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2 Reflexiones en torno a la crítica foucaultiana del saber económico

Iván Gabriel Dalmau[1]

En retrospectiva, los trabajos publicados aparecen como fotografías, como recortes momentáneos de un proceso […]. Sin embargo, la lectura de las lecciones del Collège de France provee un antídoto eficiente para esto. En dichas conferencias vemos a Foucault trabajando, volviendo constantemente sobre cuestiones previas, retomándolas y reformulándolas.

 

Sven-Olov Wallenstein,

Foucault, Biopolitics and Governmentality

Desde hace poco más de dos décadas, la problematización de la biopolítica y las formas modernas de gubernamentalidad elaborada por Michel Foucault ha cobrado una centralidad insoslayable en el seno de las investigaciones y debates del vasto campo de la filosofía política contemporánea (Terrel, 2010; Lemke, 2011, 2019; Castro, 2014; Chignola, 2014; Kelly, 2014, 2018; Golder, 2015; López, 2017; Blengino, 2018; Raffin, 2018, 2019). A lo largo de las líneas que se despliegan a continuación, nos proponemos llevar a cabo una problematización de la imbricación entre “lo epistemológico” y “lo ontológico-político” (Foucault, 2012) que vertebra a la crítica foucaultiana de la economía política elaborada en el marco de su genealogía de la gubernamentalidad moderna y contemporánea (Foucault, 2004a, 2004b).[2] Es decir, que, en lugar de realizar una contribución a los debates teórico-políticos suscitados en torno de la lectura foucaultiana del liberalismo y el neoliberalismo, pondremos el foco de problematización en el modo en que el filósofo lleva a cabo una crítica política del saber económico en el seno de dicha genealogía.[3]

Buscaremos revisar, entonces, el “archivo Foucault” en cuanto caja de herramientas, remarcando que estas habilitan la realización de una crítica epistemológica del saber económico que, en lugar de bastarse a sí misma, se encuentra jalonada por objetivos ontológico-políticos ligados al diagnóstico de la actualidad (Foucault, 2008). Así, en lugar de realizar un aporte al “perenne problema” de la objetividad cognoscitiva de la economía política, que se articula con una concepción normativa del ejercicio de la crítica, las herramientas forjadas por Foucault permiten elaborar una crítica epistemológica y ontológico-política de las formas de objetivación inmanentes a la formación de dicho saber.

En lo que a la estrategia argumental respecta, sería pertinente destacar que dividiremos el presente escrito en dos parágrafos y un breve apartado de reflexión final. En el primero, apoyados en el gesto foucaultiano de recuperación y reelaboración recurrente de sus trabajos (Fontana y Bertani, 1997; Lehm y Vatter, 2014), revisaremos el archivo Foucault para constituir una serie documental que nos permita ligar las nociones de saber, genealogía y crítica, de modo tal de problematizar la apuesta foucaultiana de llevar a cabo una crítica política del saber económico. Justamente, en el siguiente apartado nos detendremos en dicho abordaje del discurso de la economía política desplegado por el filósofo en el marco de su arqueo-genealogía de las formas de gobierno económico (Foucault, 2004b).

Por último, querríamos remarcar que pretendemos llevar a cabo una lectura arqueológica y problemática de la caja de herramientas foucaultiana. En tanto buscamos indagar acerca de la potencia ontológico-política que encierra su problematización del saber económico, no nos ocuparemos de problematizar sus referencias a otros filósofos u otras corrientes filosóficas en términos de su plausibilidad filológica, sino que, más bien, nos valdremos de ellas en función del modo en que se inscriben en la economía del discurso foucaultiano.

La crítica política del saber como crítica de las formas de objetivación

Me parece que la elección filosófica a la que nos encontramos confrontados actualmente es ésta. Hay que optar por una filosofía crítica que se presentará como una filosofía analítica de la verdad en general, o por un pensamiento crítico que tomará la forma de una ontología de nosotros mismos, de una ontología de la actualidad.

 

Michel Foucault,

Le gouvernement de soi et des autres

En la primera clase del curso dictado en el Collège de France durante el ciclo lectivo 1982-1983, es decir, la clase del 5 de enero de 1983 por medio de la que diera inicio al curso Le gouvernement de soi et des autres (Foucault, 2008), Foucault se vale de una presentación del modo en que Immanuel Kant respondió a la pregunta Was ist Aufklärung? para inscribir su propia labor en una modulación de la crítica. En línea con la cita que hemos colocado como epígrafe, consideramos pertinente detenernos en que, frente a la realización de una “analítica de la verdad en general” –preocupada por las posibilidades del conocimiento y sus límites infranqueables–, Foucault reivindica la práctica de la crítica como una ontología de la actualidad. Por un lado, en la reconstrucción propuesta por el pensador francés, tendríamos, entonces, el sendero de la crítica erigido en torno al Kant de la Crítica de la razón pura, en cuyo marco se despliegan un variopinto conjunto de corrientes filosóficas en las que la crítica es concebida como una reflexión fundamentadora y normativa. Discursos que, más allá de sus modulaciones, se inscribirían en una forma de problematización en la que el ejercicio de la crítica, como indagación respecto de los límites y posibilidades del conocimiento, formaría un triángulo con la búsqueda de un fundamento adecuado en el que afincar el conocimiento y una consecuente propuesta normativa respecto de la pregunta acerca de cómo conocer. Por el contrario, Foucault se inscribe explícitamente en el otro sendero de la crítica, aquel en el que –haciéndose eco del Kant que se pregunta por la Aufklärung– la filosofía crítica es practicada como una actividad de diagnóstico del presente. Senda en la que, entre otros, Foucault ubica a Nietzsche, y que tendría como nota particular la búsqueda de dar cuenta de la constitución ontológico-política de la actualidad (Giordano, 2007; Gros, 2008; Mascaretti, 2014). Es de destacar que el diagnóstico del presente se desplegará en los trabajos de Foucault, tal como lo remarcó en la citada lección, a través de la problematización de las matrices que constituyen los focos de experiencia, es decir, las prácticas que nos habitan.[4]

