Carlos Mugica y la vigilancia de la Dirección de Inteligencia de la Policía de la Provincia de Buenos Aires
María Alejandra Vitale (UBA) y Tomás Klemen (UBA)
Introducción
Carlos Mugica (1930-1974) fue uno de los 270 sacerdotes de Argentina que el 31 de diciembre de 1967 adhirieron al Manifiesto de los 18 Obispos del Tercer Mundo,[1] lo que dio pie al nacimiento del Movimiento de Sacerdotes para el Tercer Mundo.[2] Asesinado en 1974 por la organización de ultraderecha conocida como “La Triple A”, Mugica había adherido al peronismo y entablado vínculos con la guerrilla urbana Montoneros, con la que mantuvo una inestable relación, en especial por cuestionarle que siguiera practicando la lucha armada durante el gobierno democrático de Juan Domingo Perón.[3]
En este trabajo, analizamos primero la disertación titulada “El rol del sacerdote”, que Carlos Mugica pronunció en 1971 ante las autoridades y estudiantes del Instituto de Psicología Integral, de la Ciudad de Buenos Aires. La importancia del discurso radica en que en él Mugica formula con rotunda claridad su posición respecto del papel que el sacerdote debe cumplir en la sociedad de su tiempo en relación con la política. Desde una mirada retórica, la finalidad de la alocución es persuadir a la audiencia de que en la coyuntura de 1971 lo religioso y lo político no podían disociarse y que los cristianos en general y el sacerdote en particular debían asumir esta verdad desde una postura abierta al marxismo. Luego, nos detenemos en cómo esta posición reaparece de modo negativo en la vigilancia de la que fue objeto el Movimiento de Sacerdotes para el Tercer Mundo y el propio Mugica por parte de un organismo estatal de inteligencia de Argentina, cuyo archivo es de acceso público desde 2003: la Dirección de Inteligencia de la Policía de la Provincia de Buenos Aires (DIPBA).[4]
Religión y política según Carlos Mugica
En su disertación, Mugica utiliza una variada gama de estrategias retóricas para alcanzar su fin persuasivo. Una consiste en la disociación de las nociones[5] de revolución y de pecado. De esta manera, Mugica afirma:
Es muy importante el valor que le da el cristianismo al aporte de la revolución interior. Y tenemos que entrar en eso. Yo personalmente, como miembro del movimiento del Tercer Mundo, estoy convencido de que en la Argentina solo hay salida a través de una revolución, pero una revolución verdadera, es decir simultánea: cambio de estructuras y cambio de estructuras internas.
La noción de revolución es disociada, por un lado, en falsa y verdadera y, por el otro, en exterior e interior. La revolución falsa es asociada de modo implícito a una mera revolución exterior; la revolución verdadera, en cambio, conjuga la revolución exterior, el cambio de las estructuras, con la revolución interior. En la disertación de Mugica, esa revolución interior es la aceptación de que todos los hombres son hijos de Dios y en cuanto tales deben vivir dignamente. En este sentido, la categoría de “hombre nuevo” planteada por el Che Guevara es para Mugica netamente cristiana:
Yo me opongo violentamente a todos los que pretenden reducir a Cristo al papel de un guerrillero, de un reformador social. Jesucristo es mucho más ambicioso. No pretende crear una sociedad nueva, pretende crear un hombre nuevo y la categoría de hombre nuevo que asume el Che, sobre todo en su trabajo El socialismo y el hombre, es una categoría netamente cristiana que San Pablo usa mucho.
La asimilación de personajes marxistas con posiciones cristianas, como sucede entre el Che y San Pablo, se repite cuando Mugica afirma que “Marx y Lenin al postular la comunidad de bienes no hicieron más que parafrasear, copiar el Evangelio”, y al sostener que “cuando Lenin dice ‘El que no trabaja no come’ repite lo que dijo San Pablo en el siglo I”.
