Ha sido el empeño colectivo lo que ha posibilitado la aparición de este libro, cuyo propósito es el de entregar a las nuevas generaciones de ALAS un compilado de textos escritos por varios de sus destacados expresidentes. Como su nombre indica, se trata de diálogos en plural, algunos inéditos, otros publicados ya. Su principal valor reside justamente en eso: en reflejar la pluralidad de nuestra Asociación, con la misma diversidad de la sociología latinoamericana.
Inaugura el libro un texto colectivo de algunos expresidentes, a modo de panorámica de la coyuntura actual y de invitación al Congreso ALAS 2015 en Costa Rica, el cual ha sido convocado con el tema: Pueblos en movimiento: un nuevo diálogo en las ciencias sociales.
El siglo XXI ha arrancado con formas diversas de lucha social, en las escalas comunal, regional y global, y la reaparición de demandas comunales, territoriales, aparecen como fuertes resistencias a los embates del neoliberalismo. En algunos países del Sur del continente se construyen alternativas sociales (Ecuador, Bolivia). Los movimientos estudiantiles en Paraguay, las tomas del espacio público en Guatemala, o las tomas de las calles en Brasil y Chile “apuntan hacia preocupantes desfases entre la gobernabilidad y sus nuevas demandas sociales” (Martins). Todas estas luchas se dan en un contexto de restricción de la satisfacción de las demandas. Esto sucede porque, por un lado, el neoliberalismo impactó en la relación Estado-sociedad, al restringir la acción distributiva e interventora del Estado y, por otro lado, el modelo económico conlleva prácticas neo-extractivistas que atentan contra la vida comunitaria de muchas poblaciones originarias de la región.
Hoy día el extractivismo es tan exacerbado y de tal imposición, que el sociólogo Gudynas considera que debe emplearse una palabra más impactante: la “extrahección”, pues la apropiación de recursos naturales sólo es posible si se quiebran los derechos de las personas y de la naturaleza. Ante la imposibilidad del Estado de responder a múltiples demandas de la población, se ha implementado una estrategia de control social represivo que pretende inmovilizar las luchas por los derechos, la cual ha venido acompañada por la legitimación que han orquestado las empresas de los medios masivos de comunicación, en desmedro de los procesos democráticos de comunicación e información. Así, su estrategia consiste en presentar cualquier lucha por derechos como si fuese un delito y mostrar a quienes promueven o lideran esas luchas, como delincuentes. Es la criminalización de la protesta social. Pero también la forma de pretender acallar el reclamo de los pueblos que se levantan. Y es este marco de realidad el que convoca a las ciencias sociales a repensarse y entrar en nuevos diálogos.
En su reflexión sobre la sociología en América Latina, señala José Vicente Tavares dos Santos:
“Los elementos del pensamiento sociológico –investigación científica, participación política e imaginación sociológica– fueron forjando una tensa y estimulante inserción en la perspectiva del espacio-tiempo social, uniendo el rigor investigativo y el pensamiento crítico a los procesos de transformación social, acompañando e incorporando las rupturas epistemológicas del tiempo presente”.
José Vicente dice: “no existe una sociología latinoamericana, sino una sociología en América Latina”, y considera que “no es posible comprender el pensamiento sociológico contemporáneo sin la lectura de los sociólogos latinoamericanos”, pese a su ausencia en los libros de social theory.
El trabajo de Paulo Henrique Martins corre el velo sobre los términos “sistema-mundo” y “globalización”, mostrando cómo, pese a que ambos apuntan a la sociedad global, connotan, enfatizan y se refieren a aspectos y ámbitos diferentes. Señala la estrecha vinculación entre el pensamiento crítico latinoamericano y la noción de sistema-mundo, para avanzar en la crítica a la colonialidad.
Jaime A. Preciado Coronado y Pablo Uc plantean un análisis de los obstáculos y las potencialidades que genera la proyección geoeconómica y geopolítica de China en los procesos de integración regional. Complementariamente, Gerónimo de Sierra centra su mirada en el interior latinoamericano reflexionando sobre el dilema de la unidad / diversidad de la región.
Siguen dos trabajos sobre la integración latinoamericana. En el primero, “A integração sulamericana e a economia mundial: perspectivas”, Theotonio dos Santos reflexiona sobre los cambios en la economía mundial y de qué manera se ha insertado América Latina.