Apoyados en el gesto foucaultiano de recuperación y reelaboración recurrente de sus trabajos, al que hemos aludido en la introducción, consideramos pertinente remitirnos al modo en que elabora la nociones de saber y genealogía, desde la perspectiva de la manera en que problematiza el carácter crítico de la práctica filosófica. Por lo tanto, dirigiremos nuestra lectura hacia la problematización arqueológica del saber, tras lo cual nos detendremos en los que podrían denominarse como “ecos arqueológicos de la genealogía”. Sin embargo, antes de proseguir nuestra lectura, para disipar cualquier sospecha de “forzamiento teleológico” de la interpretación propuesta, quisiéramos remarcar una serie de cuestiones. En primer lugar, al referirse a Nietzsche y al estructuralismo a mediados de los 60 (Foucault, 1994a, 1994b), referencias introducidas en el marco de entrevistas que tuvieron lugar en el contexto de la publicación de Les mots et les choses (Foucault, 1966), Foucault vinculó explícitamente la actividad filosófica con el diagnóstico del presente. Por otra parte, no puede desconocerse que, en las arqueologías acerca de la locura (Foucault, 1972) y de la clínica (Foucault, 1963), el filósofo problematiza la imbricación entre la formación de determinados saberes y las transformaciones en las prácticas institucionales, en sintonía con sus posteriores indagaciones genealógicas desarrolladas en los años 70 (Gutting, 1989). Relación que parece elidida en Les mots et les choses, cuya preocupación ontológico-política resulta sin embargo insoslayable, puesto que de lo que allí se trata es de problematizar la constitución del “hombre”, de modo tal de poder desasirse de la grilla de inteligibilidad forjada por el humanismo, que hace de dicha figura el punto de partida tanto de la reflexión teórico-epistemológica como de la indagación práctico-política (Paltrinieri, 2014). A mayor abundancia, cabe recordar que, hacia el final de L’archéologie du savoir (Foucault, 1969), el filósofo explicita la posibilidad de llevar a cabo “otras arqueologías” acerca de la pintura, de la sexualidad y de la política, blancos –estos últimos– en los que se detendría a lo largo de los cursos dictados en el Collège de France (Castro, 2011).

Habiendo realizado las aclaraciones correspondientes, nos remitimos, entonces, a la forma de problematización de los discursos que Foucault propone a fines de los años 60 en L’archéologie du savoir (1969). En dicho libro, remarca que la problematización arqueológica de los discursos consiste en abordarlos en cuanto prácticas y se orienta hacia dar cuenta de sus condiciones de posibilidad (Muhle, 2012), de forma que logra así el establecimiento de los modos históricos de constitución de ciertas positividades, en lugar de tomarlas de antemano como evidencia y punto de partida. La arqueología no busca configurarse como una teoría del conocimiento alternativa, que problematizaría la relación sujeto-objeto (Foucault, 1994c), sino que entre sus objetivos se destaca el dar cuenta de los modos históricos de constitución de ambos términos al remitirlos a sus condiciones de posibilidad. Así, en lugar de problematizar las posibilidades del conocimiento y sus límites infranqueables, configura un registro epistemológico que no se “basta a sí mismo”, sino que se encuentra jalonado por preocupaciones ontológico-políticas. De lo que se trata, entonces, es de dar cuenta de la formación inmanente de los objetos y las posiciones de sujeto a partir del abordaje del discurso de las ciencias empíricas y las ciencias humanas. De este modo, la problematización del saber se encuentra desanclada del interior de la relación sujeto-objeto y se caracteriza por prescindir de una concepción teleológica de la historia de las ciencias, como así también de llevar a cabo una reflexión epistemológica de carácter normativo (Foucault, 1966; Castro, 1995). Por lo tanto, sostenemos que, en lugar de contribuir a la crítica normativa respecto de la objetividad cognoscitiva de las ciencias empíricas y las ciencias humanas, la crítica arqueológica se desplaza hacia la problematización de las formas de objetivación.

Ahora bien, en la medida en que es la crítica genealógica del saber económico, desplegada en el marco de sus trabajos respecto de las formas modernas de gubernamentalidad, lo que constituye el blanco de nuestro capítulo, antes de dar paso al siguiente apartado se nos impone la tarea de explicitar los que podrían denominarse como “ecos arqueológicos de la genealogía”. Cabe destacar que, por “ecos arqueológicos de la genealogía”, nos referimos tanto a la centralidad que posee la noción de saber dentro de las herramientas de que Foucault se vale en sus genealogías, como así también al modo recurrente en que se ocupa del discurso de las ciencias empíricas (acerca de la vida, el trabajo, el lenguaje) y las ciencias humanas (Castro-Gómez, 2010). Además, no puede soslayarse la problematización foucaultiana de la genealogía como un método que permite realizar un trabajo filosófico en las canteras de la historia que no se encuentra jalonado por una preocupación normativa, ni adopta una perspectiva historiográfica de carácter teleológico.

