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La biografía como método

Modalidad de articulación propuesta para la escritura de una vida

Diana B. Viñoles (UNTDF)

La notable ruptura, durante las últimas décadas, de muchas de las barreras tradicionales que alguna vez separaron las disciplinas dentro de las humanidades y de las ciencias sociales es un desafío para la práctica filosófica. Por otro lado, un fenómeno complejo como el de una vida humana en el marco de otras vidas y del mundo requiere una metodología acorde, ya que no alcanzaría a ser comprehendido en horizontes particulares ni desde ópticas reducidas. En este marco, la filosofía se muestra indispensable porque contribuye aportando perspectiva crítica, criterios de articulación y elementos epistemológicos para trascender un enfoque pluridisciplinario (Bonilla, 2008) y para la elaboración de una biografía que supere meramente lo anecdótico. Más aún, dentro de la tradición filosófica, el género biográfico puede mostrar sentidos hasta ahora no conocidos en las relaciones: individuo-humanidad, praxis-teoría, libertad-responsabilidad, memoria-historia, por nombrar solo algunas de ellas.

La vida de un ser humano, como proyecto que se despliega temporalmente, adquiere –al ser narrada− una inteligibilidad construida por quien la escribe y por su lector o lectora. El presente trabajo propone una poética original del relato biográfico con aportes metodológicos de Paul Ricœur, Jean-Paul Sartre y Mijaíl Bajtín, principalmente. Se denomina “poética”, siguiendo a Ricœur, a la disciplina que trata del modo de composición de un texto considerado como relato. La dialéctica no es ajena a la mimesis de Ricœur (Cragnolini 1993: 49); por ello, entre los pensamientos de Sartre y Ricœur, deudores en cierta medida de la fenomenología, puede establecerse un diálogo entre paradigmas susceptible de ser aplicado metodológicamente. Las tres partes que constituyen esta propuesta metodológica se refieren, en primer lugar, al desarrollo de los elementos tomados de los autores citados, seguido, en segundo lugar, por los momentos expuestos para la selección y articulación de acciones puestas-en-intriga.

La identidad y la inteligibilidad narrativas

La operación configurante dota de inteligibilidad a la heterogeneidad propia de las trayectorias humanas. Aquello que en la vida diaria es un mero suceso desvinculado de toda necesidad responde a la probabilidad que rige el relato y hace progresar la trama. La configuración permite, en cuanto síntesis de lo heterogéneo, que la sucesión de acontecimientos de una historia la constituya. El término “configuración”, en oposición al de “estructura”, alude al carácter dinámico de la elaboración de una trama. En el caso especial del relato histórico, se construye por mediación de la imaginación en cuanto representación de la ausencia. El concepto de “trama” (mythos) −disposición de los hechos y síntesis de lo heterogéneo− está indisolublemente unido al de “inteligibilidad narrativa”: los modos de comprensión son modos de inteligibilidad. Si la mimesis es siempre ficción, lo es en la medida en que, en la narración, ocurre la invención. Afirmar que el mythos puede representar las acciones humanas en una unidad como síntesis de lo heterogéneo es negar la representación fotográfica de lo real y postular la ficcionalidad de toda narración (Klein, 2009: 9-15). Es a través de la biografía a través de lo que un sujeto (o una comunidad) puede decir quién es. Hay algunas concepciones del mundo y de cómo vivir en él que no pueden exponerse de manera completa y adecuada en el lenguaje de la prosa filosófica convencional, que suele expresarse sin sorpresas ni incidentes, aunque problematice la realidad. El estilo hace por sí mismo sus afirmaciones, expresa su propia noción de lo que importa, y por ello no es un elemento secundario. Tomar la palabra o narrar no son actividades neutras. El lenguaje construye el mundo y lo evalúa como nueva producción de lo real. La narración constituye una modalidad discursiva que permite al sujeto incidir, a través de los sentimientos y las emociones que provoca, sobre las opiniones, valores y actitudes del que lee, al orientar su comprensión.