En cuanto a la noción de pecado, Mugica la disocia en un pecado individual o personal y un pecado colectivo o estructural y atribuye esta disociación a “la nueva visión del pecado que tiene el cristiano”. Mugica sostiene:
Hay un pecado personal, fundamental, que es el pecado del egoísmo. ¿Qué es pecar? Es tratar a una persona como si fuera una cosa […]. Pero está el pecado colectivo o estructural, que es fundamental, que significa romper, cambiar o destruir todas las estructuras que liberan a los hombres. ¿Cuáles son las estructuras opresoras? Aquellas que establecen un tipo de dominación de unos hombres por otros. Yo pienso que el sistema capitalista liberal que nosotros padecemos es un sistema netamente opresivo, precisamente por eso. No solo porque hay muy pocos hombres que se aprovechan del fruto del trabajo de la mayoría, sino porque además las relaciones que se establecen son relaciones de dominación. Relaciones despóticas. Por eso pensamos que entra perfecta y totalmente dentro de nuestra misión sacerdotal esa lucha […]. Por eso como movimiento los sacerdotes del Tercer Mundo propugnamos el socialismo en la Argentina como único sistema en el cual se pueden dar relaciones de fraternidad entre los hombres.
La disociación de la noción de pecado, que postula la existencia del pecado colectivo o estructural, permite a Mugica justificar la lucha contra el sistema capitalista como parte de la misión del sacerdote y, de modo implícito, orientar a favor de que un cristiano, para no caer en aquel pecado colectivo, luche también contra ese sistema. Mugica se integra en el colectivo “sacerdotes del Tercer Mundo” y explicita su promoción del socialismo como único modo de evitar el pecado colectivo. Religión y política quedan así identificadas.
Al mismo tiempo, Mugica reformula ese socialismo como “un socialismo que responda a nuestras auténticas tradiciones argentinas, que sea cristiano, un socialismo con rostro humano, que respete la libertad del hombre”. De este modo, la noción de socialismo es disociada y se vislumbra un discurso-otro, que impulsa un socialismo que Mugica rechaza, un socialismo que implícitamente adquiere el sentido de no responder a las auténticas tradiciones argentinas, que es ateo, que no tiene rostro humano y que no respeta la libertad del hombre. Este socialismo, se sobreentiende, es aquel que corresponde al que fue denominado “marxismo liberal”, de tradición antiperonista, por la llamada “izquierda nacional”, antiliberal, en la que se ubica Mugica.[6] El antiliberalismo de Mugica se expresa, asimismo, cuando califica de “liberal” al capitalismo que impugna.
Otra estrategia que emplea Mugica para persuadir a su audiencia sobre su posición en torno al rol del sacerdote es la reformulación explicativa del Evangelio,[7] mediante la cual se centra en el presente de enunciación, de modo que adapta el texto sagrado al “signo de los tiempos”.[8] Se destaca así el comentario que hace del episodio de Zaqueo, incluido en el cap. XIX de San Lucas. Afirma que Zaqueo fue “un explotador, que se había enriquecido explotando al pueblo judío al servicio del imperialismo romano”. Usa una de las entidades explicativas propia del discurso político,[9] “el imperialismo”, a la vez que “el cambio radical de vida” de Zaqueo es entendido tanto en su dimensión religiosa como política. En efecto, Zaqueo es primero un “sinvergüenza” (palabra coloquial que, entre otras, usa Mugica para acercarse a su auditorio), para luego convertirse en un amigo de Cristo, a la vez que es primero un “explotador”, pero después se hace pobre.
Esta articulación inseparable entre lo religioso y lo político que defiende Mugica lo lleva a enfrentarse a dos posiciones antagónicas con la suya y entre ellas. Se trata, por un lado, de los llamados de modo despectivo “chupacirios” (otro término informal y familiar usado por Mugica):
“No el que me dice Señor, Señor, entrará en el Reino de los Cielos”. No el “chupacirios” sino el que hace la voluntad de mi Padre. Aquel que realmente con los hechos, con su compromiso, hace la voluntad del Padre. ¿Cuál es la voluntad del Padre? El amor de los hermanos. Aquel que se juega por sus hermanos, se está adhiriendo a Cristo aunque no lo sepa. Y aquel que no se juega por sus hermanos, así pertenezca a cuarenta y cinco congregaciones, así tenga familiares curas y monjas por todos lados, ése, aunque le ponga cualquier cantidad de velas a San Cayetano, no es cristiano.