En este contexto, resulta pertinente recordar que en el marco de la Leçon sur Nietzsche dictada en Montreal en 1971, el filósofo se enfocó en la posibilidad erigida a partir de la genealogía nietzscheana de “pensar el conocimiento como un proceso histórico previo a toda problemática de la verdad, y más fundamentalmente que en la relación sujeto-objeto. El conocimiento liberado de la relación sujeto-objeto es el saber” (Foucault, 2011). En esta lección problematiza, a partir de una lectura de Nietzsche, la posibilidad de trazar “una historia de la verdad que no se apoye en la verdad”. Historia de la verdad a la que presenta en oposición a la elaborada dentro del marco de la filosofía positivista comteana:

En esta historia positivista, la verdad no está dada al comienzo. Durante mucho tiempo, el conocimiento la busca: ciego, titubeante. La verdad se da como el resultado de una historia. Pero esa relación finalmente establecida entre la verdad y el conocimiento es una relación de derecho que se plantea al comienzo. El conocimiento está hecho para ser conocimiento de la verdad. Hay una copertenencia de origen entre la verdad y el conocimiento. […] El atrevimiento de Nietzsche consiste en haber desanudado esas implicaciones. Y haber dicho: la verdad sobreviene al conocimiento –sin que el conocimiento esté destinado a la verdad, sin que ella sea la esencia del conocer– (Foucault, 2011, p. 199).

La problematización genealógica recupera los desarrollos arqueológicos, puesto que la “desimplicación” entre conocimiento y verdad, que se liga a la posibilidad de repensar el conocimiento en términos de saber, es decir, de pensarlo por fuera de la relación sujeto-objeto, retoma la forma de problematización forjada por Foucault en el marco de la contraposición entre teoría del conocimiento y arqueología del saber. Cabe remarcar que el filósofo vincula la cuestión de que el saber no se da entre sujeto y objeto, sino que ambos términos le son inmanentes al hecho de que la interrogación se genera por fuera del problema de la verdad, valga la redundancia, por fuera de un problema pensable al interior de la relación cognoscitiva. De este modo, en su lectura de Nietzsche, Foucault destaca la posibilidad de llevar a cabo una historia de la verdad en la que no entren en juego las verdades inmanentes a la formación discursiva de los saberes contemporáneos de modo normativo, ni epistemológica ni historiográficamente. Por otra parte, en 1971 publica “Nietzsche, la généalogie, l’histoire” (Foucault, 1994d), artículo en el que, a través de una lectura de Nietzsche, retoma la distinción entre Ursprung y Erfindung, términos alemanes que implican la noción de “origen” e “invención”, respectivamente. Por lo tanto, en la lectura foucaultiana de Nietzsche, Ursprung es vinculado con la noción metafísica de “origen fuente”, de “origen transhistórico”, mientras que Erfindung se liga a la problemática concreta de la procedencia (Herkunft) y de las condiciones de posibilidad para la emergencia o surgimiento (Entstehung) de las prácticas.

En 1973, Foucault dictará en Río de Janeiro el ciclo de conferencias “La vérité et les formes juridiques”; en la primera de ellas, se detendrá nuevamente en la exposición de su lectura de la genealogía nietzscheana (Raffin, 2014). Allí, destacará que las herramientas nietzscheanas habilitan la realización de una historia de la verdad descargada de un enfoque teleológico y normativo. En ese sentido, no podemos pasar por alto que, al caracterizar el trabajo que llevaría a cabo a lo largo de las conferencias, sostuvo:

Presentaré algunos esbozos de esta historia a partir de las prácticas judiciales de donde nacieron los modelos de verdad que circulan todavía en nuestra sociedad, que se imponen todavía y que valen no solamente en el dominio de la política, en el dominio del comportamiento cotidiano, sino hasta en el orden de la ciencia. Hasta en el orden de la ciencia se encuentran los modelos de verdad cuya formación continúan a las estructuras políticas que no se imponen desde el exterior al sujeto de conocimiento, sino que son, ellas mismas, constitutivas del sujeto de conocimiento (Foucault, 1994e, p. 553).

A finales de la década del 70, en el marco de la arqueo-genealogía del saber económico –en la que nos detendremos en el próximo apartado–, Foucault propuso llevar a cabo una crítica política del saber. Crítica a la caracterizó del siguiente modo:

La crítica que les propongo consiste en determinar bajo qué condiciones y con qué efectos se ejerce una veridicción, es decir, una vez más, un tipo de formulación dependiente de ciertas reglas de verificación y falseamiento. […] No es la historia de lo verdadero, no es la historia de lo falso, es la historia de la veridicción la que posee importancia política (Foucault, 2004b, pp. 37-38).

De lo que se trata, entonces, es de indagar las condiciones que hicieron posible que se produjese una articulación entre una serie de prácticas y un régimen de veridicción, cuyos efectos serían que algo que no existía siguiese sin existir, pero, sin embargo, se inscribiese en “lo real”. En ese sentido, frente a la puesta en cuestión del discurso científico decimonónico en términos de “conocimiento superado” por la ciencia actual, cuyo carácter político se ligaría con el hecho de que se trataba de “conocimiento todavía no suficientemente elaborado” que tendría por presunta función la “legitimación del poder”, la crítica política del saber llevada a cabo por el genealogista permite dar cuenta del modo en que en determinado momento histórico se produjo un acoplamiento entre una serie de prácticas y un régimen de veridicción. Es decir que, tal como se desprende de la palabra foucaultiana, la problematización de los saberes apuntará a dar cuenta del modo en que estos articularon una serie de prácticas, constituyendo ciertos objetos pasibles de ser interrogados a partir de determinadas reglas de verificación y falseamiento.