La biografía, en sus momentos temáticos y en sus desarrollos especulativos, presenta posibilidades de reflexión para el conocimiento filosófico. Esta afirmación inicial puede relacionarse con las nociones de inteligibilidad y comprensión narrativas utilizadas por Paul Ricœur en sus obras, quien se propuso reunir las diversas modalidades del relato, tanto histórico y biográfico, como de ficción, bajo la cualidad común del carácter temporal de la experiencia humana. Esta se presenta marcada por el acto de relatar en todas sus formas. La competencia para elaborar la trama y para seguir la historia o el texto de ficción es una forma muy elaborada de comprensión. Explicar más es comprender mejor.[1] Al intuicionismo romántico, por un lado, y al análisis estructural, por el otro, Ricœur opone la dialéctica de la comprensión y la explicación, objetando los estudios de la narración que se basan solamente en el paradigma lingüístico. El autor propone un análisis que, centrado en la dinámica interna que rige la estructuración de la obra, debe atender, además, a la capacidad que esta tiene de proyectarse fuera de sí misma y de engendrar un mundo. Afirma: “Para mí, el mundo es el conjunto de referencias abiertas por todo tipo de textos descriptivos o poéticos que he leído, interpretado y que me han gustado” (Ricœur, 2009: 152). El acto de comprensión en el dominio poético, que correspondería a la competencia para seguir una historia, consiste en retomar el dinamismo que permite, en un enunciado metafórico, que surja una nueva pertinencia semántica. La explicación por medio de leyes, causas regulares, funciones y estructuras se inserta en la comprensión narrativa. La identidad narrativa, introducida por Paul Ricœur en Temps et Récit III y reelaborada en Soi-même comme une autre, permite apartarse de la ilusión sustancialista, esto es, de un sujeto idéntico a sí mismo, ya que la temporalidad no se deja decir en el discurso directo de una fenomenología.

Aquello que llamamos “sujeto” nunca está dado desde el principio. O, si está dado, corre el riesgo de verse reducido al yo narcisista, egoísta y avaro, del cual justamente nos puede librar la literatura. Ahora bien, lo que perdemos por el lado del narcisismo lo ganamos por el lado de la identidad narrativa. En lugar del yo atrapado por sí mismo, nace un sí mismo instruido por los símbolos culturales, en cuya primera fila están los relatos recibidos de la tradición literaria. Son ellos quienes nos confieren una unidad no sustancial, sino narrativa (Ricœur, 1984: 58).

El yo no es sustancia, y por ello no puede ser definido, pero sí relatado. El término francés même se presta a un equívoco: confundir una identidad-mismidad (basada en el latín ídem) con la identidad-ipseidad (basada en el latín ipse). La identidad-mismidad conviene a los rasgos objetivados del sujeto hablante y actuante, en tanto que la identidad-ipseidad caracteriza a un sujeto capaz de designarse a sí mismo como autor de sus palabras y de sus actos, un sujeto no sustancial y no inmutable, pero sin embargo responsable de su decir y de su hacer. La dimensión discursivo-narrativa se presenta como configurativa de las identidades y proporciona el paso a la dimensión ética.

El sí mismo desempeña la función de cruce entre teoría de la acción y teoría moral. La acción −lo que alguien hace− tiene su propia gramática. Lo vivido es un decir posible, porque antes está inscrito en el querer decir, propio de la intencionalidad de la conciencia. Lo querido designa lo que el sí decide, esto es, el proyecto que forma, haciendo de este el correlato de su decidir. El proyecto designa “lo por hacer” en el futuro. El pragma es la cosa por hacer, el contenido noemático al cual se dirige la intencionalidad del dinamismo de la voluntad, que ya no tiene el mundo como horizonte, sino que está en el mundo.[2] Para Ricœur la refiguración marca la intersección del mundo del texto y del mundo del lector, del mundo configurado por el texto y del mundo en el que la acción efectiva acaece.

El método regresivo-progresivo. Las biografías sartreanas

El o los sentidos de la sucesión de acciones desplegadas en una vida humana se muestra en el relato. Para ello, la perspectiva del proyecto vital se enriquece mediante el cruce con otro filósofo francés que no solo elaboró teoría sobre la biografía, sino que las escribió, además de haberse expresado mediante géneros como la novela, las obras teatrales y la reflexión filosófica sistemática. En efecto, la dimensión del proyecto biográfico, como vida orientada, fue profundizada por los análisis de Jean-Paul Sartre en sus cuatro biografías de los escritores “malditos”: Charles Baudelaire −llamada homónimamente Baudelaire (1947)−, Jean Genet −Saint Genet, comédien et martyr (1952)−, Gustave Flaubert − L’idiot de la famille. Gustave Flaubert de 1821 à 1857 (1971-1972)− y Stéphan Mallarmé − publicado post mortem como Mallarmé. La lucidité et sa face d’ombre, y que corresponde a dos textos diferentes: el ensayo inacabado L’engagement de Mallarmé, publicado en la revista Obliques en 1979 y que responde a un texto escrito en 1952, y a un artículo del mismo año titulado “Mallarmé” y publicado en 1953 por la editorial Mazenod en el tomo III de Escritores célebres−.

