Esteban Grippaldi
En las últimas décadas, los diagnósticos y los fármacos se expanden por el mundo y provocan inagotables controversias sobre sus efectos y alcances. Ante esta marcada expansión, no es casual que las múltiples prácticas y usos de los fármacos y diagnósticos adquieran un inusitado interés social, cultural, político y académico a nivel global y regional. En este escenario de creciente atención asignada a estos tópicos, destacamos la relevancia teórica y metodológica de los estudios sociales de los fármacos y los diagnósticos sustentados en perspectivas que convergen en distintas ramas o disciplinas como son, entre otras, la sociología de la salud, la antropología médica crítica, la filosofía, los estudios sociales de la ciencia, de la historia y la medicina. Las problemáticas sociales en las que se incluyen a estos dos amplios tópicos –los fármacos y diagnósticos– manifiestan temas tanto canónicos como emergentes dentro de las ciencias sociales y las humanidades. Este capítulo, centrado en fármacos y diagnósticos en la región, congrega a estudios realizados por destacadas investigadoras y docentes de Brasil, Uruguay y Argentina.
La preocupación o interés desde los estudios socioantropológicos y humanos por los fármacos y diagnósticos –concebidos como fenómenos, actos, procesos, objetos de estudio y dinámicas con múltiples aristas (Bianchi, 2022)– no son nuevos. De hecho, es posible mencionar al menos tres amplias perspectivas que pueden considerarse antecedentes de los estudios sociales orientados a los fármacos y a los diagnósticos, con quienes, a su vez, comparten una serie de supuestos y premisas teóricas, epistemológicas, analíticas, metodológicas, así como fenómenos empíricos de interés. Estas tres vertientes son medicalización, biomedicalización y políticas de la vida.
En primer lugar, la medicalización de la sociedad constituye una corriente crítica dentro de los estudios sociales de la medicina con ya más de siete décadas de aportes y abocada al análisis de los problemas que se convierten en médicos (Conrad, 2007). En segundo lugar, la biomedicalización representa una corriente que surge en el siglo XXI y acentúa el interés en la salud, el riesgo y la vigilancia. Sus aportes implican un giro teórico-epistemológico asociado al desplazamiento del centro de referencia en la Escuela de Sociología de Chicago a categorías y enfoques foucaultianos (Riska, 2010), incorporando en sus estudios categorías como gubernamentalidad, biopolítica y biosocialidad (Clarke, Mamo, Fosket, Fishman y Shim, 2010). Por último, las denominadas políticas de la vida –que incluyen bajo esta definición tanto las tecnologías de reproducción, las terapias de hormonización y tratamientos de disfunciones sexuales, así como las terapéuticas psicofarmacológicas orientadas a la modificación del ánimo, las emociones y la voluntad– conforma la tercera corriente. Nikolas Rose, uno de sus exponentes más destacados, analizó distintas facetas de las políticas vitales que acompañan el devenir del siglo XXI, en un contexto de expansión del conocimiento médico de la vida y de su gestión cotidiana (Rose, 2012).
Estas tres corrientes contribuyen a la emergencia y consolidación de una serie de nuevos términos que dan cuenta de novedosas perspectivas, nociones, procesos, fenómenos y dinámicas. Entre ellos, resaltamos la farmacologización o farmaceuticalización (Abraham, 2010) y la sociología del diagnóstico (Jutel, 2009). Sintéticamente, la primera surge como concepto en el seno de la antropología en la década de los noventa, y en la siguiente fue desarrollada por la sociología. Una de las definiciones de esta noción plantea que farmacologizar es el proceso que consiste en tomar a las condiciones, capacidades y potencialidades humanas como oportunidades para llevar adelante intervenciones farmacológicas terapéuticas o de mejoramiento, sea de parte de médicos, de pacientes o de ambos (Abraham, 2010) y, por tanto, se asocia al surgimiento de respuestas farmacológicas para los problemas de la vida. Por su parte, la sociología del diagnóstico nace en la primera década del siglo XXI como apuesta por posicionarse como una subdisciplina que combina e incluye objetos de estudio, tradiciones de análisis, conceptos, métodos y problemáticas empíricas que requieren un abordaje distintivo (Jutel, 2015). Entre otras cuestiones, analiza los aspectos sociales y culturales que inciden en la presentación de un diagnóstico y las formas en que se representan los diagnósticos en la literatura y la cultura popular.
En América Latina, el desarrollo de los estudios sociales de los fármacos y diagnósticos es incipiente, pero en los últimos años se evidencia un creciente interés. Los trabajos que siguen presentan diferentes investigaciones que nos permiten situar las particularidades de las producciones en la región, aun cuando se encuentran en diálogo y en discusión con estudios desarrollados en otras partes del globo. Característico de esta acentuada relevancia que comportan estas perspectivas en la región, es la reciente creación de la Red de investigadores en Fármacos y Diagnósticos, cuyas fundadoras y coordinadoras son Sandra Caponi, Andrea Bielli y Eugenia Bianchi.
Los trabajos aquí presentados desarrollan investigaciones y experiencias centradas en los estudios sociales de fármacos y diagnósticos que con distintas perspectivas se vienen posicionando en América Latina y poseen, además de su semejanza temática, otras similitudes. Un aspecto que los une es la identificación en sus análisis de una pluralidad de actores, efectos, de relaciones de fuerza, saberes, dispares y desiguales que, a su vez, evidencia la complejidad de un campo dinámico. Contribuyen, cada uno a su modo, a poner de relieve las múltiples tensiones, conflictos, consensos, articulaciones y modulaciones entre diversos actores e instituciones en las sociedades latinoamericanas. Además, en sus análisis comparten una clave histórica y procesual, descentrada y desustancializadora de los fármacos y los diagnósticos (Bianchi, 2022), aportando a la producción de conocimiento situado. Estos trabajos también ponen de manifiesto de forma crítica, cada uno a su modo, las formas de producir evidencias y pruebas por parte de diferentes actores, ya sea en las investigaciones más clínicas, en los medios de comunicación y en las ciencias sociales.
Por último, enfatizamos que en los siguientes trabajos están presentes, de forma original, la tríada de ciencias sociales, salud mental y derechos humanos. Consideramos que este apartado contribuye a pensar colectivamente, ampliar las voces, debates, diálogos, en la intersección de las ciencias sociales, en el campo de la salud mental y los derechos humanos en las sociedades latinoamericanas. De esta manera, las autoras, con sus visiones particulares, realizan una significativa contribución al debate político, central para pensar horizontes sociales que logren ampliar cada vez más los derechos humanos y la salud mental en la región.