A partir de la lectura que hemos desarrollado en el presente apartado, distinguimos dos formas de problematización en los que podría enmarcarse la crítica de la economía política, los previamente citados senderos críticos erigidos en torno al legado kantiano. En ese sentido, se desplegaría, por un lado, la crítica concebida como “analítica de la verdad en general”, ligada a la elaboración de una teoría del conocimiento que permitiría llevar a cabo una crítica epistemológica de carácter normativo respecto de la objetividad cognoscitiva de la economía política. Es decir que, si de lo que se trata es de llevar a cabo una crítica preocupada por las posibilidades del conocimiento y sus límites infranqueables, la crítica de la economía política debería ocuparse de elaborar una fundamentación del conocimiento producido por la economía y de perfilar un discurso normativo que brindara las reglas acerca de la manera en que debe ser desarrollada la ciencia económica, de modo tal de garantizar la objetividad del conocimiento producido respecto de los objetos de que dicha ciencia se ocupa. En contraposición, en tanto la inflexión foucaultiana de la crítica se vincula a la realización de una ontología de la actualidad, entre cuyos blancos de problematización se encuentran los saberes –que son constitutivos de las matrices que configuran los focos de experiencia que nos habitan–, las herramientas forjadas por Michel Foucault permitirían perfilar una crítica epistemológica que, en lugar de bastarse a sí misma, se encontraría jalonada por objetivos ontológico-políticos, desplazándose desde el problema de la objetividad cognoscitiva hacia el de las formas de objetivación inmanentes a la constitución de dicho saber. En ese sentido, sostenemos que, en lugar de llevar a cabo una crítica normativa respecto de la objetividad cognoscitiva de la economía política, la crítica política del saber económico problematiza las formas de objetivación.

Saber económico y objetivación: reflexiones en torno a la genealogía de las formas modernas de gubernamentalidad

He querido estudiar el arte de gobernar […]. Es decir que intenté abordar la instancia de la reflexión dentro de la práctica de gobierno y acerca de la práctica de gobierno. […] Intenté determinar la manera a través de la cual se ha establecido el dominio de la práctica del gobierno, sus diferentes objetos, sus reglas generales, sus objetivos de conjunto, con el fin de gobernar de la mejor manera posible.

 

Michel Foucault,

Naissance de la biopolitique

Los cursos dictados por el filósofo en el Collège de France durante la segunda mitad de la década del 70, editados en formato libro entre 1997 y 2004 (Foucault, 1997, 2004a, 2004b), constituyen lo que la crítica ha denominado “cursos biopolíticos”. En el primero de ellos, dictado en 1976 –que sería, valga la redundancia, el primero de los cursos del Collège en publicarse como libro (Foucault, 1997)–, la biopolítica es abordada en la última lección del curso en el marco de la problematización de las mutaciones del discurso de la guerra de razas. Si bien no pueden desconocerse los matices, ni las diferencias de acento, cabría destacar que el modo en que problematiza allí el “poder sobre la vida”, distinguiéndolo del “poder de espada del soberano”, es bastante cercano al elaborado en el capítulo final del primer tomo de Histoire de la sexualité (Foucault, 1976), publicado el mismo año en que dictara el curso. Ahora bien, en los cursos siguientes, tomando como punto de partida el análisis de los dispositivos de seguridad (Foucault, 2004a), el foco de problematización se desplaza desde la biopolítica hacia su marco de racionalidad: el liberalismo (Foucault, 2004b; Castro, 2011; D’Alessandro, 2011).

No puede pasarse por alto que, si en el curso del 76 Foucault caracterizaba los dispositivos biopolíticos, que tienen por blanco la regulación de la vida biológica de la población, como modos de “estatización de lo biológico” (Foucault, 1997), en los cursos consecutivos, articulados en torno a la problematización de las formas modernas de gubernamentalidad, propuso elaborar un análisis que prescindiera de tomar como punto de partida “el objeto, la institución y la función” (Foucault, 2004a, pp. 91-118) y, por el contrario, inscribió su indagación en el marco de la apuesta teórica y metodológica nominalista que consiste en “suponer que los universales no existen” (Foucault, 2004b, pp. 3-28). De allí que, en lugar de problematizar el Estado como un “monstruo frío” cuya historia pudiera trazarse por sí misma, o de convertirlo en un mero reflejo de las transformaciones en las relaciones de producción, propondrá analizar su configuración y sus mutaciones como pliegues y peripecias en la historia de las prácticas gubernamentales.

De lo que se trata, entonces, es de llevar a cabo una indagación que prescinda de tomar como punto de partida el Estado, la sociedad civil y el mercado en cuanto términos universales. Apuesta que Foucault caracterizó como “antihistoricista”, en la medida en que, en lugar de “pasar los universales por el rallador de la historia”, consiste más bien en ponerlos en cuestión y ver qué historia puede hacerse. Si bien el tratamiento minucioso de esta temática requeriría la escritura de otro trabajo, no quisiéramos dejar de remarcar que Foucault le dedicó la lección del 31 de enero de 1979 a la realización de una crítica de la denominada “fobia al Estado” (Foucault, 2004b). En ese sentido, sostenemos que el pasaje de la problematización de la biopolítica como un conjunto de estrategias de “estatización de lo biológico” o “biorregulación por parte del Estado” (Foucault, 1997, pp. 213-235) a la reinscripción del nacimiento de la biopolítica en el marco de una genealogía de la gubernamentalidad liberal, erigida a partir de la puesta en cuestión de los universales, permite disipar el peligro de una apropiación de la grilla biopolítica desde una perspectiva “estadofóbica”. Es decir que permite desmarcar la problematización foucaultiana de las formas modernas del ejercicio del saber-poder del variopinto conjunto de discursos que peligrosamente alientan una crítica inflacionaria del Estado.