En la introducción de su breve biografía de Charles Baudelaire, Sartre se pregunta qué sucedería si los hombres tuvieran la vida que merecen y se propone profundizarlo en la vida del escritor elegido. Baudelaire tenía seis años al morir su padre y vivía en una relación simbiótica con su madre. “Ignoraba que existía como persona, se sentía unido al cuerpo y al corazón de su madre por una especie de participación primitiva y mística; se perdía en la dulce tibieza del amor recíproco” (Sartre, 1968: 15). El carácter de la unión era sagrado, el hijo estaba consagrado por el afecto que ella −su ídolo− le profesaba: “Se absorbe entero en un ser que le parece existir por necesidad y por derecho está protegido contra toda inquietud, se funde con lo absoluto, está justificado” (Sartre, 1968: 16). Pero, en noviembre de 1828, aquella mujer se casó nuevamente y a Baudelaire lo internó en un colegio. Esta es la grieta o herida originaria de su biografía. Pero, a partir de este destino de aislamiento, la hipótesis sartreana es la detección de una elección, también original, que Charles Baudelaire hizo de sí mismo, se refiere a un “compromiso absoluto por el cual cada uno de nosotros decide en una situación particular lo que será y lo que es” (Sartre, 1968: 17). Abandonado y rechazado, Baudelaire reivindicó su soledad para que le viniera de sí mismo y no tener pasivamente que soportarla. Experimentó que era otro en su existencia individual.

Desde entonces, con violencia terca y desolada, se hizo otro: otro distinto de su madre, con quien sólo era uno y que lo había rechazado, otro distinto de sus camaradas despreocupados y groseros; se siente y quiere sentirse único hasta el extremo goce solitario, único hasta el terror (Sartre, 1968: 17).

La pregunta que guía al filósofo en sus biografías es: ¿cómo dar cuenta del ser humano en su totalidad? La metodología para hacerlo es internarse en la psicología del protagonista y encontrar una elección muy particular y temprana, pero que puede llegar a universalizarse. Dice en Saint Genet, comédien et martyr:

Si queremos comprender a este hombre y su universo, no existe otro medio que el de reconstruir cuidadosamente, a través de las representaciones míticas que nos da de él, el acontecimiento original al que se refiere sin cesar y que reproduce en sus ceremonias secretas. El método se impone: por medio del análisis de los mitos establecer los hechos en su significación verdadera (Sartre, 2003: 35).

Así, Jean Genet fue injustamente humillado y acusado de ladrón, cuando era niño, por su familia adoptiva: “Es posible seguir con cierta facilidad las etapas por las cuales Genet se transforma lentamente para él mismo en un extraño. Y veremos que no se trata sino de una interiorización progresiva de la sentencia de los adultos” (Sartre, 2003: 70).

Especialmente en la biografía de Flaubert, Sartre enriquece su reflexión con el método progresivo-regresivo, en el que se articula el pasado, la infancia, con la importancia concedida al futuro bajo la forma de proyecto “en situación” en un contexto histórico-social de referencia sin el cual no es posible entender la práctica subjetiva:

Definiremos el método de acercamiento existencialista como un método regresivo-progresivo y analítico-sintético; al mismo tiempo es un vaivén enriquecedor entre el objeto (que contiene a toda la época como significaciones jerarquizadas) y la época (que contiene al objeto en su totalización); en efecto, cuando se ha vuelto a encontrar el objeto en su profundidad y en su singularidad, en lugar de mantenerse exterior a la totalización como hasta entonces estaba, entra en contradicción inmediatamente con ella; en una palabra, la simple yuxtaposición inerte de la época y del objeto deja lugar bruscamente a un conflicto vivo (Sartre, 2004: 129).