Mugica parte de la palabra bíblica para refutar a quienes conciben la religión como alejada de la política, de allí que en la cita se observa que interpreta el amor de los hermanos en tanto voluntad de Dios como compromiso y jugarse por ellos. Y en relación con este compromiso, explicita: “Un sacerdote realiza su rol sacerdotal en la medida en que se compromete hasta los tuétanos con los hombres. Hoy el compromiso de amor con los hombres es un compromiso político”.
Pero, por otra parte, Mugica rechaza la postura de quienes apartan la política de la religión y reducen la figura de Cristo a la de un guerrillero (dice explícitamente: “Yo me opongo violentamente a todos los que pretenden reducir a Cristo al papel de un guerrillero, de un reformador social”), de aquellos que solo pregonan la revolución que él llama “externa”, el cambio de las estructuras, pero olvidan la revolución interna, la dimensión divina del hombre y del propio Cristo.
Mugica apoya esta posición mediante una cita de autoridad del teólogo protestante Oscar Cullmann, observador del Concilio Vaticano II y amigo personal de Pablo VI:
Añade Jesús: “No piensen que he venido a traer la paz a la tierra; no he venido a traer la paz sino la espada”. Esto no hay que interpretarlo como pretenden algunos, como si Cristo viniera a invitarlos a la lucha armada. Este problema lo trata Cullmann […] en su libro Jesucristo y los revolucionarios de su tiempo, Cullmann señala que Cristo rechaza como satánica la tentación de erigirse en líder guerrillero, en líder político, tentación a la que lo quieren llevar algunos de sus seguidores. Tres de ellos, por lo menos, según Cullmann, eran ex guerrilleros: Pedro, el primer Papa, que en la noche de Getsemaní saca rápidamente la espada y con toda precisión le corta la oreja a Maleo y muestra así que está acostumbrado a usar las armas; Simón, llamado el Zelote, y Judas Iscariote. Por lo menos esos tres, dice Cullmann, habían formado parte del ejército de Liberación Palestino de la época, los zelotes, que luchaban contra el imperio romano. Cristo rechaza como satánica la tentación de ponerse al frente de ese ejército de liberación para liberar política y socialmente a su pueblo […] Jesús pretende crear un nuevo tipo de relación entre los hombres, pretende crear un nuevo tipo de hombre que va a llevar a una profunda revolución de las estructuras.
Mediante la negación polémica[10] (cuando dice “esto no hay que interpretarlo…”), Mugica refuta a quienes separan la política de la religión e interpretan la palabra de Jesús como una mera invitación a la lucha armada. Desde su lugar de sacerdote, interpreta el sentido del texto bíblico acorde a su posición, que justifica con el discurso de Cullmann. La actualización del mensaje de la Biblia según “el signo de los tiempos” se repite al usar el término “ejército de liberación de Palestina”, del discurso público de su presente de enunciación, para referirse al accionar de Pedro, Simón y Judas en la época de Cristo. Nuevamente, Mugica rechaza a quienes propician solamente un cambio de estructuras despreciando la construcción de “un nuevo tipo de hombre”, el “hombre nuevo” que Mugica rescata del Che Guevara.
Si la cita de Cullmann sirve para refutar a quienes desligan la política de la religión, otra cita, del padre Pedro Arrupe, refuta a quienes separan la religión de la política y legitima la postura de Mugica de que el sacerdote y los cristianos en general deben unificarlas. El hecho de retomar palabras del padre Arrupe es en sí mismo significativo, puesto que este general de la Compañía de Jesús desde 1965 hasta 1983 participó de las sesiones del Concilio Vaticano II desde el grupo más progresista, y su propuesta de acercamiento a las clases pobres y desheredadas del Tercer Mundo fue apoyada por el papa Pablo VI. Mugica afirma:
El padre Arrupe, en el documento que ya señalé, sobre cuál debe ser el compromiso del jesuita hoy, del sacerdote en general, señala al referirse a esa radical exigencia de Cristo: “Cuando más verdaderamente viva la Iglesia el misterio de Jesucristo, perfecto Dios y perfecto hombre, mejor sabrá la Iglesia cómo su Señor da su vida por la vida del mundo, renunciando a los poderes malignos que defienden nuestra existencia social”. Hoy a esos poderes malignos los podemos llamar imperialismo internacional del dinero y oligarquías nativas que son las que le chupan la sangre al pueblo.