Tal como lo señaláramos previamente, en los cursos dictados en el Collège de France durante los ciclos lectivos 1977-1978, Sécurité, Territoire, Population (Foucault, 2004a), y 1978-1979, Naissance de la biopolitique (Foucault, 2004b), el problema de la emergencia de la biopolítica y los dispositivos de seguridad es situado dentro del marco de la realización de una “historia de la gubernamentalidad”, específicamente en el seno de lo que Foucault llamó, en la última lección del curso de 1977-1978, “gubernamentalidad de los economistas” (Foucault, 2004a, pp. 341-370), lo cual sería retomado en el curso del año siguiente, en el que propondría “estudiar el liberalismo como marco general de la biopolítica” (Foucault, 2004b, p. 24). Ahora bien, desde las primeras lecciones del curso de 1977-1978, se advierte la centralidad que para Foucault posee la formación de la economía política para el surgimiento de las formas modernas de gubernamentalidad, como así también para la constitución del objeto población. De hecho, cuando al final del curso contraponga la “gubernamentalidad de los economistas” a la de “los políticos”, propia del arte de gobierno según el principio de la razón de Estado, parte de la estrategia argumentativa consistirá en distinguir y analizar el modo en que fisiócratas y mercantilistas ponen en consideración a la población en el seno de sus problematizaciones.

Es decir que Foucault se detiene en el hecho de que la población pasa de ser un mero dato cuantitativo, en el seno del análisis “mecánico” respecto de la “fuerza relativa” de los diferentes Estados dentro del marco de la denominada “balanza europea”, a cobrar un espesor y una densidad que la tornan un objeto de problematización privilegiado. De “mero dato” para el análisis de las riquezas, devendrá en “realidad espesa” atravesada por dinámicas que, paradójicamente, escapan a una matriz mecánica de problematización, y se convierte en blanco privilegiado del gobierno económico tal como fuera problematizado por la naciente economía política de la mano de François Quesnay y la Escuela Fisiocrática francesa. Gobierno económico de la población que se erigirá en torno a la, devenida clásica, fórmula laissez faire-laissez passer y que se articulará estratégicamente a través de dispositivos de seguridad (Foucault, 2004a). Consideramos elocuente que Foucault remarque que, dentro del marco del denominado “análisis de la riquezas”, la población poseía un estatuto ambiguo, a punto tal de que sostiene que esta se encontraba “presente y ausente” dentro de la grilla forjada por dicho saber. El análisis de las riquezas objetiva la población, como una variable más, para dar cuenta de la fuerza relativa de los Estados; en cambio, la mutación introducida por la economía política consistirá en que será objetivada como “realidad densa” frente al ejercicio del gobierno (Mauer, 2015; Sabot, 2016). De este modo, puede plantearse que la mencionada “presencia-ausencia” alude a la discontinuidad entre ambas formas de objetivación.

Por otra parte, querríamos remarcar el carácter indisociable del surgimiento del liberalismo como matriz de problematización del ejercicio del gobierno y la constitución de la economía política, ciencia empírica cuya formación se encuentra estrechamente ligada a la emergencia de la problematización del mercado como ámbito de veridicción (Foucault, 2004b). Nos encontramos, entonces, frente a una doble mutación: así como la población deja de ser un “mero dato”, y deviene en “realidad densa” frente al ejercicio del poder, el mercado pasa de ser un mero ámbito de jurisdicción, blanco de políticas de controles de precios, por ejemplo, a constituirse en ámbito de producción de la verdad. De este modo, al aparecer “con espesor propio” frente al gobierno, el respeto a los “mecanismos del mercado” emergerá como una limitación interna al ejercicio del gobierno. Ya no se trata de oponer una limitación externa al ejercicio del gobierno, apelando a cuestiones jurídicas –la violación de un derecho, por ejemplo–, sino que las “verdades del mercado” operan como un filtro intrínseco a la práctica del gobierno, que, de no “respetarlas”, no comete una injusticia, sino una torpeza cuyos efectos serán irremediablemente contrarios a lo buscado. En ese sentido, las prácticas gubernamentales serán susceptibles de ser analizadas no en términos de justicia e injusticia, sino de adecuación e inadecuación a las verdades inmanentes al mercado, cuyo respeto resulta fundamental para el “éxito” del gobierno. Tal como lo destacara la investigadora Johanna Oksala:

Foucault sostiene que con el desarrollo de la economía política se estableció un nuevo principio para la limitación de la racionalidad gubernamental. Mientras que hasta ese momento la ley había funcionado como una limitación externa al gobierno excesivo, el nuevo principio –economía política– era interno a la misma racionalidad gubernamental. Esto significa que el gobierno no tenía que limitarse a sí mismo porque violara la libertad o los derechos básicos de los hombres, sino en vistas del aseguramiento de su propio éxito. […]. En su momento, esto hizo posible juzgarlas como buenas o malas [a las prácticas gubernamentales], no en los términos de algún principio legal o moral, sino en términos de verdad: proposiciones sujetas a la división entre lo verdadero y lo falso. De acuerdo con Foucault, la actividad gubernamental entró, entonces, en un nuevo régimen de verdad (Oksala, 2013, p. 57).

Así, se consolida lo que Foucault denomina como un “gobierno frugal”, una suerte de “naturalismo” que hace del mercado una zona vedada para la práctica gubernamental. Por lo tanto, sostenemos que, en el marco de la arqueo-genealogía foucaultiana del liberalismo, en cuanto prisma reflexivo gubernamental, el filósofo elabora una crítica epistemológica y ontológico-política respecto de las formas de objetivación inmanentes a la formación del discurso de la economía política. Puesto que no se trata de desplegar una crítica normativa que denuncie la “falta de objetividad cognoscitiva” de la ciencia económica, sino de problematizar el discurso de la economía política en vistas a desbrozar qué objetos se constituyeron de modo inmanente a la formación de dicho saber, inscribiéndose estratégicamente en “lo real”. En ese sentido, el liberalismo se consolida, en estrecha vinculación con la formación del discurso de la economía política, como una forma de “gobierno esclarecido”, cuyo ejercicio no puede desconocer la “realidad espesa” del mercado, a cuyas verdades debe adecuarse.