En el otro texto, Luis Suárez Salazar hace énfasis en las tendencias centrífugas de los proyectos genéricamente llamados “de integración” y analiza las implicaciones de la política hemisférica de la segunda administración de Obama en dichos procesos de integración.
El libro presenta dos artículos de Pablo González Casanova. En el primero, se pregunta “¿Por qué resiste Cuba?”, no en términos laudatorios, dice, sino como pregunta científica; en él destaca la contribución del pensamiento martiano a la capacidad de resistencia de los cubanos. En el otro, comenta el discurso del subcomandante Moisés, destacando la articulación de las luchas de los pueblos originarios con las luchas nacionales y mundiales, y afirmando: “la sabiduría humana se expresa por la boca de los zapatistas”.
Siguen dos trabajos del fallecido Eduardo Aquevedo Soto: uno sobre el movimiento estudiantil chileno y otro sobre la crisis del modelo educacional mercantil chileno.
Luego Daniel Camacho Monge presenta una discusión conceptual sobre los movimientos sociales, planteando la necesidad de una cronología y una tipología de movimientos sociales.
La segunda parte del libro contiene reflexiones que atañen al quehacer de la sociología. Abre esta sección una esperanzadora apuesta de Theotonio dos Santos sobre el reencuentro de las ciencias sociales latinoamericanas con la experiencia de los pueblos, lo cual marca, a decir de Theotonio, el renacer de las ciencias sociales latinoamericanas. Le sigue un texto de Jordán Rosas Valdivia en el que se pregunta por qué el sistema educativo prioriza la formación en ciencias y minimiza la formación artística. El trabajo de Eduardo A. Velásquez Carreras recorre las publicaciones sobre Jacobo Arbenz.
Marco A. Gandásegui, hijo señala los debates medulares de los últimos cuarenta años de la sociología latinoamericana. Luego, hace una caracterización de la crisis del capitalismo actual, para lanzar la pregunta sobre la posibilidad de llegar a constituir un bloque histórico ente trabajadores pauperizados, pueblos originarios y capas medias que defina los derroteros de la región.
Cierra el libro el artículo de Aníbal Quijano Obregón, “‘Bien Vivir’: entre el ‘desarrollo’ y la descolonialidad del poder”, en el que reflexiona sobre el Bien Vivir como existencia social alternativa a la colonialidad/modernidad/eurocentrismo. Sitúa la propuesta del Bien Vivir en el contexto de los procesos de reconfiguración de la colonialidad global del poder. La ferocidad con la que el capitalismo colonial/global enfrenta la explotación de la naturaleza es cada vez mayor, y es una de las expresiones medulares de la crisis civilizatoria por la que atraviesa. Si América Latina ocupa un lugar fundante en la historia de la colonialidad del poder, no es entonces casual su papel en la subversión del patrón de poder ni es casual que surja desde acá el Bien Vivir como propuesta alternativa a nivel mundial. No se trata de un nuevo “movimiento social”, no es uno más, sino que se trata del movimiento que podría llevar a la descolonialidad del poder.
La convocatoria del congreso ALAS 2015 se inserta en ese movimiento: el desafío para las ciencias sociales latinoamericanas es el de comprender mejor la particular naturaleza de las nuevas luchas sociales y deconstruir dogmas. Descolonizar la mirada, para vernos con ojos propios (Quijano). Esto se hace más urgente por cuanto la teoría social pareciera encontrar límites a la hora de interpretar las nuevas realidades. Uno de estos límites ha sido señalado por el intelectual aymara J.J. Bautista, quien, citando a Marx, nos recuerda que conforme el capitalismo fue avanzando, construyó sociedad, pero destruyó comunidad. La teoría de los movimientos sociales, como otras, encuentra un límite para entender los movimientos comunales o las resistencias indígenas.
Sin embargo, más allá de esta categorización de esas luchas como movimientos sociales, aún resuenan en nuestros oídos las palabras de Gladys Tzul, maya quiché de Totonicapán, Guatemala, al considerar que las teorías de los movimientos sociales no dan cuenta de lo que sucede; por eso proclama: “¡No somos un movimiento social, somos pueblos en movimiento!”. Este libro que hoy presentamos, compila reflexiones desde América Latina, abriendo paso a nuevos mundos solidarios.
Nora Garita Bonilla
Vicepresidenta ALAS