El historiador Franco Ferrarotti retomará esta metodología, a finales de la década del 80 del siglo pasado, al proponer el examen del evento o de la situación −decisión, hecho, historia en el nivel sistemático macrosocial− tal como se configura en un plano estructural sistemático, según una triple perspectiva que describe, explica e interpreta la intersección con la comunidad subsistémica −cómo se percibe, conoce o evalúa localmente− y con el plano de lo vivido por el grupo allegado y del individuo singular en cuanto socializado.[3]

Por otra parte, Jean-Paul Sartre, como se dijo más arriba, busca además la herida original en todos sus biografiados y en su propia autobiografía −Les Mots− (cuando narra que a los seis años le cortaron el cabello rizado y apareció con toda crudeza el desvío de la vista y su fealdad: “el sapo”, como él mismo se llama). El riesgo de vivir realizando un proyecto es el núcleo de la libertad en Sartre; las influencias sociales, genéticas o psicológicas no la determinan. El ser humano es responsable “de todo” porque debe elegir su propio destino sin condicionamientos religiosos, metafísicos ni de ningún otro tipo. Para Sartre, la persona humana se caracteriza por la superación de una situación, por lo que logra hacer con lo que han hecho de ella. Está, paradójicamente, condenada a ser libre, a elegir su propio destino. El existencialismo sartreano enfatiza la libertad humana arguyendo que la existencia precede a la esencia porque, en primer lugar, el ser humano existe y luego se convierte en aquello que es. Esto no supone que la acción humana sea arbitraria, caprichosa, irracional o instintiva, sino que una existencia auténtica implica la responsabilidad por la propia vida, sin delegarla en ninguna autoridad exterior; negar esta libertad es actuar de mala fe o de manera inauténtica.

La más rudimentaria de las conductas se tiene que determinar a la vez en relación con los factores reales y presentes que la condicionan y en relación con cierto objeto que tiene que llegar y que trata de hacer que nazca. Es lo que llamamos el proyecto (Sartre, 2004: 85).

En este sentido, la narrativa sartreana es lugar de articulación entre sujeto y política, entre teoría y compromiso. Como se dijo, Sartre aporta una teoría y una praxis de método antropológico que es regresivo-progresivo e histórico-genético. Está inspirado en la propuesta de Henri Lefebvre (1901-1991) para estudiar la realidad del mundo campesino mediante una fase de descripción fenomenológica y un doble movimiento, de regresión primero y de progreso después, con un ir y venir indispensable para el estudio de la realidad móvil de la que se trata. En Lefebvre también se inspira De Certeau para su elaboración de la teoría de las prácticas, concretamente en sus análisis de la antidisciplina de los consumidores en la vida cotidiana. Este paradigma de “vaivén” reflexivo está presente tanto en Paul Ricœur como en Michel de Certeau y se presenta como una de las metodologías más aptas para la investigación y exposición de los vaivenes propios de una vida humana.

Se ha enunciado que, tanto para Ricœur como para Sartre, la libertad y la responsabilidad humanas mediatizadas en el proyecto biográfico son parte constituyente de la narrativa o dialéctica vital, respectivamente. A continuación se retoman los aportes aludidos para la elaboración de una propuesta metodológica que permita una narración biográfica particular, la propuesta como proyecto de esta investigación doctoral.

Modalidad de articulación propuesta

Este trabajo presenta un método biográfico original para la elaboración de un texto filosófico. Fue el que propuso la autora de este texto para su tesis doctoral “Espacio-tiempo en la existencia de Alice Domon (1937-1977). Una biografía filosófica”. Se comparte aquí como un posible aporte para la escritura de otros itinerarios existenciales. El método a seguir está concebido como una construcción narrativa: proceso identitario abierto a la constante interrogación y búsqueda de sentidos de una subjetividad relatada. Ya en la primera parte de Temps et Récit, Paul Ricœur traslada al plano arquitectónico las categorías vinculadas con la triple mimesis: prefiguración, configuración y refiguración. “El acto de construir se da como equivalente espacial de la configuración narrativa mediante la construcción de la trama” (Ricœur, 2000: 194). Para Aristóteles, en Poética, la imitación (mimesis) es posible en la narración o en la actuación teatral (Aristóteles, 1448a). Escribir una biografía es una operación, una mise en intrigue, en la cual pueden unirse la explicación-comprensión hermenéutica con el método regresivo-progresivo dialéctico. Por ello, el aporte metodológico siguiente recoge los tres pasos de la hermenéutica ricœuriana en diálogo con la antropología de Jean-Paul Sartre. A pesar de las denominaciones utilizadas, no se pretende seguir puntual ni exhaustivamente la perspectiva de estos autores, sino elaborar con ellas una articulación metodológica para la escritura biográfica. Por ello, las fases que se plantean son las siguientes:

  1. precomprensión/momento regresivo;
  2. explicación-comprensión/momento progresivo; y
  3. refiguración/momento regresivo-progresivo.

