adiestramiento, los recursos destinados a ambos, la cantidad de efectivos, la inversión en defensa, capacidades y compras, y la evolución de la estructura orgánica. En este caso, se recurrió a una metodología cuantitativa principalmente. La fuente de los datos utilizados fueron informes internacionales (como el del Stockholm International Peace Research Institute, SIPRI), las Cuentas de Inversión del Ministerio de Economía de la República Argentina y de la Oficina de Presupuesto del Congreso de la Nación, y fuentes militares.
En síntesis, estamos convencidos de que, sin esta discusión de fondo sobre el modelo de organización militar que la República Argentina debe tener y sin un planeamiento real –como el plasmado en el Plan de Capacidades Militares (PLANCAMIL) 2023, pero que no está siendo implementado–, será imposible que Argentina cuente con Fuerzas Amadas para defender sus intereses vitales y estratégicos.
Finalmente, queremos agradecer a los civiles y militares que, anónimamente o no, han contribuido al contenido de este trabajo, y también a nuestras respectivas familias.
Buenos Aires, 11 de diciembre de 2024