La imbricación de la religión y la política se manifiesta así en calificar de “malignos” a los poderes condenados por el padre Arrupe, cuya referencia es explicitada por Mugica con entidades propias del discurso político: “imperialismo internacional del dinero” y “oligarquías nativas”.
Por último, Mugica apoya su posición mediante la construcción de una imagen de sí de experto, con un saber especializado ligado a su condición de sacerdote. De allí que se posicione en el lugar de un explicador y emplee recursos del discurso explicativo,[11] como preguntas didácticas (por ejemplo, “¿Qué es pecar?”), definiciones (de “pecado”, de “publicano”, de “exégetas”) y reformulaciones parafrásticas intradiscursivas (“Pero una revolución verdadera, es decir simultánea”).[12]
Mugica legitima su posición, asimismo, con la activación de la imagen que el auditorio ya tiene de él, en su caso de “cura villero”; en efecto, él fue uno de los fundadores de la rama sacerdotal que aún trabaja en las villas miserias de Argentina:
El hombre tiene un destino divino. Por eso cada ser humano, aunque esté borracho o sea ladrón, es un ser con potencialidad divina. Y si es un desheredado, si vive en una Villa Miseria lo tengo que amar mucho más […] para que pueda participar efectivamente en el poder, para que gobierne a través de aquellos que realmente lo representan, porque es hijo de Dios, no es un cualquiera. Para mí, cristiano, ésta es una experiencia importantísima. En la villa, aparte de que estoy con mis hermanos y estoy dispuesto, con la ayuda de Dios, a luchar por ellos, les puedo decir: “Ustedes están liberados, porque en la medida en que creen que son hijos de Dios empiezan a tomar conciencia, ya mismo, de su tremenda dignidad”.
En este tramo de la disertación de Mugica, se repite la tesis de la coexistencia de la dimensión religiosa y de la política en la función del sacerdote, dado que, cuando ayuda a que los habitantes de las villas tomen conciencia de que son hijos de Dios, “ya mismo” toman conciencia de su dignidad.
La vigilancia por parte de la DIPBA
El Movimiento de Sacerdotes para el Tercer Mundo, dentro del cual se destacó como fundador e integrante el padre Carlos Mugica, fue muy crítico del gobierno de facto de Juan Carlos Onganía y de la cúpula eclesiástica que lo apoyó. Su acercamiento a las clases populares y al peronismo (en el caso de algunos sacerdotes, también a organizaciones armadas revolucionarias) y su lenguaje influido por el cristianismo primitivo y por el marxismo[13] produjeron un temprano enfrentamiento con los sectores más reaccionarios de la Iglesia. La vigencia de la Doctrina de la Seguridad Nacional,[14] que planteaba desde Estados Unidos una guerra generalizada entre el occidente cristiano y el mundo comunista, en la cual las naciones latinoamericanas eran especialmente vulnerables a la “infiltración marxista”, también incidió en que el Movimiento de Sacerdotes para el Tercer Mundo estuviese en la mira de los organismos de inteligencia.
En este sentido, fue objeto de una estricta y sistemática vigilancia por parte de la Dirección de Inteligencia de la Policía de la Provincia de Buenos Aires (DIPBA). Este organismo estatal de inteligencia fue abierto en 1956, un año después del golpe de Estado de 1955 que derrocó a Juan Domingo Perón, y cerrado en 1998, en plena democracia que Argentina recuperó en 1983 luego del golpe militar de 1976 que instaló el terrorismo de Estado. La DIPBA fue disuelta en 1998, cuando se desempeñaba como ministro de Justicia de la Provincia de Buenos Aires León Arslanián, uno de los jueces de lo que se denominó “el Juicio a las Juntas”, la cúpula militar que ejecutó el golpe, y que se realizó bajo el primer gobierno constitucional tras la dictadura, el de Raúl Alfonsín. Según una comunicación personal con Arslanián, [15] cerró la DIPBA porque “funcionó como instrumento de las distintas dictaduras y nada tuvo que ver con la inteligencia criminal para combatir el delito”.
Como prueba del sistemático espionaje al Movimiento de Sacerdotes para el Tercer Mundo, en el archivo DIPBA se hallan preservados VIII tomos que reúnen 2 295 folios dedicados a este movimiento del sacerdocio argentino, incluido el padre Carlos Mugica.