De lo que se trata, entonces, es de la conformación de una forma esclarecida de gobernar, cuya matriz estratégica de reflexión se perfila a través de la grilla de inteligibilidad inmanente al discurso de la economía política. Encontramos allí una crítica de la economía política en cuanto saber que, por ende, se coloca por fuera de la relación sujeto-objeto y prescinde de una preocupación epistemológica normativa; por el contrario, el trabajo epistemológico de archivo sobre la formación del discurso económico se encuentra jalonado por objetivos ontológico-políticos, puesto que apunta a dar cuenta de la manera en que los modos de objetivación inmanentes a dicho saber configuran la grilla a partir de la que se definen los blancos de la práctica gubernamental y los criterios para evaluarla; formándose, por ejemplo, “la población” y “el mercado” como objetos de un discurso cuya modalidad enunciativa configura al economista como sujeto legítimo de enunciación de la verdad acerca de cómo gobernar.

La arqueo-genealogía de la gubernamentalidad moderna y contemporánea desplegada en estos cursos es completada por Foucault por medio del abordaje de la historia efectiva de las inflexiones contemporáneas de la racionalidad política liberal, razón por la cual le dedicará gran parte del curso correspondiente al ciclo lectivo 1978-1979 al neoliberalismo (Foucault, 2004b), fundamentalmente en sus formas alemana y norteamericana.[5] En dicho contexto, sostuvo que el neoliberalismo, formado en la Alemania de entreguerras y consolidado en la posguerra, se encuentra ligado fundacionalmente a la Escuela de Friburgo, a la publicación de la revista Ordo y a un conjunto de economistas, sociólogos y juristas. Allí, remarcará el filósofo que el ordoliberalismo –denominación que se le otorga a esta corriente en alusión al título de la citada publicación– se articuló tomando el nazismo como campo de adversidad, problematizándolo como “punto de coalescencia” en el que convergen las distintas formas de dirigismo y planificación económica, como así también las políticas sociales de corte “socialista” (Botticelli, 2016). Forma de problematización que dio lugar a una radical puesta en cuestión de las políticas de redistribución progresiva del ingreso. En ese sentido, consideramos que no pueden pasarse por alto las “cuestiones de método” a las que nos hemos referido previamente, puesto que, al dejar de tomar como punto de partida que organiza el trabajo historiográfico a “la institución, el objeto y la función” y, específicamente, poner entre paréntesis “el Estado”, “el mercado” y “la sociedad civil”, es decir, aquellos supuestos universales que funcionan como grilla de la inteligibilidad, Foucault despliega una crítica radical de la racionalidad política neoliberal.

Particularmente, critica la forma de problematización configurada por el neoliberalismo, en la que se produce un fuerte eco entre “el estadocentrismo” como grilla de inteligibilidad y la “estadofobia” como táctica que permite marcar en “lo real” un punto de repulsión a partir del que, como contrapunto, perfila estratégicamente un programa de sociedad. Si toda política de distribución progresiva del ingreso implica una amenaza totalitaria, entonces, frente a los inusitados avances “estatizadores” sobre la “sociedad civil” –que se articulan con las medidas que arbitraria y autoritariamente “distorsionan el mecanismo de los precios de mercado”–, resulta adecuado refundar la soberanía estatal y la legitimidad del poder político en el “respeto a la libertad económica”, tal como lo reivindicara el consejo científico convocado por Ludwig Erhard en la Alemania de la posguerra de la Segunda Guerra Mundial, del que Foucault se ocupó en la clase del 31 de enero de 1979 (Foucault, 2004b).

Por otra parte, resulta pertinente remarcar que, frente a la lectura ordoliberal que engloba en una misma secuencia a un variopinto conjunto de prácticas y formas de ejercicio del poder político, desde las tibias políticas de distribución progresiva del ingreso de la Alemania de fines del siglo XIX hasta las formas planificación económica de cuño keynesiano y las políticas de seguridad social propias del Estado de bienestar, cuyo presunto desenlace sería la consolidación del totalitarismo –de ahí la citada caracterización del nazismo como “punto de coalescencia”–, Foucault se ocupa minuciosamente de revisar la historia efectiva de las prácticas de racionalización del ejercicio del gobierno.[6] Es esta forma de problematización la que le permite destacar la mutación introducida por el neoliberalismo respecto del liberalismo clásico, y remarcar lo inapropiado de la crítica que “denuncia” que los neoliberales pretenden volver al siglo XIX. En lugar de considerar al mercado como un universal y al neoliberalismo como una reedición de la defensa decimonónica del “libre mercado”, Foucault indaga la manera en que el discurso económico de la Escuela de Friburgo constituye al objeto mercado. De este modo, al elaborar una crítica de las formas de objetivación, destaca que con la Escuela de Friburgo se rompe la ligazón entre liberalismo y laissez faire, ya que se produce una mutación en la forma de objetivación del mercado, puesto que deja de ser problematizado como una suerte de “dato natural” y, como contracara de ello, se postula la necesidad de que sea constituido activamente.