Estas se desarrollan a continuación.

Precomprensión/momento regresivo

En el movimiento inicial, se coloca al personaje en su contexto histórico y generacional.

El tiempo biográfico como tiempo realista no puede dejar de ser incluido (de participar) en un proceso más amplio del tiempo histórico de una manera incipiente. La vida como biografía es imposible de concebir fuera de una época cuya duración, que rebasa los límites de una vida aislada, se representa, ante todo, mediante generaciones” (Bajtín, 2005: 209).

Este primer momento implica ubicar la historia narrada en un marco mayor, histórico, pluralmente humano, que está presente en la biografía de una persona singular y única, aún antes de su existencia. En lenguaje ricœuriano, este es el momento de la mimesis I o prefiguración, que implica la precomprensión de la experiencia de la vida cotidiana con sus cualidades prenarrativas. La trama integrará luego estos acontecimientos diversos de la historia y coordinará factores tan heterogéneos como las circunstancias o los caracteres con sus proyectos y motivos. En Temps et Récit I, Ricœur afirma que todo este proceso se apoya sobre tres rasgos principales: las estructuras inteligibles, las reservas simbólicas y el carácter temporal de la acción. Al comenzar la heurística biográfica, se tiene cierto conocimiento fragmentario del objeto que debe unirse al movimiento de una época, una tradición, un ambiente cultural y social; en definitiva, de un proceso histórico del que forma parte el individuo, aunque sin estar determinado por él. El método elabora progresivamente la biografía profundizando en la época y esta última ahondando en aquella. Según Sartre, nada puede ser descubierto si primero no se llega tan lejos como sea posible en la singularidad histórica del objeto. Más aún, la historia biográfica que se selecciona para ser relatada está imbricada en otras historias, dichas y no dichas, recordadas y olvidadas, y es en este fondo común donde palpita y se engarza. El gesto del biógrafo será el de inclinarse para recogerlas y explicitarlas.

Para acceder a la intrínseca vinculación entre este momento totalizador y el siguiente paso analítico, esto es, para superar el tratamiento habitual de contexto-individuo en el relato de una vida, se incorpora el aporte de Mijaíl Bajtín por su categoría de cronotopo. Es una noción que toma de la física cuántica de Einstein para expresar la indisolubilidad entre las dimensiones del tiempo y el espacio y que excede la teoría de los géneros literarios, para devenir una auténtica noción filosófica. A partir de los cronotopos, como en su estudio de la plaza y la fiesta pública en Rabelais, Bajtín cuestiona dogmatismos tanto académicos como políticos, accediendo a dimensiones de lo humano en el análisis mismo de la obra literaria. Esta lectura del ser social en la conciencia individual y en su relación con el paisaje apunta a disolver la distinción entre texto y contexto, entre propiedades intrínsecas y extrínsecas de la obra literaria, como también lo marca Ricœur, situando los textos dentro de las propias profundidades de la vida de una época. Los rasgos de la mimesis que Paul Ricœur llama “esquematización” y “tradicionalidad” contribuyen particularmente a superar el prejuicio que opone un adentro y un afuera del texto (cf. Ricœur, 2009: 147 ss.). Por ello, esta categoría de la forma y del contenido con la que se hace referencia a la correlación esencial de las relaciones espacio-temporales tal como han sido asimiladas por la literatura (Bajtín, 2006: 237-238) es pertinente para el primer paso metodológico presentado.