El primer tomo se inicia en 1970 y el último está fechado en 1973. Se destaca en ellos la fuerte preocupación del servicio de inteligencia en establecer si determinados sacerdotes pertenecen o no al Movimiento para el Tercer Mundo. De esta manera, los documentos incluyen largas listas de nombres propios, tachados actualmente por la ley de Habeas Data de preservación de los datos personales, que sirve para resguardar la identidad de las personas que fueron objeto de inteligencia,[16] en las que los agentes clasifican a estos sacerdotes como pertenecientes o no al Movimiento. Resulta así de interés identificar cuáles son las características atribuidas al Movimiento de Sacerdotes del Tercer Mundo que lo convierten en peligroso bajo la mira de la DIPBA y que lo apartan de una imagen implícita de sacerdote ideal para el organismo de inteligencia, alejado de la política, del marxismo y respetuoso de la jerarquía de la Iglesia.
En primer lugar, sobresale que, al contrario de lo que asume este movimiento y defiende el padre Carlos Mugica en su disertación que comentamos antes, la actuación política de los sacerdotes es condenada de modo implícito por la DIPBA. Al hacer una etopeya (es decir, una caracterización del carácter y costumbres) de ciertos sacerdotes, la DIPBA considera si se dedican a la política como criterio para incluirlos en el movimiento. De esta manera, en 1970, cuando Argentina tenía un gobierno militar encabezado por el general Roberto Marcelo Levingston, los agentes justifican que diversos sacerdotes no eran parte del movimiento sosteniendo que “su actividad se limita al ámbito parroquial y solamente cuentan con los fieles concurrentes a la misma” y que “solamente” su palabra es proferida “desde el ámbito religioso”.[17]
De modo similar, en otras oportunidades los agentes afirman sobre ciertos sacerdotes que “su campo de acción es exclusivamente la Iglesia, o aspecto religioso”,[18] y que “están en su tarea específica y por lo tanto emplean los medios comunes de la institución eclesiástica”.[19] En este sentido, los agentes de inteligencia vigilan si los sacerdotes tienen vínculos con el ámbito político, gremial o estudiantil y por ello, por ejemplo, sentencian: “No se ha establecido hasta el momento que se realicen reuniones con dirigentes gremiales, políticos o estudiantiles”.[20]
Otro criterio para incluir a los sacerdotes vigilados dentro del movimiento es si tienen una prédica revolucionaria o cercana al marxismo. Un informe de inteligencia de 1970, redactado por el Departamento de Reunión de Información de la DIPBA, titulado justamente “Movimiento de Sacerdotes para el Tercer Mundo”, sostiene: “Esta corriente mantiene una visión sociopolítica de la Iglesia cercana al marxismo. Utiliza una dialéctica determinada para enfrentar a los gobiernos, contra lo que llaman el ‘sistema’ y explotan las injusticias sociales”.[21] En la cita, el cuestionamiento de la DIPBA respecto de la posición que defiende el padre Mugica se manifiesta en dos marcas de distancia enunciativa, el sintagma “lo que llaman” y en las comillas en “sistema”.[22]
Hay una característica que la DIPBA le atribuye al Movimiento de Sacerdotes para el Tercer Mundo a la que no se refiere de modo explícito el padre Mugica en la disertación analizada antes, y es el no respeto a la jerarquía de la Iglesia. En efecto, otro informe de inteligencia, también de 1970, y asimismo titulado “Movimiento de Sacerdotes para el Tercer Mundo”, se refiere al peligro de “resquebrajamiento en el gobierno vertical de la Iglesia” que este movimiento provoca y a sus “duras críticas a la jerarquía eclesiástica”.[23]
En relación con ello, resulta de interés que un documento de la DIPBA, fechado en diciembre de 1970, comente un artículo que el arzobispo de Buenos Aires del momento, monseñor Juan Carlos Aramburu, publicó en español en L’Osservatore Romano con el título “La Misión del sacerdote”.[24] En este artículo, el arzobispo considera que la principal misión del sacerdote es “la concordia, la armonía y el amor” y critica a quienes promueven la división y la violencia para el cambio de estructuras injustas.[25] El título de la conferencia del padre Carlos Mugica, “El rol del sacerdote”, de 1971, fue así una clara respuesta polémica a la posición de la jerarquía de la Iglesia argentina sobre el rol o misión del sacerdote. Y este no respeto a la jerarquía de la Iglesia fue una de las características del Movimiento de los Sacerdotes para el Tercer Mundo que fue objeto de vigilancia y criticada por parte de la DIPBA.