En sintonía con la hipótesis de lectura que nos encontramos desarrollando, sostenemos entonces que, en la lectura foucaultiana del neoliberalismo, la mutación de la racionalidad gubernamental se encuentra profundamente imbricada con la ruptura en el modo en que en el discurso de la economía política se constituye el objeto “mercado”. Dicho de otro modo, la transformación en la racionalidad gubernamental se encuentra articulada con la mutación de las formas de objetivación inmanentes a la formación del discurso económico. En el marco de dicha mutación analizada por Foucault, se inscribe la propuesta neoliberal de que, en lugar de gobernar limitando la acción del gobierno en función del “respeto” a los mecanismos del mercado, hay que gobernar activamente para producir las condiciones del mercado (Méndez, 2017), desarrollando así una gubernamentalidad activa. Desde el programa neoliberal, se alentará un activo gobierno del marco cuyo objetivo fundamental será inscribir en “la realidad” el mecanismo de la competencia, de modo tal de promover la empresarialización de las relaciones sociales. Por lo tanto, si bien cualquier intervención sobre los mecanismos del mercado será impugnada, se alentarán formas de intervención activas sobre las condiciones de posibilidad del mercado (Castro Gómez, 2010; Sacchi, 2017). Más que de un retorno al “naturalismo” del siglo XIX, se trata de un “liberalismo sociológico”, que, en lugar de tomar al mercado como dato y límite, lo problematiza bajo la forma de la competencia en cuanto principio formal que debe ser inscripto en “lo real” (Foucault, 2004b).

Ahora bien, siguiendo la lectura foucaultiana, no podemos omitir remarcar que la citada torsión producida por el ordoliberalismo configurado en la Escuela de Friburgo con relación al liberalismo decimonónico sería profundizada y radicalizada en el marco del desarrollo de la “teoría del capital humano” por parte de la Escuela de Chicago, es decir, del neoliberalismo norteamericano. Discurso que se erige a partir de la problematización del capital como “aquello que produce un beneficio”, en el contexto de “asignación de recursos limitados hacia fines mutuamente excluyentes”, lo que permite la introducción de un desbloqueo epistemológico al posibilitar la inclusión del trabajo como actividad dentro del análisis económico (Foucault, 2004b). El “capital humano”, en cuanto objeto, se constituirá en torno a una serie de capacidades físicas e intelectuales vinculadas a la “productividad” y al savoir-faire atravesadas por la tensión entre “lo innato y lo adquirido”.

En el seno de dicha estrategia discursiva, la “grilla de análisis económico” es aplicada a la totalidad de las prácticas sociales, es decir, incluso a aquellos comportamientos considerados “habitualmente” como “no económicos”; tanto la educación y las relaciones familiares, como la dieta y el acceso a la salud, por ejemplo, serán problematizadas en términos de “inversiones en capital humano”. Es decir que, una vez más, los blancos y criterios para racionalizar el ejercicio del gobierno se modifican en estrecha ligazón con la transformación en las formas de objetivación inmanentes al discurso económico. Justamente, en la medida en que la constitución del capital humano en cuanto objeto habilita la aplicación de la grilla económica como forma de inteligibilidad de todas las prácticas sociales, se perfila como criterio de intervención gubernamental. Por lo tanto, la contracara de que la racionalidad económica sea problematizada como el modo adecuado y sistemático de responder a las transformaciones de las variables del medio es que el blanco del ejercicio del gobierno se tornará eminentemente gobernable, justamente, a través de las intervenciones “esclarecidas” sobre el juego entre dichas variables (Foucault, 2004b).

En ese sentido, por ejemplo, frente al discurso criminológico decimonónico, que buscaba descubrir por detrás del crimen al criminal y planteaba la necesidad de calibrar la pena en función de la peligrosidad del delincuente, la grilla forjada por la teoría del capital humano acarrea una borradura antropológica del criminal al problematizar el crimen como una situación de mercado. Mercado en cuyas condiciones de posibilidad debe intervenir el gobierno esclarecido, en cuanto debe valerse de tácticas que propendan a reducir el interés en invertir en él; es decir que el gobierno del delito debe desplegarse por medio de una intervención activa sobre el ambiente, que se ocupe de reducir el interés en la comisión de delitos. En otros términos, la gubernamentalidad activa sobre el “mercado del delito” debe ocuparse de que las inversiones en dicho mercado no resulten atractivas para los potenciales inversores, en la medida en que “se dejen afectar por la realidad” e incluyan la información disponible dentro del cálculo economicista de costo-beneficio.

Revisitar a Foucault: potencialidades de la crítica del neoliberalismo como racionalidad gubernamental

A lo largo del presente capítulo, hemos revisado la crítica arqueogenealógica desplegada por Michel Foucault respecto del discurso de la economía política; para esto, nos hemos ocupado previamente de trabajar con el “archivo Foucault” en vistas a constituir una serie, una trama, entre las nociones de crítica, genealogía y saber. Luego, colocamos el foco de lectura en la problematización de la economía política elaborada por el filósofo en el marco de su abordaje de las formas de gobierno económico, es decir, del liberalismo y el neoliberalismo en sus vertientes alemana y norteamericana. En ese sentido, consideramos pertinente destacar que el propio Foucault sostuvo, en el contexto del dictado del curso Du gouvernement des vivants (Foucault, 2012) –curso inmediatamente posterior a Naissance de la biopolitique–, que el objetivo de sus trabajos consistía, en parte, en dar cuenta de la imbricación que liga lo que suele denominarse como “lo epistemológico” y “lo político”. Imbricación que nos permite captar la potencia crítica que atraviesa las herramientas forjadas por Foucault; nos referimos, específicamente, a la posibilidad de elaborar una crítica epistemológica que, en lugar de “bastarse a sí misma”, contribuye a la problematización ontológico-política respecto de la actualidad. Consideramos, entonces, que la problematización del saber económico, en su articulación con la emergencia de las formas de racionalización del ejercicio del gobierno, se configura por medio de lo que hemos denominado como “crítica de las formas de objetivación”. Este desplazamiento desde el problema de la objetividad hacia el de las formas de objetivación permite que la reflexión epistemológica respecto de la economía política contribuya al despliegue de una crítica ontológico-política, trascendiendo el registro jurídico de la “denuncia” de los “intereses larvados” de ciertos discursos, como así también a la crítica sociológica e historiográfica respecto de las que podrían denominarse como “promesas incumplidas del neoliberalismo”.