Explicación-comprensión/momento progresivo

Luego de la selección de espacios y tiempos, de la búsqueda de signos, símbolos y textos que configuran “huellas” del pasado, del contacto con el estado de la cuestión y la selección de conjeturas, se pasa al momento de planteo de hipótesis y preguntas que preparan la tarea propiamente hermenéutica consistente en reconstruir la dinámica interna del texto-acción y restituir su capacidad de proyectarse mediante la representación de un mundo. Este es el momento progresivo y analítico de la situación de hecho, que implica la anticipación de sentido que se proyecta sobre lo que se intenta comprender, la mediación a través de la cual se vinculan y se articulan mimesis I y mimesis III. Es la etapa de configuración propiamente dicha. La intriga es el conjunto de combinaciones por las cuales se extrae una historia de los acontecimientos. Es la unidad inteligible que compone circunstancias, fines y medios, iniciativas o consecuencias no queridas. La inteligibilidad de esta operación está profundamente enlazada con su aptitud para construir un texto de filosofía en una biografía. Hay una capacidad de los lectores para seguir una historia, pero previamente hay sentidos puestos por el autor para construirla; es en medio de este diálogo donde el proceso de reflexión avanza y el conocimiento se construye.

El proceso estructurante de la intriga (mimesis II), como síntesis de lo heterogéneo, abarca diversos aspectos que la configuran como una concordancia discordante o discordancia concordante. En primer lugar, es la síntesis entre los acontecimientos múltiples y la historia completa. En segundo término, organiza circunstancias halladas y otras no deseadas, agentes y pacientes, interacciones personales conflictivas o pacíficas, éxitos y fracasos, entre otros. La reunión de todos los factores en una historia única hace de la intriga una totalidad a la vez concordante y discordante. La configuración corresponde, en Ricœur, a una síntesis en la cual la obra se pone-en-intriga mediante códigos analizables.

La narración implica llevar una experiencia al lenguaje, un modo de estar en el mundo que pide ser dicho. Ese modo de ser y de estar pertenece a una persona individual que se proyecta y cuyas acciones son configuradas en el como-si de la obra literario-filosófica. El proyecto vital desemboca en lo que no ha sido aún, en la originalidad de la persona. Baste recordar los análisis de Simone de Beauvoir en la segunda parte de Le deuxième sexe y en La Vieillesse que presentan algunas experiencias de mujeres y de ancianos, respectivamente, que contradicen el estereotipo general. También Jean-Paul Sartre, en L’idiot de la famille, ejemplifica el momento subjetivo con las distintas situaciones y decisiones que Gustave Flaubert atraviesa y toma, a partir del largo trabajo de la superación de sus desvíos originales.[4] En Questions de méthode, durante su análisis dialéctico de lo subjetivo y lo objetivo, afirma que lo que han olvidado sus contemporáneos marxistas es que el hombre alienado no deja de ser un hombre, aunque lo reduzcan a la universalidad de una ideología de clase. Esta individualidad es asumida en la biografía cuya trama media entre estos acontecimientos o incidentes individuales y una historia tomada como una totalidad significante.

Refiguración/momento regresivo-progresivo

La narración es un modo de conocimiento que no se circunscribe a la configuración, sino que incluye también el proceso de lectura (o refiguración del texto por parte del lector), ya que el sujeto que lee conoce el mundo a través del texto en una auténtica “resurrección de sentidos”, en lenguaje bajtiano. Aunque se establece la graphia del bios elegido, se desecha la posibilidad de una verificación definitiva: queda plasmada la escritura en un texto, pero el pensamiento que suscita está transido de apertura, ya que el entrelazado narrativo es susceptible de continuas transformaciones, a pesar de su fijación, y permite la formulación de nuevas preguntas al lector. El yo refigurado implica una dialéctica que, luego de ser transferida de la trama al personaje y, posteriormente, de este al lector o lectora, puede recuperarse con una nueva esperanza de sentido.

La dialéctica de la concordancia y de la discordancia, tras ser transferida de la trama al personaje y, posteriormente, de éste a uno mismo, puede recuperarse en ese momento con una nueva esperanza, si no de éxito, al menos de sentido (Ricœur, 1999: 223).

En mimesis III surge el poder reorganizador del relato, fuera de sí mismo, sobre la experiencia temporal y el orden práctico. Lo que se ha de interpretar en un texto es la propuesta de un mundo habitable en el que se puedan proyectar posibilidades propias en un proceso abierto que ninguna visión podrá concluir. Se produce la “fusión de horizontes” como elaboración de la situación hermenéutica que posibilite la constitución del ámbito de visión de generalidad superior para los problemas que presenta el pasado.