Sobre la vigilancia específica al padre Mugica, se destaca un documento producido por la DIPBA con fecha del 21 de julio de 1970, titulado “Antecedentes del padre XX” y firmado por el sector Reunión de Información. El documento comienza relevando los aspectos biográficos considerados más importantes de Mugica, con hincapié en su formación intelectual e ideológica y en los comienzos de su activismo político. Desde el principio, manifiesta cierta admiración hacia el sacerdote, cuyo modo de ser es evaluado de modo positivo por diversos sintagmas:
- “Uno de los líderes de más predicamento”;
- “El respeto de quienes fueron sus compañeros como así sus maestros”;
- “Su dedicación al estudio y su verdadera vocación sacerdotal”;
- “Se destacó por su personalidad”;
- “Realiza una carrera considerada brillante”;
- “Una carrera sacerdotal brillante”.[26]
Sobresale en el documento de la DIPBA el uso de la técnica del nexo causal,[27] en cuanto se identifican las causas que explican el viraje ideológico que el sacerdote realizaría en los años siguientes:
Es menester agregar que la transformación que el padre Mugica manifestó en los años posteriores a su ingreso al seminario, según los allegados a sus actividades, fue debida especialmente a una inclinación hacia la justicia social y a una profunda sensibilidad que desde entonces comenzó a exteriorizarla [sic]. En épocas de estudiante se expresó ideológicamente en concordancia con el pensamiento de la Revolución Libertadora, como así con el ideario de sus hombres.[28]
Luego de los citados elogios, la mención de la filiación inicial de Mugica a la llamada Revolución Libertadora, y, por lo tanto, al ideario antiperonista favorable al gobierno de facto, apuntalaría su construcción favorable por parte del agente de inteligencia y sería un indicio del propio antiperonismo de este.
El documento de la DIPBA se refiere también a los vínculos de Mugica con jóvenes universitarios marxistas y a su participación en Mayo del 68 cuando estuvo en París. Asimismo, expresa un cuestionamiento a que supeditara el orden espiritual al material, dicotomía y subordinación que, hemos analizado, no se identifican en el pensamiento de Mugica, para quien lo religioso y lo político van de la mano. Esta dicotomía forma parte de los ejes de disputa que Martín (2010) plantea como centrales en la discusión entre el Movimiento de Sacerdotes del Tercer Mundo y sus detractores sobre una serie de temas que, arrastrando consigo ciertos tópicos propios de los debates de la época, provocaron una encarnizada polémica entre los sectores ideológicamente diferenciados dentro de la Iglesia argentina. En este caso, el eje “espiritual vs. material” se manifiesta en las antinomias “valores espirituales/valores de orden material” y “marco espiritual/marco material”. En efecto, la DIPBA sostiene:
Si bien la Iglesia ha dado su opinión sobre la necesidad de un cambio de estructuras socio-económicas, lo que se pone en tela de juicio es la actitud de algunos clérigos como en el caso del padre XX, que apartándose un tanto de la necesidad de evangelizar y exaltar los valores espirituales, los supeditaría en parte a los de orden material. En tal sentido, parecería que el fin último del hombre, quedaría conformado o satisfecho en este mundo y no justamente dentro del marco espiritual, sino del material.[29]
La DIPBA expresa un cuestionamiento a Mugica, pero la crítica está mitigada, lo que se advierte en la cita en los atenuadores “un tanto“ y “en parte”, en el uso del condicional (“supeditaría”) que expresa una posibilidad, no una certeza, y en el empleo del verbo “parecer”, que no se refiere a una realidad. Por otra parte, la DIPBA formula enunciados que disocian lo doctrinario de la praxis y vinculan las conferencias y disertaciones que dictaba Mugica con la dimensión de la teoría desligada de la práctica, que es asociada la “subversión”: “Las coincidencias que entre el padre XX y los marxistas se dieron paulatinamente a sus actividades en los medios universitarios, se considera que fueron dadas especialmente en el plano doctrinario y no en el desarrollo de actividades subversivas”.[30]
En un contexto signado por la Doctrina de la Seguridad Nacional y, más cercano en el tiempo, por la detención del sacerdote del Tercer Mundo Alberto Carbone por una supuesta conexión con el secuestro y ejecución del general Aramburu,[31] cobra relevancia la negación polémica (“No en el desarrollo de actividades subversivas”), que confronta con quienes asociaron a Mugica con “actividades subversivas” y, por lo tanto, matiza su peligrosidad como figura cercana a la “subversión”. En relación con este punto, Catoggio (2008) señala que la DIPBA consideró, sobre la actividad inicial del Movimiento de Sacerdotes para el Tercer Mundo, que era parte de la heterodoxia católica, en oposición a la ortodoxia propia de las fuerzas de seguridad, pero que hasta 1970 subestimó la capacidad de acción del movimiento, minimizando sus intervenciones en la escena pública como meras “expresiones de deseo” (Catoggio, 2008: 179).