Sin desconocer la relevancia de los estudios que se encargan de mostrar los efectos de la implementación de políticas neoliberales en términos de aumento de la precarización, pérdida de derechos, distribución regresiva del ingreso y aumento de la dependencia externa, consideramos que criticar sus formas de objetivación permite dar cuenta de la manera específica en que, desde dicha perspectiva, se problematiza el ejercicio del gobierno. De este modo, más que señalar “los fracasos” de la aplicación del “modelo”, de lo que se trata es de remarcar el papel estratégico jugado por saberes como la economía política, en cuanto contribuyen a la formación de modos de reflexión acerca de cómo gobernar en el marco del ejercicio de la soberanía política. Así, dirigiendo el foco de miras hacia las formas de objetivación, podremos criticar en su especificidad al neoliberalismo, sin caer en el lugar común de abordar sus proyectos de reforma laboral, educativa y jubilatoria, en términos de “intentos de volver al siglo XIX”. ¿Acaso no resultan endebles dichas formas de crítica frente a la estrategia comunicacional neoliberal que propone que debemos “asumir la realidad” y apela a “la verdad de las cosas” como una invitación a “adaptarnos a los tiempos que corren”? ¿No nos exponemos a quedar entrampados en el lugar de “conservadores”, dejándole vía libre a estas estrategias de reformismo radical de derecha? Excepto que consideremos alegremente que la reforma y la revolución son patrimonio de la izquierda, deberíamos replantearnos cómo calibrar el ejercicio de la crítica.

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  1. Doctor en Ciencias Sociales por la Universidad de Buenos Aires. Profesor adjunto de Epistemología de las Ciencias Sociales en la Escuela de Humanidades de la Universidad Nacional de San Martín, docente auxiliar de Filosofía en la Facultad de Ciencias Sociales de la UBA y docente auxiliar de Introducción al Pensamiento Científico en el Ciclo Básico Común de la UBA. Investigador del Programa de Estudios Foucaultianos (IIGG-FSoc, UBA), dirigido por el Prof. Dr. Marcelo Raffin y la Prof. Dra. Gabriela Seghezzo. Fue becario doctoral y posdoctoral del Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas (CONICET). Ha realizado estancias de investigación como invitado en la Universidad Autónoma de Madrid (UAM, Estado Español) y en la Universidad de Granada (UGR, Estado Español).
  2. Si bien, para simplificar la redacción, aludimos al liberalismo y al neoliberalismo como las formas de la gubernamentalidad moderna y contemporánea, respectivamente; en sentido estricto, nada más lejos de la perspectiva foucaultiana que considerar las formas de ejercicio del saber-poder en términos de “eras” (Foucault, 2004a).
  3. Retomamos y reformulamos una serie de discusiones abordadas previamente en el marco de nuestra investigación posdoctoral (Dalmau, 2019, 2020a). Por otra parte, quisiéramos destacar que este trabajo fue escrito antes de la pandemia global generada por la circulación a escala planetaria del coronavirus (COVID-19). En ese sentido, quisiéramos remarcar que, en un registro periodístico, hemos propuesto una lectura de la problematización foucaultiana de la biopolítica y las formas modernas de gubernamentalidad contraria a la que se desprende de las lecturas conspirológicas y estadofóbicas que pretenden, de forma filológicamente endeble y políticamente peligrosa, hacerse eco de los desarrollos conceptuales elaborados por Michel Foucault (Dalmau, 2020b).
  4. Cabría preguntarse de qué manera, a partir de las herramientas elaboradas por Foucault, los discursos que se ubican en el sendero formado por la problematización de la crítica como “analítica de la verdad en general” pueden ser incluidos dentro del archivo sobre el que debe trabajar el/la filósofo/a que concibe la filosofía crítica como actividad de diagnóstico del presente. En ese sentido, si tal como repondremos en el siguiente apartado, en el seno de su problematización de las relaciones de saber-poder, Foucault destaca el rol estratégico jugado por la economía política y los saberes acerca de “lo humano” en el surgimiento y las mutaciones de la gubernamentalidad moderna y contemporánea, nos preguntamos si los discursos filosóficos que se inscriben en el seno de la crítica como analítica de la verdad en general pueden ser pensados como estrategias metagubernamentales, en cuanto permiten fundamentar que el discurso económico es el que resulta adecuado como grilla para reflexionar acerca de cómo gobernar mejor dentro del marco del ejercicio de la soberanía política. Es decir, si, en línea con las reflexiones desarrolladas por Foucault en el curso dictado en el Collège de France en 1980 (2012), podría pensarse al discurso que elabora una teoría del conocimiento –y permite fundamentar la cientificidad de la economía política y de las ciencias humanas– como una estrategia de ornamentación u oropelización del poder, que, si bien no clausura la discusión política, la encarrila al desalojar y deslegitimar ciertos discursos por encontrarse “fuera de la verdad”. En torno a esto, resulta más que relevante revisar las críticas epistemológicas que los economistas neoliberales despliegan contra lo que conciben como “objetivismo ingenuo” y el modo en que dichas críticas operan como un filtro acerca de lo discutible y lo no discutible a la hora de reflexionar acerca de cómo gobernar (Botticelli, 2014; Méndez, 2020).
  5. De todos modos, es de destacar que dedica la clase del 7 de marzo de 1979 a la circulación del neoliberalismo en Francia, lección en la que se detiene en la política del entonces mandatario francés Valéry Giscard d’Estaing (Foucault, 2004b).
  6. Cabe destacar que, frente a la lectura estadocéntrica (de indudables efectos estadofóbicos), Foucault problematiza el nazismo como una forma de gubernamentalidad específica, centrada en el debilitamiento del Estado y su subordinación al partido, en lugar de como una supuesta “expansión inusitada de la estatalidad”.


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