Por otro lado, el método sartreano es regresivo-progresivo e histórico-genético, en cuanto constituye un esfuerzo para volver a encontrar el presente, pero elucidado y comprendido. Volver al análisis regresivo, luego de la consideración del proyecto individual, conlleva la reconsideración del desarrollo de la vida para examinar la coherencia o incoherencia en la evolución de las acciones o elecciones. Esta nueva visión es la acción propia del oyente o del lector o lectora, que interviene activamente en la operación de lectura, al seguir la historia biográfica, interpretarla y reflexionar sobre su presente, mientras se comprende en otro u otra que actualiza sus posibles.

El método biográfico propuesto

Se retoman ahora los pasos metodológicos esbozados anteriormente, precomprensión/momento regresivo, explicación-comprensión/momento progresivo y refiguración/momento regresivo-progresivo, denominándolos “prefiguración”, “configuración” y “refiguración”, respectivamente, para explicitar cómo pueden ser aplicados en la escritura de un texto biográfico.

Prefiguración

La comprensión de una vida se refiere a esta como parte de un movimiento de la historia y como esfuerzo teórico y práctico para situar a un ser humano. Una misma acción puede ser apreciada en niveles cada vez más concretos, a modo de espiral, con una serie de significados muy distintos. Esos sentidos superpuestos no son independientes, porque el movimiento que los ha unido en la vida es sintético y múltiple. El error que señala Sartre, consistente en reducir el significado vivido al simple y lineal enunciado que da el lenguaje (Sartre, 2004: 98-99), es superado por el camino largo del análisis de los símbolos de Ricœur. Hay determinados momentos y espacios históricos, como las experiencias de guerra, donde la no linealidad cobra características superlativas. Jean-Paul Sartre busca en la infancia de sus escritores biografiados el desgarramiento oculto del adulto, por un lado, y la manera concreta con que supo superar lo que se hizo de él o ella, por otro.

Configuración

“Lo que hay que intentar conocer es el origen de esa llaga siempre oculta y que se remonta, en todo caso, a su primera infancia. No será, creo, un mal punto de partida”. Con estas palabras se expresa Sartre en el prólogo de L’idiot de la famille I para comenzar la biografía de Gustave Flaubert (Sartre, 1975: 9). Del entramado histórico, cultural y físico considerado anteriormente, se extrae el análisis del personaje principal de la biografía, se fija la mirada en el o la protagonista y se escribe su vida. Lo que surja de allí será una imitación o mimesis, con la riqueza que este término tenía para Aristóteles, superando la visión peyorativa platónica, ya que la imitación aristotélica implica creación y catarsis. En la Poética, todos los géneros y todas las especies del campo artístico comparten, como característica común, su naturaleza mimética. La concepción del arte como mimesis integra la herencia socrática que Aristóteles recibe a través de Platón.

Al pasar del orden de la acción al de la narración –segundo momento de la mimesis, los términos de la semántica de la acción adquieren integración y actualidad. Integración porque términos tan heterogéneos como agentes, motivos y circunstancias se vuelven compatibles y operan conjuntamente dentro de totalidades temporales efectivas. En este sentido, la doble relación entre reglas de construcción de la trama y términos de acción constituye a la vez un vínculo de presuposición y una relación de transformación. Comprender una historia es entender a la vez el lenguaje del hacer y la tradición cultural de la que procede la tipología de las tramas. Actualidad en el sentido de que términos que solo tenían una significación virtual en el orden paradigmático –simple capacidad de uso− reciben una significación efectiva gracias al encadenamiento a modo de secuencia que la intriga confiere a los agentes, a su hacer y a su sufrir (Ricœur, 2009: 119).

Refiguración

Como ya se refirió, queda plasmada la escritura en un texto, pero el pensamiento que suscita está en movimiento y transido de apertura, ya que el entrelazado narrativo permite la formulación de nuevas preguntas al lector y es susceptible de continuas transformaciones a pesar de su fijación escriturística.

No existe ni la primera ni la última palabra, y no existen fronteras para un contexto dialógico (asciende a un pasado infinito y tiende a un futuro igualmente infinito). Incluso los sentidos pasados, es decir, generados en el diálogo de los siglos anteriores, nunca pueden ser estables (concluidos de una vez para siempre, terminados); siempre van a cambiar renovándose en el proceso del desarrollo posterior del diálogo. En cualquier momento del desarrollo del diálogo, existen las masas enormes e ilimitadas de sentidos olvidados, pero en los momentos determinados del desarrollo ulterior del diálogo, en el proceso, se recordarán y revivirán en un contexto renovado y en un aspecto nuevo (Bajtín, 2005: 392).