Como cierre del documento, que orienta hacia los pasos a seguir en cuanto a la vigilancia sobre el padre Mugica, el agente de inteligencia refuerza lo dicho anteriormente y se hace eco de las opiniones que ciertos sectores del catolicismo tienen sobre el vigilado, en cuanto fueron “consultados diversos medios católicos”, y coincide en que “en las actuales condiciones su prédica resultaría negativa”.[32] Se manifiesta así una comunión de valores entre esos medios católicos y la DIPBA, incluido el rechazo al “cambio violento” pregonado por quienes son llamados “los más exaltados del tercer mundo”:
En general se ha aceptado que las actuales estructuras económicas y sociales deben ser objeto de una revisión que posibilite el acceso de las clases más necesitadas al bienestar, pero no se acepta el cambio violento, proclamado por los más exaltados del tercer mundo, pues de realizarse dejaría secuelas que serían más perjudiciales que las condiciones en que actualmente se basa la estructura.[33]
Al mismo tiempo, la peligrosidad de Mugica es atenuada porque su oratoria combativa queda ligada al plano de la teoría y la retórica, pero desvinculada de la práctica:
El padre XX en sus conferencias no aporta soluciones prácticas, sino que solamente da soluciones teóricas que no se fundan en la realidad imperante en el país, ya que como buen orador realiza, equívocamente, apreciaciones de hechos acaecidos en el país, llevado por su oratoria combativa.[34]
Mugica es representado así como un buen orador, pero sus aptitudes retóricas son asociadas a lo engañoso y desvinculado de la realidad.
Para finalizar, quisiéramos entonces resaltar, por un lado, que la DIPBA manifestó en 1970 cierta incomprensión del pensamiento analizado sobre el rol del sacerdote en la realidad de su tiempo que sostuvo Mugica, según el cual, vimos, lo religioso y lo político no pueden disociarse. Por otra parte, se observa que en 1970 la peligrosidad del padre Carlos Mugica, si bien es identificada, está atenuada para un organismo de inteligencia estatal como la DIPBA. La historia, sin embargo, confirmaría con su asesinato en 1974 a manos de la Triple A que las fuerzas represivas verían más tarde en el padre Mugica un enemigo que había que exterminar.
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- El Manifiesto de los Obispos para el Tercer Mundo se dio a conocer el 15 de agosto de 1967 y constituyó una aplicación del Concilio Vaticano II y de la encíclica Populorum Progressio, promulgada en 1967 por el papa Pablo VI, a los países de Asia, África y América Latina.↵
- Sobre el Movimiento de Sacerdotes para el Tercer Mundo, ver Magnanego (2016), Mangione (2004), Martín (2010) y Mallimaci, Donatello y Cucchetti (2006).↵
- Ver Touris (2007) y Donatello (2003).↵
- Para un estudio discursivo sobre la DIPBA, ver Vitale (2016) y las publicaciones del Grupo de Investigación en Archivos de la Represión (GIAR): https://bit.ly/36SpkjA.↵
- Sobre el argumento de la disociación de las nociones, ver Perelman y Olbrechts-Tyteca (1989). ↵
- Sobre la izquierda liberal y antiliberal en Argentina, ver Terán (2008).↵
- Sobre la reformulación explicativa, ver Fuchs (1994).↵
- Sobre el concepto de “signo de los tiempos” y su vínculo con la imbricación de lo político y lo religioso, ver Salazar (2004).↵
- Sobre las entidades características del discurso político, ver Verón (1986).↵
- La negación polémica se caracteriza por la presencia de dos puntos de vista enfrentados, uno corresponde a un enunciado afirmativo subyacente, y otro, al enunciado negativo que lo refuta. Sobre la negación polémica, ver García Negroni (1998).↵
- Sobre el discurso explicativo, ver Zamudio y Atorresi (2000).↵
- La reformulación constituye una “operación reflexiva en que la referencia se hace sobre un enunciado emitido anteriormente” (Calsamiglia y Tusón, 2002: 310); la reformulación parafrástica intradiscursiva se caracteriza por presentar como equivalentes semánticos dos segmentos textuales dentro de un mismo discurso, frecuentemente mediante operadores del tipo “es decir”, “o sea”, etc. Ver también Fuchs (1994).↵
- Según Touris (2005), el acercamiento al marxismo respondió más a un clima de época que a una verdadera orientación revolucionaria.↵
- Sobre la Doctrina de la Seguridad Nacional, ver Terán (2008).↵
- Ver correo institucional de la FFyL, UBA, alejandravitale@filo.uba.ar, del 4/5/2018.↵
- Entre las responsabilidades que implica la gestión del Archivo de la DIPBA, se encuentra la obligación de resguardar la privacidad de las personas que fueron objeto de las tareas de inteligencia. La Ley n.º 25.326 Habeas Data del año 2000 exige el derecho y la protección de los datos personales. La aplicación de la norma implica que los administradores del Archivo no podrán suministrar información sobre personas, sino de grupos, instituciones y acontecimientos, y que deberán disociar –por medio del tachado– los nombres que aparezcan en los documentos públicos que entreguen a los interesados. Los nombres no se tacharán cuando figuren en documentos que en su momento de creación fueron públicos (volantes, prensa partidaria, etc.), cuando en los informes de inteligencia se aluda a las actividades de los funcionarios públicos, o cuando determinados nombres personales indiquen corrientes políticas o sindicales.↵
- Archivo DIPBA, Mesa Referencia, Leg. 15282, Tomo III, F. 590.↵
- Archivo DIPBA, Mesa Referencia, Leg. 15282, Tomo I, F. 103.↵
- Archivo DIPBA, Mesa Referencia, Leg. 15282, Tomo I, F. 104.↵
- Archivo DIPBA, Mesa Referencia, Leg. 15282, Tomo I, F. 104.↵
- Archivo DIPBA, Mesa Referencia, Leg. 15282, Tomo III, F. 590.↵
- Sobre el uso de comillas para señalar distancia sobre las palabras empleadas, ver Authier-Revuz (1995).↵
- Archivo DIPBA, Mesa Referencia, Leg. 15282, Tomo I, F. 117.↵
- Archivo DIPBA, Mesa Referencia, Leg. 15282, Tomo VI, Fs. 1444-1449.↵
- Archivo DIPBA, Mesa Referencia, Leg. 15282, Tomo IV, F. 1446.↵
- Archivo DIPBA, Mesa Referencia, Leg. 15282, Tomo II, F. 339-340.↵
- Sobre el nexo causal, ver Perelman y Olbrechts-Tyteca (1989). ↵
- Archivo DIPBA, Mesa Referencia, Leg. 15282, Tomo II, F. 339.↵
- Archivo DIPBA, Mesa Referencia, Leg. 15282, Tomo II, F. 342.↵
- Archivo DIPBA, Mesa Referencia, Leg. 15282, Tomo II, F. 340-341.↵
- El 8 de julio de 1970, Alberto Carbone es arrestado y posteriormente enjuiciado a dos años de prisión en suspenso por haber proporcionado la máquina de escribir con la que se realizaron los comunicados de la organización Montoneros (Mangione, 2004).↵
- Nótese nuevamente el uso del condicional “resultaría” que mitiga la evaluación negativa sobre la prédica de Mugica.↵
- Archivo DIPBA, Mesa Referencia, Leg. 15282, Tomo II, F. 343.↵
- Archivo DIPBA, Mesa Referencia, Leg. 15282, Tomo II, F. 343.↵