En este momento, pueden incorporarse, como momentos del trabajo filosófico interdisciplinario, aportes de metodologías cualitativas de las ciencias sociales, especialmente las antropológicas y etnográficas, tales como la observación participante, la entrevista en profundidad[5] y las historias de vida.[6] Se utiliza la noción de “etnografía” tanto en su acepción de ‘enfoque’ −una concepción y práctica de conocimiento que busca comprender los fenómenos sociales desde la perspectiva de sus miembros− como de ‘método’ −especialmente, la observación participante y las entrevistas no dirigidas−, pero no como descripción textual del comportamiento de una cultura particular (Guber, 2011).

La multiplicación de las instancias de narración multiplica las perspectivas de los narradores. De este modo, el texto se entrama coralmente, mediante los tres momentos metodológicos referidos anteriormente. Si se entiende por “mimesis los modos en que las formas literarias representan la vida, por “narración”, las operaciones que permiten que un hecho se organice en una trama, y por “relato”, el texto que constituye la unidad discursiva mayor entre la vivencia temporal y el acto narrativo, la composición verbal o fábula se constituye en el texto biográfico.

Bibliografía

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Ricœur, P. (2010), Del texto a la acción. Ensayos de hermenéutica II, Buenos Aires, Fondo de Cultura Económica.

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Sartre, J. P. (1975), El idiota de la familia/1. Gustave Flaubert desde 1821 a 1857, Buenos Aires, Tiempo Contemporáneo.

Sartre, J. P. (2003), San Genet, comediante y mártir, Buenos Aires, Losada.

Sartre, J. P. (2004), Crítica de la razón dialéctica I: Teoría de los conjuntos prácticos precedida de Cuestiones de método, Buenos Aires, Losada.

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Taylor, S. J. y R. Bogdan (1986), Introducción a los medios cualitativos de investigación. La búsqueda de significados, Buenos Aires, Paidós.

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Viñoles, D. (2014), Las religiosas francesas desaparecidas. Biografía de Alice Domon (1937-1977), Buenos Aires, Ed. Patria Grande.


  1. “Entiendo por comprensión la capacidad de continuar en uno mismo la labor de estructuración del texto, y por explicación la operación de segundo grado incorporada en esta comprensión y que consiste en la actualización de los códigos subyacentes en esta labor de estructuración que el lector acompaña” (Ricœur, 2010: 35).
  2. “El proyecto está inscripto la mitad en mi cuerpo y la otra mitad en el mundo; mientras que la obra obrada pasa de mi cuerpo al mundo, como si mi cuerpo, atravesado por mi obrar, pasara al mundo y se plasmara en la obra” (Begué, 2003: 123).
  3. “No hay duda de que todo esto implica un nuevo concepto de historicidad, una ‘historicidad posthistoricista’, menos preocupada de la H mayúscula o minúscula de la historia, que de reconocer y aceptar conceptualmente la complejidad de lo social, siempre más sincrónico, interdependiente, rico de nuevas potencialidades, y al mismo tiempo evasivo, difícil de descifrar, recurriendo a categorías familiares y experimentadas, pero preconstituidas y ciertamente, hoy, insuficientes” (Ferrarotti, 1990: 100).
  4. “El proyecto por medio del cual Flaubert, para escapar de la pequeña burguesía, se lanzará, a través de diversos campos de posibles, hacia la objetivación alienada de sí mismo y se constituirá ineludible e indisolublemente como autor de Madame Bovary” (Sartre, 2004: 128).
  5. “Por entrevistas cualitativas en profundidad entendemos reiterados encuentros cara a cara entre el investigador y los informantes, encuentros éstos dirigidos hacia la comprensión de las perspectivas que tienen los informantes respecto de sus vidas, experiencias o situaciones, tal como las expresan con sus propias palabras” (Taylor y Bogdan, 1986: 101).
  6. “La frase metodología cualitativa se refiere en su más amplio sentido a la investigación que produce datos descriptivos: las propias palabras de las personas, habladas o escritas, y la conducta observable” (Taylor y R. Bogdan, 1986: 20).


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